Quien responde a ese deseo y búsqueda
del espíritu humano, quien es la respuesta al sentido religioso del hombre, es
Dios en la Persona de Jesucristo. Todo cambia.
La religión no es el esfuerzo ni
la búsqueda de Dios por parte del hombre, ni el rito y culto vacíos ante un
Dios desconocido e inalcanzable; la religión es el vínculo de unión, la
religación, de Dios con el hombre.
Dios ha abierto un Camino para encontrarse
con el hombre; éste sólo tiene que recorrerlo.
¡Qué gran novedad! El Acontecimiento de la Encarnación y
nacimiento de Jesucristo es el Hecho determinante de la larga historia de esta
humanidad: ya nada será igual. Todo es nuevo, todo es salvador, todo es gracia.
La vida humana cobra un nuevo sentido, una orientación diversa, un gusto, un
afecto y pasión sin los cuales la vida sería no un drama sino una tragedia; no
un sentido sino un absurdo.
Los hombres ya no están desorientados: tienen una
Luz; la humanidad no camina hacia la muerte y la destrucción, sino hacia la
Vida y Resurrección; los hombres no están perdidos, sino encontrados por el
Buen Pastor; la humanidad no marcha hacia el absurdo, sino hacia un Destino
glorioso, una Meta, el Misterio. ¡Qué paz adquirir la conciencia de ese
destino!

















