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miércoles, 12 de junio de 2024

El discernimiento, virtud (y IV)



7. De modo muy somero, existen unas reglas de discernimiento señaladas por aquel gran maestro de espíritu que es S. Ignacio de Loyola. Es conveniente conocerlas y empezar a ejercitarlas en cosas pequeñas hasta habituarnos. Pero siempre será bueno, en las grandes cosas, realizar este ejercicio y confrontarlo luego con algún maestro espiritual sabio y santo, o al menos, sabio.



El primer modo de discernimiento se hace invocando al Espíritu y pidiendo al Señor que mueva nuestra voluntad hacia lo que sea mejor en su servicio.

Luego se mira lo que se tiene que decidir, reflexionando sosegadamente sobre sus ventajas y utilidad en el seguimiento de Cristo; después sobre las desventajas que tendría tomar esa decisión. Mejor ponerlo todo por escrito. Lo mismo, en un segundo momento: si no se toma esta decisión, ver las ventajas de no tomarla y las desventajas, siempre para la propia santidad y seguimiento de Jesucristo. 

Visto todo y puesto por escrito, ante al Señor se mira hacia dónde tiende con mayor fuerza nuestra razón y se elige; una vez elegido, se suplica al Señor que acepte y confirme la elección, por si nosotros nos hemos equivocado.

domingo, 26 de mayo de 2024

El discernimiento, virtud (III)



5. En los inicios de la vida espiritual, el discernimiento resulta ser una lúcida y contrita conciencia de uno mismo; uno se reconoce tal cual es ante Dios, su pecado, las veces que le ha rechazado o le ha sido infiel. Ha entrado por fin en lo profundo del conocimiento de sí mismos; puede que con lágrimas de contrición y arrepentimiento, pero con profunda paz, porque la humildad verdadera “no alborota” (Sta. Teresa) ni lleva a desesperanza. 


De este conocimiento propio, se descubre que Dios es Amor, ha permanecido Fiel a pesar de nuestro pecado e ingratitud. Hay muchas trampas para que no discernamos nuestro ser evitando así abrazarnos al Amor de Dios. Basta caminar y perseverar en oración y en confianza hacia Dios.

La paz es un elemento de discernimiento muy importante, pues la verdadera paz es signo del lenguaje y del paso de Dios. Paz falsa es la que aparece de pronto –junto con una alegría exultante- pero su origen es externo, da mucho ruido, y desaparece con facilidad; además la falsa paz puede venir de la acomodación al propio pecado adormeciendo la conciencia o de la mediocridad en nuestra vida cristiana.

miércoles, 8 de mayo de 2024

El discernimiento, virtud (II)



3. El discernimiento es un arte (por tanto, tiene una técnica, una teoría, pero hace falta la inspiración, la gracia), un arte que es la comunicación y comprensión recíproca entre Dios y el hombre, y es bueno desentrañar y conocer sus dinámicas profundas. El discernimiento es el arte de seguir a Cristo, tanto en las grandes opciones de vida, de trabajo y apostolado, como en lo pequeño y cotidiano, que es donde nos santificamos. Así el discernimiento lleva a una madurez eclesial y a una fidelidad probada.



Entre el creyente y su Señor existe una comunicación verdadera, donde Dios se adapta al modo humano, comunicándose en lenguaje humano, sensible, en los pensamientos y sentimientos del hombre. Es el lenguaje de Dios con cada alma. 

El discernimiento es oración, un arte propio y verdadero en la vida del Espíritu y forma parte de las relaciones de Dios con el hombre. 

El discernimiento permite al creyente verse con los ojos de Dios, percibirse según la fe, en el gran plan de la historia de la salvación personal que Dios realiza. Los sacerdotes reciben ese discernimiento para los demás en virtud del carácter sacramental del Orden; algunos hombres y mujeres verdaderamente espirituales, que siempre han sido grandes maestros espirituales, también lo reciben para los demás.

sábado, 20 de abril de 2024

El discernimiento, virtud (I)

1. El discernimiento es una gran virtud, casi imprescindible, pero que, a la vez, es un don de Dios y hay que suplicarle constantemente el saber discernir. Si S. Pablo señalaba: “Examinadlo todo y quedaos con lo bueno” (1Ts 5,21), el discernimiento viene a ser la cima de muchas virtudes y lo propio de los hombres y mujeres de Dios al saber examinarlo todo, quedarse con lo bueno, y lo bueno siempre es la voluntad de Dios, la Presencia de Dios.



Este discernimiento es un examen, un juicio que divide y separa, para hallar en todo la voluntad de Dios, o interpretar los acontecimientos, o conocer qué es de Dios, y esto sólo lo realizan los hombres espirituales, esto es, aquellos que viven sumergidos en el Misterio de Dios, en profunda comunión con Cristo y siempre dóciles al Espíritu Santo por la oración. 

El que es espiritual reconoce –en el espíritu- los signos de la Presencia de Dios y de su voluntad. Lejos de convertir el proceso de discernimiento en una técnica de examen, o en una disciplina que se “pudiese comprar” de algún modo, su premisa es el trato y la familiaridad íntima con Cristo para saber entender el lenguaje de Dios, descubrir su voz en todo.

lunes, 18 de mayo de 2020

Con fe, mirar la cultura contemporánea

Abrir los ojos y contemplar: descubrir. Al hombre se le trata como a un ciego, y se le prefiere ciego. Que no piense, mejor entregarle todo hecho y pensado. Que no vea ni descubra nada, con lo que se le dé tiene bastante. Y sobre todo, que no piense, que no sea original, que no sea libre.



El Señor Jesucristo es modelo de Hombre perfecto, mejor, es el Hombre perfecto. Hombre libre, con un corazón tierno y cercano, pero crítico con la realidad que le rodea, si ve que destruye al hombre, que lo esclavice. Es la libertad cristiana. Con el corazón limpio se ve la realidad de forma distinta. 

El corazón cristiano mira al mundo, a la sociedad, a la cultura, al hombre y descubre cuánto bueno hay en ellos; pero también aprende a ser crítico con aquello que destruye y ataca al hombre. 

Una mirada amorosa y crítica a la vez. No hombres ciegos, sino hombres que vean. ¡Cuántos milagros hizo el Señor curando a los ciegos, sanándoles los ojos del alma!

La cultura actual ha fabricado un hombre, en muchos casos vacío, pero sobre todo sin dominio sobre el tiempo: el tiempo lo consume, hay que ir corriendo a todo, no da tiempo de saborear nada, en el fondo, no se vive. en esta cultura en la que estamos inmersos ¡es peligroso pensar! 

viernes, 10 de abril de 2020

Rectitud de intención para discernir

Es imprescindible una clara rectitud de intención para buscar la voluntad de Dios y luego realizarla. Con una gran libertad de espíritu, estar dispuesto a acoger lo que Dios quiera, sea lo más agradable y a lo que uno esté más inclinado, sea lo más desabrido o lo que uno menos desea.

La rectitud de intención es libertad de espíritu para no identificar la voluntad de Dios con el propio capricho o, por el contrario, para no identificarla sin más con lo opuesto al propio gusto.



Es buscar con libertad de espíritu y acoger libremente; es buscar sólo lo que Dios quiere.

Para esta rectitud de intención se requieren algunas condiciones o cualidades:




                        a) Madurez humana:

El que ha llegado a distanciarse de la tutela paterna, de los educadores... para ser uno mismo en la vida (sin dependencias pueriles, tampoco por "autonomismo"). Cierta modestia y ausencia de sectarismo. Ausencia de inseguridad ante las propias reacciones afectivas. Ni las niego ni las tomo como norma. Las acepto como un hecho.


lunes, 24 de febrero de 2020

Buscar la voluntad de Dios



No debo mirar como voluntad de Dios sobre mí, cualquier ideal que atisbo o que alguien me propone. La excelencia del objeto puede ser engañosa: todos esos ideales que aparecen en la conciencia cristiana sucesivamente. 

Es preciso que llegue a querer ese objeto sin buscarme a mí mismo; con paz y serena confianza solamente en la gracia, de tal manera que me desposea de mí mismo y reciba, como don de Dios, la perfección a la que aspiro.



Dos criterios deben tenerse en cuenta sucesivamente, uno que se refiere a la materia, y otro que se refiera a la manera. 

De una parte, me ofrezco sin restricciones a lo que se me presenta como mejor. Me inquieto si de desear lo mejor, vengo a desear algo menos bueno. La repugnancia que esto me produce no es signo de que no sea llamado a ello. Deseo vencerla mediante la oración y el ofrecimiento. 

Pero, por otro lado, si después de orar larga y sinceramente, y sobre todo, después de pasar largo tiempo no consigo considerar este objeto con paz, es signo claro de que soy yo mismo quien me construyo este ideal, o que, al menos, de momento, no puedo considerarlo como mío.

miércoles, 29 de enero de 2020

El discernimiento personal


El discernimiento requiere unos criterios mínimos para hacerlo según Dios:

                        a) Conformidad con la palabra de Dios y la enseñanza de la Iglesia

                        b) el servicio para la edificación de la Iglesia y la sociedad.
  



El consejero espiritual objetiva los sentimientos, emociones y vivencias y sitúa en un horizonte de eclesialidad.


Estos criterios se codifican en S. Ignacio y el proceso de elección descrito en sus Ejercicios:

                        a) conquistar la libertad interior: sin predeterminación o prejuicio, "vencerse a uno mismo"

                        b) Pedir acertar y desear acertar

                  c) Dejarse interpelar y cambiar lo que sea frente a la Palabra. Prontitud para el cambio e indiferencia.

                        d) Consolaciones y desconsolaciones: que confirman la elección realizada.

 

sábado, 4 de enero de 2020

Objeto del discernimiento: la voluntad de Dios



El gran objeto es buscar la voluntad de Dios, saber elegir lo que le agrada al Señor y perseverar en su camino; aunque S. Agustín no tiene sistematizada una doctrina en torno a esto, son muchos los retazos sueltos en sus sermones que iluminan este proceso espiritual del cristiano.




Creed, entended, temed, absteneos de toda obra mala; informaos en la palabra de Dios, amad que os digan lo que quiere Dios y qué promete a los que cumplen su voluntad. Y para que se realice lo que Él manda, roguemos a Dios y Dios ayudará (Serm. 77 A, 4).

Brilla el oro, pero más la fe. Elige qué has de tener en tu corazón. Procura estar lleno dentro, donde Dios ve tu riqueza, aunque no el hombre (Serm. 36,8).

No existe nadie que no ame. Pero se pregunta qué es lo que se ama. No nos invita a no amar, sino a elegir lo que vamos a amar. Pero ¿qué elegimos a no ser que antes seamos elegidos nosotros? De hecho, no amamos si antes no somos amados (Serm. 34,2).

Sábete que no te conviene lo que no quieres que tengas quien te creó (Serm. 107A).

viernes, 13 de diciembre de 2019

Acto y método del discernimiento



Cualquier método de discernimiento exige que el cristiano se acerque a Dios con el sincero deseo de descubrir la voluntad divina, con el propósito de elegir el camino más adecuado para la mayor gloria de Dios y servicio de la Iglesia. 



Es necesaria una auténtica disponibilidad interior (la indiferencia de la que habla S. Ignacio de Loyola) para escuchar y secundar la llamada de Dios aun cuando ello suponga luchar contra nuestros propios egoísmos o preferencias personales más o menos justificadas. 

Debemos hacer esta reflexión o deliberación personal en un clima de oración, meditando la palabra de Dios, contemplando los misterios de la vida de Jesucristo y observando atentamente los movimientos interiores de nuestro espíritu, nuestras inclinaciones, nuestros sentimientos y, sobre todo, aquellos horizontes en los que encontramos una paz especial, silenciosa, que no procede de la satisfacción de pasiones egoístas, ni del engaño con que inconscientemente nos hacemos prisioneros de nosotros mismos, sino a la acción del Espíritu de Dios. Esta paz va unida a la generosidad y a la humildad.

El cristiano, al hacer este esfuerzo de deliberación, reflexión o discernimiento, debe reconocer que tiene necesidad de ser ayudado por otros miembros de la comunidad cristiana. en la tradición espiritual de la Iglesia se concedió siempre gran importancia al "padre espiritual", o al "confesor", cuyo papel no es el de suplantar la personalidad del penitente, sino ayudarle a descubrir la llamada de Dios y a secundar la acción del Espíritu. Además es bueno la comunicación con los demás hermanos en la fe.

La dinámica del deseo en el alma le imprime un carácter siempre inquieto; el alma siempre está en movimiento, en tensión, porque anda siempre en una búsqueda de plenitud, y ésta sólo se halla en Dios y en su voluntad amorosa y salvífica. Es Dios mismo el que infunde el deseo en el alma, el que inspira los caminos de la búsqueda y el que da alas al alma para volar y posarse en el desierto del Señor. 

miércoles, 27 de noviembre de 2019

El discernimiento espiritual: bases



Para responder con generosidad y con fidelidad a la llamada de Dios es necesario "discernir" los caminos de Dios. La Escritura nos invita:

            No os acomodéis al mundo presente, antes bien, transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto (Rm 12,2)

            Examinad qué es lo que agrada al Señor y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, antes bien, denunciadlas (Ef 5,10-11).




           El cristiano se define por el "discernimiento" que hace de Cristo en la Iglesia, ha de seguir a Cristo según la luz y la inclinación que proceden del Espíritu Santo, en obediencia al Espíritu de Jesucristo. El juicio del hombre no acierta a descubrir la voluntad del Señor, los sentimientos de Cristo, el movimiento del Espíritu, sólo con el ejercicio de la reflexión puramente intelectual.

            Para este reconocimiento de la voz de Dios es necesario liberar nuestro juicio de la presión que sobre él ejercen nuestras propias pasiones. La dificultad que tenemos para conocernos a nosotros mismos es también dificultad para escuchar la llamada de Dios y para seguirla. No sospechamos hasta qué punto somos muchas veces víctimas de nuestro afán inconsciente de afirmar nuestra personalidad, del deseo de que los demás tengan de nosotros una determinada imagen... En el fondo de nuestras resistencias al discernimiento espiritual hay a veces un miedo a la verdadera libertad de los hijos de Dios y miedo a la cruz de Jesucristo. Es resistencia a la fecundidad del Evangelio.


            Se requieren unas condiciones para el discernimiento:

            1. La fe viva en Jesucristo, presente en la Iglesia

            El discernimiento ha de hacerse dentro de un clima de fe en la acción del Espíritu creador que renueva la Iglesia para renovarla, pero sin sustituirla sino valiéndose de la Iglesia misma y sin separarse de ella, porque el Espíritu continúa actuando en la Iglesia.

2. Buscar la verdad, buscar a Dios

            El descubrimiento pleno de la verdad suele ir precedido de una conducta que es realización anticipada de la verdad buscada. Una actitud cristiana de discernimiento exige buena voluntad, deseo sincero de saber exactamente lo que el prójimo piensa, lo que quiere decir. Para ello es necesario escuchar mucho, y escuchar con amor. Es preciso prestar atención a todo lo que hay de razonable y de positivo en el punto de vista del otro. Es preciso reflexionar y orar. Sólo entonces tenemos derecho a discrepar.

jueves, 27 de abril de 2017

Vida sobrenatural (Palabras sobre la santidad - XXXVII)

El cristiano ha renacido a una vida nueva, distinta, sobrenatural, por el bautismo. Los santos son quienes mejor y más profundamente han vivido esta vida sobrenatural.


Llenos de Dios, asistidos por el Espíritu Santo, los santos adquirieron una visión sobrenatural de la realidad, una capacidad para descubrir la verdad de las cosas, de los hombres y de la realidad tal como Dios las ve. Es más, esta visión sobrenatural propia del cristiana, desarrollada al máximo en los santos, les permite percibir los signos de Dios, el lenguaje de Dios en la vida y en la historia.

La capacidad de los santos de llegar a tener una visión sobrenatural de todas las cosas, los condujo a saber discernir, es decir, saber con certeza aquello que realmente viene de Dios, es una palabra personalísimo para ellos de Dios en sus vidas, y obedecer.

jueves, 28 de mayo de 2015

Criterio de catolicidad

Serán muchos los criterios para discernir si algo es "católico" (universal, integrador) o no es católico más que en el nombre. Pero entre estos criterios, hay uno de ellos que merece ser destacado para luego confrontar actuaciones tanto personales como comunitarias.

Este criterio es verificar la apertura o la cerrazón del corazón a la totalidad de la Iglesia; confrontar si el camino que lleva toda la Iglesia, su enseñanza, su vida, los puntos que se resaltan para todos por parte del Magisterio de la Iglesia y del Papa, son asumidos gozosamente y marcan la ruta, o si por el contrario, mientras la Iglesia va caminando, alguien o una comunidad cristiana siguen encerrados en sí mismos, caminando al margen o en dirección contraria a toda la Iglesia -sin juzgar la buena voluntad-.
A veces nos quedamos anclados en un pasado reciente, con un lenguaje propio de otra época (piénsese, por ejemplo, en el lenguaje de los años setenta), con intereses pastorales que son de otro tiempo pero que ya no responden al presente... y la Iglesia, presidida por Pedro, atenta a la voz del Espíritu Santo, ha avanzado, progresado, revisado, señalado otros campos para evangelizar, templado excesos y animando en una renovación más en profundidad. 

Criterio de catolicidad seguro es ver si cada cual, si cada Iglesia particular, movimiento, parroquia, etc., caminan con la Iglesia o se han cerrado en sí mismos, hablando, actuando, como hace cincuenta años, recién acabado el Concilio Vaticano II, por señalar una fecha de referencia entre otras posibles.

jueves, 21 de mayo de 2015

La 8ª conferencia teresiana: ¡Criterios de discernimiento!

La vida cristiana es un ejercicio diario de discernimiento, para las pequeñas cosas, cotidianas, como también para las grandes elecciones, extraordinarias.


¿Qué es discernir?

¿Y de qué forma santa Teresa puede enseñarnos a discernir?

Estos son los temas abordados en esta 8ª conferencia teresiana que he pronunciado el pasado 15 de mayo, como aportación a este Año jubilar teresiano.

La tenemos en la web de mi diócesis, gracias a la Delegación de Medios de Comunicación:



jueves, 26 de septiembre de 2013

Discernimiento y pensamientos (Exht. a un hijo espiritual - XIII)

"No aspires a complacer a ningún otro, salvo solamente al Señor. Para todo lo que pienses hacer, piensa primero en el Señor y examina con detenimiento si está de acuerdo con el Señor lo que piensas. Y si está bien a los ojos de Dios, realízalo; pero si se descubre que es contrario a Él, arráncalo de tu alma.


Todos los días analiza muy cuidadosamente tus actos, y si adviertes que eres víctima del pecado, refúgiate pronto en la penitencia. No quiero que continúes arrastrando tu pecado de día en día, sino que, si has tenido algún mal pensamiento, haz penitencia como Dios manda y arranca velozmente de tu corazón ese pecado. Y no digas: "No es grave esa falta que sólo he cometido con el pensamiento", porque a los ojos de Dios todo queda manifiesto y evidente.

No permitas que, como espinas y abrojos, crezcan en ti los malos pensamientos ni los descuides como si no tuvieran importancia: que quien menosprecia las faltas mínimas, se irá deslizando poco a poco en el mal. No menosprecies la picadura de una serpiente, no sea que su veneno se te extienda hasta el corazón. Arranca las ramas de espinas del labrantío de tu corazón, para que no claven en ti sus hondas raíces. Entérate de que tu corazón es el labrantío del Señor, cultívalo con las doctrinas celestiales y no permitas que en el labrantío del Señor se siembre la cizaña.

Así pues, si de este modo te mantienes en vela, fácilmente podrás ascender hasta la perfección" 

(S. Basilio Magno, Exh. a un hijo espiritual, n. 12).

miércoles, 25 de abril de 2012

El deseo del corazón

"Los dones y la llamada de Dios son irrevocables" (Rm11,29).

Una catequesis, a mi entender necesaria, es la del deseo del corazón, porque nos permitirá discernir y entender muchas cosas de la propia vida cristiana.


Cuando nos referimos al deseo del corazón, nos referimos a aquello más último, más importante, que siempre palpita en nuestro interior y que nada humano logra apagar. Los caprichos no son, en sentido estricto, deseos, sino veleidades, algo que se nos antoja fuertemente en un momento dado pero que pasado el tiempo el objeto del afecto ha cambiado en otra dirección y entonces nacen nuevos caprichos. Al final, el tiempo es un lenguaje divino que extingue caprichos.

Los deseos verdaderos son perdurables; se mantienen en el corazón y el tiempo no los debilita, sino que los aumenta. Así vamos reconociendo que es Dios quien los ha inspirado en el corazón. Son deseos de cosas grandes y elevadas: el deseo de Cristo, la santidad como participación en la santidad de Cristo, la vida eterna, plenitud, felicidad serena... y también son deseos santos en el corazón las llamadas particulares de Dios: una vocación particular (sacerdocio o alguna forma de vida consagrada), un carisma, un apostolado que determina la vida, una inclinación santa acorde a nuestra propia naturaleza, carácter y psicología, etc. 

lunes, 2 de mayo de 2011

Discernir la vocación

En la vida cristiana, discernir significa valorar los signos e indicaciones de todo tipo en la existencia y ver cuál es el camino que el Señor está trazando, aquello que el Señor desea y espera de nosotros. Definamos discernir como una búsqueda libre de la voluntad de Dios concreta.

No hace mucho, "Católico" dejaba un comentario con una pregunta y vamos a tratar de responderle, señalando algunos principios para poder discernir.

Escribía él:

"Me gustaría, si es posible, que me comentara qué elementos se dan en la persona para reconocer que, efectivamente, una vocación es de Dios y no fruto de la imaginación o responde a un deseo únicamnente personal (propio o creado por terceros). Muchas gracias.

Un abrazo,

Católico" 

Hay dos campos de discernimiento: la orientación fundamental de la vida (vocación, esto es, llamada de Dios para algo) y las diversas opciones de cosas más concretas y temporales (una tarea, un apostolado específico, una decisión).
A) Un principio es fundamental para reconocer los signos de Dios: Los deseos de Dios en el alma se identifican por el ímpetu, la duración (si es pasajero, es capricho de la voluntad) y por la paz que dejan (porque se vive en paz ya que sabemos que si es de Dios, Él los realiza).

Cuando Dios llama a una vocación, aprovecha la naturaleza de la persona: sus inclinaciones espontáneas, sus cualidades, su manera de ser... Dios hace sentir una atracción hacia algo para que la persona se dé cuenta de que su corazón siempre se orienta hacia un mismo objeto. Es una atracción irresistible, un cierto afecto (al sacerdocio, o a una Congregación religiosa concreta, o al matrimonio), en el que no se puede dejar de pensar, aunque uno se vea muy lejos del ideal y de ser capaz de realizarlo. Pero esa atracción es ya un primer signo de Dios si dura en el tiempo y al pensar en ello provoca consuelo.

martes, 5 de abril de 2011

Miedo al Maligno (Ejercicios VII)

“Ni cogeré las flores
ni temeré las fieras
y pasaré los fuertes y fronteras”

A los demonios, que es el segundo enemigo, llama fuertes, porque ellos con grande fuerza procuran tomar el paso de este camino, y porque también sus tentaciones y astucias son más fuertes y duras de vencer y más dificultosas de entender que las del mundo y carne, y porque también se fortalecen de estos otros dos enemigos, mundo y carne, para hacer al alma fuerte guerra (San Juan de la Cruz, CB 3,9).

    El demonio ronda siempre buscando a quién devorar. Sus acometidas son temibles y hay que hacerse fuerte en esta pelea. El Maligno a las almas mediocres o tibias no les hace nada, porque ellas nada bueno ni malo hacen, sirven para poco. Pero quien quiera amar a Cristo y que Él lo sea todo, quien quiera seguirle y entregarse a Él, encontrará la oposición del Maligno: incluso es buena señal de progreso interior ver sus ataques, por diferentes flacos y de diversas maneras.

    Una primera forma de ataque: se reconoce su táctica y su huella cuando, sin razón, todo se vuelve adverso. El Maligno, que se aparta de la Verdad y de la razón, es completamente ilógico e irracional. En sus ataques se ve su falta de lógica con tal de hacer daño al alma. Son, por ejemplo, circunstancias enrevesadas, malentendidos, tergiversaciones, medias verdades, rumores e infundios; y lo que antes era lineal, recto, esforzado, de pronto se tuerce sin razón de ser y sin que la persona haya hecho nada malo. Lo inextricable, lo que carece de razones, el cambio fortuito de personas que se produce con tanta rapidez que no se entiende, todo este mundo ilógico es un ataque del Maligno.    

    Y una segunda forma de ataque:

    El Maligno plantea tentaciones, pero a medida en que el alma está más unida a Cristo, las tentaciones son más sutiles, más refinadas. Se disfrazan bajo capa de bien, el ángel de las tinieblas se disfraza de ángel de luz. Son pensamientos que nos llevan a algo aparentemente bueno, pero que no es la voluntad de Dios sino que, en el fondo, nos aparta de la voluntad de Dios para caer en el capricho o en la veleidad. Son tentaciones sutiles donde uno se siente de pronto inclinado a realizar aquello que siente; pero, sabiendo esto, el discernimiento debe ser el modo normal de vivir. Hay que pasar por la criba de la oración y de la consulta si aquello que experimentamos o sentimos es una tentación o es una moción de Dios que llama a algo. Cuando viene de Dios, aunque se nos pida algo costoso o difícil, en el fondo del alma tenemos paz; pero aquello que se disfraza de bien, si lo analizamos, en el fondo del alma no deja paz sino inquietud y amargura, no hay certeza.

  

martes, 31 de agosto de 2010

Discernir una y otra y otra vez

Quisiera para mí -y para todos- llegar a la estatura de Cristo y ser un verdadero creyente, un hombre totalmente de Dios, lleno de Dios, metido en Dios. Y, por tanto, medirlo todo en Dios y procurar en todo hallar a Dios -¡esto es muy ignaciano!- y ver los signos de Dios en la vida.

Será tal vez por la situación personal (nuevo destino, otro "encargo pastoral", una mudanza por medio, trasladar parte de mi biblioteca personal, porque me niego a mover más de 100 cajas grandes de libros...) que estoy hoy muy sensible al discernimiento. Pero ¿qué entender por discernimiento?

1. Discernimiento es ver lo que Dios quiere de cada uno, en concreto, en circunstancias concretas. Tanto si hay grandes cambios en la vida como la normalidad de empezar un curso en el mismo sitio y con la misma realidad cotidiana, con las personas que ya son conocidas. ¿Qué quiere Dios de mí, aquí y ahora, en este curso nuevo? ¿Qué espera Él de mí?

2. Además de esta mirada de fe, este discernimiento en general, habrá que ver, para conocer la voluntad de Dios, los signos concretos, las "indirectas" que Dios nos lanza para que reconozcamos su voluntad. Son pequeños signos, circunstancias, personas que se cruzan en nuestra vida, una llamada o un email, una conversación, que, en este contexto y sin saberlo ni sus autores, están siendo una Palabra viva de Dios, una indicación, un cierto signo.

3. En este discernimiento hay que buscar el bien que Dios espera realmente que yo realice. Él nos sitúa a cada uno en un lugar, en un sitio, con una vocación y asignándonos una tarea... para que "pasemos haciendo el bien" (Hch 10,38), para que hagamos el bien que podamos y esté en nuestra mano. Esto será siempre el criterio de verificación de la propia vida cristiana ya que una vida creyente, absolutamente llena de Dios, no puede sino hacer bien a los demás, acompañarlos, iluminarlos, ayudar a crecer.