Mostrando entradas con la etiqueta Domingo de ramos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Domingo de ramos. Mostrar todas las entradas

jueves, 26 de marzo de 2015

Domingo de Ramos en la Pasión del Señor: su liturgia y su sentido

La liturgia del Domingo de Ramos en la Pasión del Señor conmemora la entrada festiva y alegre del Señor en Jerusalén para la obra de la Redención y la lectura de la Pasión de Cristo como un anticipo de lo que en esos días hemos de meditar y abrazar. 



Son dos aspectos de la celebración de este día. Al participar en la procesión de ramos vamos cantando a Cristo. Le reconocemos como Rey y Señor. Lo aclamamos como Salvador. Es Cristo, el Mesías, el Redentor anunciado, que asume su pasión, “voluntariamente aceptada”.

Este sentido espiritual nos ayuda a participar en la procesión, a ir cantando, con nuestros ramos de olivo. Estos ramos recuerdan aquella entrada en Jerusalén de Cristo, y no se pueden considerar como amuletos. 

Sirven para la procesión y se bendicen para que se participe en la procesión. Luego se conservan en casa y nos traen a la memoria estos días la victoria de Cristo, su entrada como Rey.


sábado, 12 de abril de 2014

Prefacio del Domingo de Ramos en la Pasión del Señor


En estas últimas semanas hemos comentado los prefacios de los domingos de Cuaresma, con tal motivo, clausuramos los domingos de este tiempo litúrgico con el comentario al prefacio del Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, ubicándonos en el umbral de la Semana Santa, aunque todavía en Cuaresma.

[Cristo] El cual, siendo inocente,
se entregó a la muerte por los pecadores,
y aceptó la injusticia
de ser contado entre los criminales.
De esta forma, al morir, destruyó nuestra culpa,
y, al resucitar, fuimos justificados.


Un anticipo de todo lo que será vivido en los misterios santos de la Semana Santa y del Triduo pascual es este prefacio. Cristo es inocente y santo, acepta su pasión injusta por salvarnos, destruye la muerte con su muerte nos da nueva vida. 

Está entretejido de retazos bíblicos que, a lo largo de la Semana Santa, y muy especialmente, en el Oficio de la Cruz del Viernes Santo, oiremos proclamar. Cristo es el Inocente, el único Justo. Su muerte ni es un accidente ni es un gesto simbólico de solidaridad con los oprimidos, sino una muerte redentora: “se entregó a la muerte por los pecadores”. Ya San Pablo exaltaba cómo Cristo se entrega, admirablemente, por nosotros impíos y pecadores, y eso resulta incomprensible porque, por un hombre de bien, tal vez se atrevería uno a morir. ¡Es la generosidad del Corazón de Cristo con tal de redimirnos!

Esa muerte redentora provoca la vida; con su muerte destruye la muerte y el propio pecado, y a nosotros, pecadores, como un intercambio, nos justifica por su santa resurrección.

Más que meditar, deseemos contemplar y vivir estos misterios que se nos dan en la liturgia, paso a paso, hasta desembocar en la Santísima Noche de Pascua, en la Vigilia pascual.

Como en las entradas anteriores incluimos el prefacio musicalizado según la versión del Misal Romano. 


jueves, 21 de marzo de 2013

Domingo de Ramos en la Pasión del Señor (liturgia)

El pórtico de la Semana Santa, el domingo previo a la Pascua, celebramos el Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, con ese aspecto doble: rememorar con la bendición y procesión de ramos y palmas la entrada de Jesús en Jerusalén para su Pasión, voluntariamente aceptada, y la memoria de la Pasión que luego, en el Triduo pascual, se comunicará mediante la gracia de la liturgia. Entramos en las catequesis estrictamente litúrgicas, es decir, teología, liturgia y espiritualidad de las grandes celebraciones del año litúrgico. Una vez más, repitiendo lo mismo a la par que actualizándolo, para refrescar lo que ya sabemos.


Ya esta celebración, festiva y dramática a un tiempo, popular, debe disponernos interiormente para el Triduo pascual y vivir con fervor la Pascua de Cristo, su paso de este mundo al Padre, su paso de la muerte a la vida. A la hora de preparar este Domingo, y catequizar a los fieles, hemos de mostrarles ese horizonte pascual al que apunta este Domingo de Ramos: que comprendan y vean cómo es una cita de amor a Cristo participar luego del Triduo pascual (Misa in Coena Domini, acción litúrgica en la Pasión, del Viernes Santo y la santísima Vigilia pascual).

Estos días de Semana Santa y luego el Triduo pascual, siguen un proceso de mímesis o imitación cronológica, repitiendo, incluso en coincidencia de horario, los misterios últimos de la vida de Jesucristo. Y el primer momento es su entrada en Jerusalén para sufrir la Pasión. Entra aclamado hoy quien luego será condenado a gritos. Entra como Rey aquel que muere ajusticiado como esclavo por nuestros pecados, por los pecados de la humanidad entera.

La entrada de Jesús en Jerusalén se conmemora en la primera parte de la liturgia con la lectura del Evangelio, la bendición de los ramos y palmas (que todos tienen ya en sus manos y no se hace ninguna presunta entrega ritual uno a uno) y la procesión alegre y festiva hasta el interior del templo (por cierto, sin ningún canto con “Aleluya”).

lunes, 26 de marzo de 2012

Domingo de Ramos en la Pasión del Señor

El pórtico de la Semana Santa, el domingo previo a la Pascua, celebramos el Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, con ese aspecto doble: rememorar con la bendición y procesión de ramos y palmas la entrada de Jesús en Jerusalén para su Pasión, voluntariamente aceptada, y la memoria de la Pasión que luego, en el Triduo pascual, se comunicará mediante la gracia de la liturgia.

Ya esta celebración, festiva y dramática a un tiempo, popular, debe disponernos interiormente para el Triduo pascual y vivir con fervor la Pascua de Cristo, su paso de este mundo al Padre, su paso de la muerte a la vida. A la hora de preparar este Domingo, y catequizar a los fieles, hemos de mostrarles ese horizonte pascual al que apunta este Domingo de Ramos: que comprendan y vean cómo es una cita de amor a Cristo participar luego del Triduo pascual (Misa in Coena Domini, acción litúrgica en la Pasión, del Viernes Santo y la santísima Vigilia pascual).

Estos días de Semana Santa y luego el Triduo pascual, siguen un proceso de mímesis o imitación cronológica, repitiendo, incluso en coincidencia de horario, los misterios últimos de la vida de Jesucristo. Y el primer momento es su entrada en Jerusalén para sufrir la Pasión. Entra aclamado hoy quien luego será condenado a gritos. Entra como Rey aquel que muere ajusticiado como esclavo por nuestros pecados, por los pecados de la humanidad entera.

domingo, 28 de marzo de 2010

Domingo de Ramos: Entra el Salvador


¡Hosanna al Hijo de David!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

Es el grito de alabanza,

de júbilo,
de liberación,

de un pueblo oprimido por muchas esclavitudes
que por sí mismo no podía librarse,
pero que encuentra en Cristo
a su Redentor,

a su Salvador,

a su Justificador.


¡Ya llega!

¡He aquí al Esperado por los siglos!
¡Hosanna al Hijo de David!



¡Cuántos ojos no se llenarían de alegría!

¡Cuántos ojos no se emocionarían!

¡Qué fuerte no saldría aquel grito de júbilo y bienvenida!
¡Cómo latirían apresuradamente los corazones!

Pero... ¡¡si llevaban siglos esperando!!
¿Cómo no recibirlo y aclamarlo y acogerlo?

martes, 23 de marzo de 2010

Domingo de Ramos en la Pasión del Señor (Catequesis)

Sin lugar a dudas, la celebración más popular y populosa (en el número de asistentes) es el Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, pero ésta, que rememora la entrada de Jesús en Jerusalén en la primera parte de la liturgia, se convierte luego en una gran contemplación de la Pasión del Señor que disponga el espíritu de los fieles para participar plena, consciente y activamente, en las grandes celebraciones del Triduo pascual: la Misa in Coena Domini el Jueves santo, la Acción litúrgica del Viernes Santo, la solemnísima e imprescindible Vigilia pascual y la Misa del día santo de Pascua.

Estos días siguen un proceso de mímesis o imitación cronológica, repitiendo, incluso en coincidencia de horario, los misterios últimos de la vida de Jesucristo. Y el primer momento es su entrada en Jerusalén para sufrir la Pasión. Entra aclamado hoy quien luego será condenado a gritos.


La entrada de Jesús en Jerusalén se conmemora en la primera parte de la liturgia con la lectura del Evangelio, la bendición de los ramos y palmas (que todos tienen ya en sus manos) y la procesión alegre y festiva hasta el templo (por cierto, sin ningún canto con “Aleluya”).

La carta de la Congregación para el Culto divino sobre las fiestas pascuales recuerda el modo de realizar esta parte y su sentido:


“La Semana Santa comienza con el Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, que comprende a la vez el presagio del triunfo real de Cristo y el anuncio de la Pasión. La relación entre los dos aspectos del misterio pascual se ha de evidenciar en la celebración y en la catequesis del día. La entrada del Señor en Jerusalén, ya desde antiguo, se conmemora con una procesión, en la cual los cristianos celebran el acontecimiento, imitando las aclamaciones y gestos que hicieron los niños hebreos cuando salieron al encuentro del Señor, cantando el fervoroso “Hosanna”.