martes, 12 de abril de 2022

El sacrificio de Isaac anunciaba a Cristo (y VI)



Finalmente, podemos leer el sacrificio de Isaac como figura del sacrificio en la cruz de Jesús. 

Un sacrificio decisivo, un holocausto -como lo presenta Hb- de un Padre que "tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único" (Jn 3,16). Porque es en Jesús, del linaje de Abraham, cuando se cumple el sacrificio y la bendición. 



Sacrificio que se ofrece como cordero inmolado, igual que el carnero que ve Abraham en la cima del monte, bendición que se da como salvación a todos los hombres por la misericordia del Padre; uno se hace maldición para que nosotros alcancemos la bendición:


Él pendió de la cruz para que, colgado del madero, borrara el pecado que habíamos cometido en el árbol de la ciencia del bien y del mal... Al final él fue hecho maldición -hecho, digo, no nacido- para que las bendiciones prometidas a Abraham, siendo el autor y el precursor, fueran transmitidas a los gentiles, y la repromisión por la fe de él se cumpliera en nosotros (S. JERÓNIMO, Comentario sobre la Carta de los Gálatas).
 
                       

                        Su paciencia y obediencia prefigura, según los Padres, la paciencia y obediencia de Jesucristo, que, hecho maldición por nosotros, nos alcanza la bendición prometida:

Por último hallamos que patriarcas y profetas, y todos los justos que prefiguraban a Cristo, ninguna virtud guardaron como más digna de sus preferencias que la observancia de una paciencia y ecuanimidad a toda prueba... Así, Abraham, que cree en Dios, y es el primer padre y fundamento de los que creen, siendo puesto a prueba para sacrificar a su hijo, no duda ni vacila, sino obedece el mandato de Dios con entera resignación de su entrega. Isaac, que en figura representaba al Señor, cuando se ofrece como víctima a su padre para ser inmolado se muestra paciente (S. CIPRIANO, De los bienes de la paciencia, 10).


                        Esta lectura ya la hicieron los Padres: vieron una figura del único Sacrificio que Dios aceptó como salvación y holocausto:

Abraham tomó la leña para el sacrificio, se la cargó a su hijo Isaac, y él llevaba el fuego y el cuchillo. Los dos caminaban juntos. El hecho de que llevara Isaac la leña de su propio sacrificio era figura de Cristo, que cargó también con la cruz; además, llevar la leña del sacrificio es función propia del sacerdote. Así pues, Cristo es, a la vez, víctima y sacerdote.    Abraham tomó el cuchillo para degollar a su hijo; pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo: '¡Abraham, Abraham!' Él contestó: 'Aquí me tienes'. El ángel le ordenó: 'No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios'. Comparemos estas palabras con aquellas otras del Apóstol, cuando dice que Dios no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros. Ved cómo Dios rivaliza con los hombres en magnanimidad y generosidad. Abraham ofreció a Dios un hijo mortal, sin que de hecho llegara a morir; Dios entregó a la muerte por todos al Hijo inmortal. Abraham levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Creo que ya hemos dicho antes que Isaac era figura de Cristo, mas también parece serlo este carnero. Vale la pena saber en qué se parecen a Cristo uno y otro: Isaac, que no fue degollado, y el carnero, que sí fue degollado. Cristo padeció, pero en el carne; sufrió la muerte, pero quien la sufrió fue su carne, de la que era figura este carnero, de acuerdo con lo que decía Juan: Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. La Palabra permaneció en la incorrupción, por lo que Isaac es figura de Cristo según el espíritu. Por esto, Cristo es, a la vez, víctima y pontífice según el espíritu. Pues el que ofrece el sacrificio al Padre en el altar de la cruz es el mismo que se ofrece en su propio cuerpo como víctima (ORÍGENES, Homilías sobre el libro del Génesis. Homilía 8,6.8.9).
  

                        O también en textos patrísticos más venerables por su antigüedad, siempre es presentado el sacrificio de Isaac como figura del sacrificio de nuestro Redentor. Así, p.e., Melitón de Sardes:


Porque ha sido atado como un carnero -dice acerca de Nuestro Señor Jesucristo- y ha sido esquilado como oveja y ha sido conducido como un cordero, y ha sido crucificado como una oveja, y llevó el madero sobre sus espaldas, conducido para ser inmolado como Isaac por su padre. Pero Cristo padeció, Isaac, en cambio, no padeció porque era figura de Cristo que padecería. [Mas habiendo venido a ser la figura de Cristo, inspira a los hombres admiración y espanto. Se podía efectivamente contemplar un misterio inaudito: un hijo conducido por su padre a la montaña para ser inmolado, hijo al que colocó, con los pies atados, sobre el leño del sacrificio, después de haber preparado cuidadosamente lo que era necesario para su inmolación. E Isaac calló, atado como un carnero, sin abrir la boca y sin pronunciar palabra. Sin temer al puñal, ni aterrarse ante el fuego, ni entristecerse por el sufrimiento, animosamente, era la figura del Señor. Estaba, pues, Isaac colocado en medio, atado como un carnero, y a su ver Abraham, el puñal desenvainado, sin avergonzarse de asesinar a su hijo"].                                                                                                             

No hay comentarios:

Publicar un comentario