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sábado, 5 de febrero de 2011

Himno eucarístico al Corazón de Jesús (Textos de los Padres - IX)

Del cielo de los cielos se ha desprendido aquel carbón que hoy es consagrado y respetuosamente llevado en las manos de los sacerdotes, de estos hermanos y compañeros de ministerios de los ángeles celestiales, los cuales, con perfecta armonía, levantan su voz temblando ante ti.
También nosotros, aunque enrededados en pecados, queremos, como ellos, cantar y clamar:
Santo eres tú, ¡oh Dios mío!, que das lo santo a los santos.
Santifícanos por tus misterios celestiales a nosotros que clamamos a ti.
Santo eres tú, ¡oh Fuerte!, que con tu fuerza poderosa has descubierto el fraude del maligno y nos has deparado armas para vencerlo y vernos libres de sus intrigas.
Santo eres tú, ¡oh Inmortal!; te alabamos porque has sido crucificado por nosotros. Pues por la puerta de tu costado abierta en la cruz ha sido santificada la tierra, la cual antes estaba maldita por la transgresión que Adán hizo del mandamiento.
Alabanza sea a ti, ¡oh Señor sobre todas las cosas!

(Rábulas de Edesa, Himno eucarístico, 2).

viernes, 4 de febrero de 2011

La Iglesia nacida del Costado de Jesús (Textos de los Padres - V)


"... Pero ¿cómo podrá demostrar que la Iglesia ha salido constituida del costado de Cristo? También esto nos lo indica la Escritura. Pues después de que Cristo expiró clavado en lo alto de la cruz: Acercándose uno de los soldados, le traspasó el costado y salió sangre y agua (Jn 19,34); y toda la Iglesia está formada de aquella agua y de aquella sangre. Nos lo atestigua Él mismo al decir: Quien no renaciere de agua y espíritu no puede entrar en el Reino de los cielos (Jn 3,5); a la sangre llama espíritu. Y realmente, nacemos por el agua del bautismo y nos nutrimos con la sangre. ¿Ves cómo somos de su carne y de sus huesos (cf. Gn 2,23), nosotros, que hemos nacido y nos hemos alimentado de la sangre aquella y del agua? Y de la misma manera que la mujer fue creada estando Adán dormido, así fue formada la Iglesia del costado de Cristo ya muerto".

S. Juan Crisóstomo (Homilía sobre las cualidades de las esposas, 3,3).

Tú que exaltado en la cruz quisiste ser atravesado por la lanza del soldado,
-sana nuestras heridas.


Tú que elevado sobre la cruz hiciste que de la herida de tu costado manara agua junto con la sangre,
-alegra con este manantial a la ciudad de Dios.

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Y un recordatorio:

domingo, 4 de julio de 2010

El descenso a los infiernos del Señor


Pero mientras Dios ilumina con su luz de oro los antros de la muerte, mientras lleva Él radiante día a las tinieblas espasmadas, las estrellas del firmamento oscuro palidecieron de tristeza.

El sol huyó, y, sucio en sarro lúgubre, dejó el brillante cielo y se ocultó afligido; se dice que el mundo horrorizado temió llegar el caos de una eterna noche.


¡Suelta tu voz, alma mía sonorosa; suelta tu lengua ágil, canta el trofeo de la pasión, canta el triunfo de la cruz, canta la bandera, cuya señal refulge en nuestras frentes!

¡Oh milagro inaudito de una herida en esta muerte maravillosa! Fluyó, de un lado de ella, sangre; de otro, agua; el agua nos da el bautismo, de la sangre brota la corona del martirio.


La serpiente vio inmolada la víctima del cuerpo sagrado; la vio, y al punto perdió el veneno de su hiel abrasada, herida de dolor intenso, quebrados sus silbantes cuellos.

¿De qué te aprovechó, sacrílega serpiente, cuando el mundo era reciente, el haber arruinado al primer hombre con tu mudable astucia? La naturaleza mortal, que Dios se revistió, ha deshecho su culpa.

Por breve tiempo se entregó a la muerte el Guía de la salvación, para acostumbrar a los muertos, ha tiempo sepultados, al retorno a la vida, sueltos ya los lazos de los antiguos pecados.


Entonces, los patriarcas y muchos santos, siguiendo al Creador, que, abriendo paso, retornaba ya por fin al día tercero, recogen la envoltura de su carne y salen del sepulcro.


Era de ver cómo de las áridas cenizas surgían y se unían los mortales miembros, cómo el polvo frío se calentaba al recobrar las venas, cómo los huesos, los músculos y las médulas se cubrían con el tejido de la piel.

Prudencio, Himno de todas las horas, vv. 76-103.

viernes, 7 de mayo de 2010

Eucaristía: Maná y Cuerpo, ¡Corazón de Jesús! (Textos de los Padres - X)

El pan celestial en el maná, el cual maná es Cristo. El maná prometido del cielo. Consumidos los panes que Israel había traído consigo de Egipto, murmurando pidió a Moisés pan, deseoso también de las carnes de Egipto (Ex 16,2s). Mas aquel mediador Moisés en seguido les obtuvo del Señor pan y carne. Recibe la orden el pueblo de coger por la mañana el pan, y por la tarde las carnes.
Mas estas cosas fueron figuras nuestras. Pues recibió primero el pueblo para comer aquel pan santo que descendió del cielo, después recibió la carne de Cristo preparada en la pasión, de la cual carne el mismo Señor dice: Si no comiereis la carne del Hijo del hombre, no tendréis vida en vosotros (Jn 6,54)...

Esta piedra (cf. 1Co 10,4), saciándonos también, dice: El que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que se hará en él fuente de agua bullidora para vida eterna (cf. Jn 4,13s). Esta piedra golpeada (cf. Ex 17,6) en la cruz, dio de sí sangre y agua (Jn 19,34), con las cuales nos embriagamos sobriamente.

(San Quodvultdeus, Sermón sobre las promesas y predicciones de Dios, 1, 39,56).

viernes, 5 de marzo de 2010

Costado de Cristo: Eucaristía e Iglesia (Textos de los Padres - VIII)


"Si quieres conocer más la fuerza de la sangre de Cristo, acuérdate del primer origen de donde manó; esta sangre corrió de la herida del costado del Señor crucificado... El agua es el símbolo del bautismo, la sangre el símbolo del sacramento santísimo; por eso no se dice: Salió sangre y agua, sino primero salió agua y luego sangre. Porque primero somos lavados por el bautismo y después se nos otorga la gracia del sacramento santísimo. Aquel soldado picó el costado y cavó en la pared del santo templo, y yo encontré el tesoro y tomé la riqueza. Así sucedió también con el cordero. Los judíos inmolaron el cordero, y yo he cogido como fruto el sacrificio. Del costado, sangre y agua. No pases superficialmente por este hecho lleno de sentido, y considera qué otro secreto hay escondido allí. Decía yo que el agua y la sangre son el símbolo del bautismo y del sacramento santísimo; pues la Iglesia está fundada sobre la renovación espiritual por medio del baño de la regeneración y en el sacramento santísimo, los cuales tienen su origen en el costado de Cristo. Por tanto, Cristo edificó de su costado la Iglesia, como hizo del costado de Adán a Eva. Por eso dice Pablo: Somos carne de su carne y de sus huesos (Ef 5,30), insinuando el costado... Ved, pues, qué íntimamente se ha unido Cristo con su esposa, ved con qué comida nos sacia; Él mismo es nuestra comida y alimento, y como una mujer alimenta con su propia sangre y leche a su hijo, así también Cristo a aquellos a quienes Él engendró alimenta constantemente con su propia sangre".

(S. Juan Crisóstomo, Homilía a los bautizados).

viernes, 5 de febrero de 2010

Corazón eucarístico de Jesús (Textos de los Padres - VI)

"Además de esto, se cumplía un misterio inefable. Brotó, pues, agua y sangre. Y no manaron sin razón y por casualidad esas fuentes, sino porque de ambas se formó la Iglesia. Esto lo conocen muy bien los iniciados, que renacen por el agua y se alimentan con la sangre y carne. De aquí tienen su origen los misterios, para que, al acercarte al tremendo cáliz, lo hagas como si fueras a beber de ese mismo costado. Y el que lo vio es el que lo asegura, y su testimonio es verdadero (Jn 19,35)".

(S. Juan Crisóstomo, Hom. 85, 3 sobre el Evangelio de San Juan).

La devoción al Corazón de Jesús -que es más, es toda una espiritualidad, un modo de vivir y tratar con Jesucristo- es sacramental.
El cáliz contiene la Sangre del Señor, recibimos su Cuerpo en la comunión y hemos sido lavados en el bautismo con el agua que brotó de su Costado.
Adoramos su Cuerpo eucarístico en la comunión, en el Sagrario y en la exposición eucarística... ¡y recibimos su amor y su salvación!


Salve, Cuerpo verdadero,
que has nacido de la Virgen.
Por nosotros inmolado,
en la cruz has padecido.
De tu pecho traspasado
brotan ríos de agua y sangre.
Que podamos recibirte
en la hora de la muerte.
¡Oh Jesús dulce!

¡Oh Jesús bueno!

¡Oh Jesús, hijo de María!

viernes, 4 de diciembre de 2009

En Cristo está nuestra salvación (Textos de los Padres - IV)


"Y ya que hemos citado el versículo en el que hace mención del cuerpo del Señor, a fin de que nadie, al leerlo, se perturbe viendo que ha escogido para sí un cuerpo de dolor, acuérdese de que se dolió y lloró por la muerte de Lázaro, y que fue herido en la pasión, y que de su herida manó sangre y agua, y que, por fin, entregó su alma. El agua, para el bautismo; la sangre, para bebida, el espíritu, para la resurrección. Por eso en solo Cristo está nuestra única esperanza, fe y caridad: esperanza en la resurrección, fe en el bautismo, caridad en el sacramento".

S. Ambrosio (Sobre las vírgenes, 3,5,22).

La verdad de tu humanidad santísima nos salva.
Tuviste un cuerpo verdadero, formado y nacido de la Virgen María.
¡Fuiste la Ofrenda de amor por nuestra salvación!
¡Sálvanos, Redentor nuestro!
¡Perdona nuestros pecados!
¡Atrae las almas hacia Ti!
Sé Tú el centro de nuestros corazones.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Cristo, su amor por mí (Textos de los Padres- III)


Recibiste la lanza del soldado en tu costado,
y me manifestaste tu amor en la pasión que sufriste por mí;
me recogiste y llevaste a tu casa, que estaba desierta,
y rogaste por mis heridas;
me deleitaste con tu vino
y habité alegre con seguridad en tu tálamo.

S. Efrén (La Iglesia y la virginidad, 37, 6).

Cristo, tú eres el Salvador.

Cristo, tú eres el Redentor.

Cristo, tú eres el Camino, la Verdad y la Vida.

Cristo, tú eres Resurrección y Vida.

Cristo, tú eres la Luz del mundo.

Cristo, tú eres el Buen Pastor.


¡Oh Cristo, ten misericordia de nosotros!

viernes, 2 de octubre de 2009

Sangre y Agua (Padres de la Iglesia - II)


"Ambas cosas proporcionó al mundo el cuerpo del Señor, sangre sagrada y agua santa.
Y estando muerto el cuerpo según la manera humana, tiene en sí gran fuerza de vida.

Pues lo que no mana de los cuerpos muertos, eso manó de aquél, sangre y agua; para que conociésemos cuánto poder tiene para [dar] vida la fuerza que habitó en el cuerpo, hasta el punto de que éste no aparezca un cadáver semejante a los otros, y a nosotros pueda derramarnos las causas de vida".


(Hipólito, Sobre los dos ladrones, Jn 19,34).

Del Corazón abierto del Salvador nace la Iglesia, nacen los sacramentos.

Cristo deviene Fuente de vida y salvación.

Cristo se manifiesta como nuevo Adán.


¡Jesús, manso y humilde de Corazón!

R/
Haz nuestro corazón semejante al tuyo.

viernes, 7 de agosto de 2009

El Costado de Cristo. (Padres de la Iglesia - I)


La imagen de Jesús crucificado y con el Costado abierto posee un riquísimo simbolismo sacramental y eclesial, origen de la devoción al Corazón de Cristo. Los Padres ofrecen reflexiones preciosas.

Pero uno de los soldados abrió con una lanza su costado y al instante salió sangre y agua. El evangelista ha usado una palabra cuidadosa, de forma que dijera no “golpeó” o “hirió” su costado, u otra cosa cualquiera, sino abrió, para que la puerta de la vida se abriera allí de donde han manado los sacramentos de la Iglesia, sin los que no se entra a la vida que es la auténtica vida. Esa sangre ha sido derramada para remisión de los pecados; esa agua prepara la copa saludable; ella proporciona el baño y la bebida. Esto lo preanunciaba la puerta que Noé mandó hacer en el costado del arca, para que por ella entrasen los animales que no iban a perecer en el diluvio, los cuales prefiguraban la Iglesia. En atención a esto, la primera mujer fue hecha del costado del marido, que dormía, y fue nominada vida y madre de los vivos, pues antes del gran mal de la prevaricación significó un gran bien. Aquí, el segundo Adán, inclinada la cabeza, durmió en la cruz para que de ahí –de eso que fluyó del costado del durmiente- le fuese formada la esposa. ¡Oh muerte en virtud de la que los muertos reviven! ¿Qué más limpio que esa sangre? ¿Qué más saludable que esa herida?

(S. Agustín, In Io., trat. 120,2).

Para este primer viernes de mes (día de reparación, de Eucaristía y adoración, de amor a Cristo), contemplemos así el Misterio del Señor dormido en la cruz... y de la Iglesia que nace de su costado como nueva Eva, Esposa de Adán dormido. ¡Y démosle gracias por la vida que nos comunica!