“La imposición de manos y la Plegaria de Ordenación
son el elemento esencial de todas las Ordenaciones… Mientras se imponen las
manos, los fieles oran en silencio, pero participan en la Plegaria de Ordenación
escuchándola…” (PR 7).
Se
reitera en las rúbricas; en la ordenación episcopal: “El obispo ordenante
principal impone en silencio las manos sobre la cabeza del elegido. A
continuación, acercándose sucesivamente, lo hacen los demás Obispos también en
silencio” (PR 45); en la ordenación de presbíteros: “El Obispo impone en
silencio las manos sobre la cabeza de cada uno de los elegidos. Después de la
imposición de manos del Obispo, todos los presbíteros presentes, vestidos de
estola, imponen igualmente en silencio las manos sobre cada uno de los
elegidos” (PR 130); por último, en la ordenación diaconal: “El obispo impone en
silencio las manos sobre la cabeza de cada uno de los elegidos” (PR 206).
No
suena el órgano, no se canta nada, nada se dice. Es el silencio de la acción
del Espíritu Santo comunicándose por la imposición de manos.
Con
la belleza acostumbrada y dominio de la palabra, explicaba Benedicto XVI este
silencio:














