La “oración de Jesús” o la “oración del corazón”:
“Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí” (Mc 10,47).
La “oración a Jesús”,
conocida también como “oración del corazón” es una breve fórmula piadosa: “Señor Jesús, Hijo de Dios, ten piedad de
mí”, algunas veces con el añadido: “pecador”, repetida en el marco de un
método.
Son muchos los Padres del
desierto que parecen recomendar invocaciones semejantes a lo que sería
finalmente la “oración a Jesús”. En el Ciclo copto de apotegmas de Macario (¿s.
VII-VIII?) se puede leer: «Bienaventurado aquel que persevera, sin cesar y con
contrición del corazón, en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo». Y se recomienda
“poner atención en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo cuando tus labios
están en ebullición para atraerlo, pero no trates de conducirlo a tu espíritu
buscando parecidos. Piensa tan sólo en tu invocación: Nuestro Señor Jesús, el
Cristo, ten piedad de mí”.
Conviene, también, traer a
colación el testimonio de un tal Filemón. Al recomendar un camino espiritual a
un hermano, le dice: “Ve, practica la sobriedad en tu corazón, y en tu
pensamiento repite sobriamente, con temor y temblor: ‘Señor Jesucristo, ten piedad de mí’”. En otra ocasión amplía la
fórmula: “Señor Jesucristo, Hijo de
Dios, ten piedad de mí”.
Desde esos antiguos tiempos hasta el nuestro irá
haciendo fortuna el ejercicio espiritual del nombre de Jesús, particularmente
entre los cristianos orientales, bizantinos y rusos en especial. La difusión
extraordinaria que tuvo el Relato del peregrino ruso hizo muy conocida la
“oración de Jesús” en el Occidente; este peregrino narra su búsqueda interior
para poder llegar a orar siempre, sin cesar, pero no sabe cómo. Se encuentra
con un staretz (anciano, padre espiritual), que le aconseja: