lunes, 22 de julio de 2019

Lo concreto del cristianismo (Palabras sobre la santidad - LXXII)



¿Buscamos un resumen, una síntesis, un compendio de lo que es el cristianismo? No cabe duda de que una mirada ajena y externa, que analice el cristianismo, puede perderse, no hallar su centro, su convergencia, su orden interior.



            Desde fuera, sin participar en él, el cristianismo presenta la verdad de la fe, los dogmas y la Revelación, desplegada y profundizada por el Magisterio; igualmente se presentan unos ritos religiosos, la liturgia y los sacramentos, que vertebran y comunican algo superior. Además está la moral, los mandamientos y las bienaventuranzas, que señalan un estilo de vivir muy marcado… y, ¡cómo no!, la vida de oración con sus características peculiares. ¿Habrá algún modo práctico, fácil, de llegar a una síntesis del cristianismo, fácilmente verificable, que en su extrema sencillez, en su ingenua simplicidad, concrete todo el cristianismo y lo oferte al investigador, al no-creyente, al que busca?

            ¡La hay, sin duda! La mejor síntesis del cristianismo es un santo, es cada santo. Un santo es el compendio más logrado de todo el cristianismo, ya que asumieron y vivieron todas sus facetas. Ahora, sus vidas son elocuentes, sus biografías y trayectorias son claras y diáfanas, interpelan a quien los mira… y son la mejor concreción y la más perfecta convergencia.

            Cuando Edith Stein, en una situación de agnosticismo radical, vaya a casa de un matrimonio amigo, Theodor y Hedwig Conrad-Martius, en el pueblecito alemán de Bergzabern, durante el verano de 1921, y lea la Vida de santa Teresa de Jesús, exclamará: “¡Aquí está la verdad!” Se desencadenará el proceso definitivo de su conversión, bautismo, apostolado y docencia, entrada en el Carmelo descalzo y martirio, llegando a ser santa Teresa Benedicta de la Cruz. Había encontrado la Verdad, a Cristo y el cristianismo, en la vida de una gran santa, Teresa de Jesús.

sábado, 20 de julio de 2019

Anotaciones varias para la liturgia



La noble sencillez de la liturgia requiere que los ritos sean claros y significativos, que se vean, que se hagan bien (ars celebrandi), quitando repeticiones inútiles, y, por supuesto, sin multiplicar las moniciones: los ritos deben ser lo suficientemente claros por sí mismos. ¡Qué verborrea en la liturgia! Y ¡qué pocos significativos y elocuentes los ritos! ¡Cuántas moniciones y explicaciones para luego escuchar una lectura bíblica que es breve y clara si se sabe leer bien, o partir el pan clara y visiblemente durante el Cordero de Dios! 



Recordemos lo que dice el Concilio Vaticano II:

Los ritos deben resplandecer con noble sencillez; deben ser breves, claros, evitando las repeticiones inútiles, adaptados a la capacidad de los fieles y, en general, no deben tener necesidad de muchas explicaciones (SC 34).


jueves, 18 de julio de 2019

Retos y prioridades (y II)



            El tercer camino del catolicismo hoy, después de los colegios y la Universidad, es la presencia pública de la Iglesia. Pensemos que el actual proceso de secularización empuja a la Iglesia a las catacumbas, se acalla la voz de los católicos, la fe se considera un hecho íntimo y privado que no debe manifestarse, el hecho religioso se entiende como un residuo cultural y estético pero sin implicación en la vida respetando tradiciones y fiestas que se consideran turísticas pero ya vaciadas de su genuino sentido; Dios desaparece así de la conciencia pública y los mismos fieles, confundidos por la secularización, adaptan la fe a sus gustos personales y carecen de una sólida formación doctrinal.



            Puesto que la fe ilumina toda la vida del hombre, y tiene que ver con todo lo humano, la voz de los católicos no puede silenciarse. La Iglesia debe hablar buscando el bien del hombre y de la sociedad, y la voz de los católicos deberá oírse en los foros públicos: política, medios de comunicación, foros de reflexión, asociaciones de todo tipo, etc. 


“Si nos dicen que la Iglesia no debería entrometerse en estos asuntos, entonces podemos limitarnos a responder: “¿Es que el hombre no nos interesa?” Los creyentes, en virtud de la gran cultura de su fe, ¿no tienen acaso el derecho de pronunciarse en todo esto? ¿No tienen –tenemos- más bien el deber de alzar la voz para defender al hombre, a la criatura que precisamente en la unidad inseparable de cuerpo y alma es imagen de Dios?”[1]


miércoles, 17 de julio de 2019

Nueva evangelización (Misa - III)



La súplica de la oración colecta orienta para vivir este tiempo de nueva evangelización como evangelizadores de verdad: “haz que nosotros, teniendo los ojos fijos en Él, vivamos siempre con caridad auténtica, como mensajeros y testigos de su Evangelio en todo el mundo”.            

            a) “Teniendo los ojos fijos en Él”. ¿A quién vamos a mirar? ¿Quién va a ser nuestra referencia? Cuando se apartan los ojos de Jesús, cada uno busca otro modelo, se vuelve fan de cualquiera: Apolo, Pablo, Cefas, etc…; olvidando la referencia a Cristo, elevamos a categoría máxima e intocable cualquier mediación, cualquier persona, cualquier movimiento, grupo o comunidad. Siendo esto así, la evangelización degenera en proselitismo para agregar personas “a lo mío”, lo único válido, mi movimiento, mi grupo.

            Lo propio cristiano para evangelizar es tener “los ojos fijos en Jesús” (Hb 12,2), como Pedro miraba a Jesús y fue capaz de andar sobre las aguas y sólo al apartar la vista de Él y mirar las aguas, sintiendo la fuerza del viento, comenzó a hundirse (cf. Mt 14,28ss).

            El evangelizador sólo mira a Cristo, sus ojos están pendientes sólo de Él (cf. Sal 122) y no aparta su mirada hacia nada ni hacia nadie más, identificándose sólo con el Señor. Por eso, un evangelizador será siempre un contemplativo más que un activo (o un activista) porque necesitará de la oración, del silencio, de la liturgia, para fijar sus ojos en Jesús con serenidad y reposo del corazón. Si no mira a Jesús, será un populista, un demagogo, un hombre comprometido en mil tareas distintas que nunca culmina, disperso, pero jamás podrá ser evangelizador.


domingo, 14 de julio de 2019

"Con todos los santos"

También los santos, y el deseo que ellos provocan en nosotros, aparecen reflejados y nombrados expresamente en todas las plegarias eucarísticas.

Tiene su importancia, su valor y su significado. ¿Por qué tanta insistencia, a qué viene su recuerdo en el momento central de la Santa Misa?


¿Qué consecuencias tiene este recuerdo y este signo de comunión y de memoria agradecida de todos los Santos?



“Con todos los santos”



-Comentarios a la plegaria eucarística –XIV-


            La gran plegaria eucarística reúne en una misma acción sacramental a toda la Iglesia, visible e invisible, la Iglesia aún peregrina en la tierra, caminante, y la Iglesia celestial, la de los santos, aquellos que son las mejores y más acabadas imágenes de Cristo[1]. Es así que toda la Iglesia está unida en la celebración eucarística, que el cielo entra en la tierra durante la santa liturgia.

            El himno de alabanza, el “Santo” no es cantado por el coro o los asistentes únicamente. A una voz, cielo y tierra interpretan la misma alabanza; los ángeles, los santos, todos los mártires, cantan en el cielo la santidad de Dios, y nosotros, humildemente “nos unimos a sus voces”, cantamos “a una voz”, “sin cesar”.