lunes, 26 de febrero de 2024

Silencio en la Unción de enfermos (Silencio - XXXVI)



El sacramento de la Unción de los enfermos, en su parte propiamente sacramental, “consiste primordialmente en lo siguiente: previa la imposición de manos por los presbíteros de la Iglesia, se proclama la oración de la fe y se unge a los enfermos con el óleo santificado por la bendición de Dios: con este rito se significa y se confiere la gracia del Sacramento” (RU 5).



            La imposición de manos es un signo sacramental de comunicación del Espíritu: “la liturgia del signo subraya la importancia de la oración de la fe, la imposición de manos, y la propia Unción como un momento culminante de la celebración” (RU 72).

            El rito de la imposición de las manos se realiza en profundo y absoluto silencio: “Ahora el sacerdote, en silencio, impone las manos sobre la cabeza del enfermo” (RU 139).

            Las preces litánicas previas desembocan en esta silenciosa imposición de manos: “Da vida y salud a quien en tu nombre vamos a imponer las manos” (RU 136. 138).

sábado, 24 de febrero de 2024

Santos en el mundo, santos en lo cotidiano (Palabras sobre la santidad - CXIX)



            Cuando se acostumbra uno a orar pausadamente los textos litúrgicos, meditándolos en oración personal, se adquiere una profunda sabiduría espiritual, vivida en el seno de la Tradición. Se impregna uno de eclesialidad, de fe eclesial profesada en los textos litúrgicos. Entonces se avanza en la comprensión del Misterio.



            El común de santos y santas del Misal romano presenta en sus textos eucológicos aquello que la Iglesia cree de la santidad en el mundo, la santidad de lo cotidiano, aquellos santos que, en el estado laical, vivieron en el mundo, santificándose en lo cotidiano, en las obligaciones y trabajos de cada día, sin destellos de lo extraordinario ni misiones especiales, deslumbrantes, que podrían ser recordadas en las páginas de la historia de la Iglesia. Santos de lo común, santos de lo ordinario… santos en lo concreto de cada día.

            En estos santos, Dios nos revela su amor: “Dios todopoderoso y eterno, tú has querido darnos una prueba suprema de tu amor en la glorificación de tus santos” (OC, Misa I). Dios mismo nos “protege con la intercesión de sus santos” (cf. OF, Misa I), y nos regala a los santos para que “su ejemplo nos mueva a imitar fielmente a tu Hijo” (ibíd.).

viernes, 16 de febrero de 2024

El gesto de la paz (Ritos y gestos - V)



            Es un gesto que se ha vuelto a recuperar con la reforma litúrgica, pero cuya realización práctica está siendo desmesurada.
                                                                          
Su historia

            Los primeros cristianos se daban en la celebración el famoso "osculum pacis" del que habla varias veces San Pablo (Rm 16,16; 1Co 16,20; 2Co 13,12).



            El gesto tenía lugar, en los primeros siglos, al final de la liturgia de la Palabra, antes de presentar el pan y el vino: antes de presentar las ofrendas al altar, debemos reconciliarnos con el hermano. También con el beso santo de paz se sellaba la oración de los fieles; Dios aceptará la oración concorde de sus hijos.

            En el siglo V, con el Papa Inocencio I se cambia el lugar de la paz en el rito romano y se pone antes de la comunión "en señal de consentimiento del pueblo con todo lo que se ha hecho en los misterios". Más tarde, con San Gregorio Magno evolucionó el gesto como preparación para la comunión. En el siglo XI se fue perdiendo la riqueza del gesto, y se pasó al sacerdote y los ministros y luego se daba a besar el "portapaz".

lunes, 12 de febrero de 2024

La delicadeza como virtud (y IV)

3. Consigo mismo

            a) De cuerpo

            -La primera delicadeza consigo mismo brota de una convicción: “soy templo del Espíritu Santo” y este templo no debe estar descuidado o desaliñado, sino limpio, pulcramente vestido, con cuidado hacia la propia salud (higiene, alimentación, descanso). Hay que dominar las pasiones mediante la mortificación pero sin caer en el peligro opuesto de castigar la corporalidad de tal forma que el sujeto pueda corromperse o debilitarse. Es necesario una buena alimentación y el descanso necesario sin forzar.


            b) De alma

            -La delicadeza de la propia alma permite ser sensible hacia los propios pecados. El examen de conciencia induce a conocimiento propio y es medio de estar vigilante. Sin esta sensibilidad, el corazón se vuelve de piedra, apenas si siente las faltas y los pecados veniales, y puede llegar a justificar cualquier pecado. La delicadeza es estar atento a todo aquello que sea frialdad o desamor al Señor; delicadeza es no acostumbrarnos a cargar siempre con los mismos defectos, pasiones y pecados, sino rechazarlos y dolernos de ellos. Esta sensibilidad de alma la da el Amor de Dios y el trato con el Señor.

            -La delicadeza, la finura espiritual, impulsa al alma a caminar tras el Señor, de modo que hay un deseo de avanzar en mayor perfección, plenitud y amor. Nunca se siente satisfecha con lo ya alcanzado, desea más porque allí halla la realización y vocación perfecta del hombre a la libertad y a la entrega.

sábado, 3 de febrero de 2024

Eficacia de la acción de los santos (Palabras sobre la santidad - CXVIII)



            No están muertos, sino que viven en el Señor. No los mencionamos como personajes de la historia que ya no tienen nada que ver con nosotros sino como hermanos y amigos que nos tienden una mano, que nos auxilian, que velan por nosotros. La acción y obras de los santos no se restringen ni se limitan a su vida terrena, a su existencia histórica y temporal, se extiende al cielo donde siguen trabajando y obrando.



            El prefacio II de los santos nos permite asombrarnos, casi extasiarnos, al cantar la grandeza de los santos y sus intervenciones en favor nuestro.

            Para la Iglesia entera, sin duda, los santos son importantes.

            “Porque mediante el testimonio admirable de tus santos fecundas sin cesar a tu Iglesia”. La Iglesia muestra toda su vitalidad, toda su maternidad, en los santos a los que da a luz en cada época. Los santos son signos de una Iglesia felizmente viva y fiel al Señor: entonces abundan los santos; en épocas de crisis y decaimiento surgirán menos santos en número, pero Dios los suscita para revitalizar la Iglesia.