martes, 15 de febrero de 2011

Cristo y el cristiano

Vayamos hoy al fundamento y centro de todo: Cristo y el cristiano, no vaya a ser que entre tantos temas, entre tanta actividad, la catequesis (y eso es lo que quiere ser siempre este blog) se pierda de vista la esencia misma del cristianismo, el núcleo grandioso de la Redención.

Y todo se cifra en una palabra, en el Misterio de una Persona: ¡Jesucristo! El cristianismo es la vida de Jesucristo que se comunica; pero no es ideología, moral, ética o voluntarismo; no es una caridad social anónima (la de una ONG), ni el culto religioso para agradar a la divinidad. El cristianismo es Jesucristo.
«Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva.» (Deus Caritas est, nº: 1).

La vida cristiana es una continua y progresiva comunión con la Persona del Señor, fruto de un encuentro, y este encuentro es tan decisivo que cambia la vida, la conforma con una nueva orientación. ¡Sólo Jesucristo! Si esto es así, la primacía la tendrá el contacto con Cristo en la liturgia y en la oración privada, y será una necesidad conocerle a Él.

lunes, 14 de febrero de 2011

Una bienvenida y unas orientaciones

De vez en cuando se incorporan algunas personas al blog, con gran alegría para todos, para crecer junto con todos en la vida de fe mediante esta formación de adultos continuada.

¡Sed todos bienvenidos!

Pero, ¿qué es este blog? ¿Qué pretende? ¿Qué se hace aquí? ¿Qué línea o qué orientación se sigue?

La descripción -que entre todos podríamos ir completando- está debajo del título del blog:

Éste es un blog que pretende ser formación y catequesis de adultos, mistagogia de la liturgia, pensamiento teológico, vida espiritual y aliento para la santidad. Y lo pretende con fidelidad a la Iglesia, al sentir eclesial y a la Tradición. ¡Sé bienvenido!

Aquí ni se admite el disenso, ni la crítica a la Iglesia, ni esto es un foro de discusión (los hay de todo tipo en Internet): aquí se vive en un clima de compartir la experiencia cristiana, de búsqueda, de compartir, de opinar, de intercambiar textos, de preguntar, de dialogar con otros comentaristas.

Cada catequesis (artículo o post) es un tema de formación y suele ir con alguna foto, en muchísimas ocasiones,  de algún Sagrario o del Santísimo expuesto, señalando con Quién hemos de leer el blog, con Quién hemos de discernir y a Quién hemos de elevar el corazón al leer.
Dos artículos o entradas que me parecen pueden iluminar lo que aquí hacemos desde julio de 2009 son las siguientes, con sus enlaces:

El objetivo de este blog en el conjunto de Internet (de 18 de septiembre de 2009) y cómo este blog es una "comunidad católica virtual".

Después de la lectura de estos artículos creo que estamos suficientemente orientados.

Pero ahora viene un segundo elemento: responder a una pregunta que me hicieron ayer muy cariñosamente. Alguien recién llegado, se encuentra con tanto escrito ya: ¿qué hacer?

-Primero comenzar a leer la catequesis de cada día, meditarla, aplicarla y, si le apetece, escribir un comentario. Como cada día suele ser un tema diferente, en poco tiempo se capta bien la línea del blog y se va creando una "mentalidad cristiana".

-Segundo, si se tiene algún día algo más de tiempo, ir a las "etiquetas" de la columna derecha y ver los distintos temas tratados, pinchando allí donde veamos algo que despierte un interés (cultura, silencio, oración, social, trabajo, santidad...) y leer los artículos correspondientes. Así poco a poco, uno se irá poniendo al día.

domingo, 13 de febrero de 2011

Universal, id est, por todos los hombres (Oración de los fieles VII)

La oración de los fieles es llamada también oración universal por la razón de que en esta plegaria entran las necesidades de toda la Iglesia, del mundo y de los hombres y no de manera exclusiva las necesidades concretas de estos fieles que oran. La plegaria eucarística por su naturaleza no es universal sino eclesial, recalcando que se ora en comunión con el Papa y el Obispo, con la Iglesia que peregrina, con la Iglesia que se purifica –los difuntos- y con la Iglesia del cielo:
“En las intercesiones de la Plegaria eucarística se trata también de algo distinto de la Oración de los fieles. La Plegaria eucarística la pronuncia solamente el sacerdote y da a entender que la Eucaristía se celebra en comunión con toda la Iglesia, celeste y terrena, y la oblación del sacrificio de Cristo se hace por todos sus miembros, vivos y difuntos, cuya fe y entrega bien conoces y que nos han precedido con la señal de la fe, algunos de los cuales son especialmente recomendados a causa de la celebración de un sacramento, o de la muerte o de una especial participación en la oblación. Este es el sentido de la recitación de los nombres (lectura de los Dípticos) que se hace en diversas liturgias en este momento, y para la que se proponen diversos textos en las plegarias eucarísticas del Misal romano (Intercesiones particulares)” (Orientaciones pastorales..., n. 4).
Sin embargo, aquí, en la oración de los fieles, entran los problemas, angustias y esperanzas de todos
“Si la Iglesia local debe representar del modo más perfecto posible a la Iglesia universal, los fieles deben hacer suyas, ante todo, las necesidades que afectan a todo el pueblo de Dios y al mundo por el cual intercede siempre la Iglesia. Laudablemente se pide también por las intenciones de los que se han reunido” (Orientaciones pastorales... n. 2b).

En esta plegaria, la Iglesia ofrece “súplicas por la salvación de todos”, con un corazón grande, universal, como el de Cristo mismo, el Redentor. “Conviene que esta oración se haga de ordinario en las Misas con participación del pueblo, de tal manera que se hagan súplicas por la santa Iglesia, por los gobernantes, por los que sufren diversas necesidades y por todos los hombres y por la salvación de todo el mundo” (IGMR 69).

De esta forma, las intenciones que se proponen a la oración de los fieles se agrupan en cuatro grandes campos que deben estar siempre presentes si no queremos que deje de ser “universal”. No significa que deban ser siempre cuatro las intenciones, pueden ser más en número, pero deben incluir estas cuatro realidades y normalmente por este orden:

-La Iglesia
-Gobernantes y autoridades
-Necesidades de los que sufren
-Los participantes en esta Eucaristía.


El Misal lo señala diciendo:


sábado, 12 de febrero de 2011

El carácter de la teología

La teología conlleva, como disciplina, unos requisitos y unos presupuestos, sin los cuales la teología se convierte en mera filosofía, o, lo que es peor, en una ideología al vaivén de los tiempos y las modas de pensamiento.
Una verdadera teología posee un sabor sapiencial, de amor y contemplación de Dios, junto al estudio y la lectura y la investigación. Las palabras del Papa Benedicto señalan muy bien los fundamentos de la teología.

Existe realmente una teología que quiere sobre todo ser académica, parecer científica, y olvida la realidad vital, la presencia de Dios, su presencia entre nosotros, su hablar hoy, no sólo en el pasado. Ya san Buenaventura distinguió dos formas de teología, en su tiempo; dijo: “hay una teología que viene de la arrogancia de la razón, que quiere dominar todo, hace pasar a Dios de sujeto a objeto que estudiamos, mientras debería ser sujeto que nos habla y nos guía”. Existe realmente este abuso de la teología, que es arrogancia de la razón y no nutre la fe, sino que oscurece la presencia de Dios en el mundo. Después hay una teología que quiere conocer más por amor al amado, está estimulada por el amor y guiada por el amor, quiere conocer más al amado. Y esta es la verdadera teología, que viene del amor de Dios, de Cristo, y quiere entrar más profundamente en comunión con Cristo (Benedicto XVI, Diálogo con los sacerdotes, 10-junio-2010).

 A veces el peligro de la teología es su cientifismo, queriendo aparecer rigurosa en sus formulaciones, con un gran aparato crítico y notas a pie de página. Pero, aun cuando es ciencia y necesita de un rigor en el pensamiento y en el método, la teología debe nacer del amor a Cristo, ser guiada por el amor a Cristo y conducir al amor de Cristo.

¿Cuáles son los peligros de la teología hoy?
En realidad, las tentaciones hoy son grandes; sobre todo se impone la llamada “visión moderna del mundo” (Bultmann, modernes Weltbild), que se convierte en el criterio de cuanto sería posible o imposible. Y así, precisamente con este criterio de que todo es como siempre, que todos los acontecimientos históricos son del mismo tipo, se excluye precisamente la novedad del Evangelio, se excluye la irrupción de Dios, la verdadera novedad que es la alegría de nuestra fe. ¿Qué hacer? Yo diría ante todo a los teólogos: tened valor. Y quisiera decir un gran “gracias” también a muchos teólogos que hacen un buen trabajo. Hay abusos, lo sabemos, pero en todas partes del mundo hay muchos teólogos que viven verdaderamente de la Palabra de Dios, se nutren de la meditación, viven la fe de la Iglesia y quieren ayudar para que la fe esté presente hoy día. A estos teólogos quisiera decir un gran “gracias”. Y diría a los teólogos en general: "¡no tengáis miedo de este fantasma de la cientificidad!". Yo sigo la teología desde 46; comencé a estudiar teología en enero de 1946, y he visto por tanto a tres generaciones de teólogos, y puedo decir: las hipótesis que en aquel tiempo, y después en los años 60 y 80 eran las más nuevas, absolutamente científicas, absolutamente casi dogmáticas, ¡con el tiempo han envejecido y ya no valen! Muchas de ellas parecen casi ridículas. Por tanto, tener el valor de resistir a la aparente cientificidad, de no someterse a todas las hipótesis del momento, sino de pensar realmente a partir de la gran fe de la Iglesia, que está presente en todos los tiempos y que nos abre el acceso a la verdad. Sobre todo, también, ¡no pensar que la razón positivista, que excluye lo trascendente – que no puede ser accesible – sea la razón verdadera! Esta razón débil, que presenta sólo las cosas experimentables, es realmente una razón insuficiente. Nosotros teólogos debemos usar la razón grande, que está abierta a la grandeza de Dios. Debemos tener el valor de ir más allá del positivismo a la cuestión de las raíces del ser. Esto me parece de gran importancia. 

viernes, 11 de febrero de 2011

Dos salmos para la esperanza

El panorama actual se nos presenta difícil. Vemos la tele, oímos la radio, leemos el periódico, curioseamos las páginas de Internet y parece que todo sea conflicto, angustia, división; oteamos entonces el horizonte y lo vemos todo negro. La vida de cada persona pasa también sus momentos malos, de crisis y oscuridad. Ante un suceso inesperado, un problema, no se ve salida, incluso no parece que uno se pueda fiar de nada ni de nadie y, por consiguiente, ¿qué esperar? ¿en quién confiar y esperar? 

 El hombre pretende, orgullosamente, hacerlo él todo, arreglarlo todo, y en el presente caduco que vivimos, instalarnos cómodamente porque el futuro no existe ni nadie puede construirlo. Se vive, pues, en la desesperación, en la angustia. Es uno de los dramas de nuestra época. Se camina sin ilusión y sin esperanza, hastiados, aburridos de todo. Falta algo que es superior: la esperanza, que, para ser esperanza auténtica, sólo se puede poner en Dios, que nunca falla, que nunca abandona a sus hijos. Si al otear el horizonte, éste se ha visto negro y oscuro, es porque no se ha mirado arriba, al cielo, a Dios, donde un rayo de luz anuncia al hombre algo hermoso: que hay un futuro que se va a hacer realidad, que hay algo más, el proyecto de Dios sobre cada persona, que se va a realizar en tiempo oportuno.

    Esta esperanza anima al hombre, lo resitúa. La realidad, el sufrimiento, la enfermedad, se iluminan: ¡vale la pena esperar en Dios! Mejor aún, esperar, sólo se puede esperar en Dios. En situaciones “desesperadas”, en problemas que agobian, es bueno, es necesario, acudir al Señor y poner en Él el corazón, como dice la Escritura: “Venid a mí los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré” (Mt 11,28). El salmo 61 es un buen salmo para la esperanza: “Sólo en Dios descansa mi alma, porque de él viene mi salvación; sólo él es mi roca y mi salvación, mi alcázar, no vacilaré... pueblo suyo, confiad en él, desahogad ante él vuestro corazón, que Dios es nuestro refugio”

Sólo en Dios descansa mi alma,
porque de él viene mi salvación;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré. 
 
¿Hasta cuándo arremeteréis contra un hombre
todos juntos, para derribarlo
como a una pared que cede
o a una tapia ruinosa? 

Sólo piensan en derribarme de mi altura,
y se complacen en la mentira:
con la boca bendicen,
con el corazón maldicen. 

Descansa sólo en Dios, alma mía,
porque él es mi esperanza;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré. 

De Dios viene mi salvación y mi gloria,
él es mi roca firme,
Dios es mi refugio.
Pueblo suyo, confiad en él,
desahogad ante él vuestro corazón,
que Dios es nuestro refugio.