viernes, 20 de mayo de 2016

Justificados por gracia (San Agustín)

¿Justos por nosotros mismos? Más bien justificados por pura gracia. Es la doctrina agustiana expuesta en la carta 194.

"6. Los que ignoran la divina justicia y quieren establecer la propia, no quieren que Él tenga la gloria cuando justifica a los impíos con la gracia gratuita. Cuando se ven acosados por las voces de los hombres piadosos y religiosos que protestan, confiesan que Dios los ayuda a adquirir o retener la justicia, pero de modo que siempre preceda un mérito propio, como queriendo dar por delante para que se lo pague aquel de quien se dijo: “¿Quién le dio a Él primero para que se le devolviera?” Piensan que su mérito va  siempre delante de aquel de quien oyen, o más bien a quien no quieren oír: “Porque de Él, y por Él, y en Él están todas las cosas”. 

La profundidad de la divina sabiduría y ciencia se refiere a las riquezas, y a esas riquezas pertenecen las de la gloria empleadas en los vasos de misericordia que llama a su adopción. Tales riquezas quiere mostrarlas por medio de los vasos de ira, para que fueran terminados para su perdición. ¿Y cuáles son estos caminos misteriosos, sino aquellos de los que se canta en el salmo: “todos los caminos del Señor son misericordia y verdad?” Son, pues, misteriosas su misericordia y su verdad, ya que “se apiada de quien quiere”, y no por justicia, sino por gracia y misericordia; y “endurece a quien quiere”, pero no por iniquidad, sino por verdad del castigo. 

Esa misericordia y verdad se ajustan entre sí, como está escrito: “La misericordia y la verdad se encontraron”. De modo que ni la misericordia impide la verdad con que es castigado quien lo merece, ni la verdad impide la misericordia con que es liberado quien no lo merece. ¿De qué méritos propios va a engreírse el que se salva, cuando, si se mirase a sus méritos, sería condenado? ¿Quiere decir eso que los justos no tienen mérito alguno? Lo tienen, pues son justos. Pero no hubo méritos para que fuesen justos; fueron hechos justos cuando fueron justificados, y, como dice el Apóstol, “fueron justificados gratis por la gracia divina”.

jueves, 19 de mayo de 2016

¡¡Sacerdotes del Señor!!


"Bien sabéis lo que la Iglesia y las almas esperan de vosotros:

una fidelidad constante a las exigencias del carácter sacramental,

una actitud de servicio consagrado a los demás,

una entrega cotidiana a la tarea de santificación,
para no ensombrecer la auténtica fisonomía de vuestra realidad misteriosa y estupenda.
Sois herederos, instrumentos de Cristo;

mediadores de sus dones.

Se os pide, por tanto -y de ello sois gozosamente conscientes-,

ser testimonios nítidos, convincentes, del Cristo fuerte y humilde, 
sincero y obediente,
recogido y operante,

que extiende el misterio de su redención

y que, a través de vuestra palabra y acción sacerdotales,

continúa su obra de salvación para el mundo.

Vivid siempre lo que sois,

lo que representáis,

lo que tratáis".

(Pablo VI, Disc. a diez nuevos sacerdotes, Oss Rom, 22-marzo-1968).

miércoles, 18 de mayo de 2016

Una catequesis pascual

Las realidades centrales de nuestra fe tal vez no sean fáciles de explicar con palabras humanas: cruz, resurrección y glorificación de Cristo, sin embargo son centrales, nucleares, y aunque cueste trabajo explicarlas, las tenemos recibidas por unos testigos cualificados. Los apóstoles son testigos de lo que han vivido y simplemente testifican unos hechos que los marcaron ya para siempre.


Lo primero es el anuncio del Señor resucitado.

Aquel que murió en la cruz, que fue depositado en un sepulcro nuevo excavado en la roca que aún no había sido usado, y allí reposó hasta la mañana del domingo, ha resucitado, está vivo y glorioso en circunstancias nuevas, con el mismo cuerpo pero "espiritual", no sometido al espacio y al tiempo.

lunes, 16 de mayo de 2016

El rito de la paz en la Misa (y III)

Para una digna realización del rito de la paz en la Misa, que refleje la verdad de lo que se hace -la paz de Cristo- y se evite lo que lo desfigura (meros saludos y abrazos sin más, intentando saludar a todos), la Congregación para el Culto divino, con carta de 8 de junio de 2014, ha recordado lo que ya estaba marcado.



Recoge citas del Misal romano y, explicando el sentido de este rito, recuerda cómo hay que realizarlo y cuáles son las maneras defectuosas que se han introducido.




6. El tema tratado es importante. Si los fieles no comprenden y no demuestran vivir, en sus gestos rituales, el significado correcto del rito de la paz, se debilita el concepto cristiano de la paz y se ve afectada negativamente su misma fructuosa participación en la Eucaristía. Por tanto, junto a las precedentes reflexiones, que pueden constituir el núcleo de una oportuna catequesis al respecto, para la cual se ofrecerán algunas líneas orientativas, se somete a la prudente consideración de las Conferencias de los Obispos algunas sugerencias prácticas:

a) Se aclara definitivamente que el rito de la paz alcanza ya su profundo significado con la oración y el ofrecimiento de la paz en el contexto de la Eucaristía. El darse la paz correctamente entre los participantes en la Misa enriquece su significado y confiere expresividad al rito mismo. Por tanto, es totalmente legítimo afirmar que no es necesario invitar “mecánicamente” a darse la paz. Si se prevé que tal intercambio no se llevará adecuadamente por circunstancias concretas, o se retiene pedagógicamente conveniente no realizarlo en determinadas ocasiones, se puede omitir, e incluso, debe ser omitido. Se recuerda que la rúbrica del Misal dice: “Deinde, pro opportunitate, diaconus, vel sacerdos, subiungit: Offerte vobis pacem” [8].

b) En base a las presentes reflexiones, puede ser aconsejable que, con ocasión de la publicación de la tercera edición típica del Misal Romano en el propio País, o cuando se hagan nuevas ediciones del mismo, las Conferencias consideren si es oportuno cambiar el modo de darse la paz establecido en su momento. Por ejemplo, en aquellos lugares en los que optó por gestos familiares y profanos de saludo, tras la experiencia de estos años, se podrían sustituir por otros gestos más apropiados.


sábado, 14 de mayo de 2016

El cristianismo crea un hombre nuevo

El humanismo cristiano es humanismo de virtudes, es decir, va creando un hombre "virtuoso", donde el bien va siendo cada vez más connatural a él, por el ejercicio repetido de actos de virtud.

Las virtudes naturales y humanas son reforzadas, potenciadas, por el cristianismo. El cristianismo crea hombres auténticos y plenos. ¿Es una ideología humanista, una ética humanista? ¿Tiene al hombre por centro? No, tiene a Jesucristo porque en Él sabemos quién es Dios y vemos qué es el hombre. El cristianismo conforma a cada hombre con el Modelo y Arquetipo, el Hombre Cristo Jesús.


Esto se hará a base de esfuerzo, trabajo interior, ascesis, desarrollando todo lo bueno del hombre, ejercitándolo en el bien y la verdad, en la belleza y el crecimiento de las virtudes para que forman parte de él, de su actuar.

                "A cuantos se plantean la cuestión que ahora vamos a desarrollar, sobre la perfección humana, sobre el ideal hacia el cual el hombre moderno debe orientarse, se le ocurren muchos pensamientos que constituyen una de las características de la mentalidad de los hombres de nuestro tiempo. En general, estos pensamientos parten de una valoración negativa de los tipos humanos, según los cuales nos ha educado la pedagogía de las generaciones precedentes; una crítica audaz, y frecuentemente cruel, ataca a los hombres ejemplares que nos han precedido; la estatura de los héroes de los tiempos pasados se limita y se reduce a niveles frecuentemente inferiores a los normales, especialmente los representantes de las generaciones próximas a la nuestra son rechazados sin más como ineptos para enseñar algo a las generaciones juveniles, antes, por el contrario, son frecuentemente acusados como culpables de las situaciones inaceptables para la juventud actual que las ha heredado todo el bien que los viejos o los que empiezan a serlo, han hecho o han intentado hacer, se olvida de buen grado; todo debe ser pensado de nuevo y emprendido sin tener en cuenta, más aún, en oposición con el dato tradicional, que el curso del tiempo y la madurez civil nos presentan como fruto de inmensas fatigas y digno de honrosa gratitud. 

                    Todo es equivocado, se dice, por lo menos todo debe ser abandonado y hecho de nuevo con respecto a la figura del hombre, que hasta ayer era considerada como ejemplar. Se quiere un humanismo nuevo. Tan nuevo que continuamente están rechazando las fórmulas humanísticas presentadas hasta ayer y hasta hoy por las diversas escuelas del pensamiento o por los diversos movimientos sociales. En la búsqueda de una originalidad siempre nueva se cae fácilmente en un conformismo con algún autor discutible que esté de moda, y precisamente porque está de moda.

La vocación del cristiano

                Pero en la búsqueda de una humanidad típica e ideal existen también pensamientos positivos, especialmente en el ámbito afortunado de nuestra comunidad eclesial. Toda la doctrina sobre la perfección de la vida religiosa, el llamamiento a la santidad que nace de la misma vocación cristiana, la afirmación de los valores, no sólo de la esfera sobrenatural de la gracia, sino también del orden y de la actividad temporal, que el Concilio ha repetido en sus documentos, nos ayudan a creer que el seguidor de Cristo puede y debe tener también hoy su propia grandeza moral, heredada, ciertamente, pero viva y que debe ser recordada, de la cual, si él no tiene siempre la más alta prerrogativa, por desgracia, en su vida práctica, tiene, sin embargo, su secreto, la fórmula justa en el campo doctrinal. El cristiano que es lo de verdad es el hombre verdadero, es el hombre que se realiza plena y libremente a sí mismo; y todo ello, inspirándose en un modelo de infinita perfección y de insuperable humanidad. Cristo, Nuestro Señor, imitable en algunas formas necesarias, las exigidas por la fe y por la gracia, y en muchas otras, sugeridas por su propio carácter de cristiano y por su consciente elección (cf. Sto. Tomás, I-II, 109,1).