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lunes, 20 de febrero de 2023

También la dimensión dogmática de la liturgia (Nicolás Cabasilas)

La liturgia, para Nicolás Cabasilas, en su obra, es también una fuente para la dogmática y, por tanto, sirve y es utílisima para la comprensión de las verdades de la fe.

Junto a la dimensión espiritual, presente en su "Explicación", hallamos igualmente la dimensión dogmática con la que explica, mistagógicamente, el misterio de la Divina Liturgia.



El orden doctrinal-dogmático es, siempre, el hilo conductor de Nicolás Cabásilas para desarrollar la dinámica interna de la Divina Liturgia. Ésta es la presencia dinámica de toda la economía redentora para la Iglesia, la actualización de todos los misterios salvadores que se visualizan en ritos y gestos, que poseen eficacia salvífica en los sacramentos. En esta obra se palpa hasta qué punto la lex orandi es lex credendi porque absolutamente todo tiene un sentido y una explicación teológica. La liturgia misma es una gran teología. 

* El pan se prepara antes de la celebración con un ritual, en el que se parten diversos fragmentos que se ofrecen, y se deja otra parte para ser eulogias o pan bendito. ¿Por qué no se ofrece un pan entero sino sólo un fragmento? Escribe Nicolás: 

“Pero el cuerpo del Señor que fue separado, por el mismo Cristo, en tanto que sacerdote, de los otros cuerpos: fue presentado, propuesto y ofrecido a Dios, y finalmente inmolado. Es el Hijo de Dios en persona quien escogió, él mismo, este cuerpo y lo tomó de la masa que formamos; él mismo se entregó como ofrenda a Dios, él mismo puso esta ofrenda en el seno del Padre, él, que, sin haberse separado nunca de este seno del Padre, creó en él este cuerpo del que se revistió, de manera que este cuerpo fue formado y al mismo tiempo ofrecido a Dios. Finalmente, él mismo llevó hasta cruz este cuerpo y él mismo lo inmoló. He aquí porqué el pan que debe ser transformado en este Cuerpo, es el mismo sacerdote quien lo separa de los otros y quien lo ofrece a Dios colocándolo sobre la sagrada patena; después, lo lleva al altar y lo ofrece en sacrificio” (V, 3-4).

lunes, 16 de enero de 2023

Dimensión espiritual de la liturgia (Nicolás Cabasilas)

En "Explicación de la divina Liturgia", de Nicolás Cabasilas, hallamos cómo, para educar en la verdadera espiritualidad litúrgica, se comenta desde los mismos textos y ritos.

Pero los comentarios que ofrece no están cargados de alegorías complicadas, ni tampoco son comentarios de corte moral.




La liturgia, fuente de espiritualidad, es comentada en el orden dogmático, en las verdades de fe que contienen y se expresan y en el orden espiritual o modo de vivir santamente.


Veamos solamente algunos ritos de la Divina Liturgia resaltando la dimensión espiritual que el autor comenta.

*  En las otras fórmulas para la oblación, después de la preparación del pan con los misterios del Salvador, se indica la fórmula y se explica: 

     “¿Qué significa esto? Que la acción de gracias a Dios y la súplica constituyen la ocasión, el motivo de la presentación de las ofrendas... Esto es lo que sucede de manera manifiesta en cuanto a las oblaciones y ofrendas presentadas a Dios con estas dos intenciones: es porque ya hemos recibido y es a fin de recibir que damos gracias a Dios o le suplicamos. Acción de gracias por los favores recibidos, súplicas por los favores que vamos a recibir, de tal manera que las oblaciones son a la vez eucarísticas e impetratorias” (X, 5. 6). Así se indica el modo de ofrecer y disponerse.

sábado, 10 de diciembre de 2022

Educar para la liturgia (Nicolás Cabasilas)



Esta obra "Explicación de la divina Litugia", verdadera mistagogia, conduce a un crecimiento espiritual del fiel en la medida en que participa en la liturgia, y, viceversa, fruto de lo vivido en la liturgia, rica en textos, cantos y ritos, vivir espiritualmente. 



Más en concreto, Nicolás Cabasilas se detiene a comentar tan sólo la Divina Liturgia, es decir, el rito eucarístico bizantino (llamado desde antiguo Divina Liturgia de San Juan Crisóstomo por atribuirse a éste la anáfora), y sólo hará algunas referencias a los demás sacramentos cuando le convenga reafirmar algo ya enunciado.

Para el autor, la liturgia es profundamente espiritual, su naturaleza es espiritual, tanto por la acción del Santo Espíritu, como por la comunión real y mística con los misterios de Cristo. Esta comprensión, explicada por él en un capítulo, es el trasfondo teológico de toda su obra. Dice Cabásilas:

viernes, 11 de noviembre de 2022

Mistagogia y Misterio (Nicolás Cabasilas)

Nicolás Cabásilas ofrece una descripción de lo que él considera mistagogia: 


“La mistagogia por entero es como una representación única de un solo cuerpo, que es la vida del Salvador; pone ante nuestros ojos las diversas partes de esta vida, desde el comienzo al final, según su orden y armonía” (I, 7). 



La mistagogia es la representación del Misterio de Cristo, la mistagogica conduce a la economía salvadora:

            “La mistagogia por entero es como la unidad de un relato, que conserva desde el principio al final su armonía y su integridad, de manera que cada uno de los ritos o de las fórmulas ofrece algún aspecto complementario al conjunto. Así, mientras que las salmodias -las que se cantan al principio de la mistagogia [en este caso, la Liturgia de la Palabra]- significan el primer período de la obra redentora de Cristo, lo que sigue después, lecturas de la Escritura u otros textos, significa el segundo período” (XVI, 5).

Lo que el autor aplica a la liturgia en su forma mistagógica es, en realidad, el propio método del autor a lo largo de toda esta obra. La liturgia es mistagogia: 


“...nada impiden que puedan tener los dos significados y, por tanto, los mismos elementos que santifican a los fieles y a la vez representan la obra redentora. De la misma manera que los vestidos cumplen su función de vestir y cubrir el cuerpo y, por el hecho de ser de tales o cuales características, significan también la profesión, la condición y la dignidad de quienes los llevan, aquí pasa lo mismo. En tanto que son Escrituras divinas y palabras inspiradas, los cantos y las lecturas santifican a los que leen o cantan; pero por la elección de los textos que se ha hecho y por el orden en el que se han dispuesto, tienen también otra significación y son adecuados para representar los acontecimientos y la vida de Cristo. Además, no sólo los cantos y las fórmulas, sino también los ritos tienen igualmente esta función; y cada uno de ellos se realiza por razón de la utilidad presente, pero al mismo tiempo significa algún aspecto de las obras de Cristo, de sus acciones o de sus sufrimientos. Así sucede, por ejemplo, con el traslado del Evangelio al altar y con el de las ofrendas” (XVI, 6). 

martes, 18 de octubre de 2022

Santificándonos por la liturgia (Nicolás Cabasilas)

La santificación de los fieles, o con términos más usuales y contemporáneos, la vocación a la santidad, se realiza por gracia de Quien es el único Santo. La santidad es obra de Jesucristo Santísimo: 



“Porque nadie tiene por sí mismo la santidad, y ésta no es fruto de la humana virtud, sino que todos (la reciben) de Él y por Él. Es como si hubiera muchos espejos puestos bajo el sol: en realidad hay un único sol que resplandece en todos ellos. De igual manera, el único santo (Jesucristo), penetrando (por así decir) en los fieles, se manifiesta en muchas almas y hace que aparezca en muchos la santidad” (XXXVI, 5). 

Tras la distribución de la santa comunión, se canta la acción de gracias y la doxología: ¡se ha realizado la santificación!, en el doble sentido constante que considera el autor: las ofrendas se han santificado al ser consagradas y los fieles son santificados por la divina liturgia. 

Así escribe: 


“Al llegar a este momento, la sagrada liturgia ha alcanzado su total cumplimiento y el rito de la divina Eucaristía toca a su fin: las ofrendas han sido santificadas y ellas mismas han santificado al sacerdote y a cuantos le rodean;  después, por medio de ellos, también han perfeccionado y santificado al resto de la asamblea” (XLI, 1). 

martes, 20 de septiembre de 2022

La liturgia es santificación (Nicolás Cabasilas)


La liturgia es una obra santa que busca la santificación de los fieles, es decir, la participación de los fieles en la santidad de Dios, Uno y Trino, y la obra que Dios realiza santificando a sus hijos mediante los misterios de la liturgia ya que la divina liturgia es el medio de santificación de Dios. 



“En la celebración de los santos misterios, el acto esencial lo constituye la transformación de los dones ofrecidos que se convierten en el cuerpo y la sangre divinos; su objetivo es la santificación de los fieles, los cuales, por medio de tales misterios, reciben el perdón de sus pecados, la herencia del reino de los cielos y todo cuanto esto lleva implícito"”(I, 1). 


Comulgar con la Ofrenda consagrada requiere pureza de vida y costumbres y la misma liturgia es llamada “santificación”: 


“sin embargo él exige necesariamente de nosotros las disposiciones que nos hacen aptos para recibirlas y guardarlas, y los que no tienen tales disposiciones no les es dado participar de la santificación” (I, 2).


Los fieles son santificados por la liturgia mediante el complejo de antífonas, lecturas, oraciones, realidades sacramentales: 


“Es esto, en verdad, lo que pueden llevar a acabo en nosotros las oraciones, las salmodias, así como todos los gestos sagrados y las fórmulas que contiene la liturgia. Esto nos santifica y nos dispone, bien sea para recibir, bien sea para guardar la santificación y conservarla en nosotros” (I, 4).


lunes, 12 de septiembre de 2022

Liturgia y espiritualidad en la Tradición (Nicolás Cabasilas)

Con la “Explicación de la Divina Liturgia” de Nicolás Cabásilas, asistimos a la inauguración de un género nuevo, el del comentario mistagógico a toda la liturgia de la Eucaristía, paso a paso, destinada a todos y no simplemente a los neófitos. Será éste un género que durante siglos tuvo un gran éxito, que ahora parece haber caído en desuso y, sin embargo, sería necesario retomar. 



Pertenece la obra de Cabásilas a un nuevo género que aumentó a partir del siglo V y produjo nuevas obras que son “los tratados explicativos de la liturgia en general, obras de tipo sintético, o mejor, monografías sobre puntos particulares. En este género literario se verifica un doble desarrollo respecto al género mistagógico precedente. Los destinatarios no son ya sólo los catecúmenos y neófitos, sino todos los fieles... Se explican no sólo los ritos de iniciación, sino también, más o menos integralmente, las otras partes de la liturgia”[1].

La obra de Cabásilas, en el Oriente griego, pertenece al período bizantino. El autor nace en 1322/1323, perteneciente a la nobleza bizantina, formado académicamente en Constantinopla. Deseó abrazar la vida monástica pero parece que fue laico durante toda su vida. Sus dos grandes obras, “La vida en Cristo” y “Explicación de la Divina Liturgia”, las escribe al final de su vida, en plena madurez espiritual. El último testimonio que tenemos de él es una carta de 1391. 

“La Explicación de la Divina Liturgia es una de las obras de máxima expresión de la espiritualidad bizantina. En ella, Cabásilas describe y explica el rito de la Divina Liturgia de san Juan Crisóstomo con el estilo propio de una elocuente catequesis mistagógica, al mismo tiempo que expone algunas consideraciones teológicas suyas acerca de la doctrina y el significado de la Eucaristía”[2].

La obra es un comentario exhaustivo a la Divina Liturgia, paso a paso, desde su principio hasta su final, sin omitir ningún rito, y con algunos excursus teológicos, consistente en 53 capítulos, subdivididos a su vez en párrafos. La estructura de la obra sería la siguiente:


martes, 16 de agosto de 2022

La lex orandi para la teología (S. Basilio)

Habiendo visto tranquilamente el tratado de S. Basilio sobre "El Espíritu Santo", hemos ido hallando un método claro y firme en este Padre capadocio: vivir la liturgia, reflexionarla, hacerla teología. 



La liturgia no es un ceremonial absurdo y obligatorio; ni un acto esteticista para los sentidos y mover a devoción. Es la Iglesia misma -donde Cristo está actuando presente- la que santifica y glorifica a Dios. 

Sus ritos así como sus oraciones, sus textos litúrgicos, son expresión primera y fundamental de la fe de la Iglesia. De ahí el gran respeto que merece la liturgia para no cambiarla ni hacer mutaciones a capricho; y, segundo, la necesidad de contar con la liturgia -viviéndola, por supuesto- para elaborar una teología que merezca tal nombre.



El tratado de san Basilio, leído desde el interés por la liturgia, pone de relieve el valor teológico y dogmático de la liturgia misma. 

Ésta, por su naturaleza, es vehículo de transmisión de la fe ortodoxa y expresión primera de esa misma fe; es eslabón de la Tradición siempre viva de la Iglesia; forma parte de las tradiciones no escritas pero vinculantes para todos. 



jueves, 4 de agosto de 2022

Las tradiciones litúrgicas distintas (S. Basilio)

Aunque parezca que la liturgia es uniformidad, y que todo ha de ser igual en todo el orbe, la Tradición preservaba la unidad de la Iglesia pero enriquecida por la varidad de usos y costumbres de otros ritos o familias litúrgicas.



No era la creatividad salvaje propugnada por algunos hoy, sino costumbres litúrgicas extendidas en amplias regiones y que eran asimiladas por toda una zona, familia litúrgica, rito o patriarcado.

El propio San Basilio argumenta, en el tratado sobre "El Espíritu Santo", con las costumbres litúrgicas, propias de su región de Cesarea, frente a otras costumbres legítimas, aunque distintas, de otras familias o ritos.



Así, en tercer y último lugar, san Basilio enriquece su argumentación recurriendo al valor de la Tradición que se expresa igualmente en las tradiciones no escritas, de las cuales, muchas de ellas, se refieren a la liturgia.

 Le da así un valor normativo a la liturgia como cadena de transmisión de la Tradición entendida en sentido amplio. Razona su postura de la siguiente forma:

            “Si la mayor parte de la ceremonia de los misterios, sin estar en las Escrituras, tienen derecho de ciudadanía entre nosotros, admitamos también esa doxología, junto con otras muchas cosas. Por mi parte creo que es apostólico incluso el ser fieles a las tradiciones no escritas, pues dice: Y os alabo, porque en todo os acordáis de mí, y retenéis mis tradiciones tal como yo os enseñé; y también: y retened las tradiciones que habéis recibido, sea de palabra, sea por carta.

            Una de esas tradiciones es también la presente doxología. Los que la establecieron desde el principio y la transmitieron a la posteridad, al prolongarse su uso continuamente el tiempo, la enraizaron en las Iglesias, gracias a una larga costumbre” (29, 71)[1].

jueves, 14 de julio de 2022

S. Basilio argumenta con las acciones sacramentales

En su tratado sobre "El Espíritu Santo", después de argumentar con algo tan conocido como las doxologías trinitarias ("Gloria al Padre y al Hijo..."), S. Basilio reflexiona y argumenta con los ritos sacramentales de la Iglesia.



Es la liturgia de la Iglesia una teología en acto; sólo hay que sistematizar y pensar lo que la Iglesia ya realiza para comprender mejor, para elaborar una sana y auténtica teología.



Las acciones sacramentales en cuanto tales son materia teológica para la reflexión y argumentación de san Basilio, en este caso, el sacramento del Bautismo.
  
El bautismo es considerado en una doble dimensión: en cuanto profesión de fe trinitaria antes de ser bautizado y en la fórmula misma del sacramento y, por otra parte, en los efectos que el Espíritu Santo obra en el alma del bautizado.

 
 A la fórmula trinitaria del Bautismo, con la conjunción “y”, acude en el capítulo 10, 24 de lo que deduce que no se desdeña “la comunión con éste [el Espíritu], y ellos en cambio dicen que no es preciso que el Espíritu se coadune con el Padre y el Hijo, ¿cómo no van a estar claramente en contraposición con el mandato de Dios?... Pero si allí [en el Bautismo] el Espíritu está unido al Padre y al Hijo, que nadie sea tan desvergonzado que diga otra cosa, y que tampoco nos acusen de ese modo, si seguimos lo que está escrito” (10, 24).

lunes, 20 de junio de 2022

Uso teológico de la liturgia (S. Basilio)

Como Padre, san Basilio vive de la liturgia y constituye el referente de su predicación y de su teología. Por ello argumenta con los mismos textos de la liturgia que expresan la fe de la Iglesia.



Así comienza, para tratar sobre el Espíritu Santo, su acción en nosotros y su divinidad, la doxología trinitaria que se canta en la liturgia.



Las doxologías expresan la fe rectamente trinitaria, y su variedad no es sinónimo de heterodoxia, porque pueden decir de la Trinidad aspectos distintos según las preposiciones que unan a las divinas Personas y se remonta a las preposiciones que utiliza el Apóstol en sus propias doxologías epistolares. 

Vuelve san Basilio sobre la doxología refutando a los adversarios:


“Me gustaría, sin embargo, aprender de esta nueva sabiduría qué clase de doxología realizó el Apóstol mediante la palabra “en”, ateniéndonos a la regla que éstos aducen ahora como procedente de las Escrituras. Yo, de hecho, en ninguna parte hallo que se diga: “A ti, Padre, la gloria, por medio de tu Unigénito, en el Espíritu Santo”, expresión que para ellos precisamente es ahora más familiar que el respirar, por así decirlo. Se puede hallar cada una de ellas por separado, efectivamente, pero de ningún modo pueden ellos demostrar que se hallen juntas y en este orden.
Por tanto, si discuten con rigurosa exactitud acerca de lo que está escrito, que muestren de dónde sacan lo que dicen. Y si ellos ceden a la costumbre, que no nos lo impidan a nosotros” (25, 58).


miércoles, 18 de mayo de 2022

Argumentos litúrgicos de S. Basilio

En el tratado sobre "El Espíritu Santo" de San Basilio, recomendable por su contenido y método, por su espiritualidad y hermosura, el autor argumenta desde la liturgia.



San Basilio argumenta mediante tres caminos: la sagrada Escritura con una correcta exégesis que él establece, la Tradición que se expresa en la liturgia, en las tradiciones no escritas y en la tradición de los Padres y, por último, en la tipología.



“En la polémica con los pneumatómacos alcanza una precisa puesta a punto de sus mismos criterios exegéticos.

Ante todo, extiende el número de los testimonios de la Escritura sobre los cuales puede basar sus propias afirmaciones. Precisa cómo se debe hacer una correcta lectura del texto. Considera fundamental el sentido literal de una palabra o de una expresión bíblica, que debe determinarse y verificarse en el contexto del uso litúrgico bíblico y del significado global del texto sagrado. Debe además convalidarse confrontándolo y concordándolo con la Tradición de los Padres.

Finalmente, defiende la interpretación tipológica como anticipación real de la plenitud del don de la vida divina por medio de Cristo en el Espíritu Santo, y como preparación gradual para la misma, actuada por la divina pedagogía”[1].


La argumentación litúrgica es especialmente interesante en este tratado. Para este Padre capadocio la liturgia, lejos de convertirse en un arsenal erudito para enumerar citas que fácilmente se agrupen en un capítulo más dentro del contexto, resulta ser el ámbito vital en que san Basilio respira, piensa y elabora su teología; la liturgia para san Basilio es una fuente de la Tradición que llega hasta su generación y en la conciencia de lo que se realiza, de lo que se cnata y se reza, puede elaborar una síntesis dogmática. La Tradición llega a san Basilio, entre otras formas, mediante la liturgia que celebra y ora, la liturgia  es un cauce de la Tradición misma.

viernes, 22 de abril de 2022

La liturgia en San Basilio Magno

En san Basilio Magno hallamos una "mentalidad litúrgica", como, en general, en todos los Padres. No se trata de que él haga una alusión a la liturgia, diseminada en su corpus, sino de ver hasta qué punto la liturgia generó una mentalidad, una mens, en los Padres.

Cuando escriben, cuando argumentan, cuando elaboran teología, los Padres tienen bajo sus pies el sustrato de la liturgia celebrada y orada. Es algo más que un recurso: es el ámbito en el que los Padres piensan, rezan y reflexionan.


San Basilio nos deja un ejemplo luminoso de ello en su precioso tratado sobre "El Espíritu Santo".



La obra de san Basilio es la primera en ser un tratado, en cierto modo sistemático, sobre el Espíritu Santo. En ella, el trasfondo litúrgico es el humus vital en que este Padre capadocio reflexiona, argumenta y expone. En este sentido, siendo un tratado teológico y espiritual, es un venero de reflexión para la liturgia por su forma de pensarla y considerarla.

Fue éste el último Tratado escrito por san Basilio entre 374 y 375, e inluyó decisivamente en el Concilio de Constantinopla (381) al definirse en el Credo: “Creo en el Espíritu Santo, Señor y Dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas”. En el Oriente cristiano arrecian las controversias pneumatológicas que se derivan del arrianismo recién condenado en Nicea; los pneumatómacos niegan la divinidad  del Espíritu Santo, su consustancialidad con el Padre y el Hijo y su origen y su relación con ambos.

La obra de De Spiritu Sacto se divide en treinta capítulos sin ninguna otra división interna. Los títulos de los capítulos señalan las cuestiones que va a tratar para desarrollar una pneumatología completa advirtiéndose un claro tono polémico frente a las herejías pneumatómaca y arriana; así, por ejemplo, encontramos, al ver los títulos, que, apologéticamente, intenta agotar todos los puntos que estaban siendo negados con minuciosa precisión (por ejemplo, el análisis de las sílabas y las preposiciones exactas para expresar la relación intratrinitaria y la misión ad extra), por ejemplo:

sábado, 26 de febrero de 2022

Las costumbres de la Iglesia hispana (S. Isidoro)



En la Iglesia, con origen apostólico, se dan usos o prácticas diversas, legítimas, enriquecedoras de la vida de la Iglesia, que suelen abarcar zonas, regiones, ritos, que suelen tener un campo de extensión o influencia considerables enriqueciendo la vida litúrgica de otras Iglesias. En la liturgia los usos o costumbres se asumen y se extienden, entendiendo en ellos un origen apostólico, distinto origen apostólico, pero igual validez para los distintos usos.



En primer lugar san Isidoro presenta el origen de las costumbres eclesiásticas en su tratado "los oficios eclesiásticos":


            “Las antedichas, y otras muchas prácticas, son las que se encuentran en las diversas iglesias de Cristo. De entre ellas, hay algunas que se recomiendan en los escritos canónicos; otras nunca se fijaron por escrito, pero se difundieron y se observan por tradición. Sin embargo, en cuanto a aquéllas que se guardan en todo el mundo se ha de suponer que fueron instituidas o por los Apóstoles o por la autoridad de los principales concilios, así la pasión y resurrección, la ascensión a los cielos, la venida del Espíritu Santo, que se conmemoran en el correspondiente día del año y, si algo universalmente se observa, téngase por seguro que fue la Iglesia quien lo implantó” (I, 44).


Junto a lo universalmente admitido, realizado así en el orbe católico, se integran las diferentes costumbres que son legítimas en sí mismas:


            “Aquellas prácticas que de distinta manera se guardan en las respectivas y diversas comunidades, como puede ser el que algunos ayunen en sábado, otros no, que estos comulguen diariamente, otros sólo ciertas fechas, que en algún lugar no quede día en que no se ofrezca el sacrificio, mientras que en otros sólo se celebra sábados y domingos o únicamente los domingos; y si cosas semejantes pueden encontrarse, todo se debe a que esa fue la devoción de sacerdotes que gobernaron dichas iglesias o comunidades, y allí establecieron esas prácticas. Ni tal disciplina es más de elogiar para el serio y prudente cristiano, a no ser que de tal manera se comporte que no se acomode a lo que observa que se practica en la iglesia en la que se encuentre de paso. Todo lo cual, ni contra la fe, ni contra las buenas costumbres se debe seguir indiscriminadamente, es más, en atención a la iglesia con la que se convive, se han de guardar sus tradiciones, para que prácticas dispares no engendren cismas” (I, 44).


Los usos y costumbres están presentes en la liturgia que san Isidoro describe; unos como usos recibidos de otras Iglesias que parecen convenientes, otros como usos propios y legítimos.

jueves, 20 de enero de 2022

Argumentos de Tradición para la liturgia (S. Isidoro)




La liturgia además está configurada, y como tal se recibe, por “la tradición apostólica” (I, introd.). Al ser un hecho de Tradición, junto a lo que expresamente relata o prescribe la Escritura, se recibe y se tiene como norma lo que ha llegado a la vida de la Iglesia por tradición apostólica.



La importancia del canto de los salmos en la Iglesia viene avalada por el hecho de la Tradición y por la referencia a san Agustín. “La Iglesia antigua de tal forma cantaba que mandaba salmodiar al cantor con ligera flexión de la voz, de tal manera, que más se asemejaba a un declamador que a un cantor. Por los sensuales, no por los espirituales, se introdujo en la Iglesia la costumbre de cantar, para que, a quienes no conmovían las palabras, se enterneciesen con la suavidad de la armonía” (I, 5). 


Explicado lo cual recurre a la doctrina del Doctor gratiae:


            “Así el bienaventurado Agustín, en el libro de sus Confesiones, aprueba la costumbre  de cantar en la Iglesia, “para que por el halago de los oídos, dice, al ánimo débil se eleve a la degustación de la piedad, pues en las mismas santas exhortaciones más piadosa y ardientemente se levantan nuestras almas al ardor de la piedad mediante el canto que sin él. Todos nuestros afectos según la diversidad de sones, acaso por la novedad, no me explico por qué misteriosa tendencia, se excitan más mediante el canto que se ejecuta con suave y artística voz” (I, 5).  


De la Tradición viene la práctica litúrgica de los himnos, composiciones poéticas cantadas, rechazadas en otras Iglesias. Los himnos más antiguos son compuestos por san Hilario y la composición llega a grado excelso y amplísima difusión en Occidente con san Ambrosio. Es lo que explica san Isidoro: 


“Hilario, obispo de las Galias, pictaviense de origen, conspicuo por su elocuencia, fue maestro en componer himnos. Tras él, es gloriosamente conocido el obispo Ambrosio, enaltecido varón en Cristo y doctor clarísimo en la Iglesia como prolífico autor de himnos; por él les viene el nombre de himnos ambrosianos, porque fue durante su episcopado cuando comenzaron a entonarse en la diócesis de Milán y, tan célebres se hicieron, que se extendieron a todas las iglesias de Occidente. Se da el nombre de himno a toda composición poética compuesta para alabar a Dios” (I, 6).


miércoles, 15 de diciembre de 2021

Argumentos bíblicos de S. Isidoro sobre liturgia



San Isidoro considera la liturgia como una manifestación más de la Tradición misma de la Iglesia y al presentar la liturgia lo hará entroncándola con sus raíces más puras y teológicas. Nada, como tal, es “invento”, “creatividad” o “ingenio” de los hombres, sino que se sigue algo que es recibido porque así se ha transmitido. Incluso las nuevas disposiciones canónicas que se pudieran dar y se dieron (como en el IV Concilio de Toledo) vienen a explicitar la Tradición recibida. La liturgia es, pues, un hecho y acto de Tradición.



Sabiendo esto, asimilando la comprensión del misterio litúrgico del gran Isidoro, veremos lógicamente el razonamiento que va a emplear a lo largo de toda la obra y que presenta en la Introducción a los dos libros:


            “Descubrimos que todo cuanto se celebra en los Oficios eclesiásticos fue estatuido, en por parte por la autoridad de las Sagradas Escrituras, en parte por tradición apostólica o por costumbre de la Iglesia Universal. Acudiendo a los orígenes, señalaremos, como ya hemos dicho, los autores de los que traen origen”.


San Isidoro recurre a la Sagrada Escritura donde ve las prescripciones en materia litúrgica, las exhortaciones apostólicas, los ejemplos del Señor mismo. Pero, asimismo, recurre al Antiguo Testamento para ilustrar la realidad de la liturgia cristiana, en cierto sentido, realizando una lectura tipológica de las Escrituras o descubriendo en ellas la prefiguración de lo que la Iglesia de Dios realiza en el culto divino hoy.

El título de cristianos viene de Cristo, tal como tuvo su origen en Antioquía, según los Hechos de los Apóstoles (I, 1[1]). La Iglesia construye verdaderos templos, “la fe de nuestros tiempos consagró, en el universo mundo, altares a Cristo” (I, 2), cumpliendo en la realidad lo mismo que hizo Moisés levantando un tabernáculo al Señor, o Salomón construyendo un templo.

Atendiendo a los cantos y lecturas de la liturgia, san Isidoro presenta su origen bíblico. El canto de los coros proviene de los coros de cantores de Moisés cuando atravesó el Mar Rojo (I, 3); el cántico “es voz humana; salmo, si se acompaña con el salterio"”(I, 4) y afirma que fue Moisés quien inventó los cánticos después de cruzar el Mar Rojo, y recuerda a Débora con su ministerio de cantora. 

domingo, 7 de noviembre de 2021

El concepto de liturgia para S. Isidoro



Si la liturgia es un entramado de estas diversas realidades donde se conjugan cantos e himnos, lecturas y oraciones, fiestas y lugares, ayuno, sacramentos, ministerios eclesiales en la liturgia, etc., ya podemos comprender que en san Isidoro la liturgia es una realidad de servicio divino que realiza la Iglesia desde lo que la Iglesia es en sí misma con diversidad de ministerios, oficios y carismas.



Este servicio divino es armonioso en la variedad de misterios celebrados y de formas rituales, celebrativas y sacramentales a lo largo del ciclo del año cristiano:

·       “debían de orar y la manera de rogar a Dios”, “suplicar a Dios mediante oraciones contra las enfermedades del alma” (I, 8)

·          “mientras se celebra este misterio de alabanza [canto de los Laudes], si con fe verdadera y devoción se realiza, estar unido a los ángeles” (I, 13)

·           “invocar a Dios” (I, 15)

·           “reverenciar la Trinidad” (I, 19)

·           adorar la Trinidad (cf. I, 19)

·    “nos presentemos ante la mirada de Dios y cantemos, dándole el culto de nuestras oraciones, ofreciéndole el sacrificio y, al mismo tiempo, gocemos en sus alabanzas” (I, 20)

·           “Se reza al amanecer para celebrar la resurrección de Cristo” (I, 23)

·      “absteniéndonos durante él [el domingo] de todo trabajo terreno y de los halagos del mundo, únicamente nos dediquemos al culto divino, honrando tal día con honor y reverencia” (I, 24)

jueves, 14 de octubre de 2021

La liturgia para S. Isidoro

La obra "los oficios eclesiásticos" de san Isidoro, una pequeña joya, nos descubre muy acertadamente qué es la liturgia para el autor, y, por extensión, para la Iglesia hispana.



            La obra está dividida en dos libros, el primero sobre “el origen de los oficios”, el segundo libro sobre “el origen de los ministerios”. Una visión de conjunto de los libros y sus capítulos permitirá captar la visión de la liturgia que presenta san Isidoro como un entramado de distintos elementos que convergen en un conjunto armonioso, la liturgia, como culto y sacrificio a Dios y gracia santificadora para el hombre.

            En el libro primero presenta el origen y significado de las realidades materiales, celebrativas o temporales de la liturgia.

            Realidades “materiales”:
-          La iglesia y el nombre de los cristianos
-          Los templos

            Realidades “celebrativas”:

-          Referidas al canto: Coros, cánticos, salmos, himnos, antífonas
-          En cuanto a la lectura y la eucología: Oraciones, responsorios, lecciones, libros de ambos Testamentos, autores de los Libros Sagrados, Laudes, ofertorios, la Misa y sus oraciones, el símbolo niceno, las bendiciones, la Misa.
-          Oficio divino: Los oficios de las horas: Tercia, Sexta y Nona, las Vísperas, las Completas, la antigüedad de las Vigilias, los Maitines.

miércoles, 22 de septiembre de 2021

"Los oficios eclesiásticos" de S. Isidoro

De Ecclesiasticis Officiis de San Isidoro sería considerado como el primer manual de liturgia, un comentario y explicación de la liturgia, muy amplio, destacando los elementos que forman la liturgia y los ministerios que en ella se ejercen. 



No llega a ser exhaustivo, faltarían desde la perspectiva actual algunos elementos que presentar y comentar, pero resulta apasionante por sus argumentos y su descripción así como por introducirnos en el mundo hispano-visigodo con su peculiar rito litúrgico. 

La obra pertenece a un estilo nuevo, un nuevo género literario, 

“los tratados explicativos de la liturgia en general, obras de tipo sintético, o mejor, monografías sobre puntos particulares. En este género literario se verifica un doble desarrollo respecto al género mistagógico precedente: los destinatarios no son ya sólo los catecúmenos y neófitos, sino todos los fieles; a veces algún grupo más aventajado de fieles; con frecuencia, los mismos clérigos y los monjes. Se explican no sólo los ritos de iniciación, sino también, más o menos integralmente, las otras partes de la liturgia”[1].

Esta pequeña y, realmente, fascinante obra, presenta una comprensión del misterio de la liturgia que se va desgranando a partir de su descripción y de las razones que san Isidoro presenta, casi como evidente, sin polemizar, al escribir.

San Braulio, obispo de Zaragoza, discípulo y amigo joven de san Isidoro, al hacer un compendio de todas las obras de san Isidoro que conocía, explica así el De Ecclesiasticis Officiis: 

martes, 24 de noviembre de 2020

La ordenación sacerdotal en la Traditio de Hipólito de Roma



El Ritual de Órdenes es uno de los elementos más peculiares e interesantes que podemos encontrar en esta gran obra. Nos revela la concepción eclesiológica y la organización jerárquica de la comunidad cristiana en el siglo III. Hipólito, al hablar de la ordenación de obispos, presbíteros y diáconos, tiene siempre presente que el elegido se agrega a un ordo, para ejercer, en comunión fraterna, el ministerio apostólico. 



Sólo los tres ministerios apostólicos -episcopal, presbiteral y diaconal- son un sacramento propio y definido, que se llama ordenación o consagración. El ritual más completo en la Traditio, es, sin duda, el episcopal, cima y culmen del sacerdocio.

 
El episcopado sólo puede ser conferido a alguien digno y probado en la virtud pastoral. Altamente significativo nos resulta el hecho de la elección por toda la Iglesia local de aquél que va a ser su pastor, como Hipólito describe[1]

Una vez convocada esta asamblea electiva, no meramente consultiva, se procederá a la ordenación. Ésta se realiza en el domingo, día eclesial por excelencia, para significar en su plenitud el misterio de la Iglesia que, a la luz de la Pascua, prolonga la presencia de Cristo en medio de su Iglesia por medio de la ordenación de un obispo y de la celebración eucarística.

En la ordenación intervienen obispos y presbíteros. Los obispos de diversas Iglesias locales circundantes, serán los que impongan las manos al ordenando y uno de ellos el que pronuncie la plegaria de ordenación. El presbiterio de la Iglesia local no impone las manos, puesto que el ordenando se agrega a un ordo distinto del presbiteral: solamente los obispos impondrán las manos para significar más plenamente la colegialidad del ministerios y la incorporación de un nuevo miembro al ordo episcopalium. 

Mientras se procede a la impositio manuum, el presbiterio permanecerá en su sitio, sin realizar ningún gesto consecratorio: praesbyterium adstet quiescens.

Tras la imposición de manos, la plegaria de ordenación pronunciada por uno sólo de los obispos presentes. Esta plegaria, según la eucología litúrgica, siempre está dirigida al Padre.