Sin la humildad, el edificio se resiente y se viene abajo. Sin la humildad, la tierra de nuestro corazón impide que florezcan flores y frutos buenos, hermosos y comestibles.
La humildad es la base de todo crecimiento moral así como la soberbia es la que arrasa con todo y destruye lo que encuentra por delante.
Sólo con humildad, y una súplica constante de la gracia, podremos ir adquiriendo las virtudes con la suficiente solidez como para no ser arrancadas, sino hundiéndose en nuestro ser, bien firmes.
"La raíz de las virtudes
Un bello pasaje hermenéutico, en su sermón sobre la natividad [de san Bernardo] manifiesta el carácter propiamente radical de la humildad para san Bernardo. Cuando el ángel aparece a los pastores, advierte el santo, les dice: "encontraréis a un recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre" (Lc 2,11). Pero unos líneas más adelante, está escrito que "fueron corriendo y encontraron a María, a José y al recién nacido acostado en el pesebre" (Lc 2,16). ¿Por qué esta diferencia, por qué "la humildad sola parecer ser alabada por el ángel,y por tanto solamente encontrada por los pastores"? Los pastores parten a la búsqueda de la humildad, cuya figura es el niño Jesús, y sin embargo encuentran al llegar, no la sola humildad, sino otras virtudes, la continencia y la justicia. Quien busca la humildad descubrirá algo más que la humildad. Quien se apresura para verla verá algo más que no ha venido a ver. Cuando se promete la humildad, siempre hay algo más. Cuando se anuncia la humildad, siempre llega algo más. Por los pastores, "no se encontró sola, porque siempre la gracia se da a los humildes".

