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viernes, 5 de mayo de 2017

La Pascua es bautismal (textos)

La Cuaresma nació principalmente con un sello catecumenal-bautismal, es decir, como el tiempo de intensa preparación de los catecúmenos que recibirían el Bautismo y la Confirmación en la Eucaristía de la vigilia pascual.

Al principio de la Cuaresma se inscribía el nombre de los catecúmenos que iban a ser bautizados, llamados ya "elegidos"; entonces se intensificaban las catequesis, los ayunos y las oraciones. Los elegidos pasaban por diversos escrutinos en los domingos III, IV y V, para purificar el corazón y recibían los documentos de la fe: el Credo y el Padrenuestro en ritos litúrgicos, así como diversos exorcismos y la unción con el óleo de catecúmenos.

La Cuaresma se presentaba, claramente, como un tiempo bautismal, atendía y esperaba al bautismo, y así se ve en muchos textos aún, oraciones y lecturas. Porque igualmente, hoy, la Cuaresma sigue siendo tiempo bautismal: para los catecúmenos en orden a prepararse bien a su Iniciación cristiana, y para los fieles todos a fin de renovar la gracia sacramental con la renuncia a Satanás y al pecado y la profesión de la fe.

Llegada la noche santa de la Pascua, se abrían las fuentes bautismales que habían estado cerradas, incluso selladas por el obispo, porque la Pascua del Señor se comunicaba mediante la gracia de los sacramentos y así, en el Bautismo, se moría y resucitaba con Cristo. Nunca mejor que en el tiempo de Pascua para vivir la Iniciación cristiana.

La Vida nueva y glorificada del Señor por su Pascua hace que todo se renueve y une a él al hombre viejo para renazca como hombre nuevo. Comienza el tiempo bautismal, comienza la cincuentena pascual, comienza el tiempo sacramental por excelencia. La Iglesia lo vivió profundamente: sólo bautizaba, durante siglos, en el tiempo pascual.

"El día más adecuado para celebrar el bautismo es precisamente el día de Pascua, porque ese día fue consumada la pasión del Señor en la cual somos bautizados" (Tertuliano, De baptismo, 19).

martes, 10 de enero de 2017

Para padres y padrinos: el bautismo

El bautismo de un hijo es algo importante, tan importante como que se le permite al niño recibir la Gracia y ser hijo de Dios, naciendo a la vida sobrenatural. No es un rito social, una costumbre, sino una decisión coherente y consciente movidos por la fe. 

Lo normal, lo habitual, es que la Iglesia doméstica, que es el hogar, evangelice a sus propios miembros y les permitan el acceso a los sacramentos y a la vida de la fe. Así la evangelización se realizó, de manera destacada, "por las casas"; el ámbito de educación de la fe era el hogar, donde desde pequeños, los niños recibían de sus padres una instrucción cristiana, la práctica litúrgica, la enseñanza en la oración, la educación en las virtudes cristianas. Un complemento, pero sólo un complemento, era la enseñanza en la escuela parroquial o la catequesis de infancia, pero lo central y nuclear había sido dado ya en la familia por sus padres: para eso por el bautismo los padres son "sacerdotes, profetas y reyes", y con la gracia del Sacramento del matrimonio, reciben la asistencia del Señor para vivir santamente el amor conyugal y transmitir la fe en la familia.

Esta cadena de transmisión se ha roto. La secularización ha sido un golpe de efecto y los padres (y padrinos) han abdicado de la educación en la fe a la que se habían comprometido en el sacramento del matrimonio públicamente, y lo han delegado todo en el colegio.

Sin embargo, ¡atención padres y padrinos!, vosotros sois los primeros e indispensables educadores de la fe de vuestros hijos, con una responsabilidad única ante Dios. Todo lo demás (cursillo prebautismal y para los hijos: enseñanza religiosa escolar y catequesis parroquial) es una ayuda para ampliar. Pero el núcleo lo entregan padres y padrinos en el Bautismo.

"Queridos padres, el Bautismo que vosotros hoy pedís para vuestros hijos, les inserta en este intercambio de amor recíproco que hay en Dios entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; por este gesto que voy a realizar, se derrama en ellos el amor de Dios, inundándoles de sus dones. A través del lavado del agua, vuestros hijos se insertan en la vida misma de Jesús, que murió en la cruz para liberarnos del pecado y resucitando venció la muerte. Por eso, inmersos espiritualmente en su muerte y resurrección, son liberados del pecado original y en ellos empieza la vida de la gracia, que es la vida misma de Jesús Resucitado. “Él -afirma San Pablo- se entregó por nosotros para rescatarnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celador de buenas obras” (Tt 2,14).

sábado, 24 de mayo de 2014

Nuestro sacerdocio bautismal

El tiempo pascual es el tiempo del bautismo: la Iglesia siempre bautizó uniendo al catecúmeno a la muerte y resurrección de Cristo celebrada en el tiempo pascual.

Este es el tiempo del bautismo.


Los nuevos hijos de la Iglesia reciben por las aguas bautismales y la unción con santo Crisma una impronta, un estatuto nuevo: ya son profetas, sacerdotes y reyes. Esto marca la vida cristiana señalándole un tono muy concreto para vivir en el mundo.

¿Pero cómo se es sacerdote por el bautismo? ¿Qué da, qué significa, qué conlleva, que todos somos sacerdotes por nuestro bautismo? ¿Cuál es este "sacerdocio común", que así se llama?

Vayamos a la doctrina de la Constitución Lumen Gentium, del Concilio Vaticano II:

domingo, 12 de enero de 2014

Bautismo: padres y padrinos

En el sacramento del Bautismo de los párvulos -los niños-, es fundamental la misión de padres y padrinos. Durante la celebración litúrgica se expresa en distintos momentos y se les exhorta a que sean "educadores de la fe", se les pide el compromiso de "educar según la ley de Cristo y de su Iglesia", se pide por ellos para que desempeñen esa misión.


El sacramento del Bautismo es grande y hermoso: se perdona el pecado, se otorga la filiación divina, se convierte en miembro de la Iglesia, se infunden las virtudes teologales. Para que llegue a su pleno desarrollo la gracia bautismal, es imprescindible la educación en la fe y el acompañamiento. Los padres presentan a sus hijos a la Iglesia el bautismo, sabedores de que esto forma parte de su vocación de padres y colaboran en el crecimiento de la fe de sus hijos; los padrinos, que ya han recorrido su propia iniciación cristiana incluido el sacramento de la Confirmación son una ayuda eficaz, y en ocasiones, una suplencia, para que el bautizado sea educado en la fe en la que ha sido bautizado.

Estas tareas demuestran un importante valor del apostolado seglar: la transmisión y vivencia de la fe en el hogar, como Iglesia doméstica y primer santuario. Abdicar de la educación cristiana de los hijos es traicionar la dimensión profunda de la paternidad/maternidad; considerar el bautismo como una ceremonia obligada, o una tradición cultural, es desperdiciar la ocasión y el paso de Dios.

Cada año, con la fiesta del Bautismo del Señor, el Santo Padre nos regala homilías magníficas sobre el sacramento del Bautismo y lo que gira en torno a él. En esta ocasión, centrémonos con su homilía en la misión educativa de los padres y de los padrinos.


"Habéis venido —lo habéis dicho en voz alta— para que vuestros hijos recién nacidos reciban el don de la gracia de Dios, la semilla de la vida eterna. Vosotros, los padres, lo habéis querido. Habéis pensado en el bautismo incluso antes de que vuestro niño o vuestra niña fuera dado a luz. Vuestra responsabilidad de padres cristianos os hizo pensar enseguida en el sacramento que marca la entrada en la vida divina, en la comunidad de la Iglesia. Podemos decir que ésta ha sido vuestra primera elección educativa como testigos de la fe respecto a vuestros hijos: ¡la elección es fundamental!

La misión de los padres, ayudados por el padrino y la madrina, es educar al hijo o la hija. Educar es comprometedor; a veces es arduo para nuestras capacidades humanas, siempre limitadas. Pero educar se convierte en una maravillosa misión si se la realiza en colaboración con Dios, que es el primer y verdadero educador de cada ser humano.

martes, 26 de julio de 2011

El Bautismo, sacramento social

Ya vimos lo que significa "social": todos los sacramentos se reciben en la Iglesia, mediante la Iglesia y como unión con la Iglesia superando así la imagen devocionalista y privada de la que a veces hemos revestido a los sacramentos. La reflexión teológica de De Lubac nos ilumina con nuevas perspectivas.

El Bautismo es el primer sacramento, la puerta de la vida eterna, la regeneración, el nacimiento sobrenatural como hijos de Dios, miembros de Cristo, templos del Espíritu... y así agrega al bautizado a un pueblo nuevo, una nación santa, la Iglesia.

El primer sacramento es el bautismo y “el primer efecto del bautismo, por ejemplo, no es otro que esta agregación a la Iglesia visible. Ser bautizado es entrar en la Iglesia. Hecho esencialmente social” (Catolicismo, p. 61). 
 
Las consecuencias del bautismo no son sólo jurídicas (aspecto éste nada desdeñable), sino que son consecuencias de orden espiritual y místico porque la Iglesia no es una sociedad meramente humana, y por eso la recepción del sacramento es la entrada en una sociedad religiosa que incorpora al bautizado al Cuerpo místico, y por ser miembro de este Cuerpo místico, de esta sociedad santa, se es hijo, se recibe la gracia de la filiación divina y la inhabitación del Espíritu como este mismo Espíritu inhabita a la Iglesia. 
 

martes, 11 de enero de 2011

La pila bautismal, ¡bendita maternidad eclesial!

La pila bautismal es preciosa: ella es el seno de nuestra Madre queridísima, la Iglesia, que allí nos engendró a la vida sobrenatural, otorgándonos la filiación divina, ser miembros del Cuerpo de Cristo, templos del Espíritu, llamados a compartir con Cristo su sacerdocio, su realeza y su profetismo, llamados a la santidad.

Preciosa fuente, sus aguas reciben por el Espíritu la gracia de hacernos renacernos como nuevas criaturas, sepultando el pecado y convirtiéndonos en hombres nuevos, a imagen de Cristo, nuevo Adán.

Bendita pila bautismal, donde el Amor de Dios se sigue entregando para comunicar una nueva vida, adoptándonos, gratuitamente, como hijos.

Seno de la Iglesia, que siempre es Madre y Madre fecunda por sus sacramentos, acompañando nuestro crecimiento como hijos pequeños hasta que lleguemos a la madurez de la fe, a la medida de Cristo en su plenitud.

Una fuente bautismal, en una parroquia o catedral, es un signo venerable que nos recuerda de dónde brota todo y lo que somos.

La Iglesia -por sus Padres- entonó algunos cantos e himnos a la fuente bautismal. Hagámoslo nuestro:

Es éste el lugar elegido por Cristo:
un día la sangre ensalzó a dos testigos
y el agua hoy nos limpia con santo bautismo.

Aquí la fontana es perdón compasivo
de Dios que se vierte en el agua vertido
y el viejo pecado fenece extinguido.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Plegaria: la vida que brota del Bautismo


Oh Padre de la vida eterna,
que no eres Dios de muertos sino de vivos,

y que enviaste a tu Hijo como mensajero de la vida,

para arrancar a los hombres del reino de la muerte
y conducirlos a la resurrección,

te rogamos que libres a estos elegidos

de la potestad del espíritu maligno,
que arrastra a la muerte, para que puedan recibir la nueva vida de Cristo resucitado
y dar testimonio de ella.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.


Señor Jesús,
que, resucitando a Lázaro de la muerte, significaste que venías
para que los hombres
tuvieran vida abundante,
libra de la muerte a éstos,

que anhelan la vida de tus sacramentos,

arráncalos del espíritu de la corrupción

y comunícales por tu Espíritu vivificante

la fe, la esperanza y la caridad,

para que viviendo siempre contigo,
participen de la gloria de la resurrección.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

lunes, 28 de junio de 2010

Me huelen las manos a crisma

Sí, tal cual. No es una metáfora. Las manos me huelen a crisma. Ayer después de la Misa de 11.15 tuve la celebración de un bautismo y cuando al mediodía volví a casa, todavía me olían al santo crisma. Es un aroma penetrante, duradero.

El santo crisma en mi diócesis huele bien. Algo que tendría que ser evidente y normal, sin embargo, a veces, en algunos sitios, no es tan normal. A veces en lugar de oler bien, parece aceite rancio o pasado (¿tal vez porque no renuevan los óleos en ciertas parroquias cada año?). En mi diócesis, me contaba el canónigo maestro de ceremonias, desde el año pasado, el bálsamo para mezclarlo con el aceite lo compraban en no sé cuál monasterio y se había notado el cambio. Uno abre la crismera y se desprende un suave aroma, una fragancia que "llena la casa" como María en Betania (Jn 12).

A mí me emociona el momento de ungir con el santo crisma al niño, ya recién bautizado, ya hijo de Dios. Me unjo las yemas de los dedos índice y corazón con abundante crisma y me acerco al niño, ya Templo del Espíritu, ungiendo su cabeza ampliamente. El niño desprenderá el olor del crisma, el niño desprenderá el olor de Dios. ¿No hablaba san Pablo que la vida cristiana debía desprender el "bonus odor Christi", el buen olor de Cristo (2Cor 2,15)? 

Los grandes signos litúrgicos se deben cuidar, realizar bien, ser expresivos y no limitarse al mínimo, de forma poco elocuente, poco significativa. Inventamos símbolos (¡algunos llegan a ofrecer unas sandalias y hasta unos calcetines agujereados en la presentación de las ofrendas diciendo "Te presentamos... símbolo de nuestro compromiso misionero..."!, ¡qué horror y qué mal gusto!) y sin embargo los gestos de la liturgia los realizamos pobremente. Aquí hay dos símbolos/gestos:

-el Crisma como perfume que realmente debe dar buen olor

-la unción, amplia, en la cabeza, para que el aceite esté extendido realmente (sin limpiarlo inmediatamente con un purificador o un pequeño algodón, sino dejando que se seque e impregne el aceite perfumado).

Dice el Ritual del Bautismo de niños: "Seguidamente, en silencio, el sacerdote unge en la coronilla a cada uno con el santo crisma. Si son numerosos los bautizandos y están presentes varios sacerdotes o diáconos, cada uno de ellos puede ungir a algunos niños" (n. 129). Evidentemente si se prevé la posibilidad de varios sacerdotes o diáconos es porque ungir lleva un cierto tiempo; si fuera sólo una pequenísima cruz y secarla con algodón a continuación, no harían falta más ministros para abreviar...).

Por el santo crisma, que viene de Cristo, el bautizado es llamado "cristiano". ¡Qué rito litúrgico tan espléndido si se hace bien y antes se ha explicado en la catequesis pre-bautismal!

Me olían las manos a crisma. Ni lavándome con un poco de gel se quitaba... También ahora y aquí "la casa se llenó de suave olor".

jueves, 8 de abril de 2010

En honor de los nuevos bautizados

Éstos son los corderos recién nacidos, 
que proclaman el mensaje, aleluya;
acaban de renacer de la fuente bautismal.
Han sido inundados de resplandor. Aleluya.
V/. Están delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas
y con palmas en sus manos.
R/. Han sido inundados...
(Responsorio 2ª lectura,
jueves Octava de Pascua). 

jueves, 25 de marzo de 2010

La Gran Vigilia pascual: la Liturgia bautismal

La Cuaresma vive ante un gran deseo: llegar a los sacramentos pascuales y ser regenerados por el agua y el espíritu; por eso en Cuaresma no es ni mucho menos apropiado bautizar, sino esperar a la Pascua. Antes la fuente bautismal se ha cerrado y sellado (como en el rito hispano-mozárabe) y en la Vigilia pascual la abre el Obispo. Los catecúmenos ansían recibir el don de la Vida; los ya bautizados renovar las promesas bautismales tras las mortificaciones y penitenciales cuaresmales y ser renovados y confirmados en la Gracia.

¡Ha llegado el momento! Del costado de Cristo traspasado brotan el agua y la sangre, el Bautismo y la Eucaristía, ríos de agua viva que fecundan y alegran la Ciudad de Dios, que es la Iglesia.

Tras la homilía comienza la liturgia bautismal en la Vigilia pascual, que se realiza de tres maneras, según convenga:

a) Si hay bautizos de niños o adultos (ojalá): Procesión a la fuente bautismal con el cirio pascual, ministros y catecúmenos mientras se entonan las letanías de los santos, solemnísima plegaria de bendición del agua bautismal, renuncias y profesión de fe de los bautizandos, Bautismo, vestición de la vestidura blanca, entrega del cirio encendido y crismación (Confirmación si son adultos); tras lo cual todos los fieles, con las velas encendidas del cirio pascual en sus manos, renuncian al pecado, renuevan las promesas bautismales, reciben la aspersión con el agua bendecida y finalmente se reza la oración de los fieles en la cual, por primera vez, participan los neófitos.

domingo, 10 de enero de 2010

Transmisión de la fe (el Bautismo y la familia)


En el rito del bautismo de niños hay un signo explanativo elocuente. Tras el bautismo, la crismación y la imposición de la vestidura blanca, se enciende una pequeña vela en el cirio pascual, diciendo el ministro: "Recibid la luz de Cristo". Una vez encendida, el sacerdote o diácono, se dirige a los padres y padrinos: "A vosotros, padres y padrinos, se os confía acrecentar esta luz. Que vuestro hijo, iluminado por Cristo, camine siempre como hijo de la luz y perseverando en la fe pueda salir, con todos los santos, al encuentro del Señor".

El primer tema, muy paulino, es ser hijo de la luz y caminar en la luz de Cristo, rechazando las tinieblas del pecado. El pecado es oscuridad, desata las zonas oscuras del alma, y si lo cometemos, lo hacemos a ocultas, que nadie se entere. De ahí que sea la oscuridad y las tinieblas un símbolo muy adecuado.

El segundo tema es la transmisión de la fe. La pequeña llama ha de crecer y no ser apagada. La fe del niño dependerá del cuidado y atención de sus padres y padrinos: éstos lo iniciarán en la vida cristiana, en la práctica de la oración, en la celebración de los sacramentos, en vivir según el Evangelio. Éste fue el método durante siglos de evangelización cristiana: las familias evangelizaban a sus hijos y este método resultó ser sólido y expansivo durante generaciones.

La familia es un organismo vivo, en el que se realiza una circulación recíproca de dones. Lo importante es que no falte nunca la palabra de Dios, que mantiene viva la llama de la fe.

Con un gesto muy significativo, durante el rito del bautismo el padre o el padrino enciende una vela en el gran Cirio pascual, símbolo de Cristo resucitado, y luego, dirigiéndose a los familiares, el celebrante dice: "Que vuestro hijo, iluminado por Cristo, camine siempre como hijo de la luz". Este gesto, que encierra todo el sentido de la transmisión de la fe en la familia, para ser auténtico debe ir precedido y acompañado por el compromiso de los padres de profundizar el conocimiento de su fe, avivando su llama con la oración y la práctica asidua de los sacramentos de la Confesión y la Eucaristía" (Benedicto XVI, Ángelus, 2-julio-2006).

El Bautismo de un hijo o de un nieto implica un compromiso activo y público de evangelización, de educación de la fe. La conciencia y el desarrollo de este compromiso serán un tejido capilar de evangelización hoy.