jueves, 16 de abril de 2020

Sentencias y pensamientos (XIII)

[Sobre el sacerdocio, y en general y por extensión, para la vida cristiana:]





6. El sacerdocio no es para vivir amargados, en constante tensión dramática, de lucha y superación, sino vivir en Cristo su vida pastoral de amor y transmisión de la vida nueva, de la santificación. Suaviza tu corazón.



7. Veo con claridad que el Señor pone deseos irrealizables de oración en el corazón de sus sacerdotes. Los pone para que le busquemos, pero nunca permite saciarlos. Se desea más tiempo, más calidad, más intensidad, más amor... pero hay una agenda, unas prioridades, unos trabajos que se acumulan y se multiplican y nos limita. Sin embargo, el deseo puesto por Dios nos recuerda nuestra primera necesidad, la comunión de vida y destino, comunión de amor con el Sacerdocio de Cristo. Es precioso que descubras tu función de orante por el Pueblo de Dios, y es que somos intercesores, oramos por nuestro pueblo cristiano, incluso antes que por nosotros mismos.



8. A la par que la plegaria personal, la vida litúrgica y sacramental, encuentros reales con el Resucitado, vívelos muy contemplativamente, que calen en las fibras de tu alma, que goces y experimentes el Misterio que tratas con tus manos. Lucha para evitar las distracciones, haz continuos actos de presencia de Cristo recordando la Verdad de lo que realizas, siendo instrumento transparente de Cristo por el Orden sacerdotal. Con piedad, con recogimiento.





9. El contenido de nuestra vida es el amor, y, con matiz de Teresita de Lisieux, amor no por nada, sino por “agradar a Jesús”, en clave de relación personal, de don y entrega amorosa. Sin buscar nada, sólo por alegrar a Cristo, vivir en amor, darle nuestro amor en lo cotidiano, aburrido, monótono, gozoso, de nuestra vida.




10. Todo lo vivido en amor luego se ofrece al mismo Cristo en la plegaria y en la liturgia. ¡Es que el mismo eje del misterio de la Redención es el amor! Colaboramos con esa Redención cuando vivimos en el amor.




11. Vive el momento presente, poniendo tu vida en Cristo y entregándote a la oración. Que sea más estar con Cristo que leer; más amarle que pedirle; más contemplar que meditar.

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