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martes, 10 de septiembre de 2019

La doxología: "Por Cristo, con él y en él..."

La plegaria eucarística, en el rito romano, termina con un rito muy elocuente, significativo, incluso impactante cuando se realiza bien. Elevando el sacerdote la patena que contiene el Cuerpo del Señor, y el diácono elevando el cáliz, se canta solemnemente: "Por Cristo, con él y en él...", y todos a una cantan el "Amén".

Es un broche y sello de oro a toda la plegaria eucarística por el que se recapitula todo lo orado y rezado, presentando al Padre el Cuerpo y la Sangre de su Hijo en el sacramento, fuente de vida y salvación, y los fieles todos se unen y ratifican la plegaria con su "Amén" solemne, el más importante, cantado.


Su texto, tan conciso, tan elegante, da materia para mucha reflexión y meditación: es la doxología, la recta alabanza a Dios.



La doxología final



-Comentarios a la plegaria eucarística –XVI-

“Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria.”

            Solemne doxología que culmina la plegaria eucarística. Dábamos gracias por Cristo al Padre ya en el prefacio, al iniciarse la gran plegaria eucarística; dábamos gracias porque la creación, la redención y el don del Espíritu, nos fueron concedidos por Cristo y mediante Él. El mismo Señor glorificado, resucitado, vino a nosotros en las especies sacramentales, memorial de la redención y prenda de vida eterna, y ahora nuestra Ofrenda eucarística y nuestra oración suben al Padre glorificándolo, por Él, con Él, en Él, hasta Dios Padre en la unidad del Espíritu Santo.

viernes, 26 de julio de 2019

Mirada al Reino y su Banquete

La plegaria eucarística, como no podía ser menos, contiene una alusión final a la escatología, al Reino que viene, al Banquete de bodas del Cordero, a la eternidad...

Y es que la Eucaristía ahora celebrada, aquí en la tierra, es prenda y anticipo del banquete celestial. Cristo mismo expuso el Reino de Dios con parábolas que aluden al banquete y banquete nupcial.

Ya unidos a la Virgen María y a todos los santos, rodeados de los ángeles y arcángeles, la Misa en la tierra nos abre al cielo, adonde deseamos vivir eternamente y gozar de Dios y de la compañía de los santos.





El Reino de Dios y el banquete celestial



-Comentarios a la plegaria eucarística –XV-


            La Eucaristía une el cielo y la tierra, el altar celestial y nuestro altar en la Iglesia peregrina; la Eucaristía une a los ángeles y a los santos y a nosotros, mortales y débiles que aún peregrinamos. Une a los vivos con los difuntos que se purifican y con los santos. Una única Eucaristía en toda la Iglesia: traspasando el tiempo, porque formamos una única realidad: el Cristo total, Cabeza y miembros. “La Eucaristía se celebra en comunión con toda la Iglesia, tanto con la del cielo, como con la de la tierra” (IGMR 79).

            Así cuando celebramos la Santa Misa estamos ya mirando al Cielo, a su Gloria, a su Reino, donde esperamos llegar y ser admitidos por su misericordia.

domingo, 14 de julio de 2019

"Con todos los santos"

También los santos, y el deseo que ellos provocan en nosotros, aparecen reflejados y nombrados expresamente en todas las plegarias eucarísticas.

Tiene su importancia, su valor y su significado. ¿Por qué tanta insistencia, a qué viene su recuerdo en el momento central de la Santa Misa?


¿Qué consecuencias tiene este recuerdo y este signo de comunión y de memoria agradecida de todos los Santos?



“Con todos los santos”



-Comentarios a la plegaria eucarística –XIV-


            La gran plegaria eucarística reúne en una misma acción sacramental a toda la Iglesia, visible e invisible, la Iglesia aún peregrina en la tierra, caminante, y la Iglesia celestial, la de los santos, aquellos que son las mejores y más acabadas imágenes de Cristo[1]. Es así que toda la Iglesia está unida en la celebración eucarística, que el cielo entra en la tierra durante la santa liturgia.

            El himno de alabanza, el “Santo” no es cantado por el coro o los asistentes únicamente. A una voz, cielo y tierra interpretan la misma alabanza; los ángeles, los santos, todos los mártires, cantan en el cielo la santidad de Dios, y nosotros, humildemente “nos unimos a sus voces”, cantamos “a una voz”, “sin cesar”.

miércoles, 10 de julio de 2019

"No por nuestros méritos"

La palabra "mérito" ha sido muy discutida en la teología y en el lenguaje catequético. Desde Lutero y todo el protestantismo, se ha visto absurdo que el hombre tenga "mérito" ante Dios, porque lo ven de modo pasivo, el hombre nada puede hacer porque está corrompido por su pecado original.

Pero si fuera así -que no lo es, claro-: ¿qué papel ocupa la gracia que nos mueve a actuar? ¿Qué papel la libertad humana que asiente a la gracia que recibe?

El Canon romano reza: "no por nuestros méritos"... ¿los está afirmando o negando? Entremos a extraer la teología y espiritualidad de esa frase de la plegaria eucarística I.



“No por nuestros méritos”

-Comentarios a la plegaria eucarística XIII-


            En el Canon romano, o plegaria eucarística I, al terminar la segunda lista de santos que se enumeran (“Juan el Bautista, Esteban, Matías y Bernabé…”) se concluye con una expresión elocuente y significativa: “acéptanos en su compañía, no por nuestros méritos sino conforme a tu bondad”. Siempre la bondad de Dios y su misericordia serán más grandes que nuestros méritos, pequeños.

            Más aún, confiamos más en los méritos de todos los santos que en lo poco que podamos merecer; el mismo Canon romano rezaba: “por sus méritos y oraciones, concédenos en todo tu protección”. Los méritos de los santos nos protegen y auxilian, intercediendo por nosotros.

            Ahora bien, ¿tenemos “méritos” ante Dios? ¿Merecemos algo? Porque de cómo comprendamos católicamente el mérito dependerá nuestra comprensión de la redención y justificación. Si todo depende de nosotros y nuestros méritos, podemos llegar a hacer inútil la Cruz de Cristo y creer que es cada uno quien se salva a sí mismo sin necesidad de la gracia; si negamos el mérito humano, pisoteamos completamente la gracia que actúa y mueve la libertad del hombre, siendo un elemento pasivo a los ojos de Dios, tan corrompido que es incapaz de ninguna obra buena.

lunes, 17 de junio de 2019

"Te pedimos humildemente"

Muchísimas veces, ya que es la plegaria eucarística que más se emplea, oímos la expresión "Te pedimos humildemente que el Espíritu Santo congregue en la unidad..."

¿Hay acaso, es posible, otra vez de dirigirse a Dios que no sea pedirle humildemente?

Consideremos esa expresión de la plegaria eucarística II.





“Te pedimos humildemente”

-Comentarios a la plegaria eucarística –XII-


            La Iglesia ante Dios se sabe sierva, pequeña, nunca dominadora. Los mismos hijos de Dios se dirigen a Él con confianza y audacia, pero, al mismo tiempo, sin descaro ni imposición. La confianza filial en Dios no está reñida con la adoración, el respeto, la sacralidad. Se está ante Dios mismo, trascendente, omnipotente y Padre al mismo tiempo. Es una conciencia clara de pequeñez ante la grandeza de Dios, por eso se evita la presunción, la arrogancia, el lenguaje impositivo y demasiado coloquial que rebaja a Dios a alguien manipulable.

miércoles, 29 de mayo de 2019

¿Cómo se comulga en la mano?

La educación litúrgica requiere que, a veces, se recuerden cosas que se dan por sabidas.

La comunión en la mano está permitida para todo aquel que lo desee, a tenor de nuestra Conferencia episcopal, que lo solicitó a la Santa Sede.


¿Cómo se comulga en la mano? ¡Hemos de conocer las disposiciones de la Iglesia para quien desee comulgar así!, porque en muchísimas ocasiones se hace mal, de forma completamente irrespetuosa.

Debe cuidarse la dignidad de este gesto, sin que desdiga de la Presencia real de Jesucristo en la Eucaristía como si fuese un mero trozo de pan que se recibe de cualquier forma: al aire, agarrando la Forma de cualquier manera,  o con una sola mano... Actitudes que desdicen de la adoración debida.


Debe cuidarse la dignidad de este gesto, sin que desdiga de la Presencia real de Jesucristo en la Eucaristía como si fuese un mero trozo de pan que se recibe de cualquier forma:

“Sobre todo en esta forma de recibir la sagrada Comunión, se han de tener bien presentes algunas cosas que la misma experiencia aconseja. Cuando la Sagrada Especie se deposita en las manos del comulgante, tanto el ministro como el fiel pongan sumo cuidado y atención a las partículas que pueden desprenderse de las manos de los fieles, debe ir acompañada, necesariamente, de la oportuna instrucción o catequesis sobre la doctrina católica acerca de la presencia real y permanente de Jesucristo bajo las especies eucarísticas y del respeto debido al Sacramento”[1].

martes, 21 de mayo de 2019

"El Espíritu Santo nos congregue en la unidad"

La unidad es una petición habitual en la plegaria eucarística, un deseo que se ruega a Dios, autor de la pax Ecclesiae, de la unidad de la Iglesia.

Aguardamos la unidad consumada y plena cuando venga el Señor en gloria y majestad, al final de los tiempos; pero ahora, en este tiempo, para esta Iglesia peregrina, rogamos la unidad, para que los muchos que comulgan un solo Pan formen un solo Cuerpo, el Cuerpo de Cristo.





“El Espíritu Santo congregue en la unidad”



-Comentarios a la plegaria eucarística –XI-


            “¡Qué hermoso ver a los hermanos unidos!” (Sal 132) reza un salmo, y el deseo de Cristo es “que todos sean uno” (Jn 17,21). La unidad y la concordia son las notas de los miembros del Cuerpo de Cristo para que éste no sea lacerado en sus miembros, dividido en partes.

            El fruto de la Eucaristía es la unidad entre todos los miembros de la Iglesia; la Eucaristía crea la unidad de la Iglesia vinculándonos a la caridad de Cristo, que se difunde y extiende por todos aquellos que son de Cristo.

domingo, 14 de abril de 2019

"Nos haces dignos de servirte en tu presencia"

"Adstare coram te et tibi ministrare", dice el original latino: "Estar delante de ti y servirte a ti". Esta breve frase de la plegaria eucarística II da pie a una reflexión que conduce a conocer la naturaleza de la liturgia misma y el concepto (recto, claro) de la participación litúrgica.

De este modo, tomando pie en las mismas plegarias eucarísticas, nos vamos acostumbrando a descubrir la riqueza teológica y espiritual que se contienen en los textos litúrgicos de la Iglesia y, al mismo tiempo, a penetrar en las plegarias eucarísticas, que son la oración cumbra y fundamental de la celebración eucarística.




“Nos haces dignos de servirte en tu presencia”



-Comentarios a la plegaria eucarística – X-


            “Nos haces dignos de servirte en tu presencia”, reza la plegaria eucarística II.

            En la liturgia santa estamos en presencia de Dios; ante Él mismo, Dios vivo y verdadero, único Señor y centro de la acción litúrgica. La liturgia es el servicio divino, la Obra de Dios, que los fieles bautizados realizan y a la que nada deben anteponer. Servimos a Dios muy especialmente en la liturgia: “¡Servid al Señor con alegría!” (Sal 99), dice el Salmo cuando van a entrar en el Templo “por sus puertas con acción de gracias”.

sábado, 30 de marzo de 2019

"Acéptanos también a nosotros"

Un filón inagotable es la plegaria eucarística, que contiene y expresa la fe de la Iglesia, como precioso tesoro.

En ella, recitada por boca del sacerdote in persona Christi et in persona Ecclesiae, se afirman grandes verdades de la fe que merecen ser consideradas con detención, porque la escucha rápida durante la Santa Misa tal vez no llegue a provocar la meditación personal.

Fijándonos en una de las súplicas de la plegaria eucarística, podemos alcanzar una comprensión mayor del sacerdocio bautismal o sacerdocio común que hemos recibido en las aguas bautismales.



“Acéptanos también a nosotros, Padre santo”

-Comentarios a la plegaria eucarística IX-


            La Ofrenda de Cristo, que es su propia Persona, su Cuerpo y su Sangre ofrecidos sacramentalmente, incluye también a los fieles, que se unen a su Señor y se ofrecen conjuntamente con Él al Padre.


jueves, 7 de marzo de 2019

"Él nos transforme en ofrenda permanente"

Junto a la Ofrenda de Cristo mismo al Padre, que la Iglesia realiza en la santa Misa por manos del sacerdote, se incluye igualmente nuestra propia ofrenda, es decir, la ofrenda de nosotros mismos.

¡Ah!, ¿que también nosotros nos ofrecemos? ¿Cómo y para qué?

¿Que nos hacemos ofrenda también? ¡Sí!



Todos los misterios de Cristo se reproducen y prolongan en nosotros, miembros de su Cuerpo; y si completamos en nuestra carne la pasión de Cristo en favor de su Cuerpo que es la Iglesia (cf. Col 1,24), también somos incluidos en su Ofrenda del altar.

Nosotros mismos nos ofrecemos unidos a Cristo. Aquí entra, ¡qué hermosura!, la doctrina del sacerdocio bautismal de todo el pueblo santo de Dios.




“Él nos transforme en ofrenda permanente”



-Comentarios a la plegaria eucarística – VIII-




El bautismo nos ha conferido a todos el sacerdocio común, agregándonos a la santa Iglesia. Siendo sacerdotes por el bautismo, nuestro corazón se convierte en un altar en el cual ofrecemos sacrificios espirituales, oraciones y obras de misericordia: “la liturgia sacramental de la Iglesia, anuncia, actualiza y comunica el Misterio de la salvación, se continúa en el corazón que ora. Los Padres espirituales comparan a veces el corazón a un altar” (CAT 2655). Predicaban así los Padres de la Iglesia:

sábado, 16 de febrero de 2019

"Víctimas vivas para alabanza de tu gloria"

Consecuencia lógica de descubrir en la Eucaristía el sacrificio de Cristo, es calificarle a Él de "Víctima". Pero, siguiendo más aún en esa misma línea, junto a Cristo-Víctima están los fieles bautizados, que se convierten en víctimas vivas.

Hemos de profundizar y contemplar este término, "víctima", para una mejor comprensión del sacramento eucarístico y el alcance que tiene una verdadera participación en la liturgia -lejos de ser intervención constante- que supone ofrecerse con Cristo, sin condiciones.





“Víctima viva”

-Comentarios a la plegaria eucarística – VII-



            En el sacrificio de Cristo se incluyen nuestros propios sacrificios personales: penitencias, mortificaciones, luchas, combates, ejercicio de obras de misericordia, virtudes practicadas, el trabajo ofrecido… y en la ofrenda de Cristo nosotros mismos nos ofrecemos: “ofreced vuestros cuerpos como hostia viva, santa… Éste es vuestro culto razonable” (Rm 12,1). Ofrecemos y entregamos todo lo nuestro, e incluso a nosotros mismos, como sacrificio junto al Gran Sacrificio de Cristo.

            El Concilio Vaticano II, en la Constitución Lumen Gentium exhortaba: “Todos los discípulos de Cristo… ofrézcanse a sí mismos como hostia viva, santa y grata a Dios” (LG 10); de modo especialísimo en la Eucaristía: “Participando del sacrificio eucarístico, fuente y cumbre de toda la vida cristiana, ofrecen a Dios la Víctima divina y se ofrecen a sí mismos juntamente con ella” (LG 11).

sábado, 26 de enero de 2019

"Te ofrecemos el sacrificio puro, inmaculado y santo"

Nadie puede dudar que la Eucaristía es sacrificio, el mismo sacrificio de Cristo en la cruz pero ahora bajo el velo de los signos sacramentales.

La fe de la Iglesia, fiel a la Tradición, lo ha formulado; los mismos textos litúrgicos y la plegaria eucarística lo repiten: "sacrificio".



Se quedaría corto quien sólo y exclusivamente hablase de la Eucaristía en cuanto "memorial" o sólo y exclusivamente como "banquete pascual"... porque es todo eso y más, aparte de ser, asimismo, el sacrificio del altar, el Sacrificio de Cristo, el sacrificio eucarístico.




“El sacrificio vivo y santo”

-Comentarios a la plegaria eucarística – VI-


            Cristo, en el altar, es la Víctima ofrecida, su Cuerpo y su Sangre son sacrificio verdadero y perfecto. Todos los sacrificios rituales del Antiguo Testamento, de la liturgia de Israel, eran sólo prefiguración y anuncio del verdadero, único y superior Sacrificio, el de Jesucristo en la Cruz, ofreciendo no algo exterior a Él, sino su propio Cuerpo y Corazón: “me has dado un cuerpo… Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad” (Hb 10,5.7).

            El sacrificio de Cristo en la Cruz es único e irrepetible, ofrecido de una vez para siempre, propiciador por nuestros pecados, restaurador de nuestra naturaleza humana, reconciliación y puente entre Dios y los hombres. Lo ocurrido en la pasión y muerte de Cristo fue el sacrificio perfecto para la redención de los hombres: “quiso ser al mismo tiempo sacerdote, víctima y altar” (P pascual V).

miércoles, 9 de enero de 2019

Memorial y Ofrenda

La plegaria eucarística, tras la consagración, enuncia los grandes misterios salvadores de Cristo, su Misterio pascual -muerte, resurrección, ascensión- que se han hecho presente en el Sacramento y suplica su acción salvadora hoy.

Igualmente, la plegaria prosigue presentando a Dios Padre la Ofrenda de su propio Hijo, el sacrifico de Cristo que se ha actualizado y hecho presente en el altar en favor de la salvación de los hombres y para remisión de los pecados.



Dejemos que las mismas plegarias eucarísticas, con sus diversas formulaciones, hablen y nos formen y así las vayamos saboreando.




Memorial y ofrenda

-Comentarios a la plegaria eucarística –V-


            Obra maravillosa de su amor, del Señor del tiempo y de la historia, Alfa y Omega: la Eucaristía hace presente lo que ocurrió en el tiempo, en un momento concreto, y se despliega por la fuerza del Espíritu Santo en nuestro tiempo con toda su capacidad de salvar, redimir y santificar.

            La memoria es subjetiva, pertenece al sujeto que mediante el recuerdo trae a su memoria lo ocurrido. Pero es sólo un recuerdo. El memorial es algo más grande: el Señor mismo intervienes para que lo que pasó vuelva a darse; lo que ocurrió se haga presente, se traiga al presente de tu Iglesia.

sábado, 22 de diciembre de 2018

La epíclesis y la consagración

Desciende el Espíritu Santo, da fuerza y actualidad a las mismas palabras eucarísticas del Señor: "Tomad y comed...", "tomad y bebed..."

Estamos en el núcleo, en el centro de todo: la acción del Espíritu Santo da realidad y vida a los signos y las palabras y ya no son mero recuerdo, sino sacrificio y presencia real.




Epíclesis y consagración

-Comentarios a la plegaria eucarística –IV-


            El rito eucarístico no es una simple ceremonia, ni un recuerdo de algo pasado y confinado al ayer, ni un símbolo de fraternidad. Es el presente de Dios aquí para nosotros. No es memoria, sino memorial; no es ayer, sino hoy; no es recuerdo, sino Presencia.

            Así lo ha entendido siempre la fe de la Iglesia, como ahora lo expresa el Catecismo de la Iglesia Católica:

jueves, 6 de diciembre de 2018

"Santo eres en verdad, fuente de toda santidad"

¿Cuántas veces no habremos oído, en la plegaria eucarística II, afirmar y rezar diciendo: "Santo eres en verdad, Señor, fuente de toda santidad"?

¿Tal vez apresuradamente, sin captar ni oír bien?

¿Tal vez sin pararnos a reflexionar en esa tremenda y gran afirmación?


Se afirma que Dios es santo y se afirma, igualmente, que la fuente de la santidad, de toda santidad, es Él. ¿No era el hombre bueno ya de por sí un santo? ¿No es la santidad un esfuerzo moral del católico comprometido? ¿No es la santidad la coronación de nuestros méritos porque ya somos buenos?




“Santo eres, fuente de toda santidad”

-Comentario a la plegaria eucarística – II-



            “¡Santo es el Señor!” Su santidad todo lo llena, la santidad es el adorno de su casa por días sin término (cf. Sal 92), agraciando al hombre con sus bienes, invitándolo a entrar en el ámbito de su santidad.

            “¡Santo es el Señor!” Su gloria llena la tierra y envuelve con ella a toda la liturgia, que es el lugar más claro donde vemos la manifestación, la epifanía, de su santidad y su gloria.

            La liturgia canta la santidad de Dios, y al cantarla, invita al hombre a vivir santamente, santificándose, consagrándose a Dios, permitiendo que la gracia de Dios lo eleve, transforme, transfigure. La santidad de Dios se desborda en la liturgia.

            A Dios se le llama santo en la liturgia, el Tres veces Santo, Santísimo. Asimismo, a cada una de las Personas divinas también se las califica de “santas”: “Padre santo, Dios todopoderoso y eterno”; a Jesucristo, en el himno del “Gloria”, lo reconocemos como el solo Santo, el que de verdad es Santo: “sólo Tú eres santo, sólo Tú, Señor; sólo Tú, altísimo Jesucristo”. El Espíritu, que procede de ambos, recibe igualmente la calificación de “santo”: “Espíritu Santo”, “tu santo Espíritu”.

viernes, 16 de noviembre de 2018

"Nuestro deber y salvación darte gracias"

Un diálogo inicial del sacerdote con los fieles ha dado comienzo a la plegaria eucarística: El Señor esté con vosotros; Levantemos el corazón; Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

Estamos ante la Gran Plegaria de la Iglesia y ésta comienza con una pieza llamada "Prefacio" con la que damos gracias a Dios y exponemos los motivos de nuestra alabanza.





“Es nuestro deber y salvación darte gracias”

-Comentario a la plegaria eucarística – III-


            Una corriente de vida y de gracia desciende del cielo hasta nosotros; un canal, un torrente, se desborda para nuestro bien y nuestra santificación: es la Eucaristía, el don de Dios, el sacrificio de la muerte y resurrección de Cristo hoy en el altar mediante los signos sacramentales.

            En la Eucaristía, Dios entra en nuestra vida: Cristo mismo en el Sacramento se nos da. ¡Gozo de la Eucaristía!, el cielo se hace presente en la tierra y nos eleva hasta Él. La liturgia, fuente y culmen de la vida de la Iglesia, glorifica a Dios y santifica a los hombres (cf. SC 10), y ahí caen todos los protagonismos, que tanto gustan, para centrarse humilde y discretamente en el único protagonista: Dios, el Misterio pascual de Cristo. Entonces la liturgia recupera su solemnidad, su sacralidad. ¡Estamos ante el Misterio de la salvación de Dios! Así puede nacer en nuestras almas el gozo de la Eucaristía.

***

martes, 6 de noviembre de 2018

La vida eucarística - XII



            En las Escrituras, cuando se utiliza la expresión cena o banquete referidos a Dios con el hombre, está ofreciendo una visión preciosa: Dios quiere compartir su intimidad con el hombre, ofrecerle un espacio de amor, en relación especialísima, un compartir gratuito donde Dios, en Cristo Jesús, se quiere dar al hombre. Pero el uso expresivo, y a la vez restrictivo, de la palabra “cena” tiene un contenido de seducción y de amor, de confidencia que no es sino para la intimidad.


  
          La Eucaristía es esta Cena amorosa que el Señor ofrece y a la que el Señor llama. La Eucaristía –celebrada o adorada en el Sagrario- es el espacio de comunicación, de un mutuo darse, de una mirada de amor. Todo (los cantos, los signos, el modo de celebrar, el silencio en la iglesia), todo debe apuntar a este Misterio grande de amor e intimidad. Hay una mística (accesible a todos) en el misterio de intimidad eucarística. Sea la voz  de S. Juan de la Cruz:

            “...La cena que recrea y enamora”.


            “La cena a los amados hace recreación, hartura y amor. Porque estas tres cosas causa al Amado en el alma en esta suave comunicación, le llama ella aquí la cena que recrea y enamora.
            Es de saber que en la Escritura divina este nombre cena se entiende por la visión divina (Ap 3,20); porque así como la cena es remate del trabajo del día y principio del descanso de la noche, así esta noticia que habemos dicho sosegada le hace sentir al alma cierto fin de males y posesión de bienes, en que se enamora de Dios más de lo que de antes estaba. Y por eso le es él a ella la cena que recrea, en serle fin de los males; y la enamora, en serle a ella posesión de todos los bienes.

sábado, 3 de noviembre de 2018

El Prefacio y el Santo

Dada la necesidad de una formación constante y continua sobre la liturgia, que nos ayude a vivir mejor la Eucaristía, participar activamente, orar fervorosamente, comprender el Misterio, vamos a dar pasos en la comprensión y asimilación de la Gran Plegaria Eucarística.

Son éstas unas catequesis que se fueron publicando en los boletines de la Adoración Nocturna, tanto masculina como femenina, de mi diócesis. 





El Prefacio y el Santo

-Comentarios a la plegaria eucarística-


            “En la Plegaria Eucarística se dan gracias a Dios por toda la obra de la salvación y las ofrendas se convierten en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo” (IGMR 72).

            El primer momento de la plegaria eucarística es el prefacio, la alabanza siempre dirigida al Padre, con el que la Iglesia, por Cristo y movida por el Espíritu Santo, da gracias al Padre.

            Deseamos en el principio de la plegaria que Cristo esté con su sacerdote y el Espíritu Santo actúe en su espíritu sacerdotal (“-y con tu espíritu”) para pronunciar santamente esta sagrada plegaria y que el Señor Jesucristo actúe por medio de su sacerdote.

viernes, 26 de octubre de 2018

La gran plegaria eucarística

Abordamos un tema central, clave de toda la Misa: la plegaria eucarística.



            Para la participación verdadera en la liturgia, que nunca se identifica con “intervenir” y “que todos hagan algo”, se requiere un conocimiento de la misma liturgia que nos lleve a orar, responder, cantar, escuchar y ofrecernos. Así, para una auténtica participación según la mente de la Iglesia, la Constitución Sacrosanctum Concilium establecía:



            “La Iglesia, con solícito cuidado, procura que los cristianos no asistan a este misterio de fe como extraños y mudos espectadores, sino que, comprendiéndolo bien a través de los ritos y oraciones, participen…” (SC 48).

            ¿Tan importante es la liturgia? ¿No son sólo ceremonias, ritos? La liturgia no es un cúmulo de ceremonias, sino la oración misma de la Iglesia, el culto espiritual y santo. Sus textos litúrgicos, sus lecturas, sus cantos, etc., van impregnando el alma poco a poco si se sabe recibirlos y asimilarlos, de manera que la liturgia es la gran maestra y educadora de la fe: “es la fuente primaria y necesaria de donde han de beber los fieles el espíritu verdaderamente cristiano” (SC 14).

            Los obispos y sacerdotes, junto con los diáconos, y también los catequistas de niños, jóvenes y adultos, deberán introducir en el misterio de la liturgia mediante una educación paciente para que la sepan todos vivir:

miércoles, 10 de octubre de 2018

La vida eucarística - XI


¡Cuántas son tus obras, Señor, y todas las hiciste con sabiduría!
¡Tú creaste el pan y el vino que reconfortan al hombre!
Tu Hijo se nos dio en sagrado Banquete,
y desde entonces
cada vez que comemos del Pan y bebemos del Cáliz
anunciamos su muerte hasta que vuelva.
El cáliz que bendecimos
es la comunión con la Sangre de Cristo.
El pan que partimos
es comunión con el Cuerpo de Cristo.



¡Qué exquisita bondad, Señor!
Nos diste Pan del cielo,
de mil sabores enriquecido,
que contiene en sí todo deleite.

Oramos agradecidos,
enteramente reconociendo
y sintiendo internamente
el gran Don de la Eucaristía
con la plegaria litúrgica más antigua
que nos ha legado el tesoro de la Tradición: