miércoles 10 de febrero de 2010

Presencia pública de los católicos

Un reciente discurso del papa Benedicto nos da unas cuantas pistas dignas de tener en consideración, porque es mucho lo que nos jugamos hoy.

Les decía el Papa a un grupo de obispos de Inglaterra y Gales en visita ad limina (1-febrero-2010):


"Os exhorto como Pastores para garantizar que la enseñanza moral de la Iglesia se presenta siempre en su totalidad y es defendida convincentemente. La fidelidad al Evangelio no restringe la libertad de los demás – por el contrario, sirve a su libertad, ofreciéndoles la verdad. Seguid insistiendo en vuestro derecho a participar en el debate nacional a través de un diálogo respetuoso con los demás elementos en la sociedad. Al hacerlo, no sólo mantenéis la larga tradición británica de libertad de expresión e intercambio franco de opiniones, sino que además estaréis dando voz a las convicciones de muchas personas que carecen de los medios para expresarse: cuando tantos de la población afirman que son cristianos, ¿cómo podría nadie disputar el derecho del Evangelio a ser escuchado?

Si el mensaje de salvación plena de Cristo se ha de presentar de manera eficaz y convincente para el mundo, la comunidad católica en vuestro país, tiene que hablar con una sola voz. Esto requiere que no sólo vosotros, los obispos, sino también los sacerdotes, profesores, catequistas, escritores – en definitiva, que todos los que participan en la tarea de comunicar el Evangelio – estén atentos a las inspiraciones del Espíritu, que guía a toda la Iglesia en la verdad, la reúne en su unidad e inspira en ella el celo misionero.

Preocupaos, por tanto, de aprovechar los considerables dones de los fieles laicos en Inglaterra y Gales y mirad que estén preparados para pasar la fe a las nuevas generaciones de forma exhaustiva, precisa y con una aguda conciencia de que al hacerlo están jugando su parte en la misión de la Iglesia. En un entorno social que alienta la expresión de una variedad de opiniones sobre cada cuestión que se plantea, es importante reconocer la disidencia por lo que es, y no confundirla con una contribución madura a un debate equilibrado y amplio. Es la verdad revelada a través de la Escritura y la Tradición, y articulada por el Magisterio de la Iglesia, la que nos hace libres".

¿Qué podemos destacar y aplicar?


-La realidad en España es una beligerancia laicista donde se hay suprimido realmente el diálogo sustituyéndolo por paradigmas culturales cerrados, con claros matices relativistas.

-Ante esta situación, los católicos deben entrar en la cultura contemporánea con fuerza y respeto, pero sin omitir, disimular o falsear la Verdad. ¡Libertad de expresión también para los católicos, que es a los únicos a los que hoy se les niega!


-Los participantes: obispos, sacerdotes y diáconos... junto con los catequistas, los docentes, los escritores (¡larga tradición de escritores católicos en Inglaterra!, ¿y hoy en España?), pero todos a una, bebiendo de la Tradición y del Magisterio para que se oiga una sola voz católica y no un disenso relativista que confunda finalmente a todos (¡cuántos grupúsculos en lugar de teología lo que poseen es ideología cristiana y además sólo están pendientes de su grupo, comunidad o movimiento desentendiéndose del bien de toda la Iglesia!).

-Insistencia, por último, en la necesaria formación doctrinal de los fieles laicos para su presencia pública en el mundo y para la transmisión de la fe a las nuevas generaciones. Todas las iniciativas serias (nada de buenismo, ni de grupitos de fe en plan terapia de amistad) de formación y capacitación teológica y doctrinal serán pocas.

-El laicado debe despertar y empezar a reconocer tanto la necesidad de formación como poner los remedios prácticos; los pastores deben volcar hoy sus esfuerzos en una pastoral de adultos, en una docencia seria y razonada, en una promoción doctrinal del laicado y en el acompañamiento del laicado (también en la confesión, dirección espiritual, etc.).


¡Ay, si es que estamos en el mundo, pero no somos del mundo! Y para combinar este binomio, la solidez doctrinal es imprescindible.

martes 9 de febrero de 2010

Canto del salmo responsorial


La Introducción al Leccionario de la Misa destaca el valor del salmo responsorial en la Misa, su canto, su valor espiritual y catequético, así como la imposibilidad de sustituirlo por cualquier otro canto.

El salmo, en la liturgia de la Palabra, provoca la respuesta de fe y el asentimiento al diálogo de salvación que Dios realiza en la acción litúrgica. Una mala praxis ha arrinconado el canto del salmo, incluso en coros y corales en las grandes solemnidades, recitándolo simplemente con lo que se reduce a ser una lectura más con menos resonancia poética y espiritual; otra praxis, aún más grave, prefiere cantar cualquier otro canto con tal de cantar algo: ¿se puede sustituir acaso la Palabra de Dios inspirada por una palabra humana?

“El salmo responsorial, llamado también gradual, dado que es “una parte integrante de la liturgia de la palabra”, tiene gran importancia litúrgica y pastoral. Por eso hay que instruir constantemente a los fieles sobre el modo de escuchar la palabra de Dios que nos habla en los salmos y sobre el modo de convertir estos salmos en oración de la Iglesia. Esto “se realizará más fácilmente si se promueve con diligencia entre el clero un conocimiento más profundo de los salmos, según el sentido con que se cantan en la sagrada liturgia, y si se hace partícipes de ello a todos los fieles con una catequesis oportuna”. También pueden ayudar unas breves moniciones en las que se indique el por qué de aquel salmo determinado y de la respuesta, y su relación con las lecturas.

El salmo responsorial ordinariamente ha de cantarse. Hay dos formas de cantar el salmo después de la primera lectura: la forma responsorial y la forma directa. En la forma responsorial, que se ha de preferir en cuanto sea posible, el salmista o el cantor del salmo, canta la estrofa del salmo, y toda la asamblea participa cantando la respuesta. En la forma directa, el salmo se canta sin que la asamblea intercale la respuesta, y lo cantan, o bien el salmista o cantor del salmo él solo, y la asamblea escucha, o bien el salmista y los fieles juntos.

El canto del salmo o de la sola respuesta contribuye mucho a comprender el sentido espiritual del salmo y a meditarlo profundamente. En cada cultura debe utilizarse todo aquello que pueda favorecer el canto de la asamblea, y en especial las facultades previstas en la Ordenación de las Lecturas de la Misa referentes a las respuestas para cada tiempo litúrgico.

El salmo que sigue a la lectura, si no se canta, ha de recitarse en la forma más adecuada para la meditación de la palabra de Dios. El salmo responsorial se canta o se recita por un salmista o por un cantor desde el ambón" (OLM 19-22).

lunes 8 de febrero de 2010

Cómo está Jesús en el Sagrario


“Si Jesús está presente en el Sagrario con sus ojos que me miran, yo debo estar ante el Sagrario mirando con mis ojos de carne la Sagrada Hostia, cuando me la dejan ver; y con mis ojos del alma el interior de esa Hostia.

Si Jesús está en el Sagrario con sus oídos para oírme, yo debo estar ante el Sagrario con mi atención para oírlo y con mi mayor interés para hablarle.

Si Jesús está presente en el Sagrario con sus manos rebosantes de dones para los necesitados que se lleguen a pedírselos, yo debo estar ante el Sagrario con mi indigencia expuesta en el plato de mi confianza.

Si Jesús está en el Sagrario con el Corazón palpitante de amor sin fin a su Padre y de amor hasta el fin a nosotros; si ese amor que sube a su Padre es infinitamente latréutico, porque lo alaba como Él se merece, e infinitamente eucarístico, porque le da gracias por los beneficios que nos hace hasta dejarlo satisfecho, e infinitamente expiatorio, porque lo aplaca por los pecados con que le ofendemos, hasta ponerlo en paz. Y es infinitamente impetratorio, porque con clamor válido intercede y ruega por nosotros.

Y si ese amor que desciende desde su Corazón a los hijos de los hombres, es amor de Padre, hartas veces menospreciado. De Hermano, casi siempre desairado. De Amigo, las más de las veces abandonado. De Esposo, muy poco correspondido. Y de Rey, muchas veces desobedecido, vilipendiado y traicionado...

Si todo esto es así, yo debo estar ante el Sagrario con todo mi corazón y con todo el amor de él, para sumergirme en aquel Corazón y palpitar con sus mismas palpitaciones y amar como Él ama, alabando, agradeciendo, expiando, intercediendo al Padre celestial y disponiéndome a darme por Él de todos los modos a mis prójimos hasta el fin, sin esperar nada...

En menos palabras: si Jesús está en el Sagrario para prolongar, extender y perpetuar su Encarnación y su Redención, lo menos que yo debo hacer es presentarle mi alma entera con sus potencias, y mi cuerpo entero con sus sentidos, para que se llenen y empapen de sentimientos, ideas y afectos de Jesús Redentor encarnado y sacramento...

Ésta, ésta es la compañía de compasión, la que pone entre Jesús y yo presentes comunicación y cambio de miradas, de palabras, de necesidades, de afectos... La que me hace mirar, hablar, oír, pedir, recibir, confiar, sentir y amar como Él y con Él...”

Beato D. Manuel González, El abandono de los Sagrarios acompañados, en O.C., Vol. I, nn. 218-219.

domingo 7 de febrero de 2010

Oración a Dios, Uno y Trino


Al Padre que, asentado en el celeste solio, rige y gobierna a querubines y serafines, su sagrado trono.

Él es a quien llamamos Dios de los ejércitos,
que no tuvo principio ni ha de tener fin,
creador de las cosas y el mundo todo.


Fuente de la vida (el Hijo) que bajas de la cumbre pura, inspirador de la fe, sembrador de la castidad, domador de la muerte, causa de nuestra salvación.


Todo lo que somos y de fuerza tenemos, de Ti procede.

Reina también aquel Espíritu sempiterno que del Padre y del Hijo, Cristo, procede juntamente.


Penetra luminoso en los corazones puros, que, a Él consagrados como templos resplandecen de alegría, cuando de Dios quedaron impregnados en su ser profundo.


Prudencio, Himno para después de la comida, vv. 4-18.

sábado 6 de febrero de 2010

El servicio del teólogo en la Iglesia

La teología posee una función y una vocación en el seno de la Iglesia. Lejos de ser un oficio independiente o autónomo, que pudiese constituirse como una instancia crítica a la misma Iglesia con el disfraz de ser “denuncia profética”, la teología adquiere un estatuto propio en el cuerpo eclesial. Debe pensar, reflexionar, indagar, proponer, enseñar, desarrollar, iluminar y dialogar con el pensamiento contemporáneo.

La conciencia del teólogo es guiada por la humildad de quien recibe una vocación y un servicio en la Iglesia y para la Iglesia, y es la Iglesia su Hogar, y es la Iglesia su ámbito, siempre mayor que el mismo teólogo.


“Es necesario también que los teólogos sean conscientes de sus responsabilidades y de la naturaleza del servicio al cual están llamados.
La teología merece el nombre de ciencia debido a la índole y al rigor de sus métodos y a la calidad de sus instrumentos de trabajo puestos al día constantemente. Pero se distingue de cualquier otra ciencia en que recibe su objeto de la fe y en que sus pasos adoptan el ritmo de la vida de la Iglesia, objeto de la vigilancia de quienes son sus pastores. Así pues, corresponde a los teólogos ahondar y explicar el dato de la fe y la interpretación que de él desprende el Magisterio tanto en dogma como en moral. La observancia de estas normas confiere a los teólogos el derecho de ser escuchados y les vale el bello nombre de “Maestros en la ciencia de Dios”, “profesores sacri numinis” (antífona de la fiesta de Santo Tomás de Aquino, en el breviario antiguo dominico). Su trabajo lleva consigo, como exigencias propias, que el avance racional se inscriba en una sumisión a la verdad de la fe, dentro de un clima de oración y de un gran amor a la Iglesia...” (Pablo VI, Discurso a los obispos franceses de la región centro-oriental en visita ad limina, 20-junio-1977).

Estas condiciones, estas premisas, invitan al teólogo a una renovada inserción en la Iglesia en el acto teológico y, asimismo, nos permiten discernir siempre cuál es una sana y honda teología eclesial y cuál, por el contrario, se ha usurpado el nombre hermoso de “teología” cuando es simple caricatura de la “ciencia de Dios”.

viernes 5 de febrero de 2010

Corazón eucarístico de Jesús (Textos de los Padres - VI)

"Además de esto, se cumplía un misterio inefable. Brotó, pues, agua y sangre. Y no manaron sin razón y por casualidad esas fuentes, sino porque de ambas se formó la Iglesia. Esto lo conocen muy bien los iniciados, que renacen por el agua y se alimentan con la sangre y carne. De aquí tienen su origen los misterios, para que, al acercarte al tremendo cáliz, lo hagas como si fueras a beber de ese mismo costado. Y el que lo vio es el que lo asegura, y su testimonio es verdadero (Jn 19,35)".

(S. Juan Crisóstomo, Hom. 85, 3 sobre el Evangelio de San Juan).

La devoción al Corazón de Jesús -que es más, es toda una espiritualidad, un modo de vivir y tratar con Jesucristo- es sacramental.
El cáliz contiene la Sangre del Señor, recibimos su Cuerpo en la comunión y hemos sido lavados en el bautismo con el agua que brotó de su Costado.
Adoramos su Cuerpo eucarístico en la comunión, en el Sagrario y en la exposición eucarística... ¡y recibimos su amor y su salvación!


Salve, Cuerpo verdadero,
que has nacido de la Virgen.
Por nosotros inmolado,
en la cruz has padecido.
De tu pecho traspasado
brotan ríos de agua y sangre.
Que podamos recibirte
en la hora de la muerte.
¡Oh Jesús dulce!

¡Oh Jesús bueno!

¡Oh Jesús, hijo de María!

jueves 4 de febrero de 2010

Año sacerdotal. La oración del sacerdote


Sin oración, se diluye la vida del sacerdote.
Con la vida de oración, el ministerio se vuelve verdadero, significativo e incluso fructífero.
El sacerdote que ora se va convirtiendo en hombre de Dios y, por extensión, en hombre para los demás, sus hermanos.

En la oración el sacerdote pedirá por sus fieles y presentará al Padre su intercesión por los hombres.
En la oración el sacerdote podrá conocer la voluntad del Padre y discernir a la luz de la fe.
En la oración el sacerdote se confrontará con la Palabra y luego podrá ofrecer en la predicación enseñanza y alimento.
En la oración el sacerdote será robustecido ante las tentaciones de laicización o conformismo o modernización falsa.
En la oración el sacerdote “descubrirá continuamente las dimensiones del Reino de Dios” (Juan Pablo II, Carta Novo Incipiente, n. 10).
En la oración el sacerdote perseverará con Cristo en la cruz para servir a los demás incansablemente, con dificultades, renuncias y sacrificios.
En la oración el sacerdote recibirá el amor de Cristo y responderá con amor viviendo cristológica y esponsalmente el celibato por el Reino y realizando “otra paternidad y casi otra maternidad” (Id., n. 8) engendrando sobrenaturalmente hijos para Dios.
En la oración resistirá a las tentaciones distintas que le acechen e implorará el don de la fidelidad: “cada uno debe buscar ayuda en la oración más fervorosa. Debe, mediante la oración encontrar en sí mismo aquella actitud de humildad y de sinceridad respecto a Dios y a la propia conciencia, que es precisamente la fuente de la fuerza para sostener lo que vacila” (Id., n. 9).
En la oración, el sacerdote tratará los asuntos de sus fieles con el Señor, pidiendo por ellos.
En la oración, el sacerdote expiará los pecados de sus penitentes, impetrará la conversión de las almas.
En la oración, el sacerdote encontrará el consejo oportuno que un alma espera de él.
En la oración, el sacerdote intercederá por la santidad de sus hermanos.
En la oración, el sacerdote discernirá qué espera el Señor de su parroquia, de su comunidad.
En la oración, el sacerdote será sostenido por Cristo, ya que es el amigo del Esposo.
En la oración, el sacerdote experimentará el consuelo de Cristo en medio de las tribulaciones del ministerio.
En la oración, el sacerdote ante el Sagrario estará realmente acrecentando la vida espiritual de la Iglesia.

"Oh Dios,
que constituiste a tu Hijo unigénito sumo y eterno sacerdote,
te rogamos que cuantos fueron elegidos por Cristo como ministros de tus misterios,
se mantengan siempre fieles en el cumplimiento de su servicio"
(O Colecta, Misa por los sacerdotes).

miércoles 3 de febrero de 2010

“Jesús Hombre hablando con Dios y de Dios”


"En la mayor parte de los salmos, si no en todos, se habla en nombre y representación de Jesús, o se cuenta por anticipado su vida y su obra por medio de la gracia y de la gloria.

Pío X, de santa memoria, ha proclamado con emoción: “Es imposible no sentirse inflamado de amor ante el pensamiento de que bajo la letra de los salmos se deja adivinar la imagen de Cristo hábilmente delineada”.

En los salmos, si el sonido de la letra cuenta la historia del pueblo de Israel, la intención del Espíritu Santo, su inspirador, cuenta la prehistoria de la Iglesia, de su Cabeza y de sus miembros. En los salmos, quien canta, quien ora y quien habla, o de quien se habla, es Cristo por boca de David.

Leyendo los salmos podemos afirmar, sin medio de duda: así canta Jesús, así siente, así ora, así habla a su Padre en las distintas circunstancias de su vida en la tierra, viviendo con los hombres. ¡Cuántas veces nos presentan los evangelistas a Jesús repitiendo salmos o aludiendo a lo que en los “salmos estaba escrito de Él!”. ¿Será faltar a las leyes de la lógica deducir de esa afirmación esta otra: así debo yo cantar, sentir y hablar ante el Jesús de mi Misa, de mi Comunión y de mi Sagrario?

¡Ah! ¿tiene algún parecido mi oración formularia, casi siempre rutinaria y distraída, monótona, fría, sin los altos y bajos de la emoción y de la espontaneidad, con el lenguaje movido, apasionado, graciosamente salpicado de resoluciones, entregas, agradecimientos, preguntas y respuestas, mojado con lágrimas de contrición, ungido con suspiros de esperanzas, con gritos de triunfo y con sollozos de súplica de los salmos?

Éste es el trato íntimo, afectuoso y personal que el Corazón de Jesús quiere y tiene derecho a esperar de sus amigos.

Aquél es el trato, si no de los malos amigos, de los despegados.

¡Qué triste adjetivo para ponerlo a continuación de éste, infinitamente bello y sustantivo: ¡Amigo! ¡Amigo despegado de Jesús!”

Beato D. Manuel González, Así ama Él, en O.C., Vol. I, nn. 305-306.

martes 2 de febrero de 2010

Día de la vida consagrada, pequeño homenaje a las contemplativas

Tentado estaba de escribir sobre el sentido litúrgico de esta fiesta de la Presentación, o sobre el contenido teológico, Christus lumen gentium!... pero me he dado cuenta de que aún en el blog no he escrito nada ni dedicado artículo alguno a la vida contemplativa en la Iglesia, y voy a aprovechar este día, que es la Jornada de la vida consagrada, para hablar de los monasterios.

Mi vida ha transcurrido muy cercana a los monasterios de clausura. A los 16 años, descubrí el monasterio de “mis” monjas donde cada domingo por la tarde se exponía el Santísimo y me iba allí a rezar durante una hora y luego participaba en el canto de las Vísperas dominicales. Allí se fue fraguando mi vocación, creciendo en intimidad con el Señor y descubriendo el valor de la solemnidad de la liturgia con el canto de los salmos. Estas monjas rezaron muchísimo por mí y creo que a ellas les debo parte grande de mi vocación y mi sacerdocio. En ese monasterio (en el altar de la foto que acompaña el post) celebré la Eucaristía por primera vez en la más estricta intimidad: Canto del Veni Creator y Misa votiva del Espíritu Santo.

Luego, con el ministerio, conocí otros muchos monasterios, alguno muy querido en mi corazón: impartí Ejercicios espirituales, prediqué retiros, di clases semanalmente, he sido capellán de ellas... y algunos Monasterios forman parte de la “comunidad virtual” de este blog: leyendo los artículos, o encargando a una hermana que los imprima para que estén en el coro para la lectura espiritual, o trabajándolos en el noviciado, o incluso algún Monasterio cuyas Constituciones son rigurosas con el uso de los medios de comunicación tienen a alguna amiga seglar que imprime los artículos mensualmente. También las contemplativas están aquí en el blog.

Este trato ministerial ininterrumpido me ha permitido conocer cada vez más el valor y el sentido de la vida contemplativa, su misión invisible pero real en la Iglesia, su santidad oculta y su humanidad real. En verdad, ¡la vida contemplativa es un tesoro preciosísimo en la Iglesia!
La vida contemplativa ofrece su alabanza litúrgica, su ascesis y penitencia, su oración secreta y escondida, por la vida de la Iglesia y del mundo. De la fidelidad a su propio ser, a su carisma, dependerá, en mucho, la santidad de la Iglesia. Y, desde otro punto de vista, si no se entiende el misterio de la Comunión de los santos, lo invisible de la Iglesia, jamás se podrá comprender la “utilidad”, el valor, de la vida contemplativa. María derramó el perfume de nardo a los pies de Jesús; era el amor el que la movía. En los cálculos pretendidamente “humanos”, “útiles”, no se entiende. Pero el Señor fue ungido con amor. La casa se llenó de perfume que todos pudieron aspirar. Y en la casa del Señor, la vida contemplativa es nardo derramado, el buen olor de Cristo, que a todos embriaga y a todos llega, por sobreabundancia de amor. Von Balthasar, quizás el más genial y contemplativo de los teólogos del siglo XX, exponía este misterio:

“María a los pies de Jesús es más fecunda para el Reino de Dios que la hacendosa Marta. Y cuando María, en el banquete de Betania, unge al Señor y Judas reprocha este “derroche” y calcula el posible importe del perfume es a su vez recriminado: la fecundidad del derroche que no repara en mérito alguno es para Jesús incomparablemente más importante que una posible obra de caridad... Lo que desde fuera aparece como improductivo es desde dentro más eficaz que todo lo demás, por lo menos cuando la ofrenda del creyente es utilizada por Dios para su implicación en la Pasión de Jesús por el mundo” (Católico, Madrid, Encuentro, 1992, pp. 67ss).

En este organismo, humano y divino, histórico y eterno, que es la Iglesia, la Comunión de los santos se ofrece como un don que se entrega inmerecidamente, del cual participamos, en el cual colaboramos y por el que estamos insertos. Nada nos es ajeno en la vida de la Iglesia, y todo nos pertenece en la vida de la Iglesia. Todo es nuestro. El sufrimiento del otro no nos es ajeno, es nuestro; la perseverancia del otro no me es ajena, me pertenece; la santidad de aquel me pertenece y es mía... Y así, en la Iglesia, por y en la Comunión de los santos, todos nos entregamos a todos, y todo lo del otro es mío y yo entro en la Comunión de los santos con lo que soy, y tengo, y me entrego, y me doy. La vida del católico, ofrecida con Cristo, permite que un enfermo viva en la esperanza, que la paz nazca en el corazón de los que están atribulados, que una vocación sea firme y salga adelante, que un pecador encuentre a Cristo y su perdón, que unos misioneros puedan seguir anunciando el Evangelio, porque mi oración y mi vida contribuye y acrecienta la Comunión de los santos, se robustece en la Comunión de los santos, hace visible y real la Comunión. En la Comunión de los santos, la vida contemplativa será siempre manantial de Gracia para toda la Iglesia.

Oremos por las contemplativas, oremos por las vocaciones, crezca nuestra gratitud a la vida de clausura, aumente nuestra cercanía espiritual a su modo de vida, acudamos a sus iglesias conventuales a participar con ellas en la Liturgia de las Horas.

lunes 1 de febrero de 2010

Experiencia de Dios en la post-modernidad, ¿es hoy posible?

La post-modernidad ha tenido un efecto claro: se piensa que se sabe del cristianismo, que se le conoce, y viene ya de vuelta de todo. La experiencia cristiana es sustituida por las costumbres cristianas populares, profundamente arraigadas en la cultura: calendario de fiestas, procesiones, etc., pero desvinculadas de su contenido profundo y verdadero. La post-modernidad, ¡qué ilusa!, cree que el cristianismo ya nada tiene que decir, nada que aportar, nada que construir, lo considera agotado, pasado, un producto cultural más.

Con este planteamiento de fondo, la post-modernidad va apagando la sed interior del hombre, mejor, la va calmando como puede sin poder satisfacerla, apaga la inquietud afirmando que no se van a encontrar respuestas, y deja la inteligencia suspendida en el aire, y la conciencia adormecida. Los sentidos interiores del hombre se quedan aletargados, entumecidos, incapaces de reaccionar.

Benedicto XVI habla así de esta situación, que es la del hombre post-moderno, y la dificultad real para evangelizar, para que Cristo tenga un impacto en el hombre que le provoque y despierte:

“San Gregorio Magno, en su exposición de este texto, trató de ir más a fondo y se preguntó: "¿Cómo es posible que un hombre diga "no" a lo más grande que hay, que no tenga tiempo para lo más importante; que limite a sí mismo toda su existencia?". Y responde: en realidad, nunca han hecho la experiencia de Dios; nunca han llegado a "gustar" a Dios; nunca han experimentado cuán delicioso es ser "tocados" por Dios. Les falta este "contacto" y, por tanto, el "gusto de Dios"... Nuestra tarea consiste en ayudar a las personas a gustar, a sentir de nuevo el gusto de Dios.

En otra homilía, san Gregorio Magno profundizó aún más la misma cuestión, y se preguntó: "¿Cómo es posible que el hombre no quiera ni tan sólo "probar" el gusto de Dios?". Y responde: cuando el hombre está completamente ocupado con su mundo, con las cosas materiales, con lo que puede hacer, con todo lo que es factible y le lleva al éxito, con todo lo que puede producir o comprender por sí mismo, entonces su capacidad de percibir a Dios se debilita, el órgano para ver a Dios se atrofia, resulta incapaz de percibir y se vuelve insensible. Ya no percibe lo divino, porque el órgano correspondiente se ha atrofiado en él, no se ha desarrollado. Cuando utiliza demasiado todos los demás órganos, los empíricos, entonces puede ocurrir que precisamente el sentido de Dios se debilite, que este órgano muera, y que el hombre, como dice san Gregorio, no perciba ya la mirada de Dios, el ser mirado por él, la realidad tan maravillosa que es el hecho de que su mirada se fije en mí...

¿Qué debemos hacer?... Aprended a pensar como pensaba Cristo; aprended a pensar como él. Este pensar no es sólo una actividad del entendimiento, sino también del corazón. Aprendemos los sentimientos de Jesucristo cuando aprendemos a pensar como él y, por tanto, cuando aprendemos a pensar también en su fracaso, en su experiencia de fracaso, y en el hecho de que incrementó su amor en el fracaso.

Si tenemos sus mismos sentimientos, si comenzamos a ejercitarnos en pensar como él y con él, entonces se despierta en nosotros la alegría con respecto a Dios... Creo que lo primero es entrar nosotros mismos en contacto íntimo con Dios, con el Señor Jesús, el Dios vivo; que en nosotros se fortalezca el órgano para percibir a Dios; que percibamos en nosotros mismos su "gusto exquisito".

Eso dará alma a nuestra actividad, pues también nosotros corremos el peligro de trabajar mucho, en el campo eclesiástico, haciéndolo todo por Dios, pero totalmente absorbidos por la actividad, sin encontrar a Dios. Los compromisos ocupan el lugar de la fe, pero están vacíos en su interior.

Por eso, creo que debemos esforzarnos sobre todo por escuchar al Señor, en la oración, con una participación íntima en los sacramentos, aprendiendo los sentimientos de Dios en el rostro y en los sufrimientos de los hombres, para que así se nos contagie su alegría, su celo, su amor, y para mirar al mundo como él y desde él. Si logramos hacer esto, entonces también en medio de tantos "no" encontraremos de nuevo a los hombres que lo esperan y que a menudo tal vez son caprichosos ―como dice claramente la parábola―, pero que desde luego están llamados a entrar en su sala.

Una vez más, con otras palabras, se trata de la centralidad de Dios; y no precisamente de un Dios cualquiera, sino del Dios que tiene el rostro de Jesucristo. Esto es muy importante hoy. Se podrían enumerar muchos problemas que existen en la actualidad y que es preciso resolver, pero todos ellos sólo se pueden resolver si se pone a Dios en el centro, si Dios resulta de nuevo visible en el mundo, si llega a ser decisivo en nuestra vida y si entra también en el mundo de un modo decisivo a través de nosotros” (Benedicto XVI, Homilía en la Misa concelebrada con los Obispos de Suiza, 7-noviembre-2006).

domingo 31 de enero de 2010

¡Jesucristo!


"Cristo es el gozo y el consuelo de la vida.
Él es el gozo y el consuelo de la vida.
Él es el gozo,
porque da a nuestra vida su verdadero significado, su dignidad, su seguridad.
Es nuestro consuelo,
porque también Él, el Señor, ha sufrido, ha sido pobre, ha trabajado con fatiga y hasta fue puesto en la cruz.
Él nos entiende, él es nuestro compañero, Él es nuestro consolador.
Jesús, hijos carísimos, es el defensor de la gente pobre.
Jesús es la esperanza de los míseros y de los desvalidos.
Es Jesús quien nos hace buenos, quien nos hermana, quien nos da el sentido de la justicia, quien nos hace fuertes en el sufrir y en el querer. Es Jesús quien perdona nuestros pecados.
Es él quien nos enseña a amar.
Es Jesús quien nos da la luz,
la verdadera paz, con el pan para esta vida y con el pan para la vida eterna, mejor que ésta.
Es Jesús el profeta de las bienaventuranzas".

(PABLO VI, Homilía en la parroquia de Santa Cecilia,
Bogotá, 22-agosto-1968).

sábado 30 de enero de 2010

Derecho a la Vida, SÍ, pero sin Referéndum (el buenismo social)

Un intercambio de emails con un comentarista sobre el “buenismoreinante hoy y, en concreto, sobre la defensa que grupos católicos están haciendo de un Referéndum sobre el Sí a la vida, me ha dado que pensar, hasta el punto de ampliar muchísimo la respuesta en forma de post. Decía este amigo:

“Con un ejemplo se lo pongo muy fácil: la lanzada recientemente por Hazte Oir para pedir un referéndum sobre la "ley Aido". Más allá de que es una pérdida de energía absurda (porque para sacarlo adelante necesitan la colaboración de quienes se supone que son sus enemigos en esta batalla y porque el resultado no será vinculante) la iniciativa en sí misma es deleznable... Ignoro si alguno de los artífices de la iniciativa actúa de mala fe, pero tengo clarísimo las evidentes lagunas (océanos más bien) de formación y buena doctrina que atesoran las gentes que, desde posturas provida (¡y hasta católicas!) prestan su apoyo a esta iniciativa con un candor digno de mejor causa. Ejemplos como éste podría citar a patadas, pero creo que con esto queda entendido todo”.

a) La mentalidad del “buenismo” hoy
Y comencé respondiendo:

Hay posturas legítimas que buscan el bien por caminos diversos. Eso es respetable aunque no coincidamos. Sí me parece una plaga el "buenismo" que se ha introducido en todo, incluida la Iglesia.

Vd. aduce el tema del Referéndum por la Vida. Me parece una locura. Quienes así lo defienden piensan en la bondad de la gente y en el uso de la razón, pero no se dan cuenta de que la democracia organiza la sociedad política, pero no puede determinar mediante referendum realidades que no son políticas, sino morales o espirituales: ¿Se puede votar a favor o en contra de la Vida, si es un derecho o no abortar? ¿Se puede decidir por referendum si Dios existe o no? ¿Qué pasa si sale que NO? ¿Ya no existiría Dios? ¿O no existiría el derecho a la vida de todos reconocido por la Constitución y que el Estado tiene el deber de tutelar?

El mismo buenismo en la Iglesia hace que gente con preparación o doctorados en teología sólo se les ocurra predicar un buenismo estéril en homilías y catequesis, pensando que con eso atraerán a la gente hacia el Señor y no se irán los que ya están en la Iglesia. Pero está claro que no es ese el camino.

Hay confusión en las cabezas, un ambiente vital que se respira secularización, y de una forma u otra hasta los mismos católicos están contaminados y hay un desmadre (ya digo, incluso bienintencionado).

No obstante, en este caso concreto del Referéndum, también hay cabezas menos ingenuas y doctrinalmente sólidas. Por ejemplo, en Facebook hay un grupo que defiende el derecho a la vida (¡faltaría más!) oponiéndose al Referéndum: “No sometamos la Vida a Referéndum”

Vamos entonces a fundamentar lo anterior.

b) No todo es opinable

“Resulta, por eso, frecuente que se tienda a confundir la libertad de los ciudadanos y de sus representantes políticos para votar en un sentido u otro y para llegar a acuerdos constructivos, con la libertad de decidir cualquier cosa, independientemente de la moralidad de lo decidido. De este modo se llega a pensar que el pueblo soberano es capaz de “darse a sí mismo” legítimamente las normas según las que desea orientar y regular su vida en cada momento, sean cuales fueran los contenidos de las mismas. Es verdad que las instituciones del Estado democrático, a través de las cuales se expresa la soberanía popular, son las únicas legitimadas para establecer las normas jurídicas de la convivencia social. Pero no es menos cierto que “no puede aceptarse la doctrina de quienes afirman que la voluntad de cada individuo o de ciertos grupos es la fuente primaria y única de donde brotan los derechos y deberes del ciudadano” (CEE, Instrucción pastoral “Moral y sociedad democrática”, n. 24).

La democracia concebida en una separación de la libertad de la verdad llega a hacer creer que mediante referéndum se puede establecer el derecho, con lo cual, cualquier derecho (el de la vida, en este caso por ejemplo) pasa de ser objetivo para ser subjetivo, dependiendo del consenso de los votantes; los derechos y deberes en lugar de ser reconocidos según la naturaleza propia del hombre pasan a ser creaciones del propio hombre que se los otorga fantasiosamente. La verdad queda pisoteada.

Pero la democracia ¿no es un sistema legítimo de gobierno y organización política de la sociedad? Sí. “La Iglesia reconoce y estima el modo democrático de organización de la sociedad según el principio de la división de poderes que configura el Estado de derecho” (Id., n. 34). Pero, ¿esto alcanza a los derechos fundamentales, llega a ser todo, absolutamente todo, cuestionado y resuelto por votos y referéndum? ¿La verdad va a quedar en manos de los votos?

“A nadie se le escapan las contradicciones y los peligros que esta mentalidad encierra. Si el criterio último y único de decisión fuera la capacidad autónoma de elección de los individuos o de los grupos ¿qué impediría que se llegara a decidir, según ese criterio, eliminar el mismo respeto a la libertad y a las conciencias? ¿No demuestra la historia que algunos sistemas totalitarios de nuestro siglo se han puesto en marcha sobre la base de decisiones avaladas por los votos? Si realmente todo fuera pactable, ¿por qué no lo iba a ser también –como por desgracia está sucediendo con lacerante “normalidad”- la vulneración de los derechos fundamentales de los hombres? Por otro lado, si se eleva a principio supremo y absoluto el respeto a las opciones de los individuos, ¿con qué autoridad se podrá pedir a los ciudadanos que obedezcan unas leyes que eventualmente estén en contradicción con sus propias opiniones y opciones? Y ¿cómo se puede llegar a exigir que los políticos, en virtud de ese mismo principio, que abdiquen precisamente de sus convicciones morales o personales o las releguen al ámbito de su vida privada, para someterse a las decisiones mayoritarias?” (Id., n. 26).

En el caso concreto del Derecho sacrosanto a la vida, es locura someterlo a las urnas, porque los derechos inalienables de las personas jamás nacen del consenso, sino del reconocimiento a una realidad previa, la de la propia naturaleza humana-espiritual de la persona.:

“Por tanto, la ley civil, igual que la autoridad que la promulga, no pueden pretender dictar normas que excedan la propia competencia. No es competencia suya establecer los derechos y deberes fundamentales de los ciudadanos, que dimanan directamente de su naturaleza humana; es obvio que tampoco está autorizada a vulnerarlos. Su misión es, por un lado, “reconocer, respetar, armonizar, tutelar y promover tales derechos; y, por otro, facilitar a cada ciudadano el cumplimento de sus respectivos deberes” (Juan XXIII, Pacem in terris, n. 60). La bondad o la maldad de las acciones humanas es anterior a lo establecido por la ley, por la mayoría o el consenso; depende del acuerdo o desacuerdo del objeto en cuestión con la verdad del hombre. La ley civil tiene, pues, como fin la consecución del bien comunión garantizando el orden de la convivencia social” (Id., n. 28).

El derecho inviolable de todos a la vida (no sólo de los ya nacidos, sino del nasciturus) no puede ser discernido por un referéndum, sería incluso inmoral presentar esta propuesta, por más buena voluntad que se ponga en ello pensando que las urnas expresarán la verdad y la razonabilidad del hombre. Es que, por principio, hay cosas que jamás se pueden presentar a la libre elección consensuada de la opinión porque por su propia naturaleza son incuestionables ya que la verdad jamás se decide por votación (sería el relativismo que nos invade hoy), sino que la Verdad se descubre y se reconoce.

c) Grandeza pero también límites del “mito-democracia”

Además, ¡cuidado!, que entre los mismos católicos se está produciendo una mitificación de la democracia” (Id., n. 35) como si fuera lo mismo que “justicia” y “moralidad”; se está convirtiendo la democracia en “fin” y no en “instrumento”. “No es cierto que “democrático” sea siempre igual a “justo”. El modo de proceder en democracia, basado en la participación de los ciudadanos y en el control del poder, es justo y adecuado a la dignidad de la persona humana. Pero no todo lo que se hace y se decide por ese procedimiento tiene de por sí la garantía de ser también justo y conforme con la dignidad de la persona” (Id., n. 36).

Creo –disculpen la extensión- que se da respuesta a una situación hoy dentro de la Iglesia, iluminando doctrinalmente en un blog que es de catequesis de adultos y, por tanto, de formación:

-La libertad de votar no significa que todo se pueda proponer a las urnas, ni que del consenso pueda establecerse la verdad (porque eso es relativismo)

-La democracia es organización política en la división de poderes y Estado de derecho, pero no alcanza a las cuestiones morales o espirituales que están por encima.

-La democracia se ha mitificado olvidando sus límites morales.

-Es inmoral de por sí proponer un Referéndum sobre el Derecho (o no) a la Vida.

-El aborto es un crimen sin excepciones. El Derecho de todos a la vida es sagrado e inviolable (cf. Juan Pablo II, Evangelium vitae, nn. 58-63).

N.B. Demasiado largo. En penitencia escribiré menos veces (y seré más breve).

viernes 29 de enero de 2010

Recto concepto de liturgia católica


El Beato D. Manuel González educó mucho a las almas en la participación de la liturgia. Aunque pueda sorprender, la liturgia en aquel tiempo, pese al Misal de san Pío V, el latín y la sacralidad, no era un gran modelo espiritual, y se rellenaba todo con la precisión en las ceremonias, revistiéndolo todo de devociones piadosas de los fieles, sentimentalismos, asistiendo de forma muy distraida a algo que se desarrollaba en el presbiterio, sin enterarse de nada, en silencio... Es el abandono de la liturgia y, asimismo, la dejadez al celebrar. No, la situación no era nada halagüeña. Sus escritos son muy interesantes para quien canonice ahora desde la nostalgia la liturgia anterior. Pero la liturgia es algo más que ceremonias, es Vida, es Jesucristo ofreciéndose al Padre, en culto perfecto, y la Iglesia-Esposa asociándose a Él. Es Vida, y vida espiritual completa.

“Y ruégote, al llegar aquí, lector paciente, que detengas ese gesto mohín de incredulidad o compasiva tolerancia con que empiezas a contraer tu cara al asegurarte yo cosas tan serias, como consecuencia del olvido y abandono de la santa liturgia.

Porque es el caso, y tú no me lo negarás, que, para muchos dice y significa lo mismo liturgia que etiqueteros melindres y minuciosas e incomportables ceremonias, más propios para el aparato y la tiesura exterior que para el alimento y la elevación del alma. Y ¡claro!, para los que así piensan, cosa dura ha de ser mi afirmación de atribuir al abandono de la liturgia, especialmente de la Misa, casi los mismos efectos del abandono del dogma.

No; la liturgia católica no es esa lluvia de minucias vacías que ahogan sin mojar ni refrigerar. La liturgia es la Iglesia viviendo su fe, su adoración, su amor. El culto es el cuerpo visible de la religión. Y la liturgia es su expresión, su gesto, sus modales, su palabra.

La liturgia es el dogma vivido, y metido en lo más hondo de la vida de los creyentes; enseñado auténtica, intuitiva, solemne y oficialmente; y puesto al alcance de los rudos y abriendo horizontes sin fin a los sabios humildes. Es Dios, por medio de su Cristo, llamando, acogiendo, trabajando, uniéndose al alma. Es el alma, dejándose modelar por el divino buril para poder ser hecha miembro del Cuerpo místico de Cristo. Piedra de su Iglesia. Oveja de su rebaño. Hija de Dios. Hermana del Primogénito Jesús. Participante de su vida y de su gracia y coheredera de su gloria.

La liturgia es en Cristo, por Cristo y con Cristo, la grande obrera de la predestinación de los elegidos, trabajando por conformarlos y unirlos a Él y hacerlos crecer en Él. Jesucristo, Camino, Verdad y Vida, es el arquitecto que, por los medios que la liturgia aplica, obtiene la realización de su oración sacerdotal: “Que todos sean uno”. Es el gran sacerdocio de Cristo realizado y practicado entre nosotros mientras vivamos aquí abajo...

¡Qué pena que se conozca y se quiera tan poco la liturgia! ¡Qué gloria y qué bendiciones recibirán los que, enamorados de la tradición santa y fieles a las enseñanzas de la Iglesia y de sus Pontífices, trabajan por desenterrar esos tesoros de la piedad litúrgica que la rutina, un torpe sentimentalismo y la desorientación de la piedad, sepultaron; y por presentarlos a los ojos y al corazón de los hijos de la Iglesia para que sean de nuevo conocidos, admirados, queridos y explotados!"

Beato D. Manuel González, El abandono de los Sagrarios acompañados, en O.C., Vol. I, nn. 174-176.

jueves 28 de enero de 2010

Tomás de Aquino: el pensamiento iluminado por la fe


El calendario litúrgico recuerda hoy a santo Tomás de Aquino, gran doctor de la Iglesia. Con su carisma de filósofo y de teólogo, ofrece un valioso modelo de armonía entre razón y fe, dimensiones del espíritu humano que se realizan plenamente en el encuentro y en el diálogo entre sí. Según el pensamiento de santo Tomás, la razón humana, por decirlo así, "respira", o sea, se mueve en un horizonte amplio, abierto, donde puede expresar lo mejor de sí. En cambio, cuando el hombre se reduce a pensar solamente en objetos materiales y experimentables y se cierra a los grandes interrogantes sobre la vida, sobre sí mismo y sobre Dios, se empobrece. La relación entre fe y razón constituye un serio desafío para la cultura actualmente dominante en el mundo occidental y, precisamente por eso, el amado Juan Pablo II quiso dedicarle una encíclica, titulada justamente Fides et ratio, Fe y razón. También volví a abordar recientemente este tema en el discurso que pronuncié en la Universidad de Ratisbona.

En realidad, el desarrollo moderno de las ciencias produce innumerables efectos positivos, como todos podemos ver; es preciso reconocerlos siempre. Pero, al mismo tiempo, es necesario admitir que la tendencia a considerar verdadero solamente lo que se puede experimentar constituye una limitación de la razón humana y produce una terrible esquizofrenia, ya declarada, por lo que conviven racionalismo y materialismo, hipertecnología e instintividad desenfrenada.

Por tanto, urge redescubrir de modo nuevo la racionalidad humana abierta a la luz del Logos divino y a su perfecta revelación, que es Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre. Cuando es auténtica, la fe cristiana no mortifica la libertad y la razón humana; y entonces, ¿por qué la fe y la razón deben tener miedo una de la otra, si encontrándose y dialogando pueden expresarse perfectamente? La fe supone la razón y la perfecciona, y la razón, iluminada por la fe, encuentra la fuerza para elevarse al conocimiento de Dios y de las realidades espirituales. La razón humana no pierde nada abriéndose a los contenidos de la fe; más aún, esos contenidos requieren su adhesión libre y consciente.

Con clarividente sabiduría santo Tomás de Aquino logró instaurar una confrontación fructuosa con el pensamiento árabe y judío de su tiempo, hasta tal punto que es considerado un maestro siempre actual de diálogo con las demás culturas y religiones. Supo presentar la admirable síntesis cristiana entre razón y fe, que para la civilización occidental representa un valioso patrimonio, al que se puede acudir también hoy para dialogar de modo eficaz con las grandes tradiciones culturales y religiosas del este y del sur del mundo.

Oremos para que los cristianos, especialmente cuantos trabajan en el ámbito académico y cultural, sepan expresar la racionalidad de su fe y testimoniarla en un diálogo inspirado por el amor. Pidamos este don al Señor por intercesión de santo Tomás de Aquino y sobre todo de María, Sede de la Sabiduría.

(Benedicto XVI, Ángelus, 28-enero-2007)


miércoles 27 de enero de 2010

Congreso Eucarístico Nacional en Toledo (mayo, 2010)

Falta realmente poco para el Congreso Eucarístico Nacional que celebraremos en Toledo, del 27 al 30 de mayo de este 2010.

Aún no se le ha dado publicidad, ni difundido carteles, materiales, catequesis, cantos o el programa mismo. Pero vamos a ir creando ambiente, a suscitar las ganas de participar en este Congreso Eucarístico que debe ser realmente un "evento", un acontecimiento (y uso evento en sentido de algo realmente extraordinario, y no en el mal uso periodístico y coloquial que está adquiriendo la palabra).

¿Qué es y qué importancia adquiere un Congreso eucarístico? El Ritual del culto a la Eucaristía fuera de la Misa señala las dimensiones y objetivos:

"Los Congresos Eucarísticos, que en los tiempos modernos se han introducido en la vida de la Iglesia como peculiar manifestación del culto eucarístico, se han de mirar como una "statio", a la cual alguna comunidad invita a toda la Iglesia local, o una iglesia local invita a otras Iglesias de la región o nación, o aun de todo el mundo, para que todos juntos reconozcan más plenamente el misterio de la Eucaristía bajo algún aspecto particular y lo veneren públicamente con el vínculo de la caridad y de la unión.

Conviene que tales congresos sean verdadero signo de fe y caridad por la plena participación de la Iglesia local y por la significativa aportación de las otras Iglesias" (RCCE, 109).

¿Qué debe tener en cuenta cualquier Congreso?

"Háganse los oportunos estudios ya en la Iglesia local, ya en las otras Iglesias sobre el lugar, temario y el programa de actos del congreso que se vaya a celebrar, para que se consideren las verdaderas necesidades y se favorezca al progreso de los estudios teológicos y al bien de la Iglesia local. Para este trabajo de investigación búsquese el asesoramiento de los teólogos, escrituristas, liturgistas y pastoralistas, sin olvidar a los versados en las ciencias humanas" (RCCE, 110).

¡Congreso Eucarístico nacional en Toledo!

¿Nos veremos allí?

martes 26 de enero de 2010

Secularización del sacerdote, clericalización de los laicos (III)

Era importante analizar y comprender bien la alteración radical que significa la secularización en la Iglesia, donde se invierten los ministerios y funciones: el sacerdote realiza tareas seculares que son propias del laicado secularizándose, y el seglar realiza ministerios y oficios sólo dentro de la parroquia, preocupado de lo intraeclesial únicamente, clericalizándose. ¡Pero es que nada de esto corresponde la doctrina del Concilio Vaticano II, sino la infiltración de la mentalidad post-moderna en la Iglesia!

Un amplio párrafo de un discurso de Juan Pablo II refleja la situación indicando el camino:

“El compromiso de los laicos se convierte en una forma de clericalismo cuando las funciones sacramentales o litúrgicas que corresponden al sacerdote son asumidas por los fieles laicos, o cuando estos desempeñan tareas que competen al gobierno pastoral propio del sacerdote. En esas situaciones, frecuentemente no se tiene en cuenta lo que el Concilio enseñó sobre el carácter esencialmente secular de la vocación laica (cf. Lumen gentium, 31). El sacerdote, en cuanto ministro ordenado, preside en nombre de Cristo la comunidad cristiana, tanto en el plano litúrgico como en el pastoral. Los laicos le ayudan de muchas maneras en esta tarea. Pero el ámbito principal del ejercicio de la vocación laical es el mundo de las realidades económicas, sociales, políticas y culturales. Es en este mundo donde los laicos están invitados a vivir su vocación bautismal, no como consumidores pasivos, sino como miembros activos de la gran obra que expresa el carácter cristiano. Al sacerdote corresponde presidir la comunidad cristiana para permitir a los laicos realizar la tarea eclesial y misionera que les compete. En un tiempo de secularización insidiosa, puede parecer extraño que la Iglesia insista tanto en la vocación secular de los laicos. Ahora bien, precisamente el testimonio evangélico de los fieles en el mundo es el centro de la respuesta de la Iglesia al mal de la secularización” (Discurso a la conferencia episcopal de las Antillas en visita ad limina, 7-mayo-2002).

¿Vocación secular de los laicos? ¿Cuál es ese ámbito?

Sin poder ser exhaustivos:

-El propio matrimonio y la familia, donde se santifican cuando construyen la Iglesia doméstica y educan a los hijos en la fe

-El trabajo o profesión, realizado con el mejor nivel de competencia, con honradez, y aplicando los principios de justicia y caridad tal como plantea la Doctrina Social de la Iglesia

-El mundo docente, colegios, institutos, Universidad, implicándose en su vida y desarrollo: Consejo escolar, asociaciones de padres, etc.

-La actividad socio-política en sindicatos, partidos políticos que sean afines con la Doctrina social de la Iglesia, etc.

-La implicación en plataformas y asociaciones católicas (o próximas a los principios católicos y de la ley natural) que defienden la vida, el matrimonio, la familia, la libertad de educación de los padres respecto a sus hijos

-Hacer oír la voz del catolicismo –bien formado- en los diferentes medios de comunicación, tan poderosos hoy: periódicos, televisión, radio, blogs en Internet

-Colaboración gratuita y desinteresada en los distintos Centros de Orientación Familiar para ayudar a matrimonios y familias en los problemas que buscan resolver

Además las tareas eclesiales, que también son necesarias, tras previo discernimiento y capacitación: ministerio de lector litúrgico, acólito, canto y música litúrgica, la catequesis, la atención a los pobres, la visita a los enfermos, el funcionamiento interno de la parroquia (archivo, despacho, secretaría, sacristía, limpieza...), etc.

Hagamos cada cual lo que nos corresponda en la vida de la Iglesia. Ni sacerdotes secularizados ni seglares clericalizados. “Los fieles laicos deben esforzarse por expresar en la realidad, incluso a través del compromiso político, la visión antropológica cristiana y la doctrina social de la Iglesia. En cambio, los sacerdotes deben evitar involucrarse personalmente en la política, para favorecer la unidad y la comunión de todos los fieles, y para poder ser así una referencia para todos. Es importante hacer que crezca esta conciencia en los sacerdotes, los religiosos y los fieles laicos, animando y vigilando para que cada uno se sienta motivado a actuar según su propio estado” (Benedicto XVI, Discurso al segundo grupo de obispos de Brasil en visita ad limina, 17-septiembre-2009).

No estaría mal que para evitar confusiones y tener claridad doctrinal, para no ampararse en el “espíritu” del Vaticano II sino en sus textos reales, leyésemos:

-Para el sacerdocio: decreto Presbyterorum ordinis y su desarrollo en la exhortación apóstolica “Pastores dabo vobis”,

-Y para el laicado: decreto Apostolicam actuositatem y su desarrollo en la exhortación apostólica “Christifideles laici”.

lunes 25 de enero de 2010

La conversión del apóstol san Pablo

San Pablo, en el camino de Damasco, con cartas para perseguir y arrestar a los cristianos, recibe la visita del Señor resucitado, se le aperece el Señor y desde ese momento originante Pablo cambia su vida. De perseguidor a apóstol. Es su conversión. Pero toda conversión, todo encuentro con Cristo, remite siempre a la Iglesia. Lo subjetivo de la propia experiencia personal se convierte en un don objetivo por el reconocimiento e inserción en la Iglesia.

La conversión de san Pablo es una conversión a Cristo vivido en la Iglesia, ¡y qué gran apóstol y propagador de la Iglesia! Nada de espiritualidad difusa, de sincretismo, de algo místico pero desencarnado como algunos pretenden: Cristo, sí, un personaje fantástico y espiritual, pero la Iglesia no, una institución humana.


Cuando el Señor se aparece a Pablo le dice: "¿Por qué ME persigues?" Pablo no perseguía a Cristo, para él estaba bien muerto; no, él perseguía a los cristianos como secta herética y traidora al judaísmo. Pero Cristo identifica a los cristianos consigo mismo, Cristo identifica a los cristianos como miembros de su Cuerpo y perseguir a los cristianos es perseguirlo a Él.


Ananías, que duda ante la conversión de Pablo como si fuera una técnica de espionaje, recibe el aviso del Señor. Ananías es figura de la Iglesia misma, que recibe a Pablo, lo bautiza y le impone las manos para el don del Espíritu Santo y luego lo instruirá con paciencia. El encuentro con Cristo conduce a la Iglesia.
Pablo entonces descubre el misterio y la vida de la Iglesia. Irá con el tiempo a ver a los apóstoles para estar en comunión con ellos, para que ratifiquen luego la originalidad de su misión con los hombres ajenos al judaísmo (la gentilidad). Su vida será crear comunidades, Iglesias, en toda la cuenca mediterránea.

Será el apóstol de Cristo y de la Iglesia, a la que definirá como "Columna y fundamento de la verdad", "Casa del Dios vivo", "Esposa de Cristo, sin mancha ni arruga... sino santa e inmaculada", "Cuerpo de Cristo".

La conversión, pues, no es la espiritualidad de moda de la New Age, ni una entrada en un misticismo despersonalizante, ni el descubrimiento de unos valores, sino encuentro con el Señor que nos incorpora al misterio mismo de la Iglesia. Cristo, SÍ, Iglesia, TAMBIÉN.

domingo 24 de enero de 2010

El misterio de Jesucristo, Dios y hombre


La belleza de los textos litúrgicos favorecen la elevación del alma a Dios al mismo tiempo que profesan la fe ortodoxa. Orándolos y escuchándolos en la celebración litúrgica, vamos asimilando año tras año el dogma, la fe profesada, pero en modo orante. ¡Con razón la liturgia es la theologa prima, la teología primera, que no podemos desperdiciar por falta de atención o distracción, sino orar, escuchar, conocer, contemplar.

¿Quién es Jesucristo? ¿Cómo se articula su divinidad y su humanidad? ¿Por qué había de ser hombre el Redentor y al mismo tiempo ser Dios mismo quien redimiera?

"Es justo, Dios todopoderoso,
es nuestro deber darte gracias
por Jesucristo,
tu Hijo, nuestro Señor,

que se hizo hombre
para anular el pecado del hombre,

permaneciendo inmutable en la divinidad del Padre.


El, el último Adán, con su Espíritu llenó de vida

a los que el primer Adán había abandonado a la muerte
por la condena del pecado.

Por su obediencia
reconcilió con el Padre y Dios eterno
a los que la transgresión del padre terreno había arrebatado
a un destino de bienaventuranza.

Con el remedio singular de su Encarnación

y con la sangre derramada de su Pasión y Muerte,
restauró en nosotros la condición en que fuimos creados,

de la que nos habían expulsado la debilidad y la corrupción.


Hizo todo esto
humillándose en su humanidad
sin perder ni un solo momento la potencia que le pertenece a Él como al Padre.
Se hizo hombre, por lo tanto,
para salvar a los hombres
sin apartarse jamás de la naturaleza del Padre.
Permanecía en la naturaleza divina
mientras, por su gracia,
reconciliaba a los hombres.

Se hizo como nosotros
sin dejar de ser igual al Padre en gloria y en poder.
Y de ese modo socorrió a los hombres

asumiendo la humanidad
sin renunciar a la divinidad que naturalmente posee".

(Illatio Dom. VI de quotidiano, Rito Hispano-Mozárabe).

sábado 23 de enero de 2010

Cortar los abusos en la liturgia

Desde hace años la secularización ha tomado un rostro visible en la celebración de la liturgia. En la liturgia, cada cual hace lo que quiere, se inventan cosas, se modifican textos de la liturgia, los cantos (de ínfima calidad musical) son ritmos de fiesta y distracción y además la letra no refleja la fe de la Iglesia sino sentimentalismos, siempre con la excusa de la "pastoral" que parece justificar cualquier cosa. Se ha desacralizado, ya no parece en tantos sitios que sea lugar de encuentro con Dios.

Pablo VI, ¡qué gran Papa, qué desconocido, qué rechazado!, lo avisó y lo denunció públicamente, pero no fue escuchado. Recordar sus palabras nos puede orientar para corregir la forma de celebrar la liturgia tan mundana y vivirla con espíritu religioso, obsequioso, de amor y adoración a Dios.

“Dolor y preocupación son los episodios de indisciplina que se difunden en las diversas regiones con motivo de las celebraciones comunitarias... con grave perturbación para los buenos fieles y con inadmisibles motivaciones, peligrosas para la paz y el orden de la misma Iglesia...

Nos urge más expresar nuestra confianza en que el episcopado sabrá vigilar estos episodios y tutelar la armonía propia del culto católico en el campo litúrgico y religioso, objeto en este momento posconciliar de los más asiduos y delicados cuidados; también extendemos nuestra exhortación a las familias religiosas, de las cuales la Iglesia espera hoy como nunca una contribución de fidelidad y ejemplo; y luego la dirigimos al clero y a todos los fieles para que no se dejen embaucar por la veleidad de caprichosas experiencias, sino que sobre todo traten de dar perfección y plenitud a los ritos prescritos por la Iglesia...

Pero mayor aflicción nos proporciona la difusión de una tendencia a desacralizar, como se osa decir, la liturgia (si es que todavía merece este nombre) y con ella, fatalmente, al cristianismo. La nueva mentalidad, cuyas turbias fuentes no sería difícil descubrir, pretendida base de esta demolición del auténtico culto católico, implica tales revoluciones doctrinales, disciplinares y pastorales que no dudamos en considerarla aberrante, y lo decimos con pena, no sólo por el espíritu anticanónico y radical que gratuitamente profesa, sino más bien por la desintegración religiosa que fatalmente lleva consigo...

La plegaria auténtica de la Iglesia vuelve a florecer en nuestras comunidades populares; y esto es lo más y bello y lo más prometedor que ofrece a la mirada de cualquiera que ame a Cristo nuestro tiempo, tan enigmático, tan inquieto y tan lleno de terrena vitalidad”.

Pablo VI, Alocución al Consilium
ad exsequendam constitutionem de sacra liturgia, 19-abril-1967.

viernes 22 de enero de 2010

Pastoral eucarística con niños y jóvenes (¿las llamamos propuestas?)


Lo que me preguntaron hace días, vamos ahora a intentar responder.

Lo que he visto de trabajo con niños, más bien preadolescentes, tal vez pudiera servir de modelo, ejemplo y estímulo. Veamos.

1. Lo primero es saber que son niños, pero no tontos; que son niños, pero tratarlos puerilmente da siempre mal resultado porque pueden asociar siempre lo que se les enseñó y la misma Eucaristía a una etapa sólo de su vida y cuando crezcan abandonarlo como "cosas de niños". Por ejemplo, ese es el resultado de las "Misas DE niños" (ni siquiera "con niños"), en lugar de poner los cimientos para que se integren desde el principio no en la Misa "de" niños, sino en la Misa parroquial que es lo que siempre ellos y todos vamos a vivir.

2. Segundo: acostumbrar a los niños y jóvenes al Sagrario y a la capilla del Sagrario. Enseñarles que el Señor realmente está en el Sagrario, que una vela o lámpara roja siempre encendida indica su presencia, se le saluda haciendo la genuflexión (rodilla derecha en tierra) y se reza personalmente. Puede ser muy útil llevar a los niños al Sagrario al empezar o acabar la sesión de catequesis y allí rezar juntos pero pausadamente, es decir, no algo rápido y mecánico, casi de trámite, sino verdadera oración. Por ejemplo, el grupo con su catequista van al Sagrario, rezan el Padrenuestro, Avemaría y gloria, se les deja unos minutos de silencio y luego el catequista en voz alta dirige la oración al Señor, despacio, convirtiendo en lenguaje de oración lo que en la catequesis han tratado. Terminar con el Gloria o con unas preces respondiendo "Señor, ten piedad".

3. Tercero. Los Tarsicios son la rama infantil-adolescente de la Adoración Nocturna. El grupo de adoradores tiene su vigilia mensual un sábado por la tarde. En la sesión de formación se les va educando en qué significada cada elemento de la liturgia, cómo se realiza (incluso ensayo de tipo práctico) y cómo vivirlo (dimensión espiritual).

La vigilia se estructura con la exposición del Santísimo, el canto de Vísperas y la oración personal. Los niños se convierten en protagonistas responsables: uno entona las antífonas, otro la lectura breve, otro las preces; los salmos a dos coros... El silencio se va distribuyendo en las Vísperas, a tenor de las normas litúrgicas, y al final un tiempo prudente de adoración eucarística personal. Llegan a vivir la adoración como algo "suyo", y el responsable o catequista debe poseer junto a una gran experiencia de Dios, una solidez doctrinal y litúrgica para hacer de mistagogo-introductor con los Tarsicios.

4. Añadiría otro camino más. Muchas veces se organizan retiros y convivencias de niños o jóvenes. Ahí uno de los momentos fuertes podría ser la adoración eucarística aprovechando la riqueza del Ritual del culto a la Eucaristía fuera de la misa: lecturas bíblicas, cantos, homilía que dé pie a orar personalmente, silencio sagrado (tal vez con suave música de fondo), preces, himnos, plegarias o salmos recitados entre todos o alternativamente y bendición, todo dirigido a Cristo. En estos momentos, con la exposición del Santísimo, muy bien se podría utilizar un tono mistagógico en moniciones y homilía que introduzcan en el sentido de la adoración e inviten a orar. (Terminarlo todo siempre con una Misa ha empobrecido la vida litúrgica y espiritual -una vigilia, un retiro, el envío de catequistas, una bendición de algo... todo es una Misa-. La liturgia es muy rica con variedad de celebraciones, como tesoro del que disfrutar).

5. Alguna que otra parroquia ha introducido una práctica altamente valiosa. El Jueves Santo, tras la Misa in Coena Domini, viene la adoración ante la Reserva eucarística (a partir de medianoche sin solemnidad). A lo largo de la tarde del Jueves Santo hay turnos de adoración, horas santas, dirigidas por el sacerdote: con el grupo de Cáritas, otra hora con el grupo de pastoral de enfermos, con los niños de catequesis, con los jóvenes, con las Cofradías y Hermandades, con las asambleas familiares, con los grupos de catequesis de adultos, otra abierta a toda la parroquia. Los niños y jóvenes descubren el valor de la Reserva eucarística, se saben miembros de la parroquia como todos los demás, oran y se les introduce en la celebración cumbre del Triduo pascual anual.

6. Aunque parezca obvio, la primera pastoral sería que los padres (y los abuelos) entren con sus hijos a hacer la visita al Sagrario con toda naturalidad o se lleguen un rato a la parroquia cuando el Santísimo esté expuesto. Estas cosas quedan bien grabadas y son testimonio de fe.

Estos serían algunos puntos, caminos o sendas. Los comentarios podrán ser iluminadores. Pero así respondo a la petición de Seneka y de Embajador: ¡que por mí no quede!, siempre que se pueda responder.