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jueves, 10 de marzo de 2016

Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica... (IV)

La tercera y última parte del Credo está dirigida a la profesión de fe en el Espíritu Santo, Persona divina.

Su acción es real y eficaz -no es mera 'fuerza del universo', 'energía cósmica' o simple sentimiento-: vive y actúa y diviniza porque Él mismo es Dios.


Esta acción del Espíritu Santo tiene lugar, como ámbito privilegiadísimo, la santa Iglesia Católica: en ella el Espíritu Santo nos aglutina en una Comunión relacionándonos a unos con otros, formando la Comunión de los santos.

Por el Espíritu Santo se nos da el perdón de los pecados -la blasfemia sería pensar que Él no puede ni perdonarnos ni obrar la redención, cerrándonos a Él-; Él nos resucitará porque es Espíritu de vida y nuestra carne está llamada a la resurrección cuando el Espíritu Santo sople y nos resucite; por Él, con su impulso, se nos da la vida eterna.

Decimos en el Credo:

lunes, 7 de marzo de 2016

Padeció, fue crucificado, resucitó, subió al cielo... (IV)

En los misterios de Cristo se cifra nuestra salvación y redención.

Todo lo que Cristo vivió e hizo y padeció fue, no por Él, sino por nuestra salvación.

Todo lo vivido por Jesucristo en su Triduo pascual son acontecimientos salvadores.


Al llegar a este punto, recitando el Símbolo (el Credo), profesamos la fe en Cristo Salvador y Redentor por medio de su pasión y su cruz, por medio de su santísima resurrección y glorificación al cielo. Recordemos, como canta el pregón pascual, que "de nada nos habría valido nacer si no hubiéramos sido redimidos".

Profesamos:


Creo en Jesucristo...
padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a los cielos,
y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.

martes, 23 de febrero de 2016

Creo en Jesucristo, el Señor (II)

Maravilloso intercambio: Dios se ha hecho hombre para que el hombre fuera hecho Dios; el Hijo de Dios se ha hecho hombre para que el hombre pueda ser hijo de Dios.

Cristo es el centro y la clave de todo, Él, el Unigénito de Dios, no creado, sino de la misma sustancia y naturaleza del Padre. De Él recibimos el nombre "cristianos" porque participamos de su vida y misión.


Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de santa María virgen.


Dejémonos evangelizar por esta catequesis sobre Jesucristo.

domingo, 14 de febrero de 2016

Creo en Dios Padre (I)

La Cuaresma tiene su origen en el catecumenado, en aquella preparación más intensiva de los catecúmenos para recibir los sacramentos de la Iniciación cristiana en la Vigilia pascual.

La primera y más antigua dimensión de la Cuaresma es su dimensión bautismal, catecumenal, a la que se le sumará mucho más adelante la dimensión penitencial, en expiación por los pecados de los fieles, cuando ya el catecumenado y el bautismo en Pascua hayan prácticamente desaparecido.


Durante la Cuaresma, en un rito litúrgico, se les entregaba el Credo a los catecúmenos para que lo devolvieran recitándolo poco antes del Bautismo de Pascua. Al entregarles el Credo, era normalmente el obispo quien les dirigía una serie de catequesis explicándoles el contenido del Credo, frase por frase.

Los catecúmenos eran acompañados por los fieles que así, año tras año, eran también instruidos y se preparaban para vivir la noche santísima de la Pascua.

martes, 8 de abril de 2014

Creo en la Iglesia, en el perdón de los pecados... (VI)

Los últimos artículos del Símbolo de la fe, en cierto modo, aplican y concretan la redención a lo que somos y vivimos.

La vida trinitaria, el don de Dios que es la redención y el envío del Espíritu Santo, se comunica en la Iglesia, se da a los miembros de la Iglesia, en la que estamos insertados.


Es en la Iglesia, asimismo, donde se nos ofrece el perdón de los pecados porque realmente Dios los perdona aunque sean innumerables mientras haya arrepentimiento, conversión y cambio de vida.

Es en la Iglesia donde se anuncia la resurrección de la carne y la vida eterna y se nos da como anticipo en el Cuerpo y Sangre del Señor y con el Espíritu Santo que ya nos hace pregustar esa vida eterna, vivificándonos aquí y ahora.

No confiesa recta y verdaderamente a Dios quien se aparta de su instrumento y mediación, la Iglesia, o quien llevado de doctrinas extrañas, no cree en la resurrección de la carne o en la vida eterna, confinando nuestra vida a los estrechos límites de este espacio y de este tiempo; o quien creyendo en la inmortalidad, se la sustrae al cuerpo, a la carne, llamada a la resurrección como la carne bendita del Hijo, pero en la resurrección de los muertos, en el último día.

miércoles, 2 de abril de 2014

Creo en el Espíritu Santo... (V)

El Espíritu Santo es la Tercera Persona de la Trinidad, junto al Padre y al Hijo, y dándose a nosotros nos introduce en la vida de Dios, en la Comunión de Amor.







Por el Espíritu Santo se nos comunica la vida y la redención; por el Espíritu Santo, somos santificados, divinizados; por el Espíritu Santo avanzamos en la comprensión del Misterio y de la Revelación; por el Espíritu Santo somos agraciados con distintos dones y carismas para el bien común; por el Espíritu Santo somos robustecidos para nuestro testimonio cristiano en el mundo; por el Espíritu Santo vamos configurándonos a Cristo y Cristo toma forma en nosotros.

El Espíritu Santo lleva nuestra vida cristiana a su plenitud, si somos dóciles a su acción y a sus mociones.

Creemos en el Espíritu Santo, profesamos nuestra fe en Él, lo pedimos insistentemente para que el Padre por su Hijo lo derrame desde el cielo.


viernes, 28 de marzo de 2014

Resucitó, subió al cielo, vendrá... (IV)

Artículo central, gozoso y fuente de esperanza, es la confesión en la resurrección de nuestro Señor Jesucristo, en su glorificación y en la espera de su retorno glorioso como Juez y Señor.


Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe. Si Él no está vivo, todo cae. No confesamos nuestra fe en una ideología, en una causa ética o revolucionaria, ni siquiera en un código moral lleno de "buenismo" (ser "buenas personas"), sino en una Persona, viva, glorificada, que es Jesucristo, el Hijo de Dios, que ha pisoteado la muerte y el pecado, y ha sido glorificado, convertido en Señor y Fuente del Espíritu Santo.

Con razón la santa Vigilia pascual -tan desconocida incluso entre practicantes- tiene ese carácter único y solemne que llena de alegría todo el año: porque el Señor resucitó.

Tampoco nuestra fe se agota en ese misterio; la fe va junto a la esperanza: el Señor glorioso viene en los sacramentos, en la liturgia y en la Palabra como una venida intermedia y esperamos su última y definitiva venida en gloria, como Juez, como centro y discernidor de la historia y de la trayectoria de cada hombre.

viernes, 21 de marzo de 2014

Padeció, fue sepultado... (III)

La redención de Cristo al hombre se produce por su Misterio pascual. Para eso ha venido, aceptando voluntariamente la pasión.


Creemos que en un tiempo histórico concreto, datable, "bajo Poncio Pilato", padeció su pasión y su cruz por nuestros pecados; fue sepultado porque verdaderamente murió en la carne; descendió a los infiernos, anunciando la salvación a los justos que aguardaban en sombras de muerte y rescatándolos; al tercer día, resucitó.

Ni es un mito ni es un relato simbólico para deducir que Jesús vive "en" los corazones, sino que son acontecimientos históricos salvadores, puesto que se dieron en la historia y hay testigos que anuncian lo que han visto, oído y tocado con sus manos.

viernes, 14 de marzo de 2014

Creo en Jesucristo, su Hijo (II)

Nuestra fe es profundamente cristocéntrica. Dios no es un ser solitario, un monoteísmo unipersonal, sino una Comunión de Personas divinas. Dios se ha revelado y se ha manifestado y se nos ha dado en su Hijo, el Logos, el Verbo, que, por amor, se hizo hombre, se hizo carne, para redimir al hombre.

Nosotros creemos en Jesucristo, el Hijo único de Dios; a Él amamos porque Él nos amó primero.


Creemos en Jesucristo y descubrimos en Él el Camino para llegar al Padre; la Verdad, la Vida. Y Él es Dios y hombre, una sola Persona divina con dos naturalezas, divina y humana.

Sin Él, nada podemos hacer, nada somos.

Por eso profesamos:

martes, 11 de marzo de 2014

Creo en Dios (I)

El primer artículo del Credo es la profesión de fe en Dios, que es Padre todopoderoso. Una amplia catequesis nos permitirá reconocer la naturaleza de Dios, su acción creadora y salvadora. Se verá su poder así como el sentido mismo de la creación, salida buena de la mano de Dios.


Esta catequesis, además, resituará la creación y lo creado en su justa perspectiva, ante el abuso de un falso ecologismo que endiosa la naturaleza en lugar de respetarla y cultivarla, cuidando igualmente del hombre (y de la vida humana incipiente).

Ésta es hoy nuestra catequesis cuaresmal.

viernes, 7 de marzo de 2014

Introducción al Credo

Después de un año o más de catecumenado, al inicio de la Cuaresma los catecúmenos han entrado en la etapa previa a los sacramentos pascuales. Ya se llaman 'competentes' o 'elegidos' y se intensifican tanto las catequesis como los ritos litúrgicos marcando la progresividad de la iniciación cristiana.


En esta Cuaresma previa a su Bautismo, los 'competentes' van a recibir el Credo en una liturgia, llamada la "entrega del Credo" o "traditio symboli", y durante este tiempo recibirán catequesis apropiadas para que fijen el contenido del Credo en su memoria y conozcan las verdades de la fe que se encierran en esos artículos del Credo.

A esas catequesis asistían los catecúmenos, sus padrinos, aquellos que le brindaban su hospitalidad para estar en la ciudad toda la Cuaresma y todos los fieles cristianos que pudieran.

Ahora nosotros nos situamos también con ellos y recibimos las catequesis sobre el Credo, de manos de san Agustín, con espíritu cuaresmal. Así renovaremos la fe cristiana para llegar bien dispuestos a la santa Vigilia pascual.

jueves, 2 de mayo de 2013

¿El Credo en forma de preguntas y respuestas?

En ocasiones es frecuente encontrarse a sacerdotes que sustituyen la confesión de la fórmula de fe, la recitación conjunta del Credo, por la fórmula dialogada, con preguntas y respuestas. Unas veces pueden hacerlo por darle variedad a la liturgia dominical, otras veces porque la homilía se ha alargado y así abrevian con el Credo y otras... Pero, ¿se puede o no se puede hacer? ¿Tiene sentido?

Ya de entrada hay que decir que el Misal romano no lo ofrece así en ningún momento, sino que señala exclusivamente la recitación conjunta de todos, sacerdote y fieles, de la fórmula del Credo.


"67. El Símbolo o Profesión de Fe, se orienta a que todo el pueblo reunido responda a la Palabra de Dios anunciada en las lecturas de la Sagrada Escritura y explicada por la homilía. Y para que sea proclamado como regla de fe, mediante una fórmula aprobada para el uso litúrgico, que recuerde, confiese y manifieste los grandes misterios de la fe, antes de comenzar su celebración en la Eucaristía.

68. El Símbolo debe ser cantado o recitado por el sacerdote con el pueblo los domingos y en las solemnidades; puede también decirse en celebraciones especiales más solemnes.
Si se canta, lo inicia el sacerdote, o según las circunstancias, el cantor o los cantores, pero será cantado o por todos juntamente, o por el pueblo alternando con los cantores.
Si no se canta, será recitado por todos en conjunto o en dos coros que se alternan".

Y más adelante, al describir paso a paso la celebración eucarística:

miércoles, 28 de marzo de 2012

En la resurrección de la carne (Credo, VII)

Consoladora esperanza: contemplamos las realidades últimas, la escatología, y las profesamos en el Credo.

Así, tal cual: Creo en la resurrección de la carne.

Nuestro destino no es perdernos en el infinito, ni fundirnos en el universo, ni reencarnarnos en cuerpos distintos (como si el cuerpo fuera una cárcel o un préstamo en vez de ser parte de mi realidad personal)... ni hablamos del alma solamente sino que aguardamos la resurrección de la carne, de esta carne, de mi propia carne, en comunión con la Carne glorificada de Jesucristo resucitado.


Sin embargo, qué poco profesamos este artículo y cómo hablamos de la vida eterna como algo absolutamente etéreo y aburrido que afecta sólo al alma en todo caso. Es una inmortalidad sin cuerpo, una trascendencia vacía.

Por eso, con el Credo, y anclados en las palabras de Jesús y en su propia resurrección gloriosa, confesamos:

Creo en la resurrección de la carne

sábado, 24 de marzo de 2012

Y en el perdón de los pecados (Credo, VI)

Sí, creemos en el perdón de los pecados. El hombre que vuelve a Dios, arrepentido, cambiando de vida, puede recibir el perdón del Señor.

Es necesario reconocerlo, confesarlo, dejar que Cristo lo redima.

El Bautismo se nos da para el perdón de los pecados, dejando a nuestro hombre viejo, Adán, en el agua bautismal, y saliendo un hombre nuevo, creado (recreado, mejor dicho) a imagen de Cristo.

Nuestros pecados no tienen la última palabra, sino la Misericordia divina y su gracia. No hay mayor blasfemia que pensar que Dios no puede perdonar, que Dios no puede hacer ya nada, que la Gracia no puede obrar en el alma, porque esa es la blasfemia contra el Espíritu Santo.

Así a los catecúmenos se les enseñaba este artículo de fe y a nosotros, ya fieles cristianos por el bautismo, nos viene bien recordar que:

Creo en el Espíritu Santo,
el perdón de los pecados...


miércoles, 21 de marzo de 2012

Creo en la Iglesia (V)

Sólo Dios es objeto y merecedor de nuestra fe: Creo en Dios. Pero al decir "creo en la Iglesia" se está señalando no el objeto de la fe, sino el lugar en donde se cree. Creo en el ámbito de la Iglesia, creo dentro de la Iglesia, la Madre, que ha gestado la fe.

¿Quién es la Iglesia? 
¿Qué profesamos sobre la Iglesia?
¿Cómo nos comunica la fe, cómo vivimos en ella?

Creo en el Espíritu Santo,
la santa Iglesia católica,
la comunión de los santos...

miércoles, 14 de marzo de 2012

Creo en el Espíritu Santo (IV)

Ahora le toca al Espíritu Santo renovar la alianza en los corazones, llevarnos a la plenitud de la verdad, desvelarnos los misterios de la Redención, transformarnos, santificarnos y configurarnos con Cristo. 


El Espíritu Santo, Persona divina, es el Don que Cristo derrama desde el Padre. Sin Él, poco seríamos, poco podríamos hacer. Lo veremos actuar y derramarse abundantemente en la santa Pascua, en la noche de la Vigilia pascual, en los sacramentos de Cristo celebrados en la Iglesia.

Sí, creemos en el Espíritu Santo. Así dice el Credo que reciben los catecúmenos en Cuaresma y que, cada domingo, profesamos:

Creo en el Espíritu Santo.

viernes, 9 de marzo de 2012

Desde allí ha de venir... (III)

Por una parte consoladora afirmación, por otra parte tremendamente seria y exigente: Cristo vendrá y aparecerá como Juez de vivos y muertos, Aquel que realiza el verdadero y último discernimiento. Entonces cada uno dará cuenta a Dios de sí mismo.


Tal vez el buenismo reinante, que ignora la realidad del pecado y cree en una salvación automática e inmediata siempre y para todos, le ha restado fuerza y valor a esta venida de Cristo y su juicio, y, sin embargo, eso es lo que aguardamos tal como el mismo Señor nos enseñó.

Nuestra vida ni es indiferente ante Dios ni es irresponsable: lo que hacemos tiene peso delante de Dios y hemos de asumir la responsabilidad de lo que hacemos y de lo que omitimos. Vivamos rectamente y no temeremos al Juez; amémoslo en esta vida y con amor lo recibiremos cuando llegue. Por eso confesamos:

Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y a muertos.

lunes, 5 de marzo de 2012

Creo en Jesucristo (II)

Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor.

La fe es iluminada por la predicación, para que conociendo los misterios de nuestra salvación, nos adhiramos a Cristo y podamos renovar la gracia del bautismo en la santa Vigilia pascual.


Pongámonos al lado de los catecúmenos de la santa Iglesia y escuchemos la catequesis:

"n. 3. ¿Qué viene a continuación? Y en Jesucristo. Creo, dices, en Dios Padre todopoderoso, y en Jesucristo, su único Hijo, Señor nuestro. Si es hijo único, es igual al Padre; si es hijo único, tiene, por tanto, la misma sustancia que su Padre; si es hijo único, es coeterno con el Padre. Todo ello en sí, junto a sí y junto al Padre.

¿Qué hizo por nosotros? ¿Qué tiene que ver con nosotros? Que nació del Espíritu Santo y de la virgen María. Considera por qué medio, quién y a quiénes vino: vino por la virgen María, sobre la que actuó no un marido humano, sino el Espíritu Santo, quien fecundó a la casta y la dejó intacta. Así se revistió de carne Cristo el Señor, así se hizo hombre quien hizo al hombre: asumiendo lo que no era sin perder lo que era. Pues la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. No se convirtió en carne la Palabra, sino que, permaneciendo como Palabra, recibió la carne, pero permaneció siendo invisible; se hizo visible cuando quiso y habitó entre nosotros. ¿Qué significa entre nosotros? Entre los hombres, haciéndose numéricamente uno de ellos: uno y único, el único respecto al Padre. Y respecto a nosotros, ¿qué? Respecto a nosotros, único salvador, pues nadie, fuera de él, es nuestro salvador; y nuestro único redentor, pues nadie, fuera de él, es nuestro redentor; no a precio de oro o plata, sino a costa de su sangre.

n. 4. Veamos, pues, los contratos mediante los que fuimos comprados. Después de haber dicho en el símbolo: Nació del Espíritu Santo y de la virgen María, ¿qué sufrió por nosotros? Prosigue: Fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato y fue sepultado. ¿Qué decimos? ¿Que fue crucificado el Hijo único de Dios, nuestro Señor? ¿Que fue sepultado nuestro Señor, el Hijo único de Dios? 

jueves, 1 de marzo de 2012

Creo en Dios (I)

Catequesis cuaresmal apropiada es profundizar en el Credo. Por eso..

Creo en Dios, Padre todopoderoso.

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"n. 2. (Después de recitado el símbolo). Al mismo tiempo, no es mucho y sí es mucho; no es preciso que contéis las palabras sino que las valoréis.

Creo en Dios Padre todopoderoso. Ved cuán pronto se dice y cuál es su valor. Es Dios y es Padre: Dios por la potestad, Padre porla bondad. ¡Qué dichosos somos los que hemos encontrado a Dios como nuestro padre! 

Creamos, pues, en él y esperémoslo todo de su misericordia, puesto que es todopoderoso; por eso creemos en Dios Padre todopoderoso.

Que nadie diga: "No puede perdonarme mis pecados". ¿Cómo no va a poderlo el todopoderoso? Pero insistes: "Es mucho lo que he pecado". Yo insisto también: "Pero él es todopoderoso". Y tú: "Son tales los pecados que he cometido, que no puedo ser librado ni purificado de ellos". Te respondo: "Pero él es todopoderoso". Ved lo que cantáis en el salmo: "Bendice, alma mía, al Señor y no olvides sus beneficios de quien es misericordioso con todas tus iniquidades y sana toda todas tus enfermedades". Para esto no es necesaria su omnipotencia. 

lunes, 27 de febrero de 2012

La catequesis cuaresmal: el Credo

Sabemos bien que durante la Cuaresma, el obispo, los sacerdotes y catequistas, instruían a los catecúmenos explicándoles desmenuzadamente el Credo, para que luego lo profesaran antes de ser bautizados.


El Credo es el Símbolo de la fe, el resumen articulado de los misterios de nuestra salvación. En cada catequesis, cada artículo del Credo era explicado argumentando con las Escrituras, con la Tradición y mostrando cómo vivirlo durante largas sesiones de catequesis en Cuaresma.

Nosotros ahora, en Cuaresma, pongámonos en este clima catecumenal y recibamos la enseñanza de la fe, la explicación sobre el Símbolo, siguiendo un sermón de san Agustín, el sermón 213. Dejémonos enseñar; unámonos a todos los catecúmenos que en esta Cuaresma reciben la catequesis sobre el Credo para recibir la Iniciación cristiana en la próxima Vigilia pascual.