martes, 28 de marzo de 2017

El culto para la vida (participar) - III

No perdamos el hilo de estas catequesis o artículos: se trata de ver cómo participar de verdad en la liturgia es una participación interior, no mera intervención, y, por tanto, conduce a la vida, a la transformación de la vida en una ofrenda santa a Dios.


Si se participa bien en la liturgia, esto es, consciente, activa, fructuosamente, interiormente, los fieles todos vivirán santamente el culto a Dios de su vida diaria, que se convierte en sacrificio santo al Señor.  La vida queda afectada -es decir, marcada, sellada- cuando la participación en la liturgia posee hondura interior.

Así, hemos visto que la vida:

a) queda modelada por la liturgia
b) unión profunda con Cristo
c) Somos presencia de Cristo
d) "Pneumatóforos" con una vida teologal.

Continuamos viendo los efectos y la transformación que produce en la vida, y en este caso:


            e) Hacer la voluntad del Padre

            La vida cristiana tiene como alimento, igual que Jesucristo, hacer la voluntad del Padre (cf. Jn 4, 34). Es su voluntad nuestro alimento ya que como hijos, movidos por la piedad filial, es vivir la voluntad del Padre. “Nuestra paz, Señor, es cumplir tu voluntad”, rezamos en unas preces de Laudes[1].

domingo, 26 de marzo de 2017

La tentación y las tentaciones (VI)

La sexta petición del Padrenuestro, "no nos dejes caer en la tentación", da pie de sobra a la catequesis eclesial para tratar la realidad del pecado y su intrínseca maldad, así como lo expuesto que estamos a las tentaciones.


Ni somos invencibles, ni somos imbatibles. El pecado original ha dejado sentir su reliquia en nosotros, la brecha abierta de la concupiscencia, y nosotros, sin la gracia, no podremos detenerla.

El Maligno quiere cazarnos, sinuosamente, con trampas de distinto género, adaptándose a nuestras inclinaciones naturales para echar la red, para lanzar sus dardos. Allí donde somos débiles, él viene a atacarnos, de manera repetida y con distintas estrategias. Cuando Cristo nos exhorta a estar vigilantes, sabe bien lo que dice y porqué lo dice: porque las insidias son constantes y un alma despistada, adormecida, puede dejarse envolver en el canto de sirenas de las tentaciones.

jueves, 23 de marzo de 2017

La paciencia (Tertuliano - I)

Para forjar la conciencia es necesario conocer las virtudes, desearlas, y empezar a crear hábitos interiores que permitan que tal o cual virtud arraiguen como forma habitual de comportamiento.


La paciencia es una virtud auxiliar, podríamos decir, de la esperanza. Nos ayuda y sostiene ante la esperanza que Dios nos prometió y nos hace desear.

Comenzamos una larga serie, de 16 partes, leyendo el tratado de Tertuliano sobre "la paciencia", un autor africano (160-220). De camino, nos adentramos en una obra patrística para familiarizarnos cada día más con los Padres de la Iglesia y los escritores eclesiásticos.


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Capítulo 1: Importancia de la paciencia


Confieso a Dios, mi Señor, que temo no poco por mí y quizás sea desvergüenza el que yo me atreva a escribir acerca de la paciencia. De ninguna manera soy capaz, como hombre carente de todo bien. Porque cuando es necesario demostrar e inculcar alguna cosa, entonces se buscan personas competentes que con anterioridad la hayan tratado y con decisión dirigido para poderla recomendar con aquella autoridad que procede de la propia conducta; sin que sus enseñanzas tengan que avergonzarse por falta de los propios ejemplos.

martes, 21 de marzo de 2017

Perdón, Señor, cada día (V)

Cada día hemos de pedir perdón porque cada día caemos, tropezamos, pecamos. ¡Así de débiles somos! La concupiscencia nos ha dejado maltrechos y sentimos inclinaciones de pronto que no sabemos ni podemos dominar si no es por la gracia en nosotros.


Caemos, somos pecadores. Sobre nosotros también cae el pecado de nuestros hermanos que nos dañan, nos maltratan. Si arrepentidos vuelven a nosotros y piden perdón, habremos de perdonarlos siempre, el enorme número perfecto de setenta veces siete.

El perdón de Dios a nuestros propios pecados está condicionado al perdón que, sinceramente, otorguemos a quienes nos han ofendido y lo piden a nosotros.

Así nos lo enseñó el Señor en el Evangelio y así lo consignó en su Oración.


"n. 6. Decimos a continuación: Perdónanos nuestras deudas; digámoslo, porque decimos la verdad. ¿Quién hay que viviendo en la carne no tenga deudas? ¿Quién es el hombre que vive de tal manera que no le sea necesaria esta petición? Podrá hincharse, pero no hacerse.

sábado, 18 de marzo de 2017

La dirección de la Cuaresma (texto)

Leamos lo siguiente como si fuera la primera vez que lo vemos: la Cuaresma es el camino hacia la Pascua. Hay que repetirlo muchas veces hasta que penetre, no sólo en la inteligencia, sino en la sensibilidad y el afecto. La Cuaresma es el camino hacia la Pascua y ningún camino se puede constituir como meta en sí mismo, dejando al caminante encerrado en el camino, sino conduciéndolo a la meta, al hogar, al destino. En este caso, la Cuaresma es un camino que nos conduce a la Pascua.


El piadoso desarrollo de la Cuaresma con sus ejercicios piadosos y devociones ha llevado, en muchos casos y en muchos lugares, a considerarla en sí misma, desvinculándola de la Pascua, y viviendo ésta de manera débil, a veces incluso sin participar en las celebraciones del Triduo pascual, ni en la vigilia pascual, y no sabiendo muy bien cómo vivir ni qué hacer durante los cincuenta días pascuales.

La Cuaresma era un tiempo precioso y especial que miraba y se encaminaba a la Pascua. Nace la Cuaresma para los catecúmenos que después del largo catecumenado de uno o más años, recibían la elección y una preparación intensiva para los sacramentos de la Iniciación cristiana en la santísima vigilia pascual; nació también para los penitentes, aquellos que confesaban sus pecados en privado al Obispo (apostasía, homicidio, adulterio...) y se incorporaban al Ordo de penitentes, con ayunos, salmos y penitencias, hasta ser reconciliados y absueltos de sus pecados en la mañana del Jueves santo (costumbre romana) o en el Oficio litúrgico del Viernes santo (costumbre del rito hispano-mozárabe). Por último, y por extensión lógica, la Cuaresma incluyó a todo el pueblo cristiano que se convertía también en penitente: recibía la ceniza en la cabeza, oraba, se mortificaba, y vivía en ayuno estricto.