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miércoles, 27 de mayo de 2015

La Confirmación - Mistagogia y síntesis final

Es importante, en vistas a tener las ideas claras y erradicar confusiones, que la mistagogia, es decir, la explicación teológica y espiritual de los ritos, oraciones y signos de la liturgia, se haga y se transmita en catequesis.

La liturgia no es complicada ni extraña ni fría ni irracional. Es cuestión de conocerla, ser adentrados en ella, y entonces impregna nuestra existencia y nos abre su universo simbólico llenando el alma.


El rito sacramental de la Confirmación, que es sencillo, contiene en su brevedad momentos, ritos y gestos distintos, que en numerosas ocasiones no son explicados, sino que simplemente, se ensaya para un desarrollo más o menos correcto, e insistiendo en lo periférico y secundario (tales como las ofrendas o las moniciones), en lugar de ayudar a vivir en toda su plenitud, la parte sacramental.

Esta parte sacramental se desarrolla así:

-Aleluya y Evangelio
-Presentación de los candidatos al Obispo por parte del párroco o catequista
-Homilía
-1) Renovación de las promesas bautismales
-2) Oración del Obispo con la imposición de las manos
-3) Crismación en la frente, con la señal de la cruz, a cada confirmando
-Oración de los fieles.

martes, 19 de mayo de 2015

La Confirmación - Mistagogia del Crisma y la crismación

El buen olor de Cristo es perfume, ungüento. "¡Correremos tras el olor de tus perfumes!", decía la esposa del Cantar de los Cantares. Su olor es delicioso, un olor que atrae por amor y lleva a la vida; el pecado y la muerte no tienen perfume, sino un hedor que repugna.


Aquí el santo Crisma es la materia del sacramento. De nuevo el aceite, santificado por la oración del Obispo junto con su presbiterio en la Misa crismal, la Misa de bendición de los óleos en la mañana del Jueves Santo. El aceite, por sus cualidades, incluso por su color y olor, mezclado además con bálsamo y aromas, es un instrumento precioso de la Gracia del Espíritu Santo.

Sabemos el santo Crisma es venerado: se guarda con todo honor y respeto -así lo definían los antiguos Pontificales- en el baptisterio, en una urna, o arqueta. Desde luego el santo Crisma no se ofrece "simbólicamente" en una procesión de ofrendas de una Misa cualquiera, ni otros inventos tan creativos. Es materia sacramental que tiene el máximo rango después del Santísimo Sacramento.

Ahora el Obispo, con el santo Crisma, este bendito aceite con perfumes, va a sellar a cada confirmando trazando en su frente la señal de la cruz. Tanto la forma de hacerlo del obispo, despacio, expresivamente, como la clara conciencia y respuestas del confirmando ("Amén", "Y con tu espíritu"), hará que este momento no pase desapercibido, sino sacramentalmente elocuente.

jueves, 14 de mayo de 2015

La Confirmación - mistagogia de la cruz en la frente

El momento culminante del sacramento de la Confirmación sucede cuando el obispo signa en la frente con la señal de la cruz, marcando la frente con el santo crisma, a las palabras "N., recibe por esta señal el don del Espíritu Santo".

La cruz, trazada con crisma santísimo en la frente, es el sello del alma, la marca indeleble que nadie podrá borrar.


Más aún, sabemos que el Espíritu Santo viene por la cruz, pues del costado abierto del Salvador sale sangre y agua y entrega su Espíritu. De la cruz brotan los ríos de agua viva que santifican dando fecundidad. Y el Espíritu da testimonio de ello.

Con el santo crisma se comunica el Espíritu Santo, pero esto ocurre con la cruz trazada en la frente del confirmando. ¿Acaso hay Don que no venga por la Cruz?


"C. Se traza a continuación sobre la frente el signo de la cruz. Es el signo de Jesucristo, signo bajo el cual volverá un día. Es de nuevo un signo de apropiación, el gesto significa una entrega de sí a Cristo, tal como se había prometido antes con las promesas renovadas.

sábado, 18 de abril de 2015

La confirmación - Mistagogia de la oración del obispo

¡Elige la vida!

Junto al aspecto de elección positiva, adhiriéndose a la Vida verdadera, está la renuncia a aquello que se opone a la Vida, aunque su presencia al principio parezca fantástica, ilusionante, confortable.


Estamos en el primer momento del rito de la Confirmación: la renovación de las promesas bautismales, con signos claros de alianza, de contrato, de esponsalidad con Cristo, de confianza con Él y en Él para recorrer un camino seguro, a veces empinado, sinuoso, escarpado, pero que conduce a la vida verdadera, a la que sólo merece ese nombre.

Aunque el rito es sencillo, y probablemente breve, es denso cuando se explica su alto contenido y cuando se rubrica con la aclamación de todos: "Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo".

"2. 

Para ser cristiano, hace falta una decisión.

Pero el cristianismo no es sólo un sistema de mandamientos que exigiría de nuestra parte proezas morales. Es también un don que se nos hace: somos acogidos en una comunidad que nos lleva, la Iglesia. Es lo que se puede ver en el segundo acto de la celebración, la oración que el obispo, por su consagración, dice en nombre de la Iglesia entera.

El obispo, al hacerlo, extiende los brazos como Moisés lo hizo cuando combatía Israel (Ex 17,11s). Sus manos extendidas son como un tejado que nos protege y cobijase del sol y de la lluvia; son también como una antena que capta las ondas que corren por el aire y nos acercan así lo que está muy alejado de nosotros.

viernes, 10 de abril de 2015

La Confirmación - Mistagogia de las promesas bautismales

La liturgia no es complicada ni rara si se la explica, si se desgrana paso a paso. Esa es la experiencia de muchos que, una vez explicada en catequesis, la viven y la entienden con gozo de su alma. Será complicada y rara allí donde no se enseña, ni se profundiza, y por tanto se le añaden pequeños inventos y creatividades personales.

El rito de la Confirmación merece ser explicado, con tono mistagógico, tanto a los fieles como a aquellos que van a ser crismados. No es solamente hablar de compromisos, ni ensayar cuando llegue la hora: la catequesis de Confirmación, o un retiro preparatorio, así como los mismos ensayos, deben ofrecer también una mistagogia, una explicación del sentido de cada elemento de esta liturgia.

Ahora vamos a ser catequizados por un artículo-homilía del card. Ratzinger que es un ejercicio de mistagogia, de catequesis a partir de los ritos de la liturgia y de una mayor comprensión y vivencia de la liturgia misma.

"El ritual de la confirmación manifiesta lo que significa el sacramento: la profesión de fe realiza la promesa de vida dada en el bautismo; la oración solemne del obispo integra en la Iglesia; el signo de la cruz y la unción conforman con Cristo.


Lo que significa el sacramento de la confirmación, la Iglesia nos lo explica de manera sensible con los signos por medio de los cuales se administra. Cuando se mira el desarrollo de esta ceremonia un poco más de cerca, se ve bien que se divide en tres etapas. Comienza por la renovación de las promesas del bautismo; prosigue con la plegaria que el obispo, con los brazos abiertos, pronuncia en nombre de la Iglesia; después se produce la administración del sacramento propiamente dicho: unción, imposición de las manos y beso de la paz. Miremos más de cerca estas tres partes.

jueves, 9 de octubre de 2014

La fortaleza que nos viene dada

"Descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.


...Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro,
mira el poder el pecado cuando no envías tu aliento

Sana el corazón enfermo, lava las manchas,
infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero" (Secuencia de Pentecostés).

"Virtute firmans perpeti" (Himno Veni Creator).

La fortaleza interior nos viene dada como un don precioso del Espíritu Santo. "Sed fuertes y valientes de corazón los que esperáis en el Señor" (Sal 36) pero reconocemos que "el Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad" (Rm 8). Sin Él, nada podemos.

¿Quién es fuerte? ¿Quién es imbatible? Las fuerzas humanas se agotan y debilitan, dejándonos expuestos a las luchas interiores y a las tentaciones; difícilmente podemos resistir persecuciones exteriores sin una gracia particular del Espíritu Santo, su don de fortaleza.

La fortaleza, recordemos, posee una doble dimensión: nos lleva a resistir pacientemente los males que nos afligen comunicándonos entereza y, por otra parte, la fortaleza es activa para acometer obras buenas, y grandes, y santas por el Señor, sin abandonarlas por las dificultades que se presenten.

Lo expresa muy bien una oración colecta:

jueves, 20 de mayo de 2010

Mistagogia de la Confirmación - IV (Crismación y saludo de paz)

    El momento central del sacramento de la Confirmación es la unción que hace el obispo con el crisma consagrado en la frente de cada uno de los confirmandos, dándonos el saludo de paz. La forma de realizar la unción es muy sencilla: impregna el dedo pulgar de la mano derecha en el aceite consagrado y nos hace la señal de la cruz en nuestra frente. El padrino o madrina dice el nombre y entonces el obispo, mientras nos unge, dice: "RECIBE POR ESTA SEÑAL EL DON DEL ESPÍRITU SANTO". Y responde cada confirmando, con voz clara y fuerte: "Amén".

    No creamos que por simple y sencillo no tiene importancia; encierra un gran misterio: DIOS HOY SIGUE REGALÁNDONOS SU ESPÍRITU SANTO.

1. El crisma.-

    Después de la solemne plegaria del obispo con las manos extendidas –imposición de manos sobre todos los confirmandos- viene la crismación en la frente.

CAT 1289: "Muy pronto, para mejor significar el don del Espíritu Santo, se añadió a la imposición de las manos una unción con óleo perfumado (crisma). Esta unción ilustra el nombre de "cristiano" que significa "ungido" y que tiene su origen en el nombre de Cristo, al que "Dios ungió con el Espíritu Santo" (Hch 10,38). Y este rito de la unción existe hasta nuestros días tanto en Oriente como en Occidente. Por eso en Oriente, se llama a este sacramento crismación, unción con el crisma, o myron, que significa "crisma". En Occidente el nombre de Confirmación sugiere que este sacramento al mismo tiempo confirma el Bautismo y robustece la gracia bautismal".

    El crisma es un aceite mezclado con bálsamo y perfumes que el obispo y todos los presbíteros de la Diócesis consagran en la Misa crismal. Sobre este aceite el obispo reza una oración para que el Espíritu Santo lo santifique y consagre a todos aquellos que lo van a recibir. La oración con que el obispo consagra el crisma expresa el sentido de la unción:

         "Te pedimos, Señor, que te dignes santificar con tu bendición este óleo y que, con la cooperación de Cristo, tu Hijo, de cuyo nombre le viene a este óleo su nombre de crisma, infundas en él la fuerza del Espíritu Santo con la que ungiste a sacerdotes, reyes, profetas y mártires, y hagas que este crisma sea sacramento de la plenitud de la vida cristiana. Haz que los consagrados por esta unción, libres del pecado en que nacieron, y convertidos en templo de tu divina presencia, exhalen el perfume de una vida santa".

martes, 18 de mayo de 2010

Mistagogia de la Confirmación - III (Oración e imposición de manos)

Tras la renuncia y profesión de fe, la plegaria, la oración que el obispo reza en nombre de toda la Iglesia, pidiendo al Padre que derrame su Espíritu Santo sobre los que se van a confirmar. Lo hace con un gesto: la imposición de manos sobre todos los que se van a confirmar mientras recita una plegaria litúrgica.

El obispo nos invita a la oración con una monición:

Oremos, hermanos, a Dios Padre todopoderoso y pidámosle que derrame el Espíritu Santo sobre estos hijos de adopción que renacieron ya a la vida eterna en el Bautismo, para que los fortalezca con la abundancia de sus dones, los consagre con su unción espiritual, y haga de ellos imagen perfecta de Jesucristo.

1. Sobre los hijos de adopción...

Nosotros somos hijos de adopción. El Padre sólo tiene un Hijo: Jesucristo, Engendrado antes de todos los siglos. Pero Dios nos amó y nos adoptó como hijos en el Sacramento del Bautismo. El Señor nos ha dado “un Espíritu de hijos que nos hace exclamar: ¡Abba! Padre” (Rm 8,15b). ¡SOMOS HIJOS DE DIOS! (cf. Gal 4,7).

Sobre nosotros se va a derramar el Espíritu Santo para que nos fortalezca con la abundancia de sus dones. “El Espíritu Santo viene en ayuda de nuestra debilidad” (Rm 8,26), para que no caigamos en el pecado sino que tengamos fuerza en el combate contra el Maligno y seamos fieles a Dios.

En este combate nosotros tenemos que saber que vamos a ser consagrados, es decir, que por la Confirmación somos de Dios, le pertenecemos: “en la vida y en la muerte somos del Señor” (Rm 14,8). Esta pertenencia a Dios, plena, absoluta, irrevocable, nos la otorgan los sacramentos que nos marcan para siempre en la Iniciación cristiana: el Bautismo y la Confirmación imprimen “carácter”, es decir, sellan y graban nuestra alma: somos de Dios y para Dios. En este sentido, también el Sacramento del Orden imprime carácter (y de modo parecido, el Sacramento del Matrimonio imprime “carácter” con la unión con el otro cónyuge, mientras el otro cónyuge viva: es la indisolubilidad). El Catecismo explica así qué quiere decir que un Sacramento “imprime carácter”:

sábado, 15 de mayo de 2010

Mistagogia de la Confirmación - II (Renovación promesas bautismales)

    El rito propio de la Confirmación comienza con la renovación de las promesas bautismales, con dos partes bien definidas: la renuncia al Maligno y al pecado y la profesión de la fe de la Iglesia. “Cuando la Confirmación se celebra separadamente del Bautismo, como es el caso del rito romano, la liturgia del sacramento comienza con la renovación de las promesas del Bautismo y la profesión de fe de los confirmandos. Así aparece claramente que la Confirmación constituye una prolongación del Bautismo. Cuando es bautizado un adulto, recibe inmediatamente la Confirmación y participa en la Eucaristía” (CAT 1298).

1. Renuncias y profesión: el hombre viejo y el hombre nuevo.-

    Por una parte renunciar a Satanás, al mal, y por otra, profesar nuestra fe en Dios. Renunciar es abandonar todo lo que es el hombre viejo, profesar la fe en Jesucristo Salvador es revestirnos del hombre nuevo. Toda nuestra vida se debate en estos dos polos: el hombre viejo y el hombre nuevo, el hombre herido por el pecado, sometido a sus instintos, y el hombre nuevo, viviendo la salvación. Así lo dicen las Escrituras (Ef 4,21-24).

    La razón fundamental es que Cristo, por nuestro Bautismo, nos ha hecho pasar de la muerte a la vida, del pecado a la libertad de los hijos de Dios. Nuestra vida debe ajustarse a esta realidad de salvación, y, sin olvidar, que “la gracia viene en ayuda de nuestra debilidad”. Nosotros, al profesar la fe en Dios en nuestra Confirmación, queremos vivir como hombres nuevos; y el hombre nuevo vive como Cristo. El hombre nuevo es el que vive el “mandamiento del amor” porque sabe que Dios lo ha amado antes; entonces, amando, cumple la ley entera.

jueves, 13 de mayo de 2010

Mistagogia de la Confirmación - I (Presentación de candidatos)

1. El rito   
Antes de la homilía, se hace la presentación de todos los que se van a confirmar. Si son muchos los confirmandos, el párroco o un catequista los presenta con unas palabras dirigidas al obispo, explicando la preparación que los candidatos han recibido y, si es posible, nombrándolos personalmente a cada uno de ellos.

    Esta presentación se hace también en el Bautismo y en el Sacramento del Orden. La comunidad cristiana presenta al obispo o a su delegado a aquellos que ha considerado dignos y suficientemente preparados para recibir la Confirmación, y el obispo, en nombre de la Iglesia, los recibe públicamente.

    Normalmente se llama a cada uno por su nombre delante del obispo, ahora bien, si son muchos, el párroco hace una presentación general de todos. Llamar a cada uno por su nombre porque no somos un grupo de gente anónima que se presenta a un acto social: hemos sido llamados, como trabajadores en la viña del Señor (cf. Mt 22). El mismo Evangelio relata la elección de los Doce citando el nombre de cada uno de ellos: “El primero Simón, el llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo, el publicano; Santiago el Alfeo, y Tadeo; Simón el Celotes, y Judas Iscariote, el que lo entregó”... y a esa lista bien se puede añadir el nombre de cada uno de nosotros llamados a estar con Cristo y a predicar.