Mostrando entradas con la etiqueta criterio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta criterio. Mostrar todas las entradas

lunes, 3 de agosto de 2009

De Registradores, herencias y Corazón de Jesús

A veces, últimamente muchas veces, vienen al confesionario personas con unas historias sorprendentes. Nada morboso: ¡problemas de herencias! Es decir, personas que siempre se sienten injustamente tratadas en el reparto de una herencia. Te cuentan, cada cual a su estilo, si es finca rústica o urbana, la división horizontal, las hectáreas, el usufructo si lo hubiere, las cargas de la finca o del inmueble, te definen los límites colindantes de la parcela, incluso a qué distrito hipotecario pertenece... ¡lo que falta es que te lean la Nota simple del Registro! Te narran cuándo se hizo el testamento, presionado por no sé qué familiar... Y uno que no es notario, ni abogado, mucho menos Registrador de la Propiedad, y que el Derecho de sucesiones es una cosa que me pilla bastante lejos, intenta escuchar, acoger y comprender. Pero, el único problema siempre, es que no ha percibido en la herencia lo suficiente y las desavenencias familiares que se han creado. Claman por la justicia, pero no alcanzo a veces a entender si más bien no se refieren a un cierto tipo de “venganza” más que de justicia. Caridad, amor, desprendimiento, búsqueda de la unidad familiar a costa de lo que sea: eso no lo nombran. El problema, el dinero. Buscan que el sacerdote apruebe su inconformidad, condene la injusticia cometida (perdón, presunta injusticia cometida).

A uno le viene entonces a la mente la situación real vivida por Jesús: por tanto, nada nuevo bajo el sol. “Uno de la multitud se acercó y le dijo: “Maestro, dile a mi hermano que reparta la herencia conmigo”” (Lc 12,13). La respuesta no se hace esperar: “¿Quién me ha nombrado juez...?” “La vida del hombre no depende de sus riquezas”. Y expone la parábola del hombre que derriba sus graneros para construir otros más grandes y vivir colmado y satisfecho pero la muerte llegará esa noche. ¡Necio! Porque eso le ocurre "al que acumula riquezas para sí pero no es rico a los ojos de Dios".

Es un ejemplo clarísimo de hasta qué punto se reduce la fe y la espiritualidad a devoción, a sentimiento intimista de fervor y consuelo cumpliendo unos deberes religiosos. Pero es que Cristo tiene que ver con todo lo humano, Cristo es el criterio y medida de todas las cosas, de todo lo que uno vive, de lo que siente y de lo que sufre. También en el orden económico -¡la finca rústica o urbana y el derecho de sucesiones!- Cristo es el criterio rector de todas las cosas. Es Cristo el elemento de verificación y discernimiento. Cuando esto no se vive o no se entiende así, a la hora de una herencia actuamos como paganos que quieren acumular y ser ricos para sí. Entonces se pone de manifiesto cómo muchas veces hay zonas del corazón que no están evangelizadas ni redimidas. Quien vive cerca del Corazón de Cristo, quien se deja transformar por el Corazón de Jesús, aplicará para todo –hasta para lo económico- sólo y exclusivamente criterios evangélicos, uniendo la justicia con la caridad y la verdad.