miércoles, 2 de abril de 2025

Ritos peculiares en el año litúrgico (Ritos y gestos - XVIII), y 2ª parte




            -Las campanas en el Gloria. Un rito propio y peculiar se desarrolla en la Vigilia pascual; terminadas las lecturas del Antiguo Testamento y marcando el paso al Nuevo Testamento, se entona el Gloria repicando las campanas.




            Este repicar las campanas aquí tiene un alto valor pedagógico. Desde el Gloria de la Misa en la Cena del Señor las campanas han guardado silencio porque la Iglesia iba a vivir la austeridad del Triduo pascual y la muerte de su Señor. No podían repicar las alegres campanas con sus sonidos. Tres días en silencio: ahora, que resucita el Señor, por fin vuelven a sonar anunciando la Gloria del Resucitado. Terminó el tiempo de duelo y tristeza. Comienza la alegría pascual.

            Dicen las rúbricas: “Terminada la última lectura del Antiguo Testamento, con su responsorio y su oración correspondiente, se encienden las velas del altar y entona solemnemente el himno “Gloria a Dios en el cielo”, que todos continúan, mientras se hacen sonar las campanas, según las costumbres de cada lugar” (CE 349).

lunes, 10 de marzo de 2025

Ritos peculiares en el año litúrgico (Ritos y gestos - XVIII), 1ª parte



            A lo largo del año litúrgico, hay algunas celebraciones que poseen sus ritos peculiares, únicos en ese día. También ellos conforman el entramado variado de la liturgia.



 
-La Calenda en la mañana del 24 de diciembre. Cada día, según una antigua tradición, en el Cabildo Catedral y en los Monasterios, se hace la lectura del Martirologio. Al terminar Laudes –o al final de una Hora menor- se hace el anuncio de los santos y mártires que se celebrarán al día siguiente.

            La mañana del 24 de diciembre tiene lugar el canto de “la Calenda”, el anuncio de que al día siguiente, 25 de diciembre, se celebrará la santa Natividad del Señor. Este anuncio, la Calenda, reviste tal solemnidad, que incluso se canta, y el Martirologio trae la musicalización correspondiente.

martes, 18 de febrero de 2025

Postración (Ritos y gestos - XVII)



            El rito de la postración suele impactar mucho a quien lo vez por vez primera (por ejemplo, en una Ordenación) y ser un recuerdo casi exclusivo y único grabado en la memoria.




            Postrarse es más aún que arrodillarse. Postrarse es ponerse boca abajo tendido en el suelo, el rostro en tierra. Es la postura de adoración absoluta ante el Altísimo, el reconocimiento de que Dios lo es todo y nosotros, nada. Es la postura de la plegaria intensa, de la intercesión, de la petición del Espíritu Santo para que descienda.

            Ejemplos de esta postración los encontramos en las Escrituras: Abraham se postró en presencia del Señor (Gn 24,52) y el pueblo se postró rostro en tierra delante del Señor (Lv 9,24), así como Josué (Jos 5,14) o el profeta Elías (1R 18,42) ante la presencia de Dios. Lo mismo, en distintas ocasiones, hizo el gran Moisés (Dt 9,18. 25).

jueves, 30 de enero de 2025

Bendecir (Ritos y gestos - XVI), y 3ª parte



Bendiciones a lo largo del año litúrgico


            Lo que se pone al servicio de la liturgia, lo que va a servir en la liturgia de un modo relevante, recibe en su bendición en el rito litúrgico. Lo encontramos en varios momentos del año litúrgico.



            Si en el Adviento se utiliza la corona de Adviento como un signo pedagógico, en vez del acto penitencial se procede a su bendición en el primer domingo, que, extrañamente, no conlleva el signo de bendición con la cruz:

Lleno de esperanza en su venida,
tu pueblo ha preparado esta corona
con ramos del bosque y la ha adornado con luces.
Ahora, pues, que vamos a empezar el tiempo de preparación
para la venida de tu Hijo,
te pedimos, Señor, que mientras se acrecienta cada día
el esplendor de esta corona, con nuevas luces,
a nosotros nos ilumines… (Bend 1242).

            En la fiesta de la Presentación del Señor, el 2 de febrero, al inicio de la Misa se bendicen las candelas o velas que los fieles ya tienen encendidas en sus manos:

Oh Dios, fuente y origen de toda luz, que has mostrado hoy a Cristo, luz de las naciones, al justo Simeón:
dígnate santificar con tu + bendición estos cirios;
acepta los deseos de tu pueblo que, llevándolos encendidos en las manos,
se ha reunido para cantar tus alabanzas,
y concédenos caminar por la senda del bien,
para que podamos llegar a la luz eterna.


domingo, 12 de enero de 2025

Bendecir (Ritos y gestos - XVI), 2ª parte



Bendiciones en la Misa


            Además de la bendición a los fieles (antes de la comunión en el rito hispano, al final de todo en el rito romano), hallamos al menos dos bendiciones más en la Misa. Muchas se han suprimido en el actual Misal, como la bendición del agua que se echa en el cáliz así como multitud de signos de la cruz sobre la oblata.


            En la Misa, una bendición significativa es la del diácono antes de proclamar el Evangelio. Manifiesta que recibe la delegación del obispo para ese oficio litúrgico, y se implora al Señor la adecuada purificación interior del diácono para esta lectura evangélica.

            El ceremonial romano más antiguo decía únicamente que el diácono besase los pies (costumbre de origen bizantino) o la mano del Papa, como pidiendo permiso. El rito de la bendición es una importación galicana del siglo IX: después de coger el Evangeliario del altar, el diácono se ponía de rodillas delante del celebrante pidiendo y recibiendo la bendición; entonces le besa la mano, se levanta y se dirige al ambón (Righetti, II, p. 230-231).

            Así se realiza el rito según la liturgia vigente. Mientras se canta el Aleluya –o el versículo correspondiente si es Cuaresma- el diácono pide la bendición: “Padre, dame tu bendición”, y la recibe “profundamente inclinado” (IGMR 175), mientras se le dice: “El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que anuncies dignamente su Evangelio; en el nombre del Padre…” Hecho esto, junto con los acólitos con cirios y el incensario, va al altar, hacen todos inclinación, y toma reverentemente el Evangelio del altar. Omitida la reverencia al altar, lleva al ambón el libro, de modo solemne y un poco elevado, precedido por el turiferario y los acólitos con cirios (cf. IGMR 120-122; 132; 175; CE 140).