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jueves, 16 de mayo de 2024

Tus siete dones - Veni Creator Spiritus!



Tu septiformis munere,
Dextrae Dei tu digitus,
tu rite promissum Patris,
sermone ditans guttura.



            Tu septiformis munere - Tú derramas sobre nosotros los siete dones

            Enriquece las almas con los siete dones y con sus frutos, capacitándonos así para obrar el bien, la belleza y la verdad, como Cristo, configurándonos con Cristo, hechos semejantes a Cristo.

            Los siete dones del Espíritu Santo perfeccionan nuestro ser y nuestro obrar adaptándolos a los modos divinos de actuar, dándoles connaturalidad con el modo de Dios al actuar. Son, los siete dones, participación en Cristo, el Ungido: espíritu de sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Es la “septiforme gracia del Espíritu Santo”, que dice la Tradición en los antiguos textos litúrgicos.


            “El nombre de dones del Espíritu Santo, en el lenguaje teológico y catequético, se reserva a las energías exquisitamente divinas que el Espíritu Santo infunde en el alma para perfeccionamiento de las virtudes sobrenaturales, con el fin de dar al espíritu humano la capacidad de actuar de modo divino” (Juan Pablo II, Audiencia general, 3-abril-1991).


lunes, 18 de marzo de 2024

La santidad que suplicamos (Palabras sobre la santidad - CXX)



            Como la santidad es don y gracia, hay que suplicarla una y otra vez en oración a Dios, pedírsela humilde y confiadamente. No es lo que nosotros hagamos, o construyamos, sino acción gratuita del Señor y de su gracia.

            En la liturgia suplicamos esa santidad; lo hacemos con mucha frecuencia en las preces de Laudes, para vivir la nueva jornada que empieza en santidad y justicia.


            Sigamos el hilo de las preces de Laudes de los tiempos fuertes de la liturgia y hallaremos unas bellas perspectivas de la santidad cristiana, esa santidad que ha de ser nuestro deseo y anhelo constantes.

´           1) En primer lugar, a Dios se le pide que nos haga santos, que nos dé santidad porque sólo de Él puede provenir, sólo Él puede regalarla. Dios es quien nos santifica: “Santifica, Señor, todo nuestro espíritu, alma y cuerpo, y guárdanos sin reproche hasta el día de la venida de tu Hijo” (Domingo I Adviento); “Tú que eres la fuente de toda santidad, consérvanos santos y sin tacha hasta el día de tu venida” (Jueves I Adv); “Tú que llamas y santificas a los que eliges, llévanos a nosotros, pecadores, a tu felicidad y corónanos en tu reino” (Viernes I Adv).

            Dios da la santidad y la conserva: “Oh Dios, que prometiste a tu pueblo en vástago que haría justicia, vela por la santidad de tu Iglesia” (Sábado I Adv); “inclina, oh Dios, el corazón de los hombres a tu palabra, y afianza la santidad de tus fieles” (Sábado I Adv).

            Es el Señor el autor de toda santidad: “Tú que te has hecho semejante a nosotros, concédenos a nosotros ser semejantes a ti” (Sta. María, 1 de enero); es la santidad participación en la vida divina: “Tú que sin dejar de ser Dios como el Padre, quisiste hacerte hombre como nosotros, haz que nuestra vida alcance su plenitud por la participación en tu vida divina” (8 de enero); es la santidad configuración con Cristo: “Señor de misericordia, que en el bautismo nos diste una vida nueva, te pedimos que nos hagas cada día más conformes a ti” (Lunes I Cuaresma).

sábado, 24 de febrero de 2024

Santos en el mundo, santos en lo cotidiano (Palabras sobre la santidad - CXIX)



            Cuando se acostumbra uno a orar pausadamente los textos litúrgicos, meditándolos en oración personal, se adquiere una profunda sabiduría espiritual, vivida en el seno de la Tradición. Se impregna uno de eclesialidad, de fe eclesial profesada en los textos litúrgicos. Entonces se avanza en la comprensión del Misterio.



            El común de santos y santas del Misal romano presenta en sus textos eucológicos aquello que la Iglesia cree de la santidad en el mundo, la santidad de lo cotidiano, aquellos santos que, en el estado laical, vivieron en el mundo, santificándose en lo cotidiano, en las obligaciones y trabajos de cada día, sin destellos de lo extraordinario ni misiones especiales, deslumbrantes, que podrían ser recordadas en las páginas de la historia de la Iglesia. Santos de lo común, santos de lo ordinario… santos en lo concreto de cada día.

            En estos santos, Dios nos revela su amor: “Dios todopoderoso y eterno, tú has querido darnos una prueba suprema de tu amor en la glorificación de tus santos” (OC, Misa I). Dios mismo nos “protege con la intercesión de sus santos” (cf. OF, Misa I), y nos regala a los santos para que “su ejemplo nos mueva a imitar fielmente a tu Hijo” (ibíd.).

sábado, 3 de febrero de 2024

Eficacia de la acción de los santos (Palabras sobre la santidad - CXVIII)



            No están muertos, sino que viven en el Señor. No los mencionamos como personajes de la historia que ya no tienen nada que ver con nosotros sino como hermanos y amigos que nos tienden una mano, que nos auxilian, que velan por nosotros. La acción y obras de los santos no se restringen ni se limitan a su vida terrena, a su existencia histórica y temporal, se extiende al cielo donde siguen trabajando y obrando.



            El prefacio II de los santos nos permite asombrarnos, casi extasiarnos, al cantar la grandeza de los santos y sus intervenciones en favor nuestro.

            Para la Iglesia entera, sin duda, los santos son importantes.

            “Porque mediante el testimonio admirable de tus santos fecundas sin cesar a tu Iglesia”. La Iglesia muestra toda su vitalidad, toda su maternidad, en los santos a los que da a luz en cada época. Los santos son signos de una Iglesia felizmente viva y fiel al Señor: entonces abundan los santos; en épocas de crisis y decaimiento surgirán menos santos en número, pero Dios los suscita para revitalizar la Iglesia.

lunes, 8 de enero de 2024

La gloria de la santidad (Palabras sobre la santidad - CXVII)



            El Señor es el único Santo, Santísimo, y enriquece a sus hijos con la gloria de la santidad, les hace partícipes de su propia santidad. Es el don mayor. Es la esperanza final del cristiano, ser santo. Es la vocación bautismal recibida por todos para que sea desarrollada a lo largo de la vida. Es la garantía de la fidelidad de la Iglesia a Cristo, lo que la embellece y hermosea, como Esposa del Señor.


            La santidad brilla en el mundo señalando la dirección correcta. Es signo de la presencia de Dios, de su acción entre sus hijos. La santidad es el fruto maduro, perfecto y precioso del cristianismo, de vivir cristianamente la existencia.

            La liturgia celebra y conmemora la santidad de sus hijos. En sus textos litúrgicos hallamos preciosas definiciones de la santidad, perspectivas de la santidad, incluso un canto a la santidad misma. Son bellos los textos litúrgicos: concisos, breves, pero conteniendo teología y espiritualidad, manifestando la fe de la Iglesia y no opiniones subjetivas.

            Un primer texto es el prefacio I de los santos, que lleva como título: “La gloria de los santos”.

viernes, 26 de mayo de 2023

Caritas, spiritalis unctio - Veni Creator!



            Caritas – Amor:

            Sabemos bien cómo el Espíritu es la Persona-Don, el Amor mismo de Dios dándose.

            La iniciativa, siempre, es de Dios: Él nos amó primero. Por eso el amor –dirá la primera carta de san Juan- no es que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó primero. Su Espíritu Santo es la prueba, la prenda, la garantía, de ese amor en nosotros. Dios nos ama con su Espíritu Santo.



            El Espíritu mismo mueve nuestro ser, libremente, para que demos una respuesta de amor al Amor personal de Dios. Y de ahí se difunde el amor a los demás, el amor con palabras y verdad a nuestros hermanos.

            Donde está el Espíritu, reina la caridad; extinguiendo el Espíritu, nace el odio, las rencillas, los recelos, las envidias, la prepotencia, la soberbia, el orgullo. Haciendo espacio interior al Espíritu, dejando que Él llene el alma, atentos a sus mociones, puede haber un amor servicial, oculto, discreto, entregado, veraz, sacrificado.
 

viernes, 3 de junio de 2022

La vigilia de Pentecostés



Pentecostés es una de las solemnidades del año litúrgico que en rito romano cuenta con una Misa vespertina propia, con sus lecturas y eucología, y otra Misa propia y exclusiva del día, como la Natividad del Señor, la Pascua, las solemnidades de san Juan Bautista y de san Pedro y san Pablo y la Asunción de Nuestra Señora. No son intercambiables estos formularios, y en casos tan claros como éste de Pentecostés, es completamente distinta la Misa vespertina de la Misa del día, donde se lee la lectura de Hch 2 en el “hoy” (hodie) de la Iglesia, y no anticipada a la tarde anterior, para respetar  miméticamente la cronología.



Esta Misa, a tenor de las rúbricas del Misal, se puede enriquecer, por una parte, con el canto de las Vísperas y/o la liturgia de la Palabra de manera más desarrollada, con cuatro lecturas del Antiguo Testamento con sus salmos y oración, el canto el Gloria y la colecta, epístola, Aleluya y Evangelio.

Las lecturas para la Misa vespertina en forma vigiliar ofrecen la perspectiva de la historia de la salvación donde el Espíritu Santo actúa y salva hasta ser derramado a toca carne por la glorificación de Jesús. Así la historia de la salvación continúa y se prolonga en este tiempo último y definitivo por la acción santificadora del Espíritu con sus ministerios y carismas, con sus dones y frutos.

La primera lectura es la construcción de la torre de Babel (Gen 11,1-9), donde el Señor confundió la lengua de toda la tierra. La soberbia del hombre buscó ser igual a Dios edificando algo que mostrara su grandeza, y la propia soberbia terminó por arruinarse ya que, buscando cada uno su propio interés, es imposible que se entiendan. El pecado engendra confusión, crea enfrentamiento, rompe la armonía, fomenta la división. La oración que corresponde a esta lectura recordará esta elección de Dios sobre la Iglesia y su destino: “haz que tu Iglesia sea siempre una familia santa, congregada en la unión del Padre, del Hijo y del Espíritu, que manifieste al mundo el misterio de tu unidad”.

miércoles, 1 de junio de 2022

Orando y preparándonos a Pentecostés



La liturgia actualiza los misterios de la salvación, los acontecimientos salvadores. Aquel momento único e irrepetible que fue la oración de los Apóstoles con María Santísima en el Cenáculo desde la Ascensión en adelante, se prolonga, se actualiza en la oración que hoy la Iglesia realiza. 



La séptima semana de Pascua se une a aquella oración apostólica y mariana, preparándonos a la culminación del Misterio pascual del Señor. Esta séptima semana de la Pascua posee sabor de Cenáculo. En estos días de Pascua, Dios ha dado “en la Iglesia primitiva un ejemplo de oración y de unidad admirables: la Madre de Jesús, orando con los apóstoles”[1].

La liturgia misma de la VII semana de Pascua es la prolongación de ese misterio y la preparación más eficaz y completa de la venida del Espíritu en Pentecostés. El Directorio sobre la piedad popular y la liturgia ofrece una sensata orientación: 


“En realidad, en el Misal y en la Liturgia de las Horas, sobre todo en las Vísperas, esta "novena" ya está presente: los textos bíblicos y eucológicos se refieren, de diversos modos, a la espera del Paráclito. Por lo tanto, en la medida de lo posible, la novena de Pentecostés debería consistir en la celebración solemne de las Vísperas. Donde esto no sea posible, dispóngase la novena de Pentecostés de tal modo que refleje los temas litúrgicos de los días que van de la Ascensión a la Vigilia de Pentecostés” (n. 155).


Los elementos que la liturgia nos proporcionan son abundantes y variados en esta VII semana. Posee elementos propios para la Liturgia de las Horas, distintos a los de las seis semanas anteriores.

sábado, 2 de octubre de 2021

Valoración de la plegaria "Emitte" (Bendición del Óleo de enfermos)

Llegamos al final de un largo recorrido, tan largo y amplio que nos ha permitido comprobar la riqueza contenida en las palabras de un texto litúrgico venerable, antiguo: la bendición del Óleo de los enfermos.



La eucología -es decir, la oración litúrgica de la Iglesia, el texto litúrgico- es fuente de referencia para la teología y para la espiritualidad, así como para la pastoral, que buscará iniciar a sus hijos en la sacramentalidad de la Iglesia.

Así es esta hermosa plegaria que el Obispo pronuncia en la Misa crismal:




Señor Dios, Padre de todo consuelo,
                       que has querido sanar las dolencias de los enfermos por medio de tu Hijo:
escucha con amor la oración de nuestra fe
y derrama desde el cielo tu Espíritu Santo Defensor sobre este óleo.

Tú que has hecho que el leño verde del olivo
produzca aceite abundante para vigor de nuestro cuerpo,
enriquece con tu bendición + este óleo,
para que cuantos sean ungidos con él
sientan en el cuerpo y en el alma
tu divina protección
y experimenten alivio en sus enfermedades y dolores.

Que por tu acción, Señor,
este aceite sea para nosotros óleo santo,
en nombre de Jesucristo, nuestro Señor.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.


Es importante que todos adquiramos el ritmo, el hábito, el método, de acudir a la eucología para sumergirnos en el Misterio y conocer la liturgia.




5. La eucología, escuela de teología y vida

Comentar una plegaria litúrgica y, en general, profundizar en los textos litúrgicos responde siempre a la necesidad de una mistagogia desde los mismos ritos de la liturgia y la contemplación sosegada del Misterio mediante la eucología. Cuando ésta es saboreada se abren nuevas perspectivas para la teología y para la espiritualidad, y esta misma eucología reclama una profundización remitiendo una y otra vez a otras fuentes fundamentales: la Escritura y la Tradición, fuentes siempre de inspiración eucológica. Lo hemos comprobado en la oración “Emitte”. 

jueves, 16 de septiembre de 2021

Petición y efectos de la bendición del Óleo de enfermos

La plegaria de bendición del Óleo de enfermos, la antigua oración "Emitte", al explicitar el efecto que desea alcanzar el sacramento, habla de la curación de la enfermedad, del alivio del dolor y de la sanación del cuerpo.


Así dice la plegaria:




Señor Dios, Padre de todo consuelo,
                       que has querido sanar las dolencias de los enfermos por medio de tu Hijo:
escucha con amor la oración de nuestra fe
y derrama desde el cielo tu Espíritu Santo Defensor sobre este óleo.

Tú que has hecho que el leño verde del olivo
produzca aceite abundante para vigor de nuestro cuerpo,
enriquece con tu bendición + este óleo,
para que cuantos sean ungidos con él
sientan en el cuerpo y en el alma
tu divina protección
y experimenten alivio en sus enfermedades y dolores.

Que por tu acción, Señor,
este aceite sea para nosotros óleo santo,
en nombre de Jesucristo, nuestro Señor.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.


El efecto se quiere hacer sentir, por gracia, tanto en el cuerpo como en el alma; se evita así una espiritualización como una mera acción corporal, que bien podría caer en superstición, como en algún momento de la historia ocurrió.


jueves, 26 de agosto de 2021

Orando por los enfermos (Plegaria de bendición del Óleo de enfermos)

Continuando con el lenguaje litúrgico con el que la Iglesia ora pidiendo por los enfermos, avanzamos ahora considerando los textos litúrgicos.

La salvación de cuerpo y alma, la curación del cuerpo y el alivio y consuelo del alma, son peticiones recurrentes en otras bendiciones del Óleo de enfermos, en la antigüedad cristiana así como en otros ritos y familias litúrgicas.



Pero, junto a la Tradición, esa plegaria "global" que incluye cuerpo y alma, se halla también en formularios de Misas y peticiones en la Liturgia de las Horas.

Recordemos cómo es esa plegaria de bendición del Óleo de los enfermos:




Señor Dios, Padre de todo consuelo,
                       que has querido sanar las dolencias de los enfermos por medio de tu Hijo:
escucha con amor la oración de nuestra fe
y derrama desde el cielo tu Espíritu Santo Defensor sobre este óleo.

Tú que has hecho que el leño verde del olivo
produzca aceite abundante para vigor de nuestro cuerpo,
enriquece con tu bendición + este óleo,
para que cuantos sean ungidos con él
sientan en el cuerpo y en el alma
tu divina protección
y experimenten alivio en sus enfermedades y dolores.

Que por tu acción, Señor,
este aceite sea para nosotros óleo santo,
en nombre de Jesucristo, nuestro Señor.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.





La Iglesia ora por sus enfermos al celebrar la Eucaristía, ora por ellos en la Liturgia de las Horas y ora, cómo no, en el mismo rito de la Unción sacramental.

            En estas oraciones eclesiales se refleja cómo concibe la fe la unidad personal (cuerpo y alma) y cómo la salvación engloba todo el ser del cristiano y su participación en el misterio pascual del Redentor, confirmando además que este sacramento es “para los Enfermos” con la esperanza de recobrar la salud, y no exclusivamente “Extremaunción”.

martes, 10 de agosto de 2021

Una breve plegaria en extensión, como es la de la bendición del Óleo de enfermos, es rica en tejido bíblico -como toda pieza litúrgica-, sugerente en sus ideas, canal de teología y de espiritualidad.

La mención tanto del cuerpo como del alma señala los efectos sacramentales, si convienen a la salvación, pidiendo el auxilio y la gracia del Espíritu Santo.




Orar pidiendo también por el cuerpo, y no sólo por el alma, es lenguaje tradicional de la Iglesia que confía en la salud corporal, en su plena recuperación, si conviene en el orden de la salvación. Así lo que vemos en la plegaria Emite, lo hallamos diseminado en multitud de textos litúrgicos que oran por los enfermos.



Señor Dios, Padre de todo consuelo,
                       que has querido sanar las dolencias de los enfermos por medio de tu Hijo:
escucha con amor la oración de nuestra fe
y derrama desde el cielo tu Espíritu Santo Defensor sobre este óleo.

Tú que has hecho que el leño verde del olivo
produzca aceite abundante para vigor de nuestro cuerpo,
enriquece con tu bendición + este óleo,
para que cuantos sean ungidos con él
sientan en el cuerpo y en el alma
tu divina protección
y experimenten alivio en sus enfermedades y dolores.

Que por tu acción, Señor,
este aceite sea para nosotros óleo santo,
en nombre de Jesucristo, nuestro Señor.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.





            4.2. ¿Cuáles son las peticiones de la Iglesia por los enfermos?

La Iglesia siempre ora por los enfermos, sus miembros dolientes, y en su oración siempre hay una sindéresis para pedir tanto que recobren la salud y sean completamente curados como que el alma del enfermo sea confortada con la paz, la serenidad, y aprenda a unirse al sufrimiento del Redentor.

En las más antiguas bendiciones del Óleo de los Enfermos que conservamos encontramos súplicas por la salud del alma y del cuerpo, por su alivio y consuelo, de quienes sean ungidos con el Óleo; son textos semejantes en cuanto al contenido de la petición.

sábado, 24 de julio de 2021

Bendición del Óleo de enfermos: peticiones y efectos sacramentales

En la preciosa oración "Emitte", con la que el Obispo bendice el Óleo de los enfermos en la Misa crismal, después de la invocación, el memorial y la epíclesis, se llega a la petición, es decir, la explicitación de los efectos que se esperan alcanzar, por gracia, mediante el Sacramento.



Así vemos que la lex orandi nos conduce a la lex credendi; lo que esta antiquísima oración reza, nos ofrece la fe de la Iglesia sobre el sacramento de la Unción de enfermos.




Señor Dios, Padre de todo consuelo,
                       que has querido sanar las dolencias de los enfermos por medio de tu Hijo:
escucha con amor la oración de nuestra fe
y derrama desde el cielo tu Espíritu Santo Defensor sobre este óleo.

Tú que has hecho que el leño verde del olivo
produzca aceite abundante para vigor de nuestro cuerpo,
enriquece con tu bendición + este óleo,
para que cuantos sean ungidos con él
sientan en el cuerpo y en el alma
tu divina protección
y experimenten alivio en sus enfermedades y dolores.

Que por tu acción, Señor,
este aceite sea para nosotros óleo santo,
en nombre de Jesucristo, nuestro Señor.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.




4. Petición y explicitación del efecto

            4.1. Efectos del sacramento

            Después de la epíclesis, con el signo de la cruz sobre la vasija con el Óleo, la oración se torna en petición que desgrana los efectos que se esperan alcanzar por medio del Óleo cuando sea materia del sacramento de la Unción.  

martes, 13 de julio de 2021

La bendición del Oleo de enfermos: su epíclesis

Rica en sus brevísimas expresiones, la plegaria de bendición del Óleo de enfermos, la oración "Emitte", habla de la acción del Espíritu Santo en su epíclesis, trata de la "oración de la fe", en clara alusión a la epístola de Santiago y se detiene en considerar la materia misma de la santa Unción: el óleo o aceite.






Señor Dios, Padre de todo consuelo,
                       que has querido sanar las dolencias de los enfermos por medio de tu Hijo:
escucha con amor la oración de nuestra fe
y derrama desde el cielo tu Espíritu Santo Defensor sobre este óleo.

Tú que has hecho que el leño verde del olivo
produzca aceite abundante para vigor de nuestro cuerpo,
enriquece con tu bendición + este óleo,
para que cuantos sean ungidos con él
sientan en el cuerpo y en el alma
tu divina protección
y experimenten alivio en sus enfermedades y dolores.

Que por tu acción, Señor,
este aceite sea para nosotros óleo santo,
en nombre de Jesucristo, nuestro Señor.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.




            3.3. El leño verde fecundo

            La petición epiclética sigue tejida de textos bíblicos. Se enriquece haciendo alusión al “leño verde” que recibe el encargo divino de producir “aceite abundante para vigor de nuestro cuerpo”. Así como en otras plegarias y textos eucológicos hay una exaltación al origen de la materia que ahora va a conformar el sacramento, aquí se exalta el leño verde. 

lunes, 28 de junio de 2021

El Espíritu Santo en la plegaria Emitte

Centro de la gran plegaria de bendición del óleo de enfermos -la oración "Emitte"- es la epíclesis, la invocación del Espíritu Santo.

Al Espíritu se le califica de modo precioso como "Defensor", "Paráclito".





Señor Dios, Padre de todo consuelo,
                       que has querido sanar las dolencias de los enfermos por medio de tu Hijo:
escucha con amor la oración de nuestra fe
y derrama desde el cielo tu Espíritu Santo Defensor sobre este óleo.

Tú que has hecho que el leño verde del olivo
produzca aceite abundante para vigor de nuestro cuerpo,
enriquece con tu bendición + este óleo,
para que cuantos sean ungidos con él
sientan en el cuerpo y en el alma
tu divina protección
y experimenten alivio en sus enfermedades y dolores.

Que por tu acción, Señor,
este aceite sea para nosotros óleo santo,
en nombre de Jesucristo, nuestro Señor.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

           


            3.2. Espíritu Santo Defensor

            La epíclesis suplica siempre el envío del Espíritu desde el Padre en nombre de Cristo para que transforme o santifique las personas o las realidades creadas. 

Este Espíritu Santo, que renueva la faz de la tierra, que todo lo vivifica cristificando, es el Defensor, Aquél que protege de toda debilidad, endereza, robustece, da vigor. 

miércoles, 23 de junio de 2021

La liturgia de una coronación canónica



La coronación de una imagen de la Virgen se puede realizar en el transcurso del canto de las Vísperas solemnes, o de una celebración de la Liturgia de la Palabra o de la Eucaristía. 



Tras la homilía se presentan las coronas, el obispo recita una solemne plegaria de acción de gracias, las asperja con agua bendecida y corona primero la imagen del Niño y luego la de la Virgen, mientras se entona una aclamación solemne, para, finalmente, incensar la imagen.

La oración solemne de acción de gracias y bendición de las coronas ofrecen la clave espiritual con la que vivir estos ritos solemnes de fervor mariano. 

En esta plegaria se mira, primero, la gloria de Cristo y de su Madre: 


“Bendito eres, Señor del cielo y de la tierra, que con tu misericordia y tu justicia dispersas a los soberbios y enalteces a los humildes; de este admirable designio de tu Providencia nos has dejado un ejemplo sublime en el Verbo encarnado y en su Virgen Madre: tu Hijo, que voluntariamente se rebajó hasta la muerte de cruz, resplandece de gloria eterna y está sentado a tu derecha como Rey de reyes y Señor de señores; y la Virgen, que quiso llamarse tu esclava, fue elegida Madre del Redentor y verdadera Madre de los que viven, y ahora, exaltada sobre los coros de los ángeles, reina gloriosamente con su Hijo, intercediendo por todos los hombres como abogada de gracia y reina de misericordia”.


domingo, 13 de junio de 2021

Epíclesis de la oración Emitte (Bendición óleo de enfermos)

Después de la invocación a Dios y de la anámnesis o memorial de la salvación, la plegaria Emitte ofrece la epíclesis, es decir, la invocación a Dios para que envíe desde el cielo el Espíritu Santo sobre el óleo.





Señor Dios, Padre de todo consuelo,
                       que has querido sanar las dolencias de los enfermos por medio de tu Hijo:
escucha con amor la oración de nuestra fe
y derrama desde el cielo tu Espíritu Santo Defensor sobre este óleo.

Tú que has hecho que el leño verde del olivo
produzca aceite abundante para vigor de nuestro cuerpo,
enriquece con tu bendición + este óleo,
para que cuantos sean ungidos con él
sientan en el cuerpo y en el alma
tu divina protección
y experimenten alivio en sus enfermedades y dolores.

Que por tu acción, Señor,
este aceite sea para nosotros óleo santo,
en nombre de Jesucristo, nuestro Señor.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.






3. Epíclesis

            La oración tiene una expresa epíclesis que da nombre a esta oración de bendición en los Sacramentarios, “Emitte”, y por la cual, recordemos, comenzaba directamente, ya que el memorial era en sí todo el Canon que se acababa de proclamar.

            3.1. La oración de nuestra fe

            “Escucha con amor la oración de nuestra fe”. He aquí otra alusión bíblica clarísima a la carta de Santiago en el pasaje que recomienda la unción de enfermos. Dice el apóstol: “llame a los presbíteros de la Iglesia y que recen sobre él, después de ungirlo con óleo, en nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo” (St 5, 13-16). Esta oración de fe, que el apóstol recomienda, comienza aquí y ahora, pues es el principio o antecedente de la Unción que se practicará sobre los enfermos. 

lunes, 31 de mayo de 2021

La invocación y memorial de la plegaria "Emitte"

Recordemos el texto de la plegaria de bendición del óleo de enfermos, bella, teológica, y sigamos con el inicio (nuevo) de esta plegaria: la invocación y la anámnesis o memorial, donde se recuerdan las acciones de Dios en favor de su pueblo.





Señor Dios, Padre de todo consuelo,
                       que has querido sanar las dolencias de los enfermos por medio de tu Hijo:
escucha con amor la oración de nuestra fe
y derrama desde el cielo tu Espíritu Santo Defensor sobre este óleo.

Tú que has hecho que el leño verde del olivo
produzca aceite abundante para vigor de nuestro cuerpo,
enriquece con tu bendición + este óleo,
para que cuantos sean ungidos con él
sientan en el cuerpo y en el alma
tu divina protección
y experimenten alivio en sus enfermedades y dolores.

Que por tu acción, Señor,
este aceite sea para nosotros óleo santo,
en nombre de Jesucristo, nuestro Señor.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.





            2.2. Dios cura por medio de su Hijo

            Después de la aposición inicial, “Padre de todo consuelo”, una oración de relativo completa el memorial declarando que “has querido sanar las dolencias de los enfermos por medio de tu Hijo”, aspecto bajo el cual se muestra a Cristo como médico.

            En la Escritura, Dios mismo aparece como médico como una imagen apropiada para explicar su actuar en favor de los hombres, en favor de su pueblo Israel. Afirma Ex 15,26: “Si escuchas realmente la voz del Señor, tu Dios… no te inflingiré ninguna de las enfermedades que envié contra Egipto, porque yo, el Señor, soy el que te da la salud”, y en el mismo sentido Dt 32,39: “Yo doy la muerte y la vida, yo desgarro y yo curo”. Caso especial y revelador, el libro de Tobías y la intervención del arcángel Rafael, cuyo nombre hebreo significa “Medicina de Dios”: “Dios también me envió para curarte a ti y a tu nuera Sara” (Tb 12,14).

domingo, 23 de mayo de 2021

Cuando viene el Espíritu...

Cuando viene el Espíritu, cuando llega a la Iglesia, cuando desde el cielo es derramado por el Señor... ¡¡entonces nace la Iglesia!!, y, con ella, la obra del Redentor se prolonga en la historia de los hombres.

Viene el Espíritu Santo.


Sus acciones y dones dan vida y consistencia a la Iglesia. Por eso, las preces de Laudes y Vísperas, a lo largo de la séptima semana de Pascua, oraba suplicando su venida.




            e) Al servicio de Dios con ímpetu

“Oh Dios, que por la glorificación de Jesucristo y la venida del Espíritu Santo nos has abierto las puertas de tu reino, haz que la recepción de dones tan grandes nos mueva a dedicarnos con mayor empeño a tu servicio y a vivir con mayor plenitud las riquezas de nuestra fe”[1]. ¡Cómo cambiaron los apóstoles! La venida del Espíritu Santo supuso una transformación radical de todos ellos, en su corazón y en su inteligencia, en su obrar y sentir. El cambio fue impensable. 

Pocos días atrás, habían huido al detener al Señor en el huerto de los olivos; Pedro lo negó; al pie de la Cruz sólo estaban la Virgen María y Juan; se reúnen en el Cenáculo de nuevo pero, acobardados, tienen las puertas cerradas por miedo a los judíos... pero, en Pentecostés, recibiendo el Espíritu, salen a la plaza y anuncian a Jesucristo como Señor y Salvador y se convierten tres mil personas. La cobardía dió paso a la parresía (la audacia); la debilidad se hizo fuerte por la gracia. 

En ellos había fuego y una pasión: anunciar a Jesucristo. Incluso salen contentos del Sanedrín, una vez detenidos y azotados, por haber padecido aquel ultraje por Jesús.

viernes, 21 de mayo de 2021

Lo que hace el Espíritu en la Iglesia



Ésta es la acción del Espíritu Santo en la Iglesia, y, como una epíclesis constante, la séptima semana de Pascua, en sus preces de Laudes y de Vísperas, ora suplicando el descenso del Espíritu y recuerda sus acciones salvadoras.



            c) Convierte a la Iglesia en Templo vivo de Dios

A cada uno de nosotros, Dios nos ha convertido en templos de su Espíritu Santo; la misma Iglesia, en cuanto tal, es la morada de Dios con los hombres, el Templo de Dios vivo construido por piedras vivas: “para que, haciendo morada en nosotros, nos convierta en templos de su gloria”[1].

El Espíritu Santo, con sus gracias y carismas, edifica para el bien común, aglutinando a los miembros de la Iglesia en un solo Cuerpo, el Cuerpo de Cristo, donde el Espíritu es su alma, y cada bautizado un miembro diferente del Cristo total: “Concédenos vivir de tu Espíritu, para ser de verdad miembros vivos de tu cuerpo”[2].

La Iglesia, por el Espíritu Santo, saldrá de los cenáculos cerrados por medio a los judíos y de las sacristías, subiendo a las azoteas y predicando en las plazas, evangelizando.