domingo, 9 de mayo de 2010

Carta por tu ordenación sacerdotal

+++ Carísimo:

Ha sonado la hora de Dios para ti. El Sacramento del Orden te va a configurar a Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote. El Espíritu ungirá tu alma. Tu Esposa será la Iglesia; tu amor, el del Corazón de Cristo; tu interés, edificar la Iglesia.

Ha llegado el momento que Dios había preparado para ti. Juntos hemos vivido este tiempo, preparando desde las cosas más materiales (qué fastidiosas, ¿verdad?) hasta las más espirituales. Juntos, como siempre que se puede o que nos dejan; juntos, con los lazos de la amistad, del afecto realmente fraterno, de la afinidad espiritual.

Ahora, como un hermano mayor, me dirijo a ti.

El sacerdocio es realmente grandísimo, un don incomensurable. Hay un amor de predilección previo, el de Cristo, y una pobre y débil respuesta nuestra, que le dice “Sí” y se deja llevar. En este ser conducido uno ve su propia indignidad e incapacidad, se asombra de las maravillas que la Gracia obra en los demás, acompaña en la vida de santidad, descubre la grandeza de muchísimas almas santas, entregadas, que contrastan con lo poco que uno es. El amor de Cristo te rodeará siempre incluso cuando no se percibe o se atraviese por algún desierto amenazador o la sombra de la Cruz se proyecte sobre nuestra existencia sacerdotal.

Conserva lo que eres; no lo pierdas. Guarda tu corazón. Ama a Cristo como ahora mismo lo amas y que nada enfríe tu afecto por el Señor. Ama a la Iglesia, mírala con los mismos ojos sencillos que ahora tienes aun cuando tendrás que descubrir mucha debilidad, flaqueza y pecado, y te duela y te escandalice. Ámala.

Llegarán con los años momentos de lucha, de dudas y vacilaciones. No busques nada sino a Cristo. Las circunstancias a veces son un tejido inextricable, enmarañado... No caigas en la tentación: busca siempre y sólo a Cristo. Decía el Papa Benedicto en una homilía maravillosa (7-mayo-2006): “"El que sube por otro lado, ese es un ladrón y un salteador" (Jn 10, 1). Esta palabra "sube" (anabainei) evoca la imagen de alguien que trepa al recinto para llegar, saltando, a donde legítimamente no podría llegar. "Subir":  se puede ver aquí la imagen del arribismo, del intento de llegar "muy alto", de conseguir un puesto mediante la Iglesia:  servirse, no servir. Es la imagen del hombre que, a través del sacerdocio, quiere llegar a ser importante, convertirse en un personaje; la imagen del que busca su propia exaltación y no el servicio humilde de Jesucristo”.

En el servicio humilde de Jesucristo, vive de su Humildad. Es Él quien obra, quien hace, quien santifica. A veces podemos pensar que siempre todo depende de nosotros y nos convertimos en expertos pastoralistas, agobiados y agobiantes, que queremos llegar a todo, estar en todo, con una suma inmensa de reuniones y gestiones (que además no son ni propiamente sacerdotales): a la Iglesia y a los hombres no los salvamos nosotros, sino Jesucristo. Esto tan evidente, luego en la práctica diaria, se nos olvida muchísimo. Somos, al final, sin necesidad, personas “superocupadas”, bajo capa de bien, con frutos pequeñísimos. Porque nos hemos constituido al final en cimiento de todo, ¡y el único fundamento es Jesucristo!

Habrás leído y meditado muchas veces la prex ordinationis: esa es la referencia, lo que la Iglesia ha implorado por ti y para ti. Ajusta tu vida a ella y serás un sacerdote santo:

“Sea honrado colaborador del orden de los obispos,
para que por su predicación,
y con la gracia del Espíritu Santo,
la palabra del Evangelio
dé fruto en el corazón de los hombres
y llegue hasta los confines del orbe.
Sean con nosotros fieles dispensadores de tus misterios,
para que tu pueblo se renueve
con el baño del nuevo nacimiento,
y se alimente de tu altar;
para que los pecadores sean reconciliados
y sean confortados los enfermos.
Que en comunión con nosotros, Señor,
imploren tu misericordia
por el pueblo que se les confía
y en favor del mundo entero”
(PR, n. 131).

Me uno a esa plegaria y sigo pidiendo por ti.

Con afecto de hermano: el Señor te bendiga y te pague todo el bien que has hecho.

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1 comentario:

  1. Hoy , un día muy especial para rezar por los sacerdotes - San Juan de Avila - rezaremos también por este amigo, hermano suyo que se acaba de ordenar

    María M.

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