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miércoles, 18 de septiembre de 2019

Imperativo y necesidad (Palabras sobre la santidad - LXXV)



Hay un mandato urgente y grave: “Sed santos” (Lv 19,8), “Sed perfectos como vuestro Padre…” (Mt 5,48), “ésta es la volunta de Dios, vuestra santificación” (1Ts 4,3), que se recibe consciente del largo trecho que aún nos aguarda. Es un imperativo del Señor para sus hijos, ¡sed santos!, y al mismo tiempo, reconocemos que es una necesidad para el bien de la Iglesia, de los hombres, del mundo.



Lo que se edifique sobre la base de la santidad será sólido y bueno; lo que se construye sin santidad, sólo por esfuerzo o buenismo moral o activismo, se destruye pronto, se derrumba… sin contar que el pecado personal vuelve estéril o infecundo cuanto hagamos.

Imperativo y necesidad de santidad, sí, que incluye a todos y abarca a todo bautizado. Ninguno se puede contentar con una vida cristiana bajo mínimos, con un seguimiento acomodado al propio capricho, con una vida insulsa o inconsistente. El signo de la santidad debe brillar en todos los hijos de Dios, en todas las acciones, apostolados y misiones; debe darse en cada momento, cada paso y cada instante de un hijo de la Iglesia; debe marcar hasta las cosas más sencillas y cotidianas –“ya comáis, ya bebáis…” (1Co 10,31)-, en toda pequeña obra de misericordia.

domingo, 22 de septiembre de 2013

La ascesis de quien quiere crecer

Un buen entrenamiento nos confiere agilidad, presteza.

El ejercicio -¡dicen!- es bueno para la salud.

Pero hay ejercicios que deben ser repetidos, con frecuencia diaria, para capacitarnos a algo. ¡Ay, los músculos del alma! Demasiado atrofiados, algo flojos, quizás entumecidos. Esta "gimnasia" espiritual, ejercicio, trabajo interior constante y esforzado se llama ascesis en el lenguaje cristiano. Significa lucha, entrenamiento.


Claro está que no por el esfuerzo uno se santifica... pero sí es verdad que hay que arar el terreno y arrancar las hierbas que estorban para que la tierra del corazón reciba la semilla de la Gracia; y luego vendrá otro entrenamiento, otro ejercicio: cultivar la tierra sembrada por Dios para que dé frutos, con constantes cuidados.

La ascesis es necesaria para cultivar lo bueno, fortalecer lo débil, afianzar pequeñas virtudes, y que otras se puedan ir desarrollando.

"Leyendo en la Escritura lo elevados que deben ser los pensamientos y el espíritu de los cristianos, olvidamos fácilmente que el espíritu cristiano es fruto del tiempo, y que por más deseable y necesario que sea poseerlo, no podemos imponerlo a nuestras mentes. También olvidamos que no basta con expresar sentimientos religiosos para ser religioso (es más bien al contrario), mientas que, si nos esforzásemos por obedecer en todo a la voluntad divina, eso nos permitiría entrenar de verdad el corazón para que pudiese alcanzar la plenitud del espíritu cristiano" (Newman, PPS I 18, 232-233).