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lunes, 18 de marzo de 2024

La santidad que suplicamos (Palabras sobre la santidad - CXX)



            Como la santidad es don y gracia, hay que suplicarla una y otra vez en oración a Dios, pedírsela humilde y confiadamente. No es lo que nosotros hagamos, o construyamos, sino acción gratuita del Señor y de su gracia.

            En la liturgia suplicamos esa santidad; lo hacemos con mucha frecuencia en las preces de Laudes, para vivir la nueva jornada que empieza en santidad y justicia.


            Sigamos el hilo de las preces de Laudes de los tiempos fuertes de la liturgia y hallaremos unas bellas perspectivas de la santidad cristiana, esa santidad que ha de ser nuestro deseo y anhelo constantes.

´           1) En primer lugar, a Dios se le pide que nos haga santos, que nos dé santidad porque sólo de Él puede provenir, sólo Él puede regalarla. Dios es quien nos santifica: “Santifica, Señor, todo nuestro espíritu, alma y cuerpo, y guárdanos sin reproche hasta el día de la venida de tu Hijo” (Domingo I Adviento); “Tú que eres la fuente de toda santidad, consérvanos santos y sin tacha hasta el día de tu venida” (Jueves I Adv); “Tú que llamas y santificas a los que eliges, llévanos a nosotros, pecadores, a tu felicidad y corónanos en tu reino” (Viernes I Adv).

            Dios da la santidad y la conserva: “Oh Dios, que prometiste a tu pueblo en vástago que haría justicia, vela por la santidad de tu Iglesia” (Sábado I Adv); “inclina, oh Dios, el corazón de los hombres a tu palabra, y afianza la santidad de tus fieles” (Sábado I Adv).

            Es el Señor el autor de toda santidad: “Tú que te has hecho semejante a nosotros, concédenos a nosotros ser semejantes a ti” (Sta. María, 1 de enero); es la santidad participación en la vida divina: “Tú que sin dejar de ser Dios como el Padre, quisiste hacerte hombre como nosotros, haz que nuestra vida alcance su plenitud por la participación en tu vida divina” (8 de enero); es la santidad configuración con Cristo: “Señor de misericordia, que en el bautismo nos diste una vida nueva, te pedimos que nos hagas cada día más conformes a ti” (Lunes I Cuaresma).

sábado, 24 de febrero de 2024

Santos en el mundo, santos en lo cotidiano (Palabras sobre la santidad - CXIX)



            Cuando se acostumbra uno a orar pausadamente los textos litúrgicos, meditándolos en oración personal, se adquiere una profunda sabiduría espiritual, vivida en el seno de la Tradición. Se impregna uno de eclesialidad, de fe eclesial profesada en los textos litúrgicos. Entonces se avanza en la comprensión del Misterio.



            El común de santos y santas del Misal romano presenta en sus textos eucológicos aquello que la Iglesia cree de la santidad en el mundo, la santidad de lo cotidiano, aquellos santos que, en el estado laical, vivieron en el mundo, santificándose en lo cotidiano, en las obligaciones y trabajos de cada día, sin destellos de lo extraordinario ni misiones especiales, deslumbrantes, que podrían ser recordadas en las páginas de la historia de la Iglesia. Santos de lo común, santos de lo ordinario… santos en lo concreto de cada día.

            En estos santos, Dios nos revela su amor: “Dios todopoderoso y eterno, tú has querido darnos una prueba suprema de tu amor en la glorificación de tus santos” (OC, Misa I). Dios mismo nos “protege con la intercesión de sus santos” (cf. OF, Misa I), y nos regala a los santos para que “su ejemplo nos mueva a imitar fielmente a tu Hijo” (ibíd.).

sábado, 3 de febrero de 2024

Eficacia de la acción de los santos (Palabras sobre la santidad - CXVIII)



            No están muertos, sino que viven en el Señor. No los mencionamos como personajes de la historia que ya no tienen nada que ver con nosotros sino como hermanos y amigos que nos tienden una mano, que nos auxilian, que velan por nosotros. La acción y obras de los santos no se restringen ni se limitan a su vida terrena, a su existencia histórica y temporal, se extiende al cielo donde siguen trabajando y obrando.



            El prefacio II de los santos nos permite asombrarnos, casi extasiarnos, al cantar la grandeza de los santos y sus intervenciones en favor nuestro.

            Para la Iglesia entera, sin duda, los santos son importantes.

            “Porque mediante el testimonio admirable de tus santos fecundas sin cesar a tu Iglesia”. La Iglesia muestra toda su vitalidad, toda su maternidad, en los santos a los que da a luz en cada época. Los santos son signos de una Iglesia felizmente viva y fiel al Señor: entonces abundan los santos; en épocas de crisis y decaimiento surgirán menos santos en número, pero Dios los suscita para revitalizar la Iglesia.

lunes, 8 de enero de 2024

La gloria de la santidad (Palabras sobre la santidad - CXVII)



            El Señor es el único Santo, Santísimo, y enriquece a sus hijos con la gloria de la santidad, les hace partícipes de su propia santidad. Es el don mayor. Es la esperanza final del cristiano, ser santo. Es la vocación bautismal recibida por todos para que sea desarrollada a lo largo de la vida. Es la garantía de la fidelidad de la Iglesia a Cristo, lo que la embellece y hermosea, como Esposa del Señor.


            La santidad brilla en el mundo señalando la dirección correcta. Es signo de la presencia de Dios, de su acción entre sus hijos. La santidad es el fruto maduro, perfecto y precioso del cristianismo, de vivir cristianamente la existencia.

            La liturgia celebra y conmemora la santidad de sus hijos. En sus textos litúrgicos hallamos preciosas definiciones de la santidad, perspectivas de la santidad, incluso un canto a la santidad misma. Son bellos los textos litúrgicos: concisos, breves, pero conteniendo teología y espiritualidad, manifestando la fe de la Iglesia y no opiniones subjetivas.

            Un primer texto es el prefacio I de los santos, que lleva como título: “La gloria de los santos”.

lunes, 18 de diciembre de 2023

Una obra de la gracia (Palabras sobre la santidad - CXVI)



            Algo más hay en los santos que cualidades naturales o rasgos de temperamento: la gracia potenció y elevó lo que en ellos había por naturaleza, y así los puso al servicio de Dios. Realmente un santo no es un superhombre o alguien muy especial y distinto porque hayan nacido así, sino porque Dios obró en ellos, la gracia actuó y los fue transformando. Si la santidad fuera sólo una naturaleza humana genial, diferente, ni los santos habrían sido santos y nosotros tendríamos que renunciar ya a completar nuestra vocación a la santidad. No podríamos ser santos.


            Es Dios quien hace santos, a cada uno de un modo distinto y confiriéndoles gracias distintas, diversas. Reza por ejemplo la liturgia: “Oh Dios, que diste a san Raimundo de Peñafort una entrañable misericordia para con los cautivos y los pecadores” (OC, 7 de enero). Este santo, tal vez por nacimiento, pudiera ser sensible al dolor y al sufrimiento ajeno, teniendo empatía, pero “la entrañable misericordia” que lo llevó a la santidad fue Dios quien se la dio.

            La oración colecta del gran san Eulogio de Córdoba prosigue en esa misma línea: “Señor y Dios nuestro: tú que, en la difícil situación de la Iglesia mozárabe, suscitaste en san Eulogio de Córdoba un espíritu heroico para la confesión de la fe” (OC, 9 de enero). Hay caracteres más apocados y otros más atrevidos y lanzados; caracteres más cohibidos y los hay más arriesgados… pero la defensa de la fe en la Iglesia mozárabe hasta el martirio no le vino a san Eulogio por su natural carácter, sino por una actuación de Dios que suscitó en él “un espíritu heroico”. La santidad es obra de Dios. Al ver lo que obró en los santos, le pedimos que actúe igualmente en nosotros ahora: “Te rogamos, Señor, nos concedas el espíritu de fortaleza…” (OC, 20 de enero, san Sebastián).

jueves, 30 de noviembre de 2023

Soberana libertad (Palabras sobre la santidad - CXV)



            Nunca se aferraron ni se ataron a nada como algo propio. Su corazón estaba tan por completo en Dios, que fueron total y absolutamente libres en su corazón. Por eso los santos nada querían ni nada buscaban sino que su voluntad estaba completamente identificada con la voluntad de Dios. Eso los hizo libres.



            Incluso sus propias obras apostólicas, o sus fundaciones, no retuvieron su corazón ni les quitó libertad alguna. Porque vieron sus obras no como algo suyo propio que tuvieran que defender a rajatabla, sino como obra de Dios, y eso era más importante que considerarla un producto de ellos que custodiar y legar a la posteridad. Dios se encargaría si le era grato, Dios la sacaría adelante si era su voluntad.

            San Ignacio declaraba que si el Papa suprimiera la Compañía de Jesús, le bastaría un cuarto de hora para recobrarse y vivir en paz. ¿Acaso no amaba la Compañía y las excelentes obras y misiones que la Compañía llevaba adelante? No ciertamente. Pero no puso su corazón ni su vida en su obra, la Compañía, sino en Dios. La Compañía la amaba en cuanto que era de Dios, pero si Dios permitía su supresión, su corazón era libre y no se derrumbaría. No estimaba la Compañía como algo suyo, aferrándose a ella como fin propio de su vida. Era más libre, era libre en Dios.

viernes, 10 de noviembre de 2023

Caminantes dóciles (Palabras sobre la santidad - CXIV)



            Hay un rasgo que es muy común en los santos, que se suele repetir con variaciones distintas: fueron caminantes. Lo cual significa que siguieron a Cristo y que Cristo les iba marcando el camino por el que transitar. Ellos fueron dóciles, obedientes, e iban caminando sin rechistar.



            Tal vez, en un momento dado, al principio, soñaron con un modo de vida, un proyecto, una tarea, y dieron los primeros pasos. Pero Dios irrumpió de mil formas distintas y hubieron de abandonar el proyecto inicial, el camino que ellos habían decidido, por otro, tal vez muy distinto, pero que era el plan concretísimo de Dios.

            Santa Ángela de la Cruz pensó que su vocación era ser carmelita descalza y vivió como tal en su vida seglar, pero no fue admitida. Tampoco cuajó su experiencia de postulantado en las Hijas de la Caridad. Dios quería otro camino para ella: el servicio de la caridad de los pobres fundando la Compañía de la Cruz.

jueves, 19 de octubre de 2023

Nuevos modelos de santidad (Palabras sobre la santidad - CXIII)



            La santidad es muy diversa y plural, con muchas tonalidades y colores, jardín de muy bellas flores, bien lejos de la uniformidad del molde único, de una fabricación en serie que no admitiese otra forma o modelo, tentación ésta muy frecuente cuando alguien se cree que su carisma, su espiritualidad o su movimiento es el único, el mejor, el exclusivo. ¡Cuánta cerrazón hay en esto!, ¡y cuánto orgullo espiritual que crea división, separación entre católicos de primera clase y el resto como una masa amorfa!


            Es Dios el autor de la santidad, y Él crea “nuevos modelos de santidad”, dice la colecta de S. Alfonso Mª de Ligorio (1 de agosto). Con la santidad de los apóstoles y de los mártires, Dios nos dio un nuevo modelo de santidad, el de la virginidad consagrada, esponsalidad con Cristo, viviendo el mundo y señalando el único Amor absoluto.

            Otro modelo más fueron los anacoretas: abandonaron la ciudad para vivir en oración constante en el desierto; es la radicalidad del seguimiento de Cristo, ya sea solos o formando comunidades, cenobios.

            De aquí nacerá el modelo nuevo de santidad monacal, iglesia en pequeño, que reza y trabaja, lo transforma todo, situando al monje ante Dios a quien alaba con el Oficio divino, y se despoja de sí mismo en humildad y conversión.

sábado, 16 de septiembre de 2023

La respuesta son los santos (Palabras sobre la santidad - CXII)



            La santidad es profundamente provocadora, a nadie deja indiferente la presencia de un santo que nos remite a Dios y cuestiona sin palabras un modo de vivir cristiano anodino, mediocre, rutinario.



            La santidad es creativa porque están muy atentos los santos a las mociones del Señor, a las inspiraciones del Espíritu Santo para entregarse, para darse, para ofrecer respuestas originales a las necesidades de su tiempo, sin temor ante la reacción de desconfianza o prejuicio de los hombres.

            Ellos son entonces la respuesta de Dios a las necesidades y desafíos de la Iglesia. Son la respuesta más completa que puede dar la Iglesia.

            La Iglesia, su organismo sacramental, su magisterio vivo, su gobierno pastoral, su forma de vivir en comunidad, está por completo al servicio de suscitar y acompañar la santidad de sus hijos: ¡sólo para eso!, ¡nada más y nada menos que para eso!

jueves, 10 de agosto de 2023

Los santos en la liturgia (Palabras sobre la santidad - CXI)



            Pronto, muy pronto, la Iglesia incorporó los santos a la liturgia conmemorándolos y celebrándolos. Se comenzó por el culto a los mártires, celebrando la Eucaristía en su sepulcro en el día de su martirio y luego se extendió a los confesores de la fe. Así la Iglesia celebraba a sus hijos, a los que veía unidos al misterio pascual e su Señor y sus imágenes más acabadas y perfectas. Al celebrarlos, los tomaban como intercesores, esperando su ayuda fraterna desde el cielo, encomendándose a su intercesión eficaz: ¡pensemos en las letanías de los santos! Y por último, eran propuestos a los fieles como modelos del seguimiento cristiano, como “canon”, norma, válida para todos, referentes auténticos y válidos de lo que es la vida cristiana y la entrega absoluta al Señor.


            El culto a los santos en la liturgia muestra la importancia que la Iglesia le da a la santidad. Es un recordatorio perenne, una exhortación nunca interrumpida. Los santos, y más visiblemente todos los mártires, representan la ofrenda del cristianismo y son los testigos, entregados de generación en generación, que representan el tesoro más grande de un pueblo: la fe cristiana. La Iglesia presenta con legítimo orgullo y gozo sus santos a sus hijos fieles. El santo es un signo del cielo, es lucero de la mañana, es invitación a acoger el don de Dios que se manifiesta en Cristo.

            Es Cristo y su triunfo pascual lo que se manifiesta en sus santos. La Iglesia, unida en la celebración a los santos, unida a María, participa en la gracia que brota del Misterio Pascual de Cristo y que resplandece en el signo existencial de los santos, signos vivos de Jesucristo. Además de su día, los santos son recordados siempre en la plegaria eucarística de cada Misa, ya que celebramos en comunión con ellos. Incluso en el rito hispano-mozárabe se da el caso, en la fiesta de los santos, de una presencia muy grande del santo que se conmemora en la misma plegaria eucarística (compuesta por piezas variables y algunas fijas): se canta su vida, se exalta su martirio ampliamente, casi poéticamente, frente a la brevedad y concisión del rito romano. “La liturgia eucarística de esta fiesta, como suele ocurrir en la celebración de los santos en nuestro Rito, nos puede sorprender. La vida del santo invade la Plegaria Eucarística, que parece perder su identidad cristocéntrica. No es así más que superficialmente. María es gloria de su Hijo, obra de los méritos de Cristo; es Cristo y su triunfo pascual lo que se manifiesta en sus santos hasta el punto de aparecer como anámnesis la vida del santo y como epíclesis su santidad” (Ferrer Grenesche, J. M., Los santos del nuevo Misal Hispano-Mozárabe, Toledo 1995, 139).

lunes, 24 de julio de 2023

La escatología esperada (Palabras sobre la santidad - CX)



            Lo escatológico no es solamente lo último, más allá del tiempo y de la historia; no es solamente, para el alma individual, las realidades últimas del juicio particular, cielo, infierno y purgatorio: lo escatológico está ya presente pero aún no realizado, porque la escatología se vislumbra ya, entra en lo histórico, es nuestro deseo y nuestra meta.



            La Iglesia misma es peregrina y la escatología ilumina su realidad histórica, la orienta. No está encerrada sólo en el tiempo y para este mundo, en cuyo caso, olvidada la escatología, se convertiría en una simple ONG de tareas humanitarias y solidarias. El destino de la Iglesia no es este mundo ni suplir las carencias de los Estados y sus gobiernos, sino el reino de Cristo y la eternidad bienaventurada.

            La constitución Lumen Gentium aborda estas relaciones en su capítulo VII, “Índole escatológica de la Iglesia peregrinante y su unión con la Iglesia celestial”. La Iglesia “no alcanzará su consumada plenitud sino en la gloria celeste” (LG 48). La renovación final de todas las cosas, de todo lo creado, “en cierta manera se anticipa realmente en este siglo, pues la Iglesia, ya aquí en la tierra, está adornada de verdadera santidad” (LG 48).

lunes, 12 de junio de 2023

Los santos, manifestación de Cristo (Palabras sobre la santidad - CIX)



            Cada santo es una señal que apunta en una misma dirección: Jesucristo. No se erigen a sí mismos como una totalidad, como si lo fueran todo y todo lo tuvieran, sino que humildemente apuntan y señalan a Cristo con su ser, sus palabras y sus obras. Realizan lo mismo que Juan el Bautista: ser precursores de Cristo, abrirle camino a Cristo, señalarle para que todos lo sigan, y menguar, ocultarse, para no estorbar a Cristo.


            El santo no sustituye a Cristo, aunque algunas formas de religiosidad popular desviadas sí lo puedan hacer Un santo, porque vivió sólo para Cristo, se convierte en señal indicativa para nosotros a fin de que sigamos hacia Cristo, miremos a Cristo, deseemos a Cristo.

            Los santos, con sus vidas, muestran la cercanía de Cristo y su poder salvador.

            Es importante observar que Cristo no es un individuo del pasado lejano a mí, sino que ha creado un camino de luz que invade la historia empezando por los primeros mártires, con estos testigos que transforman el pensamiento humano, ven la dignidad humana del esclavo, se ocupan de los pobres, de los que sufren y llevan así una novedad en el mundo también con el propio sufrimiento Con esos grandes doctores que transforman la sabiduría de los griegos, de los latinos, en una nueva visión del mundo inspirada justamente por Cristo, que encuentra en Cristo la luz para interpretar el mundo, con figuras como san Francisco de Asís. O figuras también de nuestro tiempo: pensemos en Madre Teresa de Calcuta, Edith Stein, Maximiliano Kolbe o Juan Pablo II…

jueves, 4 de mayo de 2023

Elegidos, son testigos de su amor (Palabras sobre la santidad - CVIII)



            Toda la vida cristiana es un continuo caminar, progresando, hasta desarrollar toda la gracia del bautismo, es decir, vivir la perfección cristiana que es la santidad. Peregrinos y caminantes, viatores, así somos cristianos, hasta la meta de la santidad


            Desde toda la eternidad, antes de la creación del mundo, Dios nos ha elegido y predestinado para ser santos e irreprochables ante Él por el amor, para que alcanzáramos la bienaventuranza divina por el camino de las bienaventuranzas, llegando así a gozar de Dios mismo. Los bienaventurados del cielo ya gozan de Dios y se gozan en el ser de Dios, alabándole por siempre, recibiendo su Amor en plenitud y sin medida.

            En el bautismo, se recibe la gracia que nos hace ser capaces de ser amados por Dios como hijos suyos muy queridos, ya que reproduce en nuestras almas la belleza espiritual de Dios, la imagen de su Hijo. Se recibe de manera incoada y luego se va desarrollando a lo largo de la vida, correspondiendo a la gracia. Este don precioso, hecho en el bautismo, nos capacita para ir conociendo y amando a Dios. Éste es el misterio de su elección sobre nosotros, éste su designio salvador.

jueves, 6 de abril de 2023

La moral en los santos (Palabras sobre la santidad - CVII)



            Ni mucho menos hay que entender la moral en los santos como la postura pelagiana, completamente moralista, de un obrar autónomo, capaz por sí mismo, de comprometerse, de hacer… de ser justo, solidario y ecológico (que es lo que se lleva hoy). El modo pelagiano lo cifra todo en el esfuerzo personal, en el compromiso, en tomar conciencia, en cambiar el mundo… uno solo, por sus propios recursos. Si esto fuera así, los santos se habrían hecho a sí mismos con la fuerza de su naturaleza, de su capacidad psicológica y espiritual, con sus compromisos éticos.


            En los santos, el proceso es distinto. La ley de Dios la llevaron grabada en sus corazones por el Espíritu Santo, y obraron el bien y la verdad conforme a esa ley escrita y con el auxilio constante de la gracia. ¡La perspectiva es bien distinta! Por eso su moralidad, que es interior, es más exigente aún, más delicada para en nada ofender a Dios, evitando pecar.

            Veamos, de manera amplia, este aspecto de la santidad. La vida moral es seguir a Cristo y ser y actuar como Cristo. Por eso los santos son buenos, hay bondad en ellos, porque viven junto a Cristo, fuente de la bondad moral.

            La condición de todo creyente es seguir a Cristo; por ello seguir a Cristo es el fundamento esencial de la moral cristiana. De esta forma, el camino hacia el amor perfecto consiste en el seguimiento de Jesús, que es la santidad.

miércoles, 8 de marzo de 2023

Abandono (Palabras sobre la santidad - CVI)



            Supieron Quién los llamaba, Quién los guiaba, Quién los sostenía, y se aferraron a su mano, bien firmes, para caminar allí por donde el Señor los fuere llevando. No dudaron, no temblaron, tampoco preguntaron: la mano del Señor los iba conduciendo y eso les era garantía segura.


            Los santos han sido mirados por Dios con su mirada de amor y de misericordia (“el mirar de Dios es amar”, dice San Juan de la Cruz, CB 19,6), y los ha llamado, y los ha reconocido como hijos adoptivos suyos, y los ha ido haciendo semejantes a Él. Ellos, humildemente, han sido dóciles a tanta gracia, han respondido, y su respuesta ha estado llena de fidelidad y entrega con un “sí” irrevocable, con un “fiat” definitivo y total. Pero el primer paso no fue de ellos, la iniciativa no fue de ellos: el primer paso lo da Dios, su elección libre, gratuita y misteriosa… su mirada de amor.

            Este núcleo central, la elección de Dios, su libre disposición, hay que repetirlo a nuestro mundo, a nuestra Iglesia. Los santos, y nosotros, hemos sido mirados por Dios y Dios ha querido hacernos hijos suyos y conducirnos a que vivamos plenamente esa filiación. Lo que han hecho los santos, lo que ahora nos toca a nosotros, es responder a este amor gratuito de Dios.

lunes, 6 de febrero de 2023

¿Qué es un santo? ¿Quién es un santo? (Palabras sobre la santidad - CV)



            Maravilloso y variadísimo es el paisaje de la santidad, con mil tonalidades distintas que reflejan una belleza superior y que fascina al contemplarlo No es un único color, ni un solo tono cromático, ni una misma intensidad: el paisaje los recoge a todos creando un panorama digno de ser contemplado con finura de alma.



            Cada santo es como un color concreto, con su intensidad y sus matices porque cada uno es fruto de una historia de amor del Señor, de una peculiar vivencia, de un trabajo específico de la gracia.

            Un santo nace y se forja por la Pascua de Jesucristo, y cada santo ha vivido en plenitud el misterio pascual del Señor. La resurrección el Señor la celebramos y la vemos realizada místicamente en los santos que se llenaron de la vida nueva de Cristo, que murieron a sí mismos y resucitaron con Cristo. Los santos no lo son en virtud de sus méritos sino porque se abrieron totalmente a la gracia que nace de la Pascua del Señor.

domingo, 8 de enero de 2023

Santidad, reforma y pecado en la Iglesia (Palabras sobre la santidad - CIV)



            El tema da para mucho: una Iglesia santa que contiene y experimenta el pecado en su interior y que continuamente debe reformarse. Sí, reformarse, ¿pero hacia dónde?, ¿en qué sentido?, ¿en qué dirección?, ¿en qué condiciones? Y también: ¿quiénes llevan a cabo una reforma verdadera?, ¿quiénes serán capaces?



            La Iglesia es santa, hermosamente santa. Es la Esposa de Cristo, “revestida con oro de Ofir” (cf. Sal 44). Si la Iglesia es en sí misma santa e infalible, sólo puede serlo porque es de Dios y en cuanto es de Dios, no como construcción humana o mera comunidad de seguidores de Jesús, como algunas malas eclesiologías propagan. Lo que es de Dios, lo que a Él le pertenece es santo porque recibe de su misma santidad.

            La Iglesia es santa porque es de Dios. “La santidad de la Iglesia y la de los fieles se apoya siempre en lo que en ellos es de Dios, pero comporta un estatuto de mayor interioridad; hay una comunicación real de la santidad de Dios a la Iglesia y a los fieles. De hecho, la Iglesia antigua ha tenido conciencia de sí misma como organismo de vida espiritual comunicada desde lo alto. Sea cual fuera la fecha en que se dio a sí misma el predicado de “santa”, ha sido el primero por el que se la caracterizó: es verdaderamente la santa Iglesia” (Congar, Y. M., Verdadera y falsa reforma en la Iglesia, Salamanca 2014, 91).

lunes, 19 de diciembre de 2022

Nuestra relación con los santos (Palabras sobre la santidad - CIII)



            A Dios se le adora, únicamente a Él, con culto de latría (: adoración); a la Virgen María se le rinde culto de hiperdulía, de máxima veneración; y a los santos se los venera. Rendimos culto a los santos y los veneramos por la obra que Dios ha realizado en ellos  y porque Dios los ha situado junto a sí, como amigos y poderosos intercesores que con su oración nos ayudan. Los veneramos como iconos vivos de Cristo pintados por el Espíritu Santo en sus almas. Reciben nuestro culto porque son modelos acabados y completos de vida cristiana hasta sus últimas consecuencias. Merecen veneración ya que son epifanías de Dios en nuestro mundo, transparentan a Cristo, han vivido la plenitud del misterio pascual, han sido rayos de luz divina disipando las tinieblas que nos envolvían.



            A ellos, pues, nos dirigimos y les rendimos culto de veneración, fijando normalmente la fecha de su fallecimiento como día de culto, su “dies natalis”, el día en que nacieron para el cielo.

            No los tratamos como seres endiosados, superhéroes, o a modo de talismán. En nada entra la superstición en su culto, ni opacan la adoración de Dios, deteniéndonos exclusivamente en ellos; porque al venerar a los santos, glorificamos a Dios que los santificó.

            El culto a los santos refuerza nuestra relación personal con ellos. Al venerar y recordar a los santos nuestra vida debe hacerse mejor de lo que es. Éste es el culto a los santos: un impulso decidido a vivir, como ellos, entregados a Dios y con amor absoluto e incondicional a Jesucristo. Verlos a ellos, nos mueven a querer ser mejores, a responder mejor al Señor, a desear que la gracia actúe en nosotros sin ponerle obstáculos ni impedimentos. “Si uno exaltase la virtud del maestro con sólo su discurso y otro le imitase en su propia vida, será mucho más válida la alabanza que se hace a través de la propia vida que la que se hace a través del mero discurso”, escribía S. Gregorio de Nisa (Elogio de S. Basilio, n. 62).

jueves, 24 de noviembre de 2022

Equilibrio humano y madurez (Palabras sobre la santidad - CII)



            Leyendo las vidas de los santos, se va percibiendo hasta qué punto la gracia obró en ellos el fenómeno de la santidad, que les dio una madurez humana muy grande y consolidada, un equilibrio interior que se mantenía constante, sin sobresaltos, sin pasar de la euforia al hundimiento en seguida; una categoría humana muy superior por tener una serenidad y aceptación grandes en todo momento, así como firmeza en los principios y perseverancia en los buenos propósitos, sin cansarse de luchar, sin abandonar al momento, o sin ser veleidosos cambiando de proyectos sin concluir nunca ninguno.




            ¡Cuánto contrastan con la inmadurez actual, esa personalidad “líquida” de nuestros días, esa adolescencia prolongada durante años y años, también en consagrados! Los santos presentan una personalidad bien trabada, adulta (al margen de su edad), con unos rasgos de madurez que sorprenden, que destacan, que llaman la atención. La santidad –o sea, la gracia en ellos- influye en todo, también en el factor humano que no lo suprime, sino que lo eleva transformándolo.

            Esto ocurre de manera independiente del carácter del santo: ya sea más alegre y risueño o más serio y circunspecto, ya sea más introvertido o más extrovertido, más pesimista u optimista, más emotivo o más racional y calculador, más activo y emprendedor o más contemplativo y pausado… En caracteres tan distintos, reina en todos ellos la madurez y el equilibrio.

martes, 18 de octubre de 2022

Santificándonos por la liturgia (Nicolás Cabasilas)

La santificación de los fieles, o con términos más usuales y contemporáneos, la vocación a la santidad, se realiza por gracia de Quien es el único Santo. La santidad es obra de Jesucristo Santísimo: 



“Porque nadie tiene por sí mismo la santidad, y ésta no es fruto de la humana virtud, sino que todos (la reciben) de Él y por Él. Es como si hubiera muchos espejos puestos bajo el sol: en realidad hay un único sol que resplandece en todos ellos. De igual manera, el único santo (Jesucristo), penetrando (por así decir) en los fieles, se manifiesta en muchas almas y hace que aparezca en muchos la santidad” (XXXVI, 5). 

Tras la distribución de la santa comunión, se canta la acción de gracias y la doxología: ¡se ha realizado la santificación!, en el doble sentido constante que considera el autor: las ofrendas se han santificado al ser consagradas y los fieles son santificados por la divina liturgia. 

Así escribe: 


“Al llegar a este momento, la sagrada liturgia ha alcanzado su total cumplimiento y el rito de la divina Eucaristía toca a su fin: las ofrendas han sido santificadas y ellas mismas han santificado al sacerdote y a cuantos le rodean;  después, por medio de ellos, también han perfeccionado y santificado al resto de la asamblea” (XLI, 1).