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martes, 14 de agosto de 2018

Camino de santificación, el matrimonio (Palabras sobre la santidad - LVIII)

Quienes se unen en el Señor, y reciben la gracia del sacramento del Matrimonio, pueden vivir en santidad, están llamados a la santidad, y la vivirán con un modo concreto: la esponsalidad. El matrimonio se convierte también en camino de santidad y no en obstáculo. Reciben una misión como matrimonio y, si son fieles a la gracia, se santifican en ella:

"Los esposos y padres cristianos, siguiendo su propio camino, mediante la fidelidad en el amor, deben sostenerse mutuamente en la gracia a lo largo de toda la vida e inculcar la doctrina cristiana y las virtudes evangélicas a los hijos amorosamente recibidos de Dios. De esta manera ofrecen a todos el ejemplo de un incansable y generoso amor, contribuyen al establecimiento de la fraternidad en la caridad y se constituyen en testigos y colaboradores de la fecundidad de la madre Iglesia, como símbolo y participación de aquel amor con que Cristo amó a su Esposa y se entregó a Sí mismo por ella" (LG 41).

 Están llamados a la santidad y se santifican en el estado matrimonial, como enseña la Constitución Gaudium et Spes:

"Los esposos cristianos, para cumplir dignamente sus deberes de estado, están fortificados y como consagrados por un sacramento especial, con cuya virtud, al cumplir su misión conyugal y familiar, imbuidos del espíritu de Cristo, que satura toda su vida de fe, esperanza y caridad, llegan cada vez más a su propia perfección y a su mutua santificación, y , por tanto, conjuntamente, a la glorificación de Dios" (GS 48).

La gracia matrimonial actúa eficazmente y es comunicada por Cristo mediante la Iglesia. La Iglesia acompaña a todos sus hijos en el camino de la santidad:

"La Iglesia reconoce y ahora, asiste y santifica a todos los grupos de personas, a todas las almas, a todas las particulares condiciones y todas las buenas almas, a todas las particulares condiciones y todas las buenas actividades humanas" (Pablo VI, Alocución general, 16-octubre-1963).

El Matrimonio, celebrado en el Señor, es un sacramento, por tanto, algo más que una ceremonia pública y social donde los novios sellen un contrato. Es una comunicación de la gracia del Espíritu Santo para vivir esponsalmente reflejando la esponsalidad de Cristo con su Iglesia. Al ser comunicación de gracia, no es de extrañar que la Iglesia ore, en la solemne plegaria de bendición nupcial, diciendo:

"Envía sobre ellos la gracia del Espíritu Santo,
para que tu amor, derramado en sus corazones,
los haga permanecer fieles en la alianza conyugal" (Ritual del Matrimonio, n. 82).


viernes, 12 de agosto de 2016

Matrimonio y santidad (Palabras sobre la santidad - XXIX)

Comencemos la catequesis leyendo, sencillamente, algunas palabras de la Constitución pastoral Gaudium et spes, del Concilio Vaticano II, sobre el matrimonio:


"Cristo nuestro Señor bendijo abundantemente este amor multiforme, nacido de la fuente divina de la caridad y que está formado a semejanza de su unión con la Iglesia. Porque así como Dios antiguamente se adelantó a unirse a su pueblo por una alianza de amor y de fidelidad, así ahora el Salvador de los hombres y Esposo de la Iglesia sale al encuentro de los esposos cristianos por medio del sacramento del matrimonio. Además, permanece con ellos para que los esposos, con su mutua entrega, se amen con perpetua fidelidad, como El mismo amó a la Iglesia y se entregó por ella. El genuino amor conyugal es asumido en el amor divino y se rige y enriquece por la virtud redentora de Cristo y la acción salvífica de la Iglesia para conducir eficazmente a los cónyuges a Dios y ayudarlos y fortalecerlos en la sublime misión de la paternidad y la maternidad. Por ello los esposos cristianos, para cumplir dignamente sus deberes de estado, están fortificados y como consagrados por un sacramento especial, con cuya virtud, al cumplir su misión conyugal y familiar, imbuidos del espíritu de Cristo, que satura toda su vida de fe, esperanza y caridad, llegan cada vez más a su propia perfección y a su mutua santificación, y , por tanto, conjuntamente, a la glorificación de Dios" (GS 48).

El matrimonio es un camino de santidad, con su propia espiritualidad y las gracias sacramentales necesarias para la mutua santificación. 


sábado, 22 de agosto de 2015

Santidad matrimonial (Palabras sobre la santidad - XVI)

Como la santidad es una vocación universal que corresponde a todo bautizado, el matrimonio y la familia (¡Iglesia doméstica!) está llamada a la santidad y, en sí mismo, es un camino de santidad.


Quien imagine la santidad exclusivamente como la vida de los anacoretas y monjes, apartados del mundo, se equivoca. Ese será el camino de quienes han sido llamados a la soledad del eremitorio o del monasterio. Pero quienes han sido llamados al matrimonio y construyen una familia, están igualmente llamados a la santidad, pero con el peculiar estilo de su propio estado de vida. Serán santos en la medida en que su matrimonio sea santo, vivido sobrenaturalmente; serán santos en la medida en que su familia sea una Iglesia doméstica donde Cristo reine.

El matrimonio y la familia son un camino de santidad apto y válido mientras se recorra conscientes de esa vocación y viviendo la gracia que dimana del Sacramento mismo del Matrimonio.

martes, 10 de febrero de 2015

Recuperar lo sencillo de la vida cristiana

Tal vez lo más básico y sencillo se olvida con más facilidad; y aquello que se omite, va desvirtuando los contornos. La identidad como católicos parece en algunos momentos desdibujada, con perfiles borrosos, difuminados, porque en ocasiones los elementos fundamentales, sencillos, los tenemos algo olvidados.


La identidad católica debe ser reafirmada, sin mezclas extrañas, sin síntesis con otras formas de vida, para dar un testimonio claro y elocuente de lo que somos y de lo que vivimos. Difuminada o disimulada la identidad católica, podríamos ser una sal que ya no sazona nada o una luz que se oculta y no ilumina. Esta identidad hemos de fortalecerla, sencillamente, sin imponer a nadie, en el plano personal (cada uno), en el familiar y en el comunitario.