miércoles, 10 de julio de 2013

Tentación del miedo (apostolado IV)

¡Cuántas veces el Señor dirá a sus profetas: "No les tengas miedo"! Jesucristo anunciaba que llevarían a los tribunales a sus discípulos pero que el Espíritu hablaría por sus bocas.

    El miedo irracional, tal vez timidez, tal vez pánico frente a algo nuevo, tal vez cobardía, es tentación del Maligno. Frente al apostolado, el miedo pretende paralizarnos (todo miedo paraliza como sistema de defensa) y dejarnos en la cómoda instalación, en los brazos cruzados, en los ajos y cebollas de Egipto en vez de la arriesgada libertad del Mar Rojo y del desierto. El miedo hace olvidar que el Señor despliega su brazo poderoso en favor de los elegidos y les da el Espíritu de fortaleza.

El testimonio cotidiano parece fútil e incapaz de mejorar las personas y condiciones que lo rodean. La tentación del desánimo y del cansancio es más fuerte en el testimonio que en la predicación y en las acciones organizadas de caridad y justicia, pues estas últimas suelen recibir crédito y reconocimiento. El testimonio, en cambio, por su misma naturaleza es demasiado poco espectacular y cotidiano como para suscitar -salvo casos particulares- reconocimiento explícito .

    El miedo nos ciega y no nos deja ver la Providencia del Señor. El miedo nos puede impulsar incluso a negar a Jesús antes de que el gallo cante tres veces.

  
 El miedo al qué dirán, al fracaso, a la burla, a la crítica o la persecución, el miedo a no se sabe bien qué realidad. El temor no viene de Dios. "El amor expulsa el temor" (1Jn 4,18), y el amor de Dios es el único que puede llenar el corazón y rechazar todo temor. Sentirse lleno del Espíritu que impulsa a la acción apostólica, poner en manos del Padre todos los temores que Él los destruirá y protegerá a sus enviados.

 Ante el miedo que puede paralizarnos e impedir el apostolado, lo primero será orar y mucho ante la Presencia del Señor; Él, en el Sagrario, nos irá reconfortando y dando la valentía de su Espíritu Santo. Luego, con acción de gracias, hacer memoria de las muchas veces que el Señor nos ha ido librando de la boca del león, sabiendo que Quien lo hizo, lo hará; El que actuó, actuará de nuevo.

Entonces, con suavidad, decir: Aquí estoy. Confío en ti. A tus manos encomiendo mi espíritu.

4 comentarios:

  1. El futuro santo Juan Pablo II, hace muchos años: ¡No tengáis miedo a abrir de par en par las puertas a Cristo!

    Esta expresión es, posiblemente, uno de los gritos más esperanzadores y revolucionarios del mundo contemporáneo, que se debate entre la angustia y los miedos hacia los monstruos que él mismo ha creado: la guerra, la cultura de la muerte, la pérdida de la dignidad humana...

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  2. El episodio evangélico de Cristo andando sobre las aguas e invitando a Pedro a andar sobre el mar, es paradigmático. Nos falta fe en la Divina Providencia, lo que conlleva que no tengamos esperanza y nos falle la caridad. Hay que atreverse a dar el primer paso. Después el Señor nos sostendrá de manera sorprendente.

    Que Dios le bendiga D. Javier :D

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  3. Tendríamos que tener mucho más miedo a no estar con CRISTO, y a no estar en GRACIA de DIOS. Intuyo que por ahí va lo que se llama temor de DIOS. Muchas gracias, Padre, feliz descanso. DIOS le bendiga.

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  4. Ser valiente, no ceder a la tentación del miedo, no implica no tener miedo ni ser un inconsciente, sino superar la tendencia a quedar inmóvil, actuar, hablar…, “vivir el plan de Dios para ti” a pesar del miedo. El miedo es miedo a la muerte, a las distintas clases de muerte (“fracaso, burla, crítica, marginación, persecución, miedo a no se sabe bien qué”). El cristiano debe aprender a morir para aprender a vivir porque para nosotros la valentía es fruto de la libertad propia de los hijos de Dios.

    ¡Dad al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios! es un grito de libertad del cristiano. En versión mística, santa Teresa de Jesús les decía a sus monjas: tenéis que comeros la muerte.

    Contra el cansancio: unas buenas risas, si es posible en compañía de aquellos que te quieren de verdad. Una frase que me encanta: no te preocupes por lo que piensan de ti; no sea iluso, no piensan en ti. Una actitud: ya he aprendido mil formas erróneas de hacer mal las cosas; me prepararé, pensaré, seguiré intentándolo. Hace unos días nos lo indicaba san Agustín: que el último día me encuentre al menos luchando porque confío en ti.

    Y no olvidemos el rapapolvo de Jesús en la tempestad: “¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?”.

    En oración ¡Qué Dios les bendiga!

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