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miércoles, 7 de agosto de 2019

Religión, cristianismo, espíritu humano



Quien responde a ese deseo y búsqueda del espíritu humano, quien es la respuesta al sentido religioso del hombre, es Dios en la Persona de Jesucristo. Todo cambia. 

La religión no es el esfuerzo ni la búsqueda de Dios por parte del hombre, ni el rito y culto vacíos ante un Dios desconocido e inalcanzable; la religión es el vínculo de unión, la religación, de Dios con el hombre. 



Dios ha abierto un Camino para encontrarse con el hombre; éste sólo tiene que recorrerlo.

¡Qué gran novedad! El Acontecimiento de la Encarnación y nacimiento de Jesucristo es el Hecho determinante de la larga historia de esta humanidad: ya nada será igual. Todo es nuevo, todo es salvador, todo es gracia. 

La vida humana cobra un nuevo sentido, una orientación diversa, un gusto, un afecto y pasión sin los cuales la vida sería no un drama sino una tragedia; no un sentido sino un absurdo. 

Los hombres ya no están desorientados: tienen una Luz; la humanidad no camina hacia la muerte y la destrucción, sino hacia la Vida y Resurrección; los hombres no están perdidos, sino encontrados por el Buen Pastor; la humanidad no marcha hacia el absurdo, sino hacia un Destino glorioso, una Meta, el Misterio. ¡Qué paz adquirir la conciencia de ese destino! 

jueves, 1 de agosto de 2019

Sentido religioso natural



1. En el hombre hay un sentido religioso natural, aunque parezca a veces adormecido o disimulado (culturalmente, socialmente, hoy no está de moda). Tiene todo hombre una sed de felicidad, de vida y de trascendencia que le hace siempre desear algo más, ser algo más de lo que ya es, esperar algo más que responda a ese deseo, necesidad y carencia que descubre. 



Ese es el sentido religioso que lo conmueve ante determinadas experiencias que le son profundamente significativas y que le abren a la trascendencia y al Misterio: la experiencia de un nacimiento o del fallecimiento de un ser querido; la experiencia del afecto sincero, noble y limpio (del matrimonio, de la paternidad o filiación, de la amistad); el espectáculo admirable de la creación en su belleza y orden (un amanecer, una puesta del sol, un bosque, el mar...) o ante una obra artística que con su perfección y líneas mueve al hombre en sus resortes afectivos, estéticos y espirituales (por ejemplo, una ilustración mozárabe, un lienzo, una catedral gótica, un bello edificio renacentista, un templo barroco, o las notas de una Misa barroca, de un Concierto de órgano, de una Sinfonía romántica, etc., etc.). 

La verdadera y genuina cultura humana es demostración de ese sentido religioso que todo lo impregna y en todo se expresa. Esas experiencias son manifestación del espíritu religioso del hombre: busca experiencias trascendentes, necesita respuestas a los interrogantes profundos, a las cuestiones en las que se resuelve su sentido y su Destino, quiere alcanzar y tocar el Misterio, el Ser Supremo, Dios mismo.

2. Todas y cada una de las religiones han tratado de dar respuesta al espíritu humano; todas y cada una de ellas son intentos, más o menos logrados, más o menos certeros, por llegar a Dios, que es el impulso y deseo último del hombre. Las religiones son proyecciones del sentido religioso del hombre en su corazón -sentido creado por Dios para que el hombre le busque, dicho sea de paso-. 

lunes, 5 de septiembre de 2016

Universidad y cultura

No estamos cerrados a la cultura, ni podemos situarnos de manera cerrada ante la cultura, ni rechazarla, sino que empleando la inteligencia iluminada por la fe, fecundarla, elevarla, purificarla.

A la Iglesia no le es indiferente la cultura ni la evangelización de la cultura, sino que, con sus medios propios, quiere estar presente ofreciendo un trabajo de discernimiento y purificación.


Por tal razón, el mundo universitario entra por derecho propio en la acción de la Iglesia y la palabra de la Iglesia es necesaria para orientar a los jóvenes universitarios y a los docentes en la tarea formativa. En la universidad de va fraguando la cultura, lentamente, para toda una generación. ¿Cómo estar en la universidad? ¿Qué se debe esperar de ella? ¿Cuáles serían sus objetivos? ¿Es indiferente ser católico o no a la hora de abordar unos estudios o de considerar la cultura de una época?

Un discurso de Benedicto XVI ofrece pistas necesarias y sabias.

"El hombre y la mujer no pueden alcanzar un nivel de vida verdadera y plenamente humano si no es mediante la cultura (Conc. Ecum. Vat. II, Const. Gaudium et Spes, 53); y la Iglesia está atenta a que la centralidad de la persona humana sea artífice de la actividad cultural que es su último destinatario.

Hoy, más que nunca, la apertura recíproca entre las culturas es el terreno privilegiado para el diálogo entre los que están comprometidos en la búsqueda de un humanismo auténtico. El encuentro de las culturas en el ámbito universitario debe ser, por tanto, animado y apoyado, teniendo como base los principios humanos y cristianos, los valores universales, para que ayude a hacer crecer a una nueva generación capaz de diálogo y discernimiento, comprometida a difundir el respeto y la colaboración por la paz y el desarrollo. Los estudiantes internacionales, de hecho, tienen la potencialidad de convertirse, con su formación intelectual, cultural y espiritual, en artífices y protagonistas de un mundo con un rostro más humano. Espero vivamente que haya buenos programas a nivel continental y mundial para ofrecer a muchos jóvenes esta oportunidad.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Incidencia social de la evangelización

La evangelización, una realidad fundamental propia del ser-Iglesia, tiende a anunciar a Jesucristo y su llamada a la conversión y al seguimiento en todas partes, en todos los ámbitos posibles. Reducir evangelización a una sala de catequesis para la infancia, pensando que con eso es suficiente, es un signo de ceguera ante la secularización.


La evangelización penetra y fecunda todas las realidades humanas, también las realidades temporales y sociales, para que el espíritu de Cristo lo impregne todo, lo salve todo purificándolo.

Hay ámbitos que son propios para la acción directa del laicado a la hora de evangelizar: la política, la economía, la cultura, el arte, los medios de comunicación, la enseñanza... Es la vida social, que sin Cristo, se vuelve contra el hombre y la vida misma, pero que, transformados en Cristo, hacen una sociedad verdaderamente humana, que responde a su fin, al bien, a la belleza, a la verdad.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Matricularse en la Universidad (y II)

A la hora de ir a la Universidad y pasar unos años decisivos en ella, habría que preguntarse: ¿Qué es la Universidad? ¿Qué puedo esperar y qué debo buscar en ella? También todos los demás habremos de mirar a la Universidad sabiendo lo que es y la función primordial que representa para la vida social, para la cultura, para la formación de las distintas generaciones.

Y para saber y valorar la Universidad, y los jóvenes y docentes para vivirla intensa y profundamente, la fe católica ilumina nuestra propia razón para valorarla justamente y aunar esfuerzos y búsquedas.

Son descriptivas las palabras del papa Benedicto XVI:

"Pero ahora debemos preguntarnos: ¿Y qué es la universidad?, ¿cuál es su tarea? Es una pregunta de enorme alcance, a la cual, una vez más, sólo puedo tratar de responder de una forma casi telegráfica con algunas observaciones. Creo que se puede decir que el verdadero e íntimo origen de la universidad está en el afán de conocimiento, que es propio del hombre. Quiere saber qué es todo lo que le rodea. Quiere la verdad. En este sentido, se puede decir que el impulso del que nació la universidad occidental fue el cuestionamiento de Sócrates. Pienso, por ejemplo —por mencionar sólo un texto—, en la disputa con Eutifrón, el cual defiende ante Sócrates la religión mítica y su devoción. A eso, Sócrates contrapone la pregunta: "¿Tú crees que existe realmente entre los dioses una guerra mutua y terribles enemistades y combates...? Eutifrón, ¿debemos decir que todo eso es efectivamente verdadero?" (6 b c). En esta pregunta, aparentemente poco devota —pero que en Sócrates se debía a una religiosidad más profunda y más pura, de la búsqueda del Dios verdaderamente divino—, los cristianos de los primeros siglos se reconocieron a sí mismos y su camino.

sábado, 12 de septiembre de 2015

Matricularse en la Universidad (I)

La Universidad es un templo del saber, el lugar para potenciar la razón y saberla usar. Muchos jóvenes se matriculan en la Universidad, y para los jóvenes católicos, y para quienes se relacionan con el mundo académico en los estudios superiores, debe ser vivido el ámbito universitario como un desafío, un reto, para desarrollar su razón y crecer en la sabiduría, guiados por la fe. Será la fe la que acompañe y purifique la razón. Esto ha de ser integrado en los católicos que viven su etapa de formación universitaria.


La razón se reduce cuando se limite a lo empírico, a lo meramente experimentable, sin buscar las razones y causas últimas, sin buscar el sentido. La razón se ha limitado al ámbito de lo verificable mediante experimento, el método prueba-error, haciendo de la razón una "razón práctica". Se acumulan conocimientos técnicos, pero se ha renunciado a buscar la Verdad y ha dejarse interpelar por los interrogantes últimos.

La razón está abierta al Misterio, consciente de que es mucho lo que puede abarcar y comprender, pero que el Misterio es siempre mayor que la propia capacidad humana de análisis racional. El racionalismo cierra la razón en sí misma, y todo lo somete al imperio de la razón, rechazando orgullosamente aquello que se le escape y no pueda dar una explicación racional.

En la Universidad, bien vivida y con deseo de sinceridad y Verdad, un joven católico y un docente pueden trabajar fecundamente cuando unen fe y razón, pues ese es el ámbito más verdadero de la Universidad, no simplemente el curriculum de créditos, exámenes y trabajos. La Universidad es algo más: el ámbito del Logos, de la razón. Con palabras del papa Benedicto XVI:

jueves, 16 de julio de 2015

La Iglesia como instancia crítica

La Iglesia, por su propia naturaleza, es una instancia crítica que purifica la razón, que la ayuda en el desempeño de su misión: contemplar la Verdad.


Ante la cultura que niega la Verdad, o que instrumentaliza el uso de la razón, o que niega su capacidad de conocimiento (pensamiento débil) y la reduce a lo experimental, lo técnico o lo científico, la Iglesia se convierte en valedora de la razón. Sí, valedora de la razón, su defensora leal, sin los recortes de la Ilustración, del racionalismo o de la post-modernidad.

Esto conlleva sus consecuencias prácticas y pastorales y asumir una misión en el seno de la cultura occidental. Necesitaremos una mente abierta, despierta, para asumir estos nuevos retos que tal vez no nos parezcan inmediatos pero que son las bases de la vida social, cultural y familiar.

El trabajo y la reflexión las marcan un discurso del papa Benedicto XVI; lo que señala para Estados Unidos -es un discurso a un grupo de obispos en visita ad limina- es válido para toda cultura occidental.


"La Iglesia en Estados Unidos, por su parte, está llamada, en todo tiempo oportuno y no oportuno, a proclamar el Evangelio que no sólo propone verdades morales inmutables, sino que lo hace precisamente como clave para la felicidad humana y la prosperidad social (cf. Gaudium et spes, 10). Algunas tendencias culturales actuales, en la medida en que contienen elementos que quieren limitar la proclamación de esas verdades, sea reduciéndola dentro de los confines de una racionalidad meramente científica sea suprimiéndola en nombre del poder político o del gobierno de la mayoría, representan una amenaza no sólo para la fe cristiana, sino también para la humanidad misma y para la verdad más profunda sobre nuestro ser y nuestra vocación última, nuestra relación con Dios. Cuando una cultura busca suprimir la dimensión del misterio último y cerrar las puertas a la verdad trascendente, inevitablemente se empobrece y se convierte en presa de una lectura reduccionista y totalitaria de la persona humana y de la naturaleza de la sociedad, como lo intuyó con gran claridad el Papa Juan Pablo II.

viernes, 19 de junio de 2015

Santidad, cultura y razón (Palabras sobre la santidad - XIV)

En el mundo de la cultura, el mundo del pensamiento, de la investigación, de la Universidad, del arte..., el mundo de la razón y de la búsqueda de la Verdad, también los santos son necesarios.


Ellos pueden, por su vida interior llena de Dios, emplear la razón plena y absolutamente, sin las cortapisas de la ideología o de un pensamiento débil que desconfía de la razón y apoya el vitalismo del sentimiento. Ellos, los santos, por su experiencia de Dios, pueden buscar y mostrar la Verdad enfrentándose al nihilismo reinante y al relativismo que afirman que la Verdad no existe, que todo depende de las opciones personales de cada uno y que no existe nada más allá de lo que vemos y sentimos. Éste es el pensamiento de la postmodernidad... que se infiltra en las aulas, en la tele, en el cine, en los debates, en los libros y novelas...

lunes, 17 de noviembre de 2014

Magisterio: sobre la evangelización (XXIII)

La nueva evangelización impulsa a salir más allá, a ir más allá, salir al encuentro de los hombres de hoy en sus ambientes, en sus búsquedas, en su mundo y cultura.

Muchos hoy viven un agnosticismo práctico -pese a estar bautizados, pero jamás evangelizados- y otros se sumergen en la postura de un ateísmo de nuevo cuño, marcado, probablemente, con el uso de la razón cerrada realmente a lo razonable, endiosando sus propios límites.

Pero, qué duda cabe, en ese mundo de agnosticismo y ateísmo, normalmente con personas de formación cultural y académica nada desdeñable, hay una búsqueda más o menos conscientes de la Verdad, pues el deseo de la Verdad siempre permanece aunque se pretenda ahogarlo. El diálogo es método para buscar la Verdad. Y ese diálogo es hoy compromiso para una nueva evangelización.

Esa iniciativa toma forma y nombre con Benedicto XVI, "el atrio de los gentiles", impulsado por el convencimiento profundo y claro de la unión entre fe y razón -cosa no tan clara en muchos sectores de la Iglesia-. Se trata de dialogar y mostrar la Belleza de la fe y su razonabilidad interna. 

"Considero importante sobre todo el hecho de que también las personas que se declaran agnósticas y ateas deben interesarnos a nosotros como creyentes. Cuando hablamos de una nueva evangelización, estas personas tal vez se asustan. No quieren verse a sí mismas como objeto de misión, ni renunciar a su libertad de pensamiento y de voluntad. Pero la cuestión sobre Dios sigue estando también en ellos, aunque no puedan creer en concreto que Dios se ocupa de nosotros. En París hablé de la búsqueda de Dios como motivo fundamental del que nació el monacato occidental y, con él, la cultura occidental" (Benedicto XVI, Discurso a la curia romana, 21-diciembre-2009).

viernes, 26 de septiembre de 2014

Tareas de la Universidad

Para un católico, que sabe que el Logos se ha hecho carne, la Universidad debe ser algo querido e importante, porque es un templo para la sabiduría y para la razón donde la fe empuja a conocer más y mejor, saboreando la sabiduría.

Desde luego habrá que olvidar la imagen de tantas y tantas Facultades que se han convertido en una mera escuela casi de secundaria, con bajísimo nivel intelectual, académico e investigador, para ser un lugar de expender algunos títulos académicos, tras unos exámenes, y con una gran carga ideológico que impide que la razón busque y profundice. Habremos de alejar la imagen, y convertir transformando el hecho mismo, de que la Universidad es un lugar para todos durante bastante años, independientemente del deseo de crecer, de saber y de adquierir un saber universal, integrador. Todos los jóvenes se matriculan en la Universidad sin saber ni el porqué ni el para qué ni desear nada.

"Nuestro tiempo es un tiempo de grandes y rápidas transformaciones, que se reflejan también en la vida universitaria: la cultura humanista parece afectada por un progresivo deterioro, mientras que se pone el acento en las disciplinas llamadas “productivas”, de ámbito tecnológico y económico; hay una tendencia a reducir el horizonte humano al nivel de lo que es mensurable, a eliminar del saber sistemático y crítico, la cuestión fundamental del sentido. La cultura contemporánea, entonces, tiende a confinar a la religión fuera de los espacios de la racionalidad: en la medida en la que las ciencias empíricas monopolizan los territorios de la razón, no parece haber espacio para la razón del creer, por lo que la dimensión religiosa es relegada a la esfera de lo opinable y de lo privado. En este contexto, las motivaciones y las mismas características de la institución universitaria se ponen en cuestión radicalmente.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Magisterio: sobre la evangelización (XX)

La evangelización de Europa es un tema muy querido y repetido en el Magisterio. Tal vez porque Europa nació cristiana, fue una gran evangelizadora, y hoy se encuentra descristianizada y con una secularización galopante y agresiva.

Europa -el Occidente en sentido amplio- ha renegado de sus raíces siguiendo diversas ideologías, y se encuentra perdida, sin referentes. Las crisis económicas, aun siendo tan graves, no son lo peor, sino el reflejo de crisis mayores en el ámbito moral, social, cultural, espiritual. 
"¡Europa necesita a Cristo! !Necesita entrar en contacto con Él, apropiarse de su mensaje, de su amor, de su vida, de su perdón, de sus certezas eternas y exaltantes! Necesita comprender que la Iglesia querida por Él fue fundada con el único fin de transmitir y garantizar la Verdad revelada por Él, y mantener vivos y actuales los medios de salvación instituidos por Él mismo, es decir, los Sacramentos y la oración. Esto lo comprendieron espíritus elegidos y pensantes, como Pascal, Newman, Rosmini, Soloviev, Norwid.
Nos encontramos con una Europa en la que se hace cada vez más fuerte la tentación del ateísmo y del escepticismo; en la que prospera una penosa incertidumbre moral, con la disgregación de la familia y la degeneración de las costumbres; en la que domina un peligroso conflicto de ideas y de movimientos. La crisis de la civilización (Huizinga) y el ocaso de Occidente (Spengler) quieren significar solamente la extrema actualidad y necesidad de Cristo y del Evangelio. El sentido cristiano del hombre, imagen de Dios, según la teología griega tan querida por Cirilo y Metodio y profundizada por san Agustín, es la raíz de los pueblos de Europa y por ello hay que recordarlo con amor y buena voluntad para dar paz y serenidad a nuestra época: sólo así se descubre el sentido humano de la historia, que es en realidad "Historia de salvación"" (Juan Pablo II, Discurso sobre las comunes raíces de las Naciones de Europa, 6-noviembre-1981).

Constatamos, sin duda, la necesidad de emprender una nueva evangelización amplia, pensada a gran escala -siempre mayor que lo local, mayor que el propio campanario-. Se juega el bien de Europa:

jueves, 24 de julio de 2014

Magisterio: sobre la evangelización (XVIII)

¿Retomamos para la nueva evangelización algo que hemos perdido?

Lo hicimos en su momento y fue enriquecedor. La cultura recibió magníficas expresiones y formas, transidas de belleza y espiritualidad, cuando la fe buscó cauces de expresión. Una larga historia lo avala, si se recorre con objetividad.


En vez de ser antagónicas, pensando que la fe es subjetividad y sentimiento, y la cultura es objetividad y razón, la alianza de ambas fue fecundísima.

Pero en un cierto momento, fruto de la modernidad y de otras causas, los caminos se bifurcaron sin llegar a encontrarse. La fe se refugió mucho en sus iglesias perdiendo su influjo en la sociedad, su capacidad de belleza en muchos casos,  y la cultura prescindió de la espiritualidad cristiana para transitar senderos que, en muchas ocasiones, acababan en precipicios.

Hagamos memoria.

jueves, 10 de julio de 2014

La crisis cultural o factores de la cultura hoy

Como si estuviéramos en un salón de catequesis de adultos, pasamos un texto de reflexión y a partir de ahí estudiamos y analizamos. En este caso, una descripción de la cultura secularizada en la que estamos inversos y el laicismo de la mano de Mons. Fernando Sebastián.

A veces, con un gran simplismo, pensamos que la apostasía silenciosa de masas que se han ido alejando de la Iglesia se debe a pequeñísimas cosas, incluso de índole litúrgica (tal o cual forma celebrativa) y que cambiando esto, esas masas retornarían deseosas. Sueñan que las cosas se arreglarían radicalmente con condenas y excomuniones a tal teólogo y la prohibición de aquel otro libro pernicioso.

Pero el fenómeno que vivimos es más amplio y muchísimo más complejo: es la cultura en la que estamos viviendo y de la que somos hijos, el momento histórico de ruptura interna de una civilización y la necesidad de reconstruir algo nuevo y verdadero sobre estas ruinas. Y los hijos de la Iglesia son hijos de su tiempo... y quienes se han alejado o no han llegado ni siquiera a entrar (entrar de verdad, porque sí se han bautizado y hasta casado en la Iglesia) son hijos de este tiempo y piensan y miden todo según las categorías culturales en boga.

Vamos pues a estudiar esta realidad que vivimos.

"El clima general de nuestra sociedad, la cultura dominante, la cultura que cuenta con el beneplácito de las instituciones públicas, con el apoyo del gobierno y de la mayoría de los medios de comunicación, la cultura que más influye en la formación de la mentalidad de las nuevas generaciones y de la gran mayoría del pueblo, es una cultura de raíces ateas, centrada en el bienestar terrestre e inmediato del individuo, sin horizonte de espiritualidad ni de inmortalidad, una cultura materialista, prepotente y cruel, que se reviste de apariencias de solidaridad, pero que en realidad destruye y niega cuanto puede oponerse al logro fácil e inmediato del mayor bienestar material posible. 

viernes, 20 de junio de 2014

Magisterio: sobre la evangelización (XVII)

Ningún ámbito puede estar restringido a la evangelización y a la participación de los católicos. Nuestro lugar no es la sacristía, nuestra acción no se puede limitar a las acciones pastorales dentro el templo, en el ámbito cristiano. Más bien, el lugar de la Iglesia -por tanto, de los católicos- es el mundo, fuera, a la intemperie pero arropados por todos los demás católicos.


Lugar nuevo, muy a la intemperie, y apenas valorado, es la evangelización del mundo de la cultura, de la razón, del diálogo, del arte, del pensamiento. Parece una "evangelización menor" o muy alejada de nosotros, sobre todo si, con estrechez de miras, limitamos la evangelización a cuatro lugares comunes, acciones pastorales de siempre (primeras comuniones, belén viviente...) a las que vemos que, por diversas razones acuden muchísimos, y pensar que con eso solamente "ya están evangelizados", postergando otras acciones como ilusorias, lejanas o pérdida de tiempo (cultura, arte, Internet...).

Sin embargo, la evangelización requiere la presencia y la acción en nuevos campos, y entre ellos destaca todo lo que se podría denominar, globalmente, "cultura".

Al Magisterio pontificio nos remitimos:

"Desde luego, la cultura es un terreno decisivo para el futuro de la fe y para la orientación global de la vida de una nación. Por eso, os pido que prosigáis el trabajo que habéis emprendido para que la voz de los católicos esté constantemente presente en el debate cultural italiano y, más aún, para que se refuerce la capacidad de elaborar racionalmente, a la luz de la fe, los múltiples interrogantes que se plantean en los diversos ámbitos del saber y en las grandes opciones de vida. Además, hoy la cultura y los modelos de comportamiento están cada vez más condicionados y caracterizados por las representaciones que proponen los medios de comunicación:  por tanto, es meritorio el esfuerzo de vuestra Conferencia para tener, también en este nivel, una adecuada capacidad de expresión a fin de proporcionar a todos una interpretación cristiana de los acontecimientos y de los problemas" (Benedicto XVI, Discurso a la Plenaria de la CEI, 30-mayo-2005).

domingo, 20 de octubre de 2013

Raíces de nuestra cultura europea

Tal vez tendríamos que ir abordando en más catequesis el concepto de "sana laicidad" del papa Benedicto XVI, donde sitúa el diálogo fe-razón y el derecho (¡necesidad!) de buscar la Verdad y reconocerla.

En ese marco de sana laicidad, la objetividad en la mirada es importante. Europa nació cristiana, y la fe plasmó una civilización entera, un horizonte cultural desplegado en tantos ámbitos que sería imposible desgranarlos todos: arte, arquitectura, ciencia, educación, Universidad, trabajo, familia, literatura... ¡Cuántos y cuántos literatos o artistas o científicos lo fueron por ser católicos y movidos por su fe católica! Ahora la desmemoria histórica quiere oponerlo todo a la fe, como si el catolicismo se hubiera dedicado a frenar todas esas áreas en lugar de haberlas fomentado rectamente y haber entregado a sus hijos a esas nobles causas.

No. No olvidemos nuestras raíces. Los mejores logros y grandes avances (los verdaderos, no las revoluciones de la Modernidad que subyugan todo) los realizaron hombres movidos y transformados por su fe católica.

No. No olvidemos nuestras raíces. Desgajados de ellas, esta civilización hoy se rompe en mil pedazos, haciéndose añicos, en una crisis cultural, en un cambio de época y de civilización que no sabemos en qué desembocará, pero cuyos "éxitos" sonados ya padecemos (economía que lo supedita todo al interés y el beneficio, relaciones deshumanizadas, vitalismo, pobreza educativa, arte desfigurado en el feísmo, las lacras del aborto, de la eutanasia, del divorcio...).

domingo, 7 de julio de 2013

Un buen libro

Un buen libro es un aliado.

Un buen libro, una buena biblioteca, es fundamental.

Los libros nos elevan, nos muestran horizontes nuevos, permiten aprender.

¡Cuanto más se lee mejor! Sí, cuanto más lee, mejor. Sin embargo, parece que cada vez se lee menos, o se lee un único libro y se cree alguien que ya es un experto por conocer un libro sobre un tema.

Los libros son fundamentales. Diversos temas, diversos autores, diversos enfoques... para que el lector piense por sí mismo, analice, contraste y rece. Sí, rezar. Un buen libro (incluso una novela, un libro de historia o similar) nos eleva a Dios mediante la petición o la acción de gracias.

El nivel de incultura generalizado no fomenta el hábito de la lectura abundante. Repito, abundante: no un libro de vez en cuando, un best-seller "obligatorio", sino la lectura de la mayor variedad posible con espíritu crítico.


¡Qué buen amigo es un libro!

"Decía el Venerable Papa Pío XII que el oficio de un buen libro es educar a una comprensión más profunda de las cosas, a pensar y a reflexionar.

martes, 25 de junio de 2013

Magisterio: sobre la evangelización (VII)

El tesoro de nuesta esperanza es inagotable; de ella hemos de sacar nuevas energías para el impulso de la evangelización. Ésta entendida sin reducciones de ningún tipo.


El mundo de la cultura -de la razón, del pensamiento, del arte, de los medios de comunicación, de los estilos de vida y costumbres- pide una verdadera evangelización.

"El proceso histórico de inculturación del Evangelio y de evangelización de las culturas está aún muy lejos de haber agotado todas sus energías latentes. La novedad eterna del Evangelio encuentra los surgimientos de las culturas en génesis o en proceso de renovación. La aparición de nuevas culturas constituye con toda evidencia una llamada a la valentía y a la inteligencia de todos los creyentes y de los hombres de buena voluntad. Transformaciones sociales y culturales, cambios políticos, fermentaciones ideológicas, inquietudes religiosas, investigaciones éticas: es todo un mundo en gestación que aspira a encontrar forma y orientación, síntesis orgánica y renovación profética. Sepamos sacar respuestas nuevas del tesoro de nuestra esperanza.
...Los pueblos nuevos provocan a las viejas sociedades, como para despertarlas de su hastío. Los jóvenes en búsqueda del ideal aspiran a ofrecer un sentido que imprima valor a la aventura humana. Ni la droga ni la violencia, ni la permisividad ni el nihilismo pueden colmar el vacío de la existencia. Las inteligencias y los corazones buscan luz que ilumine y amor que reanime. Nuestra época nos revela descarnadamente el hambre espiritual y la inmensa esperanza de las conciencias" (Juan Pablo II, Discurso al Pontificio Consejo de la Cultura, 3-enero-1986).

La evangelización hará a la cultura realmente humana, a la medida del hombre, sin manipulaciones ideológicas y, por tanto, facilitando la búsqueda y el acceso del hombre a la Verdad, a Dios mismo.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Cultura secularizada en los días de hoy

Con algunos textos podríamos reflexionar sobre las raíces del mal que aquejan a toda esta cultura occidental, que nació cristiana; las raíces del mal es la secularización de la cultura y, por tanto, la fragmentación del hombre de hoy, interna, y la fragmentación de los saberes.


Los presupuestos de la modernidad (la Ilustración) y la búsqueda de la emancipación de Dios por parte del hombre para ser éste la fuente autónoma de la verdad y del bien, han provocado la destrucción de la cultura y del mismo hombre, generando divisiones profundas y, por definirlo de alguna manera, una "anti-cultura".

Uno de los principios de esta cultura secularizada es división del hombre entre lo privado y lo público, lo secular y religioso, la razón y la fe, sin que sea posible la unidad y la relación entre ambos polos.

sábado, 19 de enero de 2013

Grandeza y límite de la ciencia

La ciencia posee la grandeza del conocimiento y por tanto de avanzar, mejorar, progresar, en servicio del hombre; mas posee también su límite, definido por la ética-moral, ya que no todo lo que la ciencia puede hacer es moralmente bueno, y por el objeto mismo de la ciencia, experimentable, verificable, que no puede extrapolarse a otros órdenes (la ciencia no puede verificar, porque no es su campo ni tiene el "instrumental", la existencia o no de Dios, o de la transustanciación o del amor o de la misericordia).

El cientifismo sólo admite, con exclusividad, aquello que la ciencia afirma y puede lograr; la diosa Razón de la Ilustración se emparenta con la ciencia como algo sagrado.

Son temas sobre los que hay que volver una y otra vez. Y aquí un discurso del Papa a la Pontificia Academia de las Ciencias puede forjarnos criterios sólidos.

 "La historia de la ciencia en el siglo XX está marcada por indudables conquistas y grandes progresos. Lamentablemente, por otro lado, la imagen popular de la ciencia del siglo XX a veces se caracteriza por dos elementos extremos. Por una parte, algunos consideran la ciencia como una panacea, demostrada por sus importantes conquistas en el siglo pasado. En efecto, sus innumerables avances han sido tan determinantes y rápidos que, aparentemente, confirman la opinión según la cual la ciencia puede responder a todos los interrogantes relacionados con la existencia del hombre e incluso a sus más altas aspiraciones. Por otra, algunos temen la ciencia y se alejan de ella a causa de ciertos desarrollos que hacen reflexionar, como la construcción y el uso aterrador de armas nucleares.

Ciertamente, la ciencia no queda definida por ninguno de estos dos extremos. Su tarea era y es una investigación paciente pero apasionada de la verdad sobre el cosmos, sobre la naturaleza y sobre la constitución del ser humano. En esta investigación se cuentan numerosos éxitos y numerosos fracasos, triunfos y derrotas. Los avances de la ciencia han sido alentadores, como por ejemplo cuando se descubrieron la complejidad de la naturaleza y sus fenómenos, más allá de nuestras expectativas, pero también humillantes, como cuando quedó demostrado que algunas de las teorías que hubieran debido explicar esos fenómenos de una vez por todas resultaron sólo parciales. Esto no quita que también los resultados provisionales son una contribución real al descubrimiento de la correspondencia entre el intelecto y las realidades naturales, sobre las cuales las generaciones sucesivas podrán basarse para un desarrollo ulterior.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Condiciones y libertad y función de la enseñanza escolar y universitaria

Palabras del Papa:

"La Iglesia en Ecuador tiene una fructífera historia en el área de la instrucción de la niñez y juventud, habiendo ejercido su obra docente con particular abnegación en regiones lejanas, incomunicadas y depauperadas de la Nación. Es de justicia que no se ignore esta ardua tarea eclesial, ejemplo de sana colaboración con el Estado. Antes bien, la comunidad cristiana desea seguir poniendo su larga experiencia en este campo al servicio de todos. Por ello, tiene su mano abierta para concurrir a la elevación del nivel cultural, que constituye un desafío prioritario para el recto progreso humano, lo cual reclama al mismo tiempo aquella libertad sin la cual la educación dejaría de ser tal. En efecto, la identidad más profunda de la escuela y la universidad no se agota en la mera transmisión de datos o informaciones útiles, sino que responde a la voluntad de infundir en los alumnos el amor a la verdad, que los conduzca hacia aquella madurez personal con que habrán de ejercer su papel de protagonistas del desarrollo social, económico y cultural del País. Al aceptar este reto, la Autoridad pública ha de garantizar el derecho que asiste a los padres, tanto de formar a sus hijos según sus propias convicciones religiosas y criterios éticos, como de fundar y sostener instituciones docentes. En esta perspectiva, es también importante que la Autoridad pública respete la identidad específica y la autonomía de las instituciones educativas y de la universidad católica... 
Por otra parte, en virtud de sus derechos educativos, los padres tienen que contar con que la libertad de educación sea promovida también en las instituciones docentes estatales, donde la legislación seguirá asegurando la enseñanza religiosa escolar en el marco curricular correspondiente a los fines propios de la escuela en cuanto tal" (Benedicto XVI, Discurso al nuevo Embajador de Ecuador, 22-octubre-2010).

 Aquí, con suma brevedad, se exponen los principios de lo que debe ser, en primer lugar, la aportación de la Iglesia en el sistema educativo, y además, las líneas de la enseñanza religiosa escolar y de los propios colegios y universidades católicas, que deben recibir el apelativo "católicos" si preservan su identidad y no la van edulcorando a medida que adoptan los principios secularizados del mundo (lenguaje vacío y banal: solidaridad, paz, ecologismo, Madre tierra, valores, tolerancia, consenso, etc.). 

¿Cuáles son las líneas de actuación que sostienen lo que se puede llamar "católico"?

-La Iglesia presta una colaboración inestimable con el Estado mediante su oferta educativa, amplísima. Sin ella, difícilmente el Estado podría asumirlo todo. No nos hacen "un favor" con dejarnos nuestras escuelas, colegios y Universidades; prestamos un gran servicio social y no podemos vivir pendientes de las últimas tendencias políticas -del Gobierno de turno- pensando que son ellos los que nos hacen un favor a los católicos. ¿Por qué estamos siempre acomplejados?