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martes, 17 de mayo de 2011

En Pascua, se canta el Regina Coeli

La piadosa costumbre de rezar el Ángelus a mediodía (o tres veces al día) cambia durante la cincuentena pascual. Entonces, a las doce, se entona el Regina Coeli, así como al final de la jornada, la antífona mariana de Completas es, cotidianamente, el Regina Coeli.


¿Su historia?

"Durante el tiempo pascual, por disposición del Papa Benedicto XIV (20 de Abril de 1742), en lugar del Ángelus Domini se recita la célebre antífona Regina caeli. Esta antífona, que se remonta probablemente al siglo X-XI, asocia de una manera feliz el misterio de la encarnación del Verbo (el Señor, a quien has merecido llevar) con el acontecimiento pascual (resucitó, según su palabra), mientras que la "invitación a la alegría" (Alégrate) que la comunidad eclesial dirige a la Madre por la resurrección del Hijo, remite y depende de la "invitación a la alegría" ("Alégrate, llena de gracia": Lc 1,28) que Gabriel dirigió a la humilde Sierva del Señor, llamada a ser la madre del Mesías salvador.

Como se ha sugerido para el Ángelus, será conveniente a veces solemnizar el Regina caeli, además de con el canto de la antífona, mediante la proclamación del evangelio de la Resurrección" (Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, n. 196).

sábado, 4 de diciembre de 2010

El color del Ángelus en Adviento

El Ángelus, rezado al mediodía de cada jornada, es una venerable oración que hace memoria del mayor Acontecimiento: que el Misterio ha entrado en la historia, que el Amor de Dios ha irrumpido en el tiempo y que gracias a María se renueva el mundo y la creación. El Ángelus es memoria agradecida de la Encarnación: Cristo se encarnó por amor a mí.

Si durante todo el año litúrgico (exceptuando la Pascua), rezamos el Ángelus al mediodía con cariño ante el Misterio central de la historia, la locura divina de la Encarnación, ahora, en Adviento, adquiere tintes nuevos, colores esperanzados.

En la oración del Ángelus convergen la memoria (del acontecimiento) y la esperanza (de la escatología); se unen la Iglesia que espera y la Madre que recibe y ofrece. Así deviene en una súplica ardiente: ¡Ven, Señor Jesús!, Ven, tú que te encarnaste en el seno virginal de María. Ella sostiene y alienta nuestra esperanza.

En el Adviento, retomemos con más fuerza todos la memoria de la Encarnación, rezando el Ángelus.

Recordemos su forma de rezarlo y pongámoslo ya en práctica cada día.

El ángel del Señor anunció a María.
R/ Y concibió por obra y gracia del Espíritu Santo.

Dios te salve, María...

miércoles, 9 de septiembre de 2009

El Ángelus, plegaria cotidiana (II)

El ángelus es una oración querida en la tradición eclesial, que marcaba la jornada incluso al toque de las campanas. Rezarla con amor es entrar en la interioridad de la Virgen María, en su corazón dócil y obediente, que se abre al Misterio, acepta el plan propuesto por Dios, colabora en el orden de la Redención. Sus entrañas purísimas reciben el Espíritu Santo como la nube que cubre la tienda del encuentro. Su disponibilidad es modelo para nosotros.


"Nuestra palabra sobre el "Angelus" quiere ser solamente una simple pero viva exhortación a mantener su rezo acostumbrado, donde y cuando sea posible. El "Angelus" no tiene necesidad de restauración: la estructura sencilla, el carácter bíblico, el origen histórico que lo enlaza con la invocación de la incolumidad en la paz, el ritmo casi litúrgico que santifica momentos diversos de la jornada, la apertura hacia el misterio pascual, por lo cual mientras conmemoramos la Encarnación del Hijo de Dios pedimos ser llevados "por su pasión y cruz a la gloria de la resurrección", hace que a distancia de siglos conserve inalterado su valor e intacto su frescor. Es verdad que algunas costumbres tradicionalmente asociadas al rezo del Angelus han desaparecido y difícilmente pueden conservarse en la vida moderna, pero se trata de cosas marginales: quedan inmutados el valor de la contemplación del misterio de la Encarnación del Verbo, del saludo a la Virgen y del recurso a su misericordiosa intercesión: y, no obstante el cambio de las condiciones de los tiempos, permanecen invariados para la mayor parte de los hombres esos momentos característicos de la jornada mañana, mediodía, tarde que señalan los tiempos de su actividad y constituyen una invitación a hacer un alto para orar" (Pablo VI, Marialis cultus, n. 41).

martes, 8 de septiembre de 2009

El Ángelus (I)


El Ángelus, rezado al mediodía de cada jornada, es una venerable oración que hace memoria del mayor Acontecimiento: que el Misterio ha entrado en la historia, que el Amor de Dios ha irrumpido en el tiempo y que gracias a María se renueva el mundo y la creación. El Ángelus es memoria agradecida de la Encarnación: Cristo se encarnó por amor a mí. Recordemos su forma de rezarlo y pongámoslo ya en práctica cada día.

El ángel del Señor anunció a María.
R/ Y concibió por obra y gracia del Espíritu Santo.

Dios te salve, María...

He aquí la esclava del Señor.
R/ Hágase en mí según tu palabra.
Dios te salve, María...

Y el Verbo se hizo carne.
R/ Y habitó entre nosotros.

Dios te salve, María...

Ruega por nosotros, santa Madre de Dios.
R/ Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.

Oremos.
Derrama, Señor, tu gracia en nuestros corazones
para que, los que por el anuncio del ángel hemos conocido la encarnación de tu Hijo,
por su pasión y su cruz, lleguemos a la gloria de la resurrección.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
R/ Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.