Mostrando entradas con la etiqueta evangelización. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta evangelización. Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de septiembre de 2019

Nueva evangelización (Misa - y VI)

Finalmente, la última oración de la Misa, otra pieza de la llamada "eucología menor". ¿Nos acostumbraremos a que la liturgia no son formularios que alguien recita, sino la oración de toda la Iglesia, que oímos, hacemos nuestra, respondemos "Amén" uniéndonos a ella y luego prolongamos en nuestra meditación personal?

Porque la liturgia, siempre maestra de vida espiritual, nos enseña mucho y bien.




5. Oración de postcomunión


            Con la oración de postcomunión, encontramos otra vez el calificativo “nuevo” y “novedad” que orientará la evangelización que llamamos “nueva” también.

            ¿Cómo será nueva la evangelización? ¿Habremos de buscar novedades porque sí? ¿Una simple modernización o hay algo más? ¿O es una contraposición frente a las oleadas evangelizadoras que durante dos milenios han sembrado el Evangelio y edificado la Iglesia, y que ahora se desdeñan como “antiguas”?

            La oración de postcomunión ofrece una herramienta de interpretación:

“Renovados con el alimento precioso
del Cuerpo y de la Sangre de tu Hijo,
te rogamos, Señor,
que transformes nuestro corazón
y nos concedas un espíritu nuevo,
para que caminemos fielmente en novedad de vida”.

viernes, 16 de agosto de 2019

Nueva evangelización (Misa - V)


4. La antífona de comunión

            La antífona de comunión, que inspira la letra de un verdadero canto de comunión, está inspirada en el texto de Isaías que Jesús aplica a su Persona, señalando el inicio de la plenitud y de su misión profética:

“El Espíritu del Señor está sobre mí,
porque me ha ungido para evangelizar,
para proclamar el año de gracia del Señor
y el día de la redención” (cf. Lc 4,18-19).



            Jesús fue ungido por el Espíritu Santo en su bautismo, lleno de Espíritu Santo, para predicar, sanar y redimir, comunicándonos su Espíritu, después de la Pascua, a nosotros, miembros de su Cuerpo. Se inserta así, y lo supera, en la larga cadena de “ungidos” por el Señor del Antiguo Testamento cuando Dios les confería una misión. La unción de la naturaleza humana de Jesús está en función de la evangelización, “poderoso en obras y palabras” (Lc 24,19).

            La evangelización que realiza Jesús es un anuncio gozoso y lleno de esperanza: proclama el año de gracia del Señor, el tiempo, que ahora ya ha llegado, de gracia, salvación, el verdadero jubileo en el que Dios va a cancelar la deuda del pecado de Adán e inaugurar los tiempos nuevos. Jesús, ungido, va a proclamar el día de la redención: llega su “hora”, la hora en la que va a redimir al hombre por su cruz y resurrección, como tantas veces dijera en el evangelio de san Juan (cf.  2,4; 4,23; 5,25; 7,30; 8,20; 12,23; 12,27; 13,1; 16,32; 17,1).

            Es la hora de Dios, la del triunfo sobre el pecado, el diablo y la muerte.

sábado, 27 de julio de 2019

Nueva evangelización (Misa - IV)

Siguiendo el hilo conductor de la Misa "por la nueva evangelización", llegamos a la oración sobre las ofrendas. De este modo nos dejamos impregnar por la fuerza misma de la liturgia, acostumbrándonos a saborear y hallar el contenido de las oraciones y textos litúrgicos, que deben ser la "materia prima" para acercarnos al dogma y a la espiritualidad.




3. Oración sobre las ofrendas

            Breve y concisa, como suelen ser tanto la oración sobre las ofrendas como la oración de post-comunión, se centra primero en los dones y ofrendas que ya están sobre el altar y piden un fruto concreto cuando sean el sacrificio del altar, la verdadera Oblación:

“Te rogamos, Señor, que santifiques estos dones
y acojas, en tu bondad, nuestra humilde ofrenda
para que nuestros cuerpos
lleguen a ser un sacrificio vivo, santo y agradable a ti
y nos concedas servirte,
no como el hombre viejo, sino en novedad de vida,
según tu Espíritu”.


            La vida cristiana es un culto espiritual, razonable, lógico, por cuanto está traspasado por el Logos; ya decía san Pablo en Rm 12,1: “os exhorto… a que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios; este es vuestro culto espiritual”, y el Canon romano, o plegaria eucarística I, recoge este sentido al suplicar: “Bendice y santifica, oh Padre, esta ofrenda haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti”.

            El sacrificio espiritual, racional, es que el creyente se una al Gran y único sacrificio de Cristo en la cruz, ofreciéndose, entregando cuerpo y alma, su mente entera con el obsequio de su inteligencia, su ser entero. Se realiza así un culto razonable, que no es exterior a la persona, formal, sino que es interior: la persona entera se ofrece con Cristo.

miércoles, 17 de julio de 2019

Nueva evangelización (Misa - III)



La súplica de la oración colecta orienta para vivir este tiempo de nueva evangelización como evangelizadores de verdad: “haz que nosotros, teniendo los ojos fijos en Él, vivamos siempre con caridad auténtica, como mensajeros y testigos de su Evangelio en todo el mundo”.            

            a) “Teniendo los ojos fijos en Él”. ¿A quién vamos a mirar? ¿Quién va a ser nuestra referencia? Cuando se apartan los ojos de Jesús, cada uno busca otro modelo, se vuelve fan de cualquiera: Apolo, Pablo, Cefas, etc…; olvidando la referencia a Cristo, elevamos a categoría máxima e intocable cualquier mediación, cualquier persona, cualquier movimiento, grupo o comunidad. Siendo esto así, la evangelización degenera en proselitismo para agregar personas “a lo mío”, lo único válido, mi movimiento, mi grupo.

            Lo propio cristiano para evangelizar es tener “los ojos fijos en Jesús” (Hb 12,2), como Pedro miraba a Jesús y fue capaz de andar sobre las aguas y sólo al apartar la vista de Él y mirar las aguas, sintiendo la fuerza del viento, comenzó a hundirse (cf. Mt 14,28ss).

            El evangelizador sólo mira a Cristo, sus ojos están pendientes sólo de Él (cf. Sal 122) y no aparta su mirada hacia nada ni hacia nadie más, identificándose sólo con el Señor. Por eso, un evangelizador será siempre un contemplativo más que un activo (o un activista) porque necesitará de la oración, del silencio, de la liturgia, para fijar sus ojos en Jesús con serenidad y reposo del corazón. Si no mira a Jesús, será un populista, un demagogo, un hombre comprometido en mil tareas distintas que nunca culmina, disperso, pero jamás podrá ser evangelizador.


domingo, 7 de julio de 2019

Nueva evangelización (Misa - II)


Llegamos a la oración colecta de la Misa "por la nueva evangelización".

Como siempre, las oraciones colectas contienen en primer lugar una invocación a Dios; después, normalmente con una oración de relativo, introducen el memorial, la acción de Dios que es recordada en su presencia, para luego pasar a la súplica, la petición concreta. Termina con la conclusión larga y solemne: "Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive..." 



2. La oración colecta


            Con la oración colecta de la Misa “por la nueva evangelización”, vamos adentrándonos en la dimensión cristológica: ya aparece Jesús y aparece como evangelizador, el gran y verdadero evangelizador que es el modelo y referencia absoluta para todo evangelizador (apóstol, sacerdote, catequista, misionero, formador, educador o docente…): Él es el Evangelizador y los cristianos serán evangelizadores si son formados por Él, enviados por Él y actúan como Él.

“Dios nuestro, que por el poder del Espíritu Santo
enviaste a tu Verbo para evangelizar a los pobres,
haz que nosotros, teniendo los ojos fijos en Él,
vivamos siempre con caridad auténtica,
como mensajeros y testigos de su Evangelio en todo el mundo.
Por nuestro Señor Jesucristo”.

jueves, 20 de junio de 2019

Nueva evangelización (Misa - I)

Para ahondar tanto en la liturgia como en la necesidad de una verdadera evangelización, iremos desglosando la Misa "por la nueva evangelización", aprobada para el Año de la Fe de 2012.


Será así una forma, en primer lugar, de saborear y glosar los textos litúrgicos, siempre la mejor escuela de espíritu cristiano, para acostumbrarnos a entrar en la profundidad de las oraciones y plegarias de la liturgia. ¡Son siempre escuela de vida cristiana! Pero también nos debe servir para refrescar y avanzar en una mejor y renovada comprensión de la evangelización, de la nueva evangelización, y de la fisonomía espiritual y apostólica del evangelizador.

Trataremos, así pues, de los textos de una Misa: antífona de entrada, oración colecta, oración sobre las ofrendas, antífona de comunión y oración de postcomunión.




1. La antífona de entrada

            El evangelio a todos ha de llegar, a todos debe resonar, y el orbe entero es el campo de misión para que todos conozcan y alaben la salvación y la acepten en sus vidas, siendo transformados por la gracia e incorporados al Cuerpo vivo de Cristo que es la Iglesia.

            La dimensión, diríamos casi cósmica, de la evangelización, se pone de relieve en la antífona de entrada –que debe ser el habitual canto de entrada o, al menos, inspirar sus letra y contenido- tomada del salmo 104:

“Gloriaos en su santo nombre,
que se alegren los que buscan al Señor.
Recurrid al Señor y a su poder,
recordad las maravillas que hizo” (vv. 3-4.5).

miércoles, 21 de junio de 2017

Espiritualidad de la adoración (XXII)

Lejos de un intimismo conformista, o de un refugio acomodado, en el que adormecer la conciencia, la adoración eucarística tanto en la celebración como en el culto eucarístico fuera de la misa, despierta, impulsa y envía. Es un revulsivo que conmueve el dinamismo personal ante la Presencia misma del Señor, ya que para Él nada hay oculto. Desvelando nuestro interior, lo purifica y sanea, y una vez limpiado el interior, envía al mundo.

Cuando la adoración eucarística es sincera, reposada, sin atarnos a los libros de meditación o un recitar apresurado de fórmulas, sino sosegando el corazón para que mire a Cristo, inevitablemente su Presencia hace que aflore la conciencia y salgan a la luz, no sólo las debilidades, sino los ídolos a los que hemos inmolado ya sea la inteligencia, ya sea el afecto. La libertad la hemos atado, y sin embargo, Cristo nos ha hecho libres para vivir en libertad (cf. Gal 5,1).

Su Presencia en el Sacramento descubre la idolatría del corazón, rompe las cadenas, y con su gracia, se destruyen esos ídolos tan grandes pero con pies de barro. La libertad viene de Cristo y la adoración eucarística permite crecer en la libertad de los hijos de Dios.


martes, 8 de noviembre de 2016

Las claves de la nueva evangelización (y VI)

Llegamos ya al punto final de la conferencia de Ratzinger sobre la nueva evangelización, pronunciada en el Jubileo de los catequistas en el año 2000. Si ha ido siendo asumida y reflexionada, a lo largo de estos meses de catequesis, habremos alcanzado una claridad de ideas cuando suelen reinar tantos tópicos y tantas confusiones acerca de la nueva evangelización.


Ya vimos que se trata de una acción necesaria junto a la evangelización permanente o constante que siempre se da en las parroquias y comunidades cristianas, pero que nace de la convicción y ardor de quien conociendo a Cristo, quiere anunciarlo y hacerlo presente a todos. Será una tarea lenta -el grano de mostaza-, a veces insignificante, y renunciando al éxito cuantitativo y a los grandes números, pero sabiendo que es necesario realizarla. Esto, además, conlleva tanto la oración como el sacrificio del apóstol, su sufrimiento, que siempre será fecundo.

Pero igualmente había que atender al contenido mismo de la evangelización:

a) la conversión
b) el Reino de Dios
c) Jesucristo
d) la vida eterna

"La vida eterna" es el último contenido de la nueva evangelización, según apunta Ratzinger en esta lección magistral; es otro punto discordante para lo que estamos acostumbrados a oír sobre lo que es 'evangelizar', que se ciñe a lo terrenal, progreso, humanitarismo, etc.

Sus palabras son precisas:

jueves, 6 de octubre de 2016

Las claves de la nueva evangelización (V)

Retomemos la conferencia de Ratzinger que, mes a mes, estamos estudiando en nuestra virtual catequesis de adultos, sobre la nueva evangelización, pronunciada en el Jubileo de los catequistas, en el año 2000.

Partía de la estructura y método de la nueva evangelización (I y II) y luego comenzaba a explicar, con su estilo claro, sistemático, organizado, el contenido de la nueva evangelización: la conversión (III) y el Reino de Dios (IV). Hoy leemos el siguiente contenido de la nueva evangelización: Jesucristo (V). 


Puede parecer evidente que el contenido de la evangelización sea Jesucristo, sin embargo, en la práctica, los hechos refutan esa evidencia. ¡Cuántas veces en lugar de Jesucristo se ha sustituido la evangelización por objetivos terrenales, de progreso, humanitarios, de 'valores'! El anuncio explícito de Jesucristo se silenciaba o, en el mejor de los casos, se relegaba a lo último e insignificante, más preocupados del progreso social y de las tareas de desarrollo, entendidas de manera secularizada.

¿De qué manera, con qué intensidad, es Jesucristo el contenido de la evangelización?

"Jesucristo

Con esta reflexión, el tema de Dios ya se ha ampliado y concretado en el tema de Jesucristo. Únicamente en Cristo y por medio de Cristo, el tema de Dios se hace realmente concreto: Cristo es el Emamanuel, el Dios-con-nosotros, la concreción del "Yo soy", la respuesta al deísmo. Hoy es fuerte la tentación de reducir a Jesucristo, el Hijo de Dios, a sólo un Jesús histórico, a sólo un mero hombre. No se niega necesariamente su divinidad, pero con ciertos métodos se destila de la Biblia un Jesús a nuestra medida, un Jesús posible y comprensible dentro de los parámetros de nuestra historiografía. Pero este "Jesús histórico" es un artefacto, la imagen de sus autores y no la imagen del Dios vivo (cf. 2Co 4,4s; Col 1,15).

El Cristo de la fe no es un mito. El denominado "Jesús histórico" es una figura mitológica, autoinventada por diversos intérpretes. Los doscientos años de historia del "Jesús histórico" reflejan fielmente la historia de las filosofías y de las ideologías de este período.

sábado, 10 de septiembre de 2016

Las claves de la nueva evangelización (IV)

El segundo contenido de la nueva evangelización es el "Reino de Dios"; el primero fue la conversión como ya vimos. Es la reflexión del card. Ratzinger en una conferencia pronunciada en el Jubileo de los catequistas, en el año 2000.



A la hora de evangelizar, y ya ha sonado la hora de Dios para propulsar esta nueva evangelización, el primer contenido debe ser la conversión razonable y amable, que crea un nuevo estilo de vida, rompiendo las ataduras de ir "como todos" y actuar "como todos". Dios recupera el primado en la vida; se ve con los ojos de Dios, se ama con el corazón de Dios, haciendo el bien para vencer el mal, sin concesiones aunque la mentalidad dominante señale otras cosas.

El segundo contenido de la nueva evangelización es el Reino de Dios. De él habla la evangelización, hacia él encamina a los hombres. Continuaba Ratzinger diciendo:


"El Reino de Dios

En la llamada a la conversión está implícito, como condición fundamental, el anuncio del Dios vivo. El teocentrismo es capital en el mensaje de Jesús y debe constituir también el corazón de la nueva evangelización. La palabra clave del anuncio de Jesús es Reino de Dios. Pero Reino de Dios no es una cosa, una estructura social o política, una utopía. El Reino de Dios es Dios.

Reino de Dios quiere decir que Dios existe, vive, está presente y obra en el mundo, en nuestra vida, en mi vida. Dios no es una lejana "causa última" ni tampoco el "gran arquitecto" del deísmo, que montó la máquina del mundo y ahora estaría fuera. Al contrario, Dios es la realidad más presente y decisiva en cada acto de mi vida, en cada momento de la historia.

En la conferencia de despedida de su cátedra en la Universidad de Münster, el teólogo Juan Bautista Metz dijo cosas que nadie esperaba  oír de sus labios. En el pasado, Metz nos enseñó el antropocentrismo: el verdadero acontecimiento del cristianismo habría sido el giro antropológico, la secularización, el descubrimiento de la secularidad del mundo. Después nos enseñó la teología política, la índole política de la fe; más tarde, la "memoria peligrosa" y, por último, la teología narrativa. Al final de este largo y trabajoso camino, hoy nos dice que el verdadero problema de nuestro tiempo es "la crisis de Dios", la ausencia de Dios, camuflada bajo una religiosidad vacía. La teología debe volver a ser realmente teología, hablar de Dios y con Dios.

miércoles, 10 de agosto de 2016

Las claves de la nueva evangelización (III)

El ejercicio que en algunas catequesis vamos haciendo es, con términos paulinos, "renovar la mentalidad", "renovar la mente", y modificando conceptos, prejuicios, adquirir ideas nuevas, alcanzar nuevas perspectivas con amplitud de miras y magnanimidad de corazón sobre la nueva evangelización.

Nos guía la conferencia que Ratzinger pronunció en el 2000, con motivo del Jubileo de los catequistas, sobre la nueva evangelización, de manera ponderada -como siempre-, certera. Así nos involucramos en un movimiento que debe abarcar e impulsar a la Iglesia entera y a cada miembro de ella. Pero antes que precipitarse en organigramas y técnicas, en dinámicas y reuniones de programación, habrá que imbuirse de una mentalidad evangelizadora, con conciencia clara de qué es lo que buscamos y adónde nos encaminamos todos. Se evitará así la dispersión de fuerzas, la improvisación o las direcciones distintas encontradas al final entre sí.

Ratzinger ya señaló, como estudiamos en las dos catequesis anteriores, primero la estructura de la nueva evangelización y su método, que es peculiar y corresponde a la verdad de la misión y de Cristo.


Un paso más, necesario, es pensar o repensar los contenidos esenciales de la nueva evangelización. ¿Qué hemos de comunicar? 
¿Valores, solidaridad, un discurso social? 
¿Sentimientos, emociones, buenismo moral? 
¿Denuncia profética en clave social, lucha de clases? 
¿Terapia de afectos, serenidad, equilibrio emocional? 
¿Acaso son éstos los contenidos de la nueva evangelización?


"LOS CONTENIDOS ESENCIALES DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN

Conversión

Por lo que atañe a los contenidos de la nueva evangelización, ante todo hay que tener presente la inseparabilidad del Antiguo y el Nuevo Testamento. El contenido fundamental del Antiguo Testamento se resume en el mensaje de Juan Bautista: ¡Convertíos! No hay acceso a Jesús sin el Bautista; no es posible llegar a Jesús sin responder a la llamada del Precursor. Jesús asumió el mensaje de Juan en la síntesis de su propia predicación: "Convertíos y creed en el Evangelio" (Mc 1,15).

La palabra griega que se emplea para decir "convertirse" significa repensar, poner en tela de juicio el modo personal y el modo común de vivir; dejar entrar a Dios en los criterios de la propia vida; no juzgar ya simplemente según las opiniones corrientes. Por consiguiente, convertirse significa dejar de vivir como viven todos, dejar de obrar como obran todos, dejar de sentirse justificados con acciones dudosas, ambiguas, malvadas, por el hecho de que los demás hacen lo mismo; comenzar a ver la propia vida con los ojos de Dios; por tanto, tratar de hacer el bien, aunque resulte incómodo; no estar pendientes del juicio de la mayoría, de los hombres, sino del juicio de Dios. En otras palabras, buscar un nuevo estilo de vida, una vida nueva.

martes, 26 de julio de 2016

Las claves de la nueva evangelización (II)

Continuando nuestra formación con la conferencia del cardenal Ratzinger en el Jubileo del 2000, pasamos ahora de la "estructura" al método de la nueva evangelización. Realmente éste parecería el punto más inmediato y urgente, cuando se vive con la obsesión, más que con el celo pastoral, de que lo importante son los métodos y éstos hay que renovarlos ya.


Antes que los métodos, está la estructura de la nueva evangelización como vimos: su concepto (enseñar a vivir respondiendo al hombre), nueva evangelización junto a la evangelización permanente de la parroquia y la comunidad cristiana, sin impaciencias, aceptando ser un grano de mostaza al ritmo de Dios. Esto sería lo primero y más urgente, que probablemente es lo que más nos puede fallar, y luego pensar en el método de la nueva evangelización.

El método, desde luego, va acorde con la estructura de la nueva evangelización y refleja claramente su contenido, porque no existen "métodos neutros", ni tampoco es cuestión de plagiar los "métodos de mercado" de una empresa de publicidad, ni el ensoñamiento de que, por el mero hecho de cambiar de método (¡modernizarse!, ¡adaptarse al mundo!, que son eslóganes manidos), ya está todo hecho y la respuesta será deslumbradora, atrayendo a todos.

El método es la forma, el camino que hemos de recorrer, en la nueva evangelización; tal vez podríamos definirlo como un talante, un estilo, un sello, una impronta. Veámoslo con las palabras de Ratzinger.



"ESTRUCTURA Y MÉTODO DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN

El método

De esta estructura de la nueva evangelización deriva también el método idóneo. Ciertamente, debemos emplear de modo razonable los métodos modernos para hacernos oír; o mejor, para hacer accesible y comprensible la voz del Señor. No buscamos que se nos escuche por nosotros, ni queremos aumentar el poder y la extensión de nuestras instituciones, sino que deseamos servir al bien de las personas y de la humanidad dando espacio a Aquel que es la Vida. Esta renuncia al propio yo, ofreciéndolo a Cristo por la salvación de los hombres, es la condición fundamental del verdadero compromiso en favor del Evangelio.

sábado, 9 de julio de 2016

Las claves de la nueva evangelización (I)

Fue una conferencia magnífica, que tuvo gran difusión, y con razón, la que pronunció el cardenal Ratzinger durante el Jubileo del 2000 para los catequistas y evangelizadores.

Sus palabras son penetrantes, con un análisis fino y detallado, sobre qué es evangelizar. Ahora, nosotros, para formarnos, deberíamos releerlas y cuestionarnos así como adquirir conceptos claros, precisos, y no vagar en nebulosas llamando "nueva evangelización" a cualquier cosa, elemento o acción pastoral realizada, eso sí, con rectitud de intención.

La Iglesia está comprometida en la nueva evangelización, cada uno de nosotros debe sentirse interpelado por esta evangelización hoy a tantas zonas paganas del pensamiento, la cultura, la educación, etc., en esta cultura occidental que nació cristiana pero que se ha ido vaciando.

Tal vez lo que nos cuesta es reconocer hasta qué punto es necesaria la nueva evangelización y emprender acciones evangelizadoras reales; vemos algunos actos multitudinarios, o la religiosidad popular, o el número de matrimonios o bautismos o primeras comuniones, y creemos que no estamos tan mal. La realidad, a poco que la analicemos fríamente, es más dura y menos optimista. Son tiempos de increencia donde la secularización ha deshilachado todo el tejido social y hasta eclesial. Hay que rehacerlo.

Pensemos, con la mente abierta y dispuesta a cuestionarnos, "las claves de la nueva evangelización" que Ratzinger señalaba.

"La vida humana no se realiza por sí sola. Nuestra vida es una cuestión abierta, un proyecto todavía inacabado, que es preciso seguir completando y realizando. La pregunta fundamental de todo hombre es: ¿cómo se lleva a cabo este hacerse hombre? ¿Cómo se aprende el arte de vivir? ¿Cuál es el camino que lleva a la felicidad?
Evangelizar quiere decir mostrar ese camino, enseñar el arte de vivir. Jesús dice al inicio de su vida pública: "he venido para evangelizar a los pobres" (cf. Lc 4,18). Esto significa: Yo tengo la respuesta a vuestra vida, el camino hacia la felicidad; más aún, Yo soy ese camino. La pobreza más honda es la incapacidad para la alegría, el tedio de la vida, a la que se considera absurda y contradictoria. Esta pobreza se halla hoy muy extendida, bajo formas muy distintas, tanto en las sociedades materialmente ricas como en los países pobres, la incapacidad para la alegría supone y produce la incapacidad de amar, produce la envidia, la avaricia, todos los vicios que arruinan la vida de las personas y el mundo. Por eso necesitamos una nueva evangelización. Si se desconoce el arte de vivir, todo lo demás deja de funcionar. Pero ese arte no es objeto de la ciencia; solo lo puede comunicar quien tiene la vida, Aquel que es el Evangelio en persona.



ESTRUCTURA Y MÉTODO DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN

La estructura

Antes de hablar de los contenidos fundamentales de la nueva evangelización, quisiera explicar su estructura y el método adecuado. La Iglesia siempre evangeliza y nunca ha interrumpido el camino de la evangelización. Cada día celebra el misterio eucarístico, administra los sacramentos, anuncia la palabra de la vida, la Palabra de Dios, se compromete en favor de la justicia y de la caridad. Y esta evangelización produce fruto: proporciona luz y alegría; otorga el camino de la vida a numerosas personas. Muchos otros, a menudo sin saberlo, viven de la luz y del calor resplandeciente de esta evangelización permanente. Sin embargo, observamos un proceso progresivo de descristianización y de pérdida de los valores humanos esenciales, que resulta preocupante. En la evangelización permanente de la Iglesia, gran parte de la humanidad actual no encuentra el Evangelio, es decir, la respuesta convincente a la pregunta: ¿cómo vivir?

domingo, 26 de junio de 2016

Sacerdotes para la evangelización

La impronta de la gracia sacramental en el Orden impulsa al sacerdote, a imagen de Cristo, Cabeza y Pastor, a ser un evangelizador nato, a poseer un celo evangelizador, una pasión por Cristo inacabable, inagotable.

El sacerdote no es un "funcionario" de sacramentos, como a veces los fieles lo consideran y lo tratan así; ni el archivero al que acudir a la que hora que se quiera para pedir documentos. Es un icono, una imagen clara y transparente, de Jesucristo; para él la evangelización es la causa de su vida.

Juan Pablo II, por ejemplo, en la encíclica Redemptoris missio, recordaba los vínculos entre el sacerdote y la evangelización:

"Colaboradores del Obispo, los presbíteros, en virtud del sacramento del Orden, están llamados a compartir la solicitud por la misión: « El don espiritual que los presbíteros recibieron en la ordenación no los prepara a una misión limitada y restringida, sino a la misión universal y amplísima de salvación "hasta los confines de la tierra", pues cualquier ministerio sacerdotal participa de la misma amplitud universal de la misión confiada por Cristo a los Apóstoles ». Por esto, la misma formación de los candidatos al sacerdocio debe tender a darles « un espíritu genuinamente católico que les habitúe a mirar más allá de los limites de la propia diócesis, nación, rito y lanzarse en ayuda de las necesidades de toda la Iglesia con ánimo dispuesto para predicar el Evangelio en todas partes ». Todos los sacerdotes deben de tener corazón y mentalidad misioneros, estar abiertos a las necesidades de la Iglesia y del mundo, atentos a los más alejados y, sobre todo, a los grupos no cristianos del propio ambiente. Que en la oración y, particularmente, en el sacrificio eucarístico sientan la solicitud de toda la Iglesia por la humanidad entera" (n. 67).

Además veamos la perspectiva que abre Juan Pablo II en la Pastores dabo vobis:

sábado, 4 de junio de 2016

El santo evangeliza (Palabras sobre la santidad - XXVII)

Aunque haya que desarrollar un nuevo ardor, un nuevo método y hasta un nuevo lenguaje para la evangelización; aunque cambien las formas y los métodos para responder a una nueva cultura y a las búsquedas del hombre de hoy, hay algo que permanece invariable: se evangeliza por el testimonio personal de santidad. Los santos fueron y son los mejores evangelizadores porque presentaban su propia vida como un testimonio de belleza, de coherencia y de verdad.
 

Sin esta santidad de vida, sin este compromiso personal de santidad, ya se podrán elaborar planes pastorales e inventar fórmulas o métodos, que resultarán estériles, infructuosos. Donde hay un santo, se comunica vida y Evangelio; pero si el misionero, el enviado, el apóstol, carece de esa santidad de vida, sus palabras se ve despojadas de fuerza y de verdad.

Ya Juan Pablo II lo recordaba en la encíclica Redemptoris missio:
"El renovado impulso hacia la misión ad gentes exige misioneros santos. No basta renovar los métodos pastorales, ni organizar y coordinar mejor las fuerzas eclesiales, ni explorar con mayor agudeza los fundamentos bíblicos y teológicos de la fe: es necesario suscitar un nuevo « anhelo de santidad » entre los misioneros y en toda la comunidad cristiana, particularmente entre aquellos que son los colaboradores más íntimos de los misioneros" (n. 90).

domingo, 20 de marzo de 2016

Conversión, también eclesial, para evangelizar

La conversión, que es una realidad profundamente personal e intransferible, también es eclesial. El pueblo cristiano vuelve a mirar a Dios y se deja interrogar y purificar por Él para responder a su plan salvador.

Es el pueblo cristiano, la Iglesia, la que es llamada a entrar en el desierto para escuchar la voz de Aquel que lo ha llamado, cambiar su mentalidad, renovar sus afectos, librarse de adherencias inoportunas para dar el fruto que pide la conversión. ¿Cuál? Una renovada fidelidad a Jesucristo y un compartir su misión, que es evangelizar y redimir y salvar.

El mundo nos desafía y nos cuestiona. Necesita de Dios aunque no lo reconozca o no se dé cuenta siquiera. La cultura se ha secularizado agresivamente y ha dejado a muchos al borde del camino, al arbitrio del más fuerte, desvalidos y despojados de sí mismos.

Y mientras, ¿cómo nos encontramos al interior de la Iglesia? ¿Qué fuerza evangelizadora, qué entusiasmo, qué convicción poseen nuestras parroquias, comunidades, movimientos, asociaciones?

domingo, 31 de enero de 2016

Magisterio sobre la evangelización (XXXII)

Una formación de adultos debe, sin lugar a dudas, poner a todos en contacto con las fuentes originales, con el Magisterio de la Iglesia, de manera que todos lean y tengan acceso a documentos, homilías y discursos. Un blog, en este caso, debe también difundir esa doctrina magisterial.


El Magisterio pontificio contemporáneo, como vamos viendo, ha sido y sigue siendo fecundo en lo referente a la evangelización y la nueva evangelización. Son palabras luminosas por su claridad, pero vinculantes para todos; no entra en lo optativo, sino en las directrices básicas que a todos incumben.

Prestamos un asentimiento racional al Magisterio y recibimos su enseñanza como una orientación clara para nuestras acciones, apostolados, compromisos y misión.

Con ese tono, y con el deseo de formación, vamos a trabajar el discurso de Benedicto XVI a los nuevos evangelizadores.


"Habéis elegido como lema para vuestra reflexión de hoy la expresión: «La Palabra de Dios crece y se multiplica». Varias veces el evangelista Lucas utiliza esta fórmula en el libro de los Hechos de los Apóstoles; en distintas situaciones afirma, de hecho, que «la Palabra de Dios crecía y se multiplicaba» (cf. Hch 6, 7; 12, 24). Pero en el tema de esta jornada habéis modificado el tiempo de los dos verbos para evidenciar un aspecto importante de la fe: la certeza consciente de que la Palabra de Dios está siempre viva, en todos los momentos de la historia, hasta nuestros días, porque la Iglesia la actualiza a través de su fiel transmisión, la celebración de los sacramentos y el testimonio de los creyentes. Por esto nuestra historia está en plena continuidad con la de la primera comunidad cristiana, vive de la misma savia vital. 

¿Pero qué terreno encuentra la Palabra de Dios? Como entonces, también hoy puede encontrar cerrazón y rechazo, modos de pensar y de vivir que están lejos de la búsqueda de Dios y de la verdad. El hombre contemporáneo a menudo está confundido y no consigue hallar respuestas a tantos interrogantes que agitan su mente con respecto al sentido de la vida y a las cuestiones que alberga en lo profundo de su corazón. El hombre no puede eludir estos interrogantes que afectan al significado de sí mismo y de la realidad, ¡no puede vivir en una sola dimensión! En cambio, no raramente, es alejado de la búsqueda de lo esencial en la vida, mientras se le propone una felicidad efímera, que satisface un instante, pero enseguida deja tristeza e insatisfacción.

viernes, 22 de enero de 2016

Sólo evangelizan los santos

La evangelización, la vida pastoral cotidiana de nuestras mismas parroquias, sólo cobrarán impulso y eficacia sobrenatural, si es llevada adelante por santos, por personas -laicos, sacerdotes, religiosos- que vivan en santidad y tengan deseos de santidad.

La mediocridad es estéril. La tibieza jamás hace nada bueno. La rutina mata el Espíritu y el celo apostólico. Solamente la santidad puede dar algún fruto digno de Dios y que sirva a los hombres.

Recordemos a este respecto las palabras de Juan Pablo II en la encíclica Redemptoris missio:



La solución, la clave, es abrirse a la Gracia, a la acción de Dios y al impulso del Espíritu Santo que, purificando, nos une a Cristo y nos transforma para luego enviarnos.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Magisterio sobre la evangelización (XXXI)

En las fronteras de la nueva evangelización se encuentran muchos hermanos nuevos, abriendo caminos donde no hay nada, buscando un lenguaje claro en el que poder transmitir las verdades eternas e inmutables del Evangelio.


La nueva evangelización es el trabajo común, el reto apasionante, el empeño de todos. Para ello necesitamos asumir e integrar en nosotros -inteligencia, afectos, acción- lo que la Iglesia define como evangelización y las tareas que se presentan como desafíos por Cristo.

Ese Magisterio sobre la evangelización se enriquece con una homilía del papa Benedicto XVI durante un Congreso a los nuevos evangelizadores.


"Con alegría celebro hoy la santa misa para vosotros, que estáis comprometidos en muchas partes del mundo en las fronteras de la nueva evangelización. Esta liturgia es la conclusión del encuentro que ayer os llamó a confrontaros sobre los ámbitos de esa misión y a escuchar algunos testimonios significativos. Yo mismo he querido presentaros algunos pensamientos, mientras hoy parto para vosotros el pan de la Palabra y de la Eucaristía, con la certeza —compartida por todos nosotros— de que sin Cristo, Palabra y Pan de vida, no podemos hacer nada (cf. Jn 15, 5). Me alegra que este congreso se sitúe en el contexto del mes de octubre, precisamente una semana antes de la Jornada mundial de las misiones: esto pone de relieve la justa dimensión universal de la nueva evangelización, en armonía con la de la misión ad gentes...

Pasemos ahora a las lecturas bíblicas, en las que hoy el Señor nos habla. La primera, tomada del libro de Isaías, nos dice que Dios es uno, es único; no hay otros dioses fuera del Señor, e incluso el poderoso Ciro, emperador de los persas, forma parte de un plan más grande, que sólo Dios conoce y lleva adelante. Esta lectura nos da el sentido teológico de la historia: los cambios de época, el sucederse de las grandes potencias, están bajo el supremo dominio de Dios; ningún poder terreno puede ponerse en su lugar. La teología de la historia es un aspecto importante, esencial de la nueva evangelización, porque los hombres de nuestro tiempo, tras el nefasto periodo de los imperios totalitarios del siglo XX, necesitan reencontrar una visión global del mundo y del tiempo, una visión verdaderamente libre, pacífica, esa visión que el concilio Vaticano II transmitió en sus documentos, y que mis predecesores, el siervo de Dios Pablo VI y el beato Juan Pablo II, ilustraron con su magisterio.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Incidencia social de la evangelización

La evangelización, una realidad fundamental propia del ser-Iglesia, tiende a anunciar a Jesucristo y su llamada a la conversión y al seguimiento en todas partes, en todos los ámbitos posibles. Reducir evangelización a una sala de catequesis para la infancia, pensando que con eso es suficiente, es un signo de ceguera ante la secularización.


La evangelización penetra y fecunda todas las realidades humanas, también las realidades temporales y sociales, para que el espíritu de Cristo lo impregne todo, lo salve todo purificándolo.

Hay ámbitos que son propios para la acción directa del laicado a la hora de evangelizar: la política, la economía, la cultura, el arte, los medios de comunicación, la enseñanza... Es la vida social, que sin Cristo, se vuelve contra el hombre y la vida misma, pero que, transformados en Cristo, hacen una sociedad verdaderamente humana, que responde a su fin, al bien, a la belleza, a la verdad.