sábado, 12 de noviembre de 2016

Enfermedad, enfermos y enfermeros

Vamos a una catequesis que ilumine no sólo la propia enfermedad en quienes la padecen, sino el cuidado y la atención que prestan el personal sanitario y los familiares.

Las palabras las pronunció Pablo VI y ayuda a entender, mejor, a vivir el sufrimiento de la enfermedad y también cómo amar y servir al enfermo en un ejercicio muy paciente de la caridad verdadera.


El dolor es una escuela difícil pero que logra aquilatar y purificar la fe, conduciéndonos al descubrimiento de lo que es realmente importante y soltando las amarras de lo superfluo.



"A vosotros -enfermos, convalecientes, recuperados, familiares, religiosos y religiosas, enfermeros-, aquí presentes, querríamos dejaros un mensaje particular como recuerdo de este encuentro tan grato.

Junto a los hermanos que sufren

En primer lugar a vosotros, que os ocupáis en diversos modos de la asistencia a los enfermos -sea por vocación consagrada a Dios y a los hermanos, sea por ternura y obligación familiar, o por deber profesional-, queremos manifestaros el gran valor que asume vuestra obra, el mérito tan grande que adquiere para la vida eterna. Lo que os impulsa es la "compasión" hacia los queridos enfermos, en el sentido más alto y verdadero de la palabra, que significa "padecer-con" los demás. Tenéis el mérito de compartir el sufrimiento, esta misteriosa e indescifrable presencia en la humanidad herida por el pecado original, que es consecuencia de la arcana rebelión que este pecado ha introducido en la naturaleza creada y en la psique y la carne del hombre; por esta "compasión" promovéis la asistencia, el cuidado, la solicitud, las velas, las incesantes y trepidantes prematuras de la caridad, hacéis vuestros los sentimientos de los que sufren. 

jueves, 10 de noviembre de 2016

Nadie reza solo (I)

La teología de la oración nos muestra el aspecto, más que comunitario, eclesial de toda oración. Lo comunitario sería la oración junto con otros, la misma oración, marcada por la liturgia; lo eclesial puede ser comunitario pero también puede ser personal, privado.

Nadie reza solo. 

Cuando un cristiano reza, toda la Iglesia está rezando en sus labios y en su corazón. No somos partes aisladas, sino un todo, un Cuerpo en el que todo se comunica porque es uno. En cada uno, delante de Dios, está "sintetizada", "compendiada", la Iglesia entera, la del cielo y la de la tierra.

No, nadie reza solo. 

La oración más secreta, más solitaria, es siempre oración eclesial, rodeada de la Iglesia entera. 

Una visita sosegada al Señor en el Sagrario, no es un acto privado o intimista, sino una oración eclesial, de toda la Iglesia, por una sola persona arrodillada. 

Las Laudes, por la mañana temprano, antes de empezar la jornada e incluso antes de que salga el sol, rezando a solas en la habitación o en la capilla, es oración de toda la Iglesia aun cuando la reza una persona sola. 

El cuarto de hora o la media hora de oración personal, es oración de toda la Iglesia que crece cuando un alma está creciendo en la oración. 

El rezo del Rosario, caminando, paseando, musitando las Avemarías y pensando en los misterios ya ofrecidos, es oración no privada, subjetiva, sino igualmente eclesial.

Así como Cristo murió en la cruz, "uno por todos", y existe una solidaridad sobrenatural donde Cristo está unido a todos sus hermanos, a la humanidad entera, así el orante ante Dios es una reproducción de ese "uno por todos". Nadie reza solo: estamos en el "uno por todos". Y eso se llama "comunión de los santos".

martes, 8 de noviembre de 2016

Las claves de la nueva evangelización (y VI)

Llegamos ya al punto final de la conferencia de Ratzinger sobre la nueva evangelización, pronunciada en el Jubileo de los catequistas en el año 2000. Si ha ido siendo asumida y reflexionada, a lo largo de estos meses de catequesis, habremos alcanzado una claridad de ideas cuando suelen reinar tantos tópicos y tantas confusiones acerca de la nueva evangelización.


Ya vimos que se trata de una acción necesaria junto a la evangelización permanente o constante que siempre se da en las parroquias y comunidades cristianas, pero que nace de la convicción y ardor de quien conociendo a Cristo, quiere anunciarlo y hacerlo presente a todos. Será una tarea lenta -el grano de mostaza-, a veces insignificante, y renunciando al éxito cuantitativo y a los grandes números, pero sabiendo que es necesario realizarla. Esto, además, conlleva tanto la oración como el sacrificio del apóstol, su sufrimiento, que siempre será fecundo.

Pero igualmente había que atender al contenido mismo de la evangelización:

a) la conversión
b) el Reino de Dios
c) Jesucristo
d) la vida eterna

"La vida eterna" es el último contenido de la nueva evangelización, según apunta Ratzinger en esta lección magistral; es otro punto discordante para lo que estamos acostumbrados a oír sobre lo que es 'evangelizar', que se ciñe a lo terrenal, progreso, humanitarismo, etc.

Sus palabras son precisas:

sábado, 5 de noviembre de 2016

Una vida en santidad (cosas concretas)

Podríamos entender, asumir y encajar esta catequesis como una serie de principios y normas prácticas de cómo se es santo, de cómo se vive en santidad.

Nada extraordinario, tal vez, y además vivido en lo cotidiano, en lo monótono, allí donde el Señor nos ha situado. Pero es que la santidad es algo concreto y posible gracias al Espíritu Santo que hemos recibido en el Bautismo y la Confirmación.

Entonces, ¿qué es ser santo? Vivir con un modo nuevo, el de Jesucristo.

¿Reservado a un club, una élite, unos pocos? No. La santidad es la vocación común de todo bautizado.


"Es menester, hijo, que tengas la sabiduría para perseverar, como la tuviste para elegir. Sea fruto de tu sabiduría el saber de quién es ese don. 'Revela al Señor tu camino y espera en Él, y Él hará y llevará tu justicia como lámpara y tu juicio como un mediodía. Él hará rectos tus senderos y hará seguir en paz tus caminos'. 

Como desdeñaste lo que esperabas en el mundo para no gloriarte en la abundancia de tus riquezas, que habías comenzado a codiciar al estilo de los hijos de este mundo, así ahora, para llevar el yugo y la carga del Señor, no confíes en tu vigor, y entonces aquél te será suave y ésta ligera.

Porque juntamente se condena en el Salmo a 'los que confían en su vigor y a los que se glorían en la abundancia de sus riquezas'. Aún no poseías la gloria de las riquezas, pero con suma sabiduría despreciaste esa gloria que deseabas tener. Cuida ahora de que no se te deslice la confianza en tu fuerza, ya que eres hombre y es 'maldito todo el que pone su esperanza en el hombre'.

jueves, 3 de noviembre de 2016

Sobre la esperanza (y IV)

La esperanza, tan bella, tan serena, tan necesaria, va transformando nuestra existencia y orientándonos hacia la "sustancia" sobre la que fundamentarnos.

Pero esta esperanza, virtud teologal, sobrenatural, no es sin más un sentimiento personal, ni siquiera una actitud personal y privada; posee una innegable dimensión social y también cósmica, que afecta a la creación entera.

Son las palabras del artículo del card. Ratzinger que vamos leyendo poco a poco, las que nos ofrecen esta dimensión social y cósmica de la esperanza enmarcándola como un componente del franciscanismo. Está en Communio, ed. francesa, IX, 4, junio-agosto 1984.


"c. La dimensión social y cósmica de la esperanza

Falta una cuestión. Se podría objetar a lo que acabamos de decir que una vez más todo esto tendería a la fuga a la interioridad y que el mundo en cuanto accidente estaría condenado a la ausencia de esperanza. Se trataría en realidad precisamente de crear tales condiciones de vida que la fuga a la interioridad fuera inútil ya que el sufrimiento estaría evacuado y el mundo mismo se convertiría en paraíso. Evidentemente no podría ser cuestión de intentar, en el marco de estas reflexiones, debatir las teorías marxistas y evolucionistas sobre la esperanza. Baste plantear aquí dos contra-cuestiones para devolver todo a una buena luz. Primero: la creencia del paraíso en medio de los hombres, ¿no está ya segura de ponerse en marcha cuando éstos serán librados de la furia de poseer y cuando su libertad interior y su independencia cara a cara ante los poderes y la posesión habrán despertado en ellos una gran bondad y una gran serenidad? ¿O, por otra parte, hacer comenzar la transformación del mundo, sino con la transformación de los hombres? ¿Y qué transformación podría ser más liberadora que la que engendra un clima de alegría?

Llegamos ya a la segunda contra-cuestión. Comenzamos por una constatación: la esperanza, de la que Francisco es el garante, hizo todo lo contrario a un retiro interior e individualista. Engendró el valor de la pobreza y la aptitud a la vida en comunidad. Por una parte ha planteado, en la comunidad de los hermanos, de nuevos principios de vida común, y por otra parte ha aplicado a la vida cotidiana de la época, en la Tercera Orden, esta anticipación comunitaria del mundo por venir.