jueves, 26 de mayo de 2022

Liturgia terrena y liturgia celeste - I (SC - XII)



1. El cielo entra en la tierra mediante la liturgia y “la liturgia es el cielo en la tierra” (Juan Pablo II, Orientale lumen, n. 11).

            He aquí una dimensión de la liturgia olvidada, o, al menos, que no se suele poner de relieve: lo escatológico en la liturgia, la relación entre la liturgia terrena y la liturgia celestial, trascendente y elevadora, llena de belleza. Parecería que nuestras liturgias están encerradas en nuestro tiempo, sólo miran al grupo celebrante y su presente, se constituyen en un encuentro grupal del “nosotros” y, de hecho, se la llama “fiesta”, “reunión de amigos”, “celebración de la comunidad”. Todo muy excesivamente humano, social, temporal.


           Pero el cielo entra en la tierra mediante la liturgia y la liturgia de la Iglesia en la tierra nos abre al cielo, haciéndonos pregustar la adoración eterna del cielo.


            2. El libro del Apocalipsis es un libro litúrgico en cierto modo. Describe la solemne liturgia del cielo, de alabanza y adoración a Dios y al Cordero, Jesucristo. El cielo es una liturgia continua y hermosa. Hagamos un recorrido por este libro que cierra el Nuevo Testamento.

            -El vidente ve al Señor un domingo, “día del Señor” (Ap 1,10), vestido con larga túnica y cinturón de oro a la altura del pecho, rodeado por siete candelabros de oro. La gloria del Señor se revela un domingo porque el domingo es del Señor y fiesta primordial de los cristianos.

martes, 24 de mayo de 2022

¿Cómo se comulga en la mano?

La educación litúrgica requiere que, a veces, se recuerden cosas que se dan por sabidas.

La comunión en la mano está permitida para todo aquel que lo desee, a tenor de nuestra Conferencia episcopal, que lo solicitó a la Santa Sede.


¿Cómo se comulga en la mano? ¡Hemos de conocer las disposiciones de la Iglesia para quien desee comulgar así!, porque en muchísimas ocasiones se hace mal, de forma completamente irrespetuosa.

Debe cuidarse la dignidad de este gesto, sin que desdiga de la Presencia real de Jesucristo en la Eucaristía como si fuese un mero trozo de pan que se recibe de cualquier forma: al aire, agarrando la Forma de cualquier manera,  o con una sola mano... Actitudes que desdicen de la adoración debida.


Debe cuidarse la dignidad de este gesto, sin que desdiga de la Presencia real de Jesucristo en la Eucaristía como si fuese un mero trozo de pan que se recibe de cualquier forma:

“Sobre todo en esta forma de recibir la sagrada Comunión, se han de tener bien presentes algunas cosas que la misma experiencia aconseja. Cuando la Sagrada Especie se deposita en las manos del comulgante, tanto el ministro como el fiel pongan sumo cuidado y atención a las partículas que pueden desprenderse de las manos de los fieles, debe ir acompañada, necesariamente, de la oportuna instrucción o catequesis sobre la doctrina católica acerca de la presencia real y permanente de Jesucristo bajo las especies eucarísticas y del respeto debido al Sacramento”[1].

domingo, 22 de mayo de 2022

La redención por la cruz

El método de la redención fue la Cruz. Cristo asumió en su carne el pecado de toda la humanidad y clavó en la cruz todo nuestro pecado.


Lo que estaba anunciado en Is 53, fue cumplido con creces en Jesucristo: 'él cargó con nuestros dolores... sus heridas nos han curado'. El sufrimiento de Cristo en su pasión y cruz fue un sufrimiento redentor, lleno de amor, por nosotros y fue un sufrimiento vicarial, es decir, por otros, por nosotros. Se explique como se explique, y vengan las teorías teológicos que vengan, el dato de la fe es que el sufrimiento de Cristo fue redentor y vicarial.

Esta es la realidad de la redención: fue realizada mediante el sacrificio de Cristo. Su pasión y muerte en cruz no fue un accidente, ni un símbolo, ni una mera solidaridad "con los pobres del mundo". Incluso, a veces, provoca rechazo la misma palabra "sacrificio", que es oblación voluntaria a Dios como algo santo que se entrega. Estas son reducciones de la redención que jamás la explican en su totalidad.

viernes, 20 de mayo de 2022

Valor del rito litúrgico de coronación de una imagen de la Virgen



Es un rito litúrgico bello y, a la vez, expresión de fe y devoción sincera y honda.



La piedad popular ha meditado durante generaciones el quinto misterio glorioso del Rosario, contemplando “la coronación de la Virgen María como Reina y Señora de todo lo creado”. La carta apostólica de Juan Pablo II “Rosarium Virginis Mariae” nos introduce en su meditación: 


“A esta gloria [la vida de Cristo resucitado], que con la ascensión pone a Cristo a la derecha del Padre, sería elevada Ella misma con la asunción, anticipando así, por especialísimo privilegio, el destino reservado a todos los justos con la resurrección de la carne. Al fin, coronada de gloria –como aparece en el último misterio glorioso-, María resplandece como Reina de los ángeles y los santos, anticipación y culmen de la condición escatológica de la Iglesia” (n. 23). 


Considerar la coronación de María al rezar diariamente el Rosario, es elevar el corazón hacia las realidades últimas, felices y definitivas. Ella, la primera, participa de la gloria de su Hijo en cuerpo y alma. 

miércoles, 18 de mayo de 2022

Argumentos litúrgicos de S. Basilio

En el tratado sobre "El Espíritu Santo" de San Basilio, recomendable por su contenido y método, por su espiritualidad y hermosura, el autor argumenta desde la liturgia.



San Basilio argumenta mediante tres caminos: la sagrada Escritura con una correcta exégesis que él establece, la Tradición que se expresa en la liturgia, en las tradiciones no escritas y en la tradición de los Padres y, por último, en la tipología.



“En la polémica con los pneumatómacos alcanza una precisa puesta a punto de sus mismos criterios exegéticos.

Ante todo, extiende el número de los testimonios de la Escritura sobre los cuales puede basar sus propias afirmaciones. Precisa cómo se debe hacer una correcta lectura del texto. Considera fundamental el sentido literal de una palabra o de una expresión bíblica, que debe determinarse y verificarse en el contexto del uso litúrgico bíblico y del significado global del texto sagrado. Debe además convalidarse confrontándolo y concordándolo con la Tradición de los Padres.

Finalmente, defiende la interpretación tipológica como anticipación real de la plenitud del don de la vida divina por medio de Cristo en el Espíritu Santo, y como preparación gradual para la misma, actuada por la divina pedagogía”[1].


La argumentación litúrgica es especialmente interesante en este tratado. Para este Padre capadocio la liturgia, lejos de convertirse en un arsenal erudito para enumerar citas que fácilmente se agrupen en un capítulo más dentro del contexto, resulta ser el ámbito vital en que san Basilio respira, piensa y elabora su teología; la liturgia para san Basilio es una fuente de la Tradición que llega hasta su generación y en la conciencia de lo que se realiza, de lo que se cnata y se reza, puede elaborar una síntesis dogmática. La Tradición llega a san Basilio, entre otras formas, mediante la liturgia que celebra y ora, la liturgia  es un cauce de la Tradición misma.

martes, 17 de mayo de 2022

Silencio: reflexionar y comprender (Silencio - IV)



La rapidez, la inmediatez, de noticias e ideas en nuestro mundo global hacen que sea imposible analizarlas, ponderarlas, discernirlas. O se asumen acríticamente o se olvidan al instante. El silencio da hondura a todo, y el silencio permite la reflexión personal, poder analizar, comprender, estudiar.



            El silencio es el que logra pasar de la cantidad de información a la formación, como un paso nuevo y necesario:

            “Es motivo también para que no nos quedemos sólo en las noticias si queremos entender el mundo y la vida; debemos ser capaces de detenernos en el silencio, en la meditación, en la reflexión serena y prolongada; debemos saber pararnos a pensar. De este modo nuestro ánimo puede hallar curación a las inevitables heridas del día a día, puede profundizar en los hechos que ocurren en nuestra vida y en el mundo y llegar a esa sabiduría que permite valorar las cosas con ojos nuevos” (Benedicto XVI, Hom. en el Te Deum, 31-diciembre-2012).

lunes, 16 de mayo de 2022

Sentencias y pensamientos (XXIX)

21. "Para el que ama todo es suave, y al que no ama todo le es pesado. Para el amante es suave, porque Dios regaló la suavidad" (S. Agustín, Serm. 30,10).


El egoísta todo lo vive con cansancio, todo le pesa, todo le molesta, le estresa, le agobia. El amor no; para el amor nada le es pesado. ¡Soporta todo! Y es que Dios infunde amor y suavidad en el corazón.


 

22. "Ante todo, mantened un amor intenso entre vosotros, porque el amor tapa multitud de pecados" (1P 4,8).

¡Vaya! "¡Intenso!", no apagado, "intenso", es decir, presente, cercano, perseverante, fiel... Eso pide la Palabra de Dios: intensidad en el amor fraterno, no baja frecuencia.


Así que la intensidad no será mala... sino cualidad del amor mismo. Sólo quien carezca de madurez vivirá la intensidad como una pesadez en vez de como un don que se recibe.
 

sábado, 14 de mayo de 2022

Educados para cuando llegue el sufrimiento

Hay formas diversas de afrontar una realidad tan dura como es el sufrimiento, pero sólo hay una forma cristiana, sobrenatural: la de aceptar ofreciéndose, de manera que los propios sufrimientos se unan a los sufrimientos de Cristo que los vivifica, que los santifica, que los redime, que los ilumina. Ya sean sufrimientos físicos, o sean sufrimientos morales o espirituales, hemos de saber vivirlos en unión con Cristo.

La catequesis, la predicación, la espiritualidad, deben poner los cimientos de este Evangelio de la Cruz, fortaleciendo el alma para las pruebas y el sufrimiento, aun cuando esto no sea popular o, en principio, no parezca pastoral. Sin embargo, muchas situaciones de desesperanza, de incomprensión y oscuridad, de sinsentido, se ahorrarían si educamos -y nos autoeducamos- para comprender el valor redentor y espiritual del sufrimiento y saber vivirlo cuando llegue.


jueves, 12 de mayo de 2022

Belleza al celebrar - (11)



            La belleza es siempre manifestación de Dios, revelación de su Gloria y su Verdad, y, por tanto, lo que es realmente bello, es una vía de acceso a Dios: nos toca en lo más hondo, nos transciende, eleva el corazón a un gozo inexplicable. La belleza es una cualidad de Dios.

            La Iglesia cuidó siempre de las artes, cultivó la belleza, como un camino de evangelización por un parte, y, por otra, como una alabanza a Dios. La belleza siempre es un anhelo en el corazón del hombre aun cuando no sepa reconocerlo o verbalizarlo.



            La liturgia eclesial posee belleza en sí misma: es el Misterio de Dios dándose a través de los ritos sagrados, es la Presencia de Cristo glorificado que hace de la liturgia un nuevo monte Tabor de luz y transfiguración. Es la entrada de Cristo en nuestro espacio, en nuestro tiempo, en nuestra vida. En función de esto, la Iglesia preservó siempre la belleza en la liturgia, no admitiendo muchos elementos que podían desfigurarla, empobrecerla o afearla; empleó los mejores recursos (musicales, orfebrería, arquitectura, pintura, etc.) al servicio del culto divino; creó una atmósfera espiritual para la liturgia, con silencio y canto sagrado y espiritual, con incienso y cirios, con orden y decoro.

            Quien iba a la iglesia a vivir la liturgia entraba en otro ámbito, tremendamente simbólico, había una transición, un cambio, de lo cotidiano y profano en que vivía a lo sagrado y celestial. La liturgia –y el mismo templo- eran anticipo del cielo, la nueva ciudad de Jerusalén arreglada como una novia para su Esposo; eran una imagen de la liturgia del cielo que describe el Apocalipsis. Nada de vulgaridad, nada de improvisación, nada de música o ritmo profano, nada de ropas comunes para los ministros del altar, nada debía estorbar ni disminuir la belleza y santidad de la liturgia rebajándola a lo vulgar, asimilándola a lo profano.

martes, 10 de mayo de 2022

De la prudencia, el buen consejo (II)



3. La segunda virtud derivada de la prudencia, es la de buen consejo, y esto bajo un doble aspecto, saber buscar un buen consejo o dejarse aconsejar, y también saber aconsejar a otros.

No es hombre prudente quien cree que lo sabe todo y no necesita de nadie, porque cometerá muchos errores al no poder contrastar con nadie y tener una visión muy reducida. 




El que es prudente adquiere esta virtud del buen consejo. Se asesora, pregunta, consulta, antes de tomar ninguna decisión para no actuar torpemente. El autosuficiente no consulta, es orgulloso y como tal, imprudente; el humilde y prudente, por buscar y obrar el bien, consulta, pregunta, cuestiona lo que él haya pensado para que el Señor, por medio de otra persona, arroje luz.

Al pedir consejo uno expone la situación que hay que resolver, se buscan los medios más oportunos, se ponderan las consecuencias, se mira el modo y la ocasión de realizarlo y se reza pidiendo fruto al Señor y encomendando el camino al Señor (cf. Sal 36).

domingo, 8 de mayo de 2022

La nube en el NT: la Transfiguración



         Pasemos a otro texto clave del N.T. donde la nube aparece de forma manifiesta: el relato de la transfiguración del Salvador.

         El relato de la transfiguración aparece en los tres sinópticos, aunque, preferentemente, vamos a pararnos en el de Lucas (9,28-36). Éste juega con una simbología muy rica para presentarnos la gloria de Jesús, basándose en elementos que ya aparecen en las Escrituras, especialmente en el Éxodo.



Comienza situándonos la escena, no en un lugar cualquiera, sino en un monte: "Jesús tomó consigo a Pedro, a Juan y a Santiago y subió al monte para orar" (9,28b). El monte es el sitio por excelencia de las manifestaciones o teofanías del Señor. En un monte se presenta el Señor por medio de la zarza ardiente a Moisés (Ex 3), en un monte -el Sinaí- establece una alianza con su pueblo, en un monte, por medio de Elías, el Señor manifiesta su superioridad frente a Baal (1Re 18,19ss), en el monte Horeb Elías se encuentra con el Señor (1Re 19,9-13a),etc... De tal forma que el Señor se hace presente y revela su presencia y majestad en el monte. Esta simbología es recogida por Lucas.

                        "Mientras oraba, cambió el aspecto de su rostro y sus vestidos se volvieron de una blancura resplandeciente" (Lc 9,29). La doxa de Jesús se manifiesta en la luz, una luz que envuelve su figura, que manifiesta su transfiguración. Evoca esto el momento en que Moisés, tras el encuentro con el Señor, está resplandeciente su rostro, y tiene que cubrírselo: "Moisés no sabía, al bajar del monte, que su rostro irradiaba luminosidad por haber hablado con el Señor" (Ex 34,29). Es la presencia transfiguradora del Señor que nos va transformando. 

viernes, 6 de mayo de 2022

"Amén" - y III (Respuestas - XXXVI)



7. Igualmente importante, solemne y rotundo, que el “Amén” que rubrica la gran plegaria eucarística, es el “Amén” que se pronuncia antes de comulgar. Es confesión de fe y reconocimiento adorante de que Jesucristo está en el Sacramento real y sustancialmente presente.

            Primero veamos el rito de la distribución de la sagrada comunión, las rúbricas, ya que, para participar mejor, hemos de saber cómo se hace bien, y luego el sentido de la respuesta.



            El fiel que se acerca a comulgar, realiza primero un signo de adoración inclinándose. La postura corporal, por tanto, ha de ser sumamente respetuosa: “Los fieles comulgan estando de rodillas o de pie, según lo haya determinado la Conferencia de Obispos. Cuando comulgan estando de pie, se recomienda que antes de recibir el Sacramento, hagan la debida reverencia, la cual debe ser determinada por las mismas normas” (IGMR 160).

            El rito de la distribución de la sagrada comunión se desarrolla de la siguiente manera: “Si la Comunión se recibe sólo bajo la especie de pan, el sacerdote, teniendo la Hostia un poco elevada, la muestra a cada uno, diciendo: El Cuerpo de Cristo. El que comulga responde: Amén, y recibe el Sacramento, en la boca, o donde haya sido concedido, en la mano, según su deseo. Quien comulga, inmediatamente recibe la sagrada Hostia, la consume íntegramente” (IGMR 161).

lunes, 2 de mayo de 2022

Jesucristo, primer Paráclito

Él mismo se define como Paráclito al prometer que nos enviaría "otro Paráclito" que no nos dejase huérfanos, desamparados, entristecidos.


El primer Paráclito es Jesús, el primer Consolador es Jesús. Ya Simeón en la Presentación en el Templo lo aclamó como "Consuelo de Israel" y su vida entera fue un consolar y alentar a los afligidos y tristes. "Sanará los corazones quebratados, vendará sus heridas" (cf. Sal 146), "consolar a los afligidos" (Is 61,1ss). ¡Cuántas veces no ejerció ese consuelo! Era la eficacia de su palabra: "No llores". Era Él, manso y humilde de corazón, el que ofrece un consuelo infinito acompasado de serenidad y aliento.

Además, para consolar, Él mismo pasó por la aflicción y lloró, se siento solo y desamparado, y entiende perfectamente con su Corazón a quien ahora pueda pasar por la prueba del dolor, de la tristeza, de la decepción.


"Él lloró, para que tú, hombre, no llores más, y Él soportó las injurias, para que tú no sufrieras tu propia injuria. ¡Gran remedio es tener consuelo gracias a Cristo! Él soportó por nosotros estas cosas con gran paciencia, ¿y vamos a ser nosotros quienes no queramos llevar las cosas pacientemente por su nombre?" (S. Ambrosio, De fide II, 94-95).

¡Qué gran consuelo es mirar a Cristo, descansar en Cristo, hablar con Cristo!


sábado, 30 de abril de 2022

Relaciones entre fe y cultura

La fe y la cultura se reclaman mutuamente, como en muchas otras ocasiones hemos visto. Siguen estas relaciones las pautas que hallamos en Cristo, es que el Logos, el Verbo encarnado en nuestra vida, historia y cultura para redimirlas y salvarlas, elevándolas, divinizándolas. 


Fe y cultura, que es otro modo de decir, en el fondo, fe y razón, se relacionan y se necesitan. Pero, ¿cómo concretarlo o señalar terrenos concretos? Mons. Fernando Sebastián en "Evangelizar" (Encuentro, Madrid 2010, pp. 146-147) ofrece unas reflexiones concretas.

La cultura puede proporcionarle a la fe, y por tanto, a la vida del católico que se inserta en el mundo y vive su fe en el mundo:

jueves, 28 de abril de 2022

De la prudencia, la sensatez (I)


1. En torno a cada virtud cardinal nacen y se subordinan diversas virtudes que la desarrollan, o la matizan, o la perfeccionan; giran en torno a estas virtudes cardinales; de ahí que conocerlas, meditarlas, ejercitarse en ellas, aumenta y enriquece el actuar moral, sabiendo que una virtud nunca marcha sola; una virtud atrae a las demás y las ayuda a crecer.



 La virtud cardinal de la prudencia organiza nuestro actuar, pues, buscando el bien, mide los medios que ha de utilizar, el modo de emplearlos y el tiempo más oportuno. Es esa recta razón en el obrar que nos dirige en lo práctico, buscando el bien y la verdad, y por tanto, determina y aconseja lo que hemos de obrar en cada caso y en cada circunstancia distinta.

2. Las virtudes que se derivan de la prudencia están en el ámbito del gobierno de uno mismo. Saber gobernar la propia alma es un arte (y por tanto, se aprende) y es una gracia. Una virtud, por tanto una capacitación del alma para el bien, es la virtud del buen sentido práctico, de la sensatez, o señalado de otro modo, el sentido común. Ésta es una percepción muy ajustada de la realidad que no se desfigura ni por el juicio, ni por el temor, ni por la ira. 

martes, 26 de abril de 2022

Silencio: favorece la comunicación (Silencio - III)



Sólo con silencio del corazón, de todo el ser, se produce la empatía más profunda y sincera, aquella en la que el otro es acogido en mi propio ser, experimentando lo suyo como mío e identificándome con él. Para ello, el silencio es acogida a la persona del otro y a sus palabras, a la manifestación de su corazón.



            Sin silencio, la comunicación es imposible; sin silencio, no hay relación interpersonal, sino la superposición de monólogos que no dejan huella en el alma:

            “El silencio es parte integrante de la comunicación y sin él no existen palabras con densidad de contenido. En el silencio escuchamos y nos conocemos mejor a nosotros mismos; nace y se profundiza el pensamiento, comprendemos con mayor claridad lo que queremos decir o lo que esperamos del otro; elegimos cómo expresarnos. Callando se permite hablar a la persona que tenemos delante, expresarse a sí misma; y a nosotros no permanecer aferrados sólo a nuestras palabras o ideas, sin una oportuna ponderación. Se abre así un espacio de escucha recíproca y se hace posible una relación humana más plena. 

En el silencio, por ejemplo, se acogen los momentos más auténticos de la comunicación entre los que se aman: la gestualidad, la expresión del rostro, el cuerpo como signos que manifiestan la persona. 

domingo, 24 de abril de 2022

Educar para la sacralidad - (10)



            Como la liturgia es sagrada, es ejercicio del Sacerdocio de Cristo, culto público e íntegro del Cristo total, Cabeza y Cuerpo, se debe respetar profundamente la liturgia, celebrarla con reverencia y dignidad, atenerse a sus normas sin añadidos ni omisiones, vivirla con devoción, espíritu de fe y contemplación. Urge, pues, corregir tantas desviaciones y abusos (grandes o pequeños), potenciar un verdadero “ars celebrandi” y empeñarse a conciencia en una formación litúrgica que sea espiritual.




            Tanto para los ministros como para los fieles, la educación litúrgica se muestra necesaria y sin embargo bastante ausente. La sucesión de tiempos litúrgicos, los polos celebrativos (altar, sede, ambón, etc.), los signos y gestos de la liturgia, el canto que sea de veras litúrgico, etc., no pueden darse por cosas sabidas, sino explicadas de modo reiterado en distintos momentos (homilías, predicaciones, retiros, pláticas, catequesis de adultos, catequesis pre-sacramentales) ya que sólo conociendo el sentido del universo simbólico de la liturgia se podrá vivirla convenientemente; entendiendo lo que es la liturgia y el porqué de cada elemento, se evitará que cualquiera lo cambie, lo omita, o introduzca sus personales creatividades.

            Esta formación litúrgica, siempre impregnada de espiritualidad (porque conduce a vivir y dejarse transformar por la liturgia misma), abarca la inteligencia y el corazón, por lo que es profundamente educativa: “sólo una formación permanente del corazón y de la mente puede realmente crear inteligibilidad y una participación que es más que una actividad exterior, que es un entrar de la persona, de mi ser, en la comunión de la Iglesia, y así en la comunión con Cristo” (Benedicto XVI, Disc. encuentro con el clero de Roma, 14-febrero-2013).
 

viernes, 22 de abril de 2022

La liturgia en San Basilio Magno

En san Basilio Magno hallamos una "mentalidad litúrgica", como, en general, en todos los Padres. No se trata de que él haga una alusión a la liturgia, diseminada en su corpus, sino de ver hasta qué punto la liturgia generó una mentalidad, una mens, en los Padres.

Cuando escriben, cuando argumentan, cuando elaboran teología, los Padres tienen bajo sus pies el sustrato de la liturgia celebrada y orada. Es algo más que un recurso: es el ámbito en el que los Padres piensan, rezan y reflexionan.


San Basilio nos deja un ejemplo luminoso de ello en su precioso tratado sobre "El Espíritu Santo".



La obra de san Basilio es la primera en ser un tratado, en cierto modo sistemático, sobre el Espíritu Santo. En ella, el trasfondo litúrgico es el humus vital en que este Padre capadocio reflexiona, argumenta y expone. En este sentido, siendo un tratado teológico y espiritual, es un venero de reflexión para la liturgia por su forma de pensarla y considerarla.

Fue éste el último Tratado escrito por san Basilio entre 374 y 375, e inluyó decisivamente en el Concilio de Constantinopla (381) al definirse en el Credo: “Creo en el Espíritu Santo, Señor y Dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas”. En el Oriente cristiano arrecian las controversias pneumatológicas que se derivan del arrianismo recién condenado en Nicea; los pneumatómacos niegan la divinidad  del Espíritu Santo, su consustancialidad con el Padre y el Hijo y su origen y su relación con ambos.

La obra de De Spiritu Sacto se divide en treinta capítulos sin ninguna otra división interna. Los títulos de los capítulos señalan las cuestiones que va a tratar para desarrollar una pneumatología completa advirtiéndose un claro tono polémico frente a las herejías pneumatómaca y arriana; así, por ejemplo, encontramos, al ver los títulos, que, apologéticamente, intenta agotar todos los puntos que estaban siendo negados con minuciosa precisión (por ejemplo, el análisis de las sílabas y las preposiciones exactas para expresar la relación intratrinitaria y la misión ad extra), por ejemplo:

miércoles, 20 de abril de 2022

La nube en el NT: la Anunciación



         Dos ejemplos significativos de la nube en el N.T. son la Anunciación y la Transfiguración, en los cuales hay una alusión, en el primero implícita, en el segundo explícita, para poner de relieve cómo la gloria del Señor, por medio de la nube, se hace presente en la vida de Jesús.




        La Anunciación, relatada por Lucas (1,26-38), es una construcción literaria para expresar el sí libre de María a Dios y la encarnación del Verbo, no por medio humano, sino por la obra exclusiva de Dios por el Espíritu. La forma de realizarlo está expresada por Lucas con una alusión a la nube del Éxodo: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra" (1,35a). La sombra a la que hace referencia el texto proviene del anan -cubrir-, el verbo hebreo que se relaciona con la nube -anan- que manifiesta el kabod, la gloria del Señor. 

Dice el texto griego: "pneuma 'ágiov epeleúsetai epì sè kaì dúnamis upsístou episkiásei soi", siendo "episkiásei" un verbo que significa cubrir con su sombra, proyectando una sombra, acción que realiza el Espíritu Santo ("epeleúsetai"), expresada por el verbo epérjomai, que también significa cubrir proyectando sombra, venir, etc... Por eso podemos identificar perfectamente uno y otro miembro de la acción, el Espíritu con el poder del Altísimo[1], la venida del Paráclito con la sombra proyectada y, por tanto, la nube con el poder del Altísimo que desciende sobre la nueva tienda que es María. Así la sombra proyectada por el Espíritu que cubre a María se pone en relación con la sombra que proyecta la nube sobre la tienda donde se depositaba el arca, como vimos al analizar el texto fundamental de este trabajo (Ex 40,34-38)[2] y como aparece reflejado en otros textos paralelos, ya citados anteriormente.


Oyes cómo nuestros padres estuvieron bajo la nube, y una nube ciertamente beneficiosa, ya que refrigeraba los ardores de las pasiones carnales; la nube que los cubría era el Espíritu Santo. Él vino después sobre la Virgen María, y la virtud del Altísimo la cubrió con su sombra, cuando engendró al Redentor del género humano (S. AMBROSIO, De myst., nº 12-16).


lunes, 18 de abril de 2022

Lugar de la liturgia en la Iglesia (SC - XI)




Forma parte del Concilio, de su espíritu y de su letra, una afirmación que, realmente, no ha calado a fondo en la vida eclesial, sucediéndose muchas distorsiones en lo teológico, en lo espiritual y en lo pastoral.

            La mayor dignidad e importancia se le concede a la liturgia en la vida de la Iglesia, lo más necesario, lo más absoluto, lo que requiere el mayor honor:

            “En consecuencia, toda celebración litúrgica, por ser obra de Cristo sacerdote y de su Cuerpo, que es la Iglesia, es acción sagrada por excelencia, cuya eficacia, con el mismo título y en el mismo grado, no la iguala ninguna otra acción de la Iglesia” (SC 7).



            Estas palabras conciliares son rotundas, otorgando a la liturgia el primer puesto y más excelente en la vida de la Iglesia por ser obra de Cristo. La praxis, sin embargo, arrincona muchas veces la liturgia, no se la ve como lo más importante y central, se la acusa de ser poco pastoral (¿y qué entenderán por “pastoral”?, ¿los inventos de unos y de otros?) y, además, como no la entienden, la reinventan y transforman, dejándola irreconocible, desacralizada, mundanizada.

            1. En el ámbito teológico, es fundamental que se estudie a fondo, con rigor, la asignatura de liturgia. El mismo Concilio lo declara orientando los contenidos de la asignatura de liturgia (en general, de cualquier formación sobre liturgia), su relación con los demás tratados teológicos, así como la cualificación especializada del profesor de liturgia:

sábado, 16 de abril de 2022

La virtud de la templanza (y II)


6. Todo este mundo interior queda ordenado y gobernado por la virtud cardinal de la templanza. En especial, la templanza ha de moderar dos instintos de los más fuertes; uno es la lujuria, el placer sexual que puede conducir al desenfreno y al permisivismo, incluso en el mismo matrimonio; el otro instinto fuerte es la gula, el exceso desmedido en comer y beber; y son dos instintos muy asociados entre sí que fácilmente pueden desviar al hombre.



 
La templanza permite al hombre usar razonadamente de los instintos  tanto para la comunión matrimonial y la procreación (dos fines inseparables en la unión conyugal) como el placer individual en la alimentación y la bebida.

La misma virtud de la templanza invitará  la conciencia más de una vez a actos de ascesis y mortificación incluso en cosas lícitas y legítimas para mantenernos alejados del pecado, tener controlada la vida personal y vivir como hombres libres para Cristo. 

martes, 12 de abril de 2022

El sacrificio de Isaac anunciaba a Cristo (y VI)



Finalmente, podemos leer el sacrificio de Isaac como figura del sacrificio en la cruz de Jesús. 

Un sacrificio decisivo, un holocausto -como lo presenta Hb- de un Padre que "tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único" (Jn 3,16). Porque es en Jesús, del linaje de Abraham, cuando se cumple el sacrificio y la bendición. 



Sacrificio que se ofrece como cordero inmolado, igual que el carnero que ve Abraham en la cima del monte, bendición que se da como salvación a todos los hombres por la misericordia del Padre; uno se hace maldición para que nosotros alcancemos la bendición:


Él pendió de la cruz para que, colgado del madero, borrara el pecado que habíamos cometido en el árbol de la ciencia del bien y del mal... Al final él fue hecho maldición -hecho, digo, no nacido- para que las bendiciones prometidas a Abraham, siendo el autor y el precursor, fueran transmitidas a los gentiles, y la repromisión por la fe de él se cumpliera en nosotros (S. JERÓNIMO, Comentario sobre la Carta de los Gálatas).
 
                       

domingo, 10 de abril de 2022

"Amén" - II (Respuestas - XXXV)



4. Sublime y solemne, la plegaria eucarística concluye con el solemne “Amén” de todos los fieles, cantado, fuerte, vibrante, sellando la doxología que el sacerdote ha cantado igualmente, elevando los dones consagrados.

            Vamos primero a las rúbricas. Dice la Introducción General del Misal Romano: “Al final de la Plegaria Eucarística, el sacerdote, toma la patena con la Hostia y el cáliz, los eleva simultáneamente y pronuncia la doxología él solo: Por Cristo, con Él y en Él. Al fin el pueblo aclama: Amén. En seguida, el sacerdote coloca la patena y el cáliz sobre el corporal” (IGMR 151).



            Destaquemos cómo aquí, sí, hay una verdadera elevación de la patena con el Pan consagrado y del cáliz, en el culmen y climax de la gran Oración. Sí, elevación, no mera mostración. El “Amén” de los fieles es definido como “aclamación”, por tanto, un tono fuerte, gozoso, claro, alabando a Dios.

            El pan y el vino consagrados, ya el Cuerpo y Sangre de Cristo, permanecen elevado mientras el pueblo canta el “Amén”, no se bajan antes. “Para la doxología final de la Plegaria Eucarística, de pie al lado del sacerdote, tiene el cáliz elevado, mientras el sacerdote eleva la patena con la Hostia, hasta cuando el pueblo haya aclamado: Amén” (IGMR 180). Es, pues, un momento solemnísimo dentro del rito romano.

            Con todo esto se demuestra la importancia que la liturgia la concede a este “Amén” final. Así se describe la parte final en el Misal: “Doxología final: por la cual se expresa la glorificación de Dios, que es afirmada y concluida con la aclamación Amén del pueblo” (IGMR 79).

viernes, 8 de abril de 2022

Fuerzas ocultas de vida (Palabras sobre la santidad - XCVIII)



            No siempre se puede medir la eficacia y la fecundidad de un santo por las obras exteriores de apostolado, evangelización o caridad, porque muchos santos no fueron llamados a eso sino a la vida cotidiana y ordinaria, o, tal vez, a vivir la enfermedad o la debilidad como participación en la redención de Cristo para el mundo, o quizás a orar e inmolarse en la soledad del monasterio.

 
            No puede estar ahí la clave, en las obras exteriores por muy buenas y necesarias que sean. Hay que buscarla en el Misterio de Dios y en la comunión de los santos. El mismo santo, la santidad misma, es una fuerza oculta que, en el orden sobrenatural, riega y fecunda este mundo como las corrientes de aguas subterráneas. No se ve el santo ni destaca por sus logros apostólicos (¡la vida eclesial no es una empresa con balances de eficacia y ventas!), pero en silencio, en el Misterio, su vida misma es fecunda para todos, aportando invisiblemente luz a todos, expandiendo verdad, bien y belleza.

            Los santos, con su existencia misma se convierten en fermento del mundo desde el corazón mismo del mundo, ocultos pero eficacísimos. “Quedan ocultos en el corazón de Cristo como fermento de un mundo nuevo. Nosotros, los cristianos de hoy, tenemos que entrar con fuerza en esa pedagogía de Dios que marcó a esos hombres. Entrar en ese ritmo de amor y oración, porque la Historia necesita Gigantes” (Mazariegos, E.L., La aventura apasionante de orar, Valladolid 1964, 40).

miércoles, 30 de marzo de 2022

El sacrificio de Isaac, la fe (V)



Llegando a la lectura propiamente teológica del sacrificio de Isaac (Gn 22), lo primero que cabe destacar es la fe. 



                      La fe vivida en oscuridad, soledad:

Esta es la primera lectura que se puede hacer del texto, tal vez la más evidente. Soledad y contradicción de Abraham frente a Dios, porque parece que el Señor mismo se contradice. Pero, pese a todo, Abraham "creyó contra toda esperanza", se fió del Señor hasta el límite, y, amparado en su fe, le obedece, hasta el punto de sacrificar lo que más quería: su único hijo, su descendencia, su linaje...

Nadie podía ponerse en el lugar de Abraham, ni los siervos ni Sara, su esposa; sólo él tenía que responder al Señor con disponibilidad y acatar la voluntad -¡tan extraña!- del Señor. 

Era fiarse no de las promesas de Dios, sino del Dios de las promesas.

lunes, 28 de marzo de 2022

El silencio: la interioridad humana (Silencio - II)



El silencio es beneficioso para la persona, le permite serenarse, orar, reflexionar, encontrarse consigo mismo. Este silencio es una cualidad deseable para el domingo cristiano: “El domingo es un tiempo de reflexión, de silencio, de cultura y de meditación, que favorecen el crecimiento de la vida interior y cristiana” (CAT 2186).



            Tan necesario es el silencio, que hay que cultivarlo, mimarlo para que no se rompa, crearlo aunque sea con dificultad:

            “Debemos tutelar, cada uno de por sí, los momentos, las zonas de silencio exterior y sobre todo interior; silencio para reanimar el diálogo con nosotros mismos, es decir, con nuestra conciencia. Y será éste un acto, aunque sea momentáneo, de personal liberación, en el cual otras voces, junto al silencio, se hacen sentir, entre las cuales no faltará quizás la voz misma del Maestro interior, la del Espíritu operante en lo secreto del alma, y probaremos quizás el impulso de proferir dentro de nosotros una voz nuestra, original y encantadora: la oración del corazón” (Pablo VI, Regina Coeli, 30-mayo-1976).

sábado, 26 de marzo de 2022

"Amén" - I (Respuestas - XXXIV)



1. Breve y concisa, la palabra “Amén” ha pasado a la liturgia cristiana en su lengua original hebrea, como también ocurrió –ya lo vimos- con Aleluya y Hosanna. Traducirla es empobrecerla, o por cuenta propia decir: “Así es” o “Así sea”, pierde la sonoridad y fuerza que posee el original “Amén”.
           
            Amplia es la valencia de este “Amén” hebreo. Para nosotros debe ser sumamente apreciado al considerar que nuestro Señor Jesucristo es llamado “Amén” o el “Amén de Dios” en los escritos del NT. El Señor dice: “Habla el testigo fidedigno y veraz, el Amén” (Ap 3,14); Jesucristo es el Amén, el “Testigo fiel” (Ap 1,5), porque en Él todo fue un Sí a Dios, y “por él podemos decir ‘Amén’ para gloria de Dios” (2Co 1,20). El “Amén” es fidelidad, es Verdad, es decir “Sí”. Esto alude a su raíz hebrea, emparentada con la palabra tanto “verdad” y “certeza” como “fidelidad”: emet.



            Su uso es muy frecuente en todas las Escrituras. Sirve, por ejemplo, para firmar o sellar una alianza o un juramento: ‘“¡Así sacuda Dios, fuera de su casa y de su hacienda, a todo aquel que no mantenga esta palabra: así sea sacudido y despojado!’ Toda la asamblea respondió: ‘¡Amén!’ y alabó al Señor. Y el pueblo cumplió esta palabra” (Ne 5,13). En otras muchas ocasiones, adquiere un matiz de deseo, ¡ojalá!, por ejemplo: “¡Amén!, así lo haga el Señor” (Jr 28,6). No falta el sentido de adoración y alabanza y acción de gracias: “Bendito sea el Señor, Dios de Israel, desde siempre y por siempre. Todo el pueblo respondió: ¡Amén! ¡Aleluya!” (1Cro 16,36), como también así se cierran los libros del Salterio: “Bendito sea el Señor, Dios de Israel, el único que hace maravillas; bendito por siempre su nombre glorioso, que su gloria llena la tierra. ¡Amén, amén!” (Sal 71), o la adoración, con postración incluida, tras la lectura de la Ley por parte de Esdras: “Esdras bendijo al Señor, Dios grande, y todo el pueblo, levantando las manos, respondió: Amén, amén. Después se inclinaron y adoraron al Señor, rostro en tierra” (Ne 8,6). En el cielo, según escribe el vidente del Apocalipsis, “Amén” y “Aleluya” unidos expresan la adoración y continua alabanza a Dios y al Cordero: “se postraron delante del trono, rostro en tierra, y adoraron a Dios diciendo: Amén. La alabanza y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén” (Ap 7,9-12). Nos mostrará el Apocalipsis a los veinticuatro Ancianos y a los cuatro seres vivientes que se postran y adoran a Dios, sentado en el trono, diciendo: “Amén. Aleluya” (Ap 19,4).

jueves, 24 de marzo de 2022

Variaciones sobre la definición de liturgia (SC - X)



Repeticiones de un mismo tema, con distintos instrumentos, son variaciones musicales que conducen a captar mejor la belleza: imitaciones melódicas de un mismo tema, dice el Diccionario. La definición de liturgia que ofrece la constitución Sacrosanctum Concilium, en el nº 7, ofrece una gran riqueza de contenido.

            La liturgia es la función santificadora de la Iglesia. Es una realidad teológica y espiritual de hondo calado, lo cual es mucho más que el aspecto externo y estético del sentimiento religioso o un ceremonial obligado al margen de la vida espiritual y orante de los fieles, o en paralelo a la espiritualidad sin nunca converger: la liturgia por un lado como ceremonial, la piedad por otro lado con sus devociones y meditación personal.



            El fundamento de la liturgia es Cristo Sacerdote. Él, con la oblación de su propio cuerpo en la cruz y su resurrección ha entrado en el santuario del cielo como Mediador entre Dios y los hombres, Sacerdote de los bienes definitivos que distribuye, intercediendo por sus hermanos y derramando gracia que nos auxilia en el tiempo oportuno. Toda la carta a los Hebreos, de modo particular del capítulo 5 al 10, expone el sacerdocio eterno y definitivo de Jesucristo.

            La Iglesia, fiel al mandato de su Señor, continúa en la tierra su oficio sacerdotal. Por eso la liturgia se define “como el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo” (SC 7) y esto se realiza mediante “los signos sensibles” que “significan y, cada uno a su manera, realizan la santificación del hombre” (SC 7).

martes, 22 de marzo de 2022

El sacrificio de Isaac (IV)



Un tercer motivo que converge es el tema de la fe de Abraham que se mueve en la oscuridad frente a Dios. El relato comienza advirtiendo que era una prueba que el Señor hizo al patriarca (Gn 22,1) evitando así el posible escándalo o sorpresa de encontrarse con un Dios que pide el sacrificio del hijo único de una padre anciano; un hijo esperado que es el único descendiente -Ismael está fuera de la casa- y sobre el que recae la promesa de bendición de Yahvé. 




Es una prueba terrible que adquiere tintes dramáticos si advertimos que Abraham no sabe que es una prueba. 

Con el sacrificio de este hijo (homicidio) se suicida Abraham, puesto que se le impide la sobrevivencia y el acceso a los promesas que dieron sentido a su peregrinar.

¿Cómo entenderlo? Dios le pidió que renunciara a su pasado en su vocación obligándole a salir de su tierra (Gn 12,1ss) y ahora le pide que renuncia a su porvenir sacrificando al descendiente de la promesa.

domingo, 20 de marzo de 2022

La virtud de la templanza (I)



5. La moderación y el equilibrio en todo lo que resulta placentero, es la virtud de la templanza. Esta virtud, muy poco valorada, modera la inclinación de la carnalidad, de lo instintivo que hay en el hombre, a los placeres sensibles, especialmente del tacto y del gusto, conteniendo esta inclinación dentro de los límites de la razón iluminada por la fe, haciendo de nuestro comportamiento algo humano, razonable y moral, y no desenfrenado, cegado por los instintos como si fuésemos animales embrutecidos.




La moderación en todo, la sobriedad, el equilibrio, en definitiva, la templanza, modelan al creyente como un hombre nuevo, libre de sus pasiones, gobernando sus instintos; mucho más libre, más señor de sí mismo, que tantos hombres, influidos del nuevo paganismo que viven hoy, donde, para ahogar un vacío profundo, se entregan al desenfreno, a disfrutar, a todo tipo de placeres y excesos, y están destruyéndose.

La Palabra de Dios tiene múltiples exhortaciones para vivir con rectitud en medio del mundo. 

jueves, 17 de marzo de 2022

Reverencia y reverencias - (9)




            Centro de todo, protagonista absoluto de la liturgia, es Jesucristo y su Misterio pascual (cruz y resurrección) que se hacen presentes. Nada debe entorpecer esto, nada oscurecerlo, nada impedirlo.

            Todo en la liturgia debe estar medido, y gozar de prudencia, discreción y sentido común, para que sólo destaque el Señor, ni siquiera el sacerdote que debe ser tan humilde que sea mediador, nada más, y se ajuste a las partituras de esta sinfonía, es decir, que se ajuste y realice todo y sólo lo que marcan las normas litúrgicas, sin las notas disonantes que a él se le puedan ocurrir y que chirrían en la liturgia. Así el propio sacerdote “desaparece” y se convierte únicamente en instrumento y servidor.



            En el momento en que se reviste con las vestiduras litúrgicas para oficiar, él debe desaparecer, revestirse sólo de Cristo y no de sí mismo, y con profundo espíritu de fe, permitir que sólo Cristo sea el centro de todo: sus actitudes, su devoción, sus gestos e inclinaciones, su silencio y su mesura, permitirán que nadie se distraiga de lo fundamental, sino que todo transcurra, sin espectáculo alguno, en clima de fe sobrenatural. ¡Esto es profundamente “pastoral”!, porque esto sí conduce a todo el rebaño de Cristo a buscar y vivir sólo del Buen Pastor y apacentarnos en sus pastos, no en la hierba envenenada de los protagonismos, espectáculos y desacralización.

            Ha de brillar la gracia, no el propio sacerdote. Ha de brillar el Misterio, no el sacerdote micrófono en mano, improvisando, alterando la liturgia, de modo desenfadado y casi vulgar, como en una feria popular, en una tómbola ruidosa y llamativa.

            “La celebración litúrgica es canal y cauce de la gracia de Dios, lo que nos obliga a preguntarnos si en la celebración litúrgica se realiza esta comunicación misteriosa de la salvación de Cristo a los hombres; con otras palabras, la buena celebración litúrgica es siempre fructuosa, porque es siempre una celebración verdadera, que permite a la asamblea entrar en el propio perfeccionamiento, conociendo quién es uno y quién debiera ser. Pero esta fructuosidad presupone la ascesis de los celebrantes y de la asamblea y la confesión de la verdadera fe en el acto celebrativo, que da fuerza y creatividad, pues aparece no la exaltación del yo, el protagonismo, sino la adoración de Dios” (Fernández, P., La sagrada liturgia, 260).

martes, 15 de marzo de 2022

La experiencia de la fe (y III)



            Dios ha actuado. Por medio de lo concreto de nuestra vida y sus dificultades, nos va despojando de nosotros mismos y de nuestras falsas seguridades. Salen a la luz las preguntas más fundamentales: 

¿Quiénes somos? 
¿A quién pertenecemos? 
¿Qué es lo que permanece cuando muchos de nuestros proyectos no se pueden realizar o han fracasado?



            Lo que queda es lo que nos ha sucedido y que nadie nos lo podrá arrebatar: el Hecho de Cristo en nuestra vida, el Acontecimiento único y excepcional que se ha vuelto en centro de todas las cosas, del corazón, del deseo, de la memoria, de los proyectos.

            ¡Queda el Acontecimiento de Cristo!, que nos ha sucedido, que ha venido, que nos ha provocado pero que nosotros no lo hemos suscitado. Es gracia: ¡se nos ha dado!, ha sucedido.

            Ahora bien: ¿lo esperamos todo de Cristo? ¿Esperamos todo de este Acontecimiento único? ¿O hemos perdido ese “amor primero”, esa fascinación por Él, acostumbrándonos y no dándole importancia? ¿Le hemos dejado a Cristo ser la inspiración de nuestros proyectos y la medida de todas las cosas o es sólo una cosa más en nuestras vidas?

domingo, 13 de marzo de 2022

El sacrificio de Isaac (III)

En el relato del sacrificio de Isaac (Gn 22), primero se rechaza -sentido literal del texto bíblico- cualquier sacrificio humano.

Además, en el sentido literal, ofrece también una indicación del rescate de los primogénitos, consagrados a Dios.



Junto a este tema del sacrificio de los niños, se enlaza, perfectamente, con la legislación israelita: ésta mandaba rescatar a los primogénitos de Israel en recuerdo de la Pascua, nunca sacrificarlos. Como todas las primicias, los primogénitos varones también pertenecen al Señor, y hay que rescatarlos. De tal forma que este relato del sacrificio de Isaac fundamenta la prescripción ritual del rescate de los primogénitos de Israel. "Cuando Yahvé te haya introducido en la tierra del cananeo, como lo tiene jurado a ti y a tus padres, y te la haya dado, consagrarás a Yahvé todos los primogénitos" (Ex 13,11-12a).
 

                        La etiología del monte Moria:

                        Viene a continuación la etiología del monte Moria, explicada según el sacrificio de Isaac: Dios proveyó el carnero para el holocausto, "de donde se dice hoy en día: 'en el monte del Señor provee'" (22,14).
                        

viernes, 11 de marzo de 2022

La nube en el NT: Espíritu y bautismo



         La nube es también una realidad en el N.T., y es usada por los evangelistas, siguiendo la tipología establecida por el Éxodo. Expresan así algo fundamental: la continuidad entre el AT y el NT, un nuevo pueblo del Señor que ve la gloria de Dios, un arca nueva para este pueblo nuevo, y un nuevo Moisés[1] que establece una nueva ley, ley espiritual, según la Tradición de los Padres[2].



         Una lectura teológica desde la fe cristiana. Toda la Tradición patrística ha hecho distintas lecturas de la nube como columna de fuego. La primera, tal vez por antigüedad, es Melitón de Sardes. Él interpreta a la columna de fuego -aunque no sea propiamente sacerdotal- como Cristo mismo que, pasando el Mar Rojo, guía a su pueblo. Es Jesucristo el que hace pasar a su pueblo de la muerte a la vida, de la esclavitud a la libertad. Así lo ve Melitón de Sardes:

Éste [Cristo] es el que te iluminó con una columna de fuego, y el que te cubrió con una nube, el que abrió el mar Rojo (Homilía sobre la Pascua, nº 84).


         Cristo pasa el Mar Rojo en forma de columna de fuego para iluminar a su pueblo.  El Señor Jesús se presenta pues como luz para todos los hombres: "Yo soy la luz del mundo. El que me siga no caminará a oscuras, sino que tendrá la luz de la vida" (Jn 8,12).