sábado, 18 de septiembre de 2021

Lo sagrado es propio de la liturgia (I)



            Afirmar la sacralidad de la liturgia no es corriente hoy; más bien, concurriendo diversas causas para esto, se afirma lo contrario, desacralizándola, haciéndola vulgar y banal, de modo que no haya diferencia alguna entre la liturgia y lo profano, entre la liturgia y lo cotidiano. En gran medida, se ha relegado a Dios al segundo plano para exaltar al hombre y la comunidad, sus emociones, su subjetividad. La desacralización de la liturgia ha sido una opción querida y buscada, potenciando lo lúdico, lo festivo y lo didáctico.



            La liturgia es glorificación de Dios y santificación de los hombres. En la liturgia ha de cumplirse lo que Cristo recordó a Satanás en el desierto: “Al Señor, tu Dios, adorarás, y sólo a Él darás culto” (Mt 4,10). El culto divino, la expresión humana de adoración a Dios, se realiza en la liturgia de la Iglesia.

            Tampoco acaba de ser cierta la afirmación de que Cristo ha roto la separación entre lo sagrado y lo profano cuando al expirar se rasgó el velo del Templo, porque la redención aún no se ha completado y el mundo sigue siendo mundo, secular, dominado por el Príncipe de las tinieblas (cf. Jn 12,31; 2Co 4,4), el padre de la mentira (Jn 8,44), mientras que la Iglesia –y su liturgia- es el ámbito claro de lo divino, del encuentro con Dios y de su actuación salvífica. Por eso la liturgia marca un hiato, una ruptura, entre lo profano (aún por redimir) y lo sagrado, entre el mundo terreno en el que nos desenvolvemos y las realidades celestiales que pregustamos en la liturgia.

viernes, 17 de septiembre de 2021

La virtud teologal de la esperanza (y III)



6. ¿En qué radica nuestra esperanza? Nuestra esperanza está en su misericordia. Nuestra esperanza está en que Él es Fiel, Él es bueno, guarda su alianza con nosotros por siempre. Somos criaturas, pequeños, muy frágiles, pero es el Señor nuestra garantía: “él permanece fiel” (2Tm 2,13). 

Lo más humano y razonable, en toda situación, a cada paso del camino, es poner toda nuestra confianza en el Señor. 



Sí, lo más humano es fiarse plenamente de Dios y esperarlo todo de Él. 

A los demás que hay amarlos intensamente, es bueno la confianza entre las personas, pero jamás hemos de sentirnos decepcionados cuando falle esa confianza; ¡sólo Dios! 

Solamente Dios es el único que no nos decepciona, que no nos falla. Esperar y confiar, pues, sólo en Dios: “Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor” (Sal 26); o con palabras de otro salmo, el 61: “Sólo en Dios descansa mi esperanza, porque él es mi salvación; sólo él es mi roca y salvación, mi alcázar: no vacilaré... Pueblo suyo, confiad en él, desahogad ante él vuestro corazón, que Dios es nuestro refugio” (Sal 61).

jueves, 16 de septiembre de 2021

Petición y efectos de la bendición del Óleo de enfermos

La plegaria de bendición del Óleo de enfermos, la antigua oración "Emitte", al explicitar el efecto que desea alcanzar el sacramento, habla de la curación de la enfermedad, del alivio del dolor y de la sanación del cuerpo.


Así dice la plegaria:




Señor Dios, Padre de todo consuelo,
                       que has querido sanar las dolencias de los enfermos por medio de tu Hijo:
escucha con amor la oración de nuestra fe
y derrama desde el cielo tu Espíritu Santo Defensor sobre este óleo.

Tú que has hecho que el leño verde del olivo
produzca aceite abundante para vigor de nuestro cuerpo,
enriquece con tu bendición + este óleo,
para que cuantos sean ungidos con él
sientan en el cuerpo y en el alma
tu divina protección
y experimenten alivio en sus enfermedades y dolores.

Que por tu acción, Señor,
este aceite sea para nosotros óleo santo,
en nombre de Jesucristo, nuestro Señor.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.


El efecto se quiere hacer sentir, por gracia, tanto en el cuerpo como en el alma; se evita así una espiritualización como una mera acción corporal, que bien podría caer en superstición, como en algún momento de la historia ocurrió.


martes, 14 de septiembre de 2021

¡Cristianos cabales! (testimonio)



Llamados a ser luz, sal del mundo y signo de Dios como una ciudad puesta en lo alto del monte, los cristianos han de buscar constantemente cómo ser fiel al Evangelio y responder a las llamadas del Espíritu en el seguimiento de Cristo. 

La Iglesia está embarcada en una impresionante tarea, la nueva evangelización, de todos conocida, también aquí, en Occidente, en Europa, en España, entre nosotros. 



Pues bien, uno de los caminos, arduos y lentos, pero eficaces a largo plazo, es el hecho de que los cristianos sean cristianos para que puedan evangelizar con sencillez y constancia. Cristianos, cristianos. No es una verdad lógica que se sabe y se comprende. 

Los cristianos han de ser cristianos de verdad, a fondo y con todas sus consecuencias, con una fe que llegue a mover montañas, confiando totalmente en Dios, providente y misericordioso, reunido en el nuevo Israel que es la Iglesia, de donde recibe la fe, la vive y la celebra; por tanto, vinculado a la parroquia, que es pequeña célula de la Iglesia, “la Iglesia entre las casas de sus hijos e hijas” (Juan Pablo II).

Para una nueva evangelización hoy, los cristianos no pueden seleccionar del Evangelio y de la Iglesia sólo aquello que les guste, que les sea cómodo o fácil, relegando al olvido e ignorando en la propia existencia los aspectos del Evangelio y la vida eclesial que le resulten más difíciles. 

domingo, 12 de septiembre de 2021

Los siete dones del Espíritu en las almas



La acción del Espíritu Santo se ejerce en nuestras almas mediante sus siete dones que se nos infunden por el sacramento de la Confirmación, como reza la oración sacramental. Estos siete dones aparecen enumerados como gracias que tiene el Mesías ungido en el libro de Isaías (11,1ss) y que Cristo hace partícipes a quienes han sido ungidos por el Espíritu Santo; es una participación derivada.



“El nombre de dones del Espíritu Santo –enseñaba Juan Pablo II-, en el lenguaje teológico y catequético, se reserva a las energías exquisitamente divinas que el Espíritu Santo infunde en el alma para perfeccionamiento de las virtudes sobrenaturales, con el fin de dar al espíritu humano la capacidad de actuar de modo divino” (Audiencia general, 3-abril-1991). 


Es una capacitación en el organismo sobrenatural del hombre, para que actúe según Dios. “Hacen a los fieles dóciles para obedecer con prontitud a las inspiraciones divinas” (CAT 1831), “son disposiciones permanentes que hacen al hombre dócil para seguir los impulsos del Espíritu Santo” (CAT 1830).


viernes, 10 de septiembre de 2021

Mecanismos de la liturgia (I)



A veces se escucha o se lee, con tremenda audacia, que “la liturgia es complicada y extraña”, y quienes así opinan no tienen reparos ninguno en modificarla, o en introducir elementos que les parecen más “sencillos” y comprensibles, o también en reducir su vitalidad e importancia en favor de elementos devocionales o estéticos.



Subyace en el fondo una radical incomprensión de la naturaleza y de las líneas teológicas y espirituales tanto de la liturgia como del año litúrgico, y se vive la liturgia como un ceremonial que hay que cumplir sacrificada y aburridamente, mientras que para la fe son mejores otras cosas y otros elementos.

Piensan, quienes así hablan, que la liturgia es para gente muy refinada espiritualmente, muy formada, pero que para los demás, la gran masa del pueblo cristiano, el pueblo santo de Dios, la liturgia no es pastoral, no es educativa, no es espiritual. Sin embargo, dichas opiniones reflejan en quienes las defienden, una gran ignorancia.

Si consideramos las leyes litúrgicas, aquellos principios que rigen la vida litúrgica de la Iglesia, comprenderemos mejor qué es la liturgia y cómo ni es complicada ni es extraña.

miércoles, 8 de septiembre de 2021

La Virgen, Aurora de nuestra salvación



La piedad cristiana goza cuando contempla a la Virgen María. Y siempre ha invocado a la Señora con confianza y filial devoción. Tanto y tan grande es el amor por la Madre, que los fieles cristianos la han llamado de diferentes maneras, con distintas advocaciones, algunas más ligadas a la zona geográfica donde se vive (Valle, Araceli, Fuensanta), otras advocaciones vinculadas a las necesidades del pueblo cristiano que la invoca (Socorro, Auxilio, Piedad) y otras advocaciones relacionadas con el horizonte de la revelación y de la salvación (Esperanza, Gracia, Inmaculada, Asunción).



Cuando llamamos a la Virgen “Aurora”, la estamos contemplando e invocando con un título que se refiere a la salvación y a la misma persona de Cristo. A Jesucristo se le llama “Sol que nace de lo alto” en el cántico del Benedictus que proclama Zacarías, padre de Juan Bautista, y que la liturgia entona cada mañana en Laudes. ¡Cristo es el Sol de justicia! ¿Por qué? Porque la noche expresa, con gran simbolismo, la situación del hombre y del pecado: es oscuridad, tiniebla, muerte. No se ve, no se sabe por dónde caminar. Se vive paralizado, aterrorizado. 

Pero Cristo es el Sol verdadero, “resplandor de la luz eterna, sol de justicia”: disipa las tinieblas, avanza y crece iluminando todo y llenándolo todo de alegría y de vida. El Sol de la mañana ahuyenta el terror de la noche, la angustia del enfermo que se acrecienta durante la noche. 

Todo es nuevo con el sol, todo es nuevo con Cristo, el verdadero Sol. La misma Escritura Santa, para anunciar la salvación que trae Cristo, pronuncia un precioso oráculo: “sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor”.

lunes, 6 de septiembre de 2021

Beneficios de la liturgia para la vida de la Iglesia (SC - IV)



La Iglesia vive de la liturgia para ser la Iglesia del Señor. En la liturgia, la Iglesia lo recibe todo del Señor, se santifican sus hijos y crece como Iglesia en el mundo.

            En la liturgia, la Iglesia es fortalecida para la misión evangelizadora y enviada al mundo con la fuerza del Espíritu Santo. El dinamismo apostólico y evangelizador halla su impulso claro y real en la liturgia que sostiene su vida. No es, entonces, un buenismo moral, ni el compromiso de los esforzados, ni la solidaridad natural: ¡es la liturgia transformando e impulsando, redimiendo y enviando al mundo, dando las gracias necesarias y capacitando!



            Todo esto lo expresa el Concilio Vaticano II afirmando:

            “Al edificar día a día a los que están dentro para ser templo santo en el Señor y morada de Dios en el Espíritu, hasta llegar a la medida de la plenitud de la edad de Cristo, la liturgia robustece también admirablemente sus fuerzas para predicar a Cristo y presenta así la Iglesia, a los que están fuera, como signo levantado en medio de las naciones para que debajo de él se congreguen en la unidad los hijos de Dios que están dispersos, hasta que haya un solo rebaño y un solo pastor” (SC 2).

           
            1. Siguiendo lo que san Pedro afirma en su carta (1P 2,5) que los cristianos son las piedras vivas que edifican el Templo vivo de Dios, la liturgia, según la Sacrosanctum Concilium, edifica a los fieles.

            Esta edificación de los fieles hay que entenderla no sólo en el sentido moral, o en sentido instructivo, sino en un sentido pleno y muy real. La edificación de la Iglesia, su crecimiento, su vitalidad, se opera en la liturgia por la acción del Espíritu Santo. Los fieles crecen en la liturgia, reciben gracia suficiente, se incorporan más plenamente a la Iglesia y así, la Iglesia misma, como Templo del Dios vivo, crece y se edifica constantemente.

sábado, 4 de septiembre de 2021

"Levantemos el corazón..." (Respuestas - XXVIII)




1. Heredado de la liturgia sinagogal, este diálogo se introdujo fácil y rápidamente en la liturgia cristiana y lo hallamos en todos los ritos de las distintas familias litúrgicas tanto occidentales como orientales: “El Señor esté con vosotros… -Levantemos el corazón / Lo tenemos levantado hacia el Señor. –Demos gracias al Señor, nuestro Dios / Es justo y necesario”.



            Actualmente, en el rito romano, este diálogo se realiza al inicio de la plegaria eucarística y el diácono durante el canto del pregón pascual, en la noche de la santísima Vigilia pascual. Antes, y tenía su razón de ser, y era muy expresivo, se realizaba también este diálogo en la plegaria de bendición del agua bautismal en la Vigilia pascual y el obispo al iniciar la gran plegaria de consagración del santo crisma; hoy esto se ha suprimido.

            Veamos las rúbricas de la Ordenación General del Misal romano. El diálogo inicia la gran plegaria eucarística: “En este momento comienza el centro y la cumbre de toda la celebración, esto es, la Plegaria Eucarística, que ciertamente es una oración de acción de gracias y de santificación. El sacerdote invita al pueblo a elevar los corazones hacia el Señor, en oración y en acción de gracias, y lo asocia a sí mismo en la oración que él dirige en nombre de toda la comunidad a Dios Padre, por Jesucristo, en el Espíritu Santo. El sentido de esta oración es que toda la asamblea de los fieles se una con Cristo en la confesión de las maravillas de Dios y en la ofrenda del sacrificio” (IGMR 78).

miércoles, 1 de septiembre de 2021

La fe engendra cultura



“Ese profundo estupor respecto al valor y a la dignidad del hombre se llama Evangelio, es decir, Buena Nueva. Se llama también cristianismo” (Juan Pablo II, RH 10). Sin embargo, y no se puede olvidar, ya Pablo VI denunciaba con claridad que “la ruptura entre evangelio y cultura es, sin duda alguna, el drama de nuestro tiempo, como lo fue también en otras épocas” (Pablo VI, EN 20). 




Lo cual significa, con claridad, “¡Mar adentro!”, que hay que buscar iniciativas culturales y estéticas que elevan y muestran la Belleza que es Cristo –la ya tan citada frase “sólo la belleza salvará al mundo”-.

La base, el principio teológico, debe quedar bien sentado; luego vendrán las aplicaciones prácticas. El sentir cristiano, desde antiguo, ha buscado múltiples cauces para expresarse y vivir, de la forma más profunda posible, el Misterio de Cristo. Celebrando la liturgia, la piedad popular, el arte, la poesía, la pintura, la escultura, el teatro, la arquitectura, expresaban, vivían  y conducían al amor del Misterio de Cristo. Ése es el verdadero humanismo cristiano, “pues nada de lo humano nos es ajeno”. 

Lo verdaderamente artístico y bello, eleva el hombre, le va permitiendo entrar de rodillas en el Misterio que se nos ha dado en Cristo. Su motor de inspiración es la fe, y es que la fe engendra cultura, un modo de relacionarse y de vivir, de mirar el mundo, de quererse, de expresarse mediante las diversas artes –arquitectura, pintura, música, teatro, etc.-. 

La fe se hace cultura –distinto a que la fe se la quiera reducir a un producto cultural-, la fe engendra cultura, crea verdadera Belleza. Mediante este humanismo, mediante este engendrar cultura estamos rectamente evangelizando, según marcaba Pablo VI en la maravillosa Evangelii Nuntiandi: 

lunes, 30 de agosto de 2021

Reforzar la comunión eclesial (Eucaristía)



Casi al final de la encíclica Ecclesia de Eucharistia, vuelve Juan Pablo II a insistir sobre la comunión eclesial, que queda reforzada por la comunión sacramental, y viceversa: la comunión sacramental es posible y verdadera, con plenitud de sentido, cuando se vive la comunión eclesial.




Es muy fácil: se trata de formar un solo Cuerpo, de querernos bien y de querernos en el Señor; todo lo demás es realmente secundario (planes, revisiones, programaciones, métodos, libros de catequesis, costumbres, etc...). 

Es la Caridad –Amor de los Amores- la clave auténtica de la Comunión, y eso es más sencillo que toda la estructura “empresarial” o de “marketing” que queremos poner en la Iglesia plagiando los sistemas de la sociedad económica. ¡Esto es otra cosa y la Iglesia es otro Misterio distinto!


La comunión eclesial, como antes he recordado, es también visible y se manifiesta en los lazos vinculantes enumerados por el Concilio mismo cuando enseña: «Están plenamente incorporados a la sociedad que es la Iglesia aquellos que, teniendo el Espíritu de Cristo, aceptan íntegramente su constitución y todos los medios de salvación establecidos en ella y están unidos, dentro de su estructura visible, a Cristo, que la rige por medio del Sumo Pontífice y de los Obispos, mediante los lazos de la profesión de fe, de los sacramentos, del gobierno eclesiástico y de la comunión».
La Eucaristía, siendo la suprema manifestación sacramental de la comunión en la Iglesia, exige que se celebre en un contexto de integridad de los vínculos, incluso externos, de comunión. De modo especial, por ser «como la consumación de la vida espiritual y la finalidad de todos los sacramentos», requiere que los lazos de la comunión en los sacramentos sean reales, particularmente en el Bautismo y en el Orden sacerdotal. No se puede dar la comunión a una persona no bautizada o que rechace la verdad íntegra de fe sobre el Misterio eucarístico. Cristo es la verdad y da testimonio de la verdad (cf. Jn 14,6; 18,37); el Sacramento de su cuerpo y su sangre no permite ficciones.

Además, por el carácter mismo de la comunión eclesial y de la relación que tiene con ella el sacramento de la Eucaristía, se debe recordar que «el Sacrificio eucarístico, aun celebrándose siempre en una comunidad particular, no es nunca celebración de esa sola comunidad: ésta, en efecto, recibiendo la presencia eucarística del Señor, recibe el don completo de la salvación, y se manifiesta así, a pesar de su permanente particularidad visible, como imagen y verdadera presencia de la Iglesia una, santa, católica y apostólica». De esto se deriva que una comunidad realmente eucarística no puede encerrarse en sí misma, como si fuera autosuficiente, sino que ha de mantenerse en sintonía con todas las demás comunidades católicas.

sábado, 28 de agosto de 2021

La virtud teologal de la esperanza (II)



4. La esperanza que el Señor nos ha prometido es esperanza de vida eterna. ¿Por qué tenemos esa esperanza? 

Dice un prefacio: “porque tenemos las primicias del Espíritu por el que resucitaste a Jesús de entre los muertos” (P Dominical VI), y así “el mismo Espíritu que resucitó a Jesús de entre los muertos vivificará también nuestros cuerpos mortales” (Rm 8,11). 



Es el Espíritu el que transformó el cadáver de Jesús en su mismo Cuerpo pero glorificado, espiritual. ¡Cristo ha resucitado!, y por su mismo Espíritu –que tenemos por el Bautismo y la Confirmación y se nos da en la Eucaristía- nosotros creemos, gustamos y esperamos la vida eterna y la resurrección de nuestro cuerpo, de nuestra carne. 

La muerte ha sido vencida, “absorbida en la victoria” (1Co 15,54). Si Cristo ha resucitado y vive eternamente, nosotros sus miembros, sus hermanos, resucitaremos con Él.

¡Qué triste y absurda la vida para quienes son “hombres sin esperanza” (1Ts 4,13)! Piensan que todo acaba con la muerte, nada tiene sentido, todo es absurdo y tienen que llenar el vacío que una vida que se les escapa de las manos. Viven de lo inmediato, de pequeñas ilusiones, de deseos fugaces, pero ellos saben, si se paran a pensar, que es una vida vacía y rota. Nosotros, en Cristo, tenemos la respuesta: la esperanza en la vida eterna, la resurrección de la carne. Esta esperanza transforma e ilumina la vida, le da un sentido hondo y bello, y es que la esperanza es generadora de sentido para vivir; quien carece de ella verá como la vida como un absurdo cruel.

jueves, 26 de agosto de 2021

Orando por los enfermos (Plegaria de bendición del Óleo de enfermos)

Continuando con el lenguaje litúrgico con el que la Iglesia ora pidiendo por los enfermos, avanzamos ahora considerando los textos litúrgicos.

La salvación de cuerpo y alma, la curación del cuerpo y el alivio y consuelo del alma, son peticiones recurrentes en otras bendiciones del Óleo de enfermos, en la antigüedad cristiana así como en otros ritos y familias litúrgicas.



Pero, junto a la Tradición, esa plegaria "global" que incluye cuerpo y alma, se halla también en formularios de Misas y peticiones en la Liturgia de las Horas.

Recordemos cómo es esa plegaria de bendición del Óleo de los enfermos:




Señor Dios, Padre de todo consuelo,
                       que has querido sanar las dolencias de los enfermos por medio de tu Hijo:
escucha con amor la oración de nuestra fe
y derrama desde el cielo tu Espíritu Santo Defensor sobre este óleo.

Tú que has hecho que el leño verde del olivo
produzca aceite abundante para vigor de nuestro cuerpo,
enriquece con tu bendición + este óleo,
para que cuantos sean ungidos con él
sientan en el cuerpo y en el alma
tu divina protección
y experimenten alivio en sus enfermedades y dolores.

Que por tu acción, Señor,
este aceite sea para nosotros óleo santo,
en nombre de Jesucristo, nuestro Señor.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.





La Iglesia ora por sus enfermos al celebrar la Eucaristía, ora por ellos en la Liturgia de las Horas y ora, cómo no, en el mismo rito de la Unción sacramental.

            En estas oraciones eclesiales se refleja cómo concibe la fe la unidad personal (cuerpo y alma) y cómo la salvación engloba todo el ser del cristiano y su participación en el misterio pascual del Redentor, confirmando además que este sacramento es “para los Enfermos” con la esperanza de recobrar la salud, y no exclusivamente “Extremaunción”.

lunes, 23 de agosto de 2021

Liturgia e Iglesia (SC - III)



Un binomio irrompible es el que está establecido entre la liturgia y la Iglesia. No hay Iglesia sin liturgia y la liturgia sólo se puede captar como realización del misterio de la Iglesia.

            Por eso, una buena eclesiología es el cimiento firme de la liturgia, y la liturgia misma nos va mostrando cómo es la Iglesia. Las carencias y déficit en eclesiología, la pobreza al ver quién es la Iglesia, terminan reflejándose siempre en una liturgia excesivamente pobre, cerrada al propio grupo, más pendiente de reforzar el ideario y la emotividad del propio grupo que celebra, que de ofrecer la vida de santidad del Cuerpo místico. En este sentido, la liturgia es “una epifanía de la Iglesia” (Juan Pablo II, Vicesimus quintus annus, 9) y el modo de realizar y vivir la liturgia muestra a las claras qué concepto subyace de la Iglesia misma.



            No es de extrañar, entonces, que la Constitución Sacrosanctum Concilium dedique un párrafo bellísimo y desconocido (no es de los más citados precisamente) para explicar cómo es la Iglesia y cómo aúna dimensiones distintas, “paradójicas” que diría Henri de Lubac. Sabiendo quién es la Iglesia, comprenderemos mejor qué es la liturgia y cuál su importancia para la vida eclesial.

            Dice Sacrosanctum Concilium:

            “Es característico de la Iglesia ser, a la vez, humana y divina, visible y dotada de elementos invisibles, entregada a la acción y dada a la contemplación, presente en el mundo y, sin embargo, peregrina, y todo esto de suerte que en ella lo humano esté ordenado y subordinado a lo divino, lo visible a lo invisible, la acción a la contemplación y lo presente a la ciudad futura que buscamos” (SC 2).

            Este hermoso párrafo, descriptivo de la Iglesia con sus paradojas aparentes, tendrá repercusión clara en la forma y el contenido de la liturgia.

            1. Iglesia humana y divina: Lo humano lo vemos visible y palpable, ya que la Iglesia la formamos hombres y mujeres bautizados, con sus debilidades y pecados. Lo humano está presente… como real y presente fue la naturaleza humana sin pecado de Jesucristo.

sábado, 21 de agosto de 2021

El Espíritu Santo en las almas de los fieles



Asimismo, la reflexión sobre el Espíritu Santo conduce a ver su acción en las almas de los fieles, que lo han recibido en la Iglesia, y que lo poseen en la medida en que aman a la Iglesia y viven en Ella. Se comprende, entonces, la atrevida expresión de san Agustín: “Poseemos el Espíritu Santo, si amamos a la Iglesia” (In Io., 32, 8).




            “Él es el Santo y el santificador por excelencia; es el Paráclito, nuestro patrono y consolador; es el Vivificador; es el Liberador; es el Amor; Él es el Espíritu de Dios, el Espíritu de Cristo, la gracia increada que habita en nosotros como manantial de la gracia creada y de la virtus de los sacramentos; es el Espíritu de la verdad, y la unidad, es decir, el principio de comunión y, por lo mismo, el fermento del ecumenismo, es el gozo de la posesión de Dios; es el dispensador de los siete dones y de los carismas, es el fecundador del apostolado, el sostén de los mártires, el inspirador interior de los maestros exteriores; es la voz primera del magisterio y la autoridad superior de la jerarquía; y es, finalmente, la fuente de nuestra espiritualidad: “fons vivus, ignis caritas et spiritualis unctio”” (PABLO VI, Audiencia general, 26-mayo-1971).

 
            El Espíritu Santo nos santifica, es decir, nos va haciendo santos participando de la santidad de Dios; nos va cristificando, porque va configurándonos a Cristo para que tengamos “la mente de Cristo” (1Co 2,16), los mismos “sentimientos de Cristo Jesús” (Flp 2,5). “El Espíritu Santo prepara a los hombres, los previene por su gracia, para atraerlos hacia Cristo. Les manifiesta al Señor resucitado, les recuerda su palabra y abre su mente para entender su Muerte y su Resurrección. Les hace presente el Misterio de Cristo, sobre en la Eucaristía para reconciliarlos, para conducirlos a la Comunión con Dios” (CAT 737). Y porque el Espíritu Santo es la Caridad de Dios, nos hace entrar en relación íntima de vida y comunión con Jesucristo, “es el principio de la vida nueva en Cristo” (CAT 735).

            El Espíritu Santo nos hace partícipes de la vida nueva de Cristo dando muerte en nosotros al hombre viejo y resucitándonos para ser hombres nuevos. Él destruye en nosotros las obras de la carne y nos hace dar los frutos del Espíritu. “Vivir en Cristo” y “vivir según el Espíritu” se identifican. 


“El que nos ha injertado en la Vid verdadera hará que demos “el fruto del Espíritu que es caridad, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, templanza” (Gal 5,22-23). El Espíritu es nuestra Vida: cuanto más renunciamos a nosotros mismos, más obramos también según el Espíritu” (CAT 736).


jueves, 19 de agosto de 2021

Sentencias y pensamientos (XXIV)





31. Es momento de que incidas y subrayes ese amor personalísimo a Cristo que pueda ir expulsando todo temor. De su Amor luego irás repartiendo a los demás.





32. Dios no se deja confundir por nuestro pecado. Él siempre vuelve a comenzar con nosotros. No obstante, espera que amemos con Él. Él nos ama para que nosotros podamos convertirnos en personas que aman junto con Él


martes, 17 de agosto de 2021

Leer las Escrituras - IV



Ampliamente practicado, es el método monástico de la Lectio divina.


                        Este método es el que practica la Iglesia en su Liturgia de las Horas; un método clásico en la espiritualidad para meditar y saborear la Palabra de Dios. Es recomendable para cualquiera, puesto que, no por ser simple, es menos fructífero.




                        Toma un pasaje amplio de la Escritura. A continuación, relájate, toma una postura cómoda, que no te tengas que mover a cada momento; apaga tus recuerdos, tus problemas, deja la imaginación tranquila. A continuación, invoca al Espíritu Santo.


                                   6.2.1. Lectio (: lectura)

                        Lee el texto varias veces, despacio. Luego repite mentalmente los versículos que más te atraigan. Imagínate la situación en que se dio este pasaje si, p.e., es una aparición del Señor, una cena, un discurso de Jesús en el monte...


sábado, 14 de agosto de 2021

La virtud teologal de la esperanza (I)



1. La más desconocida, la más pequeña y frágil de las tres virtudes teologales es la esperanza. Sin embargo, qué imprescindible, qué necesaria, la esperanza. Ciertamente se llama y es teologal porque tiene su origen en Dios, la reparte Dios, y el término y la plenitud de la esperanza es poseer a Dios. 


Resulta muy difícil vivir sin esperanza, asumir la realidad sin ver ninguna puerta abierta, creer que todo está perdido y que incluso Dios ya no puede hacer nada. Quien siente la realidad así, está muerto, paralizado; sólo el que tiene esperanza está vivo, actúa, goza, ama.

2. “La esperanza no defrauda” (Rm 5,5) escribe San Pablo. ¿Por qué? Porque como señal, como prenda, nos ha dado el Espíritu Santo. Es el Espíritu el que despierta y reaviva nuestra esperanza, precioso don de Dios. 

Es la esperanza siempre serena y gozosa, como el tono vital que nos mantiene, que nos alienta, que nos impulsa. La ilusión es fugaz, rápida, cegadora: fácilmente nos ilusionamos con algo, todo lo centramos en esa ilusión y pasa muy pronto, muy rápido, y la persona se queda como vacía; incluso tiene que volver a ilusionarse pronto, buscar nuevas metas, nuevas cosas que le satisfagan para llenar ese vacío. 

jueves, 12 de agosto de 2021

Relaciones necesarias entre Eucaristía y Penitencia

Pastoralmente es indudable que el sacramento de la Penitencia debe ofrecerse con fidelidad (estando el sacerdote amplio tiempo en el confesionario) y que este sacramento de la Penitencia nos conduce a una mejor y más amplia participación en la Eucaristía, viviendo en gracia.

La Eucaristía misma, Santísimo Sacramento, pide y exige de los fieles la santidad de vida, el vivir en gracia, y no acercarse a la comunión si existe conciencia de pecado mortal.


Pero, entre otros muchos problemas, de esos cuyo análisis y solución no es simple sino complejo, está la pérdida del sentido del pecado, de modo que muchos, sin conciencia subjetiva de pecado -pero objetivamente con situaciones de pecado- se acercan indiscriminadamente a comulgar, sin discernimiento previo.



Con esta conciencia tan mal formada, ¿se puede acercar uno a comulgar tranquilamente? Ahora bien, hemos de tener claros los conceptos. Esto es una crisis moral en la Iglesia, contagiada por la crisis de la cultura actual y fruto de un posmodernismo caduco y decadente, junto a teologías no católicas que se han infiltrado en el ámbito católico. Ya nuestros obispos señalaban las raíces de esta crisis del Sacramento de la Penitencia:


Quizá la raíz más profunda de la crisis actual hay que buscarla en los fuertes fermentos de ateísmo e indiferencia religiosa de nuestro mundo, conformado por unas poderosas tendencias secularizadoras. El hombre moderno vive dentro de un cerco cultural secularista que reduce sus horizontes a las posibilidades y promesas de este mundo. Y seducido por este mundo, entregado a él, se concentra en su hacer y producir, en el consumir y disfrutar. Deja de lado a Dios soberano y, como si no existiera, trata de realizarse a sí mismo y al mundo al margen de Él. Encerrado en una cultura inmanentista de tipo reivindicativo e individualista, este hombre no se reconoce deudor de Dios; por una excesiva admiración hacia sí, siente la tentación de creerse capaz de vencer él sólo las fuerzas del mal, de superar técnicamente los conflictos y de bastarse a sí mismo. El recurso de Dios y la esperanza de otra vida dada por Él aparecen como una debilidad injustificada o una traición a los bienes de la tierra y a las capacidades humanas. 


martes, 10 de agosto de 2021

Una breve plegaria en extensión, como es la de la bendición del Óleo de enfermos, es rica en tejido bíblico -como toda pieza litúrgica-, sugerente en sus ideas, canal de teología y de espiritualidad.

La mención tanto del cuerpo como del alma señala los efectos sacramentales, si convienen a la salvación, pidiendo el auxilio y la gracia del Espíritu Santo.




Orar pidiendo también por el cuerpo, y no sólo por el alma, es lenguaje tradicional de la Iglesia que confía en la salud corporal, en su plena recuperación, si conviene en el orden de la salvación. Así lo que vemos en la plegaria Emite, lo hallamos diseminado en multitud de textos litúrgicos que oran por los enfermos.



Señor Dios, Padre de todo consuelo,
                       que has querido sanar las dolencias de los enfermos por medio de tu Hijo:
escucha con amor la oración de nuestra fe
y derrama desde el cielo tu Espíritu Santo Defensor sobre este óleo.

Tú que has hecho que el leño verde del olivo
produzca aceite abundante para vigor de nuestro cuerpo,
enriquece con tu bendición + este óleo,
para que cuantos sean ungidos con él
sientan en el cuerpo y en el alma
tu divina protección
y experimenten alivio en sus enfermedades y dolores.

Que por tu acción, Señor,
este aceite sea para nosotros óleo santo,
en nombre de Jesucristo, nuestro Señor.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.





            4.2. ¿Cuáles son las peticiones de la Iglesia por los enfermos?

La Iglesia siempre ora por los enfermos, sus miembros dolientes, y en su oración siempre hay una sindéresis para pedir tanto que recobren la salud y sean completamente curados como que el alma del enfermo sea confortada con la paz, la serenidad, y aprenda a unirse al sufrimiento del Redentor.

En las más antiguas bendiciones del Óleo de los Enfermos que conservamos encontramos súplicas por la salud del alma y del cuerpo, por su alivio y consuelo, de quienes sean ungidos con el Óleo; son textos semejantes en cuanto al contenido de la petición.

viernes, 6 de agosto de 2021

Cristo insondable e infinito (Palabras sobre la santidad - XCIV)



            El misterio de la Persona de nuestro Señor es inabarcable. Son las insondables riquezas del misterio de Cristo, que nos dice el Apóstol (Ef 3,8).

            Ninguna persona podría asimilar y reproducir por entero el Misterio del Salvador; a lo sumo, se le concede por gracia configurarse con un aspecto del Misterio, con un rasgo, y ser presencia visible de Cristo en uno de sus misterios.



            La vocación particular de cada uno incluye entonces una especial configuración con alguno de los misterios de Cristo; mientras uno será configurado con Cristo predicador, otro será configurado con Cristo bendiciendo a los niños; aquél será configurado con Cristo orando a solas en el monte; aquel otro será configurado con Cristo curando a los enfermos y el de más allá con la esponsalidad de Cristo-Esposo de la Iglesia; uno con Cristo trabajando en el taller de Nazaret, otro con Cristo cargado de dolores… ¡Tantos y tan variados los misterios de Cristo!

            Los santos son tan variados entre sí, tan distintos, porque sólo juntos pueden representar la totalidad del Misterio de Cristo. No hay oposición entre ellos, como no la puede haber entre vocaciones, ministerios y carismas, ni rivalidad tampoco. Son teselas que, juntas, forman el gran mosaico del Misterio de Jesucristo.

martes, 3 de agosto de 2021

"El Señor reciba de tus manos..." - y II (Respuestas - XXVII)



4. Aquí se realiza un culto nuevo que es existencial y no externo a uno mismo: ofrecer ofreciéndonos, una liturgia espiritual que engloba la vida cotidiana y la ofrece a Dios junto con Cristo:

            “La Celebración eucarística aparece aquí con toda su fuerza como fuente y culmen de la existencia eclesial, ya que expresa, al mismo tiempo, tanto el inicio como el cumplimiento del nuevo y definitivo culto, la logiké latría. A este respecto, las palabras de San Pablo a los Romanos son la formulación más sintética de cómo la Eucaristía transforma toda nuestra vida en culto espiritual agradable a Dios… En esta exhortación (cf. Rm 12,1) se ve la imagen del nuevo culto como ofrenda total de la propia persona en comunión con toda la Iglesia. La insistencia del Apóstol sobre la ofrenda de nuestros cuerpos subraya la concreción humana de un culto que no es para nada desencarnado” (Benedicto XVI, Sacramentum caritatis, 70).



            Por ello, cada fiel deposita espiritualmente en el altar su propia ofrenda contenida en el pan y en el vino. Presenta su cuerpo, su ser entero, su vida misma; presenta los sacrificios espirituales de sus trabajos, sus luchas, su combate cristiano, su apostolado, sus actos de vida cristiana y sus obras de misericordia, sus penitencias y mortificaciones… ¡todo, absolutamente todo! Éstos son los verdaderos sacrificios espirituales que ofrecemos a Dios como Cristo no ofreció cosas al Padre, sino a Sí mismo: “me has dado un cuerpo… Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad” (Hb 10,5). Como Cristo, así los cristianos se donan al Padre y entregan sus sacrificios espirituales: “todos aquellos que participan en la Eucaristía, sin sacrificar como él [el sacerdote], ofrecen con él, en virtud del sacerdocio común, sus propios sacrificios espirituales, representados por el pan y el vino, desde el momento de su preparación en el altar” (Juan Pablo II, Dominicae Cenae, 9).

domingo, 1 de agosto de 2021

Eucaristía y sacramento de la Penitencia



Para participar dignamente de la Eucaristía “reconozcamos nuestros pecados” decimos multitud de veces al iniciar la Santa Misa. ¿Será verdad? Porque para acercarse a la Comunión hay que estar en Comunión, es decir, en estado de gracia y lejos de todo pecado mortal. Esa es la doctrina clara de la Iglesia, expresada –lo recordábamos más arriba- por San Pablo. 


La Eucaristía y la misma comunión sacramental se ha trivializado, olvidando el sentido profundo y místico de lo que hacemos, y convirtiéndose en un mero “signo” o banquete de “solidaridad”, habiendo anulado previamente la conciencia y el sentido del pecado, y, por ende, el recurso frecuente al Sacramento de la Penitencia. Éste nos lleva a la Eucaristía como colofón, a la integración plena en la comunión eclesial, rota por el pecado personal.

            El papa Juan Pablo II señala en la Encíclica sobre la Eucaristía la vinculación estrecha entre estos dos Sacramentos:

La Eucaristía y la Penitencia son dos sacramentos estrechamente vinculados entre sí. La Eucaristía, al hacer presente el Sacrificio redentor de la Cruz, perpetuándolo sacramentalmente, significa que de ella se deriva una exigencia continua de conversión, de respuesta personal a la exhortación que san Pablo dirigía a los cristianos de Corinto: «En nombre de Cristo os suplicamos: ¡reconciliaos con Dios!» (2Co 5,20). Así pues, si el cristiano tiene conciencia de un pecado grave está obligado a seguir el itinerario penitencial, mediante el sacramento de la Reconciliación para acercarse a la plena participación en el Sacrificio eucarístico.

El juicio sobre el estado de gracia, obviamente, corresponde solamente al interesado, tratándose de una valoración de conciencia. No obstante, en los casos de un comportamiento ex- terno grave, abierta y establemente contrario a la norma moral, la Iglesia, en su cuidado pastoral por el buen orden comunitario y por respeto al Sacramento, no puede mostrarse indiferente. A esta situación de manifiesta indisposición moral se refiere la norma del Código de Derecho Canónico que no permite la admisión a la comunión eucarística a los que «obstinadamente persistan en un manifiesto pecado grave» (nº 37).


viernes, 30 de julio de 2021

Espíritu, carismas e Iglesia



La misión del Espíritu Santo es inseparable de Cristo y su Iglesia: en Ella actúa y se nos da, por lo que no hay oposición entre la Iglesia apostólica de Cristo y los carismas en la Iglesia dados por el Espíritu Santo, como si éste actuara al margen de Cristo; no hay oposición real entre aquello que llaman “Iglesia oficial” e “Iglesia carismática”.



            “No podemos dejar pasar esta ocasión que se nos presenta para rectificar ciertas opiniones que algunos se han formado sobre la acción carismática del Espíritu Santo, como si cada cual pudiera pretender ser favorecido por ella para sustraerse de este modo a la obediencia de la autoridad jerárquica; como si se pudiese apelar a una Iglesia carismática en oposición a una Iglesia institucional y jurídica, o como si los carismas del Espíritu Santo, cuando son auténticos, no fuesen gracias concedidas para utilidad de la comunidad eclesial, para la edificación del Cuerpo Místico de Cristo, o no fuesen concedidas preferentemente a quien tiene en la Iglesia especiales funciones directivas, o no estuviesen sujetas a la autoridad de la Jerarquía” (PABLO VI, Audiencia general, 26-marzo-1969).



            “¿A dónde va con frecuencia la gratuita sobrevaloración de las prerrogativas carismáticas, olvidando que ellas, aun siendo auténticas, deben encauzarse al bien de la comunidad, y contraponiéndolas a menudo, a las formas auténticas, institucionales de la Iglesia? ¿A dónde quiere llegar un cierto e indiscriminado pluralismo doctrinal, arbitrario y centrífugo? Y, ¿dónde está el acento de la fraternidad en una habitual y agresiva crítica demoledora de la estima y de la adhesión que se deben a la familia eclesial y a quien presta en ella el servicio pastoral de guía y potestad responsable?” (PABLO VI, Audiencia general, 21-julio-1971).


            Y además, procurando ser exhaustivo, para fijar el pensamiento, Pablo VI alertó de este peligro en muchas más ocasiones:


            “¿No tiene ya nuestra religión una fuerza suya propia para dar testimonio de sí, conservarse, renovarse por el camino tradicional y ordinario? ¿Es que el Espíritu sopla acaso solamente fuera del ámbito habitual de las estructuras canónicas? La Iglesia del Espíritu ¿se ha salido acaso de la Iglesia institucional? ¿Sólo en los llamados grupos espontáneos encontraremos de nuevo los carismas de la espiritualidad cristiana auténtica, primitiva, pentecostal? ...Quien altera la concepción de la Iglesia con la intención de renovar la religión en la sociedad moderna, estropea, por ello mismo, el canal del Espíritu establecido por Cristo, y compromete la religión del pueblo” (PABLO VI, Audiencia general, 21-febrero-1973).


miércoles, 28 de julio de 2021

Virtud teologal de la fe (y III)



5. Pero la fe queda incompleta si se reduce sólo a la entrega confiada y a saber interpretar y mirarlo todo con los ojos de Dios; hay que añadir que la fe es aceptación y profesión de la fe católica, de la Verdad revelada. Tiene, pues, un contenido dogmático, de recta Verdad.



Lo más razonable, lo que mejor se acomoda al espíritu humano y su inteligencia, es la fe. Ésta no es algo irracional, ni mágico. La fe, por ser lo más razonable para el hombre, puede ser pensada, formulada; se puede indagar: ésta es la tarea de la teología, esto es algo irrenunciable al hombre: pensar y comprender la fe. Predicaba S. Agustín: “cree para entender; entiende para creer”. 

La razón y la fe, dice Juan Pablo II, son las dos alas del espíritu humano para comprender la Verdad. La fe tiene que ser pensada, estudiada, ¡es la fe misma la que lo pide!, sabiendo siempre que de Dios podemos conocer muchas cosas, pero siempre serán más las que no conozcamos, porque estamos ante el Misterio que es siempre mayor que nosotros y nuestra inteligencia. 

La fe ilumina la inteligencia en este camino, pero sabiendo siempre que Dios es mayor y si pensamos la fe –la teología lo hace- es para amar y adorar más a Dios.

lunes, 26 de julio de 2021

La transformación por la gracia (SC - II)



Más que ser un cauce para expresar sentimientos y tener momentos emotivos, más que ser un espacio para adquirir unos valores sociales y tomar conciencia de la realidad para comprometerse, la liturgia expresa otras realidades más altas, más nobles, más elevadas.

            Aquí entra en juego otro aspecto más de su naturaleza teológica que nos permite comprender mejor qué es la liturgia, celebrarla correctamente y vivirla con hondura espiritual. Porque ésta es, y no otra, la perspectiva de la liturgia que buscó el Concilio Vaticano II con la Constitución sobre liturgia. Tal cual: ¡sólo hace falta leerla, estudiarla y aplicarla de verdad, sin suponer que hay un “espíritu” de la liturgia que cada cual recrea a su antojo!



            Siendo la liturgia hoy la obra de la redención de Cristo, el modo en que Cristo comunica su redención, la constitución Sacrosanctum Concilium continúa afirmando: “Contribuye en sumo grado a que los fieles expresen en su vida, y manifiesten a los demás, el misterio de Cristo y la naturaleza auténtica de la verdadera Iglesia” (SC 2).


            1. Los fieles cristianos, cuando se sumergen en la liturgia y participan de verdad (interiormente) son transformados y sus vidas cambian. Es una transformación real que se produce por la gracia de los sacramentos, por la gracia con el encuentro con Cristo Redentor, y que se produce de día en día, avanzando de gracia en gracia, de celebración en celebración. Así, de forma amplia, se puede entender el concepto “ex opere operato”: la gracia actúa siempre en los sacramentos, transformando al hombre. Con palabras del Catecismo:

“Los sacramentos obran ex opere operato (según las palabras mismas del Concilio: "por el hecho mismo de que la acción es realizada"), es decir, en virtud de la obra salvífica de Cristo, realizada de una vez por todas. De ahí se sigue que "el sacramento no actúa en virtud de la justicia del hombre que lo da o que lo recibe, sino por el poder de Dios" (Santo Tomás de Aquino, S. Th., 3, q. 68, a.8, c). En consecuencia, siempre que un sacramento es celebrado conforme a la intención de la Iglesia, el poder de Cristo y de su Espíritu actúa en él y por él, independientemente de la santidad personal del ministro” (CAT 1128).

            La disposición y cooperación provechosa del fiel, movido por la gracia de Dios, hace que la gracia sacramental dé mucho fruto. Esto es el “ex opere operantis”: la parte humana que debe estar bien dispuesta para la liturgia con la conversión, arrepentimiento, estar en estado de gracia, devoción, recogimiento, disponibilidad, escucha, ofrecimiento, adoración. De nuevo, con palabras del Catecismo: “los frutos de los sacramentos dependen también de las disposiciones del que los recibe” (CAT 1128).

sábado, 24 de julio de 2021

Bendición del Óleo de enfermos: peticiones y efectos sacramentales

En la preciosa oración "Emitte", con la que el Obispo bendice el Óleo de los enfermos en la Misa crismal, después de la invocación, el memorial y la epíclesis, se llega a la petición, es decir, la explicitación de los efectos que se esperan alcanzar, por gracia, mediante el Sacramento.



Así vemos que la lex orandi nos conduce a la lex credendi; lo que esta antiquísima oración reza, nos ofrece la fe de la Iglesia sobre el sacramento de la Unción de enfermos.




Señor Dios, Padre de todo consuelo,
                       que has querido sanar las dolencias de los enfermos por medio de tu Hijo:
escucha con amor la oración de nuestra fe
y derrama desde el cielo tu Espíritu Santo Defensor sobre este óleo.

Tú que has hecho que el leño verde del olivo
produzca aceite abundante para vigor de nuestro cuerpo,
enriquece con tu bendición + este óleo,
para que cuantos sean ungidos con él
sientan en el cuerpo y en el alma
tu divina protección
y experimenten alivio en sus enfermedades y dolores.

Que por tu acción, Señor,
este aceite sea para nosotros óleo santo,
en nombre de Jesucristo, nuestro Señor.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.




4. Petición y explicitación del efecto

            4.1. Efectos del sacramento

            Después de la epíclesis, con el signo de la cruz sobre la vasija con el Óleo, la oración se torna en petición que desgrana los efectos que se esperan alcanzar por medio del Óleo cuando sea materia del sacramento de la Unción.  

jueves, 22 de julio de 2021

Leer las Escrituras - III


Un método, entre otros, es el de "escrutrar las Escrituras". Puede ser útil y se suele realizar así:


                        Para leer las Escrituras, lo primero que tenemos que hacer es invocar al Espíritu Santo, pedir a Jesucristo que derrame sobre ti su Espíritu para que entiendas la Escritura, para que nuestra vida sea iluminada por la Palabra y para que esta Palabra no sea para nosotros un libro muerto sino Palabra viva que se haga vida en nosotros y nos transforme.




                        Toma un pasaje bíblico. Léelo despacio. Vuelve a leerlo y haz silencio. Lee las notas a pie de página que te pueden iluminar para comprender este pasaje. Ahora empieza versículo a versículo el pasaje, meditando. Párate en el versículo que más te atraiga o que te diga algo.

                        Piensa ahora: "¿Señor, qué me quieres decir con esta Palabra?" Mira tu vida, tu historia, tus sufrimientos, tu pecado, tu cruz... ¿Qué te dice esa Palabra dándote respuesta a todo eso? Reflexiona sobre lo que te diga el Señor Jesús.

                        Cuando hayas meditado este pasaje, deja por un momento la Escritura y haz tu oración personal al Señor. Dale gracias por todo lo que ha hecho en ti, por la Palabra que has orado... y pídele que en tu vida esa Palabra no sea letra muerta, sino se haga vida.