A veces, tal vez más que explicar las cosas, lo mejor es la experiencia misma y luego iluminarla.
Para comprender qué es la adoración eucarística, nada mejor que ir, sin prejuicios y con tranquilidad, a vivirla gozosamente en la parroquia, estando de rodillas ante Cristo en la custodia.
Aprendemos a orar, mucho mejor y más fácilmente, cuando compartimos la oración de alguien, y vemos cómo se refiere al Señor, cómo le trata, qué le pide. Entonces estamos siendo iniciados.
El Papa Benedicto XVI, en Lourdes en el 2008, ante el Santísimo expuesto, dirigió una alocución que era más que nada una plegaria al Señor, allí presente. El tono, la forma, la adoración, la suavidad en sus palabras, nos pueden servir de catequesis para aprender cómo tratar nosotros al Señor cuando, de rodillas, participamos de la adoración eucarística.
Aun cuando es larga la alocución del Papa, merece el reposo para ser leída e interiorizada.
"Señor Jesús, estás aquí.
Y vosotros, hermanos, hermanas, amigos míos.
Estáis aquí, conmigo, ante Él.
Señor, hace dos mil años, aceptaste subir a una Cruz de infamia para resucitar después y permanecer siempre con nosotros, tus hermanos, tus hermanas.




