lunes, 4 de mayo de 2020

¿La vida cristiana es alegre o triste?

La pregunta es fundamental: la vida cristiana, ¿es alegre o triste?

Por su propia naturaleza, ¿es alegría o es una carga pesada y angustiosa?

Por nuestra forma de presentarla, ¿es alegre y atrayente o un fardo pesado?


Quien nos ve desde fuera, ¿ve rostros alegres y felices?

Además, ¿de qué alegría se trata? ¿Del bullicio, del optimismo ingenuo, del chiste fácil?

¿Cómo es entonces la vida cristiana? ¿Posee atractivo y felicidad para el corazón?

Enseñaba Pablo VI:



“¿La vida cristiana es alegre o triste? Cuestión elemental, pero fundamental. Y para nosotros que estamos habituados a clasificar el mérito de las cosas según una valoración subjetiva, es decir, utilitaria, la cuestión puede decirse decisiva. Es decir, ¿ser cristianos nos hace felices, o bien nos impone límites, deberes, cargas que vuelven triste e infeliz a la vida, o menos feliz, menos plena que aquella que no se califica de cristiana?

            …Podríamos mencionar, en este punto, la tendencia de cierta pedagogía moderna, que intenta justificar este estilo instintivo de vida, como el más lógico y de veras el más feliz: abolir los deberes, los frenos, los límites y dar libertad, expansión, satisfacción a los instintos y a los intereses subjetivos sería la fórmula liberadora para el hombre moderno, el rescate de tantos tabúes de la educación tradicional y puritana de tiempos ya superados; a condición de que se salven las normas de la higiene (¡y en ocasiones ni siquiera éstas!), y las de un cierto comportamiento social, todas las demás estructuras éticas y espirituales sólo sirven para hacer infeliz la vida. Vuelve en auge triunfante el naturalismo inocentista de tiempos pasados con sus expresiones epicúreas, o con sus apologías del primado de la vida hedonista, física y pagana. ¿Qué sería la felicidad? Está claro que la concepción cristiana de la vida se opone claramente, profundamente a tal género de felicidad. Digamos por ahora todo con una palabra: el punto de apoyo de la vida cristiana es la cruz. Escándalo y necedad se considera la cruz para el mundo no cristiano, pero para nosotros, nos enseña san Pablo desde la primera confrontación de su mensaje con el mundo circundante, Cristo crucificado es poder de Dios, es sabiduría de Dios (cf. 1Co 1,23ss).


            Pero retomemos la pregunta, con alguna ansiedad: ¿la vida cristiana es alegre, o triste? La respuesta es luminosa y beatificante: la vida cristiana es alegre, por su naturaleza; es feliz, por su genio original y superando la común concepción de la existencia humana; es bienaventurada, porque así la proclama el mensaje evangélico de las bienaventuranzas, y así la promete, y ya desde ahora la asegura la palabra de Cristo: “Os he dicho estas cosas para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud” (Jn 15,11).

            Este punto es muy importante. Se necesita formar primero en nosotros la concepción dominante de que la vida cristiana es feliz. Decíamos la vida cristiana auténtica; y decíamos feliz en el sentido superior, intangible e inagotable, que nos es dado por la caridad, es decir, por la acción del Espíritu Santo en nuestras almas.

            Recordémoslo bien: quien vive en gracia de Dios posee por ello mismo una fuente de felicidad, que ninguna dolencia exterior y ni siquiera ninguna depresión interior puede extenuar y extinguir.

            La vocación cristiana es una invitación a la bienaventuranza. Ninguna condición de espíritu puede hacernos íntimamente felices como la paz de la conciencia. Digamos mejor: como la gracia, es decir, la caridad. La alegría es un don de la caridad, como la paz. No se distingue de la caridad, pero emana de ella (cf. Gal 5,22; S.Th. II-IIae, 28, 1; y 4). Recordemos siempre: “el reino de Dios no consiste en comer o beber, sino en la justicia, la paz y la alegría en el Espíritu Santo” (Rm 14,17)

Queremos también exhortaros, Hijos y Hermanos en la Iglesia Católica, a vivir en la serenidad y en la alegría, con las conocidas palabras del Apóstol: “Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres” (Flp 4,4; 3,1; 2,18; 2Co 6,10; 1Jn 1,4; etc). Y sea vuestra pura y alegre alegría también un testimonio de la autenticidad de la vida cristiana: ella es feliz”


(Pablo VI, Audiencia general, 19-junio-1974).

2 comentarios:

  1. Es alegre, entre lágrimas, risas y sonrisas pero es alegre porque la muerte ha sido vencida. Aunque algunos cuando salen de Misa parecen sus caretos que los hayan condenado al infierno ajaja. Abrazos fraternos.

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