miércoles, 4 de mayo de 2016

Cristo es un Médico divino

Un gran Médico ha venido hasta nosotros porque los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. ¿Quién puede creer que está sano? 


El Señor ha venido porque sabía de nuestra situación real. No ha venido para enseñarnos una moral, o unos compromisos y opciones por la justicia y la solidaridad; no ha venido para darnos un ejemplo ético... sino que ha venido porque necesitábamos una salvación que nadie podía lograr por sí mismo. No era una doctrina para unos pocos, ni un mensaje universal de fraternidad, ni un símbolo de trascendencia: era la Salud, la salvación, la redención, lo que Cristo venía a donar a la humanidad.

Sus milagros y curaciones eran signos de ese "más", de esa salvación que es una necesidad primordial.

lunes, 2 de mayo de 2016

La visita al Santísimo - Rahner (y II)

Continuamos con el artículo de Karl Rahner sobre la visita al Santísimo; ahora ofrece los argumentos necesarios para refutar las objeciones en contra de esta práctica y reforzar la piedad eucarística.

¿Intentamos asumir esas claves y hacerlas nuestras? Vamos a ello.



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II. Legitimidad de la visita

"Pero vengamos ahora a los argumentos intrínsecos. ¿Cuál es el sentido y cuál debe ser el contenido de las "visitas"? Nos parece que no se debería, como se ha hecho ordinariamente, ligarlas exclusivamente a la presencia real de Cristo a la adoración que ella merece como tal. Puede uno preguntarse, en efecto, si este fundamento tradicional, justo en sí, pero un tanto formal, es psicológicamente lo suficientemente fuerte para eliminar las resistencias que se oponen hoy a la práctica en cuestión. Se hace necesario desarrollar las verdaderas implicaciones.

1. Una objeción: la Eucaristía es esencialmente alimento

He aquí la dificultad fundamental que se alega en nombre de la teología. Es cierto que Cristo está realmente presente en el Santísimo Sacramento. Pero, ¿por qué una tal presencia? ¿Por el placer de estar entre nosotros? ¿Para ser adorado y honrado en razón de esta presencia, para sentarse un trono y conceder unas audiencias? Lo mismo si se responde afirmativamente o si, como indica la teología dogmática, uno se contenta con decir que ahí no hay sino una motivación válida entre otras, será lo mejor acudir ante todo la enseñanza del Concilio de Trento (Denzinger, 878): el sacramento de la Eucaristía ha sido instituido por Cristo, se nos dice, ut sumatur (para ser tomado como alimento). la estructura fundamental de la Eucaristía consiste en su carácter de comida, en su relación al uso a que está destinada. Esta es la verdad de fondo de toda nuestra reflexión.

domingo, 1 de mayo de 2016

El hombre vale más que la máquina

El trabajo profesional, sea del tipo que sea, mientras sea honrado y honroso, edifica la sociedad, contribuye al bien común y es la materia de la santidad cotidiana, aquello que nos permite ser santos en lo diario y poder ofrecer algo en la Eucaristía que celebramos.


El trabajo es grande no sólo por la producción económica y los beneficios salariales que pueda reportar, sino por el desarrollo del hombre mismo, su rendimiento como capacidad personal, el bien común. El hombre crece, se desarrolla y se potencia por su propio trabajo. Es un bien para él.

Vamos a reflexionar sobre el trabajo, la producción, el papel humanísimo que ha de poseer, y lo haremos con una homilía de Pablo VI, en 1969, sobre estos temas que en aquellos años eran acuciantes, años revueltos cargados de ideologías.


                "Y ahora, ¿qué os diremos a vosotros, trabajadores, en los breves momentos de este nuestro rápido encuentro. Os hablamos con el corazón. Os diremos algo muy sencillo pero lleno de significado, y es que sentimos dificultad al hablaros. Nos percatamos de lo difícil que resulta hacernos entender por vosotros. ¿Es que quizá no os comprendemos bastante? De hecho, nuestro discurso nos es harto difícil. Nos parece que estáis sumergidos en un mundo que es extraño al mundo en que nosotros, hombres de Iglesia, vivimos. Vosotros pensáis y trabajáis de una manera tan diversa de aquella en la que piensa y obra la Iglesia.

                Os decíamos al saludaros que somos hermanos y amigos, pero, ¿es así en realidad? Porque todos nosotros advertimos este hecho evidente: el trabajo y la religión en nuestro mundo moderno son dos cosas separadas, distanciadas y frecuentemente opuestas. Antes no era así... pero tal separación, tal incomprensión recíproca no tiene razón de ser. No es este el momento de explicar el porqué. Ahora os baste el hecho de que Nos, precisamente como Papa de la Iglesia Católica, como humilde pero auténtico representante de este Cristo cuyo nacimiento conmemoraremos esta noche, más aún, lo renovamos espiritualmente, hemos llegado hasta vosotros para deciros que esta separación entre vuestro mundo del trabajo y el religioso, el cristiano, no existe, o mejor dicho, no debe existir.

                Repetimos una vez más... el mensaje cristiano no le es ajeno, ni se le niega, al contrario, diríamos que cuanto más se afianza aquí la actividad humana en sus dimensiones de progreso científico, de potencia, de fuerza, de organización, de utilidad, de maravilla, de modernización, en una palabra, tanto más merece y exige que Cristo, el Obrero profeta, el Maestro y el Amigo de la Humanidad, el Salvador del mundo, el Verbo de Dios que se encarna en nuestra naturaleza humana, el Hombre del dolor y del amor, el Mesías misterioso y el Árbitro de la Historia, anuncie aquí y desde aquí al mundo su mensaje de renovación y de esperanza.

viernes, 29 de abril de 2016

Espiritualidad de la adoración (X)

La espiritualidad de la adoración eucarística es un manantial en el que nutrirnos del amor de Dios y, recibiéndolo, poder amar a los hermanos, especialmente a los que sufren, débiles, enfermos. Es la caridad sobrenatural para amar dándonos a nosotros mismos, no simplemente dando algo.


La adoración eucarística es una escuela de caridad, de amor y de entrega, que rompe el sentimentalismo y la privacidad, para conducirnos a la entrega de un amor verdadero, que se da.

El Señor en la Eucaristía, constantemente dándose, expuesto de manera entregada, educa el corazón, la voluntad y la inteligencia, para amar como Él y darse como Él. La adoración eucarística no nos reduce a la privacidad, sino nos lleva al otro, mirado y considerado como hermano. Así lo señalaba el papa Benedicto XVI en su primera encíclica:

miércoles, 27 de abril de 2016

Al resucitar, todo es nuevo

Se abrió el sepulcro que estaba sellado y custodiado por la guardia...

Se abrió el sepulcro, la noche sola fue su testigo, y surgió el Resucitado, la Humanidad glorificada del Verbo, con toda potencia y luminosidad.


Entonces la historia cambió su curso, el tiempo fue capaz de recibir la eternidad, y la creación tuvo una primicia, la materia del cuerpo del Señor, que fue traspasada por el Espíritu.

Ya nada será lo mismo. Algo que estaba anunciado ha empezado ahora a cumplirse. ¡Cielos nuevos y nueva tierra!, a los que corresponde un Hombre nuevo. Este Hombre nuevo es Jesucristo resucitado, glorificado en su carne... y con Él, aquellos que por el bautismo y con la gracia del Espíritu, dejan al hombre viejo y se van revistiendo del nuevo, a imagen de Jesucristo.