viernes, 21 de septiembre de 2018

El estilo moral del cristianismo (I)



Una catequesis "radical" porque va a las raíces, es plantear el estilo moral del cristianismo.

            Que hay un estilo moral del cristianismo, es indudable; lo cual no significa que el cristianismo sea un moralismo al uso, donde todo son normas, preceptos y “valores”, por usar la terminología habitual del lenguaje secularizado.


            Desde el principio del cristianismo, la catequesis y la predicación de la Iglesia educaban en un estilo propio de vivir, el estilo cristiano, que marcaba profundas diferencias con el mundo pagano circundante, ya sea romano, griego o bárbaro. Era una existencia nueva, que brotaba del Bautismo y la Confirmación, y se refiere a una vida nueva en Cristo Jesús.

            La catequesis cristiana, siguiendo un lenguaje bíblico, presentaba la vida como la opción de dos caminos, el del bien y el del mal, el de la luz y el de las tinieblas. Uno de estos caminos conducente a la salvación, y el otro desembocando en la perdición. El camino cristiano, el del bien, el de la luz, impregna todo lo que somos y hacemos, y tiene que ver con todo lo humano a la luz de Cristo.

miércoles, 19 de septiembre de 2018

La vida eucarística - X



            La Palabra se hizo carne; el Verbo eterno de Dios tomó nuestra carne, nuestra naturaleza, semejante en todo a nosotros excepto en el pecado. El Verbo en el seno de María –mujer eucarística- se hizo hombre. Al igual hoy, la Eucaristía, prolongación también de la Encarnación, contempla el admirable prodigio de que el Verbo, en su estado glorioso, en su cuerpo resucitado, toma carne en el Sacramento, transforma el pan en su cuerpo. La Encarnación y la Eucaristía ofrecen paralelismos sumamente sugerentes. 





“La Eucaristía –dice Juan Pablo II-, mientras remite a la pasión y la resurrección, está al mismo tiempo en continuidad con la Encarnación” (EE 55).


           Tanto en la Encarnación como en la Eucaristía hay un acercamiento libre y voluntario, un abajamiento del Verbo en su humildad para estar lo más cercano que pueda al hombre, para salirle al encuentro en su Cuerpo, con palabra, rostro y corazón humano. Así, cercano, hecho carne, hecho sacramento, hecho cuerpo sacramental, ofrece su vida y toda gracia al alma de los fieles. En la Encarnación se une a la humanidad humana, en la Eucaristía se sigue uniendo, por la comunión eucarística, a cada uno de los comulgantes.

lunes, 17 de septiembre de 2018

Tratado de la paciencia (San Agustín, V)

Prosiguiendo con la lectura del Tratado sobre la paciencia, del gran san Agustín, llegamos a un lugar común en toda la predicación cristiana: la paciencia de Job.

Inocente, es abatido por sufrimientos, calamidades y enfermedades, y ha de resistir no sólo a todo ello, sino a las insinuaciones de su mujer y a los discursos capciosos de aquellos amigos.

La paciencia de Job, un santo, un justo del Antiguo Testamento, se propone como modelo virtuoso para nosotros. Leamos a san Agustín:


"CAPÍTULO XI. Paciencia del SANTO JOB

El santo Job toleró a este demonio cuando fue atormentado con ambas tentaciones, pero en ambas salió victorioso con el vigor constante de la paciencia y con las armas de la piedad. Primero perdió cuanto tenía, pero con el cuerpo ileso, para que cayese el ánimo, antes de atormentarle en la carne, al quitarle las cosas que más suelen estimar los hombres, y dijese contra Dios algo, al perder aquellas cosas por las que se pensaba que Job servía a Dios. Fue afligido también con la pérdida instantánea de todos sus hijos, de modo que los que recibió uno a uno, los perdiera de una vez, como si su mayor número no se le hubiera otorgado para mostrar la plena felicidad, sino para acumular calamidad. 

domingo, 16 de septiembre de 2018

El santo es un cristiano "completado" (Palabras sobre la santidad - LIX)

Adónde llega el Evangelio y qué potencia tiene, qué virtualidades encierra, y cómo desemboca todo en una existencia concreta... eso es lo que pone de relieve un santo, porque un santo es un exponente consumado de lo que es el Evangelio hecho vida, carne, camino.

Un santo es un cristiano "completado" en el sentido de que Cristo ha completado su obra, la ha ido labrando, forjando, a veces con duros golpes, otras con suaves toques, más allá con fuego que refina... y el santo ha sido completado por la acción de Cristo mediante la gracia.

El santo es el modelo más acabado del cristiano, quien presenta con toda su límpida transparencia, su luz, su belleza, las consecuencias últimas del Bautismo, el designio redentor de Dios, la vida nueva y sobrenatural. Por eso el santo se revela como plenitud, el ejemplo máximo del humanismo cristiano, siempre elevado por gracia, y así se convierte en una referencia para nuestro vivir cristiano, en un testimonio y a la par que en un estímulo constante para vivir así.
Si esto es un santo, y por tanto, ésta es la santidad, a nadie extrañará que todos, absolutamente todos y sin exclusión, estemos llamados a la santidad por el Bautismo, ya que la santidad será la perfección y acabamiento de la gracia bautismal totalmente desarrollada y sin cortapisas.
Es un hermoso nombre y un noble título: ¡santidad!, que se suma a la dignidad del cristiano: miembro de la Iglesia, hijo de Dios, hermano y coheredero con Cristo, templo del Espíritu Santo.
"[El Concilio] ha reservado a los fieles laicos –es decir, a los que no pertenecen al clero o a una familia religiosa- mensajes maravillosos, primeramente el de la dignidad del seglar, en cuanto a ser humano, y más aún en cuanto cristiano, ciudadano del reino de Dios, hijo adoptivo de Dios, hermano de Cristo y viviente, en virtud del Espíritu Santo, como miembro de la Iglesia, cuerpo místico de Cristo. Dignidad; pero no es todo. El Concilio, es decir, la voz de la Iglesia, voz antigua y nueva, añade otro mensaje maravilloso, también éste para los seglares: el de la santidad.

¿Santidad para los seglares? ¿Es posible? Quizá la santidad esté reservada algunos, para los fieles más devotos, más celosos, más buenos. No, la santidad –atended- se propone a todos, grandes y pequeños, hombre y mujeres; se propone como posible; más aún, como obligada; la santidad decimos con alegría y estupor, la santidad para todos" (Pablo VI, Audiencia general, 16-marzo-1966).                     

Entonces Pablo VI se remonta a su origen mismo: el bautismo. La dignidad cristiana, y la misma santidad, nacen de la fuente bautismal y de la crismación.

viernes, 14 de septiembre de 2018

¿Cómo se comulga en la mano?

La educación litúrgica requiere que, a veces, se recuerden cosas que se dan por sabidas.

La comunión en la mano está permitida para todo aquel que lo desee, a tenor de nuestra Conferencia episcopal, que lo solicitó a la Santa Sede.


¿Cómo se comulga en la mano? ¡Hemos de conocer las disposiciones de la Iglesia para quien desee comulgar así!, porque en muchísimas ocasiones se hace mal, de forma completamente irrespetuosa.

Debe cuidarse la dignidad de este gesto, sin que desdiga de la Presencia real de Jesucristo en la Eucaristía como si fuese un mero trozo de pan que se recibe de cualquier forma: al aire, agarrando la Forma de cualquier manera,  o con una sola mano... Actitudes que desdicen de la adoración debida.


Debe cuidarse la dignidad de este gesto, sin que desdiga de la Presencia real de Jesucristo en la Eucaristía como si fuese un mero trozo de pan que se recibe de cualquier forma:

“Sobre todo en esta forma de recibir la sagrada Comunión, se han de tener bien presentes algunas cosas que la misma experiencia aconseja. Cuando la Sagrada Especie se deposita en las manos del comulgante, tanto el ministro como el fiel pongan sumo cuidado y atención a las partículas que pueden desprenderse de las manos de los fieles, debe ir acompañada, necesariamente, de la oportuna instrucción o catequesis sobre la doctrina católica acerca de la presencia real y permanente de Jesucristo bajo las especies eucarísticas y del respeto debido al Sacramento”[1].