lunes, 2 de mayo de 2022

Jesucristo, primer Paráclito

Él mismo se define como Paráclito al prometer que nos enviaría "otro Paráclito" que no nos dejase huérfanos, desamparados, entristecidos.


El primer Paráclito es Jesús, el primer Consolador es Jesús. Ya Simeón en la Presentación en el Templo lo aclamó como "Consuelo de Israel" y su vida entera fue un consolar y alentar a los afligidos y tristes. "Sanará los corazones quebratados, vendará sus heridas" (cf. Sal 146), "consolar a los afligidos" (Is 61,1ss). ¡Cuántas veces no ejerció ese consuelo! Era la eficacia de su palabra: "No llores". Era Él, manso y humilde de corazón, el que ofrece un consuelo infinito acompasado de serenidad y aliento.

Además, para consolar, Él mismo pasó por la aflicción y lloró, se siento solo y desamparado, y entiende perfectamente con su Corazón a quien ahora pueda pasar por la prueba del dolor, de la tristeza, de la decepción.


"Él lloró, para que tú, hombre, no llores más, y Él soportó las injurias, para que tú no sufrieras tu propia injuria. ¡Gran remedio es tener consuelo gracias a Cristo! Él soportó por nosotros estas cosas con gran paciencia, ¿y vamos a ser nosotros quienes no queramos llevar las cosas pacientemente por su nombre?" (S. Ambrosio, De fide II, 94-95).

¡Qué gran consuelo es mirar a Cristo, descansar en Cristo, hablar con Cristo!


Jesucristo es nuestro protector, nuestro auxilio, nuestro consuelo.

"Protector en las tribulaciones, que harto nos sobrevinieron. Lo que he dicho con frecuencia, también lo digo ahora. No impide que vengan aflicciones, sino que cuando vienen nos asiste, nos hace más idóneos y experimentados. ahora bien, el harto tiene que ir unido al protector. En verdad, no auxilia como de pasada, sino cong enerosidad, consiguiendo más consuelo del auxilio que molestia de las aflicciones. Y no nos consigue sólo el auxilio que reclama la naturaleza de los males, sino mucho más" (S. Juan Crisóstomo, Com. al Salmo 45,1,2).

No hay comentarios:

Publicar un comentario