lunes, 19 de julio de 2010

¿Cómo se ora?

“Con esta noción sencilla, pero fundamental de la oración, puedo responder: Se ora como se pide y se pide según se siente la miseria propia y según se cree y se confía en la misericordia de Dios.

A más conocimiento de aquélla y a mayor fe y confianza más viva en ésta, más eficaz oración.

Por eso toda oración envuelve o exige algo de nuestro entendimiento como meditación, reflexión o contemplación de las necesidades propias, voluntarias o involuntarias, de sus causas, efectos remedios posibles y comparación con las ajenas y para eso ayudan los libros ascéticos, la conversación de los buenos, la contemplación de la naturaleza, etc., y algo, lo principal, del Espíritu Santo, Agente Supremo del mundo sobrenatural, infundiendo, excitando, fomentando, avivando nuestra fe y nuestra confianza y nuestro descanso en la Misericordia de Dios, para que más claramente veamos y más fuertemente sintamos y saboreemos a Dios, Padre rico que ha hecho de la oración llave de sus tesoros en favor de nosotros, hijos pobrísimos.


Meditando, pues, solamente o con sólo el ejercicio de nuestro entendimiento, no oramos; sino conversando afectuosamente con Padre Dios sobre nuestras necesidades, dejándonos llevar de la moción o impulso del Espíritu Santo.


Y como con este divino Introductor contamos siempre, ¿quién podrá decir con verdad que no puede echar un rato de conversación afectuosa con Dios como de hijo pobre con su Padre rico y bueno?


A los que dicen: yo no sé orar, yo no puedo orar... decidles: ¿Pero tan rico, tan perfecto, tan señor, tan cabal, tan independiente, tan sin faltas ni peligros eres tú que no necesitas de Dios?


Y aunque así fueras, ¿no necesitas siquiera darle gracias por tanto como te di y pedírselas para que no lo pierdas? ¿O es que no crees que Dios, tu Padre, quiere y puede y ha prometido pro ese medio remediarte?

¿Quién no necesita pedir a Dios?


¿Todos? Pues todos necesitamos orar”.
Beato D. Manuel González, Oremos en el Sagrario,
en O.C., Vol. I, nn. 895-897.

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