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domingo, 12 de mayo de 2024

Silencio en la celebración del Viernes Santo (Silencio - XL)



El silencio pesa, es elocuente y denso, en el inicio de la gran celebración del Viernes Santo; silencio de penitencia y austeridad, silencio de adoración ante el gran Misterio, predispone muy bien a vivir interiormente esta sobria y santísima celebración:



“El sacerdote y los ministros se dirigen en silencio al altar sin canto alguno. Si hay que decir algunas palabras de introducción, debe hacerse antes de la entrada de los ministros.
El sacerdote y los ministros, hecha la debida reverencia al altar, se postran rostro en tierra; esta postración, que es un rito propio de este día, se ha de conservar diligentemente por cuanto significa tanto la humillación “del hombre terreno”, cuanto la tristeza y el dolor de la Iglesia.
Los fieles durante el ingreso de los ministros están de pie, y después se arrodillan y oran en silencio” (Carta Prep. y celebración de las fiestas pascuales, 65).

            El silencio, igualmente, acompaña la solemne proclamación de la liturgia de la Palabra, incluyendo el momento de gracia, ¡memorial!, en que en la Pasión se dice: “y Jesús, inclinando la cabeza, entregó el espíritu”, cuando “todos se arrodillan y hacen una pausa”, como marca el leccionario.

miércoles, 1 de abril de 2015

Viernes Santo: Liturgia solemne y austera



El Viernes Santo es el primer día de la Pascua. Espiritualmente, más que fijarnos paso a paso en sus dolores (como sería la meditación del Via Crucis) hay que considerar y vivir el Viernes Santo como el primer acto de la Pascua: es la inmolación del Cordero, se cumplen los oráculos sobre el Mesías-Siervo de Yahvé.



            Vivimos la Pascua del Señor Jesús y es Él el cordero pascual, el Cordero de Dios, que remite tanto al cordero del libro del Éxodo (c. 12) cuya sangre libraba de la muerte a los primogénitos israelitas, como al cordero degollado anunciado por Isaías (c. 53) que se lee el Viernes Santo como primera lectura.

            “El Viernes ya es Pascua. No es preparación, sino el primer día de la Pascua, formando una unidad dinámica con el Sábado y el Domingo. El Viernes celebramos la totalidad del misterio pascual, aunque subrayando su primer acto, la muerte en Cruz... Es el día de la muerte, aunque está cargado de esperanza. Nosotros sabemos que esta Cruz termina en vida. El Viernes celebramos lo mismo que celebramos en la Vigilia. Todo el misterio, pleno”[1]

            La Sangre de Cristo es sagrada, porque es su vida misma dando vida. Entrega su vida, su Sangre que es vida se rocía inundándonos de vida, como canta el himno litúrgico: “Y un mar de sangre fluye, inunda, avanza, por tierra, mar y cielo y nos redime”.

martes, 26 de marzo de 2013

Acción litúrgica de la Pasión del Señor - Viernes Santo

Entramos en el primer y Gran día de la Pascua: Cristo, el Señor, el Cordero de Dios, va a ser inmolado. El centro de todo el Viernes Santo es la acción litúrgica de este día: en ella participamos, en ella contemplamos su Amor, en ella se nos da la Cruz de Cristo, en ella oramos por la redención de toda la humanidad.

No puede decrecer la participación en esta acción litúrgica porque es el primer día de Pascua; al contrario, de la Misa vespertina del Jueves Santo a la celebración de hoy se debería notar un aumento en el número de fieles y para eso -imagino, espero, supongo- se habrá predicado durante la Cuaresma en homilías, catequesis, retiros parroquiales, charlas cuaresmales, incluso de manera cansina, repitiendo una y otra vez, no dando por supuesto que todos saben la importancia de estas celebraciones y asisten.

Día de ayuno y abstinencia de carne: comienza el ayuno pascual hasta la Vigilia. Nuestro alimento es ya otro: Cristo mismo en la Eucaristía pascual. 

La Cruz, elevada sobre la tierra, atrae a todos hacia Cristo.

La Cruz permanece, mientras que el mundo gira y gira, cambiante, inestable.


La celebración consta de tres momentos fundamentales: 
* la Palabra proclamada, 
* la Adoración de la Cruz, 
* la sagrada comunión como alimento durante el ayuno pascual a la espera de poder celebrar la Eucaristía en la gran Vigilia pascual.  

jueves, 29 de marzo de 2012

La acción litúrgica del Viernes Santo

La Misa en la Cena del Señor fue el oficio vespertino al iniciarse el Viernes Santo: Jesús, el Señor, va a vivir la Pascua, esta vez no ritual, sino que el verdadero Cordero va a ser Él, y será inmolado en el árbol de la cruz. La Iglesia se va a unir a Él con la liturgia celebrada el Viernes Santo, austera, sobria y a la vez solemne.

El Viernes Santo, la Iglesia-Esposa nace del costado abierto de Cristo, su Esposo, dormido en la cruz. Cristo, el nuevo Adán, con su costado perforado, permite que salga la nueva Eva, la Iglesia.


Es el primer gran Acto de la Pascua, el drama, la lucha entre Cristo y Satanás, entre Jesucristo y la fuerza del pecado. ¡Es Pascua!, la Pascua de nuestro Señor Crucificado. La Iglesia se recoge en silencio, contemplación y amor. No se reviste de luto, con tonos sentimentales, sino se viste de Pascua. El Cordero de Dios se entrega y su Sangre lava nuestros pecados. El luto, de color negro o morado, se reserva para los difuntos a los que hay que encomendar y orar por sus pecados; el Rey de la gloria no necesita del negro o morado, sino del rojo, aquel color púrpura que vestían los emperadores, el color también de la sangre del primer Mártir, el Testigo fiel.

 La celebración consta de tres momentos fundamentales: la Palabra proclamada, la Adoración de la Cruz, la sagrada comunión como alimento durante el ayuno pascual a la espera de poder celebrar la Eucaristía en la gran Vigilia pascual. Todos los fieles se reúnen, nadie se ausenta, para celebrar la Pascua del Señor en el primer gran acto de este drama supremo. Bien celebrada, con sus correspondientes cantos y la adoración de la Cruz realizada por todos, así como la Comunión, puede ser una celebración popular y devota; pero para eso hay que educar y enseñar qué se hace el Viernes Santo, en qué consiste este Oficio litúrgico.

lunes, 18 de abril de 2011

Viernes Santo, la Cruz Gloriosa

Entramos en el primer y Gran día de la Pascua: Cristo, el Señor, el Cordero de Dios, va a ser inmolado. El centro de todo el Viernes Santo es la acción litúrgica de este día: en ella participamos, en ella contemplamos su Amor, en ella se nos da la Cruz de Cristo, en ella oramos por la redención de toda la humanidad.

No puede decrecer la participación en esta acción litúrgica porque es el primer día de Pascua; al contrario, de la Misa vespertina del Jueves Santo a la celebración de hoy se debería notar un aumento en el número de fieles y para eso -imagino, espero, supongo- se habrá predicado durante la Cuaresma en homilías, catequesis, retiros parroquiales, charlas cuaresmales.

Día de ayuno y abstinencia de carne: comienza el ayuno pascual hasta la Vigilia. Nuestro alimento es ya otro: Cristo mismo en la Eucaristía pascual. 

La Cruz, elevada sobre la tierra, atrae a todos hacia Cristo.

La Cruz permanece, mientras que el mundo gira y gira, cambiante, inestable.

La celebración consta de tres momentos fundamentales: la Palabra proclamada, la Adoración de la Cruz, la sagrada comunión como alimento durante el ayuno pascual a la espera de poder celebrar la Eucaristía en la gran Vigilia pascual. Recordemos además que posee indulgencia plenaria con las condiciones acostumbradas la participación en esta Acción litúrgica adorando la Cruz (Cf. Manual de indulgencias, 13, 1; no tiene porqué ser con un beso ya que si son muchos los asistentes y se va a prolongar en exceso, se adora en silencio estando todos de rodillas algunos momentos).

La descripción litúrgica y el desarrollo ritual de esta celebración pascual nos vienen por la Carta de la Congregación para el culto divino sobre la preparación y celebración de las fiestas pascuales; a la par que señala cómo se realiza, nos va introduciendo en el sentido:

viernes, 2 de abril de 2010

Primer día de la Pascua: la Cruz gloriosa de Jesucristo


¡Salve Cruz, nuestra única esperanza!

    Hemos comenzado ya el Triduo pascual. La Misa en la Cena del Señor como oficio de Vísperas ha dispuesto el corazón de la Iglesia-Esposa para que entre, adorando, amando, en el Triduo pascual y se una a su Esposo, Jesucristo.

    Es la Hora. Ha sonado la Hora, aquella Hora para la que el Hijo había venido y que anhelaba. Esta es la Hora en la que va a ser glorificado: será elevado en la cruz, y cuando Él sea elevado, atraerá a todos los hombres hacia Sí.

martes, 30 de marzo de 2010

Viernes Santo: acción litúrgica de la Pasión del Señor (Catequesis)

El Viernes Santo, la Iglesia-Esposa nace del costado abierto de Cristo, su Esposo, dormido en la cruz. Es el primer gran Acto de la Pascua, el drama, la lucha entre Cristo y Satanás, entre Jesucristo y la fuerza del pecado. ¡Es Pascua!, la Pascua de nuestro Señor Crucificado. La Iglesia se recoge en silencio, contemplación y amor. No se reviste de luto, con tonos sentimentales, sino se viste de Pascua. El Cordero de Dios se entrega y su Sangre lava nuestros pecados.