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lunes, 26 de febrero de 2024

Silencio en la Unción de enfermos (Silencio - XXXVI)



El sacramento de la Unción de los enfermos, en su parte propiamente sacramental, “consiste primordialmente en lo siguiente: previa la imposición de manos por los presbíteros de la Iglesia, se proclama la oración de la fe y se unge a los enfermos con el óleo santificado por la bendición de Dios: con este rito se significa y se confiere la gracia del Sacramento” (RU 5).



            La imposición de manos es un signo sacramental de comunicación del Espíritu: “la liturgia del signo subraya la importancia de la oración de la fe, la imposición de manos, y la propia Unción como un momento culminante de la celebración” (RU 72).

            El rito de la imposición de las manos se realiza en profundo y absoluto silencio: “Ahora el sacerdote, en silencio, impone las manos sobre la cabeza del enfermo” (RU 139).

            Las preces litánicas previas desembocan en esta silenciosa imposición de manos: “Da vida y salud a quien en tu nombre vamos a imponer las manos” (RU 136. 138).

martes, 2 de mayo de 2023

El aceite (Elementos materiales - III)



            El aceite y la unción son usados en toda la antigüedad en muchas culturas, con carácter religioso o no, en particular en la cuenca mediterránea, donde el olivo es muy abundante, árbol típico del paisaje mediterráneo; se adapta bien a la tierra árida y sedienta, y su tronco retorcido y nudoso muestra su fuerza y longevidad.



            El simbolismo del aceite, de alguna manera, se enraíza en su naturaleza. En el mundo mediterráneo, el aceite ocupa un lugar esencial, tanto para la alimentación como para el embellecimiento del cuerpo y para su luminosidad. “Las propiedades del aceite hacen de él en la antigüedad un elemento fundamental sobre todo en ámbitos no religiosos: por ejemplo en la medicina, donde protege, cura y alivia el dolor; en el deporte, por cuanto tonifica el cuerpo y da fuerza a la musculatura; en la cosmética utilizado para purificar la piel y para conferirle esplendor, o bien unidos a las esencias como perfume”[1]. En ámbitos religiosos, las características del óleo suscitan desde la antigüedad un simbolismo variado: es signo de prosperidad, y se convierte también en signo de fiesta y bendición divina.


martes, 24 de enero de 2023

Las unciones (Acciones sacramentales - II)



            El aceite siempre tuvo en la antigüedad una gran importancia y era usado para dar masajes, como tonificador, como elemento curativo.



            En las Escrituras

            a) El aceite es considerado, junto con el trigo y el vino, como signo de bienestar y de las bendiciones de Dios. "Aceite perfumado alegra el corazón, la dulzura del amigo consuela el alma" (Prov 27,9), "ved qué dulzura y qué delicia, convivir los hermanos unidos: es ungüento precioso en la cabeza" (Sal 132).

            b) El aceite es signo de la fortaleza que otorga Dios: "tus enemigos perecerán... pero a mí me das la fuerza de un búfalo y me unges con aceite nuevo" (Sal 91).

            c) El aceite derramado por la cabeza era el signo de la consagración que Dios otorgaba a una persona. Así David fue ungido rey (1Sm 16,13), Aarón como Sumo Sacerdote (Ex 29,4), Eliseo como profeta (1R 19,16).

            d) Se ungen también los lugares destinados al culto y a la liturgia para que sean santificados: Tienda, Arca, Mesa de los Sacrificios, el Templo (Lv 8, Ex 30).

martes, 12 de julio de 2022

Lo eclesial como gracia de la Unción

El sacramento de la Unción de los enfermos otorga una gracia particular nada desdeñable, aunque apenas se suele resaltar: una gracia que podríamos llamar "de eclesialidad", por la que el enfermo, en su situación de gravedad, se siente partícipe y solidario de la vida de la Iglesia, entra en ese núcleo tan íntimo de la Comunión de los santos aportando un torrente de vida mediante su dolor ofrecido.


Todo sacramento, en general, sitúa en la Iglesia y nos introduce en ella, ya que no son los sacramentos acciones privadas sino eclesiales. El enfermo, mediante el sacramento de la Unción, experimenta la cercanía de la Iglesia y su maternidad que lo acompaña y sostiene en estos momentos; pero la gracia del sacramento le permite además redescubrir el misterio de la Iglesia con la Comunión de los santos, sus lazos invisibles, y él se introduce en el centro del misterio aportando sus dolores en favor del Cuerpo total de Cristo.

El enfermo se visibiliza así como un miembro "activo" en la Iglesia, con una misión eclesial, un apostolado específico, profundo, nuevo. La gracia del sacramento de la Unción otorga esta "eclesialidad" al alma del enfermo.

domingo, 6 de febrero de 2022

Unción de los enfermos: doctrina y catequesis

Todos los sacramentos tienen su fundamento en las palabras de Cristo o en sus acciones tal como se reflejan y se narran en el Nuevo Testamento. Ni son inventos de la comunidad primitiva, ni, por el contrario, hemos de buscar unas palabras fundacionales exactas y precisas de labios del mismo Cristo para todos y cada uno de los sacramentos.


En el comportamiento salvador de Cristo con los enfermos hallamos el primer fundamento del sacramento de la Unción de los enfermos.

"El primer fundamento de este sacramento se puede descubrir en la solicitud y cuidado de Jesús por los enfermos. Los evangelistas nos relatan cómo, desde el inicio de su vida pública, trataba con gran amor y compasión sincera a los enfermos, y a todos los demás necesitados y atribulados, que le pedían su intervención. San Mateo atestigua que "sanaba toda enfermedad y toda dolencia" (Mt 9,35).

Para Jesús esas innumerables curaciones milagrosas eran el signo de la salvación que quería aportar a los hombres. Con frecuencia establece claramente esta relación de significado, como cuando perdona los pecados al paralítico y sólo después realiza el milagro, para demostrar que "el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar los pecados" (Mc 2,10). Su mirada, por consiguiente, no se detenía sólo en la salud del cuerpo; buscaba también la curación del alma, la salvación espiritual" (Juan Pablo II, Audiencia general, 29-abril-1992).

Con los enfermos vemos que Cristo los tocaba imponiéndoles las manos; que mandó a los apóstoles a que hicieran lo mismo curando a los enfermos y ellos fueron de dos en dos curando a los enfermos y ungiéndolos con óleo (Mc 6,13). La carta del apóstol Santiago describe el rito sacramental (5,14-17) cuando un enfermo en su cama hace llamar a los presbíteros de la Iglesia para que oren y lo unjan con óleo "en nombre del Señor".

viernes, 20 de abril de 2018

Sentido único de la Unción de Jesús

Que Jesús sea el Ungido por excelencia, hasta el punto de formar en castellano un solo nombre: "Jesucristo", es una medida nueva, una expresión completa.

Estaba profetizado que el Mesías del Señor, el que vendrá a salvar a Israel de sus pecados, tendrá de forma permanente el Espíritu Santo: reposará sobre Él. El Mesías será el Ungido. No recibirá el Espíritu mediante el aceite de las consagraciones, que "baja por la barba de Aarón hasta la franja de su ornamento" (Sal 132), sino directamente, espiritualmente.

El Ungido que estaba profetizado es nuestro Señor Jesús, el Salvador.

"En todos los que 'profetizaron se posó el Espíritu' Santo. Sin embargo en ninguno de ellos reposó como en el Salvador. Por lo cual está escrito de Él que 'saldrá un vástago de la raíz de Jesé y subirá de su raíz una flor. Y reposará sobre Él el Espíritu de Dios, Espíritu de sabiduría y entendimiento, Espíritu de consejo y de fortaleza, Espíritu de ciencia y de piedad; y lo llenará el Espíritu del temor del Señor'.

Pero quizás diga alguno: Sobre Cristo, no has mostrado escrito nada superior al resto de los hombres: así como se dijo que 'reposó sobre ellos el Espíritu', así también se dijo del Salvador: 'Reposará sobre Él el Espíritu de Dios'. Pero mira que sobre ningún otro se dice que 'el Espíritu de Dios descansase' con esta fuerza septuplicada, por lo cual sin duda aquella misma sustancia del Espíritu divino, que, al no poder mostrarse con un solo nombre, se expresa con divinos vocablos, profetiza que 'descansará sobre un vástago que procederá de la estirpe de Jesé'" (Orígenes, Hom. in Num., VI, 3, 2).

Solamente sobre el Verbo encarnado va a descansar el Espíritu septiforme, con sus siete dones, de manera absoluta. Ya lo recibió en el seno virginal de Santa María, cuando el Espíritu la cubrió con su sombra. Pero también recibió una nueva y abundante Unción en el Bautismo en el Jordán, donde el Espíritu desciende y robustece la humanidad del Verbo para su tarea redentora (incluida la cruz, no solamente la vida pública).

sábado, 22 de octubre de 2016

Hemos sido ungidos

Tanto en el Bautismo como en la Confirmación, se nos impuso el aceite consagrado, el santo crisma, que nuestra piel asumió, dejándonos marcados, sellados para siempre. De esta manera, sacramental, fuimos llenados del Espíritu Santo.


Hemos sido ungidos, nosotros al igual que Jesucristo, recibiendo el Espíritu Santo que actúa interiormente para nuestra santificación, como guía, luz, maestro, consuelo, abogado. Así, ungidos, somos agraciados con los dones y frutos del Espíritu Santo, desarrollando la vida de Cristo en nosotros mismos.

La Unción es un don, una gracia, para nuestra santificación, para nuestra divinización, haciéndonos particípes de la misma vida divina. La Fuente de toda santificación y unción es la Humanidad glorificada de Jesucristo, convertido en Señor del Espíritu.

jueves, 1 de septiembre de 2016

El Ungido es Jesucristo

Precioso tema éste de la Unción de Jesucristo, por el cual se ve cómo todo lo profetizado se ha cumplido en Jesús, el Hijo de Dios y Ungido así, no con aceite material sino con el Espíritu Santo, se convierte para nosotros en fuente de unción.


Por Él somos ungidos nosotros con aceite santo, perfumado, consagrado, y a través de ese aceite santo, se nos da la vida divina de Cristo y su Espíritu Santo. Es una corriente vital de gracia y amor que nos asiste en el desarrollo de nuestra vida cristiana.

"Ese amor que une al Padre y al Hijo subsiste, pues, en la realidad de una Persona. Es la expresión de la fecundidad del amor del Padre y del Hijo. Ese amor se comunica y se agota en la procesión del Espíritu. Por ahí alcanza la vida trinitaria su plenitud, su perfección. Ella vuelve en cierto modo a sí misma, en ese ritmo eterno de procesión y de reasunción que es el de la vida divina. Ella descansa totalmente en sí misma, en la plenitud de su comunicación. Ocurrirá lo mismo en la misión del Espíritu Santo.

viernes, 15 de julio de 2016

Salvación por su santa Humanidad

Al hombre caído, desordenado todo su interior por la concupiscencia, que busca y no halla, que ve el bien y no lo hace y acaba haciendo el mal que quería evitar; al hombre necesitado de redención, que experimenta la debilidad de su voluntad y de su afecto... al hombre pecador, el Señor lo redime.


El camino de la redención fue la santísima Humanidad de Jesucristo. El Verbo se encarna, asume una carne como la nuestra y experimenta y comprende todas nuestras debilidades, y asumiendo la carne la redime por su cruz y su resurrección, permitiendo una vida plena, santa, feliz.

El Señor ha renovado la humanidad entera con su resurrección; todo lo hace nuevo para pasar al hombre viejo a la novedad de la vida y la salvación. La misma teología de los Padres ha visto una relación esencial entre la "novedad" del Señor en la resurrección y la novedad del don del Espíritu. Recordemos que San Ireneo afirma que el Espíritu renueva a los hombres "a partir de la vez para novedad de Cristo".

sábado, 28 de mayo de 2016

Unción de Jesús, Unción de su Cuerpo

La santa Pascua desvela la hermosura, la belleza y el esplendor de Jesucristo. Ahora aparece en su forma definitiva, aquella que apuntaba en la Transfiguración: es la carne del Hijo de Dios, plenificada y llena del Espíritu Santo, porque fue ungida para siempre.


Jesús, nuestro Señor, es el verdadero Ungido; recibe el Espíritu Santo en su carne humana al encarnarse; recibe el Espíritu en el río Jordán al ser bautizado... y recibe el Espíritu que lo resucita, vivificando su carne. Desde ese momento y para siempre, su nombre propio es "el Ungido", Cristo.

Y de Él, de Cristo, desciende la unción para todos los miembros de su Cuerpo, sus hermanos, los bautizados. Se participa del Espíritu Santo porque somos miembros vivos de su Cuerpo místico y en cuanto tales, en cuanto miembros de la Iglesia, Cuerpo del Señor, hemos recibido el Don por excelencia, el Espíritu Santo.

domingo, 30 de agosto de 2015

Ungidos en el Ungido

"Como ungüento perfumado que baja por la barba de Aarón hasta la franja de su ornamento" (Sal 132).

Era el ritual de consagración sacerdotal en el Antiguo Testamento: derramar aceite perfumado en abundancia desde la cabeza de manera que cayera ungiendo todo el cuerpo. Visualmente, es una escena clara y simbólica.


El salmo 44, que habla figurada y proféticamente de Cristo, también cantará la unción del rey: "el Señor tu Dios te ha ungido, con aceite de júbilo".

La unción es el signo de consagración de sacerdotes, de reyes así como de profetas. El aceite derramado que todo lo impregna y que es absorbido por la piel, muestra cómo el Espíritu Santo llena e invade a la persona, dejándola marcada, sellada, para siempre.

miércoles, 3 de junio de 2015

Estáis ungidos por el Santo

"En cuanto a vosotros estáis ungidos por el Santo..." afirma la 1Jn 2,20.

Mediante el santo Crisma, el Espíritu Santo nos selló, nos marcó, habitó en nosotros, y ofrece una asistencia continua para convencernos del pecado y llevarnos a la verdad plena, recordando las palabras de Jesús en el propio corazón.

Su Unción nos consagra a Dios, sí, pero esta Unción es vital, está viva, y así el Espíritu se convierte en el Maestro interior que nos enseña, nos educa, nos instruye, nos sugiere.

La Unción que hemos recibido mediante el santo Crisma es el Espíritu Santo mismo.

martes, 12 de mayo de 2015

Jesucristo es Señor del Espíritu

La Unción de Cristo, permanente, lo ha constituido en Señor del Espíritu, el Santificador, cuya humanidad glorificada por el Espíritu se convierte en una fuente eterna para nosotros, que, por medio de Él, recibimos el Espíritu Santo.


Su santísima humanidad fue ungida en su concepción, al ser cubierta la Virgen María por la sombra y rocío del Espíritu; su santísima humanidad fue ungida en el bautismo en el Jordán y en su santa Resurrección. Para nosotros, una fuente de vida perenne.

Él es Ungido y recibe el Espíritu en su humanidad en vistas a nuestra salvación, siempre en nuestro favor.

martes, 11 de noviembre de 2014

El don sacramental en la Unción de enfermos

Quizás porque sea el sacramento de la Unción el más desconocido, habrá que urgir más en mostrar el sentido, el contenido, los efectos sacramentales que confiere esta santa Unción.

Sigue pesando mucho en la mente popular el nombre de "Extremaunción", con lo que se piensa que es el último paso (curioso, el último paso es el Viático, no la Unción), cuando no queda nada que hacer y que prepara para la muerte que va a ocurrir en brevísimo lapso de tiempo. El sacramento de los moribundos es el Viático (la última comunión solemne) y la Unción es el sacramento para la enfermedad grave (o un gran debilitamiento por la ancianidad) que puede durar mucho tiempo pero que provoca luchas y pruebas interiores. Son realidades sacramentales distintas.

La Unción de los enfermos confiere una gracia específica a quien lo recibe. Tratemos de comprenderla:

"En la Carta de Santiago leemos que la unción y la oración sacerdotal tienen como efecto la salvación, la confortación y el perdón de los pecados. El Concilio de Trento (DS 1696) comenta el texto de Santiago diciendo que, en este sacramento, se comunica una gracia del Espíritu Santo, cuya unción interna, por una parte, libra al alma del enfermo de las culpas y de las reliquias [restos] del pecado y, por otra, la alivia y fortalece, inspirándole gran confianza en la bondad misericordiosa de Dios. Así, le ayuda a soportar más fácilmente los inconvenientes y las penas de la enfermedad, y a resistir con mayor energía las tentaciones del demonio. Además, la unción a veces obtiene al enfermo también la salud del cuerpo, cuando conviene a la salvación de su alma" (Juan Pablo II, Audiencia general, 29-abril-1992).

domingo, 22 de junio de 2014

Jesús, el Ungido

Es el Ungido por excelencia, Aquel en quien reposaba plenamente el Espíritu del Señor, ungido de modo invisible. Hasta tal punto que se le llama propiamente "Jesucristo", es decir", Jesús el Ungido.

Con el Espíritu Santo que lo ungió, Jesús lleva a cabo toda la obra de la redención, es vivificado en su santa Resurrección y glorificado. Entonces para nosotros, y para la Iglesia toda, se convierte en Señor del Espíritu, y su santísima Humanidad glorificada es la fuente del Espíritu para todos, haciéndonos así partícipes de su Unción, partícipes de su Espíritu Santo.

"Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo" (Hch 10,38): así definió san Pedro a Jesús al anunciarlo a los hombres.

"El nombre de Jesús es un vocablo hebreo y significa salvador. Cristo proviene de cisma, es decir, de la unción... Cristo es un nombre sacerdotal o regio, pues antiguamente eran consagrados mediante el óleo de la unción tanto los sacerdotes como los reyes. Pero éstos, mortales y corruptibles, eran ungidos con ungüento de materia corruptible, mientras que Jesús devino Cristo por haber sido ungido por el Espíritu Santo" (Rufino de Aquileya, Expl. Simb., 6).

Nuestro Salvador recibe el Espíritu Santo para sí mismo en su humanidad y, a la vez, para poder comunicarlo y transmitirlo desde su santa Pascua. Es Ungido en cuanto hombre, sobre todo, por nosotros, en orden a nuestra santificación.

lunes, 2 de junio de 2014

El Espíritu Santo en la santa Unción

En todos los sacramentos se nos comunica el don del Espíritu Santo con su actuación específica, su gracia particular. 

Cada sacramento, en su modalidad específica, nos permite participar de la Unción del mismo Cristo; su Humanidad glorificada es la fuente del Espíritu Santo para ungirnos a nosotros; de modo particular, visible, expresivo, en aquellos sacramentos en los que se emplean los óleos santos, por el valor de la unción sacramental:
"En los Hechos de los Apóstoles, Pedro alude también a la unción que recibió Jesús, cuando recuerda "cómo Dios a Jesús de Nazaret le ungió con el Espíritu Santo y con poder, y cómo Él pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo" (Hch 10,38). Así como el aceite penetra la madera o las otras materias, de la misma manera el Espíritu Santo penetra todo el ser del Mesías-Jesús, confiriéndole el poder salvador de curar los cuerpos y las almas. Por medio de esta unción con el Espíritu Santo, el Padre realizó la consagración mesiánica del Hijo" (Juan Pablo II, Audiencia general, 24-octubre-1990).

El Espíritu Santo no es una fuerza alocada, impulsiva, al margen de la Iglesia y de la liturgia -como muchas veces se le presenta- sino que es precisamente la Iglesia el lugar donde florece y se da el Espíritu Santo y la liturgia sacramental es viva porque el Espíritu, presente en ella, se comunica por medio de los sacramentos. Sí, el Espíritu y toda gracia se nos dan por la liturgia. ¿Cuál es la acción del Espíritu Santo?

lunes, 12 de mayo de 2014

"...Y lo he ungido con óleo sagrado"

Así canta el salmo 88, y como todo salmo, anuncia a Cristo y se cumple en Cristo: "encontré a David mi siervo y lo he ungido con óleo sagrado". David, consagrado rey por Samuel, fue encontrado pastoreando y Samuel tomando el cuerno de aceite lo derramó sobre él. Entonces fue constituido rey, pastor de Israel.

El precioso salmo 44, salmo nupcial, leído cristológicamente, anuncia la realidad del Misterio de Cristo. Por su encarnación, Cristo "es el más bello de los hombres", "en sus labios se derrama la gracia, el Señor lo bendice eternamente". Él, el Señor, recibe la Unción: "por eso el Señor, tu Dios, te ha ungido con aceite de júbilo entre todos tus compañeros".

Recordemos también algunos textos proféticos. Sobre el Mesías que va a venir, el Señor y Salvador, el Niño que "nos va a nacer", "reposa el Espíritu del Señor: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y de piedad, espíritu del temor del Señor" (Is 11). El mismo Señor, por boca del profeta, dice: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque Él me ha ungido, me ha enviado..." (Is 61).

domingo, 4 de mayo de 2014

Lo que hace la pastoral de enfermos en la parroquia

Sabemos que la comunidad cristiana, delimitada por el territorio parroquial, cuida de sus enfermos. El amor de Cristo crucificado impulsa a servir y amar a nuestros hermanos más débiles, más pobres, que carecen de salud, de movilidad, muchas veces de ánimo y de esperanza, expuestos también y sobre todo a sufrimientos morales y espirituales, luchas y tentaciones. Tal vez la tan llevada y traída "opción preferencial por los pobres" se ha olvidado de esta pastoral de enfermos realizada siempre en las parroquias, considerada como "sacramentalismo". Pero Cristo curó a los enfermos, los apóstoles fueron enviados a los enfermos.

Quienes se dedican a la pastoral de enfermos en una parroquia realizan una tarea muy poco visible y muy poco reconocida, no luce mucho ante los demás, y sin embargo, es exquisita y delicada tarea.
  1. Deben poseer una firmeza en la fe a base de horas de Sagrario y vida sacramental para que, firmes en Cristo, comuniquen luz, serenidad, paz, fe, en el nombre del Señor.
  2. Deben poseer o adquirir unas virtudes humanas y espirituales para el desempeño de este ministerio: suavidad en las formas, delicadeza, capacidad de escuchar, valentía para hablar con perspectivas de fe, paciencia y yo incluso añadiría ternura y una buena sonrisa serena y pacificadora.
  3. Deben formarse -tal vez en la parroquia- en la comprensión cristiana de la enfermedad y del sufrimiento, conocer las situaciones interiores por las que el enfermo pasa, detectar las tentaciones e iluminarlas con la fe.
  4. Deben, por último, orar por los enfermos de la parroquia y por sus familiares.

¿Cuáles son las tareas para la pastoral de enfermos en una parroquia?

martes, 5 de noviembre de 2013

Unción de enfermos

En la pastoral de la Iglesia, más concretamente, la pastoral parroquial, el sacramento de la Unción de enfermos ocupa un lugar importante a la par que oculto. El septenario sacramental incluye este sacramento para atender una situación tan precaria y difícil como es la enfermedad grave y las situaciones de postración. La verdad del sacramento requiere que se catequice sobre él y no simplemente administrarlo, de manera indiscriminada, a todo el que cumpla 65 años. 

El nombre mismo del sacramento ya nos señala sus destinatarios, "enfermos". A ellos viene el Señor con su gracia y su Espíritu Santo. Por eso se merece catequesis que eduquen nuestra mentalidad para vivirlo bien cuando nos llegue la hora, y saber acompañar y preparar a los enfermos para gozar del consuelo y fortaleza de este Sacramento. Se merece tratarlo en la predicación, en las homilías...

Con este sacramento de la Unción, el Señor busca salvar y ayudar a toda la persona, en su cuerpo y en su alma, ya que el dolor y la enfermedad va más allá de lo corporal y físico para golpear agudamente el alma.

"Reconocemos que la Unción de los Enfermos se comprende en beneficio de toda la persona. Lo hallamos demostrado en los textos litúrgicos de la celebración sacramental: "cuantos sean ungidos con él sientan en cuerpo y alma tu divina protección y experimenten alivio en sus enfermedades y dolores. Que por tu acción, Señor, este aceite sea para nosotros óleo santo". La unción es fuente de fuerza tanto para el alma como para el cuerpo. La oración de la Iglesia pide que el pecado y las consecuencias del pecado sean canceladas. Invoca también la recuperación de la salud, pero siempre con el fin de que la salud del cuerpo lleve a una unión más profunda con Dios a través del acrecentamiento de la gracia" (Juan Pablo II, Hom., Catedral de Southwark (Gran Bretaña), 28-mayo-1982).

martes, 14 de mayo de 2013

La Unción de los enfermos: catequesis

 De ser un sacramento para agonizantes, moribundos, según la anterior disciplina eclesial, hemos pasado a un sacramento de la Unción que siendo para enfermos con cierta gravedad, se administra demasiado indiscriminadamente a cualquier persona, incluso sana, con el único requisito de haber cumplido los 65 años.

El sacramento de la Unción es una acción sacramental de Cristo con su Iglesia para los enfermos graves, aquellos que corren ya serio peligro, y para los ancianos con una ancianidad avanzada y difícil; también para intervenciones quirúrgicas graves, con riesgo para el paciente. En estas situaciones siempre la constante es un riesgo y un peligro grave.

Consta esta liturgia sacramental de unos elementos centrales:

  • La oración por el enfermo
  • La imposición de manos en la cabeza del enfermo (siempre pausada, orante, espiritual)
  • La Unción con el óleo bendecido; se unge en la frente y en las manos con la fórmula sacramental: