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jueves, 14 de marzo de 2019

Oración humilde a Cristo (Plegaria)

En el contexto cuaresmal, mirando la Pasión, la Cruz y la sepultura del Señor, el corazón del creyente pide, implora, ruega, el perdón a Cristo.



"Henos aquí, oh Señor Jesús:
hemos venido
como los culpables vuelven al lugar de su delito.
Hemos venido como aquel que te ha seguido
pero que también te ha traicionado.
¡Fieles e infieles, así hemos sido muchas veces!



Hemos venido
para confesar la misteriosa relación
entre nuestros pecados y la Pasión,
nuestra obra y tu obra.
Hemos venido para golpearnos el pecho,
para pedirte perdón,
para implorar tu misericordia.
Hemos venido porque sabemos que tú puedes
y quieres perdonarnos;
porque tú has expiado con nosotros,
tú eres nuestra redención,
tú eres nuestra esperanza.

miércoles, 10 de octubre de 2018

La vida eucarística - XI


¡Cuántas son tus obras, Señor, y todas las hiciste con sabiduría!
¡Tú creaste el pan y el vino que reconfortan al hombre!
Tu Hijo se nos dio en sagrado Banquete,
y desde entonces
cada vez que comemos del Pan y bebemos del Cáliz
anunciamos su muerte hasta que vuelva.
El cáliz que bendecimos
es la comunión con la Sangre de Cristo.
El pan que partimos
es comunión con el Cuerpo de Cristo.



¡Qué exquisita bondad, Señor!
Nos diste Pan del cielo,
de mil sabores enriquecido,
que contiene en sí todo deleite.

Oramos agradecidos,
enteramente reconociendo
y sintiendo internamente
el gran Don de la Eucaristía
con la plegaria litúrgica más antigua
que nos ha legado el tesoro de la Tradición:

viernes, 20 de julio de 2018

¡Cristo, Cristo! (Plegaria)

Señor! en este momento decisivo y solemne, 
nos atrevernos a expresarte una súplica candorosa, 
pero no falta de sentido: 
haz, Señor, que comprendamos.



Nosotros comprendemos, cuando recordamos que Tú, Señor Jesús, 
eres el mediador entre Dios y los hombres; 
no eres diafragma, sino cauce; 
no eres obstáculo, sino camino; 
no eres un sabio entre tantos, 
sino el único Maestro; 
no eres un profeta cualquiera, 
sino el intérprete único y necesario del misterio religioso, 
el solo que une a Dios con el hombre y al hombre con Dios. 

Nadie puede conocer al Padre, has dicho Tú, 
sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo, 
que eres Tú, Cristo, Hijo del Dios vivo, 
quisiere revelarlo (Cf. Mt 11, 27; Jn 1,18). 

viernes, 8 de junio de 2018

¡Corazón de Cristo!



¡Corazón de Cristo, fuente de vida y santidad, delicia de todos los santos!

            Llena de tu amor a tu Iglesia, a tu Esposa: hazla cada día más inmaculada y santa, “sin mancha ni arruga” (Ef 5,27), para que testimonie y manifieste tu amor. Que tu Iglesia sea una: que en Ella no existan divisiones, que no haya lugar para la rivalidad y el enfrentamiento entre carismas, espiritualidades, movimientos; que no haya ambiciones ni deseos de protagonismo que minan la credibilidad, ni el arribismo en aras de conseguir privilegios o puestos de importancia, el “intento de llegar ‘muy alto’, de conseguir un puesto mediante la Iglesia: servirse, no servir... llegar a ser importante, convertirse en un personaje; la imagen del que busca su propia exaltación y no el servicio humilde de Jesucristo” (BENEDICTO XVI, Hom. Ordenac. Sacerdotal, 7-mayo-2006). ¡Reine el amor en tu Iglesia, reine tu mismo amor! Así tu Iglesia, con la sencillez de la caridad cristiana, pobre, humilde y libre, servirá mejor al hombre de hoy, en los nuevos desiertos en que vive. Haznos disponibles para “conservar y acrecentar la virtud pastoral de la Iglesia, que la presenta, libre y pobre, en el comportamiento que le es propio de madre y maestra, amorosísima con sus hijos fieles, respetuosa, comprensiva, mas cordialmente invitante con aquellos que aún no lo son” (PABLO VI, Disc. en el rito de coronación, 30-junio-1963)..

            ¡Corazón de Jesús! Mira a tus sacerdotes que son escogidos por Ti con amor de predilección; haz que sean “pastores según tu corazón, que apacienten a tu pueblo con saber y acierto” (Jr 3,15), con un corazón indiviso, llenos de celo apostólico, con cierta y comprobada caridad pastoral, que amen a su rebaño, a sus fieles, y se entreguen a ellos, se gasten y desgasten por ellos sin buscar otra cosa que el bien de las almas y tu gloria, que “no vincula las personas a nuestro pequeño yo privado, a nuestro pequeño corazón, sino que, por el contrario, les hace sentir el corazón de Jesús, el corazón del Señor... un conocimiento que no vincula la persona a mí, sino que la guía hacia Jesús, haciéndolo así libre y abierto” (BENEDICTO XVI, Hom. Ordenac. Sacerdotal, 7-mayo-2006). Haz, Señor, que tus sacerdotes te amemos cada día más; con mayor unción y delicadeza celebremos la Santa Misa, promovamos el culto eucarístico y la adoración a tu Cuerpo, siendo nosotros los primeros en estar contigo en el Sagrario, reparando e intercediendo por tu pueblo, “permaneciendo con frecuencia en oración de adoración [eucarística] y enseñándola a los fieles” (cf. BENEDICTO XVI, Disc. al clero, Varsovia (Polonia), 25-mayo-2006); que con perseverancia estemos en el confesionario todos los días para dispensar tu misericordia, como nos exhortaba el papa Benedicto: “servid a todos; estad a su disposición en las parroquias y en los confesionarios” (Discurso al clero, Varsovia (Polonia), 25-mayo-2006); que pongamos todo empeño, cuidado, preparación y solicitud en la predicación, sea cual sea, transmitiendo la sana doctrina.

miércoles, 6 de junio de 2018

¡Corazón de Jesús!



¡Corazón de Jesús, en quien habita corporalmente la plenitud de la divinidad, ten misericordia de nosotros!

          Grande es tu amor, Señor; tan grande e inconmensurable, que te has hecho uno de nosotros, igual a nosotros en todo, excepto en el pecado. De esta forma, Jesús, asumes todo lo humano y lo redimes; más aún, has hecho una auténtica experiencia humana para poder sanar de raíz nuestro corazón, siempre inclinado al pecado, y elevarnos a Ti, haciéndonos participar en la naturaleza divina.

            Tu Corazón, Señor, es el centro de toda tu Persona; la sede de la voluntad y de los sentimientos más nobles y puros; entrar en tu Corazón es penetrar en tu Persona misma, en tu misterio, en tus entrañas de misericordia; asomarnos a tus llagas, cuales ventanas, es ver la riqueza desbordante de tu personalidad: todo amor, amor hecho Carne, amor humanado en tu santa Encarnación; amor recio y nada pueril, que ama hasta el extremo de dar tu vida por nosotros, por todos y cada uno de nosotros. “¡No hay mayor amor que quien da la vida por sus amigos!” (Jn 15,33). ¡Qué decisivo y vinculante poder decir: “Me amó y se entregó por mí” (Gal 2,20)!

            En ti “habita corporalmente la plenitud de la divinidad” (Col 2,9) y, al mismo tiempo, en tu santa humanidad, “amaste con corazón de hombre” (GS 22).

            El secreto del cristianismo no radica en una moral o en un pensamiento o ideologías; el secreto del cristianismo es dejarse fascinar por Ti, entusiasmarse por Ti, vivir en el asombro de tu amor, compartir la vida contigo. El secreto y la fuerza misma del cristianismo es tu Corazón: de aquí nace la verdad de la fe, la pasión y el amor por Ti y los hermanos, la entrega de la vida a Ti en el servicio a la Iglesia; el apostolado, el sacrificio, la oración. “Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (Deus caritas est, 1).

sábado, 19 de mayo de 2018

Plegaria: Jesucristo, Médico y medicina...

¡Jesucristo!

¡Jesucristo fue el amor de los santos!

¡Jesucristo fue la delicia de los santos!

Ellos ahondaron en su Persona, porque Jesucristo lo era todo para ellos. Fueron amados por Cristo y ellos respondieron a su amor con la totalidad de su ser.


Imitaron su vida, sus virtudes, los sentimientos de su Corazón, llegaron a pensar como Cristo, sentir como Cristo, trabajar como Cristo.

Naturalmente, oraron a Cristo y profundizaron en su Persona con la meditación, con la reflexión teológica, sin abarcar el Misterio de su Persona, que es inefable, siempre mayor.

Cristo es el Pastor y el alimento del rebaño a un tiempo; es el Médico y la medicina para las llagas del alma. Y sigue actuando y cuidando a los suyos con amor tierno y fiel.


            "¡Bendita sea tu misericordia, Señor, que tan a tu cargo están los enfermos, que para remedio de ellos “enviaste del cielo un gran Médico, porque –como dice san Agustín- había en el mundo un gran enfermo”!

            Este Señor, por ser Dios, es dueño de las ovejas, pues las crió con el Padre y con el Espíritu Santo. Y se llamó siervo del Padre en cuanto hombre, porque le sirvió y obedeció en la obra de la Redención de los hombres, según está escrito: Él libertará mi cautividad (Is 45,13). Y en otra parte: La voluntad del Señor en la mano de Él será prosperada (cf. Is 53,10). Este Señor fue del que está escrito que halló el camino de la doctrina y la dio a Jacob, su siervo, y a Israel, su amado…


viernes, 22 de septiembre de 2017

Plegaria: Valor de nuestras obras en Cristo

Plenamente hombre de la reforma, san Juan de Ávila está imbuido del tratado de justificación y gracia del Concilio de Trento, con tono profundamente optimista ante el pesimismo antropológico luterano.

Nuestras obras en Cristo son valiosas y Dios las tiene en cuenta, porque es su Hijo el que obra en nosotros y es su Hijo quien las presenta ante Él.


A nosotros nos toca, luchando siempre contra el pecado, unirnos más a Cristo y dejar que obre en nosotros y nos mueva al bien, a la bondad, a la Verdad y a la Belleza. Unidos a Él, y Él por nosotros, damos fruto abundante que Dios mira con agrado. Esa es la parte humana imprescindible de nuestra justificación, que no es pasividad absoluta, sino actividad conjunta con el Señor y su gracia.

Oremos con san Juan de Ávila en esta preciosa meditación teológica, suplicando que Cristo presente lo nuestro ante el Padre y que sea Él siempre quien obre por medio nuestro y en nosotros.



            "Cristo es Sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec, que ofreció pan y vino.

            Y aunque Él en su propia persona no consagró ni ofreció su santísimo cuerpo más que una vez, sin embargo lo hace cada día hasta el fin del mundo por medio de sus sacerdotes. Y lo que hace por medio de ellos cerca de su santísimo cuerpo, hace también ofreciendo y santificando a los miembros vivos que son su místico amparo.

viernes, 16 de junio de 2017

Plegaria: amor de Jesucristo (S. Juan de Ávila)

Las plegarias que los santos suelen dejar consignadas en sus escritos poseen un alto valor teológico, sin el tono melifluo, acaramelado de tantas oraciones piadosas. Están hechas de una pieza, demuestran solidez doctrinal y una pasión grande por el Señor. Orar con ellas, en cierto modo, es hacer "teología de rodillas" pues iluminan la inteligencia al tiempo que elevan el corazón.



El amor de Jesucristo en su Corazón por cada uno de nosotros es una elevación teológica que nos ofrece san Juan de Ávila, doctor de la Iglesia, suficiente como para encender en nosotros el fuego del amor a Cristo pero también para considerar teológicamente las maravillas de la redención encerradas en el Corazón de Cristo y accesible a todos.

De esta forma, la espiritualidad del Corazón de Jesús es una espiritualidad que se centra en la Redención, en el amor, en la expiación solidaria y en la ternura hacia la Persona del mismo Cristo (sin resabios éticos, tan propios del moralismo).

Oremos guiados por la meditación de san Juan de Ávila.



            "Alabada sea, Señor, tu bondad, que, con la grande gana que tienes de darte, pides tan poco por ti.

   

sábado, 27 de mayo de 2017

Alabanza a Cristo (Plegaria)

"Ahora te bendecimos,
Cristo mío, Verbo de Dios,
luz de una luz sin principio,
y dador del Espíritu:
triple luz que se unifica
en una única gloria.


Tú has hecho desaparecer las tinieblas
y has establecido la luz,
para crear en la luz todas las cosas
y establecer la materia inestable
en una dignidad de forma
y en el buen orden actual.

Tú has iluminado la mente del hombre
con la razón y la sabiduría,
colocándolo como imagen
del esplendor celeste aquí abajo,
para que en la luz vea la luz
y llegue a ser luz totalmente.

domingo, 22 de enero de 2017

Plegaria por el laicado

"Nosotros, hombres de este siglo, laicos del pueblo de Dios, católicos deseosos de ser fieles y diligentes hijos y hermanos en tu Santa Iglesia.


Miramos a ti, Jesucristo, nuestro Señor, Maestro y Salvador de la humanidad, como a la luz del mundo, e, iluminados por ti, te rogamos que nos hagas comprender tu fulguración sobre nosotros como una vocación.

Amén.

Vocación a tu seguimiento, a tu palabra, a tu comunión, porque Tú, Cristo, eres el camino, la verdad, la vida.

Amén.

Haz, Señor, que jamás dejemos de ser sensibles a la llamada reveladora, que es tu Evangelio, secreto, fuerza y gozo de nuestro verdadero destino.

Amén.

martes, 3 de enero de 2017

Plegaria por la paz (II)

Señor, Dios de la paz,
que has creado a los hombres,
objeto de tu benevolencia,
para ser los familiares de tu gloria:
nosotros te bendecimos y te damos gracias,
porque nos has enviado a Jesús,
tu Hijo amadísimo;
has hecho de Él,
en el misterio de su Pascua,
el artífice de toda salvación,
la fuente de toda paz,
el vínculo de toda fraternidad.

Te damos gracias
por los deseos, los esfuerzos,
las realizaciones
que tu espíritu de paz
ha suscitado en nuestro tiempo
para sustituir el odio con el amor,
la desconfianza con la comprensión,
la indiferencia con la solidaridad.

Abre aún más nuestros espíritus
y nuestros corazones
a las exigencias concretas del amor
de todos nuestros hermanos
con el fin de que podamos ser cada vez más
los constructores de la paz.

jueves, 9 de junio de 2016

Plegaria: expuesto el Corazón de Cristo (S. Juan de Ávila)

Nuestra oración -esta plegaria de hoy, de san Juan de Ávila- no sale de su asombro al ver cómo el Corazón de Cristo está expuesto y ofrecido a todos para que lo roben y lo posean y lo amen.

Nada se reserva Cristo: todo Él se da.

Nada oculta Cristo: sus llagas son ventanas para ver su interior.


Todo en Él es amor, todo anuncia su amor, todo convida a su amor.

Su acción en nosotros es acción del amor de su Corazón; y así actúe o deje de actuar, hable o calle a nuestra alma, etc., todo es acción del amor de su Corazón.

¡Quién pudiera acercarse y vivir palpitando junto al corazón de Cristo!



Amor divino de Dios: su Corazón


            Tú, Señor, ¿no dijiste: Con toda guarda guarda el corazón porque de él procede la vida? (Prov 4,23). Y si la vida de nuestro cuerpo procede del corazón, y por eso mandas que lo pongamos a buen recaudo, ¿por qué no pones tú a mejor recaudo tu corazón, pues de él procede la vida del nuestro y es fuente de vida, por el cual viven todas las cosas vivas en el cielo y en la tierra?

lunes, 30 de mayo de 2016

Plegaria: el testimonio de la caridad (S. Juan de Ávila)

La caridad fraterna es uno de los signos distintivos de la vida cristiana; por ella reconocerán que somos discípulos del Señor, si somos capaces de amarnos unos a otros. Era uno de los grandes lugares apologéticos para el cristianismo: ser capaz de amarse así no es un esfuerzo humano, sino el don del Espíritu Santo que engendra una vida nueva.

Sabemos, por el Apologeticum de Tertuliano, que los paganos decían: "mirad cómo se aman". Esto les suscitaba preguntas y búsquedas.


Por el contrario, un antitestimonio (que se diría hoy) es la falta de caridad sobrenatural, sustituida por afectos de grupos, intereses afectivos, o directamente por enfrentamientos y celos.

El amor del Espíritu Santo en nuestros corazones, permitiendo la fraternidad eclesial, será siempre un signo interpelante y una llamada evangelizadora.

Por eso oremos y meditemos ante el Señor, con la plegaria de san Juan de Ávila.



Testimonios y antitestimonios: la caridad

            Ciertamente, dice una gran verdad el que es la suma Verdad, que, si los cristianos guardásemos perfectamente la ley que tenemos, cuyo principal mandameinto es el de la caridad, sería tanta la admiración que causaríamos en el mundo a los que nos viesen iguales a ellos en la naturaleza, y muchos mayores que ellos en la virtud, que, como los débiles a los fuertes, y los bajos a los altos, se nos rendirían y creerían que mora Dios en nosotros; pues verían que podemos lo que las fuerzas de ellos no alcanzan, y darían gloria a Dios que tiene tales siervos.

miércoles, 9 de marzo de 2016

Plegaria: la Pasión del Señor (s. Juan de Ávila)

Siempre edifica, y mucho, considerar la Pasión del Señor, sus terribles sufrimientos físicos, morales y espirituales ya que es la muestra del gran y mayor amor que Cristo nos tiene.

¡Quién habrá que no se conmueva!


Es su amor tan grande que es capaz de asumir la Pasión y entregarse a ella voluntariamente. Mucho le costó su amor por nosotros, muchos sufrimientos para cargar y quitar los pecados del mundo.

Consideremos este amor y oremos a Cristo, con palabras de san Juan de Ávila, doctor de la Iglesia.



"Amor infinito de Cristo en su Pasión


            ¡Oh alegría de los ángeles y río de su deleite, en cuya faz desean ellos mirarse, y por cuyas sobrepujantes ondas son ellos embestidos, viéndose dentro de ti, nadando en tu dulzura tan sobrada!

            ¿Y de qué se alegra tu corazón en el día de tus trabajos?

            ¿De qué te alegras entre los azotes, y clavos, y deshonras y muerte?

sábado, 2 de enero de 2016

Oración por la paz


Señor, Dios de Paz,
que has creado a los hombres,
objeto de tu benevolencia,
para hacerles partícipes de tu gloria;
te bendecimos y te damos gracias porque nos enviaste a Jesús,
tu Hijo amadísimo,
e hiciste de Él,
en el misterio de su Pascua,
el artífice de toda salvación,
la fuente de toda paz,
el abogado de toda fraternidad.

Te damos gracias por los deseos, los esfuerzos, las realizaciones
que tu espíritu de paz ha suscitado en nuestro tiempo,
para sustituir el odio con el amor,
la desconfianza con la comprensión,
la indiferencia con la solidaridad.

jueves, 8 de octubre de 2015

Señor, danos la fe (Plegaria)

Señor yo creo, yo quiero creer en ti.

                Oh Señor, haz que mi fe sea plena, sin reservas y que penetre en mi pensamiento, en mi modo de juzgar las cosas divinas y las cosas humanas,


                Oh Señor, haz que mi fe sea libre; que tenga el concurso personal de mi adhesión, que acepte las renuncias y los deberes que ella comporta y que exprese el ápice decisivo de mi personalidad: creo en Ti, oh Señor;

                Oh Señor, haz que mi fe sea cierta; cierta por una exterior congruencia de pruebas y por un interior testimonio del Espíritu Santo, cierta por su luz meridiana, por su posesión tranquilizadora, por su serena asimilación.

                Oh Señor, haz que mi fe sea fuerte, que no tema las contrariedades y los problemas de los que está llena la experiencia de nuestra vida, ávida de luz, que no tema la oposición de quien la discute, la impugna, la rechaza, la niega; sino que se fortifique con la experiencia íntima de tu verdad, resista infatigablemente a la crítica, se fortalezca con su afirmación continua, que supere las dificultades dialécticas y espirituales, en medio de las que se desenvuelve nuestra existencia temporal;

                Oh Señor, haz que mi fe sea gozosa y comunique paz y alegría a mi espíritu, lo prepare para la oración con Dios y la conversación con los hombres, de suerte que halle en el diálogo sagrado y profano la interior alegría de su dichosa profesión;


sábado, 29 de agosto de 2015

Plegaria: Cristo, verdadero David, ante Goliat

Usando el método patrístico, san Juan de Ávila ve en el pequeño David a nuestro Señor Jesucristo, y en Goliat al pecado, al demonio, que es vencido por la sencillez del Señor en su carne humana.

Nosotros somos librados del pecado por el combate de Cristo, en el cual Él sale vencedor. Dios adiestró las manos de Jesús para el combate, sus dedos para la pelea (cf. Sal 143).


Nada parecía suponer la victoria. Incluso Goliat se burla del pequeño David y se siente ofendido. Pero será el verdadero David, Jesucristo, quien venza.

Oremos y contemplemos.



Cristo nuevo David frente a Goliat


            [Jesucristo] tomando las armas de nuestra bajeza, vistiéndose de carne humana, que, aunque limpia de todo pecado, fue semejante a la carne de pecado (Rm 8,3), pues estuvo sujeta a los sufrimientos y a la muerte que metió el pecado en el mundo.

            Y con estos sufrimientos y la muerte, que tomó sobre sí sin estar obligado, venció y destruyó nuestros pecados, destruidos los cuales, se destruyen los sufrimientos y la muerte, que entraron por ellos; como si uno pegase fuego al tronco de un árbol con las mismas ramas del árbol, y así quemase el tronco y las ramas.

viernes, 6 de marzo de 2015

Plegaria: el silencio de Cristo en su Pasión

La meditación, hecha plegaria, de san Juan de Ávila sobre la Pasión de Cristo nos conduce a la intimidad del Señor.
 
Oramos y vemos la grandeza de la Pasión, los dolores inestimables de Cristo y su inmenso amor por cada uno de nosotros. Todo convida a amor, y todo hiere nuestro corazón para poder responder con amor.


Así, al mismo tiempo, nos dejamos conducir y aprendemos de la doctrina de un gran doctor, san Juan de Ávila, que merece ser conocido por todos.



El Señor calla en su Pasión

            ¡Bendito sea tu callar, Señor, que callaste por dentro y por fuera el día de tu pasión: por fuera, no maldiciendo ni respondiendo; y en lo dentro, no contradiciendo, sino aceptando con mucha paciencia los golpes y las voces, y las penas de tu pasión, pues tanto hablaste en los oídos de Dios, que antes que hablemos somos escuchados!

            Y esto no es ninguna maravilla, porque cuando nosotros no éramos nada, tú nos hiciste; y antes de que lo supiéramos pedir, nos mantuviste en el vientre de nuestra madre y fuera de él; y, antes de que los pecados nos derribasen, tú nos guardaste; y cuando caímos por nuestra culpa, tú nos levantaste y nos buscaste sin que nosotros te buscásemos; y, lo que es más, antes que naciésemos, ya tú habías muerto por nosotros, y nos tienes aparejado tu cielo. No es mucho que de quienes tanto cuidado has tenido, antes que lo tuviesen de ti, lo tengas en esto; y que, viendo tú de qué teníamos necesidad, nos lo des muchas veces, sin esperar a que nos cansemos pidiéndotelo, pues tú te cansaste tanto pidiéndolo y ganándolo para nosotros.


viernes, 2 de enero de 2015

Plegaria por la paz

"Señor, estamos hoy tan armados como nunca en los siglos anteriores y estamos cargados de instrumentos mortíferos capaces de incendiar en un instante la tierra y destruir hasta la misma Humanidad.


Señor, hemos fundado el desarrollo y la prosperidad de muchas de nuestras industrias colosales sobre la capacidad diabólica de producir armas de todos los calibres, dirigidas a matar y a exterminar a los hombres, nuestros hermanos. Hemos establecido así el equilibrio cruel de la economía de tantas naciones poderosas sobre el mercado de armas con las naciones pobres, privadas de arados, de escuelas y de hospitales.

Señor, hemos dejado renacer en nosotros las ideologías que hacen enemigos a los hombres entre sí, el fanatismo revolucionario, el odio de clases, el orgullo nacionalista, el exclusivismo racial, las revoluciones tribales, los egoísmos comerciales, los invidualismos gozosos e indiferentes hacia las necesidades de los demás...

Señor, es verdad. No vamos por buen camino.

Señor, mira, sin embargo, nuestros esfuerzos inadecuados, pero sinceros, por la paz en el mundo.

jueves, 25 de diciembre de 2014

¡Has venido, Señor! (Pablo VI)

"Señor, has venido, has nacido por nosotros,
Salvador nuestro,
lleno de gracia de y verdad.




Tu verdad, tu palabra para nosotros
es maestra de vida,
nos revela quién es Dios,
nos enseña quién es el hombre,
nos indica lo que debemos hacer,
nos muestra lo que debemos amar,
nos hace ver en el hombre que sufre
aún más que un hermano:
a ti mismo;

nos devuelve la libertad, la dignidad,
nos hace capaces de bondad,
de justicia y de paz.

Tú eres la luz del mundo.