miércoles, 5 de enero de 2011

Santa María, bendito misterio

1. A tu Madre, Señor nuestro, nadie sabe
cómo llamarla: si uno la llama “Virgen”,
ahí está su Hijo; si “esposa”,
ningún hombre la ha conocido. Si hasta tu Madre
es inabarcable, ¿quién podrá abarcarte a Ti?

2. Ella, Ella sola es Madre tuya,
y tu Hermana, al igual que todos. Ella fue tu Madre
y tu Hermana. También tu Esposa,
al igual que lo son las vírgenes.
Con adorno de todas clases.

3. Ella estaba desposada, según la naturaleza,
antes de que vinieses. Y quedó encinta,
al margen de la naturaleza, después de que viniste,
¡oh, Santo! Y era virgen
al darte santamente a luz.


4. Contigo obtuvo María todas las propiedades
de las mujeres casadas: el fruto en su seno,
sin cópula; la leche en sus pechos,
de forma insólita. A la tierra sedienta
la hiciste de repente una fuente de leche.

5. Si Ella pudo llevarte, es que tu montaña inmensa
aligeró su peso; si pudo nutrirte,
es que Tú quisiste tener hambre; si te dio de beber,
es que Tú quisiste tener sed; si pudo abrazarte,
es porque tu fuego ardiente protegió su regazo.

6. ¡Tu Madre es un prodigio! Entró el Señor  a Ella,
y se volvió siervo; entró el Hablante,
y se quedó mudo en Ella; entró el Trueno,
y acalló su voz; entró el Pastor de todos,
y se volvió en Ella cordero, que salía balando.

7. El seno de tu Madre ha trastocado los órdenes:
El que todo lo ordena entró siendo rico,
y salió pobres; entró a Ella ensalzado,
y salió humilde; entró a Ella resplandeciente,
se vistió del cuerpo, y salió de pálidos colores.

8. Entró el Héroe y se revistió de temor
en el interior del seno; entró el que a todos aprovisiona
y adquirió hambre; el que a todos da de beber,
y adquirió sed, desnudo, despojado,
salía de Ella el que a todos viste.

(S. Efrén, Himno De Nativitate, XI).

martes, 4 de enero de 2011

Ejemplos defectuosos de la Oración de los fieles (VI)

Mal ejemplo, aunque muy extendido, es que el lector en vez de proponer una intención para que todos oren, se dirige Él a Dios. Pensemos –repitamos- que el diácono o lector se dirigen directamente a los fieles motivándolos para que sean ellos los que oren, no los sustituyen orando ellos directamente a Dios. Y aunque este uso esté muy extendido -¡la falsa creatividad!- eso no justifica que sea correcto ni lícito.


Mostremos ejemplos para ver claro:
  • “Te pedimos Señor, por los nuevos esposos M Carmen y Emilio que hoy han contraído matrimonio, para que les ayudes a fortalecer su amor y lo hagan nuevo cada día. Escúchanos, Señor
  • Te pedimos Señor por  M Carmen, para que con la ayuda de María sea sencilla, humilde y fiel a este proyecto de amor. Escúchanos, Señor
  • Te pedimos por Emilio para que sea reflejo de Ti. Dale paciencia, constancia y entrega en este camino de amor y servicio a los demás...
  • Te pedimos por la Iglesia para que sea fiel a los valores del Evangelio, transmitiendo el amor, la ternura y la misericordia que Dios tiene a toda la humanidad.
  • Te pedimos por los que hoy no han podido estar junto a nosotros celebrando este sacramento del Amor, por todos aquellos familiares y amigos que un día nos dejaron, esperando tu resurrección. Hazles participes de nuestra alegría y nuestro gozo, en espera del abrazo fraterno.
  • Te pedimos por los pobres, los enfermos, por todos aquellos que son tus favoritos, para que poco a poco todos intentemos hacer un mundo mejor. Ayúdanos a ser la voz de los sin voz y a ser más sensibles ante las injusticias y necesidades de este mundo”.

El lenguaje es directo, rompiendo la tradición litúrgica. No se proponen intenciones, sino que el lector es el orante. 

Además el lenguaje está impregnado del secularismo vigente: ni una palabra para pedir la santidad matrimonial, ni una para hablar de los hijos como don de Dios. 

Añádanse las alusiones tales como la palabra talismán “valores”, “mundo mejor”, “proyecto de amor”, etc...
Volvamos a leer ese formulario después de estas advertencias, y realmente nos sorprenderán sus deficiencias.

Otro ejemplo con otro formulario dirigido a Dios; formularios reales, que se han empleado:

lunes, 3 de enero de 2011

Salir de nuestro confortable Nazaret

Ya vimos lo que pudo suponer para la Virgen salir de Nazaret, a punto de dar a luz, para llegar a Belén. Nazaret era su hogar, pero Belén era la aventura. El parto estaba próximo, ¿no es mejor la propia casa que arriesgarse a ir a una pequeña ciudad sin saber qué hacer ni qué va a pasar?

Pero salieron José y la Virgen María de Nazaret a Belén. Y este peregrinar es también el nuestro, que muchas veces, muchas, nos hará salir de Nazaret en nuestra vida para llegar a Belén, el lugar de la revelación de Dios.

¿Cuál es nuestro Nazareth? Puede ser nuestra casa, nuestros amigos, nuestros proyectos. Nazareth puede ser nuestro egoísmo, nuestras miserias y limitaciones. Busquemos nuestro propio Nazareth en nuestro corazón, y veremos cuánto nos ata para realizar lo que Dios quiere de nosotros.

        ¡Cuánto hay en Nazareth de amor propio! ¡Cuánto hay en Nazareth de orgullo! ¡Cuánto de comodidad! ¡Cuánto pecado hay también! Sólo descubrimos Nazareth -auténticamente- desde Belén, sólo vemos lo que Nazareth nos ataba cuando -por la fuerza y gracia del Espíritu- nos hemos liberado.

        Nazareth viene, pues, a significar, una espiritualidad de salida, de nosotros mismos hacia Dios; de nuestros planes a los planes de Dios para decir sinceramente, "hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo" (Mt 6,10; Ver también Mt 7,16-23).

        Hubo en la vida de María y Jesús dos salidas más de Nazareth, no una sola: camino de Egipto, la huida provocada por la ira de Herodes, y la salida de Jesús para anunciar el Reino.

        Nosotros saldremos una y otra vez de Nazareth porque Nazareth somos, en el fondo, cada uno de nosotros y volvemos a replegarnos en la seguridad de nuestro yo más íntimo: no es malo, es normal. Pero Dios te pide que salgas de Nazareth una y mil veces para ponerte en camino, unas veces a Belén para descubrirle, otras a Egipto, para salvarte de tu propia miseria que te destruye y ata, otras para anunciar el Reino y ser crucificado en Jerusalén. Todas las veces que Dios nos lo pida hay que salir de Nazareth, confiados en Él. Dios irá guiando nuestros pasos -"como con una estrella" (cfr. Mt 2,2; 2,9-, señalando nuestro camino y conduciéndonos adonde Él nos quiera llevar.

        Sólo hace falta salir de Nazareth, sólo hace falta querer salir de Nazareth, dirigirnos adonde Dios quiera y confiar mucho en Él, porque "sólo Él es nuestro Camino" (cfr. Jn 14,16).

        Salir de Nazareth: riesgo y aventura, abandono en el Padre, amor de Dios. Salir de Nazareth: Belén, Egipto, Jerusalén: ahora y siempre.

        Salir de Nazareth en cuanto Dios nos llame.
        Salir de Nazareth aquí y ahora... Mañana puede que lleguemos tarde a Belén, a Egipto o a Jerusalén y ya sea tarde.

        Salir de Nazareth o no decirle a Dios nunca jamás "hágase tu voluntad."
       Salir de Nazareth -alegres y confiados- cantando el salmo 39: "Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad."

        Salir de Nazareth.

domingo, 2 de enero de 2011

El Prefacio III de Navidad

Por él [por Cristo],
hoy resplandece ante el mundo
el maravilloso intercambio que nos salva:
pues al revestirse tu Hijo de nuestra frágil condición
no sólo confiere dignidad eterna
a la naturaleza humana,
sino que por esta unión admirable
nos hace a nosotros eternos.



“Hoy resplandece ante el mundo el maravilloso intercambio que nos salva”. 

El misterio de la Natividad del Señor va más allá de la ternura afectiva despertada por la contemplación del recién nacido. Adoremos el plan salvador, elaboremos nuestra propia teología, alabanza, glorificación de Dios, porque aquí –como ensalzan tantas antífonas de la Liturgia de las Horas- se realiza un maravilloso e inesperado y desbordante intercambio: el Señor se hace esclavo para que los esclavos sean señores, libres para el Reino. Toma de lo nuestro para darnos de lo suyo. Por ese intercambio (“admirable comercio” dirían los Padres de la Iglesia), comienza el misterio pascual, la salvación de la humanidad.
“Pues al revestirse tu Hijo de nuestra frágil condición”. 

Se reviste, es decir, toma verdaderamente nuestra carne y naturaleza, y, bajo los velos de nuestra carne, se halla escondida la divinidad, todos “tesoros del saber y del conocer”. Es frágil nuestra condición, pequeña, caduca, débil, mortal... pero de María recibe lo nuestro y lo hace suyo realmente. Comienza el drama de la redención, el combate, la victoria. ¡Se cumplen las promesas de Dios!

sábado, 1 de enero de 2011

María, Madre de Dios (Prefacio de Sta. María I)

Éste es el prefacio con el que canta la Iglesia la solemnidad de este día, el misterio de la Maternidad divina de la Virgen María:

Y alabar, bendecir y proclamar tu gloria
en la solemnidad de santa María, siempre virgen.
Porque ella concibió a tu único Hijo,
por obra del Espíritu Santo,
y, sin perder la gloria de su virginidad,
derramó sobre el mundo la luz eterna,
Jesucristo, Señor nuestro.
Por eso con los ángeles y los santos... Santo, Santo, Santo...

La virginidad de María es Misterio de salvación, el signo elocuente: quien no nace de hombre, de la carne y sangre, sólo puede ser Dios. Pero al mismo tiempo, toma la carne humana del seno de la Virgen para humanarse, y hacerse uno de nosotros. 
La virginidad es demostración, signo, de la divinidad de Cristo:en la historia y en el tiempo de Dios directamente y de una Madre, no por generación natural, sino por Don del Espíritu Santo.
María, en el parto virginal, nos entrega todos los bienes de la salvación. Su Hijo es el Hijo de Dios. María, una vez más, hoy, es la tierra fecunda que nos ha dado su fruto, y por Ella nos ha bendecido el Señor nuestro Dios.

En efecto, con san Agustín meditamos:

Pues la verdad brota de la tierra: Cristo, que dijo: Yo soy la verdad, nació de una virgen. Y la justicia mira desde el cielo: puesto que, al creer en el que ha nacido, el hombre no se ha encontrado justificado por sí mismo, sino por Dios.