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martes, 16 de agosto de 2022

La lex orandi para la teología (S. Basilio)

Habiendo visto tranquilamente el tratado de S. Basilio sobre "El Espíritu Santo", hemos ido hallando un método claro y firme en este Padre capadocio: vivir la liturgia, reflexionarla, hacerla teología. 



La liturgia no es un ceremonial absurdo y obligatorio; ni un acto esteticista para los sentidos y mover a devoción. Es la Iglesia misma -donde Cristo está actuando presente- la que santifica y glorifica a Dios. 

Sus ritos así como sus oraciones, sus textos litúrgicos, son expresión primera y fundamental de la fe de la Iglesia. De ahí el gran respeto que merece la liturgia para no cambiarla ni hacer mutaciones a capricho; y, segundo, la necesidad de contar con la liturgia -viviéndola, por supuesto- para elaborar una teología que merezca tal nombre.



El tratado de san Basilio, leído desde el interés por la liturgia, pone de relieve el valor teológico y dogmático de la liturgia misma. 

Ésta, por su naturaleza, es vehículo de transmisión de la fe ortodoxa y expresión primera de esa misma fe; es eslabón de la Tradición siempre viva de la Iglesia; forma parte de las tradiciones no escritas pero vinculantes para todos. 



jueves, 4 de agosto de 2022

Las tradiciones litúrgicas distintas (S. Basilio)

Aunque parezca que la liturgia es uniformidad, y que todo ha de ser igual en todo el orbe, la Tradición preservaba la unidad de la Iglesia pero enriquecida por la varidad de usos y costumbres de otros ritos o familias litúrgicas.



No era la creatividad salvaje propugnada por algunos hoy, sino costumbres litúrgicas extendidas en amplias regiones y que eran asimiladas por toda una zona, familia litúrgica, rito o patriarcado.

El propio San Basilio argumenta, en el tratado sobre "El Espíritu Santo", con las costumbres litúrgicas, propias de su región de Cesarea, frente a otras costumbres legítimas, aunque distintas, de otras familias o ritos.



Así, en tercer y último lugar, san Basilio enriquece su argumentación recurriendo al valor de la Tradición que se expresa igualmente en las tradiciones no escritas, de las cuales, muchas de ellas, se refieren a la liturgia.

 Le da así un valor normativo a la liturgia como cadena de transmisión de la Tradición entendida en sentido amplio. Razona su postura de la siguiente forma:

            “Si la mayor parte de la ceremonia de los misterios, sin estar en las Escrituras, tienen derecho de ciudadanía entre nosotros, admitamos también esa doxología, junto con otras muchas cosas. Por mi parte creo que es apostólico incluso el ser fieles a las tradiciones no escritas, pues dice: Y os alabo, porque en todo os acordáis de mí, y retenéis mis tradiciones tal como yo os enseñé; y también: y retened las tradiciones que habéis recibido, sea de palabra, sea por carta.

            Una de esas tradiciones es también la presente doxología. Los que la establecieron desde el principio y la transmitieron a la posteridad, al prolongarse su uso continuamente el tiempo, la enraizaron en las Iglesias, gracias a una larga costumbre” (29, 71)[1].

jueves, 14 de julio de 2022

S. Basilio argumenta con las acciones sacramentales

En su tratado sobre "El Espíritu Santo", después de argumentar con algo tan conocido como las doxologías trinitarias ("Gloria al Padre y al Hijo..."), S. Basilio reflexiona y argumenta con los ritos sacramentales de la Iglesia.



Es la liturgia de la Iglesia una teología en acto; sólo hay que sistematizar y pensar lo que la Iglesia ya realiza para comprender mejor, para elaborar una sana y auténtica teología.



Las acciones sacramentales en cuanto tales son materia teológica para la reflexión y argumentación de san Basilio, en este caso, el sacramento del Bautismo.
  
El bautismo es considerado en una doble dimensión: en cuanto profesión de fe trinitaria antes de ser bautizado y en la fórmula misma del sacramento y, por otra parte, en los efectos que el Espíritu Santo obra en el alma del bautizado.

 
 A la fórmula trinitaria del Bautismo, con la conjunción “y”, acude en el capítulo 10, 24 de lo que deduce que no se desdeña “la comunión con éste [el Espíritu], y ellos en cambio dicen que no es preciso que el Espíritu se coadune con el Padre y el Hijo, ¿cómo no van a estar claramente en contraposición con el mandato de Dios?... Pero si allí [en el Bautismo] el Espíritu está unido al Padre y al Hijo, que nadie sea tan desvergonzado que diga otra cosa, y que tampoco nos acusen de ese modo, si seguimos lo que está escrito” (10, 24).

lunes, 20 de junio de 2022

Uso teológico de la liturgia (S. Basilio)

Como Padre, san Basilio vive de la liturgia y constituye el referente de su predicación y de su teología. Por ello argumenta con los mismos textos de la liturgia que expresan la fe de la Iglesia.



Así comienza, para tratar sobre el Espíritu Santo, su acción en nosotros y su divinidad, la doxología trinitaria que se canta en la liturgia.



Las doxologías expresan la fe rectamente trinitaria, y su variedad no es sinónimo de heterodoxia, porque pueden decir de la Trinidad aspectos distintos según las preposiciones que unan a las divinas Personas y se remonta a las preposiciones que utiliza el Apóstol en sus propias doxologías epistolares. 

Vuelve san Basilio sobre la doxología refutando a los adversarios:


“Me gustaría, sin embargo, aprender de esta nueva sabiduría qué clase de doxología realizó el Apóstol mediante la palabra “en”, ateniéndonos a la regla que éstos aducen ahora como procedente de las Escrituras. Yo, de hecho, en ninguna parte hallo que se diga: “A ti, Padre, la gloria, por medio de tu Unigénito, en el Espíritu Santo”, expresión que para ellos precisamente es ahora más familiar que el respirar, por así decirlo. Se puede hallar cada una de ellas por separado, efectivamente, pero de ningún modo pueden ellos demostrar que se hallen juntas y en este orden.
Por tanto, si discuten con rigurosa exactitud acerca de lo que está escrito, que muestren de dónde sacan lo que dicen. Y si ellos ceden a la costumbre, que no nos lo impidan a nosotros” (25, 58).


miércoles, 18 de mayo de 2022

Argumentos litúrgicos de S. Basilio

En el tratado sobre "El Espíritu Santo" de San Basilio, recomendable por su contenido y método, por su espiritualidad y hermosura, el autor argumenta desde la liturgia.



San Basilio argumenta mediante tres caminos: la sagrada Escritura con una correcta exégesis que él establece, la Tradición que se expresa en la liturgia, en las tradiciones no escritas y en la tradición de los Padres y, por último, en la tipología.



“En la polémica con los pneumatómacos alcanza una precisa puesta a punto de sus mismos criterios exegéticos.

Ante todo, extiende el número de los testimonios de la Escritura sobre los cuales puede basar sus propias afirmaciones. Precisa cómo se debe hacer una correcta lectura del texto. Considera fundamental el sentido literal de una palabra o de una expresión bíblica, que debe determinarse y verificarse en el contexto del uso litúrgico bíblico y del significado global del texto sagrado. Debe además convalidarse confrontándolo y concordándolo con la Tradición de los Padres.

Finalmente, defiende la interpretación tipológica como anticipación real de la plenitud del don de la vida divina por medio de Cristo en el Espíritu Santo, y como preparación gradual para la misma, actuada por la divina pedagogía”[1].


La argumentación litúrgica es especialmente interesante en este tratado. Para este Padre capadocio la liturgia, lejos de convertirse en un arsenal erudito para enumerar citas que fácilmente se agrupen en un capítulo más dentro del contexto, resulta ser el ámbito vital en que san Basilio respira, piensa y elabora su teología; la liturgia para san Basilio es una fuente de la Tradición que llega hasta su generación y en la conciencia de lo que se realiza, de lo que se cnata y se reza, puede elaborar una síntesis dogmática. La Tradición llega a san Basilio, entre otras formas, mediante la liturgia que celebra y ora, la liturgia  es un cauce de la Tradición misma.

viernes, 22 de abril de 2022

La liturgia en San Basilio Magno

En san Basilio Magno hallamos una "mentalidad litúrgica", como, en general, en todos los Padres. No se trata de que él haga una alusión a la liturgia, diseminada en su corpus, sino de ver hasta qué punto la liturgia generó una mentalidad, una mens, en los Padres.

Cuando escriben, cuando argumentan, cuando elaboran teología, los Padres tienen bajo sus pies el sustrato de la liturgia celebrada y orada. Es algo más que un recurso: es el ámbito en el que los Padres piensan, rezan y reflexionan.


San Basilio nos deja un ejemplo luminoso de ello en su precioso tratado sobre "El Espíritu Santo".



La obra de san Basilio es la primera en ser un tratado, en cierto modo sistemático, sobre el Espíritu Santo. En ella, el trasfondo litúrgico es el humus vital en que este Padre capadocio reflexiona, argumenta y expone. En este sentido, siendo un tratado teológico y espiritual, es un venero de reflexión para la liturgia por su forma de pensarla y considerarla.

Fue éste el último Tratado escrito por san Basilio entre 374 y 375, e inluyó decisivamente en el Concilio de Constantinopla (381) al definirse en el Credo: “Creo en el Espíritu Santo, Señor y Dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas”. En el Oriente cristiano arrecian las controversias pneumatológicas que se derivan del arrianismo recién condenado en Nicea; los pneumatómacos niegan la divinidad  del Espíritu Santo, su consustancialidad con el Padre y el Hijo y su origen y su relación con ambos.

La obra de De Spiritu Sacto se divide en treinta capítulos sin ninguna otra división interna. Los títulos de los capítulos señalan las cuestiones que va a tratar para desarrollar una pneumatología completa advirtiéndose un claro tono polémico frente a las herejías pneumatómaca y arriana; así, por ejemplo, encontramos, al ver los títulos, que, apologéticamente, intenta agotar todos los puntos que estaban siendo negados con minuciosa precisión (por ejemplo, el análisis de las sílabas y las preposiciones exactas para expresar la relación intratrinitaria y la misión ad extra), por ejemplo:

viernes, 26 de marzo de 2021

La ira (S. Basilio - y VII)

Sabiendo entonces reconocer qué es la ira, cómo brota y los males que acarrea, habremos de dominar en nosotros tal impulso ciego.

Por si no bastaran los argumentos que S. Basilio ha ido ofreciendo, acudamos al ejemplo mismo de nuestro Señor y de los santos: cómo dominaron la ira, aun cuando estaban siendo escarnecidos, maltratados, injuriados.


Pero la respuesta ante tantos ataques fue la humildad, la mansedumbre, y no la respuesta airada, ni la palabra hiriente ni el gesto ofensivo.

            n. 7. Entonces, ¿de qué modo no ha de alcanzar la pasión lo que no debe? ¿Cómo? Si aprendes la humildad que el Señor dispuso de palabra y demostró con sus obras, bien cuando dijo: El que quiera ser el primero entre vosotros, sea el último de todos, o bien cuando soporta benigna y tranquilamente a quien lo hiere. El Creador y Señor del cielo y de la tierra, el que es adorado por toda criatura racional y sensible, el que sostiene todo con su palabra poderosa, no envió al impío vivo al infierno, abriendo bajo él la tierra, sino que le advirtió y le enseñó: Si he hablado mal, da testimonio de ello, pero si bien ¿por qué me hieres?. Ciertamente, si te habitúas a ser el último de todos conforme al mandato del Señor, ¿cuándo te enfadarás, como si ultrajasen tu dignidad? Cuando un niño pequeño te insulta, sus insultos te causan risa, y cuando un demente te dice palabras injuriosas, lo consideras más digno de piedad que de odio.

lunes, 22 de marzo de 2021

La ira (S. Basilio - VI)

Hay una cólera, que san Basilio valora como buena, en lo referente al bien: lucha por el bien, sin atisbo de ira, y sin entremezclarlo con el orgullo herido.

Esa cólera buena es celo por las cosas del Señor, valor para afrontar lo que Él determine. Pero nada tiene que ver con la ira que arrasa contra todos y contra todo.

Sus matices y discernimiento los expone así:



            n. 6. Así pues, no convirtamos en ocasión de pecado para nosotros mismos lo que el Creador nos ha dado para nuestra salvación. Así también la cólera produce valor, paciencia y fortaleza, cuando es suscitada como conviene; pero si obra contra la recta razón, se convierte en locura. Por eso, también el Salmo nos advierte: Irritaos, mas no pequéis. El Señor extiende su juicio contra el que se encoleriza sin motivo, pero no rechaza que contra estas cosas sea necesario servirse de la ira como de una especie de remedio, pues aquello de pondré enemistad entre ti y la serpiente y lo de enemistaos con los madianitas, es propio de quien enseña a servirse de la cólera como de un arma.

           Por eso, Moisés, el más benigno de todos los hombres, para castigar la idolatría, armó las manos de los levitas, para que mataran a sus hermanos: Cíñase cada uno su espada al costado –dijo-; pasad y repasad por el campamento de puerta en puerta, y matad cada uno a su hermano, a su amigo y a su pariente. Y a continuación se añade: Y dijo Moisés: Llenasteis hoy vuestras manos para el Señor, cada uno en vuestro hijo y en vuestro hermano, sobre vosotros caiga la bendición.

miércoles, 17 de marzo de 2021

La ira (S. Basilio - V)

Hay que frenar, siempre y en todo momento, la ira.

Se puede sentir el movimiento interno de la ira, el enfado que va a estallar, pero se puede domar, como a un potro salvaje, para mantener el semblante tranquilo y la palabra amable.

Los ejemplos de las Escrituras y las exhortaciones paulinas piden ese dominio de uno mismo para no ceder ante ningún movimiento interior de ira, por más que pensemos que hasta podría estar justificada.


            n. 5. Que cada una de estas consideraciones penetre en tu mente y calme tu exasperación. En verdad, tales preparaciones y disposiciones conducen los razonamientos a la estabilidad y a la tranquilidad, como si suprimieran los sobresaltos y pulsaciones del corazón. Esto era seguramente lo que expresaba David: Estoy preparado y no estoy perturbado.
  
          Así pues, conviene calmar ese frenético y terrible movimiento del alma con el recuerdo de ejemplos de varones justos. ¡Con cuánta indulgencia el gran David soportó la impertinencia de Semei! Ciertamente, no dio ocasión a que la ira lo exaltase, sino que volviendo su mente a Dios, dijo: El Señor dijo a Semei: Maldice a David. Por eso oyéndose llamar sanguinario e inicuo, no se irritó contra aquél, sino que se humilló a sí mismo como si se le adjudicara el insulto con justicia.

viernes, 12 de marzo de 2021

La ira (s. Basilio - IV)

La ira no permite acceder al Reino de Dios, sólo la mansedumbre..

Nunca es justificación que el otro nos provoque o ver en el otro ira y cólera, y querer responder poniéndonos a su nivel, igualmente ciegos como él.

Realmente, nunca hay justificación que nos permita encendernos de ira.




            n. 4. ¿Qué más hay que decir? Al iracundo su maledicencia le cierra el reino de los cielos, pues los injuriosos no heredarán el reino de Dios; a ti, en cambio, el silencio te prepara el reino, pues el que persevere hasta el final, ese se salvará; pero si te vengas y te enfrentas de igual manera contra el injurioso ¿cómo te excusarás? ¿Qué él te provocó primero? Y eso ¿qué perdón merece? En verdad, ni aunque el libertino impute la culpa a su compañera, porque lo incitó al pecado, es por ello menos digno de condena.


            No hay coronas sin contrincantes, ni derrotas sin adversarios. Escucha a David, que dice: Mientras estuvo ante mí el impío, no me irrité ni me vengué, sino enmudecí, me humillé y guardé silencio por las cosas buenas. En cambio, tú te exasperas por la ofensa como por un mal, pero de nuevo le imitas como si fuera un bien; pues mira, haces lo que repruebas.


lunes, 8 de marzo de 2021

La ira (s. Basilio - III)

Para no caer en la ira, hay que ser calmado y templado ante las injurias de los demás, pensando que solamente son palabras y, siendo indiferentes, no pueden dañarnos.

El dominio de uno mismo pasa por "pensar", utilizar el raciocinio, en vez de ceder ante la pasión y el impulso que salta y ciega.


            "n. 3. No curéis un mal con otro mal ni intentéis superaros unos a otros en hacer daño. En los conflictos graves es más digno de compasión el que vence, porque se lleva la mayor parte del pecado. No pagues, pues, un mal favor, ni te hagas peor deudor de una mala deuda. ¿Te ha injuriado el iracundo? Resiste al mal en silencio. Recibe en tu corazón la ira del otro como un torrente e imita los vientos, que con su soplo rechazan lo que les es arrojado.

            No tengas a tu enemigo por maestro, ni emules aquello que odias. No seas como un espejo del irascible, mostrando en ti mismo su imagen. Él se enciende, y tú ¿no te has encendido? Sus ojos arrojan sangre, y los tuyos, dime, ¿miran serenamente? Su voz es bronca, ¿la tuya es amable? Ni el eco en los desiertos regresa tan perfectamente al que lo pronunció como los insultos se vuelven contra el que injuria. Es más, el eco vuelve tal cual, pero el insulto retorna aumentado.

miércoles, 3 de marzo de 2021

La ira (S. Basilio - II)

Uno de los siete pecados capitales, y suele ser habitual caer en él, es la ira, con explosiones de cólera. Es un pecado muy irracional, pues nubla la mente y se deja llevar por la pasión.

  
          2. "¿Quién podrá describir este mal? Los propensos a la cólera, encendida con cualquier excusa, gritan, provocan y atacan más abiertamente que cualquier animal venenoso; no desisten hasta que la ira ha estallado en ellos como una burbuja y hasta que la inflamación se ha disipado por este gran e implacable mal. Ni el filo de la espada, ni el fuego, ni cualquier otra cosa por terrible que sea, es capaz de contener un ánimo encendido por la ira; son igual que los poseídos por el demonio, de los que en nada difieren los iracundos, ni en el aspecto, ni en la disposición del ánimo.

           En efecto, a los que anhelan la venganza les hierve la sangre en derredor del corazón, como excitada e inflamada por la fuerza del fuego. Cuando sale al exterior, muestra al colérico en una forma distinta a la acostumbrada y conocida por todos, mudada como una máscara teatral. Se desconoce su mirada propia y habitual, y su expresión extraviada despide fuego; afila sus dientes como los jabalíes cuando embisten; su rostro se encuentra lívido y enrojecido; la masa de su cuerpo se hincha; sus venas estallan, se altera su espíritu por la tempestad interior; su voz es áspera y tensa, y sus palabras inconexas y proferidas al azar, pronunciadas sin lógica, sin orden, sin acierto. Cuando se encienden hasta el colmo de su exasperación, lo mismo que una llama con abundancia de combustible, entonces se ven espectáculos que ni con palabras se pueden contar, ni en realidad se pueden soportar.

jueves, 25 de febrero de 2021

La ira (S. Basilio - I)

En nuestra formación moral, que de una manera u otra retomamos aquí habitualmente, vamos a conocer con rasgos claros y descripciones muy vivas el pecado de ira y la cólera.

Será san Basilio Magno en su Sermón "Contra los iracundos" quien nos enseñe y forje, de manera que descubramos tal pecado y podamos examinarlo, extirparlo si lo hay o prevenirlo.



"1. Lo mismo que las prescripciones de los médicos, cuando son acertadas y de acuerdo a la lógica del oficio, manifiestan su beneficio precisamente después de haberlas probado, así también en las exhortaciones espirituales es exactamente después que los consejos obtienen un resultado que lo atestigua, cuando manifiestan su sabiduría y utilidad para la enmienda de la vida y el perfeccionamiento de los que [los] obedecen.

            Efectivamente, aunque escuchamos a los Proverbios expresar abiertamente que la ira pierde incluso a los prudentes, y también escuchamos las advertencias apostólicas: Apartad de vosotros toda cólera, ira, gritos y cualquier otra maldad, incluso al Señor, cuando dice que el que irrita a su hermano a propósito es reo de juicio, es ahora cuando hemos experimentado ese sentimiento, que no nace dentro de nosotros, sino que nos llega de fuera como una tempestad inesperada, y reconocemos exactamente lo admirable de los consejos divinos.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Contener la ira (Exht. a un hijo espiritual - XVIII)

"Si alguien te ha causado un mal, no te enojes ni pretendas devolvérselo, aunque esté en tu mano; al contrario, compadécete de él, porque el Señor se enojará con él. Y es que a quien soporta pacientemente el mal, se le coronará en el futuro; pero a quien lo causa, se le condenará, cual reo, en el día aciago. Que tu alma no se deje quebrantar por daños carnales, ni tu realidad, caduca como es, ablande la fuerza de la paciencia; antes bien, teme el daño si por él te retrasas en tu propósito.


Y cuando te veas sometido a los pecados, no dudes en acudir rápidamente a la penitencia: el que aquí hace penitencia, no la hará en el último día, pues a quienes se refugian en la penitencia, el Señor los acoge clemente. Pero, por fiarte de la misericordia del Señor, no acumules pecado sobre pecado, ni digas: "Mientras me lo permita la lozanía de la edad, me entregaré a la concupiscencia de la carne, y al final, en la vejez, será cuando haga penitencia por mis faltas! Que el Señor es compasivo y muy misericordioso y ya no tendrá en cuenta mis pecados".

jueves, 16 de enero de 2014

Evitar las malas compañías (Exht. a un hijo espiritual - XVII)

"De los hombres consumados, precisamente, disfruta su compañía y que tu alma se deleite en convivir con los que practican la abstinencia y que no se aparte de tu oído de sus conversaciones: que sus palabras son palabras de vida y salvada está el alma de quienes gustosamente las escuchan. En efecto, como la salida del sol ahuyenta las sombras, así también la doctrina de los santos disipa las tinieblas de tu interior. Por favor, no esquives la compañía de tales hombres, para que con sus consejos tu espiritu se eleve derecho al cielo; que puedas despreciar, por no valer nada, la gloria fugaz de este mundo y tus sentidos beban, hasta acabar, las virtudes del alma.

Esquiva a esos hombres que ves renuentes a los mandamientos de Dios, los que están muertos para las virtudes y parece que viven para las pasiones, porque se alegran de sus propios caprichos y están privados del gozo divino. Ni te juntes con los hombres de esta calaña, ni pretendas estar continuamente de cháchara con ellos, a menos que puedas apartarlos de su errático caminar. Pero si eres incapaz, evítalos como a un enemigo público: pues, a menudo, por una oveja enferma se contamina todo el rebaño y un poquito de hiel vuelve amargo lo que antes era muy dulce y "un poco de levadura altera toda la masa".

Es a esa clase de levadura a la que Dios nos manda estar atentos. A esta levadura, la de los sujetos más viles, se la reconoce bien gracias a la ayuda de la doctrina: pues aunque uno en el porte parezca una persona esclarecida y noble, y aunque te diga dulces palabras con elegancia, la falsía de su corazón se reconoce por su manera de actuar a continuación. Que no es por sus palabras sino por sus frutos por los que se distingue a una persona.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Controlar la lengua (Exht. a un hijo espiritual - XVI)

"Muéstrate así, hijo mío, cuando quieras practicar el ayuno; y a la hora de la abstinencia, abstén también tu lengua de palabras ilícitas. 


Aleja de ti toda blasfemia y que no salgan de tu boca habladurías superfluas, porque en el día del juicio también por tus palabras ociosas deberás rendirle cuentas a Dios.

No habitúes tu lengua a maldecir a nadie, proque fue creada para bendecir y alabar al Señor.

De las cosas que ignoras no hables en una reunión, sino que las palabras oportunas salgan de tu boca cuando llegue el momento oportuno, para que todos los que te oigan te den las gracias.

De toda charlatanería modera tu lengua, para que quienes te oigan nunca se espanten y se tapen los oídos y quedes tú avergonzado delante de todos.

De lo que no te veas molestamente afectado, no discutas con acritud, ni te habitúes a esta pésima costumbre, porque lo que, de tanta rutina, se encallece, no es poco el trabajo que cuesta evitarlo"

(S. Basilio Magno, Exh. a un hijo espiritual, n. 16)

domingo, 3 de noviembre de 2013

La soberbia (Exht. a un hijo espiritual - XV)

"No obstante, ten cuidado, hijo, no sea que por la abstinencia de comida te hundas en la soberbia; y no vayas a envanecerte ante aquellos que no sean capaces de alcanzar el nivel que logras en tu ayuno: que nunca parezca que te abstienes de comidas carnales, pero llenas tu pecho de vicios.


Pues grande es la confusión delalma que, aun cuando subyugue a la carne, ella misma queda subyugada a los vicios. ¿Para qué sirve arrancar el vientre de la comida, pero hundir el alma en las pasiones? ¿Para qué el vencer el deseo de la carne, pero maquinar en el corazón los aguijonazos de la inquina? Así, quien practica la verdadera continencia se abstiene de las pasiones tanto del cuerpo como del alma, porque el ser humano parece estar compuesto de los elementos constitutivos de ambos.

En efecto, no es ninguna perfección el ser sublime en una parte, pero estar abatido en otra; resplandecer en una, pero en otra estar cubierto por la sombra de los vicios. Quien desea ser casto de cuerpo, debe perseverar también en la castidad del espíritu, porque de nada servirá ser casto de cuerpo pero corrupto de alma. Una ciudad, si está bien fortificada por un sitio, pero destruida por otro, le facilitará la entrada al enemigo. Y una nave, si está bien consolidada con una compacta ensambladura, pero tiene una tabla perforada, se llena de agua por efecto de las olas y se hunde en las profundidades.

Sí, quien practica la verdadera continencia desprecia todo lo que es vano y no persigue gloria humana alguna; reprime la furia de la ira, renuncia a lanzar maldiciones y es capaz de soportar su propio daño antes de romper el vínculo de la caridad. No está pronto a criticar al prójimo ni escucha con agrado al que critica; siempre desea desviarse de los vicios y se estimula a sí mismo a alcanzar las virtudes del alma"

(S. Basilio Magno, Exh. a un hijo espiritual, n. 15)

lunes, 14 de octubre de 2013

El ayuno (Exht. a un hijo espiritual - XIV)

"Pero para estar en vela será muy útil el ayuno. Pues igual que al soldado le estorba el peso de una carga excesiva, al monje [en general, al hombre de Dios] también a la hora de estar en vela lo entorpece la abundancia de comida. y es que no podemos velar cuando nuestro estómago está cargado de manjares, sino que, rendidos de sueño, perdemos los frutos que ganamos al velar y le causamos un grandísimo perjuicio a nuestra alma. Así pues, velas [vigilias] y ayunos están unidos.

Para que en ti puedan florecer en su conjunto las virtudes del alma, que la carne esté sometida a tu alma y que la esclava esté al servicio de su señora. No le procures fuerzas a tu cuerpo, no sea que mueva guerra contra tu espíritu, sino que la carne esté siempre sometida al espíritu y obedezca las órdenes del espíritu. No engordes a la esclava, para que no le haga desaire a su señora, sino que como sierva se entregue a complacerla en todo. Pues igual que a los caballos se les pone el freno, pongámosle así el freno del ayuno a nuestro cuerpo. En efecto, lo mismo que si el cochero les afloja el freno a los caballos, estos se van a todo correr y caen con él en el precipicio, así también, si el alma no le pone el freno al cuerpo, ambos caen rodando en el abismo del infierno.

Sé siempre para tu cuerpo el más experto cochero, para que puedas dirigir tus pasos por el sendero recto. Pues demasiada comida no sólo le hace daño al alma, sino también, y más aún, a nuestro cuerpo. Y es que con frecuencia por la gula del estómago se quiebran las fuerzas y además por la abundancia de comida sufrimos plétora de sangre y muchísimo malestar provocado por la bilis. Y lo mismo que esto es perjudicial para el alma y el cuerpo, también les sirven de remedio a ambos los ayunos moderados.

Dentro, pues, de nuestras posibilidades, rehuyamos las delicias del mundo y la opulencia en la comida, para que nunca, a la hora del tormento, busquemos en medio de las llamas una gota de agua ni aceptemos refrigerio alguno"

(S. Basilio Magno, Exh. a un hijo espiritual, n. 13).

jueves, 26 de septiembre de 2013

Discernimiento y pensamientos (Exht. a un hijo espiritual - XIII)

"No aspires a complacer a ningún otro, salvo solamente al Señor. Para todo lo que pienses hacer, piensa primero en el Señor y examina con detenimiento si está de acuerdo con el Señor lo que piensas. Y si está bien a los ojos de Dios, realízalo; pero si se descubre que es contrario a Él, arráncalo de tu alma.


Todos los días analiza muy cuidadosamente tus actos, y si adviertes que eres víctima del pecado, refúgiate pronto en la penitencia. No quiero que continúes arrastrando tu pecado de día en día, sino que, si has tenido algún mal pensamiento, haz penitencia como Dios manda y arranca velozmente de tu corazón ese pecado. Y no digas: "No es grave esa falta que sólo he cometido con el pensamiento", porque a los ojos de Dios todo queda manifiesto y evidente.

No permitas que, como espinas y abrojos, crezcan en ti los malos pensamientos ni los descuides como si no tuvieran importancia: que quien menosprecia las faltas mínimas, se irá deslizando poco a poco en el mal. No menosprecies la picadura de una serpiente, no sea que su veneno se te extienda hasta el corazón. Arranca las ramas de espinas del labrantío de tu corazón, para que no claven en ti sus hondas raíces. Entérate de que tu corazón es el labrantío del Señor, cultívalo con las doctrinas celestiales y no permitas que en el labrantío del Señor se siembre la cizaña.

Así pues, si de este modo te mantienes en vela, fácilmente podrás ascender hasta la perfección" 

(S. Basilio Magno, Exh. a un hijo espiritual, n. 12).

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Oración atenta al cantar salmos (Exht. a un hijo espiritual - XII)

"Busca al Señor y lo encontrarás y no lo sueltes cuando ya lo tengas, para que tu espíritu se aúne con su amor.

Aspira a esto en tu vida: a ofrecerle a Dios una oración pura.

Que los pensamientos no turben tu corazón, ni tu espíritu se deje arrebatar por diversos lugares y cosas. Sí, acuérdate, hijo mío, de que estás en presencia del Señor, que mira en lo más recóndito del corazón y conoce los secretos del espíritu.

Mantén, pues, tu atención en presencia del Señor en el momento del rezo y de los salmos.

Que el sueño no rinda tu alma, y que no discrepe tu sentimiento de tu lengua, sino que estén en consonancia; y de uno y otra sean las palabras que se pronuncien. Lo mismo que es imposible servir a dos señores, tampoco una oración con doblez podrá ascender hasta Dios.

No se te pase, hijo mío, ningún momento ocioso ni desocupado. Conviene que tanto de día como de noche estés en vela, para que puedas evitar con mayor facilidad la tentación inminente. Y si pensamientos sucios turban tu corazón y te obligan a cometer lo que no está permitido, expúlsalos de tu alma por medio de oraciones y vigilias.

La oración es una sólida defensa para el alma. Gracias a las purísimas oraciones todo lo que es útil se nos concede por obra del Señor y todo lo perjudicial, sin ningún género de duda, se ahuyenta. en el momento de cantar los salmos, cántalos con sabiduría, hijo mío, y entona cánticos espirituales poniendo toda tu atención ante el Señor, para que más fácilmente puedas darte cuenta del poder de los salmos.