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viernes, 16 de marzo de 2018

Espiritualidad de la adoración (XXXI)

La adoración eucarística la realizarán y vivirán hombres y mujeres de recia fe, apostólicos, entregados, que descubren la Presencia de Cristo y la necesidad de estar con Él. A su vez, la misma adoración eucarística, sosegada y amorosa, va robusteciendo y acrecentando nuestra fe, para pasar de la debilidad, o el temor, o la rutina, al ardor y la entrega a la Persona del Señor.




Con la adoración eucarística, las aspiraciones y deseos del hombre, su corazón y todo su ser, se orientan cada vez más perfectamente a Dios, sin desviaciones, ni se permite que el corazón se ate a otros objetos u otros afectos legítimos pero desordenados. La adoración eucarística realiza en nosotros el gran lema: "¡Sólo Dios!"


"Os dije en España que la Eucaristía es la fuente de toda vuestra vitalidad espiritual y apostólica; porque con vuestra actitud de adoración, profundizáis en la fe, la esperanza y la caridad. De esta manera, orientáis toda vuestra vida hacia Dios y, por tanto, hacia el misterio del hombre y de la historia humana concreta" (Juan Pablo II, Disc. a la Adoración Nocturna española, 31-octubre-1983).

La interioridad y la contemplación piden un silencio interior y exterior. Entonces el alma se hace disponible para amar y para saber reconocer el Amor de Cristo, escuchando interiormente sus palabras, sus indicaciones, los suspiros y gemidos del Espíritu Santo en nuestro interior.

La vida cristiana posee como nota constante y definitoria la oración y la contemplación; por eso la adoración eucarística es un modo privilegiado de "estar" con el Señor, amándole y escuchándole.

viernes, 23 de febrero de 2018

Espiritualidad de la adoración (XXX)

El himno a la kénosis de san Pablo en la carta a los filipenses (2,6-11) ofrece la perspectiva salvífica del misterio de la Encarnación, pasión, muerte, resurrección y glorificación de Cristo. Es la síntesis del Misterio.

Parte de una clave fundamental: Cristo "se vació", "se despojó", "se rebajó", y si lo hizo no fue por otra cosa más que por amor para salvarnos. Vivió despojado de sí mismo, asumiendo lo que no era (nuestra naturaleza humana) para que nosotros recibiéramos aquello de lo que carecíamos (la naturaleza divina, la divinización).


Recordemos el himno paulino cantado habitualmente en las I Vísperas del domingo:


Cristo, a pesar de su condición divina, 
no hizo alarde de su categoría de Dios; 
 al contrario, se despojó de su rango 
y tomó la condición de esclavo, 
pasando por uno de tantos. 

Y así, actuando como un hombre cualquiera, 
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, 
y una muerte de cruz. 

viernes, 26 de enero de 2018

Espiritualidad de la adoración (XXIX)

La adoración eucarística corresponde a la Presencia de Cristo. Él está realmente cercano, mostrando su Corazón, ofreciendo su amor. Es su Presencia la que está entre nosotros.

La adoración eucarística, en cierto modo, es la respuesta coherente a esa Presencia; se nos da y acudimos a Él, espera y vamos a vivir con Él.

Así demuestra Dios su cercanía, indiscutible, con nosotros: está; ni es lejano ni altivo ni se desentiende de nosotros. Está a nuestro lado, vive con nosotros, quiere compartir todo lo suyo con nosotros.

"Esta presencia nos recuerda que el Dios de nuestra fe no es un ser lejano, sino un Dios muy próximo, cuyas delicias son estar con los hijos de los hombres (Cf. Prov. 8, 31).  Un Padre que nos envía a su Hijo, para que tengamos vida y la tengamos en abundancia (Cf. Jn 10, 10).  Un Hijo, y Hermano nuestro, que con su Encarnación se ha hecho verdaderamente Hombre, sin dejar de ser Dios, y ha querido quedarse entre nosotros “hasta la consumación del mundo” (Cf. Mt 28, 20)" (Juan Pablo II, Disc. a la Adoración nocturna española, Madrid, 31-octubre-1982).

La Iglesia vive de la Eucaristía; su corazón es la Eucaristía y si quiere vivir en santidad y desempeñar su misión evangelizadora y apostólica, habrá de cuidar y potenciar su vida eucarística y los muchos ratos de adoración eucarística, de rodillas ante el Santísimo Sacramento.

El cuidado de la vida eucarística y de las horas de adoración influye realmente e incide de veras en la calidad de la evangelización y en la transformación de los corazones. La Iglesia se descubre a sí misma como Iglesia cuando adora a su Señor y Esposo en la Eucaristía. 

 
"2. Se comprende por la fe que la Sagrada Eucaristía constituye el don más grande que Cristo ha ofrecido y ofrece permanentemente a su Esposa. Es la raíz y cumbre de la vida cristiana y de toda acción de la Iglesia. Es nuestro mayor tesoro que contiene “todo el bien espiritual de la Iglesia” (Presbyterorum Ordinis, 5).  Ella debe cuidar celosamente cuanto se refiere a este misterio y afirmarlo en su integridad, como punto central y prueba de aquella auténtica renovación espiritual propuesta por el último concilio.
En esta Hostia consagrada se compendian las palabras de Cristo, su vida ofrecida al Padre por nosotros y la gloria de su Cuerpo resucitado. En vuestras horas ante la Hostia santa habéis advertido que esta presencia del Emmanuel, Dios-con-nosotros, es a la vez un misterio de fe, una prenda de esperanza y la fuente de caridad con Dios y entre los hombres" (id.).

viernes, 15 de diciembre de 2017

Espiritualidad de la Adoración (XXVIII)

El sacramento eucarístico no se agota ni se encierra a los límites de su celebración. Por el contrario, la fe, la piedad y la teología, descubriendo esa Presencia permanente del Señor en el sacramento, ha prolongado su amor en la adoración y culto a la Eucaristía fuera de la misa.

ImageDurante una época muy concreta, vivir la Eucaristía se entendió sólo como el momento de celebrarla, abandonando prácticas de piedad personal y comunitaria, eliminando el culto eucarístico, la exposición del Santísimo, y dejando de realizar la visita al Señor en el Sagrario.

Sin embargo, Él está.

La Eucaristía, Cristo mismo, se da para estar con Él no solamente en la celebración, sino comunitaria o personalmente, en ratos amplios de adoración eucarística.

Será siempre una riqueza eclesial potenciar la adoración eucarística allí donde se realice, o comenzar a vivirla allí donde se hubiese suprimido. Este sí es un camino pastoral interesante.

Atendamos a esta homilía de Benedicto XVI sobre el sentido de adoración que implica la Eucaristía misma:


Esta tarde, quisiera meditar con vosotros sobre dos aspectos, entrelazados entre sí, del Misterio eucarístico: el culto de la Eucaristía y su sacralidad. Es importante volver a tomarlos en consideración para preservarlos de visiones incompletas del mismo Misterio, como las que se han verificado en el pasado reciente.

Ante todo, una reflexión sobre el valor del culto eucarístico, en particular de la adoración del Santísimo Sacramento. 

sábado, 18 de noviembre de 2017

Espiritualidad de la adoración (XXVII)


Jean GUITTON, La adoración en crisis, en: L´Osser Rom, ed. española, 8-marzo-1970, p. 2

 
"El silencio, la adoración, la soledad, el recogimiento son valores que están en baja en nuestra cultura moderna. La palabra "piedad", tan cara a Virgilio, se ha devaluado; e incluso quizá se toma en sentido peyorativo, como signo de debilidad, de retorno a la infancia y a la superstición.

 
Por otra parte, comprendo perfectamente por qué reacciona así la joven generación: ha sido víctima de demasiadas hipocresías, coacciones y mascaradas. El simple arrodillarse no significa adorar, como tampoco significa orar el estar solo, con la cabeza entre las manos. Cuántos silencios falsos se dan, poblados únicamente por nuestra fantasía.

La época postconciliar debe caracterizarse por la revisión de los valores tradicionales, para devolverlos a su primitivo esplendor. Se trata, por tanto, de purificar las antiguas formas de la piedad de siempre para encontrar su esencia. Estoy convencido de esto y lo he repetido tantas veces, mucho antes de que se celebrase el Concilio. Pero me viene a la memoria aquel amigo que -tratando de limpiar con gran cuidado el retrato de un antepasado-, al mismo tiempo que le quitaba la suciedad le hizo desaparecer también la nariz. Y recuerdo igualmente el famoso dicho de los ingleses: "No arrojes al niño al tirar el agua del baño".

jueves, 19 de octubre de 2017

Espiritualidad de la adoración (XXVI)

Con palabras sencillas, dirigidas a niños que le preguntaban, el papa Benedicto XVI explicó qué es la adoración eucarística y con dichas palabras nosotros podremos aprender con humildad a adorar.

"Adriano:  Santo Padre, nos han dicho que hoy haremos adoración eucarística. ¿Qué es? ¿Cómo se hace? ¿Puedes explicárnoslo? Gracias.

Bueno, ¿qué es la adoración eucarística?, ¿cómo se hace? Lo veremos enseguida, porque todo está bien preparado:  rezaremos oraciones, entonaremos cantos, nos pondremos de rodillas, y así estaremos delante de Jesús. Pero, naturalmente, tu pregunta exige una respuesta más profunda:  no sólo cómo se hace, sino también qué es la adoración. Diría que la adoración es reconocer que Jesús es mi Señor, que Jesús me señala el camino que debo tomar, me hace comprender que sólo vivo bien si conozco el camino indicado por él, sólo si sigo el camino que él me señala. Así pues, adorar es decir:  "Jesús, yo soy tuyo y te sigo en mi vida; no quisiera perder jamás esta amistad, esta comunión contigo". También podría decir que la adoración es, en su esencia, un abrazo con Jesús, en el que le digo:  "Yo soy tuyo y te pido que tú también estés siempre conmigo"" (Benedicto XVI, Encuentro con los niños de primera comunión, 15-octubre-2005).

sábado, 9 de septiembre de 2017

Espiritualidad de la adoración (XXV)

Una sencilla palabra sobre la adoración eucarística, con tal de que la comprendamos mejor, la vivimos amorosamente, la propaguemos fervientemente.


"Un tercer elemento, que de manera cada vez más natural y central forma parte de las Jornadas Mundiales de la Juventud, y de la espiritualidad que proviene de ellas, es la adoración. Fue inolvidable para mí, durante mi viaje en el Reino Unido, el momento en Hyde Park, en que decenas de miles de personas, en su mayoría jóvenes, respondieron con un intenso silencio a la presencia del Señor en el Santísimo Sacramento, adorándolo. Lo mismo sucedió, de modo más reducido, en Zagreb, y de nuevo en Madrid, tras el temporal que amenazaba con estropear todo el encuentro nocturno, al no funcionar los micrófonos. 

Dios es omnipresente, sí. Pero la presencia corpórea de Cristo resucitado es otra cosa, algo nuevo. El Resucitado viene en medio de nosotros. Y entonces no podemos sino decir con el apóstol Tomás: «Señor mío y Dios mío». La adoración es ante todo un acto de fe: el acto de fe como tal. Dios no es una hipótesis cualquiera, posible o imposible, sobre el origen del universo. Él está allí. Y si él está presente, yo me inclino ante él. Entonces, razón, voluntad y corazón se abren hacia él, a partir de él. En Cristo resucitado está presente el Dios que se ha hecho hombre, que sufrió por nosotros porque nos ama. Entramos en esta certeza del amor corpóreo de Dios por nosotros, y lo hacemos amando con él. Esto es adoración, y esto marcará después mi vida. Sólo así puedo celebrar también la Eucaristía de modo adecuado y recibir rectamente el Cuerpo del Señor" (Benedicto XVI, Disc. a la Curia romana, 22-diciembre-2011).

sábado, 12 de agosto de 2017

Espiritualidad de la adoración (XXIV)

La presencia de Jesús en el sagrario, o expuesto en la custodia, ha sido siempre un polo de atracción fascinante para los santos. Ahí descubrían la cercanía de Cristo, su bondad y su amor, y acudían para estar con el Señor, dejarse llenar de Él y entregarle cada uno lo que era, lo que hacía, lo que deseaba en su corazón; ahí permanecían amando, orando, intercediendo, reparando, alabando, dando gracias.


Una oración de santa Teresa del Niño Jesús,  "a Jesús en el sagrario" (Or 7) nos permite barruntar algo de lo que los santos descubrían y vivían ante el sagrario. Así nosotros, en la escuela de los santos, aprendemos también la gran lección de la adoración eucarística y del trato con el Señor en la Eucaristía.

"¡Oh Dios escondido en la prisión del sagrario!, todas las noches vengo feliz a tu lado para darte gracias por todos los beneficios que me has concedido y para pedirte perdón por las faltas que he cometido en esta jornada, que acaba de pasar como un sueño...

martes, 18 de julio de 2017

Espiritualidad de la adoración (XXIII)

La postura propia de la adoración eucarística es estar de rodillas. La genuflexión, doblando la rodilla derecha hasta el suelo, con reverencia, es el saludo al Señor. Luego la oración personal, todo el tiempo que se pueda, estando de rodillas, en adoración, reconociendo la grandeza de Cristo y la propia pequeñez ante Él.


En la liturgia de la misa expresamos nuestra fe en la presencia real de Cristo bajo las especies de pan y de vino, entre otras maneras, arrodillándonos o inclinándonos profundamente en señal de adoración al Señor (CAT 1378).

miércoles, 21 de junio de 2017

Espiritualidad de la adoración (XXII)

Lejos de un intimismo conformista, o de un refugio acomodado, en el que adormecer la conciencia, la adoración eucarística tanto en la celebración como en el culto eucarístico fuera de la misa, despierta, impulsa y envía. Es un revulsivo que conmueve el dinamismo personal ante la Presencia misma del Señor, ya que para Él nada hay oculto. Desvelando nuestro interior, lo purifica y sanea, y una vez limpiado el interior, envía al mundo.

Cuando la adoración eucarística es sincera, reposada, sin atarnos a los libros de meditación o un recitar apresurado de fórmulas, sino sosegando el corazón para que mire a Cristo, inevitablemente su Presencia hace que aflore la conciencia y salgan a la luz, no sólo las debilidades, sino los ídolos a los que hemos inmolado ya sea la inteligencia, ya sea el afecto. La libertad la hemos atado, y sin embargo, Cristo nos ha hecho libres para vivir en libertad (cf. Gal 5,1).

Su Presencia en el Sacramento descubre la idolatría del corazón, rompe las cadenas, y con su gracia, se destruyen esos ídolos tan grandes pero con pies de barro. La libertad viene de Cristo y la adoración eucarística permite crecer en la libertad de los hijos de Dios.


jueves, 1 de junio de 2017

Espiritualidad de la adoración (XXI)

Permanecer en adoración ante Cristo-eucaristía es algo cargado de consecuencias, situando de nuevo al orante ante el Misterio y ante sus propias decisiones y respuestas libres ante el Misterio. Ni es banal ni trivial ni devocionalismo la adoración eucarística, sino que ésta alcanza dimensiones grandes, capaces de tocar a la persona en su centro vital.


1) El hombre busca a Dios, lo necesita, lo reconoce, pero quien primero ha salido al encuentro del hombre ha sido Dios mismo. Sería imposible al hombre, criatura humana, llegar a reconocer todo lo que Dios es y abrazarlo en su Misterio. Si el alma busca a Dios, mucho más la busca Dios a ella, afirma taxativamente san Juan de la Cruz en Llama de amor viva (3,28).

No basta sólo el auxilio de la razón para encontrar a Dios, sino que es necesaria la fe que lo reconoce y se entrega a Él. Esta fe es la que nos permite escuchar a Cristo y sus palabras: "Esto es mi Cuerpo", permitiendo así que la Eucaristía sea la Presencia de Cristo, indudable, certera y amorosa.

domingo, 14 de mayo de 2017

Espiritualidad de la adoración (XX)

Cristo, con su glorificación y ascensión a los cielos, no ha desaparecido de la escena terrestre, ni nos ha dejado huérfanos; su presencia ha continuado ahora entre nosotros de modo sacramental. Ha cumplido así su promesa: "Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28,20).


El Señor permanece con su Iglesia de un modo tangible, tremendamente cercano, en el sacramento de la Eucaristía, y la Iglesia, reconociéndole presente, vive el culto eucarístico como un tesoro de aliento y un impulso de vida y santidad. Cristo está con nosotros, permanece con nosotros.

Jesús nos pidió que permaneciéramos en su amor, como Él permanece en el amor del Padre, ofreciéndonos así una posibilidad de vida y amor que brota del seno de la Trinidad.

martes, 25 de abril de 2017

Espiritualidad de la adoración (XIX)

De unos años para acá se ha recuperado ampliamente el culto a la Eucaristía fuera de la misa, que durante un tiempo estuvo muy apagado por una falsa teología y una mala pastoral: sólo se veía lo comunitario y festivo, las iglesias sólo se abrían para el culto litúrgico-comunitario y se veía como algo pasado de moda e intimista la adoración eucarística.


Sin embargo, es un signo del Espíritu Santo el reflorecimiento de esta piedad eucarística que responde a la verdad del Sacramento y a la búsqueda espiritual del alma. 

Allí donde se ha ido cuidando la adoración eucarística y se ha propiciado que existan tiempos amplios de silencio y adoración de Cristo, allí la vida cristiana ha florecido, la vida interior se ha consolidado. Para recorrer el camino de la santidad, y suscitar este anhelo de santidad, nada más dulce, nada más eficaz, que la adoración eucarística en las parroquias, comunidades, asociaciones cristianas, movimientos, etc.

domingo, 12 de marzo de 2017

Espiritualidad de la adoración (XVIII)

La fe nace de un encuentro personalísimo y único con Cristo. No es fruto de la razón ni de la voluntad; no viene la fe por un esfuerzo de la razón o por un compromiso ético, como si todo dependiera de nosotros. La fe es un don de Dios, preciosísimo, que surge en nosotros cuando Cristo entra en nuestra vida, nos llama mirándonos a los ojos, nos pregunta: '¿qué buscas?' y al manifestar nuestro deseo, nos acoge íntimamente y nos invita a realizar una experiencia única, la de estar con Él: 'venid y veréis'.


La fe es algo más que un conjunto de verdades reveladas, perfectas; a este contenido objetivo de la fe corresponde también algo subjetivo, la vida entera que se fía del Señor y se pone en marcha, siguiendo al Señor. La confianza en Jesucristo determina la fe verdadera. La fe se hace confianza personal en Cristo, a quien se le entrega la vida, y seguimiento tras sus huellas.

jueves, 26 de enero de 2017

Espiritualidad de la adoración (XVII)

El camino de la santidad es arduo: la puerta es estrecha y a la Gracia que se recibe hay que corresponder con la inteligencia y con la voluntad, con todo el ser.

Cada cual, en su estado de vida, necesitará la fuerza de la Eucaristía para vivir así como para avanzar en la vida cristiana.


La santidad, lo sabemos, no consiste en elementos y hechos extraordinarios, sino en la profundidad cristiana y sobrenatural con la que cada cual vive y desarrolla las obligaciones y trabajos de su propio estado de vida: el sacerdote como sacerdote, el casado como casado, el religioso como religioso, el seglar como seglar en el mundo.

El apoyo y las luces necesarias para vivir así, se reciben de la Eucaristía, no solamente celebrada, sino también adorada en los largos y silenciosos ratos de adoración eucarística, junto al Señor en el Sagrario o en la custodia. Así se vive en una clave fundamental: la clave de la gracia. La santidad cristiana requiere de Cristo, no del voluntarismo, de una fría ascesis tantas veces orgullosa, de un compromiso ético por un gran ideal. La santidad no depende del esfuerzo humano, sino de la respuesta al Don de Cristo.

sábado, 10 de diciembre de 2016

Espiritualidad de la adoración (XVI)

Muy vinculada a la devoción al Corazón de Jesús, la adoración eucarística establece una corriente de amor, de reparación, de intercesión, de expiación, entre el corazón orante y el Corazón divino del Redentor.


La devoción al Corazón de Jesús, expresada siempre el primer viernes de mes, más que vinculada a una imagen o una iconografía concreta, está dirigida al Corazón vivo de Cristo, a su Persona, presente realmente en la Eucaristía. Así, estar ante la custodia o de rodillas ante el Sagrario, es el mejor homenaje de amor y reparación al Corazón de Cristo y nace así una espiritualidad sencilla y honda.

El cristianismo es el encuentro personalísimo con el Señor, donde Él muestra todo su amor, su interioridad, su Corazón y esto se convierte en un acontecimiento decisivo en la existencia. Se descubre uno profundamente amado por el Señor y trata entonces de responder con amor a Quien tanto lo ama. En este sentido se entienden las bellísimas palabras de Benedicto XVI:

domingo, 30 de octubre de 2016

Espiritualidad de la adoración (XV)

Ser iniciados en la oración es tarea amplia, y hay que pensarla como algo a largo plazo, porque todo aprendizaje es delicado para asumir contenidos, integrarlos y hacerlos nuestros de manera que broten con espontaneidad.


El aprendizaje o la iniciación a la adoración eucarística también lleva su tiempo. Pero se comienza el aprendizaje estando de rodillas muchas veces ante el Señor en la custodia. Las técnicas y los consejos vendrán luego a iluminar las situaciones personalísimas de cada orante. 

Uno comienza estando, y estando de rodillas, mucho tiempo, mirando al Señor eucarístico.

Después comienza la oración, el tiempo, la pobreza del corazón ante el Señor, las dificultades; es cuando hay que perseverar y dejarse iluminar.

sábado, 24 de septiembre de 2016

Espiritualidad de la adoración (XIV)

La espiritualidad de la adoración eucarística nos lleva a la confianza y abandono en Dios. Horas y horas de trato personal con Jesucristo en el Sacramento afianzan la confianza, ya que sólo se puede confiar en quien se quiere, con quien se trata.


La amistad va creciendo en el trato continuo, asiduo, y es ese trato continuo el que va demostrando cómo uno se puede fiar del amigo, entregarle la confidencia y la llave del corazón. Mucho más con Jesucristo: la confianza y el abandono en sus manos sólo se darán cuando haya un trato continuo durante las horas de adoración.

En las manos de Cristo se pone todo: el pasado, el presente y el futuro; en sus manos se ponen los problemas, las dificultades y las luchas; con Él el corazón se abre por completo y descubre todos los recovecos, sabiendo que Cristo acoge y recibe y busca en todo nuestro bien.

martes, 2 de agosto de 2016

Espiritualidad de la adoración (XIII)

El reconocimiento de la Presencia real de Cristo en la Eucaristía condujo de forma natural a la Iglesia a ofrecerle un culto de adoración -culto latreútico- como corresponde sólo a Dios, muy distinto de la veneración de las imágenes o de las reliquias.


Cristo, el Señor resucitado y glorificado, está verdaderamente presente entre nosotros en el sacramento de la Eucaristía. Su Presencia no se limita a la Santa Misa sino que el Pan consagrado se reserva y se guarda con amor en el Sagrario y se expone en la custodia para verlo y adorarlo. Simplemente, porque es Él, Él mismo.

La adoración a Cristo, que brota de la fe en su Presencia real y del amor a su Presencia, se vive de distintos modos que son complementarios y no alternativos, es decir, todos hemos de irlos viviendo y todos han de ser igualmente inculcados.

viernes, 10 de junio de 2016

Espiritualidad de la adoración (XII)

¿Qué hacer cuando llegamos y vamos a comenzar nuestro rato de adoración?

Lo primero es, desde luego, hacer la genuflexión (rodilla derecha en tierra), despacio, con devoción y reverencia, y en nuestro lugar, arrodillarnos para comenzar la oración. Está el Corazón de Cristo vivo en el Sacramento y el propio corazón ante el Señor, pero también están los hermanos en esta oración, la Comunión de los santos entera.

Entonces un acto de amor al Señor, un reconocimiento de su Presencia, disponiéndose a estar con Él será el primer momento. Abierto el corazón ante el Señor en la adoración eucarística, se comienza a orar, amando y sabiéndose amado por Cristo vivo y presente.

"Id a nuestro Señor tal como seáis, encomendadle a todos aquellos que se preparan de mil maneras para vivir sus tiempos de adoración.

Tened una meditación natural. 

Agotad vuestro fondo de piedad y de amor antes que serviros de libros. 
Amad el libro inagotable de la humildad del amor. Que un libro piadoso os acompañe para permitiros retomar el buen camino cuando el espíritu se extravíe o cuando vuestros sentidos se adormezcan, porque es un gran bien. 
Pero recordad que nuestro buen Maestro prefiere la pobreza de de nuestro corazón a los más sublimes pensamientos y afectos prestados de otros.