La
santidad es profundamente provocadora, a nadie deja indiferente la presencia de
un santo que nos remite a Dios y cuestiona sin palabras un modo de vivir
cristiano anodino, mediocre, rutinario.
La
santidad es creativa porque están muy atentos los santos a las mociones del
Señor, a las inspiraciones del Espíritu Santo para entregarse, para darse, para
ofrecer respuestas originales a las necesidades de su tiempo, sin temor ante la
reacción de desconfianza o prejuicio de los hombres.
Ellos
son entonces la respuesta de Dios a las necesidades y desafíos de la Iglesia.
Son la respuesta más completa que puede dar la Iglesia.
La
Iglesia, su organismo sacramental, su magisterio vivo, su gobierno pastoral, su
forma de vivir en comunidad, está por completo al servicio de suscitar y
acompañar la santidad de sus hijos: ¡sólo para eso!, ¡nada más y nada menos que
para eso!

