martes, 25 de mayo de 2010

Cómo debo estar yo con Cristo en el Sagrario

“Llena el alma de ese vivir sintiendo y compadeciendo con Él, procura no ver, ni oír, ni sentir, ni querer las cosas, los acontecimientos y a las personas, sino como Jesús desde su Sagrario las ve, oye, siente y quiere. Y de esta suerte la presencia nuestra ante el Sagrario, que por ser corporal está limitada sólo al tiempo en que estamos delante de Él, por esta compasión le podemos acompañar no a ratos, sino siempre, siempre...

Por esta compañía de compasión, nuestro corazón y nuestra vida se convierten en eco del Corazón y de la Vida que palpitan en nuestro Sagrario...

Alma que crees con fe viva en la presencia real de Jesús en la Eucaristía ¿puedes medir la inmensidad del amor que el Corazón de Jesús recibiría en su Sagrario y de la dulzura y seguridad y paz que te inundarían, si tu corazón no tuviera más ritmo que el ritmo del Corazón de Jesús Sacramentado?

Dos corazones con el mismo ritmo son un solo corazón. Ésa es la obra de la compasión perfecta".


Beato D. Manuel González, El abandono de los Sagrarios acompañados,
en O.C., Vol. I, n. 220.

4 comentarios:

  1. Pedro Arroyo Gómez25 mayo, 2010 11:23

    ¿ Por qué me cuesta tanto trabajo estar a solas delante del Santísimo ?
    ¿ Será falta de fe ?
    ¿ Será que no tengo paciencia ?
    ¿ Será que no estoy abierto a escuchar ?
    No lo se, pero esto me hace huir del Sagrario y no tener la conciencia tranquila.
    Javier, no se que hacer.

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  2. por favor don javier contestele a pedro, que eso nos vendra muy bien a munchos. en esa situacion me en cuentro yo y me vendria bien su ayuda.mara

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  3. A ver si puedo iluminar algo lo que planteáis.

    1. Para orar ante el Sagrario hay que calmarse un poco: pasar de la calle y del ruido, a la soledad, al silencio y a la Presencia.

    2. Entrar en la capilla del Sagrario, hacer una genuflexión pausada mirando al Sagrario, que nos haga conscientes de la Presencia. Ir al banco y arrodillarse.

    3. Una vez de rodillas, antes de rezar ni de decir nada, mirar al Sagrario y percibir a Cristo: una lamparilla encendida, la puerta del Sagrario normalmente iluminada con un haz de luz potente. Mirar. La respiración debe estar ya calmada; seguimos de rodillas, sin cambiar de postura a cada instante...

    4. Mirando al Sagrario, hacer primero un acto de presencia de Dios: "Señor, tú estás aquí... Tú me amas, me escuchas. Te adoro, Dios mío".

    5. Luego, ya antes de iniciar la oración, invocar al Espíritu Santo que dirija la plegaria, ore en nosotros, ponga en nuestra boca lo que hayamos de pedir.

    6. Entonces, tal vez, sentarse, despacio y sin movimientos bruscos, sino con recogimiento. Empezar a orar:

    -unas veces, leer suavamente el Evangelio dos o tres veces, ver qué dice en sí mismo, imaginarlo, sentir la voz de Cristo y luego reflexionar para saber qué me dice a mí concretamente, ahora,

    -otras veces, en lugar del Evangelio, las oraciones del Misal para la Misa de cada día, o un prefacio o la plegaria eucarística, imbuyéndonos de la oración de la Iglesia y haciéndola nuestra,

    -otras, rezar despacio un salmo, dejando que cale en el alma, o emplear jaculatorias al ritmo sosegado de la respiración: "señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero", "¿A quién vamos a ir? tú tienes palabras de vida eterna", "Jesús, confío en ti", "Dios mío y mi todo"...

    -otras, simplemente, hablar con Él, suavemente, en conversación amistosa, sobre lo que sentimos, vivimos, sufrimos y pedir gracia y luz.

    Son los pasos normales. Pero, sobre todo, cuidar mucho la preparación y el inicio de la oración. A veces entramos en ella como elefantes en cacharrería, sin recogimiento ni haber pacificado el interior, nos ponemos nerviosos y tenemos que huir.

    Además, cuando se está ante Él, se hace luz en el interior, y todo lo que hay en la conciencia sale a flote con claridad incomodando. Encararnos entonces lo mejor posible con la verdad de nuestra vida, dejando que el Señor hable o nos dé sentimientos o luces en el corazón.

    Espero que esto sea de ayuda.

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  4. lo que relata Pedro nos pasa a muchos, incluso a veces no comprendemos el regalo que es el sagrario.... gracias por ese "manual", me es de gran ayuda para entender como estar frente al sagrario. Bendiciones desde Rosario - Santa Fe - Argentina, Fernando

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