La plegaria eucarística, en el rito romano, termina con un rito muy elocuente, significativo, incluso impactante cuando se realiza bien. Elevando el sacerdote la patena que contiene el Cuerpo del Señor, y el diácono elevando el cáliz, se canta solemnemente: "Por Cristo, con él y en él...", y todos a una cantan el "Amén".
Es un broche y sello de oro a toda la plegaria eucarística por el que se recapitula todo lo orado y rezado, presentando al Padre el Cuerpo y la Sangre de su Hijo en el sacramento, fuente de vida y salvación, y los fieles todos se unen y ratifican la plegaria con su "Amén" solemne, el más importante, cantado.
Su texto, tan conciso, tan elegante, da materia para mucha reflexión y meditación: es la doxología, la recta alabanza a Dios.
La doxología final
-Comentarios a la
plegaria eucarística –XVI-
“Por Cristo,
con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo,
todo honor y toda gloria.”
Solemne
doxología que culmina la plegaria eucarística. Dábamos gracias por Cristo al
Padre ya en el prefacio, al iniciarse la gran plegaria eucarística; dábamos
gracias porque la creación, la redención y el don del Espíritu, nos fueron
concedidos por Cristo y mediante Él. El mismo Señor glorificado, resucitado,
vino a nosotros en las especies sacramentales, memorial de la redención y
prenda de vida eterna, y ahora nuestra Ofrenda eucarística y nuestra oración
suben al Padre glorificándolo, por Él, con Él, en Él, hasta Dios Padre en la
unidad del Espíritu Santo.

















