sábado, 24 de septiembre de 2016

Espiritualidad de la adoración (XIV)

La espiritualidad de la adoración eucarística nos lleva a la confianza y abandono en Dios. Horas y horas de trato personal con Jesucristo en el Sacramento afianzan la confianza, ya que sólo se puede confiar en quien se quiere, con quien se trata.


La amistad va creciendo en el trato continuo, asiduo, y es ese trato continuo el que va demostrando cómo uno se puede fiar del amigo, entregarle la confidencia y la llave del corazón. Mucho más con Jesucristo: la confianza y el abandono en sus manos sólo se darán cuando haya un trato continuo durante las horas de adoración.

En las manos de Cristo se pone todo: el pasado, el presente y el futuro; en sus manos se ponen los problemas, las dificultades y las luchas; con Él el corazón se abre por completo y descubre todos los recovecos, sabiendo que Cristo acoge y recibe y busca en todo nuestro bien.

jueves, 22 de septiembre de 2016

La oración en la vida, la vida en la oración

La oración, cuando es verdadera, incide en la vida con la fuerza del Espíritu Santo. Lo sabemos. Pero no incide al modo pelagiano, gracias a nuestros esfuerzos y propósitos extraídos a duras penas en cada rato de oración. Incide como cualquier relación personal modifica al amante, incide como los encuentros con Cristo fueron transformando a quienes se pusieron ante Él en conversación.

La oración jamás es un paréntesis de relajación en la vida, un aislamiento para olvidar, "desconectar" de todo, sino para que la vida sea una ofrenda, y se ore la vida misma pasándola ante el Señor para que Él la purifique, la ilumine, la discierna, la acepte.

Y la vida misma, con sus movimientos, su consolación y desolación, es un lenguaje interior delicadísimo del Espíritu Santo que hemos de saber interpretar y discernir. En cierto modo, aquello de "los signos de los tiempos", se aplica a lo que sentimos, pensamos, experimentamos, ya que son lenguajes divinos para conducirnos. Esto se llama, técnicamente, "mociones".

Veamos más extensamente esta teología de la oración en este punto concreto.

"En el camino que se dirige a Cristo y que es Cristo, el Espíritu mismo nos conduce. Así, una vez conocida la verdad de la oración, ya no hay otra regla en ella que la de dejarse conducir por el Espíritu. Lo que se traduce por dos consejos: en la oración, gustad las cosas de manera interior y permaneced allí donde halléis fruto. La oración no tiene por objetivo cumplir un programa fijado de antemano ni abarcar el máximo posible de materia. Aunque es bueno haber preparado la oración, haber previsto su contenido y su desarrollo (es lo que hace la liturgia con sus esquemas fijos), también conviene no preocuparse de nada más que lo que se contempla o considera, porque las cosas contempladas o consideradas se despliegan en el espíritu encarnado del hombre según lo que son y según lo que le convienen. De ahí el doble criterio del gusto y del fruto.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Sobre la esperanza (I)

La catequesis hoy va a consistir en leer entre todos, reflexionar y asumir -¡Dios lo quiera!- un texto sobre la virtud teologal de la esperanza.

Virtud necesaria, nos la ofrece Dios para esperar recibirle a Él, vivir en Él, eternamente. Aguardamos a Dios, sumamente amado.


El cardenal Ratzinger (luego Benedicto XVI) escribió un artículo que nos permitirá formarnos en esa virtud. Está en Communio, ed. francesa, IX, 4, junio-agosto 1984, pp. 32-46. Su extensión hará que lo leamos a lo largo de varias entradas.


"De la esperanza

No hay una verdadera esperanza más que si nos lleva más allá de la muerte. La pobreza franciscana libera al hombre de todas sus falsas esperanzas y le permite esperar sólo en Dios.

Pablo recuerda a los cristianos de Éfeso la época en que aún no eran cristianos. Su situación se caracterizaba entonces por el hecho de que no tenían promesas. También eran hombres que vivían en este mundo sin esperanza y sin Dios (Ef 2,12). Una observación parecida se encuentra en la Primera carta a los Tesalonicenses. Pablo se dirige en ella a los cristianos de esta ciudad portuaria y les habla de la esperanza en cuanto más allá de la muerte, para que no viven con tristeza "como los otros que no tienen esperanza" (4,13). Resulta entonces de estos dos pasajes que, para Pablo, la esperanza define al cristiano, y que inversamente la ausencia de esperanza caracteriza al ateo. Ser cristiano, es ser un hombre que espera, es situarse en la tierra con una esperanza segura. Según estos textos, la esperanza no es una virtud más entre otras; es la definición misma de la existencia cristiana.

sábado, 17 de septiembre de 2016

Llamados a la santidad (Palabras sobre la santidad - XXX)

La santidad es la consecuencia primera y última del propio bautismo, que a todos incluye, a nadie rechaza, a todo bautizado convoca. Ser santos es el desarrollo pleno de la gracia sacramental del bautismo, accesible a todos, en la medida en que se responda personalmente a Cristo y se deje a su gracia trabajar la propia alma.


¿Entonces la santidad no es para unos pocos? ¿Acaso no está reservada para unos "genios"? ¿No era un privilegio de los consagrados? Simplemente no: la santidad es una vocación que incluye y anima a todos los cristianos por haber sido hechos miembros de Cristo.

Para esa santidad, y con esa capacidad de ser santos, fue creado el corazón humano muy grande, "capaz de Dios", y es la santidad la que responde al deseo verdadero que palpita en lo interior.

jueves, 15 de septiembre de 2016

Moniciones. O sobre las moniciones... pistas y correctivos

Las moniciones se han impuesto como un ingrediente casi necesario en cualquier Misa. Ya sea una breve improvisación del sacerdote, ya sea un animador que lee moniciones, ya sea...

Pero es todo un exceso. De verdad. Un exceso, una locuacidad impresionante que sirve de bien poco.

Os traigo la reflexión y conclusiones que los Delegados Diocesanos de Liturgia hicieron en Madrid en el pasado enero de 2016 (publicadas en Pastoral Litúrgica 351 (2016), 112:


"Algunos constatan que existen buenos materiales y que, empleados con moderación, pueden ser útiles.

En opinión de la mayoría deberán hacerse sólo cuando sean realmente necesarias.