
Lo que me preguntaron hace días, vamos ahora a intentar responder.
Lo que he visto de trabajo con niños, más bien preadolescentes, tal vez pudiera servir de modelo, ejemplo y estímulo. Veamos.
1. Lo primero es saber que
son niños, pero no tontos; que son niños, pero tratarlos puerilmente da siempre mal resultado porque pueden asociar siempre lo que se les enseñó y la misma Eucaristía a una etapa sólo de su vida y cuando crezcan abandonarlo como "cosas de niños". Por ejemplo, ese es el resultado de las "Misas DE niños" (ni siquiera "con niños"), en lugar de poner los cimientos para que se integren desde el principio no en la Misa "de" niños, sino en la Misa parroquial que es lo que siempre ellos y todos vamos a vivir.
2. Segundo: acostumbrar a los niños y jóvenes al Sagrario y a la capilla del Sagrario. Enseñarles que el Señor realmente está en el Sagrario, que una vela o lámpara roja siempre encendida indica su presencia, se le saluda haciendo la genuflexión (rodilla derecha en tierra) y se reza personalmente. Puede ser muy útil
llevar a los niños al Sagrario al empezar o acabar la sesión de catequesis y allí rezar juntos pero pausadamente, es decir, no algo rápido y mecánico, casi de trámite, sino verdadera oración. Por ejemplo, el grupo con su catequista van al Sagrario, rezan el Padrenuestro, Avemaría y gloria, se les deja unos minutos de silencio y luego el catequista en voz alta dirige la oración al Señor, despacio, convirtiendo en lenguaje de oración lo que en la catequesis han tratado. Terminar con el Gloria o con unas preces respondiendo "Señor, ten piedad".
3. Tercero.
Los Tarsicios son la rama infantil-adolescente de la Adoración Nocturna. El grupo de adoradores tiene su vigilia mensual un sábado por la tarde. En la sesión de formación se les va educando en qué significada cada elemento de la liturgia, cómo se realiza (incluso ensayo de tipo práctico) y cómo vivirlo (dimensión espiritual).
La vigilia se estructura con
la exposición del Santísimo, el canto de Vísperas y la oración personal. Los niños se convierten en protagonistas responsables: uno entona las antífonas, otro la lectura breve, otro las preces; los salmos a dos coros... El silencio se va distribuyendo en las Vísperas, a tenor de las normas litúrgicas, y al final un tiempo prudente de adoración eucarística personal. Llegan a vivir la adoración como algo "suyo", y el responsable o catequista debe poseer junto a una gran experiencia de Dios, una solidez doctrinal y litúrgica para hacer de mistagogo-introductor con los Tarsicios.
4. Añadiría otro camino más. Muchas veces se organizan
retiros y convivencias de niños o jóvenes. Ahí uno de los momentos fuertes podría ser la adoración eucarística aprovechando la riqueza del Ritual del culto a la Eucaristía fuera de la misa: lecturas bíblicas, cantos, homilía que dé pie a orar personalmente, silencio sagrado (tal vez con suave música de fondo), preces, himnos, plegarias o salmos recitados entre todos o alternativamente y bendición, todo dirigido a Cristo. En estos momentos, con la exposición del Santísimo, muy bien se podría utilizar un tono mistagógico en moniciones y homilía que introduzcan en el sentido de la adoración e inviten a orar. (Terminarlo todo siempre con una Misa ha empobrecido la vida litúrgica y espiritual -una vigilia, un retiro, el envío de catequistas, una bendición de algo... todo es una Misa-. La liturgia es muy rica con variedad de celebraciones, como tesoro del que disfrutar).
5. Alguna que otra parroquia ha introducido una práctica altamente valiosa.
El Jueves Santo, tras la Misa in Coena Domini, viene la adoración ante la Reserva eucarística (a partir de medianoche sin solemnidad). A lo largo de la tarde del Jueves Santo hay
turnos de adoración, horas santas, dirigidas por el sacerdote: con el grupo de Cáritas, otra hora con el grupo de pastoral de enfermos, con los niños de catequesis, con los jóvenes, con las Cofradías y Hermandades, con las asambleas familiares, con los grupos de catequesis de adultos, otra abierta a toda la parroquia. Los niños y jóvenes descubren el valor de la Reserva eucarística, se saben miembros de la parroquia como todos los demás, oran y se les introduce en la celebración cumbre del Triduo pascual anual.
6. Aunque parezca obvio, la primera pastoral sería que
los padres (y los abuelos) entren con sus hijos a
hacer la visita al Sagrario con toda naturalidad o se lleguen un rato a la parroquia cuando el Santísimo esté expuesto. Estas cosas quedan bien grabadas y son testimonio de fe.
Estos serían algunos puntos, caminos o sendas. Los comentarios podrán ser iluminadores. Pero así respondo a la petición de
Seneka y de Embajador: ¡que por mí no quede!, siempre que se pueda responder.