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sábado, 9 de noviembre de 2019

La Iglesia brilla en sus santos (Palabras sobre la santidad - LXXVIII)



Sin lugar a dudas, lo mejor que tiene la Iglesia son sus santos. En ellos se muestra la verdad de la Iglesia misma, en ellos se verifica qué significa ser hijo de Dios e hijo de la Iglesia. Durante XXI siglos de cristianismo, los santos -¡y cuántos son!, ¡incalculables!- han embellecido a la Iglesia, una y otra vez, constantemente, de mil maneras distintas, con tonalidades diferentes.



Cuando se quiere conocer qué es la Iglesia, cuando se pretende estudiar el misterio de la Iglesia –con el tratado de “eclesiología”-, resulta imprescindible detenerse en esta “eclesiología de los santos” o “ciencia de los santos”, ya que, si no es así, se corre el peligro de valorar a la Iglesia externamente y desde fuera, como institución humana o como bienhechora por sus acciones educativas, sociales o caritativas, como una ONG más de nuestro mundo. No llegarían al núcleo, no tocarían su centro, el Misterio de la Iglesia les quedaría velado, no alcanzarían a descubrirlo y maravillarse.

Los análisis simples no pueden percibir el misterio de la Iglesia. Las claves únicamente sociales, aplicadas a la Iglesia, sirven de poco. La Iglesia es más que todo ello. Su verdad última está en los santos, que son la mejor realización de la Iglesia, sus frutos reales, la confirmación del origen divino de la Iglesia.

La Iglesia es Madre porque engendra hijos para Dios en las aguas bautismales y los santifica. La Iglesia es Madre porque engendra santos. La Iglesia es el firmamento del mundo con la constelación de los santos, como estrellas, que señalan nuevas rutas para los hombres. La Iglesia, con los santos, es una lámpara en la ciudad secular, puesto en lo alto para iluminar a todos en las noches de la historia.


viernes, 30 de agosto de 2019

El camino de la espiritualidad (y II)



            Hoy es necesario un catolicismo que se distinga ante todo por el arte de la oración, como respuesta al amor del Corazón de Cristo, aprendiendo a orar, enseñando y educando en la oración, conscientes y sabedores de que la oración no es  privilegio para unos pocos, los sacerdotes y consagrados, sino para todo católico que quiera vivir en serio su vocación a la santidad y al apostolado. 



La oración debe ser el fundamento de todo. 
La oración es la experiencia personal de Dios. 
La oración es el secreto de un catolicismo vivo y apostólico. 
La oración es la condición primera de toda pastoral auténtica. 
La oración es vivir en el amor del Corazón de Cristo.

            Si tal es la importancia de la oración sería una equivocación pensar “que el común de los cristianos se puede conformar con una oración superficial, incapaz de llenar su vida... No sólo serían cristianos mediocres, sino “cristianos con riesgo”” (NMI, 34). 

          La secularización se erradicará con católicos de una profunda vida interior, de oración, sólida formación doctrinal y decidido compromiso apostólico.

            Cada parroquia y comunidad cristiana deben convertirse hoy en escuelas de oración, creando un ambiente espiritual marcado por la oración que induzca a un compromiso personal de oración diaria.

lunes, 5 de agosto de 2019

El camino de la espiritualidad (I)



            El catolicismo posee una fuerte impronta de vida espiritual e interior, con grandes maestros del espíritu que han enseñado los caminos interiores hacia Dios. La trascendencia y la espiritualidad no son ni mucho menos patrimonio exclusivo de las religiones orientales, a las que ahora se miran con sumo respeto despreciando el tesoro espiritual de la Tradición católica, tal vez por ignorancia y desconocimiento.


  
          La Iglesia, por medio de sus pastores, de sus grandes obispos y de sus místicos, vivió una intensa vida espiritual y educó a sus hijos en la oración como elevación del alma a Dios y humilde petición de su gracia, adoración de Jesucristo y meditación, escucha de la Palabra y silencio contemplativo, oración silenciosa, llena de unción, ternura y amor por el Señor.

            De pronto y sin previo aviso, se ha arrinconado la vida de piedad, el silencio y la oración, la visita al Sagrario y la adoración al Santísimo, la devoción y el recogimiento incluso en la santa Misa, etc., toda esta vida espiritual se volvió sospechosa, e incluso alienante, y poco a poco se fue suprimiendo. 

¿Cuáles han sido las causas de este abandono? 

¿Qué razones se adujeron? 

Ante esta crisis de oración, ¿qué hemos de hacer?


jueves, 18 de julio de 2019

Retos y prioridades (y II)



            El tercer camino del catolicismo hoy, después de los colegios y la Universidad, es la presencia pública de la Iglesia. Pensemos que el actual proceso de secularización empuja a la Iglesia a las catacumbas, se acalla la voz de los católicos, la fe se considera un hecho íntimo y privado que no debe manifestarse, el hecho religioso se entiende como un residuo cultural y estético pero sin implicación en la vida respetando tradiciones y fiestas que se consideran turísticas pero ya vaciadas de su genuino sentido; Dios desaparece así de la conciencia pública y los mismos fieles, confundidos por la secularización, adaptan la fe a sus gustos personales y carecen de una sólida formación doctrinal.



            Puesto que la fe ilumina toda la vida del hombre, y tiene que ver con todo lo humano, la voz de los católicos no puede silenciarse. La Iglesia debe hablar buscando el bien del hombre y de la sociedad, y la voz de los católicos deberá oírse en los foros públicos: política, medios de comunicación, foros de reflexión, asociaciones de todo tipo, etc. 


“Si nos dicen que la Iglesia no debería entrometerse en estos asuntos, entonces podemos limitarnos a responder: “¿Es que el hombre no nos interesa?” Los creyentes, en virtud de la gran cultura de su fe, ¿no tienen acaso el derecho de pronunciarse en todo esto? ¿No tienen –tenemos- más bien el deber de alzar la voz para defender al hombre, a la criatura que precisamente en la unidad inseparable de cuerpo y alma es imagen de Dios?”[1]


martes, 2 de julio de 2019

Retos y prioridades para la Iglesia (I)



            El proceso secularizador ha invadido la cultura occidental y ha entrado con mucha naturalidad incluso en la misma Iglesia. Si asumimos bien cuál y cuán grave es el problema de la secularización y sus raíces, podremos en consecuencia descubrir los campos más urgentes y necesarios de la acción pastoral de la Iglesia para no desperdiciar energías y tiempo en campos que no son tan importantes, aunque puedan parecer más populares y simpáticos.



            La secularización, que es una configuración del mundo y de la humanidad sin referencia a la trascendencia, invade todos los aspectos de la vida diaria, desarrolla una mentalidad en la que Dios está ausente y se vive como si no existiera. La fe –y por tanto la voz del católico- se relega a lo privado, y jamás se trasluce en la vida pública y social. 

             La Iglesia se queda sin espacio, sin lugar y los católicos quedan como elementos extraños e incómodos en este mundo y en esta cultura, casi como reliquias del pasado, desfasados. Pero este fenómeno también se manifiesta en el seno mismo de la Iglesia, desnaturalizando la fe cristiana, socavando sus cimientos y en consecuencia el estilo de vida y el comportamiento de los creyentes, con una clara tendencia a la superficialidad.

 ¿Cómo habremos de afrontar esta secularización? 

¿Qué respuesta debe dar la Iglesia con el apoyo decidido de los fieles?

            Primero: el campo necesarísimo de la enseñanza, la educación, los colegios católicos. La Tradición católica ha visto en la educación una manifestación concreta de la misericordia espiritual, una de las primeras obras de amor que la Iglesia ofrece a la humanidad, un aspecto de la “caridad intelectual”. Los colegios católicos –baste pensar en los colegios de la Compañía de Jesús durante tantos siglos- han tenido siempre un alto nivel académico y disciplinar, un estilo humanista y desde una clarifica identidad católica, educaban en la fe a los alumnos con una sana y clara formación católica y una iniciación a la práctica cristiana de la oración y de los sacramentos. Los colegios formaban católicos coherentes, convencidos y doctrinalmente muy preparados: uno de los signos era el gran número de vocaciones de todo tipo que suscitaban.

viernes, 28 de junio de 2019

Pastoral desde el Corazón de Jesús (y II)



            “En Cristo están encerrados todos los tesoros del saber y el conocer” (Col 2,3). 

          El Corazón de Jesús es un abismo de sabiduría, ya que Él mismo es la Sabiduría de Dios. Él, el Misterio que estaba oculto por los siglos y que ahora nos ha sido revelado. La pastoral, el apostolado y la devoción al Corazón de Jesús también impulsan al conocimiento de Cristo. La formación, la catequesis de adultos, las clases de teología, el estudio, los retiros, los círculos de formación son medios imprescindibles y urgentes para conocer la sabiduría de Cristo, para ser partícipes de su sabiduría. Él nos revela al Padre, nos ofrece la luz de un conocimiento superior y excelso, ya que Él es la Luz del mundo, la Verdad que nos salva. La formación cristiana, renovada, actualizada, es parte del apostolado y de la devoción al Corazón de Jesús. Conocerle para amarle, pues sólo se ama lo que se conoce. 



          El ejercicio de la meditación orante, del trato personal con Él, nos introduce en la intimidad de su Corazón para saber qué hace y qué dice, cómo es y cómo ama, el corazón de Cristo. Y la mejor fotografía del Corazón de Jesús, en expresión del Beato D. Manuel González, Obispo de los sagrarios abandonados, la mejor fotografía del Corazón de Cristo, la más actual y viva, es el Evangelio, la lectura orante y amorosa de la Palabra de Dios a la luz de la lámpara del Sagrario. Conocer al Señor, sí, mucho, cada vez más; conocer al Señor para amarle.

           ¿Quiénes harán este apostolado? ¿Cómo han de ser los sacerdotes que lleven a acabo esta pastoral? Todo se encerraría en un solo y único concepto: enamorarse de Cristo. Aquí está el todo. Dejarse enamorar por Cristo que con lazos de amor nos atrae hacia Él; dejarse enamorar por el Señor que nos seduce, que nos busca, que nos lleva a la intimidad de su amor. Dejarse enamorar, no poner resistencias a su amor, no quedarse fríos e indiferentes ante su amistad. ¡Dejarse enamorar por el Corazón de Jesús!, porque el Señor te sigue buscando y rodeando con su amor, y quiere conquistarte y ganarte para Él. 

Enamorarse. 

martes, 25 de junio de 2019

Pastoral desde el Corazón de Jesús (I)

            ¡Corazón de Jesús, felicidad de los santos, ten piedad de nosotros!

            La devoción al Corazón de Jesús, el amor al Corazón de Cristo, conlleva un modo concreto para la pastoral de la Iglesia; conlleva e implica una forma de apostolado en medio del mundo. No es una devoción liviana o pasajera, intimista o superficial, que distraiga al alma de la tarea de su santificación o de la transformación del mundo según el plan de Dios. La verdadera devoción suscita el apostolado y la pastoral; hace brotar corrientes de evangelización, de santificación y transformación.



            Extraigamos las consecuencias y dejémonos llevar por el Corazón de Cristo.

            El catolicismo se compendia en el amor de Dios manifestado en Cristo Jesús; el catolicismo, si se pudiera definir así, es una “religión del amor”, del Dios Trinidad que tanto amó al mundo que envió a su Hijo Unigénito para salvar al hombre. Aquí, en la Iglesia, los hombres deben poder encontrar el ámbito y la experiencia del Amor de Dios. El anuncio que hemos de proclamar es “Dios te ama, Cristo ha venido por ti” (Christifideles Laici, 17); hemos de gritar y confesar: “No tengáis miedo, abrid de par en par las puertas a Cristo Redentor… Sólo él conoce lo que hay en el hombre. ¡No tengáis miedo!”

            La vida misma de la Iglesia ha de ser un sacramento, un signo de amor; convertir cada comunidad cristiana en una comunidad de amor, amor que se abre y se difunde, que acoge y perdona, que redime, salva y cura al hombre tal y como es el amor del Corazón de Jesús. ¡Todo amor! Jesús es todo amor, todo misericordia. Por tanto, un verdadero apostolado desde el Corazón de Jesús, será construir la Iglesia y aportar cada uno su esfuerzo generoso para que el catolicismo muestre su verdadero rostro de amor. Sobrarán, entonces, en la Iglesia, tantas costumbres heredadas que, distorsionadas, sólo sirven para provocar la vanidad de los títulos, de los cargos, de los grados de antigüedad, acompañadas tantas veces de la prepotencia soberbia del “siempre se ha hecho así” sin dejarse guiar por los pastores de la Iglesia.

jueves, 11 de febrero de 2016

Una pastoral humilde y compasiva (sentarse a confesar)

Sentarse el sacerdote en el confesionario cada día, pacientemente, es verdadera pastoral, aun cuando la palabra 'pastoral', fruto de la secularización, se identifica con acciones de corte populista o de activismo, con la suma de reuniones y actividades.

Sin embargo, es verdadera pastoral, y muy necesaria, la virtud sacerdotal de quien se sienta pacientemente, cada jornada, en el confesionario. Los fieles, tal vez al principio se sorprenderán, pero luego lo agradecerán como un medio precioso para su santificación y crecimiento. 

La pastoral auténtica es ejercer las virtudes del Corazón del Buen Pastor y éste estuvo siempre receptivo y acogedor a los pecadores que a Él se acercaban. Su corazón aguardaba el retorno del hijo pródigo de la parábola para reintroducirlo en la casa (y la casa es la Iglesia).

Las acciones pastorales de la Iglesia buscan el encuentro y la conversión de la persona con Jesucristo; por eso el confesionario es tan necesario y, aunque sea un martirio, el sacerdote sabe que estar allí cada día es extender la mano como Cristo a quien se está ahogando en el mar de la confusión.

Cuando tanto se habla de 'pastoral' y de 'planes pastorales', y todo se identifica con activismo y acciones populistas, reuniones y programaciones, hemos de recordar algo tan sencillo: pastoral es sentarse cada día en el confesionario con el mismo Corazón y sentimientos de Cristo.

martes, 26 de enero de 2016

De catequesis y catequistas

La catequesis es una realidad viva e importantísima en la Iglesia porque es la transmisión de la fe eclesial. Lo recibido se transmite para que los demás tengan vida abundante. Es una educación en la fe, acompañando en una vida cristiana que vaya progresando, perfeccionándose, tomando la forma de Cristo Jesús, para que cada uno, al participar en la catequesis, se parezca más a Cristo, pensando como Él, sintiendo como Él, amando, entregándose, viviendo como Él.

La catequesis es una acción pastoral de la Iglesia que incluye a todos: niños y jóvenes, pero también adultos, matrimonios, familias, y probablemente estos adultos con más urgencia aún, como una propuesta habitual, normal, en la vida de una parroquia.

Pero la catequesis no es cuestión simplemente de un libro y de una pedagogía didáctica, o con las modas actuales, de unas dinámicas interactivas de grupo; la cuestión no es cambiar el libro por otro renovado, ni la preocupación por hacer entretenida la sesión catequética. Miremos cómo el centro de toda catequesis es la transmisión íntegra del tesoro de la fe y el acompañamiento de los catequizandos para su inserción cada día más vital en el seno de la Iglesia. Esto no lo hace un libro u otro, sino un catequista verdadero, que responda a ese nombre y misión eclesial: "La formación de los catequistas, analizada en el segundo capítulo, es elemento decisivo en la acción catequizadora. Si es importante dotar a la catequesis de buenos instrumentos de trabajo, más importante es aún preparar buenos catequistas" (Directorio General de Catequesis, 216).

sábado, 21 de noviembre de 2015

El confesionario: personal y pastoral

Cristo entregó muchas horas de su tiempo a encuentros reposados, serenos, uno a uno, de manera que su interlocutor fuera entrando en el corazón, descubriendo su verdad, acrecentando su deseo de salvación. Eran encuentros profundamente personales y únicos con el Señor que cambiaba la vida. ¿O no se transformó la samaritana? ¿O Andrés y Juan no reconocieron en Cristo a Aquel que su corazón deseaba incluso aunque no lo sabían muy bien?

La pastoral -palabra talismán- debe incluir de nuevo, como siempre lo tuvo, el reposo y la serenidad del encuentro personal, del diálogo amable, de la confidencia tranquila. Las prisas y la multiplicidad de reuniones dificultan la paz para un encuentro personal. Pero hoy, lo verdaderamente pastoral pasa por una disponibilidad real para escuchar y acoger, para dejar que aflorece el corazón del otro y sus luchas, e iluminar su vida y acompañarla.

No nos referimos aquí al amiguismo que cree dependencias espirituales; sino al contacto humano en la vida parroquial, en toda vida eclesial, que acompañe realmente, que discierne y ayude acogiendo al otro. Esto será, si se permite la expresión, una pastoral muy personalizada, una pastoral amable y cercana, uno a uno.

El modelo era la acción de Cristo y su "pastoral personalizada", dedicando el tiempo necesario a cada persona para mostrarle la Verdad e introducirla en la Comunión con Dios:

"Por estos motivos, además de la proclamación que podríamos llamar colectiva del Evangelio, conserva toda su validez e importancia esa otra transmisión de persona a persona. El Señor la ha practicado frecuentemente —como lo prueban, por ejemplo, las conversaciones con Nicodemos, Zaqueo, la Samaritana, Simón el fariseo— y lo mismo han hecho los Apóstoles. En el fondo, ¿hay otra forma de comunicar el Evangelio que no sea la de transmitir a otro la propia experiencia de fe? La urgencia de comunicar la Buena Nueva a las masas de hombres no debería hacer olvidar esa forma de anunciar mediante la cual se llega a la conciencia personal del hombre y se deja en ella el influjo de una palabra verdaderamente extraordinaria que recibe de otro hombre. Nunca alabaremos suficientemente a los sacerdotes que, a través del sacramento de la penitencia o a través del diálogo pastoral, se muestran dispuestos a guiar a las personas por el camino del Evangelio, a alentarlas en sus esfuerzos, a levantarlas si han caído, a asistirlas siempre con discreción y disponibilidad" (Pablo VI, Exh. Evangelii Nuntiandi, n. 46).

miércoles, 26 de agosto de 2015

Magisterio: sobre la evangelización (XXX)

Es abundante el magisterio pontificio contemporáneo referido a la evangelización y a la nueva evangelización. Tal abundancia revela la urgencia de esta tarea que responde a la vida y misión de la Iglesia, así como a la situación del mundo hoy, en "apostasía silenciosa", como algunos autores la definen.


Evangelizar es la misión y la vida de la Iglesia. Y evangelizar es anunciar a todos a Jesucristo como Señor y Salvador. "Todos deben recordar que el núcleo vital de la nueva evangelización ha de ser el anuncio claro e inequívoco de la persona de Jesucristo, es decir, el anuncio de su nombre, de su doctrina, de su vida, de sus promesas y del Reino que Él nos ha conquistado a través de su misterio pascual" (Juan Pablo II, Exh. Ecclesia in America, 66).

La evangelización es algo específico y propio: llevar el evangelio, anunciar a Jesucristo, edificar la Iglesia con nuevas comunidades y nuevos miembros que se agregan a este organismo sobrenatural. Otras muchas tareas son complementarias, o se derivan de la misma evangelización, pero no se confunden con ella (tareas, por ejemplo, de caridad y promoción humana, de carácter asistencial, etc.).

La evangelización tiene por centro a Jesucristo provocando la respueta de fe a su Persona.

sábado, 1 de agosto de 2015

Personas o papeles

Los papeles son necesarios para plasmar algo y que quede definitivamente acordado. Expresan el acuerdo y uno se remite a ellos para saber las directrices concretadas, incluso se firman, comprometiéndose a seguirlos. También en el ámbito de la evangelización, "los papeles" son importantes, es decir, los planes pastorales que marcan rumbos, señalan prioridades y se especifican los medios para lograrlos.

Los planes pastorales -nacionales, diocesanos u otros- coordinan de manera que se logren acciones comunes y por el esfuerzo aunado de todos, se avance en una misma dirección sin dispersión de fuerzas.

Pero los planes pastorales, que son herramientas, no son ni la solución ni la panacea para la evangelización y para la vida pastoral de las parroquias, comunidades y movimientos. Son una guía, una orientación eficaz, pero por sí mismos y en sí mismos, de poco servirán si personas concretas, viviendo una experiencia absoluta de Jesucristo no los ponen en marcha.

Además, como herramientas que son, hay que darles su justo valor. La solución no está siempre en cambiar los planes pastorales, con un afán de novedades, sino en centrarse por completo en Jesucristo. Las palabras del papa Juan Pablo II son rotundas:


lunes, 22 de junio de 2015

Posturas contrarias a la evangelización

La obra "Evangelizar" de Mons. Fernando Sebastián es luminosa, como claro y maduro es el pensamiento del autor. Con un estilo muy diáfano al escribir, presenta análisis rebosantes de sentido común, apuntando bien los problemas que traemos entre manos, señalando caminos.

De cara a la evangelización, por ejemplo, él describe algunas posturas contrarias. ¿Las puede haber? ¿No es algo de lo que todos estamos convencidos?

Parece ser que no es así. Algunos no están tan convencidos y simplemente "mantienen" o "conservan" lo poquísimo que queda en sus ámbitos, sin mejorarlo, ni hacer que crezca; otros identifican evangelización con líneas secularizadas, con opciones meramente terrenales... Otros rechazan la evangelización porque creen en el sincretismo de moda, con lo cual todo vale, toda religión es verdadera y no podemos anunciar a Cristo para no ofender a nadie y también porque no es tan necesario: basta con que sean buenas personas (y ya entró aquí el "buenismo").

Veamos las palabras del autor:

"En una primera consideración etimológica, evangelizar significa anunciar una buena noticia, en este caso se trata de la buena noticia de Jesús, su vida, su mensaje, su testimonio sobre la bondad de Dios. Pero aun aceptando esta explicación, subsiste la ambigüedad, porque no todos ponemos el acento de la misma manera ni pensamos en las mismas cosas cuando hablamos de anunciar y difundir el Evangelio de Jesucristo. Tampoco se resuelve la cuestión diciendo que evangelizar es anunciar la salvación de Dios. Porque, como dice Juan Pablo II, "no es obvio para el hombre en qué consiste nuestra salvación". 

sábado, 16 de mayo de 2015

Tarea pastoral o evangelizadora de la teología

La teología, con todo el rigor científico que se quiera, y el método riguroso que debe emplear, supera los límites academicistas que a veces la encierran y se convierte, realmente, en una "ciencia de Dios" o "discurso sobre Dios", para la vida, para el anuncio, para la pastoral y la vida cristiana.


En este sentido, la teología siempre es una ciencia viva y posee, por su propia naturaleza, un carácter pastoral porque edifica la Iglesia y contribuye al bien de las almas. 

El teólogo estudia, investiga, reflexiona, escribe y enseña, cumpliendo no sólo una labor docente importantísima, sino recibiendo una misión de la Iglesia, con alma pastoral. Sus palabras y sus escritos reciben un sabor distinto cuando el teólogo no piensa en los círculos reducidos del debate teológico o académico, sino en llegar a todos, en ayudar a todos a crecer en su reflexión y en su vida cristiana. Por eso no es una ciencia aséptica, fría, sino una realidad dinámica, necesaria para la vida de la Iglesia y de las comunidades cristianas.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Una parroquia viva...

Creo que lo mejor es leer serenamente algunos textos, sin prejuicios y sin proyectar de antemano lo que nosotros podamos creer que es una parroquia.


A partir de ahí es cuando se puede trabajar en una línea común.

¿Qué es una parroquia?

"La comunión eclesial, aún conservando siempre su dimensión universal, encuentra su expresión más visible e inmediata en la parroquia. Ella es la última localización de la Iglesia; es, en cierto sentido, la misma Iglesia que vive entre las casas de sus hijos y de sus hijas.

Es necesario que todos volvamos a descubrir, por la fe, el verdadero rostro de la parroquia; o sea, el «misterio» mismo de la Iglesia presente y operante en ella. Aunque a veces le falten las personas y los medios necesarios, aunque otras veces se encuentre desperdigada en dilatados territorios o casi perdida en medio de populosos y caóticos barrios modernos, la parroquia no es principalmente una estructura, un territorio, un edificio; ella es «la familia de Dios, como una fraternidad animada por el Espíritu de unidad», es «una casa de familia, fraterna y acogedora», es la «comunidad de los fieles»

jueves, 30 de octubre de 2014

Cuando se va poco...

El calendario de la vida de una parroquia está lleno de celebraciones en las cuales los asistentes son ocasionales; apenas viven la fe ni participan de la vida eclesial pero asisten acompañando a unos amigos a su boda, al bautismo de un hijo, a la primera comunión de un familiar o a un rito exequial.





Están en el templo sin saber muy bien qué ocurre y cómo transcurre. Normalmente, recibirán poco, tal vez, como mucho, puedan percibir algo del Misterio y sentir lo sagrado, allí presente y comunicándose. 


La buena voluntad, a la vista de tantos asistentes que no suelen ir nunca, suele llenar la liturgia celebrada de multitud de moniciones, un activismo inmenso en torno al altar, movimiento y un gran número de intervinientes para que parezca algo movido, entretenido. Se adopta el tono secularista en las moniciones -¿realmente son necesarias?- y quien va allí difícilmente tendrá la impresión de vivir el Misterio de Dios y ser herido por su Belleza, sino de estar en un festival, en un encuentro, en una catequesis o en una actuación teatral.

sábado, 30 de agosto de 2014

Las emergencias educativas

Varios discursos de Benedicto XVI abordan un tema muy querido para él, acuñando incluso una expresión propia, "la emergencia educativa". Es uno de los problemas de hoy. 

La educación es una transmisión completa del saber que, a la vez, es formativa, posibilitando el crecimiento completo y armónico de la persona, su desarrollo personal y su vocación. Sin embargo, la educación se ve relegada al aula y, a la vez, concretada en unos conocimientos técnicos, muy poco humanísticos. La persona no es educada, sino informada y llenada de nociones, con muy pocos saberes y menos virtudes. La abdicación general de los padres sobre la educación de los hijos dificulta aún más la situación, pues conciben la educación como algo que le corresponde al colegio según las pautas de papá-Estado. Por supuesto, salvadas las excepciones.

La educación es tarea hermosísima y humanísima que se ha de asumir con paciencia y esperanza, con visión de futuro, modelando a la persona sin reducirla a los conceptos de unas asignaturas. En la Iglesia, los padres hallan (deben hallar) el impulso y el acompañamiento de todos para educar a sus hijos, ayudas concretas, consejo y aliento. También los maestros y docentes pueden encontrar luz y respaldo en la Iglesia en su vocación a la enseñanza y al mundo de la educación.

Pero la Iglesia misma es una gran educadora que debe tener presente los rasgos necesarios que hay que imprimir y desarrollar en la persona para que responde a su vocación personal. El Papa plantea unas pistas para esta emergencia educativa:

"1. La perspectiva educativa

Vuestra acción será mayormente incisiva si, como ya hacéis, trabajáis más todavía entre vosotros con una óptica profundamente unitaria y favorecéis colaboraciones con otras fuerzas educativas sean eclesiales o civiles. Para educar es necesario ir más allá de la ocasión, el momento inmediato, y construir, con la colaboración de todos, un proyecto de vida cristiana fundado sobre el Evangelio y sobre el Magisterio de la Iglesia, poniendo en el centro una visión integral de la persona. Vuestro Proyecto Formativo es válido para muchos cristianos y hombres de buena voluntad, sobre todo si pueden ver en vosotros, modelos de vida cristiana, de compromiso generoso y gozoso, de interioridad profunda y de comunión eclesial. 

miércoles, 27 de agosto de 2014

La vida parroquial

Siendo la parroquia la comunidad cristiana básica, de referencia, que presidida por el ministerio ordenado, engloba carismas y servicios diversos, ejerce la santificación, la caridad y la evangelización, conviene que miremos la parroquia con mirada agradecida y afectuosa y, a la vez, consideremos globalmente la realidad tan rica y multiforme de la vida parroquial.

Al mismo tiempo, insertos cada cual en su parroquia según su vocación, y teniendo por referencia el altar que nos congrega, hemos de sentir la urgencia de ofrecer una mayor vitalidad a las parroquias, la vitalidad de un rostro, de un impulso y de una obediencia al Espíritu Santo.

Son grandes los retos que se han de concretar en nuestras parroquias, cada una de ellas con sus posibilidades y sus miembros, sus límites: estos grandes retos son el crecimiento en la identidad católica de sus miembros y una evangelización nueva, eficaz, en el propio ambiente, en el ámbito parroquial. Son retos nuevos que merecen respuestas nuevas, valientes y decididas.

Por una parte, la identidad católica de los propios miembros. Reconozcamos que como católicos también estamos recibiendo el influjo de esta cultura actual, nihilista, relativista, y que la secularización de la cultura ha influido en la secularización de la misma Iglesia. A veces el contorno católico se difumina con opciones secularizadas, donde la identidad católica apenas se ve o, simplemente, se relega al ámbito privado. En este terreno habría que optar por una formación doctrinal consistente en las parroquias, con el mayor nivel posible y fidelidad a la Iglesia en homilías sólidas (no hecha de lugares comunes y tópicos), predicación, catequesis de adultos, formación sistemática en grupos de estudio, etc., y junto a la formación que capacita para la identidad católica, la vida espiritual cimentada en el encuentro con el Señor: la liturgia cuidada y reposada, la adoración eucarística, retiros parroquiales, la posibilidad de orar tranquilamente ante el Sagrario, etc.

martes, 15 de julio de 2014

Misionar aquí

Nuestra tierra, España, y en general todo el mundo occidental, es un terreno hoy de misión, puro y duro, casi de misión ad gentes en buena medida. Hay que comenzar una nueva evangelización aquí y ahora, entre nosotros, a poco que seamos capaces de ver la realidad con la suficiente capacidad de análisis y frialdad.


Una nueva cultura pagana se ha instalado a lo largo de la modernidad y la postmodernidad. Esta cultura, lo sabemos, ha relegado a Dios como "inútil", imperando una cultura del egoísmo, aunque se revista de lenguaje ampuloso sobre la solidaridad. En realidad, sigue imponiéndose el poder del fuerte sobre el débil. La Verdad ha sido reemplazada por la nada, con la igualdad de opiniones y el relativismo, y el Bien se sustituye por la creación de cada uno "en su conciencia". El bien es determinado por lo que cada cual cree mejor o conveniente, siendo una subjetividad muy cambiante la creadora de la norma moral.

lunes, 23 de junio de 2014

Una gran obra de catequesis

La evangelización es el anuncio de Jesucristo. Una vez anunciado, a aquellos que lo acepten, hay que posibilitarles un proceso de crecimiento, y éste se llama catequesis. En ellos debe ir resonando, en sentido amplio, la Palabra -catequesis viene de resonar, de eco-, para que acampe en ellos y haga morada en ellos, conformando un modo de ser, de pensar, de sentir y de actuar.


La Iglesia siempre ha tenido en altísima consideración la catequesis y su paradigma, su modelo fundamental, era la catequesis para adultos y estoy convencido de que hoy sigue siendo válido ese paradigma. Normalmente y en general, asociamos catequesis sólo para la infancia. Pero esta catequesis infantil es sólo una parte, pequeñita y muy extendida, pero el referente será siempre la catequesis de adultos con la variedad de formas que hoy puede asumir (como grupos de catequesis de adultos parroquial, formación continuada y sistemática en Asociaciones, grupos, Movimientos, en Adoración Noctura, en equipos de liturgia, etc., etc.).