miércoles, 13 de noviembre de 2019

"Señor, ten piedad" - II (Respuestas - VI)



Todo esto condujo a la expresión griega “Kyrie eleison”, que se introduce en la liturgia y que, en su lengua original griega, se ha mantenido hasta hoy. ¡Señor, ten piedad!

            En las liturgias orientales se introdujo el “Kyrie eleison” como respuesta a las letanías, gozando de aceptación popular.



            Egeria, en el relato de su peregrinación, encuentra una letanía que los niños y todos responden: “Kyrie eleison”, y que ella matiza diciendo “entre nosotros se dice ‘miserere nobis’”. En el oficio vespertino, ante la Anástasis, se realiza esta oración dirigida por el diácono, orando por todos, y los presentes responden: “Kyrie eleison”:

“El obispo se levanta y se coloca ante el cancel, o sea, delante de la cueva, y alguno de los diáconos hace conmemoración de cada uno, como suele ser costumbre. Dichos por el diácono los nombres de cada uno, siempre hay allí muchos niños, respondiendo: “Κυριε, ελεισον”, como decimos nosotros “miserere nobis”. Contestan muchísimas voces” (XXIV,5).


            Las Constituciones Apostólicas, ya en el ámbito sirio, también conoce letanías de petición u oraciones, que pronunciadas por el diácono, se responden “Kyrie eleison”. Tras la liturgia de la Palabra, antes de despedir a los catecúmenos se ora por ellos: “Restablecida la calma, dirá: -Orad, catecúmenos. Y todos los fieles oran por ellos con fervor, diciendo: Kyrie, eleison” (VIII,6,3-4). Y se afirma que “después de cada una de las intervenciones del diácono el pueblo responderá: Kyrie eleison, como ya hemos indicado, y los niños lo harán los primeros” (VIII,6,9). Cuando ya se han marchado catecúmenos y penitentes, comienza una larga oración universal, con preces pronunciadas por el diácono y, al igual que la anterior, se sobrentiende que el pueblo responde igualmente “Kyrie eleison” (VIII,10,1-22).

            En Roma entró el “Kyrie eleison” como respuesta a las letanías de oración u oración universal que pronunciaba el diácono aproximadamente por el siglo V y por influencia oriental. Ha llegado hasta nosotros, en los libros litúrgicos, la deprecatio Gelasii, unas preces que se atribuyen al papa Gelasio a la que los fieles responderían “Kyrie eleison”: es una letanía romana al inicio de la Misa. La veremos cuando tratemos de la Oración de los fieles.

            Pero, sin embargo, la letanía desapreció aunque supervivió el Kyrie eleison al inicio de la Misa, como canto autónomo, vestigio de la antigua letanía romana con intenciones y súplicas adelantada a los ritos iniciales de la Misa. Esto ocurrió ya en época de san Gregorio Magno (s. VI-VII).

            El Sacramentario Gregoriano afirma que la Misa comienza con el canto del Introito “y luego el Kyrie eleison” (Gr-H 2), y el Ordo romanus I, del siglo VIII, al describir la Misa papal, señala:

“La schola, una vez ha acabado de cantar la antífona del salmo, empieza el Kyrie eleison. Y acto seguido los acólitos colocan los ciriales en el pavimento de la iglesia: tres, en efecto, en la parte derecha, tres en la izquierda y uno en el medio, en el espacio que queda entre los demás. El que ocupa el primer lugar de la schola aguarda a que el pontífice le indique cuando quiere poner fin a las invocaciones titánicas y se inclina hacia el pontífice” (n. 52).

            En la liturgia romana, existen unas letanías, además, que se cantan con el Kyrie eleison durante algunos oficios, entre los que hay que destacar la Vigilia pascual. Cuando van en procesión al baptisterio, cuando están bautizando, cuando luego retornan se cantan las letanías que se llaman “septena”, “quina” y “terna”, por el número de veces que se repetía la invocación con la respuesta “Kyrie eleison”: “Para emplear santamente aquel tiempo se cantaban tres veces las letanías, pero de forma que, en un principio, cada invocación era repetida siete veces, después cinco y, finalmente, tres” (M. RIGHETTI, Historia de la liturgia, tomo I, Madrid 1955, 827).

            Cuando es cantado, se fue desarrollando la invocación con diversos tropos, frases alusivas a Cristo que terminaban con invocación Kyrie eleison. Estas melodías, a partir del siglo X, con el nuevo florecimiento del gregoriano, se hallan en el Kyriale. Estos tropos dieron nombre a las Misas, por ejemplo, “Lux et origo”, “Orbis factor”, “Pater cuncta”, etc.

            Así llega hasta nosotros el “Kyrie eleison – Señor, ten piedad” en el Ordinario de la Misa. Se mantiene como un canto autónomo, independiente, de aclamación a Cristo al inicio de la Misa una vez que ha terminado el acto penitencial y antes del himno Gloria.

            Es un canto “con el que los fieles aclaman al Señor e imploran su misericordia” (IGMR 52), ya que es confesión de fe, reconocimiento de Cristo como único Señor y apelación a su entrañable misericordia. Pertenece a todos los fieles cantarlo, y no se reserva únicamente al coro o schola: “deben hacerlo ordinariamente todos, es decir, que tanto el pueblo como el coro o el cantor, toman parte en él” (IGMR 52). Normalmente cada invocación se canta dos veces, “pero no se excluyen más veces, teniendo en cuenta la índole de las diversas lenguas y también el arte musical o las circunstancias” (IGMR 52). Este canto del “Señor ten piedad” se realiza si no forma parte antes del acto penitencial.

            Con la reforma litúrgica por mandato del Concilio Vaticano II, el “Señor, ten piedad” se ofrece como tercera fórmula del acto penitencial.

            Tras la monición sacerdotal invitando al recogimiento interior y humilde confesión de las culpas, hay una pausa de silencio. Entonces el sacerdote, o un diácono, pronuncia cada una de las invocaciones, o tropos, que terminan cantando “Señor, ten piedad”, que luego repiten todos. Dice la Ordenación general: “Cuando el Señor, ten piedad se canta como parte del acto penitencial, se le antepone un “tropo” a cada una de las aclamaciones” (IGMR 52).

            Esta invocación se dirige a Cristo como una aclamación y reconocimiento de su redención: “Tú, que has sido enviado a sanar los corazones afligidos: Señor, ten piedad”, “Tú, que no quieres la muerte del pecado sino que se convierta y viva: Cristo, ten piedad”… Se dirigen a Cristo directamente, añadiendo una oración de relativo para explicitar algún aspecto de su persona y su misión salvadora.

Desfigura este sentido, y lo vuelve monótono, cuando se convierte en una petición de perdón indicando algún pecado: “Porque hemos sido egoístas… Porque no hemos sabido comprender y acoger: Señor, ten piedad”. Aparte de que es un lenguaje pobre, muy poco adaptado a la tradición litúrgica romana, olvida que aquí lo importante es mirar a Cristo: “Tú, que…”, y no enumerar una confesión de las propias culpas. Tampoco, es evidente, se puede sustituir el Kyrie eleison por un genérico “canto de perdón”, que en ningún lugar de la IGMR se cita o se da la posibilidad.


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