7. De modo muy somero, existen unas
reglas de discernimiento señaladas por aquel gran maestro de espíritu que es S.
Ignacio de Loyola. Es conveniente conocerlas y empezar a ejercitarlas en cosas
pequeñas hasta habituarnos. Pero siempre será bueno, en las grandes cosas,
realizar este ejercicio y confrontarlo luego con algún maestro espiritual sabio
y santo, o al menos, sabio.
El primer modo de discernimiento se hace invocando al Espíritu y
pidiendo al Señor que mueva nuestra voluntad hacia lo que sea mejor en su
servicio.
Luego se mira lo que se tiene que
decidir, reflexionando sosegadamente sobre sus ventajas y utilidad en el
seguimiento de Cristo; después sobre las desventajas que tendría tomar esa
decisión. Mejor ponerlo todo por escrito. Lo mismo, en un segundo momento: si
no se toma esta decisión, ver las ventajas de no tomarla y las desventajas,
siempre para la propia santidad y seguimiento de Jesucristo.
Visto todo y
puesto por escrito, ante al Señor se mira hacia dónde tiende con mayor fuerza
nuestra razón y se elige; una vez elegido, se suplica al Señor que acepte y
confirme la elección, por si nosotros nos hemos equivocado.











