martes, 30 de junio de 2020

Sentencias y pensamientos (XV)


18. Procura no agobiarte, descansa en Cristo, apoya la cabeza en su costado, no sufras y serena tu alma por la contemplación en la liturgia. Luego ya le hablarás al Señor como te salga. El Esposo sabe bien cómo somos... y prefiere la efusión simple y sencilla de lo que hay en nuestra alma. 








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1. La Pascua es despliegue de vida y potencia salvadora, que todo lo cambia, todo lo renueva, cambia lo estéril en fecundo, lo enfermo en robusto; y la caña cascada está ahora ágil y vigorosa, y la mecha humeante ha quedado bien encendida como lámpara en la Casa de Dios.



2. La luz pascual devuelve al hombre su primigenia hermosura, le revela lo escondido y prometido, y, también a nosotros, “nos viste de belleza y majestad”. ¡Luz de Cristo! ¡Demos gracias a Dios!


domingo, 28 de junio de 2020

El mejor evangelizador es el santo




“Seréis mis testigos” (Hch 1,8). “¡Ay de mí sino evangelizo!” (1Co 9,16). “Me he hecho todo a todos para ganar, como sea, a algunos” (1Co 9,22).

“Jamás debe olvidarse, sin embargo, que la fidelidad del evangelizador a su Señor constituye la base de la actividad misionera. Cuanto más santa sea su vida, más eficaz resultará su misión. El llamamiento a la misión es llamamiento incesante a la santidad” (JUAN PABLO II, Discurso en el X aniversario de la enc. Redemptoris Missio, 20-enero-2001).




        
 “El que no recoge conmigo desparrama”. Es éste un versículo que muestra la exigencia de Cristo, lejos de dulzonería. Para no desparramar, para no perder nada ni desperdiciar nada, es necesario recoger con Cristo y vivir unidos a Cristo.

Son tres las partes que tiene el versículo. Para vivir en santidad, ser santos, para desarrollar lo que somos, para ser cristianos, lo primero es “estar con el Señor”, vivir con una íntima unión con Jesucristo, y no sea una idea que no me toca la vida, ni tampoco el refugio casi con superstición, para cuando surjan problemas y contrariedades; “estar conmigo para recoger”, estar unidos con Cristo en una mística, oración, unión, seria, todos los cristianos tratar con el Señor y hacerlo con amor. 

Decía el Papa Juan Pablo II en la Novo Millennio ineunte que un cristiano sin oración, sin trato cordial con Cristo, va a ser siempre un cristiano con riesgo, porque el mundo es fuerte y nos puede arrollar o desfondar; porque muchos pensamientos del mundo no son de Dios, y si estamos expuestos a ellos sin tener una experiencia fuerte de Cristo, fácilmente nos arrastrarán.

“El que está conmigo para recoger”, es la expresión de aquél que trabaja con el Señor; estar con Cristo para recoger, “no para desparramar”. 

viernes, 26 de junio de 2020

Principios innegociables de la liturgia (formación)




            1. Para conocer bien la grandeza de la liturgia, y entenderla con las distintas dimensiones que se dan en ella, hay que establecer bien los principios teológicos que dan las claves de comprensión. Muy probablemente, el desconocimiento de estos principios es lo que ha provocado el “desastre” y la anarquía en la liturgia, de la que tantos fieles y sacerdotes se quejan y sufren:

-          entender que es expresión de fe del grupo o asamblea celebrante y, por tanto, el grupo es dueño de la liturgia y la cambia para expresarse mejor;

-          entenderla como mero encuentro festivo o sentimental, por lo que se favorece la emotividad, lo sensible, y el mejor calificativo para este tipo de liturgia es que “fue muy emotiva”, “unas palabras muy emocionantes”;



-          o también vivirla con un exceso de antropocentrismo, poniendo al hombre en el centro, haciéndolo protagonista: el sacerdote parece más bien un showman, micrófono en mano, que debe divertir y entretener; multiplicación de personas que suben y bajan del presbiterio (para muchas moniciones, un lector para cada petición, una larguísima procesión de ofrendas, un aplauso para no sé quién, etc.);

-          o quienes, como los reformadores luteranos, lo importante de la liturgia es la predicación, la catequesis y la enseñanza, lo didáctico, la ilustración moral, no la santificación, el culto a Dios y el sacrificio espiritual. De ahí se deriva el verbalismo-verborrea: mientras que las oraciones y textos litúrgicos se rezan como un mero trámite, rápidamente, sin entonación ni sentido, el tiempo se detiene para la larguísima homilía de tipo moralista, y para las otras mini-homilías pesadas del sacerdote a lo largo de la Misa (antes del Padrenuestro, antes de la bendición final), así como moniciones amplias al inicio de la Misa, a cada lectura, etc… Se piensa que la liturgia es, simplemente, catequesis, formación, para adoctrinar a los fieles y lo demás es mera envoltura sin importancia;

-          no falta quienes ven en la liturgia un espectáculo estético, vacío, formal, bellísimo; no incide en sus vidas, ni saben rezar con la liturgia y en la liturgia, pero la preocupación única en ciertos ambientes es el número de candelabros de plata, en perfecta simetría, o los exornos florales aunque estorben el paso o la visión del altar, o se suprima la sede, o el ambón sea un simple atril discreto para que luzcan otros elementos (como una imagen presidiendo)…

            Todas estas deformaciones tienen un punto en común, por muy diferentes que luego sean en sí, y es considerar la liturgia como algo externo, un culto manipulable de una manera u otra[1].

            Todos estos comportamientos, tan erróneos, obedecen a la buena voluntad pero carente de un conocimiento real de la liturgia, les falta descubrir la naturaleza teológica de la misma liturgia.

miércoles, 24 de junio de 2020

Ecclesia de Eucharistia

La última encíclica del papa Juan Pablo II fue la "Ecclesia de Eucharistia" (2003), es decir, la Iglesia que nace, que surge, que vive de la Eucaristía, del Sacramento eucarístico.

Contiene reflexiones teológicas, litúrgicas y espirituales para incrementar la vivencia de la Eucaristía y su mejor celebración litúrgica.



A esta encíclica vamos a dedicar una serie de catequesis.



            Existe un escrito de Edith Stein que tendríamos que leer casi como un gran prólogo de esta encíclica; se titula “Educación eucarística”, es decir, la Eucaristía es pedagogía divina también en la formación de las almas y quienes educan (en sentido muy amplio) deben buscar crear almas eucarísticas. (En este blog ofrecimos hace años este escrito: en este enlace "educar eucarísticamente")

            Edith Stein –Sta. Teresa Benedicta de la Cruz-, ¡qué gran mujer, teóloga, carmelita, mártir! ¡Una monja de clausura! Pues bien, prefiero que sea ella la que introduzca en el sentido de la Eucaristía y de lo que quieren conseguir estas clases-catequesis:

¿Cómo podemos encender en el corazón de los otros el amor por el Salvador eucarístico? –esto significa educar eucarísticamente. Es indiscutible que nosotras como mujeres, podemos colaborar en esta obra de un modo especial y que todas nosotras –independientemente de nuestro estilo de vida: como esposa y madre, como religiosa, como soltera, profesional o autónoma-, podemos aportar algo en común. Y qué otra cosa podría ser  sino un corazón femenino con sus deseos de entrega sin límites, y alegremente sacrificado, un corazón femenino con sus deseos de entrega sin límites y alegremente sacrificado, un corazón que en cierto modo  tiene un natural parentesco con el corazón divino  que late por todos en el Tabernáculo, y que precisamente por eso, el corazón de la mujer tendría que ser de un modo más especial receptivo a las propuestas del corazón divino. Queremos reflexionar sobre lo que de útil podemos hacer en esta obra de educación eucarística y cómo podemos cumplirlo. Un principio es válido para todas nosotras que queremos educar eucarísticamente: podemos hacerlo solamente si vivimos eucarísticamente. Si queremos conducir a alguien hacia una vida eucarística lo podremos hacer en la medida en que nosotros lo hayamos vivido anteriormente...

            El sencillo significado de esta verdad de fe requiere de nosotras el que aquí [Eucaristía, Tabernáculo] tengamos nuestro hogar, y que nos alejemos sólo en la medida en que nuestras actividades lo exijan, actividades que tendríamos que poner diariamente en las manos del Salvador eucarístico y poniendo en sus manos el trabajo realizado...

domingo, 21 de junio de 2020

El rito de la paz en la Misa (y III)

Para una digna realización del rito de la paz en la Misa, que refleje la verdad de lo que se hace -la paz de Cristo- y se evite lo que lo desfigura (meros saludos y abrazos sin más, intentando saludar a todos), la Congregación para el Culto divino, con carta de 8 de junio de 2014, ha recordado lo que ya estaba marcado.



Recoge citas del Misal romano y, explicando el sentido de este rito, recuerda cómo hay que realizarlo y cuáles son las maneras defectuosas que se han introducido.




6. El tema tratado es importante. Si los fieles no comprenden y no demuestran vivir, en sus gestos rituales, el significado correcto del rito de la paz, se debilita el concepto cristiano de la paz y se ve afectada negativamente su misma fructuosa participación en la Eucaristía. Por tanto, junto a las precedentes reflexiones, que pueden constituir el núcleo de una oportuna catequesis al respecto, para la cual se ofrecerán algunas líneas orientativas, se somete a la prudente consideración de las Conferencias de los Obispos algunas sugerencias prácticas:

a) Se aclara definitivamente que el rito de la paz alcanza ya su profundo significado con la oración y el ofrecimiento de la paz en el contexto de la Eucaristía. El darse la paz correctamente entre los participantes en la Misa enriquece su significado y confiere expresividad al rito mismo. Por tanto, es totalmente legítimo afirmar que no es necesario invitar “mecánicamente” a darse la paz. Si se prevé que tal intercambio no se llevará adecuadamente por circunstancias concretas, o se retiene pedagógicamente conveniente no realizarlo en determinadas ocasiones, se puede omitir, e incluso, debe ser omitido. Se recuerda que la rúbrica del Misal dice: “Deinde, pro opportunitate, diaconus, vel sacerdos, subiungit: Offerte vobis pacem” [8].

b) En base a las presentes reflexiones, puede ser aconsejable que, con ocasión de la publicación de la tercera edición típica del Misal Romano en el propio País, o cuando se hagan nuevas ediciones del mismo, las Conferencias consideren si es oportuno cambiar el modo de darse la paz establecido en su momento. Por ejemplo, en aquellos lugares en los que optó por gestos familiares y profanos de saludo, tras la experiencia de estos años, se podrían sustituir por otros gestos más apropiados.