sábado, 31 de diciembre de 2011

Religión y religiones

¿No os ha llamado la atención la oración colecta de hoy? Encierra un contenido que se discute frecuentemente en esos ámbitos sincretistas donde se quiere hacer una mezcolanza de todo para hacer de todas las religiones una sola basada en una ética común de valores; irritará la oración colecta de hoy a todos aquellos, católicos modernistas incluidos, que sólo ven en Jesús a un personaje religioso más, uno entre tantos, tal vez más elevado, pero mero hombre bueno, filósofo.


Rezamos hoy, 31 de diciembre, la siguiente oración colecta:

Dios todopoderoso y eterno, 
que has establecido el principio y la plenitud de toda religión 
en el nacimiento de tu Hijo Jesucristo, 
te suplicamos nos concedas la gracia de ser contados siempre
entre los miembros vivos de su Cuerpo
porque sólo en él radica la salvación del mundo. 
Por nuestro Señor Jesucristo.

Habría que subrayar algunos elementos.

Todas las religiones son respetables, y expresan el deseo del hombre por Dios y la búsqueda de Dios. Pero el cristianismo es profundamente original y único. La religión cristiana no parte del deseo del hombre que organice un sistema espiritual y moral para llegar a Dios; el cristianismo es, por el contrario, la búsqueda que Dios mismo hace del hombre para salvarlo y redimirlo y lo hace encarnándose, asumiendo lo nuestro para redimirlo. El cristianismo es Cristo; el cristianismo es Dios buscando al hombre.

Resulta profunda esta expresión de Juan Pablo II para compendiar la novedad del cristianismo:

"El no se limita a hablar « en nombre de Dios » como los profetas, sino que es Dios mismo quien habla en su Verbo eterno hecho carne. Encontramos aquí el punto esencial por el que el cristianismo se diferencia de las otras religiones, en las que desde el principio se ha expresado la búsqueda de Dios por parte del hombre. El cristianismo comienza con la Encarnación del Verbo. Aquí no es sólo el hombre quien busca a Dios, sino que es Dios quien viene en Persona a hablar de sí al hombre y a mostrarle el camino por el cual es posible alcanzarlo. Es lo que proclama el Prólogo del Evangelio de Juan: « A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que estaba en el seno del Padre, El lo ha contado » (1, 18). El Verbo Encarnado es, pues, el cumplimiento del anhelo presente en todas las religiones de la humanidad: este cumplimiento es obra de Dios y va más allá de toda expectativa humana. Es misterio de gracia" (Tertio millennio adveniente, 6).

viernes, 30 de diciembre de 2011

Cantamos la liturgia de Navidad

El ciclo litúrgico de la Navidad es alegría, especialmente festivo, tras la discreta austeridad y moderación del Adviento. Motivos tenemos, sin duda, para cantar el Misterio de la Navidad, el Acontecimiento que cambió la historia para siempre: Dios sin dejar de ser lo que era, ha asumido lo que no era; Dios se ha hecho hombre para redimir al hombre.


El canto, que es connatural a la liturgia y no un adorno añadido, algo periférico que estorbe, debe responder siempre a la naturaleza de la liturgia: acción de Cristo y de la Iglesia, presencia y actuación del Misterio, y su letra ser confesante de la fe cristiana, inspirada en textos bíblicos, salmos o textos de la misma liturgia, así como su música y melodía que necesita una "bondad" de las formas, solemne, adecuada a la liturgia.

La buena intención no basta; es insuficiente conformarse con que "se cante", con que lo importante es cantar, sin atender ni a la música ni a la letra de lo que se canta, y el ciclo navideño parece ser la expresión cumbre: aquí se introduce lo "popular-folclórico" con total impunidad, atentando contra la belleza del Misterio. "No todo conviene" que diría san Pablo, aun cuando los villancicos populares "sean lícitos", anclados en el sentimiento popular. Éstos tienen su lugar propio, festivo, hogareño, pero no están pensados, ni mucho menos, para el ámbito sagrado de la liturgia.

Si la catequesis se titula "cantamos la liturgia de Navidad" es para resaltar que lo que se canta es LA liturgia de Navidad, no DURANTE la liturgia de Navidad cualquier canto popular o villancico o como si la liturgia pudiese ser el pretexto para cantar -fuera de contexto- los pocos villancicos simpáticos que nos sabemos.

Repasemos someramente los cantos de Navidad, aquello que hemos de cultivar con esmero.


jueves, 29 de diciembre de 2011

Lo nuevo comienza con Cristo

Recordemos el Apocalipsis: "He aquí que todo lo hago nuevo" (Ap 21,5).

¿Cuándo comenzó esta novedad?

¿En qué consistió?

¿Hasta dónde alcanza?


Cristo ha nacido. El Verbo de Dios ha entrado en la historia naciendo como hombre y así se inaugura ya el cielo y la tierra nuevos, el hombre nuevo, la gracia nueva.

Es la Pascua del Señor, su paso del cielo a la tierra, de la gloria del Padre a la debilidad humana.

"Es un mensaje de alegría. Primero por su fuente: viene del cielo; viene del horizonte misterioso e infinito del "reino de los cielos"; 

es una economía nueva,

un régimen nuevo que se inaugura sobre la faz de la tierra;

entre el cielo y el mundo se ha iniciado una relación sobrenatural"
 
(Pablo VI, Audiencia general, 4-enero-1978).

miércoles, 28 de diciembre de 2011

La Navidad: una presentación general

El tiempo de Navidad es relativamente breve: desde el 25 de diciembre hasta la fiesta del Bautismo del Señor. Su articulación está llena de fiestas y solemnidades porque es el gran ciclo de la Manifestación del Señor, de la Aparición del Señor.



En el tiempo de la Navidad, la revelación de Dios ha llegado a su plenitud, diciéndonos todo lo necesario en su Palabra, eterna y definitiva. 


En el tiempo de Navidad se realiza el admirable intercambio: Dios se hace hombre para que el hombre participe de la naturaleza divina; el Eterno entra en el tiempo para que el hombre caduco pueda participar de la eternidad de Dios y de la vida feliz y bienaventurada.

Se distribuye este tiempo de la siguiente manera:

"Después de la celebración anual del misterio pascual, la Iglesia tiene como más venerable el hacer memoria de la Natividad del Señor y de sus primeras manifestaciones: esto es lo que hace en el tiempo de Navidad.

El tiempo de Navidad va desde las primeras Vísperas de la Natividad del Señor hasta el domingo después de Epifanía, o después del día 6 de enero, inclusive.

La misa de la Vigilia de Navidad es la que se celebra en la tarde del día 24 de diciembre, ya sea antes o después de las primeras Vísperas.

El día de Navidad se pueden celebrar tres misas, según la antigua tradición romana, es decir, en la noche, a la aurora y en el día.


martes, 27 de diciembre de 2011

Apóstol, teológo y contemplativo: el método para nosotros

“Éste es Juan, que en la cena se recostó sobre el pecho del Señor: Dichoso el apóstol a quien fueron revelados los misterios celestiales. Bebió las aguas vivas del Evangelio de la misma fuente del pecho sagrado del Señor” (2º resp. Oficio Lecturas).
 

Es una maravillosa síntesis sobre el apóstol Juan, el teólogo y el contemplativo, el amigo del Señor “a quien tanto quería Jesús” y, para nosotros, un método hoy para ser apóstoles en el mundo y un método para hacer y pensar la teología.


a) Todo surgió del encuentro con Cristo (cf. Jn 1,29ss), en el cual Juan quedó fascinado, descubrió en Jesucristo aquello que ansiaba su corazón y, en su tierna juventud, se sintió conocido por Cristo y amado por Él. Su vida ya no podía entenderse sin esa referencia a Jesucristo. Lo amó, lo siguió, consagró a Cristo toda su vida. “Eran las cuatro de la tarde”. A partir de ese momento, Juan seguirá a Cristo, estará cerca de Él, compartirá los momentos de la redención, será testigo de la transfiguración, la cruz y su resurrección.

“No lo seguían como si ya le estuvieran adheridos, porque es manifiesto cuándo se le adhirieron porque los llamó de la barca… Y desde entonces se le adhirieron ya, para no retroceder. Respecto a que estos dos, pues, le siguen al instante, no le siguen como para no retroceder, sino que quieren ver dónde vive… Él les mostró dónde permanecía; vinieron y estuvieron con él. ¡Qué feliz día pasaron, qué feliz noche! ¿Quién hay que nos diga lo que ellos oyeron al Señor? También nosotros edifiquemos y hagamos una casa en nuestro corazón, para que venga él y nos enseñe; converse con nosotros” (S. Agustín, In Io. Ev., 7, 9).

Aquí tenemos la primera característica reseñable: para ser apóstol en el mundo y santificar las realidades temporales y para ser verdadero teólogo, que elabore una teología que sea verdadera y hermosa (en el sentido exacto del “pulchrum”), hay que haberse encontrado con Cristo, personalmente, de manera intransferible.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres...

Y una legión del ejército celestial, cantaba diciendo: "gloria a Dios en el cielo..."

La Iglesia, pronto, muy pronto, siglo II-III cantó la alabanza divina con un himno profundamente trinitario: al Padre, a Jesucristo Rey celestial, Hijo del Padre y al Espíritu Santo. Lo hizo comenzando por las palabras de los ángeles en la noche de Navidad y la liturgia lo incorporó pronto primero a la Navidad y luego por extensión a la Pascua -por su carácter de alabanza al Kyrios Resucitado-. Esto en apretada síntesis, ya que la historia es un poco más amplia de explicar.

¿Qué dice, qué significa ese inicio angélico?

"El Evangelio de Navidad nos relata al final que una multitud de ángeles del ejército celestial alababa a Dios diciendo: "Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que Dios ama" (Lc2,14). La Iglesia ha amplificado en el Gloria esta alabanza, que los ángeles entonaron ante el acontecimiento de la Noche Santa, haciéndola un himno de alegría sobre la gloria de Dios. "Por tu gloria inmensa, te damos gracias". Te damos gracias por la belleza, por la grandeza, por tu bondad, que en esta noche se nos manifiestan. La aparición de la belleza, de lo hermoso, nos hace alegres sin tener que preguntarnos por su utilidad. La gloria de Dios, de la que proviene toda belleza, hace saltar en nosotros el asombro y la alegría. Quien vislumbra a Dios siente alegría, y en esta noche vemos algo de su luz.

Pero el mensaje de los ángeles en la Noche Santa habla también de los hombres: "Paz a los hombres que Dios ama". La traducción latina de estas palabras, que usamos en la liturgia y que se remonta a Jerónimo, suena de otra manera: "Paz a los hombres de buena voluntad". La expresión "hombres de buena voluntad" ha entrado en el vocabulario de la Iglesia de un modo particular precisamente en los últimos decenios. Pero, ¿cuál es la traducción correcta? Debemos leer ambos textos juntos; sólo así entenderemos la palabra de los ángeles del modo justo. Sería equivocada una interpretación que reconociera solamente el obrar exclusivo de Dios, como si Él no hubiera llamado al hombre a una libre respuesta de amor. Pero sería también errónea una interpretación moralizadora, según la cual, por decirlo así, el hombre podría con su buena voluntad redimirse a sí mismo. Ambas cosas van juntas: gracia y libertad; el amor de Dios, que nos precede, y sin el cual no podríamos amarlo, y nuestra respuesta, que Él espera y que incluso nos ruega en el nacimiento de su Hijo.

El entramado de gracia y libertad, de llamada y respuesta, no lo podemos dividir en partes separadas una de otra. Las dos están indisolublemente entretejidas entre sí. Así, esta palabra es promesa y llamada a la vez. Dios nos ha precedido con el don de su Hijo. Una y otra vez, nos precede de manera inesperada. No deja de buscarnos, de levantarnos cada vez que lo necesitamos. No abandona a la oveja extraviada en el desierto en que se ha perdido. Dios no se deja confundir por nuestro pecado. Él siempre vuelve a comenzar con nosotros. No obstante, espera que amemos con Él. Él nos ama para que nosotros podamos convertirnos en personas que aman junto con Él y así haya paz en la tierra.

domingo, 25 de diciembre de 2011

Nos ha amanecido un día sagrado

¡Cantad al Señor un cántico nuevo!
¡Alégrese el cielo, goce la tierra!
Este día ilumina las tinieblas del mundo,
hoy nos ha nacido un Salvador, Cristo Jesús;
hoy la Palabra ha acampado entre nosotros;
hoy se ha manifestado la gloria del Señor.
¡Aclamad cielos, exultad tierra!


"Hoy ha nacido nuestro Salvador. Alegrémonos.
No es justo dar lugar a la tristeza cuando nace la vida
para acabar con el temor de la muerte
y llenarnos de gozo con la eternidad prometida.
Exulte el santo, porque se acerca el premio;
alégrese el pecador, porque se le invita al perdón;
anímese el pagano, porque se le llama a la vida"[1].

¡Admirable misterio!

¡Dios se hace hombre,
para que los hombres participemos de su divinidad!

"Reconoce ¡oh cristiano! tu dignidad,

pues participas de la naturaleza divina"[2].

Cristo, por ti, se ha hecho hombre;
Cristo, por ti, se te ha acercado;
Cristo, por ti, ha asumido todo lo humano;
Cristo, por ti, ha entrado en la tierra;
Cristo, por ti, ha venido a nuestro mundo;
Cristo, por ti, se ha despojado de su condición divina.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Ya, ya llega

La liturgia de las Laudes de hoy nos han situado en el clima de espera inminente, de deseo que va a ser colmado. Es tan grande la necesidad que tenemos de Jesucristo que le insistimos y urgimos:

Apresúrate, Señor Jesús, y no tardes,
para que tu venida consuele y fortalezca 
a los que esperan todo de tu amor (Oración colecta).


Tal cual: apresúrate, ven ya. Es el grito del pobre hombre al Dios rico en misericordia, del enfermo aquejado al Médico celestial para sanarlo, del que está ardiendo en amor y quiere ver y abrazar a la Persona amada. Apresúrate, no tardes.

La esperanza se va a ver colmada. Ya decía el mismo responsorio breve de Laudes:

"Mañana quedará borrada la iniquidad de la tierra 
y sobre nosotros reinará el Salvador del mundo".

Ya es el momento: "A María le llegó el tiempo de dar a luz a su Hijo primogénito" (antífona Benedictus).

Todo está preparado: Dios va a entrar en el mundo mediante la carne humana del Verbo. María va a dar a luz al Sol que todo lo ilumina disipando las tinieblas.

No es momento de sentimentalismos navideños cuando el Salvador va a venir para redimirnos; ni es momento de desfigurar la Navidad hablando, tan alegóricamente, de que "Jesús nace en nuestros corazones", ni ocultar el Misterio tras el velo y la excusa de reuniones familiares. Es el momento del paso de Dios al mundo, de su primera Pascua, haciéndose hombre.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Bendición del Belén navideño

A poco que se mire el Bendicional, veremos la riqueza que contiene y que, sin embargo, se utiliza poco, tal vez por desconocimiento.

Entre esas Bendiciones, hallamos la bendición del belén navideño en dos formas: A) en el hogar familiar, B) en la iglesia. Pensando más bien en nuestras casas, traigo aquí la bendición del belén familiar.


Como dice el Bendicional, "es laudable la costumbre de instalar en las casas y en las iglesias un "belén" o "nacimiento", que recuerda y ayuda a vivir el misterio de la Navidad" (Bend 1243) y para que tenga un pleno sentido cristiano, la bendición puede muy bien marcar en el hogar el inicio de las fiestas navideñas.

***********************

Reunida la familia, el padre o la madre de la misma dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden: Amén.

El que dirige la celebración puede decir:

Alabemos y demos gracias al Señor, que tanto amó al mundo que le entregó a su Hijo.

Todos responden: Bendito seas por siempre, Señor.

Luego el que dirige la celebración dispone a los presentes para la bendición con estas palabras u otras semejantes:

Durante estos días contemplaremos asiduamente en nuestro hogar este pesebre y meditaremos el gran amor del Hijo de Dios, que ha querido habitar con nosotros. Pidamos, pues, a Dios que el pesebre colocado en nuestro hogar avive en nosotros la fe cristiana y nos ayude a celebrar más intensmaente estas fiestas de Navidad.

Uno de los miembros de la familia lee un texto de la Sagrada Escritura.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Contemplando el Misterio que se nos dará

Cada día, junto a las Laudes y Vísperas, la Iglesia celebra en la Liturgia de las Horas el Oficio de lecturas, la gran lectio divina de toda la Iglesia. En este Oficio de lecturas, después del himno y tres salmos (o un salmo extenso en tres partes) se proclama una lectura bíblica y otra lectura tomada de los Padres de la Iglesia o de otros santos y autores espirituales.



"El Oficio de Lectura se orienta a ofrecer al pueblo de Dios y principalmente a quienes se han entregado al Señor con una consagración especial, una más abundante meditación de la palabra de Dios y las mejores páginas de los autores espirituales. Pues si bien es verdad que en la misa de cada día es más rica la serie de lecturas bíblicas, no puede negarse que el tesoro de la revelación y de la tradición contenido en el Oficio de lectura es de grande provecho espiritual. Traten de buscar estas riquezas, ante todo, los sacerdotes, para que puedan transmitir a otros la palabra de Dios que ellos han recibido y convertir su doctrina en "alimento para el pueblo de Dios"" (IGLH 55).

La segunda lectura es unas veces una glosa o comentario de la lectura bíblica, otras una lectura continuada de alguna obra o tratado patrístico, y otras muchas son textos al hilo del tiempo litúrgico, verdaderas y preciosas catequesis que permiten, mediante la oración litúrgica, interiorizar el rico patrimonio espiritual de la Iglesia, acogiendo la Palabra, ofreciendo un asentimiento razonable a la revelación, contemplando las maravillas de Dios, dando al alma expresiones eclesiales de la fe, alejando el subjetivismo y sentimentalismo que tanto daño están haciendo.

¿Cuáles son los criterios que la Iglesia considera para esta lectura llamada "hagiográfica"? La Introducción General de la Liturgia de las Horas explica:

"163. La finalidad de esta lectura en ante todo, la meditación de la Palabra de Dios tal como es entendida por la Iglesia en su tradición. Porque la Iglesia siempre estimó necesario declarar auténticamente a los fieles la Palabra de Dios de modo que la línea de la interpretación profética y apostólica se guíe conforme a la norma del sentido eclesiástico y católico.

martes, 20 de diciembre de 2011

Ferias mayores: preparación, esperanza, deseo

El santo tiempo de Adviento, que es nuestro presente aguardando nuestro destino futuro, ha llegado a las ferias mayores, la semana previa del 17 al 24 de diciembre, ambos inclusive. Se acelera la preparación más inmediata a esta Natividad del Señor, litúrgicamente actualizada y hecha presente, en este año de gracia de 2011.



Todo en la liturgia apunta a esta primera venida en carne del Verbo, a su venida que ya aconteció. La mirada, la celebración, la espiritualidad, acrecienta el deseo de Cristo que viene y aguardamos, si me permitís, con ternura infinita, a que el Verbo que ahora se está gestando en el seno bendito de la Virgen, salga como el esposo de su alcoba (cf. Sal 18A), nazca, brille, muestre el esplendor de su gloria.

La intensidad espiritual -y la belleza- de estas ferias mayores conforman nuestro espíritu a imagen de María, para aguardar al Señor con el mismo amor inefable de su Madre, con su silencio orante, pudoroso y recogido, con el deseo de recibir a Quien viene a salvarnos por puro amor. Este es otro tono espiritual, rebosante de esperanza, de alegría contenida, de deseos santos.

La liturgia, maestra de vida espiritual, escuela de cristianismo, forja nuestra alma en estos días en tonos distintos.

Ya la misma liturgia de la Palabra en las ferias mayores ha cobrado un giro distinto. Ahora el peso fuerte recae en el Evangelio, proclamando todas las perícopas de los evangelios de la infancia, previos al nacimiento del Salvador en cierto orden cronológico: 

domingo, 18 de diciembre de 2011

El mismo Espíritu... Una oración para considerar

Hay una oración en la liturgia dominical de hoy, IV domingo del Adviento, que debería ser resaltada en nuestra contemplación y meditación y ser escuchada con atentamente en la Misa (si es bien recitada por parte del sacerdote). Es la oración sobre las ofrendas:


El mismo Espíritu que cubrió con su sombra 
y fecundó con su poder las entrañas de María, la Virgen Madre, 
santifique, Señor, estos dones
que hemos colocado sobre tu altar. 
Por Jesucristo, nuestro Señor.

O para quien prefiera la versión latina:
Altári tuo, Dómine, superpósita múnera
Spíritus ille sanctíficet, 
qui beátae Maríae víscera sua 
virtúte replévit. Per Christum.


sábado, 17 de diciembre de 2011

Convertir el corazón, preparar el camino

Aunque la penitencia no es el tono fundamental del Adviento, sí es cierto que en todo tiempo se ha de convertir el corazón al Señor. Así, en Adviento, la voz profética del Precursor, grita a quien quiera oírle: "preparad el camino al Señor", ya que él vino para convertir el corazón.


Ahora, en Adviento, el corazón ha de convertirse para preparar el camino al Señor; ahora es tiempo de que los corazones se preparen y Cristo encuentro un pueblo bien dispuesto. Nuestros pecados retardan la salvación de Cristo; apresuremos su venida, adelantémosla, ofreciendo el corazón sin valles ni montes, sino una calzada digna de ser transitada.

El ritual de la Penitencia viene en nuestra ayuda abriéndonos los tesoros de la liturgia para nuestro aprovechamiento y transformación interior. Siempre está la posibilidad de celebrar el Sacramento de la Reconciliación en la forma B, reconciliación de varios penitentes con confesión y absolución individual (la forma C, la absolución comunitaria, está restringida a tenor de la normativa de nuestra Conferencia episcopal). Pero además de la forma B del sacramento, el ritual de la Penitencia ofrece unas "celebraciones penitenciales", a modo de celebraciones de la Palabra, que pueden muy bien enriquecer la vida litúrgica de una parroquia, de un Monasterio o de una comunidad religiosa, como una ayuda y acicate para el reconocimiento del propio pecado, la escucha de la Palabra y la conversión personal, que desembocarán en la celebración del sacramento de la Penitencia cuando cada uno estime conveniente (se sobrentiende que antes de Navidad).

"Las celebraciones penitenciales son reuniones del pueblo de Dios para oír la palabra de Dios, por la cual se invita a la conversión y a la renovación de la vida, y se proclama, además, nuestra liberación del pecado por la muerte y resurrección de Cristo. Su estructura es la que se acostumbra a observar en las celebraciones de la palabra de Dios, y que se propone en el Rito para reconciliar a muchos penitentes" (RP 36).

Son, sencillamente, celebraciones de la Palabra, una catequesis interior que la misma liturgia ofrece para que cada uno llegue "al verdadero conocimiento del pecado y a la verdadera contrición del corazón, es decir, a lograr la conversión" (RP 36) sin que se confundan con celebraciones del sacramento de la Penitencia (cf. n. 37). ¿Para qué son útiles? Responde el ritual:

jueves, 15 de diciembre de 2011

Una iglesia vacía y un confesionario

Como a veces los criterios entre los mismos fieles están confusos, se valora a los sacerdotes según la actividad desbordante de un hombre simpático, que parezca que no tiene tiempo para nada con una agenda llena de reuniones (a las que llega tarde, si es que llega), que haga la liturgia distraída, original, pensando que así va a acudir más gente... Pero con esos criterios confundidos, lo esencial no se valora, sino que incluso se pone en sospecha o se mira con desprecio. Por ejemplo, hay fieles que si ven al sacerdote tranquilamente orando en el Sagrario pensarán que está perdiendo el tiempo en lugar de estar charlando en el despacho con los/las catequistas de turno. O si está recogido escribiendo una catequesis o estudiando y preparando un retiro o la homilía, si no lo ven con los brazos cruzados en el despacho echando la tarde o la mañana, "es que no hace nada".

Caso más grave aún la mirada sospechosa de algunos si el sacerdote pasa tiempo en el confesionario. Quienes van a sentarse un rato en la sacristía (en lugar de rezar) para comentar o chismorrear con el sacerdote verán una pérdida de tiempo el confesionario... Porque allí parece que no hace nada, tiempo perdido, apostolado estéril.

Es evidente que quienes así piensan nunca han estado en el confesionario, sentados una hora, quizás dos, con paciencia infinita, por si viene alguien, comunicando sólo Gracia y Misericordia de Cristo, porque entonces comprenderían que esto sí es verdadera "pastoral". Pero como estamos tan secularizados, no queremos verlo.

¡Cuántas conversiones, cuánto reorientar la propia vida, cuánta luz se entrega y se ofrece en el confesionario! El cristianismo mismo es asimilado e interiorizado desde el confesionario, con un trabajo delicadísimo como es forjar almas, labrarlas, animarlas, acompañarlas...

El cardenal Meisner, arzobispo de Colonia, dijo en el Congreso sacerdotal que se tuvo en junio de 2010 en Roma:

"un confesionario en el que está presente un sacerdote, en una iglesia vacía, es el símbolo más impresionante de la paciencia de Dios que espera".

Los fieles tienen que ver esto: la iglesia vacía porque tal vez falta una hora para la Misa, pero el sacerdote está allí, en el confesionario, rezando y leyendo con paz. Es todo un signo. Y quien haga esto, entonces estará siendo un sacerdote fiel, un sacerdote con todas las letras, haciendo la auténtica "pastoral", pero todos los días, no solamente uno porque le quedaba un rato libre. 

Entonces, tal vez, los fieles aprendan a valorar el sacerdocio en su justa medida eclesial, y no con los criterios de la pastoral secularizada de los curas "muy enrollaos".

miércoles, 14 de diciembre de 2011

San Juan de la Cruz: ¿budista?, ¿maestro zen?

Durante años hubo una corriente, con cierta fuerza y divulgación, que intentó buscar una "mística de la trascendencia", como superación de sí mismo, equilibrio, aniquilación de los deseos. Esta "mística de la trascendencia", negativa, aunaba corrientes y personas distintas entre sí con la pauta y la admiración de la espiritualidad oriental (budismo, zen, etc.) y de nuestros místicos (Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, etc.).


Parecía que todos buscaban lo mismo: desde su propia naturaleza, desde los recursos de la naturaleza humana, llegar a una trascendencia difusa, con sereno equilibrio y dominio de sí mismo, una pacificación interna. Sin embargo esto supone desconocer realmente qué es la mística, qué camino ofrece cada tradición espiritual, qué dice concretamente san Juan de la Cruz.

Era la voluntad del sincretismo buscando una alternativa, un camino válido para todos, negando la Verdad para llegar a una mezcla complaciente. La trascendencia no era el Trascendente (Dios en Cristo); la aniquilación del deseo no es la purificación de los deseos (tan cristiana), ni la "nada" de san Juan de la Cruz era el vacío y comunión con el cosmos, sino el método para llegar al Todo, que es Dios en Cristo. Sí, siempre Dios en Cristo. 

La "nada" oriental, tan buscada por los distintos métodos de meditación (y relajación) tiene que ver más con el nihilismo -no hay nada, no existe nada- más que con el vacío para ser llenado por la Gracia. La trascendencia es un sentido del ser creado que apunta y remite a un Trascendente, Dios, que es personal, es Persona, y no simplemente un sentido interior de superación de los límites de espacio y tiempo. De aniquilarse para fundirse en armonía con el cosmos, en la visión 'metafísica' oriental, pasamos en cristiano a la plenitud sobrenatural por gracia del hombre para unirse al Señor: estos son los procesos que describe san Juan de la Cruz en sus obras.

Querer asimilar a san Juan de la Cruz con todo esto es, sin más, no querer entenderlo.

martes, 13 de diciembre de 2011

Via pulchritudinis, el camino de la belleza

No oculto que es éste un tema apasionante y muy querido. El camino de la belleza es camino de acceso al Misterio de Dios. No solamente la Verdad, ni solamente el Bien, sino el pulchrum, la belleza, siempre unida a la Verdad y al Bien engendrando unidad y no división.


El camino de la belleza incluye y afecta a la fe cristiana, a su experiencia, a la búsqueda de Dios, a la espiritualidad, a la oración y a la liturgia misma. Es un método, una forma. Y su máximo representante es el teólogo suizo Von Balthasar, amigo de Ratzinger, al cual ya como Papa, citará:

Se habla, en este contexto, de una via pulchritudinis, un camino de la belleza que constituye al mismo tiempo un recorrido artístico, estético, y un itinerario de fe, de búsqueda teológica. El teólogo Hans Urs von Balthasar abre su gran obra titulada "Gloria", una estética teológica con estas sugestivas expresiones: "Nuestra palabra inicial se llama belleza. La belleza es la última palabra que el intelecto pensante puede atreverse a pronunciar, porque ella no hace otra cosa que coronar, cual aureola de esplendor inalcanzable, el doble astro de lo verdadero y del bien y su indisoluble relación". Después observa: "esa es la belleza desinteresada sin la cual el viejo mundo era incapaz de entenderse, pero que se ha apartado de puntillas del moderno mundo de los intereses, para abandonarlo a su oscuridad, a su tristeza. Esa es la belleza que ya no es amada y custodiada ni siquiera por la religión". Y concluye: "Quien, en su nombre, crispa los labios en una sonrisa, juzgándola como el juguete exótico de un burgués, de éste se puede estar seguro que --secreta o abiertamente-- no es capaz de rezar y, pronto, ni siquiera de amar".

domingo, 11 de diciembre de 2011

Convirtámonos porque está cerca

Durante los domingos II y III de Adviento, Juan el Bautista abre caminos a Cristo, el Mesías prometido, esperado, aguardado, pero lejos de ser una predicación dulzona y sensible, o una predicación revolucionaria llamando al "compromiso" y al cambio de estructuras sociales, es una predicación dura y exigente llamando a la conversión personal que, además, se concreta en gestos pequeños y cotidianos y no en discursos.


La preparación de la Venida del Señor no nos deja cómodamente instalados, sino más bien desinstalados, saliendo al desierto de donde ha de venir el Salvador; rompe las ataduras que nos retienen para estar libres y dispuestos a seguir al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. La conversión es un ingrediente del Adviento.

En nuestras iglesias resuena la voz del Bautista llamando a la conversión. El camino del Señor debe estar bien preparado para que Él pueda transitar y no tropezar con nuestros pecados. Es momento oportuno para abajar los montes de nuestro orgullo y levantar los valles de nuestros desánimos y cobardías, como reza una petición de las Laudes en este tiempo.

La figura de Juan el Bautista enlaza el Antiguo con el Nuevo Testamento, lo anunciado con la inminencia de su cumplimiento. El grita a quien quiera escuchar, que ya está aquí el Deseado de las naciones, el Príncipe de la Paz cuyo reinado será eterno.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Constancia y paciencia, virtudes para el Adviento

Se repiten muchísimo en Adviento textos que nos recuerdan, invitan, empujan, a aguardar la Venida de Cristo, pero este aguardar es paciente. Recordemos la lectura del apóstol Santiago en Vísperas, los jueves, señalando: "Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor. El labrador aguarda..." (St 5,17). O algunas preces de Laudes que rezan: 
  • Cólmanos de alegría y paz en nuestra fe, para que rebosemos de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo.
  • Haz que nos mantengamos firmes, Dios de clemencia, hasta el día de la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.
  • Concédenos, por tu misericordia, llevar ya desde ahora una vida sobria y religiosa, mientras aguardamos la dichosa esperanza, la aparición gloriosa de Jesucristo.
  • Tú que desde el trono del Padre todo lo gobiernas, haz que aguardemos con alegría la dicha que esperamos, tu aparición gloriosa.
Aguardando a Cristo, es necesario que germine en el corazón la virtud de saber esperar; para ello la constancia y la paciencia son necesarias, dan serenidad y firmeza, no se dejan abatir, ni se "desilusionan", sino que avanzan paso a paso, firmes, tranquilas, para que jamás la esperanza decaiga sino que crezca y se sostenga. Son virtudes que hacen al hombre grande.

"La Liturgia propone un pasaje de la Carta de Santiago, que comienza con esta exhortación: "Tened, pues, paciencia, hermanos, hasta la Venida del Señor" (5, 7). Me parece particularmente importante, en nuestros días, subrayar el valor de la constancia y de la paciencia, virtudes que pertenecían al bagaje normal de nuestros padres, pero que hoy son menos populares, en un mundo que exalta, más bien, el cambio y la capacidad para adaptarse a situaciones siempre nuevas y diversas. Sin nada que quitar a estos aspectos, que también son cualidades del ser humano, el Adviento nos llama a potenciar esa tenacidad interior, esa resistencia de espíritu, que nos permiten no desesperar en la espera de un bien que tarda en llegar, sino más preparar su venida con confianza operante. 
 "Mirad: el labrador espera el fruto precioso de la tierra aguardándolo con paciencia hasta recibir las lluvias tempranas y tardías. Tened también vosotros paciencia; fortaleced vuestros corazones porque la Venida del Señor está cerca" (Santiago 5, 7-8). La comparación con el campesino es muy expresiva: quien ha sembrado en el campo tiene ante sí meses de espera paciente y constante, pero sabe que la semilla mientras tanto cumple con su ciclo, gracias a las lluvias de otoño y primavera. El agricultor no es fatalista, sino que es un modelo de esa mentalidad que une de manera equilibrada la fe y la razón, pues, por una parte, conoce las leyes de la naturaleza y cumple bien con su trabajo, y, por otra, confía en la Providencia, dado que algunas cosas fundamentales no dependen de él, sino que están en las manos de Dios. La paciencia y la constancia son precisamente síntesis entre el compromiso humano y la confianza en Dios.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Inmaculada, signo de esperanza

El mal, que siempre es ruidoso, parece que nos puede tragar y devorar.


La experiencia dramática del mal sugiere muchas veces la imposibilidad de vencer el mal, de superarlo. La esperanza sufre, se ve disminuida. ¡Cuánta capacidad de odio y de mal vemos, sufrimos, miramos horrorizados!

Las fuerzas del mal parecen invencibles. ¿Quién y cómo podrá vencerlas?

La Virgen María, Inmaculada, es señal de esperanza segura. La Gracia vence sobre el pecado, el Bien es siempre infinitamente superior al mal, Dios es más fuerte que todo.


martes, 6 de diciembre de 2011

Cristo viene en sus santos

Llevo años dedicado a compilar citas sobre la santidad porque creo que apenas se ha escrito una teología sobre la santidad que sea completa (salvo honrosas excepciones, como Thils, Santidad Cristiana o Balthasar, Historia de una misión). De los santos se habla de manera devocional y piadosa (o muy moralista: ver e imitar sus virtudes y actitudes), pero apenas se ha estudiado teológicamente en todos sus aspectos, diversos, complementarios. Algún día podré elaborar un esbozo completo de esta teología de la santidad o teología de los santos.


En esa línea, me llamó la atención en su momento la forma de presentar a los santos que hizo Ratzinger en "Jesús de Nazaret", vol. II, como signos de la presencia de Cristo o, mejor, de la continua venida de Cristo o venida intermedia a nosotros.

Por su interés, por aquello que apunta y señala, me parece que puede ser una buena catequesis.

Cristo hoy viene a nosotros por medio de sus santos. Ellos son una presencia de Cristo interviniendo en la historia, salvando en la historia.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Mirada general al Adviento

Un blog como éste pretende ofrecer constantemente, machaconamente, si queréis, una formación seria y sólida que debe retomar y volver sobre ciertos temas para que leídos con cierta distancia de tiempo, permitan recordar contenidos, tal vez entenderlos mejor, vivirlos más plenamente.


Hay catequesis que, sin dudarlo, deben ser anuales, es decir, repetidas cada año de manera que se puedan asimilar al compás de lo que se vive en el año litúrgico. Probablemente hay un déficit en la formación, pero de manera muy resaltada en la liturgia. ¡Todos creen saber de liturgia, todos pontifican sobre liturgia! Pero lo que nos toca es conocer la dinámica misma de la liturgia, acudir a los libros litúrgicos vigentes con sus prenotandos (Introducciones oficiales), sus textos y sus ritos. En esta tarea, sin duda alguna, hay que empeñarse.

Por ejemplo, vivir el Adviento es conocer la amplitud de su liturgia, sus directrices espirituales, las líneas de fuerza de su leccionario, la contemplación de sus oraciones y prefacios y no creer, ingenuamente, que todo el Adviento se reduce a colocar la corona de Adviento y encender un cirio semanalmente. El Adviento es mucho más.

Veamos la perspectiva general del Adviento, sus normas litúrgicas: entonces lo entenderemos y lo viviremos mejor.

viernes, 2 de diciembre de 2011

La distribución de las lecturas en Adviento

Cada año volvemos a profundizar y exponer las características litúrgicas y espirituales de cada tiempo litúrgico, incluso repitiendo catequesis. No se trata de un afán de novedades, como si cada año hubiera que estar inventando o la liturgia tuviera que ser nueva e innovadora cada año. Más bien repitiendo las mismas cosas, año atras año, celebrándolas del mismo modo año tras año con los libros litúrgicos vigentes, tendremos que vivirlas mejor, conocerlas mejor, interiorizarlas mejor.


La etapa que vivimos ahora no es la de la reforma de la liturgia, ya concluida, sino la de su profundización y asimilación. Cada año, pues, conviene recordar las realidades celebradas y desgranarlas hasta que formen parte ya de nosotros y de nuestro bagaje espiritual y litúrgico.

Un tiempo litúrgico ofrece una espiritualidad, y marca sus constantes vitales y teológicas mediante dos formas:

1) fundamental, las lecturas bíblicas escogidas
y su distribución para ser leídas en los oficios litúrgicos de la Iglesia

2) el cuerpo de oraciones y prefacios.


jueves, 1 de diciembre de 2011

La renovación de la Iglesia

La ideología y el lenguaje secular miran a la Iglesia y piden su renovación, pero lo hacen desde los planteamientos seculares y la cultura laicista, exigiendo una acomodación a las estructuras democráticas, al relativismo, modificando tanto su lenguaje como su doctrina, cambiando su ordenamiento y constitución dadas por el Señor.

Pasada esta moda y esta cultura, vendrá otra distinta, y volverá a instar a que la Iglesia sea un cuerpo adaptado a otro sistema, a otra moda. Pero la Iglesia permanece fiel a sí misma cuando es fiel a lo que el Señor quiso de ella. 

Empecemos mirando amplia y gozosamente la Iglesia y hemos de reconocer que la Iglesia no está muerta ni apagada; habrá zonas o regiones que se han descristianizado y lo católico es una minoría contracorriente, a la par que veremos otras zonas y países que florece; habrá minorías creativas, fermentos evangélicos, y los conocemos y vemos a nuestro alrededor, porque la Iglesia es una realidad viva gracias al Espíritu Santo.

"Sí, la Iglesia está viva; ésta es la maravillosa experiencia de estos días. Precisamente en los tristes días de la enfermedad y la muerte del Papa, algo se ha manifestado de modo maravilloso ante nuestros ojos: que la Iglesia está viva. Y la Iglesia es joven. Ella lleva en sí misma el futuro del mundo y, por tanto, indica también a cada uno de nosotros la vía hacia el futuro. La Iglesia está viva y nosotros lo vemos: experimentamos la alegría que el Resucitado ha prometido a los suyos. La Iglesia está viva; está viva porque Cristo está vivo, porque él ha resucitado verdaderamente" (Benedicto XVI, Hom. en la inauguración del ministerio petrino, 24-abril-2005).

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Pensamientos de San Agustín (VI)

Cuando la inteligencia se ilumina, con principios sólidos, la voluntad recibe principios claros de actuación y discernimiento. De ahí se deduce lo importante que es hacerse con una formación clara, teológica y espiritual, para obrar en la verdad, para vivir como hijos de la luz.


Con san Agustín, recibimos un tesoro amplísimo y, creo, que inabarcable. Así pequeñas frases o pensamientos (gracias al trabajo de Miserere) pueden ser luces que, a base de repetirlas se pueden memorizar, y leyendólas de forma reflexiva, pueden ser puntos de referencia.

A estas alturas del blog -comunidad católica virtual- a nadie se le ocultará que san Agustín es uno de mis maestros de espíritu más queridos y apreciados. Sólo puedo ofrecer aquello que conozco, que reconozco como bueno, y que a mí me hizo bien (y pidiendo al Señor la coherencia y autenticidad de vivir lo que enseño para que nadie haga lo que yo digo aunque no lo realice yo mismo).

martes, 29 de noviembre de 2011

Vivir la liturgia del Adviento (sugerencias, apuntes)

El tiempo litúrgico de Adviento tiene una unidad interna que se centra en la preparación a la Venida del Señor. Al celebrar la liturgia, sería importante y pedagógico, que todo este ciclo litúrgico de preparación tuviera unas notas comunes al celebrar. Eso le da unidad, lo hace distinto, lo convierte en preparación. Aquí, evidentemente, sólo se ofrecen sugerencias, o apuntes, que nos pueden ser útiles a los sacerdotes al celebrar, y a los fieles en general para que sepan el porqué de determinados elementos.



Pero no basta con unas sugerencias más o menos acertadas para la liturgia del Adviento, así sin más. Con ellas hay que buscar lo realmente importante que es la dimensión espiritual del Adviento, es decir, buscar la participación plena, consciente, activa, fructuosa e interior de este tiempo.

¿Qué hacer o qué destacar, qué emplear y qué subrayar cada día de la liturgia del Adviento?

domingo, 27 de noviembre de 2011

Velad, vigilad, esperad

Con el primer domingo de Adviento un nuevo año cristiano comienza; en línea continua, formando una espiral, volvemos al principio y sin embargo no es lo mismo, la mera repetición, sino un paso más. Vamos avanzando en la acción salvadora del Señor hasta que Él vuelva.


En cada año litúrgico se actualiza la Presencia del mismo Señor y se comunican los misterios de la salvación, lo que Él obró, que ahora han pasado a los ritos sacramentales de la Iglesia. El año cristiano es más que un simple recuerdo o memoria psicológica (afectiva o devocional) de lo que pasó, sino Presencia y Memorial, un hacerse presente de los Misterios de Cristo para santificarnos.

"En el círculo del año desarrolla todo el misterio de Cristo, desde la Encarnación y la Navidad hasta la Ascensión, Pentecostés y la expectativa de la dichosa esperanza y venida del Señor.

Conmemorando así los misterios de la Redención, abre las riquezas del poder santificador y de los méritos de su Señor, de tal manera que, en cierto modo, se hacen presentes en todo tiempo para que puedan los fieles ponerse en contacto con ellos y llenarse de la gracia de la salvación" (SC 102).

Dicho de otra forma, y con palabras del Catecismo, cada año litúrgico es un "año de gracia del Señor", como tal hemos de recibirlo, como tal queremos que deje su huella, su impronta, en nosotros:

viernes, 25 de noviembre de 2011

Quien reza nunca está solo

¡Qué evidente! Y a lo mejor se nos olvida. Quien reza nunca está solo... ¿Por qué? Porque donde hay un cristiano orando está toda la Iglesia con él, está en él orando por sus labios, está un solo cristiano sintentizando, compendiando, a toda la Iglesia.


La prueba evidente, aducida por los Padres de la Iglesia, es que el Padrenuestro incluso rezándolo privada, individualmente, lo rezamos en plural. Toda la Iglesia reza por boca de uno: "Padre nuestro...", "nuestro pan...".

Un cristiano jamás está solo en su oración: con él está toda la Iglesia.

Un cristiano jamás pronuncia su oración solo y para sí: ora como miembro de la Iglesia, santifica a toda la Iglesia, toda la Iglesia se beneficia de su plegaria.

¡Cuántas veces no habremos de pensar y repensar el misterio de la oración cristiana!

Esta oración [el Padrenuestro] acoge y expresa también las necesidades materiales y espirituales: "Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas" (Lucas 11, 3-4). Precisamente a causa de las necesidades y dificultades de cada día, Jesús exhorta con fuerza: "Os aseguro: pedid y se os dará, busca y encontraréis, llamad y se os abrirá. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre" (Lucas 11, 9-10). No es pedir para satisfacer los propios gustos, sino más bien para mantener la amistad con Dios, quien, como dice el Evangelio, "dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan" (Lucas 11, 13). Lo han experimentado los antiguos "padres del desierto" y los contemplativos de todos los tiempos, convertidos, por la oración, en amigos de Dios, como Abraham, que pidió al Señor que salvara a los pocos justos del exterminio de la ciudad de Sodoma (Cf. Génesis 18, 23-32). Santa Teresa de Ávila invitaba a sus hermanas, diciendo: tenemos que suplicar a Dios que nos libere de todo peligro para siempre y que nos aleje de todo mal. Y por más imperfecto que sea nuestro deseo, esforcémonos por insistir en nuestra petición. ¿Qué nos cuesta pedir mucho, dado que nos dirigimos al Todopoderoso?" (Cf. Cammino, 60 (34), 4, in Opere complete, Milano 1998, p. 846). Cada vez que rezamos el Padrenuestro, nuestra voz se entrecruza con la de la Iglesia, pues quien reza nunca reza solo. "Todo fiel tendrá que buscar y podrá encontrar en la verdad y riqueza de la oración cristiana, enseñada por la Iglesia, su propio camino, su propia manera de oración... se dejará por tanto conducir... por el Espíritu Santo, que le guía, a través de Cristo al Padre" (Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta sobre algunos aspectos de la meditación cristiana - Orationis formas, 15 de octubre de 1989, 29)" (Benedicto XVI, Ángelus, 25-julio-2010).

jueves, 24 de noviembre de 2011

Bendición de la corona de Adviento (con el Bendicional en la mano)

La corona de Adviento se ha constituido en muchos lugares como el "gran signo", casi imprescindible, del Adviento. Puede ser bueno usarla, incluso pedagógico, pero sabiendo que es un elemento más del Adviento y que éste merece una adecuada mistagogia espiritual, los cantos propios, la homilía diaria centrada en la primera lectura (ya diremos porqué) hasta el 16 de diciembre inclusive, la oración personal con las oraciones colectas y prefacios.

Para quien quiera usar la corona de Adviento le puede ser útil saber lo que indica el "Bendicional":

1235. La "Corona de Adviento" o "Corona de las luces de Adviento" es un signo que expresa la alegría del tiempo de preparación a la Navidad. Por medio de la bendición de la corona se subraya su significado religioso.

1236. La luz indica el camino, aleja el miedo y favorece la comunión. La luz es un símbolo de Jesucristo, luz del mundo. El encender, semana tras semana, los cuatro cirios de la corona muestra la ascensión gradual hacia la plenitud de la luz de Navidad. El color verde de la corona significa la vida y la esperanza.

1237. La corona de Adviento es, pues, un símbolo de la esperanza de que la luz y la vida triunfarán sobre las tinieblas y la muerte. Porque el Hijo de Dios se ha hecho hombre por nosotros, y con su muerte nos ha dado la verdadera vida.

1241. La "Corona de Adviento", que se ha instalado en la iglesia, se puede bendecir al comienzo de la Misa. La bendición se hará después del saludo inicial, en lugar del acto penitencial.

MONICIÓN INTRODUCTORIA

"Hermanos:
Al comenzar el nuevo año litúrgico vamos a bendecir esta corona con que inauguramos también el tiempo de Adviento. Sus luces nos recuerdan que Jesucristo es la luz del mundo. Su color verde significa la vida y la esperanza. La corona de Adviento es, pues, un símbolo de que la luz y la vida triunfarán sobre las tinieblas y la muerte, porque el Hijo de Dios se ha hecho hombre y nos ha dado la verdadera vida.

El encender, semana tras semana, los cuatro cirios de la corona debe significar nuestra gradual preparación para recibir la luz de la Navidad. Por eso hoy, primer domingo de Adviento, bendecimos esta corona y encendemos su primer cirio".

miércoles, 23 de noviembre de 2011

La Belleza sin más

La Belleza orienta al hombre a Dios, y toda verdadera Belleza suscita en el hombre la contemplación o fruición que diría San Agustín, deseando abrazar al Autor de toda Belleza.


La Belleza abre una ventana al hombre para que mire al infinito. Si aplicáramos este criterio como criterio de discernimiento a todo, tendríamos elementos de juicio más que suficientes para distinguir la Belleza tanto del feísmo reinante como del esteticismo encerrado en sí mismo; criterios para juzgar si una película es bella o no, si una música posee belleza o es mero ruido, si un lienzo es bello o son simples trazos, e incluso si una liturgia es Belleza o es esteticismo puro y duro.

La belleza, desde la que se manifiesta en el cosmos y en la naturaleza hasta la que se expresa a través de las creaciones artísticas, a causa de su característica de abrir y ampliar los horizontes de la conciencia humana, de llevarla más allá de sí misma, de asomarla al abismo de lo infinito, puede convertirse en un camino hacia lo trascendente, hacia el misterio último, hacia Dios.

El arte, en todas sus expresiones, en el momento en el que se confronta con las grandes interrogantes de la existencia, con los temas fundamentales de los cuales deriva el sentido de vivir, puede asumir una validez religiosa y transformarse en un recorrido de profunda reflexión interior y de espiritualidad.

Esta afinidad, esta sintonía entre camino de fe e itinerario artístico, se confirma en un incalculable número de obras de arte que tienen como protagonistas los personajes, las historias, los símbolos de aquel inmenso depósito de "figuras" --en sentido amplio-- que es la Biblia, la Sagrada Escritura. Las grandes narraciones bíblicas, los temas, las imágenes, las parábolas han inspirado innumerables obras maestras en cada sector de las artes, así como también, han hablado al corazón de cada generación de creyentes mediante obras de artesanía y de arte local, no menos elocuentes y conmovedoras (Benedicto XVI, Discurso a los artistas, 21-noviembre-2009).

martes, 22 de noviembre de 2011

Psallite sapienter! (canto litúrgico)

Nadie duda de la importancia de la música y del canto litúrgico; corresponde a la naturaleza propia de la liturgia que une los corazones, los eleva hacia el Señor y glorifican a Dios con un culto en Espíritu y Verdad. Se canta ante Dios y para Dios. Vamos a repetirlo: se canta a Dios y ante Dios. Esto exige la reverencia en el canto sabiendo para quién se canta y por otra parte ante quién se está cantando.


1. Se canta para Dios: la liturgia es un culto que glorifica a Dios y santifica las almas. Los cantos litúrgicos y la música deben corresponder a la alteza de este oficio, a su dimensión sacral. Ni se canta para ser más entretenida la liturgia ni se canta promover sentimientos afectivos (devocionales, o de compromiso social) en la liturgia. A veces con muy buena voluntad, con tal de cantar para hacer una liturgia "más animada" se canta cualquier cosa y se introducen esos nefastos "cancioneros juveniles" cuyas letras repugnan a la fe, siendo efusiones sentimentales con ritmos inapropiados para la liturgia. No suscitan ni la fe, ni la esperanza ni la caridad, ni el sentido de la Presencia del Misterio y el temor de Dios.

Son cantos, ritmos y letras pensados o para adoctrinar falsamente o para que sean claramente emotivos. Desfiguran la liturgia, la transforman en una velada, la hacen parecida a un fuego de campamento o una excursión.

Ser conscientes de que se canta para Dios conllevará el cuidado exquisito de la letra, confesante, espiritual, con hondura teológica.

lunes, 21 de noviembre de 2011

La oración, elevación del alma a Dios (textos isidorianos)


15. Tan grande debe ser el amor a Dios del que ora, que no debe desconfiar del resultado de la plegaria, porque en vano hacemos oración sino tenemos confianza en ella. Así, pues, pida cada uno con fe, sin titubear lo más mínimo, pues el que duda se asemeja al oleaje del mar, que el viento provoca y dispersa a la vez (cf. Santo 1,6).

16. La desconfianza en conseguir las peticiones se origina cuando el ánimo siente que todavía conserva el afecto al pecado. En efecto, no puede alberga segura confianza en su súplica quien todavía es indolente en el servicio de Dios y se deleita con el recuerdo del pecado.


17. No merece recibir lo que pide en la oración quien se aparta de los preceptos de Dios, ni puede conseguir el favor que pide a Aquel cuya ley no obedece. Si realizamos los que Dios manda, sin duda conseguimos nuestras peticiones, porque, como está escrito, “es abominable la oración de aquel que se aparta de la ley” (Prov 28,9).


18. En el servicio de Dios se encarecen necesariamente estas dos cosas: que las obras se apoyen en la oración, y la oración en las obras. Por lo cual dice también Jeremías. “Alcemos nuestros corazones a Dios junto con nuestras manos” (Lam 3,41). Así, alza corazón y manos el que eleva la oración acompañada de las obras, pues todo el que ora y no trabaja alza el corazón, pero no las manos. En cambio, el que trabaja y no ora alza las manos, pero no el corazón. Mas, puesto que es indispensable trabajar y orar a un tiempo, con razón se han dicho ambas cosas a la vez: “Alcemos nuestros corazones y nuestras manos a Dios”, no sea que el corazón nos reprenda por la negligencia en cumplir los mandamientos en el caso de que pretendamos alcanzar nuestra salud o solo con la oración o solo con las obras.


19. Después de realizar la buena obra, derrámense lágrimas en la oración, para que la humilde plegaria alcance el mérito de la acción.



sábado, 19 de noviembre de 2011

Jugar a las cartas o bailar pegados (Concelebrar)

A lo mejor, directamente, este artículo no resulta ser una catequesis ni popular ni de gran interés, pero lo que se refiere a la liturgia debe ser conocido por todos para entender su sentido profundo y su forma de realizarlo.

Normalmente en las concelebraciones, es decir, cuando un Obispo o un sacerdote preside la Santa Misa con varios sacerdotes más, se producen dos fenómenos peculiares que esconden su pizca de teología en el fondo.


En primer caso peculiar es ese "ajuntamiento" de todos los sacerdotes que pueden pegados al altar durante la plegaria eucarística como si todos materialmente tuviesen que estar tocando el altar así como dejar todos sobre el altar su correspondiente subsidio o folleto de concelebración, que parece aquello el anaquel de una librería ofertando "novedades" o "rebajas". En ese mismo instante, visualmente, y con su pizca de miga pseudoteológica, el altar parece sin más la mesa de los sacerdotes, con una nueva forma de clericalismo, en lugar del Altar del Señor y de la Iglesia entera.

Incluso algún autor en una obra reciente, cuestionando la concelebración misma en su sentido teológico, espiritual y también ritual, plantea que la concelebración es algo "moderno", reciente, y que nunca se dio en la praxis de la Iglesia. Para ello reinterpreta los datos de los antiguos libros litúrgicos, del arte y de la iconografía. Es verdad que la forma de concelebrar los presbíteros con el Obispo no suponía intervenir directamente en el Canon, sino estar todos revestidos junto al Obispo en el presbiterio y así ejercían su modo propio de participar en la confección del Sacrificio eucarístico. Pero como dicho autor identifica concelebrar con "hacer algo", especialmente pronunciando las palabras de la consagración y alguna parte del Canon, entonces niega que existiera una concelebración. ¿Y las grandes sedes de las basílicas con el banco corrido de mármol para los presbíteros? ¿No dice nada?

¿Es necesario entonces que todos estén pegados al altar durante la plegaria eucarística? Evidentemente no, incluso por una razón tan sencilla y tan práctica como que impiden casi siempre el acceso del diácono al cáliz (para cubrirlo y destaparlo de la palia antes y después de la consagración así como para elevarlo en el "Por Cristo") como igualmente dificultan en ocasiones hasta la extensión de los brazos del sacerdote u Obispo que preside para no chocar con los que tan arrimados están.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Humildad para la verdad

Una dirección clara de la humildad está encaminada a la verdad.


La mentira brota del Maligno y nos lleva a la autosuficiencia, a henchir nuestro espíritu creyéndonos perfectos o los mejores, o viviendo de la mentira de cara a los demás (¡guardar las apariencias! ¡la imagen que tienen de mí!). 

Existe una mentira personal, una máscara que nos cubre el rostro para que los demás vean la hermosura de la máscara y aprecien así a la persona que la lleva, pero si se quitase toda máscara, todo afán de caer bien, todo intento de congraciarse con todos para buscar sus aplausos o estima o afecto o dinero o... entonces, ¿en qué quedaríamos? En la verdad desnuda, en la conciencia limpia y transparente, que no acusa.
No sólo una verdad social, en nuestras relaciones personales, sino una verdad hacia Dios y hacia nosotros mismos, sin pretender engañar a Dios ni engañarnos a nosotros mismos haciéndonos falsas imágenes de lo que somos. Está el pecado de idolatría del propio espíritu que recreándose en sí mismo de forma falsa, lo convierte en Dios.

La verdad de uno mismo frente a sí, frente a los demás, frente a Dios. "La verdad os hará libres" (Jn 8,32), "la humildad es andar en la verdad".


miércoles, 16 de noviembre de 2011

El sufrimiento en la enfermedad

La enfermedad es una ruptura de toda la persona; el cuerpo se ve disminuido en sus facultades, en sus fuerzas, y experimenta el dolor llegando incluso a incapacitar, por un tiempo o de forma permanente. Es el aspecto más visible y doloroso de la enfermedad, y probablemente el que, en principio, más nos preocupa y por el que más nos interesamos.


Al acercarnos a un enfermo, nuestra conversación gira generalmente en torno a este sufrimiento de su cuerpo, intentando empatizar con él, comprenderlo, hacernos cargo de su situación. O si somos nosotros los enfermos, solemos detenernos en este punto: es el más llamativo, evidentemente, en cierto modo novedoso porque nos introduce en una situación nueva.

Pero la enfermedad es una pasión -padecer- que va más allá de lo físico porque no sólo somos cuerpo. La enfermedad repercute en la unidad de nuestra persona y toca el aspecto espiritual, generando sufrimientos morales de diversos órdenes, nada desdeñables, ya que a veces este sufrimiento moral-espiritual supera con creces las molestias físicas, atenuadas por la medicación.