miércoles, 12 de enero de 2022

La virtud de la justicia (y II)



¿De qué modo practicar la justicia? Hay un texto paradigmático de Juan el Bautista, “el mayor nacido de mujer” (Mt 11,11) cuando unos y otros le van preguntando qué hacer para convertirse y prepararse al Mesías que llega: 


"unos publicanos le preguntaron: Maestro, ¿qué hacemos nosotros? El les contestó: No exijáis más de lo establecido. Unos militares le preguntaron: ¿Qué hacemos nosotros? El les contestó: No hagáis extorsión a nadie, ni os aprovechéis con denuncias, sino contentaos con la paga” (Lc 3,12-14).




            Siguiendo el interrogante que le hacían al Bautista, preguntamos también nosotros: ¿de qué modo practicar la justicia?

            -Evitando cualquier injusticia, por insignificante que sea, por ejemplo, si nos han devuelto más cambio al comprar, devolverlo y no callarse.

            -Se practica la justicia tratando con sumo cuidado aquello que no sea nuestro, que nos hayan prestado, y también lo que sea de uso común (en locales, la calles, limpieza en lugares públicos, etc.).

            -Es de justicia el no perjudicar en lo más mínimo el buen nombre, la fama del prójimo, evitando escrupulosamente el criticar, el ser chismoso; y si no se puede hablar bien de alguien, mejor es callarse.

 
            -Igualmente es de justicia el no contraer deudas sabiendo de antemano que no las podemos satisfacer a su debido tiempo, porque sería ya un fraude y un engaño.

            -Es de justicia dar el salario convenido a su debido tiempo y no retrasarse en pagar a quien trabaja para nosotros; igual que es de justicia no cobrar más de lo establecido o de lo razonable.

            -Es de justicia, dando a cada uno lo debido, que exista igualdad en el trato, en las oportunidades, en las vacaciones, en todo, pues, a igualdad de deberes corresponde igualdad de derechos. Es de justicia el reparto equitativo de trabajos, tareas y obligaciones (no que unos pocos trabajes mucho, y otros apenas tengan tarea en el mismo trabajo o empresa).

            -También es de justicia social pagar los impuestos justos establecidos por la legítima autoridad, rechazando cualquier fraude o subterfugio legal que permita encubrir y pagar menos de lo debido (p.e. facturas falsas, o aumentadas para desgravar, etc.).

            -Es de absoluta justicia evitar cualquier acepción de personas, como puede ser favorecer a alguien que no lo necesita pero es amigo y dejando sin nada a quien de verdad lo necesita; es favoritismo lo que, en lenguaje coloquial, llamamos “favores”, buscando saltarnos el turno que nos toca, o las normas para todos, presentándolo como “un favor que nadie se va a enterar” o exigiendo que nos hagan ese “favor”, ese favoritismo por razones tales como la vinculación, la antigüedad, etc. Comete injusticia tanto el que pide esa acepción y favoritismo, como el que la realiza y otorga. Es un pecado o contra la justicia, que no por extendido, debe ser admitido.

            -Y es importante destacar que es un deber de justicia, y muy grave, el reparar el pecado y el daño cometido: si se ha robado, hay que devolver lo robado, con discreción; si se ha difamado a alguien, hay que reparar la falta hablando la verdad a quien antes le hemos dicho mentiras; si uno ha retenido el salario de alguien, debe entregarlo con los intereses que en ese tiempo haya producido; si se le ha faltado el respeto a alguien, es de justicia pedirle perdón. En muchos casos, al confesar, si no se repara este tipo de pecados, la absolución es inválida.

Hay que estar muy vigilantes y no ceder ante las múltiples tentaciones contra la justicia que se presentan en forma de lógica: “si nadie te ve”, “si no se va a enterar nadie”, “si todo el mundo lo hace, no seas tonto”. 

Recordemos la justicia personal y social que pedían los profetas del Antiguo Testamento; recordemos las duras palabras de Cristo a los fariseos hipócritas denunciando sus injusticias, y el corazón lo tenían lejos del Señor; recordemos y oremos los salmos que alaban al justo y su rectitud.

Andaré con rectitud de corazón dentro de mi casa,
no pondré mis ojos en intenciones viles.

Aborrezco al que obra mal,
no se juntará conmigo;
lejos de mí el corazón torcido,
no aprobaré al malvado.

Al que en secreto difama a su prójimo, lo haré callar;
ojos engreídos, corazones arrogantes,
no los soportaré” (Sal 100).


Revístenos, oh Cristo, de tu prudencia y de tu justicia.

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