Tu septiformis munere,
Dextrae Dei tu digitus,
tu rite promissum Patris,
sermone ditans guttura.
Tu septiformis munere - Tú derramas sobre
nosotros los siete dones
Enriquece
las almas con los siete dones y con sus frutos, capacitándonos así para obrar
el bien, la belleza y la verdad, como Cristo, configurándonos con Cristo,
hechos semejantes a Cristo.
Los
siete dones del Espíritu Santo perfeccionan nuestro ser y nuestro obrar
adaptándolos a los modos divinos de actuar, dándoles connaturalidad con el modo
de Dios al actuar. Son, los siete dones, participación en Cristo, el Ungido:
espíritu de sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y
temor de Dios. Es la “septiforme gracia del Espíritu Santo”, que dice la Tradición en los
antiguos textos litúrgicos.
“El nombre de dones del Espíritu Santo, en el lenguaje teológico y catequético, se reserva a las energías exquisitamente divinas que el Espíritu Santo infunde en el alma para perfeccionamiento de las virtudes sobrenaturales, con el fin de dar al espíritu humano la capacidad de actuar de modo divino” (Juan Pablo II, Audiencia general, 3-abril-1991).












